Capitulo 2
-¿Y vamos a ir a la playa? ¿Y vamos a conocer a mucha gente? ¿Y…?- la pequeña Emma apenas podía controlar su emoción al ir por fin al trabajo de su madre. Era la primera vez que salía de su pueblo, y por consiguiente, la primera vez que montaba en avión.
-Si cariño, haremos muchas cosas, pero tienes que estarte tranquilita y dejarme que te abroche el cinturón- dijo Bella, intento atar ambas partes del cinturón. El avión estaba a punto de salir y todavía les quedaban muchas horas de vuelo. Era d noche, por lo que la pequeña podía pasar el vuelo durmiendo si podía en algún momento mantener a raya esos nervios.
Las gafas oscuras tapaban casi la mitad del rostro de Bella, asíque todavía nadie la había reconocido, pero sabía que aquella suerte no duraría eternamente. Se quito el pañuelo y la cazadora y dejo a la vista el modelo de la última colección para la campaña que publicitaba. No era ni cómodo ni barato, y casi ni le gustaba, pero ahora estaba trabajando y era lo que primaba. Se dejo puestas las gafas, total, se quedaría dormida de un momento a otro y no le gustaba que nadie la viese dormida si no eran Alice o Emma. La hacia sentirse vulnerable, no lo le gustaba esa sensación.
Noto como un ronroneo debajo de sus asientos y supo que el avión iba a despegar. Las manitas de Emma se pusieron sobre las suyas, y ella le dedico una sonrisa mientras le las cogia y las besaba.
-Mami- dijo Emma tan bajito que tuvo que dar a su madre en el brazo para que se enterara de que la estaba llamando.
-¿Qué quieres cariño?- dijo Bella mientras una de las azafatas recogía las bandejas de la cena.
-¿Cuándo te voy a poder llama mami?- pregunto la pequeña dejando ver en su mirada que no le gustaban ese tipo de prohibiciones, aunque las acatara sin rechistar. Bella había hablado con la niña para pedirle que mientras estuviesen rodeadas de gente, no la llamase mami, tampoco Bella, que simplemente le dijese lo que quisiese, pero sin el mami delante. La gente podía pensar lo que quisiese, pero confirmarlo era algo que iba más allá.
-Amor, tu sabes que me encanta que me llames mami, ¿verdad?- dijo Bella agachándose y juntando su nariz con la de su hija, mientras esta asentía con la cabeza sonriendo y sacando en Bella, otra sonrisa idéntica. –Pero la gente con la que vamos, no tiene porque saberlo, ¿vale? Tu me tratas como siempre, y me pides lo que quieras, pero mami solo delante de tía Alice, por favor-.
-No quiero que te pongas triste- dijo la pequeña pasando la palma de su mano por la mejilla de su madre, -tía Alice me explico que esa gente no entiende muchas cosas y hay que engañarles a veces, pero no mentir-.
-Eso es mi vida. Ahora duérmete, que todavía queda mucho para llegar- dijo Bella poniéndole la mantita por encima y dándole un beso en la frente, agradeciendo a algún ser superior por haberle dado, de una manera equivocada, al mejor regalo del mundo.
Fue la azafata quien por megafonía despertó a casi todo el avión anunciando que se abrochasen los cinturones, ya que estaban a punto de aterrizar. Bella se estiro disimuladamente en su asiento, y comprobó que a la pequeña no la despertaría ni un terremoto a ese ritmo.
-Emma cariño- dijo acariciándole el pelo. –Emma- repitió viendo como la niña se resistía a abrir los ojos. –Cariño, ya hemos llegado-.
-¿Ya estamos en la playa ma…? Ups-dijo rápidamente tapándose la boca con su mano. Bella solo negó con la cabeza sonriendo. Sabia que era imposible que a la niña no se le escapase mami delante de la gente, empezaba a asumirlo y poco a poco le daba igual.
-No pasa nada mi amor. Venga- dijo ayudándola a sentarla bien y abrochándola el cinturón, cualquier rastro de sueño parecía haberse esfumado con la certeza de que ya estaban cerca de la playa.
