Capitulo 4
-¡Tía!-.
-¡Muñeca!-.
Dos gritos se cruzaron en la terminal privado de uno de los aeropuertos de Nueva York, mientras dos niñas, ya que para Bella, Alice era considerad como una, corrían para encontrarse y abrazarse, como si llevasen años sin verse, cuando la realidad es que habían pasado poco mas de tres días.
-¿Cómo haces para estar más guapa que antes en solo 3 días?- preguntó cogiendola en brazos y abrazándola, como si recuperase una parte de ella.
-He aprendido a nadar- dijo Emma orgullosa de si misma, mientras su madre se encargaba de recoger la mochila que había olvidado al salir corriendo.
-¿Te ha enseñado tu madre a nadar?- le pregunto alzando una ceja, señal de que aquello no encajaba en lo que ella podía pensar.
-No, no fui yo- dijo Bella llegando y arrepintiéndose al segundo de abrir la boca. Esa respuesta llevaba consigo preguntas que no quería responder, las cuales ahora serian imposibles de evitar.
-Fue Edward- dijo Emma adelantándose a la pregunta de su tía.
-¿Y quien es Edward?-.
-No es ni el momento, ni el lugar. Hablamos luego. Hola Alice, ¿Qué tal estas?- dijo Bella dando un beso a Alice y terminando la frase irónicamente, para hacerla bien la bonita bienvenida a Nueva York que le había dado.
-No te creas que te vas a librar- le dijo Alice al oído para que Emma no se percatase de nada. –La verdad, estupendamente- dijo volviendo a su tono normal mientras caminaban hacia la salida. –La boda va de lujo. Pensé que tendría más problemas la verdad-.
-Me alegro. Disfrutaremos que una Alice estresada en grado bajo, eso siempre es bueno para mi salud-.
-Muy graciosa Bella. A lo mejor es porque hay alguien que me quita el estrés-. Bella freno en seco captando el mensaje de la frase. Alice nunca diría algo así si no hubiese un transfondo en ella, y ella quería ser preguntada sobre eso.
-¿Tienes novio tía Alice?- pregunto Emma adelantándose a los pensamientos de su madre. ¿Por qué tenia que ser tan lista?-.
-¡Si!- dijo Alice dando palmitas y saltando. En ese momento Bella dio gracias de que antes dejase a Emma en el suelo.
-Alice llevas aquí tres días. O esto viene de lejos y nos lo dices ahora, o has cometido la locura de enamorarte en tres días-.
-Estoy loca, pero loca de amor Bella. Te juro que este chico es el definitivo-.
-¿Tan definitivo como los 3 anteriores que te volvían completamente loca?-. Se podía decir que Alice no era una persona de compromisos. No los rompía porque simplemente no los establecía, o cambiaba de parecer tan rápido que no le daba tiempo a asentarse. Solo Emma y Bella habían sido una constante en su vida.
En el sentido de lo sentimental tampoco es que Bella tuviese mucho que decir u opinar. Era su vida, y ella podía hacer con ese aspecto lo que le viniese en gana. Además, era una chica guapa, muy guapa, simpática, trabajadora, espontánea, pero sobre todo, soltera, soltera libre. Por eso le extrañaba tanto entusiasmo por su parte. Era la primera vez que la veía así, y eso solo podía significar que esa vez si era diferente de las anteriores.
-Creo que ambas tenemos pendiente una larga charla esta noche- dijo pasando su brazo por la cintura de su amiga y continuando caminando hacia la salida. Aquello le demostraba a Alice que tenía ese apoyo tan necesario que necesitaba de Bella.
Mientras las "dos niñas" hablaban de todas sus aventuras por separado, Bella disfrutaba desde la furgoneta de la ciudad de los rascacielos, la única que le hacia sentirse tan pequeña que nadie podría diferenciarla, donde solo era una mas de los millones. La única que hacia imposible situarla en el mapa entre tanto acero y cristal. Y por algún extraño motivo, ni siquiera aquella maravilla conseguía sacar de u cabeza a ese fotógrafo de ojos verdes que la traía de cabeza. De todas formas era algo complicado cuando si hija no pasaba ni una frase de su estancia en Los Ángeles sin nombrarle. Solo el pensar en el cuestionario que se encargaría de hacerle Alice, le entraban escalofríos nerviosos por todo el cuerpo. Una sola Alice podía ser peor que un millón de periodistas en el evento del año. Comprobado por Bella.
-Oye chicas- dijo Alice cuando ya estaban en la habitación colocando las cosas. Apenas pasarían allí otros dos días antes de irse a otra ciudad y dejar a Alice allí. –Quiero que conozcáis a Jasper-.
-¿Jasper es tu novio tía?- pregunto Emma.
