Capitulo 3
-Vamos Emma, no dejes de patalear y mover los brazos. Vamos- animaba Edward a la pequeña, mientras esta intentaba de malas maneras mantener la cabeza por encima del nivel del agua. –Muy bien, así, así. ¡Perfecto!- le felicito cuando llego hasta el. La copio en brazos para que pudiese respirar y descansar. El agua apenas le llegaba a el por las rodillas, teniendo en cuenta que estaban en la piscina infantil del hotel. No había nadie más que ellos. En un hotel de cinco estrellas pocas familias acudían con niños.
-Estoy muy... cansada- dijo la pequeña poniéndose la mano en el corazón.
-Vamos a descansar un poco, si- dijo Edward sin soltarla y acercándola hasta las tumbonas, donde una Bella disfrutaba viendo los progresos y la diversión de la pequeña. Además de recrearse con el cuerpo de Edward, que porque no decirlo, podía hacerse pasar perfectamente por modelo en vez de fotógrafo.
-Has estado increíble mi amor- le dijo Bella abrazándola y enrollándola con una toalla para que se secase.
-¿Me has visto? ¿Mañana puedes volver Edward?- le pregunto la pequeña a Edward que estaba sentado en la tumbona mirándolas por detrás de sus gafas de sol.
-Cariño, Edward tiene que trabajar, no puede estar pendiente de ti…-.
-Mañana puedo volver Bella, no hay problemas-.
-Entonces déjame que te pague de alguna manera. Me siento mal, et estas…-.
-Es un autentico placer estar con las dos, no es ningún esfuerzo, y ni mucho menos me tienes que pagar nada Bella-.
-Puedes cenar con nosotras si quieres- dijo Emma intentando compartir el mayor tiempo posible con ese señor que había aparecido de repente en sus vidas y que se portaba tan bien con las dos haciéndolas felices. Era pequeña, pero podía ver la felicidad, a fin de cuentas, su madre dejaba ver sus emociones ante ella con mucha facilidad.
-Mira, eso si que lo acepto- dijo riéndose. –Pero tengo que invitar yo…-.
-¡Ni hablar! Vente a la aviación. Cena gratis. Ni para ti, ni para mi- dijo Bella.
-Esta noche además vamos a ver mi peli favorita, asíque te puedes quedar y verla también-.
-Dudo que Edward quiera ver Aladin esta noche Emma- dijo Bella riéndose de las ocurrencias que tenia su hija. ¿Desde cuando era una chica tan espabilada y atrevida?
-¿Perdón? No te metas con mi película favorita de Disney. Siempre quise ser como el genio- dijo haciendo un gesto de resignación dejando a Bella totalmente asombrada. Cuando quiso, no pudo aguantar la risa cuando fue Edward quien empezó.
-¡Tenemos que comprar palomitas! ¡Y los refrescos! Y tía Alice dice que una peli nunca se puede ver sin un helado…- dijo poniendo una cara de esas por las cuales Alice estaría tremendamente orgullosa. Era la única que podía ablandar a Bella de tal manera. En Forks no le permitía muchos helados por el tiempo, asíque era como su comida prohibida favorita. Con este clima, era casi imposible ponerle esa escusa.
-Entonces si que hay que comprar. Dime tu sabor favorito y esta noche estoy aquí- dijo Edward levantándose y poniéndose su camiseta, mientras la pequeña le perseguía contándole sus comidas favoritas.
-Pero cariño, si hacemos eso no podremos ir a la playa esta tarde, tenemos que esperar a mañana-.
-Bueno, no pasa nada- dijo inmediatamente sin ni siquiera meditarlo.
-¿Qué? Pero si llevas días y días esperando a ir, no has parado de hablar de ello…-.
-Pero si me dijiste que la playa no se va a mover, ¿no? Pues que nos espere mañana-.
-Aprendes rápido- dijo Edward removiendo ligeramente su pelo y riéndose de la situación.
