Declaimer: Los personajes no son míos sino del cartoon Hey Arnold de Nikelodeon. Esta historia es para leer y divertirse leyendo.

Summary: Un teatro. Un amor. Un hombre enamorado. Una actriz desdichada ¿Qué hará Arnold para conseguir el amor de esos ojos? ¡No se lo pierdan!


5. Capítulo

- No puedo creer que me hayas convencido.

- Te agradará, ya lo verás.

- Sí me has dicho que ni tú te llevas del todo con ella y quieres mandármela a mí.

- Ay, Arnold, no te quejes. Y termina con esa corbata que llegamos tarde.

- Phoebe entenderá…

- Pero ella no.

- ¿Por qué no me dices ni su nombre? Hablas como si fuera alguna especie de misterio ultra secreto de Estado o eso que ponen en las películas.

- Ella me dijo que no lo hiciera.

- ¿Ella? ¿Mi cita o Phobe?

- Oh… ya le dices tú cita – dijo con voz chillante imitando a una niña – es bueno que te acostumbres a lo de esta noche.

- Sabes a lo que me refiero y por favor no vuelvas a poner esa voz – espetó con evidente mal humor.

¿Quién no estaría de mal humor cuando prácticamente lo chantajearon emocionalmente y porque arreglaron hasta su horario de trabajo haciendo que supla la siguiente semana a alguien a quien ni conocía sólo para poder salir? ¿En qué mundo vivían sus amigos como para ni siquiera tomar su opinión en cuenta?

En uno muy lejano seguramente…

- ¿Listo?

- Ya qué…

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- Vamos Helga, no puedes hacerme esto… quedamos de vernos hoy.

- No es mi culpa que la reunión con los medios se hayan suspendido y la hayan reprogramado para esta noche. No es mi culpa, Phoebs.

- Pero… me prometiste…

- Sólo es una salida con el tonto de tu novio en la que me toca hacer de violín – dijo con fastidio y sarcasmo – no tienes ni idea cuanto lamento esto.

- ¿Estás diciendo lo que creo que estás diciendo Helga? – Preguntó entre dientes contendiendo todo el enojo que amenazaba con brotar y para colmo de los males escuchó la risa de su mejor amiga - ¡Helga! No puedo creer que lo hayas hecho a propósito – explotó totalmente indignada. Claro, culpa de ella también era por no haberle dicho para qué era la salida pero es que si le decía capaz y ni iba como evidentemente estaba pasado.

- No, obvio que no, Phoebe.

- ¿Entonces?

- No fue culpa mía, si quieres averigua por ti misma porque el comunicado de la cancelación nos llegó y hoy la programación de la reunión. Es de vista libre así que puedes mirarlo cuando quieres.

- ¡Pero justo hoy!

- Sí, justo hoy… ¿Acaso esto tiene que ver con la falta de información acerca de tus planes? Porque si es lo que creo que estoy pensando más te vale que la vayas olvidando antes de que me enoje en serio contigo, Phoebe.

- ¡No!

- ¿Lo prometes?

- S…sí – respondió cruzando los dedos.

Se oyó un suspiro resignado al otro lado de la línea.

- Está bien, en serio lo lamento, programémoslo para la siguiente semana, veré como me las arreglo.

- Gracias Helga, suerte con eso.

- De nada y gracias. Adiós

Phobe cerró el teléfono con un chasquido. ¡Rayos! Reclamó mentalmente, justo hoy le programaban la reunión, Qué fastidio. No sabía por qué pero estaba seguro que el tonto de Jason tenía algo que ver. No era justo que lo culpara de todo así como así pero es que le era inevitable no culparle, de alguna manera él siempre estaba metido en todo lo que hacía su amiga; desde que anunció su despedida del mundo del teatro no la había dejado en paz ni un minuto, usaba hasta los más mínimos pretextos para hacerla trabajar hasta tarde o lo que fuera. De lo que no estaba segura era que si era por interés romántico o meramente laboral, como un representante – y vaya si lo era – que no pretender dejar libre a su mejor estrella. Algo le decía que tenía un poco de todo, pero no le gustaba ni un poco aunque estaría al pendiente. Nadie se aprovechaba de su mejor amiga, aunque esta no necesitara precisamente protección.

