Capitulo 1

-Emma amor, ¿Cuántas veces te voy a decir que a mama se la despierta con cariños y no tirándote en mi cama como si esta fuera una piscina?- dijo Bella restregándose los ojos para que se acostumbraran a la luz que de repente entraba en su cuarto.

-Eres la persona mas perezosa que he conocido jamás Bella- dijo Alice imitando el gesto que segundo antes había hecho Emma.

-Y tu pareces una niña de 4 años, pero tienes 22 años Alice-.

-Mami, hoy tengo medico. ¿Vendrás?- corto aquella absurda conversación la pequeña. Bella la miro a su carita y sonriendo le paso sus dedos por la mejilla.

-Claro mi amor. Hoy te acompañamos las dos- dijo sintiéndose tremendamente culpable por no poder estar unto a ella en los momentos mas difíciles probablemente de su vida.

-Entonces en marcha Bella, que Emma y yo ya te hemos hecho el desayuno- dijo Alice cogiendo en brazos a Emma.

-¿Pero que hora es?- pregunto Bella cogiendo su reloj. -¿Son de verdad las 12 o mi reloj esta mal?-.

-Tu reloj va perfectamente. Tienes media hora para prepararte y desayunar- dijo Alice saliendo por la puerta junto a Emma.

-Mierda- dijo levantándose de un salto esperando a que hubiesen cerrado la puerta para que Emma no escuchase la expresión. A pesar de su corta edad, apenas tenia 4 años, era una niña muy espabilada a causa de los golpes que había recibido de la vida, y esa expresión probablemente traería preguntas de difícil respuesta para Bella.

Tras una ducha rápida y de vestirse con unos sencillos vaqueros, deportivas y un jersey fino, ese día el tiempo en Forks había dado un respiro al frió invernal, bajo a la cocina con el pelo todavía húmedo. El olor a tostadas y café le dio la bienvenida al mundo de los que estaban despiertos.

-Huele muy bien. ¿Has cocinado tu?- pregunto Bella mirando directamente a los ojos de Alice. Algo que se aprendía con el tiempo, es que Alice podía ser una buena mentirosa menos si se la sostenía la mirada mientras la preguntabas.

-En realidad meter un rozo de pan en una maquina no es tan complicado- dijo haciendo un gesto de burla.

-¿Es necesario que te recuerde que casi incendias la casa aquella vez que tuviste que calentar algo en el microondas? Eso tampoco era tan complicado- le recordó Bella.

-No es justo. ¿Dónde pone que no se pueden meter cosas metálicas en el?-.

-Claro Alice. Ahora la culpa es de los fabricadores por no poner las instrucciones en la pantalla-.

-Por fin alguien que me entiende-.

-Como tú digas- dijo Bella volviéndose hacia su hija y haciendo un gesto como si estuviese hablando con una loca. La niña solo pudo taparse la boca mientras reía para que su tía, y su única familia a parte de su madre, no se sintiese ofendida. –Bueno dijo Bella dando su último sorbo a su café. –Es hora de irnos. ¿Estas preparada muñeca?- le preguntó a su hija colocándole la diadema bien.

-Si mami, el doctor ya no me hace tanto daño-.

-Eso es porque ya eres toda una campeona- dijo dándole la mano y llevándole hacia el coche. La sentó en la sillita que tenia para el coche y arranco mientras Alice ponía el CD de música favorito de Emma. Estaba comprobado que la pequeña llegaba con mejor humor a sus sesiones de medicación si durante el viaje escuchaba el disco. Pero si además coreaban las canciones las 3, eran las 3 quienes soportaban mejor el tiempo de espera.

Emma se sabia a la perfección el camino hasta su consulta. 3 años haciéndolo casi semanalmente. Aquellos era lo más parecido que tenía a su segunda casa. Abrió la puerta sin tocar.

-Hola doctor- le saludo dando la vuelta a la mesa y dándole un beso en la mejilla. Sabia que a esas horas nunca tenia visita porque la reservaba para la pequeña. Nunca falto a su palabra, trataría a la niña como si fuese de su propia familia.

-Hola Emma. ¿Qué tal estas?- pregunto cuando Alice y Bella entraron en la consulta. –Hola señoritas- las saludo con la mano.