Para Bella aquello no tenía ni pies ni cabeza. Pensaba pero no encontraba respuestas. No sabía porque Edward continuaba aquel juego, pero tampoco sabía porque ella misma no era capaz de cortarlo. Porque el simple hecho de imaginarse a Edward fuera de aquello le producía sensaciones desagradables. Nunca había permitido a nadie acercarse tanto, y no habían sido pocos los que lo habían intentado. Pero el no tuvo ni siquiera que hacer un esfuerzo para ganarse el cariño de aquellas dos chicas, aunque lamentablemente para Bella, de una manera diferente. Parecía no haber segundas intenciones, y eso a Bella la fascinaba lo mismo que la sorprendía porque era la primera vez que ocurría, aunque nunca con Emma de por medio. No pensaba permitirse el lujo de averiguar que significaba todo aquello, si de por medio había algún sentimiento esperaría a que muriese solo sin saber jamás que existió. Nadie más le haría daño en su vida. Es algo que se juro.
-Mami, ¿estoy guapa?- mientras Bella cambiaba de canal casi sin mirar lo que ponían, Emma se paseaba por la habitación con toda la ropa que había traído, solo para impresionar a Edward.
-Estas espectacular. Pero ponte el pijama-.
-Pero no quiero que Edward me vea con mi pijama-.
-Cariño, estas guapa con lo que te pongas. Deja la ropa para el día-.
-¿Y tú por que llevas vaqueros y camiseta?-.
-Porque yo soy mayor, y tú eres pequeña y además mi hija, asíque venga y a por el pijama- dijo levantándose y cargándola encima de su hombro como si fuese un saco de patatas haciendo sacar de la niña sonoras carcajadas. La tiro a la cama y durante un rato la hizo cosquillas.
-¿Sabes mami?- le dijo la pequeña aun en la cama mientras Bella se encargaba de cambiarla. –Me gusta mucho Edward, es muy simpático y bueno conmigo-.
-Si, se porta muy bien- se limito a decir Bella. Aunque ya lo sabia, escucharlo en voz alta era una sorpresa.
-Solo tía Alice y tú me habéis tratado tan bien. ¿Se puede quedar con nosotras?-.
-No cariño. Edward tiene una vida, un trabajo, una familia, y no puedo estar con nosotras siempre-.
-¿Y si le pregunto que si quiere ser nuestro amigo, se quedara?-.
-No lo se amor, eso se lo tienes que decir a el, pero si te dice que no, no quiero que te enfades, ¿vale?- dijo Bella escuchando como tocaban a la puerta. -¿Quieres abrir tu?- le dijo sonriéndole y dejándola libre para que la pequeña corriese hasta la puerta y abriese. La sonrisa se borro de su cara en cuanto perdió de vista a la pequeña, preocupándole por la conversación mantenida con ella. Emma jamás había perdido a nadie, porque nunca tuvo a nadie más que a ellas dos. ¿Qué pasaría si Edward desaparecía de sus vidas? ¿Y como lo pasaría la misma Bella, volviendo a perder alguien que sin querer empezaba a volverse alguien importante para ella? Rápidamente borro esos pensamientos y entro a la sala principal del salón, donde un Edward cargado de bolsas de plástico, sostenía a Emma con la otra mano y le daba vueltas.
-Ey- dijo Edward viéndola y dejando en el suelo a la pequeña que todavía continuaba riéndose. -¿Cómo estas?- la saludo acercándose y dándole un beso en la mejilla. Era la primera vez que se saludaban y su reacción no era darse la mano. Sorprendentemente para Bella su reacción fue darle otro beso en la otra mejilla, haciendo que las suyas se tornasen a rojo ante la risa nerviosa de Edward.
-Hola- se limito a decir la chica cociéndole las bolsas de la mano y llevándolas a la mini cocina que había en la suite. –Vaya- dijo Bella, -aquí hay comida para sobrevivir durante una semana- dijo sorprendida ante la cantidad de comida que entraba en aquellas bolsas.
