Disclaimers: Bueno para comenzar diré que los personajes de esté fanfic no me pertenece, son obra del autor de Shaman King, es decir, Hiroyuki Takei (del cual ya recordé su nombre) y esta autora los usa sin ningún lucro.


EL HILO QUE ME GUÍA A TI


.:Capítulo VII:.

Despertó, no estaba muerta. No supo si alegrarse o maldecir. No se enderezó sino que continuó con la vista puesta en el techo de madera, era obvio que no se encontraba en la base. A través de las puertas de papel alcanzó a oír voces, varias de ellas no las reconoció pero pronto una se le hizo tan conocida que su claridad la golpeó abrumadoramente. Se acercaron a la alcoba donde estaba y la ella se acomodó nuevamente en el futón con la cabeza ladeada para que pareciera que aún estaba inconsciente.

La puerta se corrió y alguien se acomodó a su lado. No dijo nada, ni la llamó, ni intentó despertarla. La contemplaba. ¿Cuál era su mirada? Se preguntó Jeanne. Permanecieron así unos minutos hasta que aquel invitado se retiró; no necesito decir nada porque su olor lo delató. Había sido Marco.

Pasaron las horas sin que ella abriera los ojos ni probara alimentos por su supuesta inconsciencia. Quizás nadie creía que ese realmente fuera su estado pero aún así tampoco la molestaron. Marco volvió, luego fue relevado por Lysserg que era él único que le tomaba la mano; gesto que le rompía el corazón.

-No se preocupe – dijo de pronto el niño –no volverá con ese ser oscuro, no permitiremos que se la vuelva a llevar – Jeanne no dijo nada, ni reaccionó. ¿Llevarsela? No importaba que Hao no tuviera su cuerpo puesto que ella le partencia, porque él la había invadido con su olor, sus pensamientos, su presencia.

Lysserg se marchó unos minutos después y ella por fin pudo abrir los ojos. Seguía sin saber qué hacer, por ese día su destino no le importaba. De pronto escuchó un alboroto, algo sucedía afuera. Se tiró en el futón pero nadie fue a verla así que no se enteró de nada. Pronto cayó la noche sin ninguna novedad.

Jeanne continuaba sin moverse, sin sentir, casi sin respirar hasta que oyó pasos a los lejos; siguiendo su papel de durmiente, cerró los ojos. En cuanto la persona entró sintió mucho calor

-Sé que no estás dormida – dijo aquella voz. Jeanne se semi incorporó para mirarlo pero no dijo nada. Hao por algún motivo la sintió diferente, no era la misma. Incursionó en su mente pero no halló más que vacuidad, insistió un poco más hasta que se topó con un pensamiento fijo

-¡Largo! – le gritó la cabeza de la doncella. Él rió, así que ella ya sabía; menos mal

-¿Qué haces aquí? – preguntó ella confundida, el amo del ocultismo se veía tan seguro, como si estuvieran en su propia casa

-Vine a ver a Yoh – contestó con naturalidad, casi como si lo hiciera cada mes –vayámonos tenemos cosas que hacer – le dijo mientras le tendía la mano para ayudarla a levantarse. Pero ella se sentía de cierta manera dolida. -Te necesito a mi lado – le dijo y el corazón de la doncella volvió a latir. Ella tomó su mano firmando un pacto con el diablo, se levantó pero en cuanto lo hizo se dobló porque estaba débil. Hao la levantó en vilo para llevarla en brazos; ella escondió su rostro entre la curvatura del cuello del otro.

Caminaron por los pasillos por un trecho hasta que oyeron una voz. Lysserg gritó el nombre del portador de la estrella

-Sé supone que no pelearíamos por ahora pero si quieres continuar con ese trato ¡déjala! – dijo el chico. Hao sonrió; le causaba cierta gracia la osadía del otro

-Podría dejarla y aún así ella iría tras de mí – dijo Hao seguro. Ese comentario le dolió a la doncella porque sentía que el próximo rey shaman la trataba como a un objeto. Le hubiera gustado zafarse de sus brazos y demostrarle que sin él, ella podía continuar pero no hizo movimiento alguno porque amaba la forma en que éste la sostenía.

Lo amaba. Ese sentimiento era como una luz que la abrigaba, tenue pero cálida, la hacía flotar sobre un mar de algodón. Le alegraba un poco el corazón para no morir; aunque igual era algo tan raquítico que no alcanzaba para vivir, sólo para vegetar.