Una vez el avión piso tierra, todos los pasajeros se levantaron de sus asientos y formaron una fila para salir. Era costumbre de Bella no salir hasta que todos estuviesen fuera, era la mejor manera de no ser reconocida, o por lo menos, ser reconocida lo más tarde posible. Además de ser la mejor táctica para distraer a los paparazzi, muy poco deseados en aquel momento. Mucho menos que cualquier otro día.
-Disculpe señorita Swan- dijo una azafata acercándose. "Vaya" pensó Bella, me ha reconocido y no me a agobiado. Solo por eso ya le caí bien. –El señor Marco dice que la acompañe hasta la sala VIP- entonces no la había reconocido, Marco estaba allí.
-Claro, muchas gracias. Vamos Emma- dijo levantándose y cogiendo las maletas de mano de Emma y la suya propia. –Disculpa, ¿las maletas?-.
-El señor Marco me dijo que no debía preocuparse por nada-.
-Esta bien- dijo siguiéndola por todo el pasillo del avión. Ayudo a Emma a bajar las escaleras hasta la pista. La pequeña iba tan emocionada que de los saltos que daba, podía caerse escaleras abajo rodando.
El sol ya relucía en su plenitud en la ciudad de Los Ángeles, algo que la pequeña jamás había experimentado, por eso al entrar al aeropuerto se quedo mirando hacia atrás y pensando cuando volvería a verlo.
-Es aquí- dijo la señorita que las llevo hasta la sala.
-Muchas gracias- le dijo Bella entrando en aquella sala, donde solo podían pasar las gentes mas reconocidas como medida de seguridad. –Marco- saludo Bella con toda la desgana que le provocaba ese hombre.
-Isabella. ¿Isabella?- volvió a repetir cuando su mirada se clavo e la niña que llevaba de la mano. -¿Es…?-.
-Si es ella- dijo Bella sujetando con mas fuerza la mano de su hija.
-Dijimos que…-.
-Se lo que dijimos, pero no tenia otro remedio- solo Marco y algunos de sus trabajadores mas cercanos, sabían, por contrato, que Bella tenia una hija. Pero se había encargado de que la noticia no saliese de sus bocas jamás si no querían pagarla una indemnización tan alta que ni el sueldo de toda una vida les daría para empezar.
-¿Y que vamos ha hacer con ella?-.
-Lo primero es una persona, trátala como tal-.
-Pero tienes trabajo, dime tu donde la vamos a dejar…-.
-Marco, no es ningún mueble ni nada que estorbe. Estará donde yo este, asíque vete preparando contratos de confidencialidad para todos. Nadie, y te digo, que absolutamente nadie, puede decir que una niña estuvo allí, y menos que se la relacionaba conmigo-.
-Eres de lo que no hay- dijo Marco desesperado cogiendo su móvil. –La furgoneta nos espera. Vamos- dijo andando delante de ellas y mientras hablaba con los abogados diciéndoles que tenían un gran trabajo por delante.
-Mami- le dijo la pequeña a su madre.
-Dime mi amor- dijo cogiéndola en brazos.
-Ese señor no me cae bien-.
-A mi tampoco- le respondió poniendo cara rara y dándole un beso a la pequeña. –Y tampoco le hagas mucho caso, esta un poco loco-.
-Yo solo hago caso a mi mama- dijo la pequeña abrazándose al cuello de su madre, algo que a Bella la llenaba de felicidad. Noto que estaban a punto de salir, y por pura precaución, ya que no sabia lo que se podía encontrar fuera,, puso una de sus manos encima de la cabeza de la niña para que no la levantara, y así evitar cualquier foto de su cara.
-No hay cámaras. No es necesario- le dijo Marco dándose la vuelta y viendo la escena.
-Po si acaso. Ya les conocemos- dejo caer Bella, a sabiendas que más de una foto a distancia había sido obra de filtraciones de gente de su entorno. Se jugaría las dos manos a que Marco tuvo mucho que ver.
Apenas un metro separaba la puerta de atrás del aeropuerto de la puerta de la furgoneta, un metro donde normalmente podía llegar a salir más fotos que de cualquier photocall. Con la niña por delante, fue quien primero entro y la que primero se acomodo, para que después ya entrase Bella.
-¿Este coche es solo para nosotras?- pregunto la niña mirando hacia todos los lugares con cara de felicidad.
-Claro mi amor-.
-Pero si es muy grande para tan poca gente-.