-Ha sido por petición expresa de la señorita Emma- dijo el excusándose y guiñándole un ojo a la pequeña. –Pero prometo intentar que no sobre nada-.
-Si no quieres terminar la noche en el hospital, intenta que sobre algo. Me tienes que decir cuanto te debo…-.
-Con que me dejéis compartir esta noche con vosotras me doy por satisfecho- dijo cogiendo a la pequeña en brazo y dándole un beso en la mejilla.
-Por cierto- dijo Bella acercándose a el y hablándole bajito para que solo el a escuchase, -lleva toda la tarde probándose ropa y la obligue a ponerse el pijama. Dila algo- dijo guiñándole el ojo a modo de broma, pero para Edward aquello supuso un escalofrío de satisfacción. Pronto se recupero para elogiar el vestuario de la niña. No sabia porque, pero adoraba verla feliz.
-Oye Emma, tienes el pijama más bonito que he visto jamás-.
-¿Te gusta de verdad? Lo he elegido yo- dijo cogiendoselo como si fuese un vestido. Dejo que la niña viviese en esa pequeña mentira piadosa, pero una mirada suya basto para hacerla saber que era la última mentira que contaba delante de nadie. –pero mi… ella me ayudo- dijo señalándola intentando que la atención se centrase ahora en Bella, que había perdido el color de la cara, aunque empezaba a pensar que Edward lo sabia aunque no preguntase.
-Ella tiene muy buen gusto- dijo Edward sonriendo a la pequeña pero tragándose todas las incógnitas.
-Voy a preparar las cosas- dijo Bella inmediatamente y dejando la escena tras ella. Respiraba profunda y acompasadamente con todo movimiento que hacia. No sabia si llorar, tranquilizarse, decir la verdad. O directamente olvidarse de todo y echar a Edward de aquel lugar. Por algún extraño motivo, volver a pensar en alejarle le daba más dolor de cabeza que cualquier otra de las posibilidades.
-¿Podemos comer en la cama? Es que si no, no podemos ver bien la tele- dijo la niña sentada sobre las piernas de Edward que esta semi acostado encima de la cama.
-No hay problema- dijo Bella con la bandeja con todas las guarreras habidas y por haber encima de ella. Coloco la bandeja a los pies de la cama y volvió a por las bebidas para todos. –Agradece a Edward que hoy te deje beber refresco y no te obligue a beber agua- dijo Bella tumbándose a un lado de la cama. Vio como Edward la miraba y sonreía, a lo que ella de manera nerviosa le respondió mientras era Emma la que se encargaba de poner la película y apagar las luces, dejando en el cuarto un ambiente casi oscuro.
-Silencio- aviso poniéndose entre los dos y sentándose impaciente por que comenzase la película. Probablemente era la película más vista por Bella en toda su vida, la mas vista con seguridad por Emma, y la favorita de Edward sin ninguna duda desde que la vio por primera vez de pequeño y supo que quería volar como el protagonista, al lado de una chica guapa. Todavía no lo había conseguido.
Una hora mas tarde los únicos que seguían disfrutando de la película eran los adultos. Tras cantar dos de las canciones de la película y aguantar a duras penas con los ojos abiertos, la pequeña había caído con todo el cansancio y las emociones que fue arrastrando de todo el día. A pesar de tenerla en sus brazos, Bella estaba tan absorta en la historia, que fue Edward quien tuvo que cogerla y llevarla a la cama. Poco después todo se quedo a oscuras, y aunque los créditos de la película habían finalizado ninguno de los dos se atrevió a moverse en un principio.
-Te ayudo a recoger esto- se escucho por fin la voz de Edward aunque ese tono tan bajo ponía a Bella los pelos de punta.
-No es necesario- dijo ella como pudo.
-Alguien tendrá que hacerlo. No se va ha quedar aquí toda la noche- dijo levantándose por fin.