-Muy bien doctor. Ya no se me cae tanto pelo. ¿Te gusta como me esta quedando? Y ya casi no me canso. En el colegio hago lo mismo que los otros niños-. Para Bella escuchar eso hacia que se le removiese todo por dentro. Era una felicidad inmensa saber que Emma podía hacer una vida normal eso quería decir que se estaba recuperando a pasos agigantados. Pero enseguida la tristeza la volvía a invadir, al pensar que los primeros años de vida de Emma habían sido diferentes a como debía de vivirlos una niña de 4 años.

-Estas guapísima, como siempre. Hoy tenemos que pincharte para sacarte sangre y saber como estas. Luego remeteremos a la salita y allí las enfermeras te darán eso que te gusta poco pero te pone bien, ¿vale?-.

-Vale- dijo Emma subiéndose a la camilla por las escaleritas que había a un lado y arremangándose la camiseta por encima del codo. –Ha visto doctor, hoy ha venido mi mami conmigo-.

-Si Emma, ya he visto que ha venido tu mami. ¿Qué tal lo lleva Bella?-. Sabia perfectamente a lo que se refería el doctor Black. Jacob Black, su hijo. Un aspirante a modelo con bastantes posibilidades. La verdad es que el chico no lo hacia mal, pero quizás pecaba un poco de chulería, algo que jamás reconocería delante de su padre. Bella decidí hacerle ese favor introduciéndole en el mundillo, y Jacob se comporto realmente bien con ella, llegándose a convertir en un buen amigo, el único quizás. El problema es que coincidían muy de vez en cuando.

-Bien. La última vez que le vi se le veía realmente bien. Tiene futuro, pero tiene que aprender a esperar-.

-Ese no ha sido jamás su fuerte- dijo dejando el tubito de sangre de Emma con su pegatina e la bandeja. –Y ahora Emma, dspidete de tu madre y tu tía mientras vamos a curarte. En un hora estamos de vuelta- dijo el doctor dirigiéndose hacia Alice y Bella saliendo de la consulta.

-Bella- le dijo Alice, -tengo que irme, s una urgencia. El vestido de mi novia le queda pequeño y la ceremonia este sábado-.

-No pasa nada Alice. Tengo que pagar esta sesión, y quería pasar este día con Emma las dos solas. En dos semanas me tengo que volver a ir y… no te preocupes. Vete y vuelve cuando puedas-.

-Gracias amiga. Dale un beso enorme a la niña- dijo saliendo de la consulta corriendo. Bella salio con más calma, haciendo el recorrido que siempre seguía cuando iba al hospital. Se metió al ascensor y pulso el botón para ir al último piso. Administración. Donde tenía que pagar los gastos del tratamiento y la consulta. No le dolía que el cheque que llevaba encima tuviese una cantidad exagerada de cifras. Era por Emma, y aquello apenas valía nada comparado con la vida su hija. Espero la cola que había, y después de pagar, y soportar de nuevo las preguntas de la recepcionista cotilla sobre como se encontraba Emma, se despidió educadamente de ella y bajo andando las escaleras hasta el piso donde tendría que verse con la pequeña. Detestaba el gimnasio, y lo decía con autoridad, porque al principio no vio otra solución a continuar delgada, pero luego pensó que si siempre había sido así, porque tendría que cambiar ahora. Simplemente mantuvo sus hábitos de vida, y su genética hizo el resto para que no engordase ni lo más mínimo. Pensó en ir a sentarse en el lugar de siempre, en los asientos mas alejados, no era agradable ver pasar todo el rato a personas y que sus miradas no se separasen de ti hasta que la pena se iba de sus rostros porque habían olvidado porque la sentían. Giro la esquina que le llevaba hasta a ellos, pero antes de llegar choco contra un cuerpo. Dos fuertes manos la agarraron por ambos brazos antes de que pudiese tocar el suelo con todo el cuerpo. Sus ojos se cerraron con fuerza y su cuerpo se tenso para que el dolor fuese mas leve, pero este jamás llego gracias a esas dos manos.

-¿Se encuentra bien?- le pregunto una voz totalmente armoniosa, quizás la mas bonita que jamás había escuchado de un hombre. Abrió los ojos para encontrarse con un hombre de unos 25 años de edad, ojos verdes piel pálida y pelo cobrizo desordenado de una manera bastante estudiada, diría ella. Iba vestido con unos vaqueros desgastados con una camisa a cuadros roja.

