Disclaimers: Los personajes de esté fanfic no me pertenece, son obra del autor de Shaman King, es decir, Hiroyuki Takei y la autora los usa sin ningún lucro.
EL HILO QUE ME GUÍA A TI
.:Capítulo VII:.
Descendieron peldaño a peldaño hasta el descanso. El trono del Gran Rey quedó a sus espaldas pero seguramente Hao continuaba manteniendo sus pensamientos en él. La fusión de los Grandes Espíritus le tomaría sin duda toda la noche y ahora, con la batalla al frente, no tenía ese tiempo para controlarlos. Mil años desperdiciados por el movimiento de otro ser cuando nació. Tal vez creía que su gemelo y los demás guerreros acudirían a ofrecerse como sacrificio de su nuevo mundo. Jeanne permaneció inmutable a su lado, sosteniendo su mano entre los dedos, deleitándose con la calidez que despedía su cuerpo más que en prestar atención a lo que se suscitaba a su alrededor.
Goldva avanzó delante de ellos con su espíritu y no esperó a que los Guerreros aparecieran de frente sino que les atacó entre la maleza. Lejos de los ojos mortales de la pareja. A veces llegaba una especie de energía en forma de ráfaga que les hacía pensar que la balanza se ponía a favor de uno u otro. La energía de Opacho se acercó y un segundo después apareció la diminuta figura, traía una sonrisa de felicidad al ver a su mejor amigo, quién lo recibió de la misma manera. Se posicionó al lado de éste. Un gran estruendo ensordeció sus oídos. La energía de Goldva desapareció. Hao ni siquiera pareció inmutarse ante esta nueva complicación, Rutherford había dicho bien, Hao estaba cualificado para ser el Rey Shaman. Siempre tranquilo, ecuánime, enigmático y quizás nadie entendiera mejor que él la naturaleza humana. Los demás debían conformarse con seguir las migajas que él dejaba para que lo entendieran, y eso la incluía a ella.
Otro estruendo sacudió todo el reino de Mu. Jeanne no soltó la mano de Hao a pesar de que el techo se desplomó en parte. Un robot se dejó ir sobre ellos pero el espíritu de fuego, raudo a las órdenes de su Amo, los protegió con un brazo. Sin un ápice de lastima, usó su mano como lanza y atravesó al aparato, despedazando a su vez al par de almas que albergaba. ¿Dónde estaba su piedad que la hacía acongojarse? ¿dónde la tristeza que inundaba su alma ante actos de extrema violencia? No se agitó ni un poco.
–¿No dices nada Jeanne? ¿tanto he contagiado tu alma que ya no te interesan la salvación de las almas? –Preguntó Hao con esa sonrisa de autosuficiencia que hacía que uno deseará atravesarle el rostro bofetadas. Le apretó la mano apremiándola para que hablara.
–No siento pena por quienes intentan lastimarnos. Con amabilidad no se puede salvar al mundo –respondió con la mirada al frente, esperando el momento en que llegara Yoh. –¿O es qué deseas que me oponga a ti para serte entretenida? –Inquirió con una sonrisa de porcelana, tan falsa como las pretensiones de Hao por molestarla. Ambos rieron.
–Tienes razón –le concedió Hao.
Su plática ya no pudo continuar más, pues hasta el lugar de los Espíritus llegaron Yoh y camaradas, quizás menos de los que esperaban, pero ahí se encontraban. Se miraron unos a otros, midiendo energía, tensando el momento. Yoh parecía muy seguro de lo que hacía en esos momentos. Los ojos de Jeanne se posaron sobre los de Lysserg. Lo encontró mucho más fuerte de lo que había sido bajo su instrucción y de cierta forma aquello la enorgullecía. En los ojos del ex soldado X halló un dejo de resentimiento, tal vez aún querría preguntarle el porqué. Hao soltó su mano para avanzar por delante. Cada paso que dio, iba impregnado de una aquella aura que estremecía y hacía sentir escalofríos.
–Si quieren vivir den media vuelta, y si no tendrán que enfrentarse a esto –soberbiamente levantó los brazos llamando a su espíritu de fuego, se unió a él en su técnica "polluelo negro". Jeanne permaneció a la espera, siguió con los ojos al dueño de sus miradas, de sus suspiros, el del latir de su corazón y de su mente.