-No claro- dijo ella saliendo de su ensoñación.
-Lo que sobra…- pregunto Edward dejando que ella terminase.
-Llévatelo si quieres. Aunque dudo que el helado haya sobrevivido- dijo acercándose para encender la luz antes de que la pata de alguna de las mesas o sillas quedasen incrustadas en sus pies.
-Puedes quedártelo tú…-.
-La niña ya comió demasiado hoy. No creo que vuelva a querer hasta un tiempo-.
-Tú también comiste bastante. ¿Eso no va en contra de…? Vamos no se como te las apañas tu exactamente para mantenerte. Ya me entiendes. Se habla mucho de…-.
-Todo lo que escuches de mí respecto a la comida, has podido comprobarlo tu mismo hoy. Lo mío es genético, da igual lo que coma, asíque tengo la suerte de poder no privarme de todo esto-.
-A mi me pasa lo mismo. Creo que llevo manteniendo el mismo peso desde que era un adolescente- dijo limpiando uno de los cacharros y sonriendo a Bella que tenia la misma expresión divertida en su cara.
-Oye, gracias por querer pasar tanto tiempo con nosotras. Realmente haces muy feliz a Emma, pero cuando te aburras, puedes irte sin ningún tipo de problema ni compromiso, ¿vale? Se que puede llegar a ser un poco pesada en algún momento-.
-Para nada, creo que es la primera vez que me lo paso tan bien durante mis días de trabajo, y ayer fue sin duda la mejor sesión de mi vida. Además, tengo una sobrina a la que veo muy poco, pero a la que adoro, me recuerda mucho a ella y es un placer poder compartir tiempo con vosotras, con las dos- dijo mirándola.
-Y tu, ¿vives en Forks?- intento concentrarse Bella cambiando de tema.
-Si, cuando no trabajo, si. Había escuchado que tú también vivías por la zona, pero nunca te vi-.
-Yo a ti tampoco. ¿Dónde tienes el piso?-.
-No vivo exactamente en un piso, mas bien en casa de mis padres, bueno rectifico de nuevo, la de mis abuelos, a su muerte la heredamos. ¿Conoces el camino que hay a la derecha nada mas entrar por Forks? Pues la casa que hay al final, ahí-. Bella nunca había ido por ese camino. De pequeña se perdió y la encontraron al principio de ese camino. Llego hasta allí porque tenía curiosidad como cualquier niña pequeña. Su padre para quitársela le contó una historia digna de película. La historia estaba olvidada, el miedo no. Casualidades de la vida.
-Asíque hemos sido toda la vida vecinos. ¿Por qué no te recuerdo del instituto?-.
-Porque mis padres nos mandaron a mi hermano y a mi a un internado en Seattle. Trabajaban mucho y apenas tenían tiempo. Todos los fines de semana y vacaciones íbamos, pero salíamos del pueblo. La verdad, es que para mi Forks es un lugar casi desconocido. ¿Puedo preguntarte una cosa?-.
-Puedes preguntar, pero a lo mejor no te respondo- el tono fue irónico, pero el mensaje en realidad era de una certeza absoluta.
-El otro día en el hospital… ¿estabas allí por Emma?-.
-Aja- logro decir intento disimular el nudo que se había formado en su garganta.
-Si estabas en esa planta eso quiere decir que…-.
-Leucemia. Estaba enferma de leucemia-.
-Lo siento. Se lo que es tener a alguien enfermo al que amas-.
-¿Tu madre?- pregunte adivinando.
-Si, de hígado. Llevaba casi 6 años en tratamiento. El otro día le dieron el alta definitiva-.
-Es estupendo escuchar historias con final feliz. Ella lleva así 2 años ya. Ha mejorado una barbaridad, pero todavía le queda un largo camino-.
-Es la niña más alegre y espabilada que he visto en mi vida. No dudes que saldrá de esta, tiene mucho que vivir aun-.