Bufó fuertemente. Ahora tendría que llamar a Gerald y explicarle el cambio de planes, sólo esperaba que no todo resultara tan mal.

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- Phoebe…

- Me lo acaba de decir y yo misma lo confirmé. Fue inesperado.

- Arnold no va a querer quedarse por mucho tiempo.

- Tú retenlo ahí que ya voy. Arreglaré esto de alguna manera, sólo charla con él.

- ¡¿Qué crees que he estado haciendo por más de 45 minutos en los que ni tu ni Helga llegaban?

Phoebe rió.

- Lo siento, cariño, sólo hazlo que estaré ahí en menos de diez minutos.

- De acuerdo, lo haré pero que sean diez, Arnold empieza a desesperarme.

Phoebe volvió a reír.

- Te dije que se parecían.

- En este momento esa parte es la que menos me entusiasma.

- Adiós.

- Te espero.

Y cerraron. Gerlald suspiró antes de darse vuelta y dirigirse a encarar a su amigo quien estaba revisando el menú y dándoles una ojeada rápida a todos los clientes presentes del restaurante.

Arnold lo observó acercarse.

- ¿Y? ¿Qué te dijo Phoebe?

- Llegará aquí, en diez minutos, el tráfico a esta hora es terrible.

- Ajá… - colocó su cabeza en una mano y se apoyó en la mesa - ¿Y si ordenamos? No sé tú, pero muero de hambre y no creo que a Phoebe le moleste que ordenaras por ella.

- Está bien, tienes razón – secundó alegre de que su amigo no pidiera más explicaciones sobre la ausencia de las chicas.

Al final terminaron por ordenar platos sencillos que consistían un una variedad de mariscos, algo de carne de res y el postre se lo dejaron a la elección de Phoebe quien no tardó en llegar.

- Hola, chicos, discúlpenme, fue el tráfico – se disculpó apresuradamente acercándose a saludar a cada uno y sentándose al lado de Gerald.

- No te preocupes, cariño, recién acabamos de ordenar, espero no te moleste.

- Claro que no.

- Me alegro – se sonrieron y se quedaron mirando unos segundos.

Arnold los miró expectante, era consciente de que ese contacto visual era mínimo pero estaba tan cargados de emociones que se sintió como un intruso en esa mesa, un intruso que no tenía por qué estar allí compartiendo una comida que desde el principio debió ser para dos o para cuatro… lo que lo llevó a preguntar:

- ¿Y tu amiga?

Sí, había dado en el clavo. La expresión de Phoebe cambió, y ambos: Phoebe y Gerald se enderezaron.

No, no podía ser posible, lo dejaron plantado, eso no podía ser verdad.

- ¿Vino o no vino?

- Verás Arnold, lo que pasa es que le salió un compromiso de última hora.

- Vaya… - repuso sin poder controlar el fastidio en su voz. Phoebe también lo notó por lo que se apresuró a contestar.

- Lo que pasa es que ella es actriz de teatro y resulta que hoy había una reunión con los medios de prensa.

- ¿Actriz de teatro? – preguntó sorprendido.

Gerald sonrió y se apresuró a seguir con la charla viendo que el interés de su amigo se acrecentaba.

- ¿No te había dicho, Phoebe? Arnold es un aficionado al teatro.

- ¿En serio? Tantos años conociéndote y recién me entero.

- No es de antes, es de hace muy poco – contestó él un poco azorado por la información facilitada por su amigo aunque no entendía qué podía haber de malo, no es que fuera una rareza que te guste el teatro ¿Verdad?