-Pero así vamos más cómodas, y nosotras solitas. ¿No te gusta?-.
-¡Me encanta! ¿Pero ese señor también tiene que venir?- dijo poniéndose la mano delante de la boca para que solo Bella pudiese oírla.
-Si cariño, pero como si no estuviera- dijo Bella imitando su gesto y riéndose. Marco tenia la habilidad de caer mal hasta a las piedras.
-Isabella- interrumpió Marco aquella conversación entre madre e hija, sin ni siquiera girar su vista hacia ellas, -ahora te dejaremos en el hotel. Quiero que te cambies y este lista en 45 minutos. Después te llevaremos al estudio. La sesión durara unas 6 horas. ¿Sabes con quien dejar a la niña?-.
-La niña tiene nombre Marco, y si, la niña se viene conmigo-.
-Es mucho tiempo para alguien tan pequeño-.
-Pero a mi no me importa- dijo la con inocencia la pequeña mientras miraba por la ventana. -¡Eso es el mar!- dijo emocionada pegando su nariz al cristal, como si así pudiese estar mas cerca del mar, o casi olerlo.
-Si amor. Mañana vamos a bañarnos, ¿quieres?-.
-Había pensado que mañana podías…- empezó Marco antes de que Bella le cortase.
-Mañana y pasado son mis días libres. No pienses por mí durante ese tiempo, y menos para que yo haga nada-.
-Bella, cobraras…- para Bella lo único bueno que sacaba de ese trabajo era el dinero, y aunque al principio tuvo que esforzarse como todas. Ahora el dinero le venia dado en cuanto firmaba un papel, y era mucho mas de lo que ella hubiese podido pedir jamás, así que hacer trabajos ahora por dinero, era algo a lo que no estaba dispuesta a ceder.
-Sabes que eso me da igual ahora Marco. Llévame al hotel, terminemos con esto cuanto antes y déjame disfrutar de mis merecidas vacaciones por favor- dio Bella por zanjada aquella conversación, que no les llevaría a ningún sitio productivo.
Poco tiempo después la furgoneta aparco en el parking del hotel. Dos guardaespaldas desconocidos la acompañaron a su suite, los mismos que se quedarían en la puerta de su habitación los próximos 3 días por exigencias de alguien que desde luego no era ella. La habitación era impresionante, eso no se le podía discutir a nadie, pero demasiado grande para su gusto. Aunque la terraza con vistas al mar, curaba todas las posibles preocupaciones.
-Mira mami el mar- dijo emocionada Emma asomándose por la terraza mientras Bella empezaba a ponerse el conjunto que tenia encima de la cama, que otra vez, no era el elegido por ella.
-Si amor, pero no te asomes mucho. Ten cuidado- dijo viendo como la niña quería ver mas, mas y mas, con el peligro de que su pequeño cuerpo pudiese caer.
-Mami me gusta mucho ese sombrero- dijo la niña saliendo de la terraza y subiéndose a la cama para empezar a saltar.
-Cariño, en un sitio donde no es tu casa hay que cuidar las cosas, asíque salta poco, pero primero quítate los zapatos. ¿Te gusta?- dijo Bella dando una vuelta sobre si misma para que su hija viera el modelo. Un short tan cortos que parecían mas bien un cinturón, una camiseta larga que le llegaba casi hasta el final del pantalón, unas botas de cowboy que estarían muy a la moda, pero cocían los pies en un clima como el de Los Ángeles, un sombrero de paja y un bolso tan grande que Emma podría viajar en el junto con sus gafas completaban el absurdo look de modelos que querían que vendiese. Bella estaba segura de que la gente que programaba esa ropa no conocía las sandalias ni los pantalones de chándal, las prendas más cómodas del mundo. Y Bella lo había comprobado.
-Eres muy guapa mami- dijo la pequeña sentada al borde de la cama dando pequeñas palmas.
-Tu si que eres bonita amor. Vámonos, que nos están esperando- le dijo Bella cogiendola y saliendo de la suite. Una vez mas, acompañada por esos dos gigantes se volvió a meter en la furgoneta sin ser vista de nuevo. El viaje paso con la pequeña en sus piernas, contándole todo lo que quería hacer en la playa el día siguiente, mientras Bella solo consentía todas sus peticiones.