-Ya- dijo Bella secándose una lágrima que se le escapo sin querer. Hablar de esos temas para ella era durísimo, pero no era algo que debía evitarse, sino afrontarlo.
-Lo siento, es un tema delicado, no lo volveré a sacar. Perdona- dijo Edward poniendo una mano en su hombro en forma de consuelo, aunque la quito rápido, no sabía si aquello estaba bien o si era lo más adecuado. Ambos estaban tan confundidos que no sabían lo apropiado y lo no apropiado en ese caso.
-No importa-. Bella dejo lo que estaba haciendo y se apoyo en el mueble de la cocina cerrando los ojos y relajándose.
Su cabeza llevaba dando vueltas 2 días sin parar, buscando algo que intentase explicar el porque Edward estaba allí. ¿Qué quería de ella? Hasta ahora nadie se había acercado a Bella buscando mas que una simple amistad, siempre había algo escondido que terminaba por salir. Pero hasta ahora a Bella nunca le había dado miedo esperar y descubrirlo, sabia que esa vez algo seria diferente, y para ella lo diferente no valía, no le gustaba y no pensaba asumirlo. Pero es que todo en el era tan normal. Era tan natural y parecía tan claro que asustaba a base de palos Bella había aprendido a confiar solo en ella, nadie sabia tan bien como ella sus sueños, sus miedos, sus inquietudes, sus defecto. Los demás solo veían a esa perfecta persona con aires de diva que se paseaba por las pasarelas con la seguridad de una roca, pero Edward la miraba a los ojos aguantándole la mirada, consciente de que solo era una persona mas, e invitándola a abrirse a el sin ninguna condición. Jamás es su vida le había pasado que alguien gratuitamente la ayudase.
-¿Qué quieres de mi?- pregunto con las fuerzas que le quedaban mirándole. Edward paro lo que estaba haciendo mirándola con la incredulidad en su cara. No entendía nada, pero ver a Bella llorar era algo que sentía no estaba bien.
-¿Qué? Lo siento pero no te entiendo-.
-Esto. ¿Por qué estas qui? No entiendo nada. ¿Por qué eres así con nosotras? ¡Por que tratas a Emma tan bien? ¿Y a mi por que?-.
-Eh calma, calma- dijo Edward acercándose poniéndole sus manos en ambos brazos y subiendo y bajando con la intención de que se relajase. Lo que el no sabia es que su simple toque hacia que Bella no fuese capaz ni de respirar en condiciones. -¿Por qué tiene que haber un porque para que yo este aquí?-.
-Nadie se ha acercado a mí nunca sin uno. No entiendo porque tú tienes que ser el primero-.
-Bella no quiero nada de ti para nada, ni de ti, ni de Emma por supuesto. Solo… no se como explicarlo, solo quiero compartir tiempo con vosotras Bella. No necesito más de ti-.
-¿Entiendes que para mi es complicado creerte? Apareces en mi vida de repente, y de un día para otro cambias nuestras vidas como si eso fuese natural, y lo peor de todo es que se siente así-.
-¿Y por que tiene que ser malo eso Bella? ¿Has probado alguna vez a abrirte al mundo y cerrarte en el tuyo?- dijo Edward sin elevar la voz pero quitando sus manos del los brazos de Bella. Que dudasen de sus intenciones era algo que no le gustaba, sobre todo cuando no había dado motivos para ellos.
-Cállate Edward porque no tienes ni idea de donde te estas metiendo- dijo Bella apretando los puños. Si había algo que no toleraría era que cuestionasen su forma de vivir.
-¿Por qué Bella? Por dios, te escondes bajo una mascara de frialdad e indiferencia cuando puedes mostrar al mundo la magnifica persona que eres. Te he visto estos dos últimos días y muchos envidiarían la forma de ser que tienes, su humildad. Tratas a Emma con mas amor del que yo haya visto en mucho tiempo, y esa niña adora a su madre, no hay que ser adivino para ello ¿Por qué narices te tienes que esconder cuando eres maravillosa?-.