-Si, esta todo bien, no se preocupe. Iba algo distraída…- dijo Bella mientras las manos de aquel hombre la soltaban y ella intentaba alisarse la ropa de manera nerviosa.

-Vaya- dijo el mirándola de arriba abajo repetidas veces. Aquel hombre, para Bella, ya la había fastidiado. Pero el al ver su reacción, intento disculparse. –No, no perdona, no te estaba mirando por nada que pueda parecerte… mira- dijo dejando soltar una risa nerviosa, que al parecer de Bella hubiese sido adorable en otra situación, - es que yo a ti ya te conozco, tu a mi probablemente no, y te he visto muchas veces y siempre he pensado que eras una chica muy guapa, pero ibas demasiado maquillada, y ahora al verte así de… sencilla, esa es la palabra, me he sorprendido porque sigues estando muy guapa- dijo el extraño de carrerilla y poniendo sus manos delante suya como intentando evitar una posible bofetada. Bella consiguió relajarse y se rio de la actitud de nervios de aquel extraño, sintiendo extrañamente alagada por el.

-Vaya, pues muchas gracias. Pero, ¿Cómo me puedes conocer sin que yo te conozca a ti?-.

-Soy fotógrafo, no paparazzi, fotógrafo profesional. Desfiles, sesiones, películas y esas cosas. Te he fotografiado en algunos desfiles-.

-Lógico que no te recuerde, no puedo veros nunca las caras- le respondió Bella sentándose en su sitio predilecto seguida de aquel extraño, que por alguna razón, le inspiraba confianza.

-Los flashes pueden llegar a resultar un tanto molestos-.

-Bastante. Pero no e gusta hablar de trabajo cuando no estoy trabajando-.

-Lo siento, me despisto. Mi trabajo para mi es mi mayor aficcion, así que pocos temas de conversación puedo dar-.

-¿En serio? Pareces un chico muy interesante, por lo menos curioso- dijo Bella intentando arreglar la primera parte de la frase. En un contexto algo diferente, o incluso e ese mismo, el significado de la frase puede dar a entender varias cosas.

-Vaya… eh gracias- dijo riéndose de nuevo con una risita nerviosa que esa vez si, termino por parecer adorable a Bella.

-Oye, tu ya me conoces. ¿Como te llamas?- se atrevió a preguntar al extraño en un acto de valentía.

-Me llamo…- empezó tendiéndole su mano.

-¿Edward? ¿Edward?- se escucho una voz acercándose a ellos. -¡Edward!- dijo una mujer apareciendo por allí. No podía tener más de 60 años si te fijabas bien, pero a primera vista hubiese pasado perfectamente por alguien de 45 o 50 años como mucho. Una melena casi pelirroja le caía hasta los hombros y sus ojos verdes se parecían mucho a los del extraño.

-Ese soy yo- le dijo a Bella señalando el origen de la voz. –Lo siento mama, recibí el mensaje pero me entretuve un segundo. ¿Qué te han dicho?- le dijo levantándose y poniéndose frente a ella.

-No tengo que volver mas cariño. Estoy curada- dijo aquella señora intentando mantener la emoción fuera del mensaje, pero sin conseguirlo.

-Oh dios mío mama, por fin- dijo Edward abrazando a su madre durante unos minutos ante Bella, la cual sentía que sobraba de ese espacio donde ni siquiera cabía tanta felicidad. -¿Se lo has dicho ya a papa?- pregunto separándose de ella pero cogiendole las manos.

-Le llame hace un rato, pero este en quirófano. Le he dicho que le esperaríamos comeríamos con el-.

-Claro, tengo el día libre-.

-¿Con quien hablabas?- dijo de repente la mujer llamando la atención de Bella sin querer.

-Ah mama, mira esta es… Isabella. Ella es mi madre, Esme- dijo Edward mirando a Bella y señalándola. Bella extendió su mano para saludar a aquella señora.

-Encantada Esme, pero solo Bella por favor. Y felicidades- se atrevió a decirla. Aunque no había dicho del que estaba curada, su presencia en aquella planta solo podía significar una cosa muy poco agradable.

-Gracias querida, gracias- dijo realmente feliz la mujer. –Disculpa, tu cara me es muy familiar. ¿Nos conocemos?-.