-Hemos llegado señorita- dijo el chofer abriendo las puertas dentro de alguno de los parkings de la ciudad.
Con la niña en sus brazos sin parar de hablar, Bella siguió a Marco por todo el recinto, subiendo escaleras y yendo por pasillos paralelos que solo utilizaba el personal para que nadie que no fuesen ellos supiese quien estaba allí.
-Es aquí- dijo Marco mostrándole el lugar donde pasaría probablemente las próximas 6 horas. "Por lo menos es bonito" pensó Bella, auque no pudiese disfrutar ni un segundo de aquel lugar. Se encontraban en la azotea uno de los edificios mas altos de Los Ángeles, cuyo lugar ofrecía unas vistas envidiables. El sol lucia en lo alto de la cuidad, el mar parecía mas azul que nunca y todo parecía mas vivo, en especial esa azotea donde maquilladores, estilistas, técnicos de luz, de decoración y demás corrían de un lado a otro para que cuando llegase ella, ósea Bella, todo estuviese listo. –Tu camerino es aquello de allí- le señalo Marco, dejándole ver recinto cerrado por telas que no dejaban ver nada y con hueco suficiente para cambiarse, maquillarse y donde Emma pudiese estar tranquilamente. –Te espero aquí. Ahora te mando a los maquilladores-.
La verdad era que aquello no estaba nada ma. Las telas blancas silbaban con el viento y daban una sensación de paz en un lugar donde reinaba el caos.
-Mami, ¿me pintas?- pregunto la pequeña observando todo el arsenal de pinturas que había encima de la mesa.
-Primero me tengo que vestir, pero cuando me peinen yo te pinto-.
-Yo también quiero que me peinen-.
-Eso lo hablamos en otro momento- dijo pellizcándola la nariz sacándole una sonrisa. Podía ser lo mas pillo de este mundo sin proponérselo.
A pesar de que el sol calentaba el ambiente, Bella Decio ponerse encima de aquel minúsculo bikini blanco una fina bata. Le parecía un insulto a si misma pasearse con aquello si no era estrictamente necesario.
-Buenos días. Siéntese aquí por favor- le dijo la maquilladora con su cinturón repleto de los utensilios que iba a utilizar mientras otra empezó a humedecerle el pelo, asíque supuso que debía de ser la peluquera. Poco tiempo después estaban saliendo de la tienda sin despedirse. Bella nunca sabia el porque no se despedían, o incluso ni saludaban cuando la veían, y barajaba las posibilidades de que alguien le decía que no la hablaran, o simplemente porque eran maleducadas. Se miro al espejo y vio lo de siempre, a una mujer demasiado maquillada, aunque incluso con algo tan suave como lo que llevaba, era casi imperceptible, aunque para sus ojos no. Su pelo parecía sacado de un anuncio, y era probablemente lo mas común que tenia Bella, una melena ondulada castaña que le llegaba hasta la mitad de la espalda. Ella solo pensaba que ven cosas donde las quieren ver.
-Estas muy guapa mami. ¿Me pintas ahora?- pregunto Emma sabiendo que diciendo cumplidos bonitos, la gente solía caer y hacia lo que ella quería, aunque nunca lo utilizaba con mal intención.
-Voy a guardar esto y ahora vengo preciosa- le dijo dándole un beso en el moflete, dándole absolutamente igual si el pintalabios recién puesto se estropeaba un poco. Se fue hasta la parte donde unos biombos le daban la intimidad para cambiarse de ropa, y donde solía dejar sus pertenencias personales.
-Isabella- escucho que la llamaba Marco. –El fotógrafo vendrá de un momento a otro a presentarse. No tiene ni idea de por quien esta aquí, asíque te pido que seas amable-.
-Vale- se limito a contestar, mordiéndose la lengua para no decirle que su amargura solo se debía a el. Una vez más tuvo que ejercitar la paciencia y tragarse sus palabras.
-Yo te conozco- dijo Emma sobresaltando a Bella. ¿Cuándo había entrado alguien en la tienda? Pero lo que mas le preocupaba era el como podía conocer la pequeña a alguien de ese mundo si era la primera vez. Se dio prisa y confirmo que Emma conocía a aquella persona, claro que lo hacia, al igual que ella. Vio a aquel hombre agachado a la altura de Emma, sonriéndola y dándole la mano, para lo que ella supuso era presentarse.