Como era de imaginarse, hicieron equipo para atacarle así que Jeanne intervino de inmediato liberando a los ángeles a su disposición. Deshizo el oversoul de Ryu quién maldijo por verse fuera de la lucha pero ella no entendía ni siquiera cómo es que había llegado hasta ahí. Apartó a Lysser o lo intentó, ya que éste demostró empezar a tener poderes superiores a los de ella. Ambos quedaron de frente, Jeanne intentando además mantener vigilado lo que sucedía con Hao.
–Doncella, si usted no tiene dudas ni arrepentimientos entonces haré lo posible por derrotarla. Aunque nos pasen cosas tristes y traten de obstaculizar nuestro camino, no podemos permitir por ningún motivo, que Hao se fusione con los grandes espíritus –Había subestimado la madurez de Lysserg. Jeanne asintió porque sólo podía pedir que consideraran como seria su relación con Hao, si ella misma era seria cuando hablaban de minimizarla.
Vio venir el ataque de Lysserg, levantó un escudo con uno de los ángeles pero éste se deshizo en cuando fue tocado por las llamas. Sin más, tuvo que invocar a Shamash. Esa había sido su elección así que fiel a ella condenaría a sus oponentes. Atrapó a Lysserg en la guillotina y le cercenó el brazo donde solía portar a Morphin. El inglés soltó un grito de dolor que hizo eco en la mente de Jeanne.
–¡Doncella! –Se giró a la voz que la reclamaba. Len Tao se dejó ir con la cuchilla por delante, Jeanne se hizo a un lado pero apenas si alcanzó a moverse para no terminar clavada en el arma. Su brazo se hizo de una profunda herida que sostuvo. En respuesta trató de apresarlo con el estrujador de cráneo y rodillas.
–Me siento muy triste por ti –con su tono usual y esa frialdad perfeccionada por Hao, mandó a torturar a Ren sin embargo parecía que no podía completar ninguna técnica sin que interviniera ninguno de los otros guerreros. Chocolove soltó a Ren con ayuda de su oversoul, tan rápido que Jeanne no vio lo que sucedió. –Puerta de babilonia –convocó. Usó gran parte de su poder espiritual para invocar la puerta de madera a mitad del reino sagrado. Las olas de su poder halaron a quiénes se hallaran cerca. Metió consigo a Ryu, Len y Chocolove y se encerró con ellos.
Querido Hao, libero al demonio anidado en mi alma, los desperdigo, los maldigo, soy el ángel que los castiga, soy quien comete esta carnicería y te ofrendo cada trozo de alma arrancada.
En la oscuridad intentó asesinarlos. No hay retorno, ni porqué, ni un cuándo, no hay bien ni mal porque ella solamente es una niña pequeña que no comprende lo que realmente es la justicia pero tampoco tiene dudas. No va a mentir para salvar su alma. Un destello de luz dentro de su puerta de babilonia la cegó y a la vez la lastimó. En el plano real, su portal fue abierto y todos salieron expulsados. Jeanne había cobrado la vida de Ryu pero fue Len, quién con el poder del rayo, los hizo volver. Chocolove estaba cansado, parte de su energía había sido devorada dentro de aquel agujero. Jeanne cayó de rodillas halando aire, tratando de recobrarse para lanzar el siguiente ataque. Trató de no perder de vista a Tao pero permitió a sus ojos desviarse por un momento para buscar a Hao. Pensó que les tendría vencidos pero habían ocurrido muchos sucesos mientras ella se encontraba ocupada. En algún momento, Anna llegó acompañada de los espíritus de los elementos que había entregado a los guerreros que se hallaban presentes y ahora parecía tener una ventaja considerable sobre Hao.
Jeanne tuvo que retroceder hasta el lado de Hao, que iba herido pero con una sonrisa de satisfacción que hacía pensar que todo estaba de su lado. Era un niño pequeño. Hao estiró su mano hacía ella. No le importa que su alma fuera condenada al infierno así que la tomó sabiendo que es lo que anhela hacerle el amo del ocultismo. Su energía fluyó por su cuerpo hasta él, le entregó sus espíritus y su poder. Ahí estaba lo único que pedía de él, que la dejara ser su escudo, su vida, él le había dado libertad, no más oscuridad disfrazada de luz. Cayó de rodillas, con la energía apenas suficiente para mantenerse consciente.