-No, creo que es la primera vez que la veo- dijo Bella de una manera divertida. Era a primera vez que no ponían nombre a su cara, y acababa de descubrir que eso le ponía de buen humor, aunque al parecer no a su hijo, al que casi se le salen los ojos de las cuencas.

-Mama, ¿en serio no la conoces?- dijo mirándole como si estuviese perdiendo la cabeza. –Discúlpala- dijo esta vez dirigiéndose a Bella. –No esta muy interesada en ese mundo pero…-.

-Estoy encantada de que no me conozca, no te preocupes- dijo Bella cortándole sin perder la sonrisa.

-¿Debería de saber quien eres?- dijo la mujer cada vez con cara de estar mas apenada.

-Por supuesto que no- dijo haciendo un gesto con su mano para restarle importancia.

-Bella- se escucho una voz por el pasillo. Bella se levanto enseguida.

–Ha sido un pacer conocerles- dijo dándoles la manos a aquellas dos personas que le habían animado el día.

-El placer ha sido nuestro. Mucho animo- se despidió Esme acariciando la mano de Bella con un gesto maternal que despertó cosas en el interior de Bella.

-Nos vemos- dijo Edward cuando Bella ya enfilaba el pasillo hasta la puerta del doctor Black.

-Hola. Bonita, ¿Cómo estas?- dijo Bella entrando y dirigiéndose directamente hacia la camilla, donde la niña descansaba sentada pero no con muy buena cara.

-Ha sido toda una valiente- intervino el doctor Black. –Le ha dolido un poco, porque era un tratamiento muy fuerte, pero no se ha quejado y se ha portado estupendamente-.

-Mami estoy cansada- dijo la niña rodeando el cuello de su madre con sus débiles bracitos y apoyando su cabeza en el hombro.

-Ya nos vamos a casa corazón. Muchas gracias doctor- dijo Bella sujetando a la niña con una mano y dándole la otra al doctor.

-Nos vemos en dos semanas señoritas- se despidió el doctor de ambas cuando estas salían por la puerta.

-¿Qué haces con los zapatos en la mano?- dijo Bella dándose cuenta de que lo que le estaba dando constantemente no eran solo las manitas que colgaban de la pequeña. –Ven, siéntate que te los coloco- dijo sentándola en una de las sillas de espera que había por el pasillo, agradeciendo internamente que ese pasillo no fuese muy transitado.

-Es que mami, el doctor me dijo que me los quitase para tumbarme en la cama y que no la manchase, y no me dio tiempo a ponérmelos, lo siento-.

-No pasa nada amor, fue culpa mía por no darme cuenta- dijo acariciando su mejilla para tranquilizarla.

-¿Y la tía Ali?-.

-La tía se tuvo que ir corriendo porque la llamaron del trabajo, pero cuando te despiertes de tu siesta ella seguro que ya esta en casa-.

-Me voy a echar una siesta muy larga, así que le dará tiempo a llegar-.

-Claro que si mi amor-.

-¿Isabella?- Bella giro rápidamente la cabeza al reconocer la voz que la llamaba. Edward y su madre estaban al lado observando como estaba arrodillada ante una niña colocándole los zapatos. No le importaba que nadie la viese con ella, ni siquiera que las relacionase. Eso cambia cuando una de las parte, y lógicamente no podía ser ella, estaba relacionada con el mundo donde se movía, ahí Bella, no tenia familia ni amigos, y si era posible, ni conocidos.

-Esme, Edward- dijo terminando el lazo del zapato y cogiendola en brazos.

-¿Pero quien es esta niña tan guapa?- pregunto Esme acercándose a la niña que apoyaba su cabeza en el hombro de la madre, y acariciándole la mejilla suavemente. –Hola bonita, me llamo Esme-.

-Hola, yo soy Emma- dijo levantando la cabeza y regalándola una sonrisa leve.

-Perdonad, esta un poco cansada- se disculpo Bella intentando cortar esa conversación lo mas rápido posible.

-¿Son amigos tuyos ma…?-.

-No- la corto rápidamente Bella antes que saliese de su boca la palabra "mami". –No, solo los conozco, pero no son mis amigos-.

-¿Es tu hija?- pregunto Edward señalando a la pequeña y pasando su mirada de una a otra intentando encajar cabos. Rápidamente Bella puso una mano en uno de sus oídos y puso el otro sobre su hombro intentando que la pequeña no escuchase más, y si era posible, tampoco hablase.