-Nadie ha dicho que Emma sea mi hija- dijo Bella intentando desviar esa conversación, que por momentos se empezaba a ser mas intima.
-Vamos Bella, sois dos clones, no es necesario que salga de su boca un "mama" o de la tuya un "hija". Se os ve, os amáis con locura las dos. Pero no te preocupes, ya te dije que yo no quería nada, si es un secreto lo seguirá siendo-.
-Creo que es mejor que te vayas, ¿si?- dijo Bella cruzándose los brazos. Según muchos expertos, ese gesto significaba que algo no te interesa, o que quizá es como una corza para que nada te llegue. Bella quería apartar aquello de ella cuando antes.
-Claro, no hay problema- dijo Edward dirigiéndose a coger sus zapatos para ponérselos. Bella lo observaba, viendo como su cara mostraba un gesto de frustración, y aunque no lo entendía, le gustaría que lo cambiase. Probablemente lo tenía en su mano, y quizá fuera un acto suicida para ella, pero lo intentaría.
-Edward- se atrevió a decir antes de que este llegase a la puerta. -¿Sigue en pie lo de mañana, la playa y Emma? Ya sabes-.
-Por mi si Bella, pero ¿y por ti?-.
-No tengo problema- dijo agachando su cabeza. Noto como Edward se movía y al alzar su cabeza lo tenía en frente de ella.
-Hasta mañana Bella. Descansa- se despidió dejando sus mejillas juntas. Noto como sus labios se posaban realmente cerca de la comisura de los suyos, y sin querer, respondió al gesto, el cual se alargo durante un rato, dejando a ambos con ganas de más. Se separaron y Edward salio por la puerta dejando en la habitación un vacío incalculable, lo mismo que en los corazones y cabezas de ellos, que aprecian haberse dejado un trozo en el otro. Sin saber el porque, ni siquiera cuando paso, sus sentimientos parecían depender del otro.
Con el aturdimiento a cuestas, Bella se cambio como una autómata al pijama y se acostó al lado de su hija en la cama, que dormía placidamente sin saber que su madre tenia encima uno de los mayores dilemas hasta ahora. Ella envidia la manera que tenia Emma de ver el mundo. Nadie era tan malo, porque para ella todo podía cambiar y mañana podía ser un ángel caído del cielo. Todo se podía curar, y ella tenía sueños a largo plazo, porque su enfermedad pasaría, ella lo sabia, y soñaba con algo más. Para Bella los sueños se le agotaron con 17 años, y desde entonces solo tenia el sueño de que su hija viviese y seguir manteniendo al lado a Alice y a la pequeña Emma. El amor jamás entro en sus planes, no creía en el amor porque la mayoría de las veces la parte mala de las personas gana a la buena, o por lo menos eso era lo que veía Bella. Pero ahora que había algo diferente en su vida, algo con lo que nunca imagino encontrarse, ahora, ¿ahora podría empezar a creer en el amor? Con esos pensamientos en su cabeza se durmió, soñando por primera vez en años, con alguien que no fuese Emma o aquella maldita noche.
-Perdone la interrupción, pero, ¿seria tan amable de firmarme un autógrafo?- Bella giro su cabeza y vio a una de las empleadas del hotel en la zona de la playa con papel y Boli en mano y esa sonrisa esperanzadora que solía ver en las caras que se le acercaban. Si se ponía a pensar, la única parte buena que todo aquello es que la gente le mostraba su cariño incondicional a pesar de no conocerla confiaban en ella, tenían esa buena voluntad que Bella admiraba.
-Por supuesto. ¿Tu nombre?- pregunto con una sonrisa cogiendo el papel y el Boli.
-Marisa, me llamo Marisa-. Bella firmo aquel trozo de papel sabiendo que para aquella señora ese momento significaría el más interesante del día, así que si estaba en su mano, no la defraudaría.
