Disclaimers: Bueno para comenzar diré que los personajes de esté fanfic no me pertenece, son obra del autor de Shaman King (del cual nunca recuerdo su nombre) y esta autora los usa sin ningún lucro.


EL HILO QUIE ME GUÍA A TI


.: Capitulo II :.

"No lo creo" Hao la aprisionó rápidamente por el cuello y todo fue oscuridad, negrura, estaba muerta. "No lo creo" fue lo último que escuchó.

El fuego que rodeaba la tarima cual protección se desvaneció, en su lugar quedó una espesa capa de humo que ascendía hacía los grandes espíritus. Al notar eso, Marco echó a correr hacía donde había estado la doncella sagrada pero no la halló por ningún lado

-el ganador del combate, es el equipo Estrellas Rojas – anunciaron en ese preciso instante y el sub líder de los Soldados X sintió que le estrujaron el corazón¿acaso Hao había asesinado a la salvadora¿la habría hecho parte de él, dio media vuelta dispuesto a ir a encarar al rey del ocultismo cuando se lo topó de frente, lo que vio, no lo creyó.

Hao caminaba sereno, sin ningún rasguño, intacto, con su típica sonrisa socarrona que lo distinguía pero algo no encajaba en él y era la mirada que le dirigía a la persona en sus brazos, parecía estar muy concentrado observando la figura de la niña sagrada. Entonces reparó en él y rió para pasar de largo sin prestarle mayor atención

-¡detente! – bramó Marco encolerizado, el ver a la chiquilla que tanto apreciaba en manos de esa bestia hacía que la sangre le hirviera; sacó el arma de fuego, le apuntó a la cabeza, de tan cerca no podía fallar pero el castaño siguió su camino y Marco no disparó.

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-Esto es muy aburrido para Mary – se quejó una rubia que cargaba un muñeco de peluche sin un ojo; al lado de está se hallaban dos chicas más. Estaban en las habitaciones pertenecientes a los hombres de Hao, esté no se hallaba en ese momento en el lugar pero les había encargado que no perdieran de vista a la doncella de los Soldados X que aún estaba inconsciente

-no sé por que el Señor Hao se toma tanta molestia con ella – dijo enojada la dueña del juguete de calabaza. Si pudieran la matarían pero no harían nada que no les hubieran mandado

-los soldados X no tardaran en venir por ella – concluyó la más grande observando por la ventana. Ellas no habían ido a ver la pelea, no había razón para ello pues estaban más que seguras que nadie podía derrotar al Señor Hao pero lo que no pensaron fue que precisamente esté retornara con la niña sagrada, la depositara en la cama donde dormía hasta esos momentos y luego dijera "vigílenla" para salir tras ello. Era confuso pero no iban a cuestionar sus motivos. Les pidió que estuvieran atentas de ella pero no que sanaran sus heridas y eso lo agradecían, odiarían tener que tocar a la blasfema que predicaba que castigaría a su señor.

Una figura pequeña entró saltando a la recámara de piedra, Opacho se detuvo frente al lecho y luego se giró al equipo Flor

-las llama – las tres se movilizaron de prisa sin esperar a que el pequeño les dijera algo más. El niño se sentó en la orilla de la cama, estaba ahí para relevarlas, el señor Hao no quería que permaneciera sola y aunque a él le gustaba mucho estar a su lado, se lo había pedido y no podía negarse a hacerle ese favor a Hao.

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Te miré, te miré como jamás deseo volver a verte

Jeanne logró abrir los ojos, no pudo evitar sentirse contenta de poder volver a hacerlo. Su vista se perdió en las grietas del techo y pronto se mareó, se sentía débil, con la boca seca y sin ningún sentido de orientación. Por un embriagante segundo no pensó en nada pero después las imágenes de lo que aconteció entraron a su mente recordándole la batalla. Se giró en el lecho y se incorporó al instante. No se hallaba en el barco de los X Laws, ni en la doncella de hierro y, definitivamente, el niño moreno junto a ella no era parte de sus seguidores

-¿quién eres? – le preguntó, no sabía su nombre aunque si lo había visto continuamente

-Opacho – le contestó el otro; Jeanne se llevó la mano a la cabeza y al apartarla la miró manchada de sangre

-¿dónde estoy?

-en la villa Parche

-¿y Hao? – el niño se encogió de hombros, no conocía el paradero del Señor Hao pues esté nunca les decía a donde iba, ni siquiera a él. La voz del rey del ocultismo se hizo presente al otro lado de la puerta, Opacho, sin importarle más Jeanne, salió prácticamente corriendo para alcanzarlo.

Ella hubiera querido ponerse de pie e irse pero su cuerpo no la obedeció, estaba tan cansada, se dejó caer entre las sábanas. Sin saber bien a bien por qué, el sueño que había tenido últimamente acudió, no fue una ensoñación sino una visión que no supo interpretar. Su derrota, su temor, su deshonra, todo a manos de su mortal enemigo. Bien había dicho que mientras uno existiera el otro no podía permanecer en la tierra pero Hao no la había asesinado. ¿Por qué? Se preguntó, decidió ir e inquirir eso inmediatamente pero le faltaron fuerzas

-Shamash – llamó débilmente a su espíritu para que la curara pero luego recordó que Hao lo había absorbido, sin su acompañante ¿cómo iba a traer justicia al mundo?