-Edward- dijo Bella sin poder controlar que aquel nombre saliese de su boca. ¿Qué hacia el aquí?
-Isabella- dijo mirándola desde la misma posición en que le había encontrado. Dio un beso en la mano a Emma, lo cual hizo que se pusiese roja de vergüenza, y se incorporo para darle a Bella la mano también. –Hola- fue lo único que pudo decir.
-¿Qué haces aquí?- pregunto Bella imaginándose la respuesta de ante mano.
-Creo que soy el fotógrafo de la sesión. El que debería hacerla esta indispuesto, al ser de urgencia, han arruinado mis días libres. Aunque ahora no me importa mucho- dijo dejando sacar a relucir esa sonrisa que tan pocas veces había visto Bella, pero que tanta fascinación le había causado.
-Bueno, yo también debería estar disfrutando de mis vacaciones, asíque estamos igual- fue lo único que se le paso por la cabeza para responderle.
-Bueno Isabella yo…- dijo Edward frotándose las manos y mirando hacia todos los lugares menos Bella, algo que hacia que sus nervios se viesen incontrolables, -…me habían dicho que hablase antes con la modelo porque podía ser un poco arisca a veces. No pareces morder la verdad- dijo intentando quitar algo de tensión al encuentro. El solo pensar el como tenia que posar para el, a Bella parecía que le entraban todos los males juntos en el cuerpo.
-Llámame Bella por favor- dijo viendo que Edward cada vez tenia mas tics nerviosos, -odio el nombre de Isabella, así me llaman los que no me conocen-.
-Tu representante me ha dicho…-.
-Ese es el primer desconocido. Nunca les hagas caso cuando hablen de mí. Y no, todavía no he mordido a nadie-.
-Ella no muerde a nadie, es muy buena. Pero esa gente no sabe nada- se escucho una voz infantil desde el sofá. Emma miraba a su madre y a Edward viendo como ocurría ante sus ojos algo que hasta ahora no había visto aun, y aunque no sabia ponerle nombre, si sabia que le gustaba lo que veía. Ver a su madre sonreír de aquella manera, era algo que solo lograba ella y su tía Alice.
-Eres muy inteligente para tener…-.
-Tengo 4 años- dijo orgullosa mostrando con sus dedos su edad.
-Vaya ya eres toda una señorita- dijo Edward volviéndose a agachar hasta la altura de la niña.
-¿Tu cuantos años tienes?- pregunto inocentemente la niña. Para Bella, ver aquello, era una inyección de alegría, ver a su hija compartir momentos alegres con personas que no eran Alice o ella la animaba. ¿Por qué? Ni ella misma lo sabía.
-Uh- dijo Edward riéndose, -unos cuantos mas que tu. Tengo… estos- dijo mostrando un dos primero, y luego un siete.
-Ala, eres muy mayor. Mi ma… ella tiene menos que tu- dijo Emma corrigiendo su error rápidamente, aunque para alguien como Edward, acostumbrado a captar el menor de los detalles, eso, y además por segunda vez en poco días, no pasaba inadvertido, pero no quiso comentarlo, o por lo menos no delante de la niña.
-¿Cuántos años tienes tu Bella?- le pregunto de manera juguetona siguiendo el juego de la pequeña y olvidando momentáneamente todo.
-22 años, aquí tu eres el viejo- dijo Bella sabiendo que probablemente tuviese que mantener una conversación con Edward con respecto a aquello. Lamentablemente sabía, que seria la primera de muchas.
Vaya, con 27 años y viejo. Me hundís. Empezamos en dos minutos, ¿vale?- dijo despidiéndose con la mano de las dos señoritas y saliendo de la tienda y ordenando a sus ayudante y el resto del equipo que todo tenia que estar listo en 2 minutos.
Acompañada por Emma de su mano, de dejo sentada en una silla haciéndola prometer que no se movería de allí, a pesar que durante aquello, Bella tendría un ojo y medio puesto en ella. Se quito la bata y antes de podérsela sacar entera alguien ya se la había arrebatado de las anos y empezaban a proponerle poses y colocación para el pelo para que su piel se viera mas sueva, sus ojos mas luminosos, su pelo mas espectacular. A fin de cuentas, que se convirtiese en una Barbie. Algo que era imposible, y al parecer solo ella tenia asumido.