-Aquí tiene Marisa. Un placer. Gracias y que pase un buen día- la dijo poniéndose de rodillas para alcanzar a darla un beso.
-Muchas gracias a usted. Adiós- dijo alejándose y mirando con incredulidad ese trozo de papel.
Bella volvió su vista hacia donde la tenía antes de aquello. Llevaba más de una hora allí quieta sentada y probablemente terminaría con un color de piel similar al que tenía antes, ponerse morena parecía algo desconocido para su piel. A pesar de que todavía no había entrado al agua, se divertía tanto como Emma en ella, y al parecer, lo mismo que Edward, que parecía emocionarse con cada adelanto que parecía haber en Emma a la hora de mantenerse a flote en el agua. Ocasionalmente al grito de "¡Mira, mira!" Emma llamaba su atención para que se fijase en ella, como si en algún momento su vista se hubiese apartado de la escena que tenia ante ella. Cuando eso pasaba Bella se limitaba a levantar sus pulgares o aplaudirla, pero lo que ellos no veían desde la distancia, y ni siquiera aunque estuviesen al lado, era la felicidad que la embargaba a cada segundo. Observo como Edward la cogia a caballito sobre su cuello y poco a poco iban saliendo del mar.
-Abajo- dijo Edward cuando llego hasta la zona de las hamacas. –Esta señorita aprende realmente rápido-.
-¿Puedo ir a jugar a la arena?- pregunto quitándose de encima la toalla que Bella la intentaba poner para que se secase. –Por fin- dijo poniendo esa cara tan parecida a la que solía poner su tía Alice cuando quería que Bella hiciese algo por ella.
-Solo si me prometes que tendrás cuidado y no entras al mar. Y recuérdame decirle a tu tía que queda prohibida esa cara para lo que queda de su vida-.
-¿Quién es Alice?- pregunto Edward cuando la pequeña estaba lo suficientemente lejos como para no escuchar.
-Mi mejor amiga- se limito a decir Bella.
-¿Y por que queda prohibida tal cara?-.
-Digamos que tiene un especie de poder para conseguir las cosas; pone una cara de pena imposible, y cuando digo imposible, es imposible, de resistir. Si quiere algo lo consigue. Emma pasa demasiado tiempo con ella, y habrás visto que es una niña muy observadora-.
-Si, yo también creo que es bastante difícil negar algo a ese bicho con esa cara- dijo Edward riéndose y observando como Emma empezaba a jugar con su cubo y la arena.
-¿Cuándo te vas?- pregunto Bella sin despegar los ojos del infinito del mar. Vio como Edward giraba su cara para mirarla, pero su postura parecía la de una estatua.
-Me quedo en la cuidad dos días mas, mañana tengo una sesión de ultima hora. ¿Tu?-.
-Me voy a Nueva York para otra sesión, esta vez para una revista-.
-Me gustaría volver a verte. A ti y a Emma la verdad-. Esta vez Bella si giro su cabeza para encontrarse con su mirada, sabiendo que ella también deseaba volver a disfrutar de su compañía.
-Si, creo que a nosotras también. Tienes mi numero, la próxima vez que estés en Forks o coincidamos en la misma ciudad estaría bien quedar-.
-Bien, me alegro que te guste la idea-.
-No puedo prometerte que sea pronto. De todas formas si quieres ver a Emma y yo no estoy, te dejo el número de mi casa y Alice te dejara verla, no hay problemas-.
-Ha sido genial poder conocerte y compartir estos días con vosotras. Espero repetirlos-.
-Yo también. Ha sido un verdadero placer conocerte Edward-.
-Nos veremos pronto. Estoy seguro- la dijo poniendo su mano encima de la de Bella, haciendo que un escalofrío de placer le recorriese toda la espalda. Vio como Edward se llevo la mano a los labios y la beso con dulzura, haciendo que en ambas caras se instalase un gesto de felicidad hasta ahora desconocido por ambos.