-veo que has despertado -, Jeanne se sobresalto ante la voz, posó su vista de inmediato en el portador de la estrella que la miraba burlonamente; con trabajo y ante la atenta mirada del otro, se puso en pie, odiaría verse aún más débil, levantó la cabeza

-¿por qué no me mataste? – espetó

-¿así agradeces el que no lo haya hecho?

-no tengo que agradecerte nada, ahora respóndeme – pero el mayor de los Asakura no dijo nada, sino que paseó por la habitación hasta sentarse en el marco de la ventana, a dos pasos de ella

-tus soldados X vinieron mientras reposabas – comenzó, Jeanne aguardó impaciente el resto de la información pero antes de que el castaño abriera más los labios supo lo que iba a decir –no llegaron ni siquiera a está construcción pero no te preocupes, sus almas ahora están conmigo-. La doncella apretó los puños y no pudo evitar derramar una lágrima. Hao se puso en pie para abandonar la estancia

-¿qué es lo que quieres de mí? – se detuvo apenas en el umbral para responder

-digamos que eres la única que me ha entretenido en batalla – Jeanne se quedó estupefacta ¿qué significaba eso?

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Sólo había querido verla, se dijo a sí mismo tras la breve conversación que sostuvieron. Le informó de sus preciados soldados X para que supiera que no tenía esperanzas de ser rescatada ni de huir, aunque de sus patéticos seguidores seguían con vida el portador del Miguel Ángel y aquel niño que tenía un profundo rencor hacía él. ¿Trataría de irse, no podía precisar el siguiente movimiento de la chica pero le agradaba ver que ya no tenía la sonrisa de soñadora que le vio por primera vez cuando destruyó al equipo del Nilo. Aquella demostración de poder lo había dejado sorprendido, dijera lo que dijera la doncella de hierro había manifestado que era tan cruel y violenta como él, tal vez sus motivos fueran diferentes pero ambos podían hacer aún lado fácilmente a la gente que les estorbaba o no les servía. La niña sagrada superaba con creces a la prometida de su hermano. Rió ante la propia idea que acababa de tener, no estaría de más que le propusiera unirse a su grupo, probablemente no aceptaría al igual que Len Tao pero no había nada que perder.

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Después de medio día ya se sentía mucho mejor, la cabeza por fin había dejado de sangrarle y sus piernas ya no temblaban cuales hojas frente al otoño. Abandonó la alcoba donde había permanecido todo ese tiempo, con cuidado anduvo en los corredores sin toparse con ninguno de los ayudantes del portador de la estrella, probablemente ninguno se encontrara en el lugar en esos momentos, más que perfecto para irse de ahí e ir con sus soldados X, estaba casi segura de que Marco no estaba muerto. No dudaba de que algo de las palabras de Hao fueran ciertas, pues esté nada ganaba con mentirle pero Marco era muy fuerte y persistente. Se alejó con paso veloz. Mientras había estado encerrada pensó qué haría, sin Shamash cómo derrotaría al rey del ocultismo, aún no hallaba su respuesta pero esperaba que fuera pronto

-no se puede ir – le dijeron, un enorme sujeto musculoso apareció frente a ella, traía el uniforme de un equipo de football americano; Gran Billy se multiplico creando una barrera en torno a la doncella de hierro –no planeó pelear con usted pero no dejaré que se marche – explicó. Jeanne comenzó a planear, sin su acompañante sólo poseía poder espiritista

-no dejare que me retengas a la fuerza –. Su energía platinada y las corrientes de aire que la caracterizaban, la envolvieron

-espera Billy –. El sujeto desapareció su posesión de objeto y reapareció al lado de Hao; Jeanne también detuvo lo que iba a ser su ataque. Dejó que Hao se aproximara, sonreía, no sólo con los labios sino con los ojos

-dime¿no te gustaría unirte a mí? – dijo extendiéndole la mano; al principio la doncella creyó que estaba bromeando pero tras un segundo vio que la propuesta era en serio, lo miró suspicazmente pensando en sí habría perdido la cordura. Entonces lo vio, la respuesta a sus preguntas, ya no tendría más miedo al siguiente paso. Alcanzó la mano de Hao antes de que esté la retirara

-aceptó – el mismísimo Asakura pareció sorprendido; Jeanne sabía que no iba a confiar en ella, ni deseaba que lo hiciera. ¿Cómo derrotaría a Hao, como dijo Lysser en la batalla contra el equipo del Nilo "el mundo no puede ser salvado con gentileza", ella mataría al mal con el mal y cuando esté dejara de existir, y sólo ella quedara como único mal, entonces se asesinaría.

Continuara…


Notas de la autora: En este capítulo la Doncella Jeanne ha aceptado unirse a Hao para asesinarlo ¿pero realmente lo hará, y bueno como bien sabemos Hao tiende a desconfiar ¿lograra engañarlo?

Quiero agradecer a todos aquellos que leen esta historia. Muchas gracias por sus reviews!. Espero sigan leyendo, esta actualización tardo más por que, pues no tengo ya computadora, y me cuesta un poco seguirla, espero poder actualizar el próximo fin de semana.,