- ¿Hace poco? – Bufó Gerald – pero si llevas obsesionado con eso desde hace años, creo que cinco o cuatro o algo así.

- ¿En serio, Arnold?

- Gerald exagera, Phoebe, no es nada malo.

- No digo que sea malo, sólo digo que es una afición bastante obsesiva – se rió.

- ¡No es raro!

No lo soportaba, él y sabía que era raro, no necesitaba que nadie más se lo diga.

- No quise decir eso, Arnold.

- Supongo que tú y Helga se caerían de maravilla, aunque ella está pesando retirarse

¡Hey, aguarden! Phoebe dijo…

- ¿Te sucede algo Arnold? – Gerald y Phoebe se lo quedaron mirando.

¿Sucede algo? Dijo Helga, dijo que se retiraba ¡No podía estar hablando de la misma Helga!

- ¿Arnold?

- Phoe… Phoebe… Helga… ella es Helga…

- ¿De qué hablas Arnold? ¿Por qué hablas así?

- No fastidies, Gerald – se aproximó más al asiento de ella – Esa Helga de la que me hablas…

- Helga, Helga Pataki, mi amiga sí.

Arnold sintió que su mundo fue sacudido de manera violenta. No… la tenía tan cerca y…

Tragó saliva e intentó tranquilizarse antes de que fuera a desmayarse de la impresión ahí mismo. Es que llevaba cinco años admirando a Helga, uno enamorado de ella y toda la vida conociendo a Phoebe ¡¿Qué estaba pasando?

- ¿Desde cuándo la conoces? – preguntó con la voz ahogada. Phoebe frunció el entrecejo.

- ¿Estás bien?

- No importa, por favor, sólo responde – preguntó desesperado, no le importaba si Gerald lo mirara raro o que Phoebe creyera que estaba a punto de darle un ataque, sólo tenía una idea fija en la mente y no la iba a abandonar hasta que no tuviera respuesta alguna. – Sólo dime.

- Pero Arnold… - Phoebe rió nerviosa – pero si tú también la conoces… desde niños, no te acuerdas.

- ¡¿QUÉ? ¡¿DE QUÉ ESTÁS HABLANDO? - Gritó desesperado y casi todo el restaurante lo quedó viendo.

- Arnold calma – susurró Gerald – actúas como un loco.

- Lo sé, pero necesito saber – empezaba a sudar. No podía ser posible, no podía serlo. - ¿Cómo que la conozco desde niño?

- Fuimos a la misma primaria sólo que ella se mudó e hizo la secundaria en otra ciudad cerca de Hillwood y la preparatoria también.

- Pero no la recuerdo…

- Estábamos en el mismo curso.

- Imposible…

- Aquí tengo una vieja fotografía, siempre la cargo conmigo porque me trae viejos recuerdos – dijo sacando una billetera femenina y Arnold casi se lanzó sobre ella. – Mira.

Arnold tomó la fotografía y vio a la niña que le señalaba Phoebe, ahí estaba.

- Ella es…

- Sí, la niña que está a tu lado es Helga Pataki, actriz de teatro, mi mejor amiga y tu cita de esta noche ¿Ahora la recuerdas?

Arnold no pudo contestar, lo siguiente que vio fue al techo volverse negro de pronto y la voz de Phoebe diciendo: ella es Helga Pataki, actriz de teatro, mi mejor amiga y tu cita de esta noche…

Era imposible.


¡Hola!

¿Qué les ha parecido? ¿Escabroso, verdad? Jajaja, no lo creo pero sí es bastante coincidencia, imagínense al pobre Arnold: enamorado de un imposible y de sopetón descubre que su gran amor no era tan imposible después de todo sino que siempre había estado allí y él no se había dado cuenta. Dicen que las cosas están donde uno menos se lo espera pero definitivamente, esto es lo último que Arnold se esperaba.

Los dejaré aquí, espero les siga gustando la historia. Los dejo.

Att.

Clyo-Potter