-Hao – lo llamaron. Ésta vez se trataba de Yoh interviniendo en el papel de mediador, como siempre

-¿Jeanne quieres quedarte? – le preguntó Hao a la vista de los presentes. Ella aspiró ese aroma que intoxicaba sus sentidos y negó –ya vez, no hago nada que ella no quiera – y dicho eso continuó en su trayecto hasta salir de la casa. Probablemente el grupo de Yoh se quedo paralizado porque nadie los siguió o quizás se dieron cuenta de que era una cuestión sin sentido.

Hao caminó con rumbo desconocido para la doncella. No decía nada, sólo unas sonrisas de vez en cuando; su respiración tranquila que la calmaba. De pronto él empezó a hablar

-Ya sé quien fue el causante de la muerte de mis hombres y de que resultaras herida. Se trata del padre de Manta que ha venido por los shamanes, sin embargo Yoh y yo le demostraremos que no somos de menospreciar -. Ella no pronunció palabra alguna, de todos modos él debía estar consciente de que ella estuvo presente en esa batalla.

Esa noche no la pasaron en la Base, sólo quedaban Luchist, Opacho y ellos dos. Estaban reunidos frente a una fogata, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Así, en medio del mutismo, se pasaron las horas.

––––– –––––

Al día siguiente debían partir hacía la costa para aniquilar a los buques de guerra pero Jeanne se rehusó en partir y Hao no se impuso, sino que la dejó. La doncella se paseó por un risco, una manta de árboles le impedía observar la escena por completo pero no fue necesario. Porque Hao no peleaba desde la costa sino que lo hacía por aire. Destruía, asesinaba, intimidaba. Esos humanos, aunque incluyeran a un Soldado X, no eran obstáculo para él, sólo formaron parte de un juego y de una demostración de poder que sin duda atemorizó a los presentes.

¿Qué significaba eso para ella¿Venganza? Hao no lo hacía por ella ni por el resto de sus compañeros caídos. Peyote tenía razón, ellos no valían nada, no eran más que peones. Y era horrendo saber eso y aún así que le importara poco, así que dejó de reflexionar acerca de ello.

––––– –––––

Unas horas después…

El portador de la estrella miró el sol, ya iba siendo hora de que partieran al legendario continente Mu. Como ya no había equipo Gandala; el grupo de Ren, el de las Aguas Termales Funbari, un parchado X–I, pasaron automáticamente a las semifinales junto con Hao y algunos de sus compañeros. Tenían que estar en la playa para abordar el submarino de los Parches.

Mientras esperaban la hora Jeanne vio a lo lejos a Marco, parecía ser que Fausto lo curó al igual que a Lyzerg, eso la alegraba. Aunque luego vio otro cuadro que no le gustó, Anna y Hao estaban platicando y reían pero ella giró el rostro para no verlos

–¿Lista doncella? – preguntó Luchist a su lado

–Sí – dijo ella sonriéndole.

Luchist la miraba con suspicacia, estaba al tanto de las veces que intentó matar al Señor Hao pero también se daba cuenta de que aún sonreía como niña de cuento de hadas que no había hecho nada malo. ¿Sería otra farsa¿Estaría preparando algo nuevo? Quiso hablar un poco más con ella pero una presencia a sus espaldas, hizo que se girara al instante. Marco estaba justo detrás

–Quiero hablar con la doncella – demandó con voz autoritaria. La chica lo miraba sin menor demostración de sentimientos. Luchist se acomodó el sombreo y se alejó unos cuantos metros para darles algo de privacidad.

Jeanne lo miró largamente, tratando de descifrar los pensamientos de Marco pero, por supuesto, ella no leía la mente aunque en esos momentos le gustaría. Agachó un poco la cabeza ante él

–Lamento haberte decepcionado pero no pude matarlo – le dijo como si hablaran del clima

–Doncella ¿porqué no regreso con nosotros? – preguntó por fin el rubio. Jeanne alzó la vista, creía que era obvio, cómo volver con tantos pecados

–Lo amo – dijo.