-No, y no es asunto de nadie- dijo adoptando una actitud muy diferente hasta mantenida hasta ahora. –Lo siento, esta muy cansada y necesita descansar-.

-Lo entiendo querida. Llévala a casa y que duerma- dijo Esme acariciando de nuevo la mejilla de la niña, a la cual ya se le empezaban a cerrar los ojos para después acariciar la de Bella.

-Adiós- dijo y enfilando el pasillo de camino a la calle.

Coloco a la niña y condujo rápidamente a casa, pero sin pasar el límite de velocidad. Que tu adolescencia estuviese marcada por un padre policía dejaba huella en la personalidad a la fuerza. Lo primero que hizo al llegar a casa fue cambiarla a su pijama favorito y arroparla. Antes de salir del cuarto el teléfono empezó a sonar, y se dio prisa en cerrar la puerta para que no despertar a la pequeña. Cogio el inalámbrico que había en el pasillo y descolgó.

-¿Si?- pregunto bajando las escaleras para llegar al piso de abajo.

-¿Isabella? Habla Marco-.

-¿Marco?- pregunto extrañada de que su representante, al que había dado ordenes de no recibir ninguna noticia e las 3 semanas libres que tenia, la llamase pocos días antes de que estas terminasen. -¿Qué quieres?- su aversión a Marco y todos los que la dirigían era conocida, pero a pesar de todo nunca perdía la educación. Odiaban que se llenasen los bolsillos a su costa sin pensar ni un segundo en la verdadera persona que se los llenaba, que era ella.

-Te necesito en Los Ángeles en dos días, y la negociación esta fuera de discusión. La marca a la que representas a recibido un pedido adelantado y no tenemos tiempo. La sesión de fotos es en dos días-.

-No, tenia 3 semanas libres y las pienso cumplir-.

-Mira, o vas o te denuncian por incumplimiento de contrato. Es solo una sesión de fotos, luego puedes volver-.

-En dos días, pierdo los otros dos que me sobran e volver a mi casa e ir a mi próximo proyecto. Marco habla con ellos. Tienen más modelos-.

-Pero ninguna de ellas eres tú. Sabes que eres el mayor reclamo publicitario en estos momentos en el mundo de la moda. Te quieren a ti-.

-Si lo se Marco, lo se- dijo pasándose la mano por el pelo y maldiciendo que fuese "el mayor reclamo publicitario" repitió moviendo la boca haciendo burla a la persona que tenia al otro lado del teléfono.

-Tus billetes están de camino por mensajera por urgencia. Nos vemos en dos días Isabella. Adiós- dijo colgando y dejando a Bella con la palabra en la boca y escuchando un irritante pitido. Tiro el teléfono al sofá y cogio un cojín para ahogar su grito y no despertar a la pequeña.

"Genial, sencillamente genial". Era la única frase que le rondaba en su cabeza mientras estaba tirada a lo largo del sofá hasta que decidió que no había otra opción posible. Pero escuchar la puerta abrirse hizo que se le viniese a la mente la única persona capaz de ayudarla en una urgencia de semejante envergadura.

-¡Alice!- soltó un grito ronco al escuchar el ruido de las llaves sobre el mueble de la entrada. Al pararse delante de ella vio que Alice laminaba y negaba con la cabeza.

-No Bella, no- dijo llevándose las manos a su pelo.

-¿No que Alice? No sabes ni lo que te tengo que decir-.

-Me vas a pedir que me quede cuidando a Emma, ¿verdad?-.

-Si…- a Bella el que Alice hubiese acertado y no le gustase la idea de quedarse con ella no le gustaba nada. -¿Qué pasa?-.

-Bella, me voy dos semanas desde…- Alice miro su reloj y dejo salir el aire a trompicones, -tengo que estar en 3 horas en el aeropuerto rumbo a Nueva York y tengo que preparar la maleta todavía. La madrina no puede viajar y trasladan todo allí. Dime que ha pasado mientras me preparo- dijo cogiendo a Bella de la mano y arrastrándola hacia arriba.

-Lo primero baja el volumen, Emma duerme, estaba agotada la pobre- dijo Bella bajando la maleta de encima del armario mientras Alice miraba su vestuario y empezar a seleccionar. –Tengo que estar en Los Ángeles para una sesión urgente de fotos. No puedo faltar, es imposible. Y después… lo mas sensato seria quedarme ya allí, porque dos días después, que es cuando realmente debería incorporarme al trabajo, y apenas podría pisar la casa ya que antes tendría que dar media vuelta y volver-.