Una hora mas tarde la desesperación de todo el mundo se palpaba en el ambiente. Ninguna foto salía tal y como quería la compañía, y lo mas importante, tal y como quería Edward. Ni siquiera Bella se encontraba cómoda. Demasiadas ordenes demasiado diferentes entre ellas. No estaba acostumbrada a trabajar con tanta expectación alrededor suya, pero lo que mas le afectaba, era que nunca había sido tan consciente de quien era quien le tomaba las fotos.
-¡Por favor!- grito Edward después de que en una de las fotos uno de los estilistas fuese a colocar el traje de baño de Bella intentando que insinuase más y esta le dio tal tortazo en la mano que estaba segura de que había sonado en el primer piso. –Fuera de aquí estilistas, maquilladores, técnicos, representantes. Todos fuera-. Dijo soltando la cámara y cruzándose de brazos esperando que se desalojase la sala. Bella no entendía nada, pero estaba de acuerdo, no quería ver a nadie allí.
-No nos podemos ir. Somos los encargados de la colección…- dijo un hombre vestido elegantemente con un traje acercándose a Edward.
-Se quienes sois, y yo se lo que se espera de mi. Asíque para variar, tengan un poco de confianza. El trabajo será perfecto, en cuanto todos se hayan ido-. Bella copio de nuevo la bata y se la puso por encima, para después sentarse al borde de uno de los bancos y meter sus manos entre u pelo, masajeándose la zona para conseguir un poco de paz. El ruido fue disminuyendo poco a poco.
-Edward- se escucho la voz de Emma. Edward miro hacia abajo y vio que aquello que le tiraba de los pantalones eran las manitas de la niña.
-Dime-.
-¿Yo también me tengo que ir?- pregunto asustada de tener que irse sin saber ni a donde ni con quien.
-¡No!- contestaron Edward y Bella a la vez, esta levantándose rápidamente y acercándose hasta donde estaban ellos. –Claro que no- termino de responder Edward. –De aquí solo se tienen que ir las personas que molestan, y tu preciosa, no molestas nada- dijo viendo como Bella la cogia y le besaba la mejilla limpiándole la zona del pintalabios que le había dejado.
-Edward, yo lo siento hoy…- empezó Bella para disculparse.
-No sientas nada Bella, así no hay nadie que trabaje a gusto. Mira, ven a ver las fotos- le dijo cogiendo la cámara y mostrándole las instantáneas. En todas se veía a una persona que mas que transmitir paz, la ansiaba. Miradas a otros lados, cara irritante, poses forzadas y rígidas. Ni una sonrisa.
-Siento que tengas que perder tu tiempo de esta manera conmigo, en serio-.
-Ya te he dicho que es lógico. ¿Trabajas siempre así?-.
-Hay sitios mejores, y peores-.
-Así no podemos seguir. Vamos a hacer una cosa. Emma preciosa, vete a sentarte donde estabas antes- la dijo quitándosela de los brazos a Bella y dejándola en el suelo. La niña fue corriendo de nuevo hacia su lugar impaciente por saber que es lo que vería ahora. –Y tu- dijo Edward a Bella recuperando la sonrisa, -qui… quítate la bata y siéntate donde estabas, por favor-. Bella, entendiendo que el sabia de lo que hablaba se quito la bata y se sentó en el banco de la manera más cómoda y natural que pudo. Edward se quedo apenas a unos 3 metros de ella. –No quiero que me mires a mi, mira a tu hija-.
-¿Qué?- pregunto Bella sin comprender el punto de aquello.
-Que mires hacia Emma. Emma, preciosa, ¿quieres ayudarnos?- pregunto Edward girando su cabeza hacia la niña, que respondió con un gran si.
-Edward, ella esta fuera de esto- le dijo Bella dejando sacar su humor. Emma y la sesión eran dos cosas incompatibles.
-Tranquila por favor, no pienso hacerla ninguna foto, ni de lejos. ¿Por quien me tomas? Estoy haciendo mi trabajo. Emma, quédate donde estas, pero habla con tu… habla con Bella. Dila lo que quieras, cuéntale chistes, lo que sea, ¿vale?-.
-¿De que va todo esto?-.