Marco la miró visiblemente sorprendido pero Jeanne no agregó nada sino que se disculpó una vez más con esa sonrisa de porcelana y dio media vuelta. Sin embargo el ex – jefe de los Soldados X, la tomó del brazo, y la haló hacía él. La observaba como si la analizara, de arriba hacía abajo. Esa no era Jeanne, no podía ser ella. Esas muecas eran de una muñeca de adorno.

–¿Sucede algo? – preguntó de pronto una voz. Ambos se volvieron al mismo tiempo, se trataba de Hao. Los dedos de Marco se aferraron aún más a la piel de Jeanne

–No sucede nada – contestó ella, colocó su mano sobre la de quien fue su protector, y la apartó. Marco encolerizó porque apretó la mandíbula fuertemente –adiós – se despidió. Jeanne giró, tomó a Hao de una mano y logró tirar de él para apartarse. No quería que Marco le diera una razón para que lo asesinara.

Juntos avanzaron hacía el submarino de los Parches. Hao de pronto la detuvo

–¿Quién eres¿Por qué no puedo leer tu mente? – le preguntó de pronto él, su sonrisa de autosuficiencia aún puesta en su rostro

–Yo soy Jeanne, la futura esposa del Rey Shaman – contestó ella, con lo cual Hao soltó una carcajada, inclusive la misma Jeanne rió ante tal contestación pero después decidió que Hao ya había reído bastante porque lo silenció con un beso.

Para estar con él tuvo que renunciar a parte de su cordura. Un precio nada despreciable pero que con gustó dio.

––––– –––––

Subieron al aparato. La travesía no duró mucho y pronto se hallaron en el fondo del mar, un lugar tan oculto que los ojos humanos nunca llegarían a él. Goldva iba a proceder a explicar la semifinal pero no hubo necesidad porque Yoh y los demás renunciaron a los combates para volver eso una batalla personal.

Los Parches aceptaron a Hao como el ganador del Torneo de Shamanes. Las sacerdotisas de los espíritus aparecieron para conducir al nuevo rey hacía el templo y ahí realizar la ceremonia. Los diez parches siguieron a Hao para protegerlo desde ese momento más Jeanne logró ir con él por formar parte de su equipo, sin embargo tanto Luchist como Opacho se quedaron, aunque con diferentes propósitos.

Pronto llegaron al Templo del Rey Shaman. Hao aunque continuaba con su aura tranquila, pronto sonrió y miró con malicia el trono del Rey

–Hace 500 años que no me sentaba ahí – dijo aproximándose, una vez sentado era cuestión de tiempo, los espíritus se fusionarían con él, y así su reinado daría inicio. Jeanne fue la muda espectadora de ese suceso, no hizo comentario alguno, sólo le miró largamente. No tenía palabras que dedicarle a ese triunfo del cual ella no se sentía parte.

––––– –––––

No había aves en ese sitio aunque hubiera vegetación. Existía la luz, la tierra y un efímero aire pero no otro ser vivo aparte de ellos dos y Godva que parecía estar atento. No sabían si Yoh y los otros se aproximaban o no, pero seguro Hao quería lo primero. Después de todo el portador de la estrella era como un niño pequeño que esperaba divertirse y que sus caprichos fueran cumplidos de inmediato.

-Parece ser que ya se aproximan – murmuró Hao levantándose. Aún no estaba fusionado con los grandes espíritus, sin embargo aún mantenía al espíritu de fuego a su lado, además éste no era un enemigo al que uno debía menospreciar.

Jeanne se levantó también pero no hizo otro movimiento. Hao descendió algunos escalones hasta su lado. Rutherford, el último de los shamanes que se encargaba de protegerlo, cayó.

-Es hora – masculló el portador de la estrella mientras descendía un poco más. Ahí, a los pies de los Grandes Espíritus debía celebrarse la batalla decisoria sin embargo el moreno se detuvo hacía la mujer a su lado y le extendió la mano. Jeanne la tomó sin vacilar, ni siquiera lo pensó. Lucharían juntos, asesinarían juntos.

Muerte y locura, hilos que inevitablemente me llevan a ti. Asesinato, poder ¿Hasta cuándo te saciarás¿Lo harás en mí? ¿Te conformarás si lo único que obtienes es a mí?

Continuará…


Agradezco a Shamaniaco, Silvio Vedia, Kimiyu y a Dyana-Rae pues no lo puedo hacer vía Reply. Próximo capítulo: Final.