–Me encargaré a partir de aquí. El resultado será la realidad –dijo Hao.
Trató de recuperarse pero eso le llevaría bastantes minutos, así que oró por él. No sabía ni siquiera si ella podía pedirle algo pero en ese momento lo hizo. Esperó que con el sueño de Hao cumplido, el de ella pudiera hacerse realidad. Te conformarás si lo único que obtienes es a mí? El fuego consumió todo… absolutamente todo.
–¡Hao! –Gritó angustiada cuando el poder de los cinco guerreros hizo suyo el Territorio Sagrado. El espíritu fuego, en un acto de incredulidad, había sido tomado por Lysserg. Durante toda la contienda Jeanne no había considerado que haría si Hao era derrotado, tal vez porque ni él había considerado ese escenario. Sus orbes rojas, como el infierno donde seguramente ardería, se abrieron como cuencas vacías al momento en el que Hao fue atravesado por la espada de Yoh. El cuerpo de su amado se arqueó hasta caer al suelo empapado en sangre, a unos metros de ella. Ni siquiera supo de dónde cogió las fuerzas para correr hasta donde él se encontraba. A partir de ahí, todo se sucedió como en un sueño, lejano e indoloro, se abrazó al cuerpo de Hao con sendas lágrimas en el rostro, gritó con voz ronca, exhalando apenas una milésima del dolor que sintió y le vibró el cuerpo. Se rompió sin posibilidad de enmendadura.
¿Es así como terminaba su historia? ¿se volvía loca y los mataba a todos?
Los escuchó acercarse a ella y se replegó más cerca del cuerpo de Hao. Opacho lloraba en algún rincón, no lo veía pero podía oír al pequeño. Miró su rostro y lo acarició con las yemas de los dedos mientras se acercaba a su rostro. Un beso. Eso reclamó de los labios del hombre que amaba. Quizás la locura que invadía su mente, le hizo cometer aquella tontería que atentó en contra de su vida pero si le preguntaran a Jeanne, ella jamás se arrepentiría de entregar su vida. Varios gritos se sucedieron a su alrededor tratando de detenerla pero no había marcha atrás cuando se estaba tan segura de lo que se hacía. Hao podría sentir admiración por otras mujeres pero ellas jamás se sacrificarían de esa forma por él. Esperaba que él comprendiera eso.
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Epilogo.
El verano en Japón era atroz, sin duda alguna pero eso no hizo que bajara la capucha que le protegía del sol. Caminaba unos pasos rezagados de la figura delante de ella, ésta se detuvo a esperarle y le tendió la mano para que caminara a su lado. La tomó invadiéndose de esa calidez propia de su cuerpo.
–¿Quién iba a pensar que después de todo lo que más deseamos no es lo que nos hace feliz? –Pero a pesar de ser una pregunta, tal vez no esperaba una respuesta.
–Más bien, ¿quién diría que los grandes espíritus no servían para cumplir sueños sino que ocasionaban más que obligaciones? –Inquirió con suavidad. Era una broma, a todas luces, por la ironía que era la vida. Pero era verdad, los grandes espíritus no podían ser manipulados al entero antojo del rey shaman, después de todo era conocimiento vasto, sabio y maduro. Ellos, niños al fin y al cabo, estaban lejos de comprender eso.
–No lo digas, que me da coraje, tal vez dentro de quinientos años todo me salga diferente.
–Sólo procura ser hijo único en está ocasión –añadió mordazmente. Se detuvo en cuanto llegaron frente a la pensión En, mejor conocida como las aguas termales Funbari, Porque a veces la vida no terminaba de dar vueltas, y por mucho que Hao hubiera resucita gracias a la energía espiritual de Jeanne para apoderarse de los grandes espíritus, no pudo construir ese mundo que anhelaba de sólo shamanes. No había cavidad para él, en una mente iluminada. Aún una tan radical como la de él.
Hao, unos años más adulto se desprendió de la capucha para poder apartar la de su acompañante, liberando esos cabellos plateados y poder besar así a la ama de éstos.
-Y tú procura reencarnar cerca de mí –le pidió. Ella sonrió, estaba muy segura de que así sería.
FIN
Sé que no merezco más que tomates por haber tardado tanto en escribir un final, y que hiciera un Hiroyuki. Agradezco a las personas que leyeron esta historia y a la comunidad de Hao/Jeanne por existir. Un saludo.