-Acomódate en el banco y mírala, olvídate de que hay una cámara. ¿Podrás hacerlo?- pregunto a Bella antes de verla sentir débilmente con la cabeza y posar su ojos detrás del objetivo.
Para Bella las sesiones hasta ahora siempre habían sido fáciles dentro de lo desagradable. Se abstraía del mundo y hacia lo que los demás le pedían. Ya esta, eso era su trabajo. Pero ningún fotógrafo había sido Edward. Ninguno le había dicho "se tu", porque para Bella ser ella no era fácil, y odiaba dejarlo salir si no era con Alice y Emma. Por eso le resultaba tan extraño estar riéndose y comportándose tal y como era ella, sin más preocupaciones que no levantase de ese banco. Riendo las ocurrencias de Emma y emocionándose cuando le decía algo bonito. Jamás, y menos con un hombre, la verdadera Bella había salido a la luz. Y era un pánico tremendo.
-Ya esta- dijo Edward mientras se ponía de pie y revisaba las fotos. Mientras la pequeña Emma seguía cantando una de las canciones favoritas que escuchaba cuando solía ir en el coche con su tía y su madre, Bella se puso encima la bata después de haberse cambiado mas de 6 veces. 7 horas después, habían finalizado. –Esta perfecta- le dijo Edward dedicándole una sonrisa de satisfacción.
-Muchas gracias por todo. Has salvado esto- dijo Bella señalando aquel lugar.
-Para nada. La modelo eres tú, yo solo hago la foto-.
-Hoy has hecho mucho más que eso, asíque repito, muchísimas gracias-.
-En ese caso no hay de que-.
-Emma cariño, ya puedes parar- le dijo Bella mientras ambos giraban sus cabezas y reían de aquella escena, la cual ahora, incluía el baile. –Ha sido un placer trabajar contigo- dijo Bella extendiéndole la mano.
-Lo mismo digo- dijo Edward devolviéndole la mano cuando ambos se miraban y sentían que en ese toque había algo más que puro agradecimiento. Como si estuviesen en una burbuja dentro de los ojos del otro, el saludo parecía no tener fin, y Emma veía como su madre se parecía aquellas personas de las películas que terminan con el chico guapo.
-Edward- interrumpió la pequeña con su habitual picardía e inocencia haciendo que las manos de cada uno volviesen a sus cuerpos, como si estuviesen avergonzados de sentirse tan vulnerables con el otro. -¿Quieres Venirte con nosotras a la playa? Mañana me ha prometido que íbamos a ir-.
-¿Me estas invitando?- pregunto Edward asombrado de que una niña tuviese el valor y la gracia para hacerlo. Le pareció un gesto tremendamente adorable.
-Si, claro. Además, ¿sabes nadar? Porque yo no se y así me puedes enseñar-.
-Edward, no te sientas obligado. Estaremos solo un rato en la parte privada del hotel donde estamos y…- le intento decir Bella bajito para que Emma no se enterase demasiado. Pero Edward se encargo de callarla sonriendo y negando con la cabeza.
-Será un placer para mi acompañar a dos señoritas tan guapas, además de enseñar a nadar a una de ellas. Pero el mar no es lo mejor, tendríamos que empezar por la piscina-.
-Pero es que yo quiero playa…-
-Mi amor, la playa va a seguir ahí. Si quieres vamos por la mañana a la piscina, y por la tarde a la playa. Ya esta- dijo Bella intentado calmar un poco el disgusto inicial de la pequeña.
-Me gusta la idea- dijo dando palmadas. -¿Vendrás entonces?-.
-Soy un hombre de palabra- dijo Edward poniendo su mano en el corazón.
-Emma cariño, vete a avisar a Marco de que ya terminamos- dijo Bella dándole una palmadita en el culo mientras la niña salía corriendo dirección puerta de salida. Una vez salio Bella respiro. –Te repito que no tienes porque…-.
-Lo se, pero me apetece, en serio. No tengo problema-.
-Te daré el nombre del hotel y lo que tienes que hacer para llegar hasta mí. Y mi número de teléfono. No se porque pero confío en ti- le dijo Bella mirándole a los ojos. De nuevo se formo entre ellos esa burbuja de origen desconocido, pero que se sentía tan bien que hasta dolía el solo pensar el romperla.