-Lo siento mucho Bella, te juro que la llevaría conmigo, pero es que esta vez es imposible. Conoces a esa gente. Tienen 300 invitados y ninguno baja de los 20 años- dijo mirando hacia el marco de la puerta, donde Bela observaba el estrés de Alice, por su maleta y el futuro de Emma.

-No pasa nada Alice, no te preocupes. Algún tenia que pasar, ya lo sabíamos- dijo Bella con resignación. Sabia que las dos tenían trabajos que demandaban mucho de sus tiempo, y que Alice era la que mas podía flexibilizar, por no decir la única. Bella no quería mantenerla cerca de su entorno, pero esta vez no veía ninguna salida mas.

-¿Por qué no la dejas con la vecina?- propuso Alice.

-No pienso dejar a mi hija más de dos semanas con la señora Masen. Por dios Alice, jamás he visto a una persona con tantos gatos porque se les olvida darles de comer-.

-Si, quizás tienes razón-.

-¿Y que tal con lo de la guardería?-.

-¡Por todo lo que mas quieras Alice, razona! Son sus profesores, no nuestras niñeras-.

-¿Y por que no buscas una?-.

-Alice, no tengo tiempo. Los billetes llegaran en unas horas- sabia lo que decía, y el plural estaba bien dicho, siempre enviaban dos billetes para posibles acompañantes, aunque Bella jamás lo utilizaba, -y no tengo tiempo para encontrar una de confianza. Y tampoco conozco ninguna-.

-¿La vas a llevar entonces?- dijo cerrando la maleta y poniéndola en el suelo,

-¿Tienes otra opción mejor? no me gusta nada que tenga que mezclarse con esa gente, todo es tan frió, hasta yo tengo que cambiar mi comportamiento, y no quiero que ella lo conozca, pero supongo que algún día tenia que pasar-.

-Emma es una niña muy lista Bella, y muy curtida en la vida, mucho mas que algunas personas de nuestra edad, y sabe perfectamente en que consiste tu trabajo, y sabe que su mama no es esa que sale tan guapa en las fotos ni esa que no habla cuando gente con micrófono la pregunta. Lo has hecho increíblemente bien como madre, Emma te adora y le encantaría acompañarte. Lo se, me lo ha dicho-.

-Se que quiere conocer el trabajo de su madre, el problema es que la madre no quiere…-.

-Mami- dijo la niña apareciendo por el marco de la puerta frotándose sus ojos.

-Hola amor. Viste, la tía Alice volvió antes de que te despertaste- dijo señalando.

-¡Tía!- dijo corriendo hacia ella siendo arropada por los brazos de la que ella consideraba su tía, y su madre, su hermana.

-Hola muñeca. ¿Sabes una cosa? Te vas con tu mami a su trabajo-.

-¿En serio mami?- pregunto la niña mirando con ilusión a su madre. Ella solo pudo fingir su mejor sonrisa y asentir con la cabeza. -¡Si! ¿Vendrás con nosotras tía Alice?-.

-No mi vida, tengo que irme unos días porque tengo que trabajar. Pero estarás todos esos días con tu mami. Además en un sitio con mucho sol, y te pondrás morenita-.

-¿Cuándo nos vamos mami?-.

-Hoy por la noche, así que corre a tu habitación y coge la ropa que quieras. Despídete de la tía y vuela anda-.

-Adiós tía, trabaja mucho y pásatelo bien. Te quiero- dijo dándole un beso y un abrazo.

-Adiós guapa. Nos vemos pronto- dijo soltándola mientras la pequeña pasaba corriendo al lado de las piernas de Bella, olvidando el sueño que tenia, con toda la ilusión por ir, por fin, al lado de su mami en un viaje. -¿Podrás?- preguntó Alice. –Claro que si- dijo sin esperar respuesta envolviendo en sus brazos a Bella mientras esta respondía al abrazo.

-Nos vemos pronto-.

-Claro que si- dijo saliendo de su cuarto con la maleta.

Bella se quedo un rato mas en el marco de la puerta asumiendo que a partir de ahí tendría que ingeniárselas para que su vida continuase, aunque solo fuese un poco, a la que llevaba hasta ahora.