-Si amor. Había pensado en cenar esta noche los cuatro para que podías conocerle porque no se cuando coincidiremos de nuevo. El no sabe nada de ti, solo sabe que tengo una amiga que es como mi hermana, ni siquiera de ella, quería saber tu opinión y esas cosas-.
-Alice- dijo Bella riendo, -es tu vida. Si tu confías en el, yo confío en ti. No hay problema. Esta noche tenemos cena-.
-Gracias- dijo moviendo los labios y juntando sus manos delante de Bella. –Voy a llamarle. Nos vemos niñas- dijo saliendo de la habitación y mandando besos hacia todos los lados. –Antes de que se me olvide, es a las 9 e mi habitación-. ¿Cómo no podía pensar Bella que Alice tendría todo milimétricamente calculado?
A las 9, las dos chicas salían vestidas de manera informal hacia al cuarto de Alice.
-Hola- dijo abrazando primero a Emma y luego a Bella. –Ya esta sentado. Venid- dijo cogiendolas a las dos de las manos. Era extraño ver a Alice tan nerviosa, desde luego su estado normal era algo alterado, pero eran unos nervios naturales, y el temblor de las manos y tanto resoplido no se incluía en su conducta habitual.
Al llegar al salón un chico de no más de 25 años, pelo rubio y ojos azules se retorcía los dedos encima de la mesa con gesto serio. Vestía con un aire bohemio, lejos de lo elegante y a distancia de lo barriobajero. El muchacho levanto la vista para ver a la compañía de su actual pareja y los ojos perecieron salirse de sus orbitas.
-Jasper te presento a mi amiga casi hermana Bella, y a la señorita Emma, casi como mi sobrina. Chicas, este es Jasper, mi novio-.
-Encantada Jasper- dijo Bella acercándose para saludarle con dos besos. El chico se levanto en un momento respondiendo atónito todavía, al saludo.
-Ho… Hola- consiguió decir. ¿Aquella a la que acababa de dar dos besos era la modelo Isabella Swan o eran imaginaciones suyas?
-¿Tu eres el novio de mi tía Alice?- le pregunto la niña pequeña llamada Emma. Tenía un parecido espectacular con Isabella pero… pero eso tenía que ser imposible.
-Así es- le consiguió decir sonriendo.
-Me gusta. Yo soy Emma-.
-Y yo Jasper. Encantado pequeña- dijo dándola la mano para que inmediatamente fuese de nuevo a los brazos de su madre.
-Que alivio que ya os hayáis conocido- dijo Alice dando señales de que ya volvía a ser ella misma.
-Me dijiste que me ibas a presentar a tu amiga Bella, no a Isabella- dijo Jasper el cual todavía parecía un poco tenso, o eso, o es que el era así realmente, algo que hubiese sido realmente extraño.
-Isabella, Bella- dijo Alice con un juego de manos intentándole hacer entender que se trataba de la misma persona.
-Siento mucho mi reacción en serio, solo es que esto ha sido un poco… inesperado seria la palabra mas floja- dijo Jasper mostrando los primeros atisbos de tranquilidad en la reunión. A pesar de parecer tenso, su forma de hablar e incluso de moverse transmitía en el ambiente un clima de paz.
-No pasa nada. Se termina acostumbrando- dijo Bella sentándose en la mesa y colocando a Emma a su lado que parecía encantada de compartir aquel momento con los adultos, los cuales se veían nerviosos pero cómodos. Era extraño, pero bonito, y la gustaba.
-Emma… ¿Emma es tu hija? Siento la indiscreción- se atrevió a preguntar Jasper. Dadas las circunstancias, era absurdo mantener preguntas escondidas y secretos guardados. Las dos amigas intercambiaron sendas miradas, sabiendo que de la respuesta dependía el futuro de aquello. Por una vez Bela decidió que su amiga era mas importante que un absurdo secreto que tarde o temprano acabaría saliendo a la luz.
-Si, Emma es mi hija- dijo acariciándola el pelo mientras su hija la mirada con adoración, dándose cuenta que acababa de llamarla hija delante de un extraño, aunque fuese a medias.
-Se parece mucho a ti, pero espero que pasar mucho tiempo con Alice no le haya afectado a su vitalidad, sino puede ser un gran dolor de cabeza-.
-Cuando estoy en casa soporto a dos Alice, si- dijo Bella riéndose. –La pregunta es, ¿sabes donde te estas metiendo?-.
-Creo que no mucho, si no creo que no estaría aquí-.
-¡Hola! Estoy aquí- dijo Alice agitando los brazos al aire para ser vista, como si eso fuese difícil.
-¿Tu no querías que nos conociésemos? Solo estamos intercambiando opiniones amiga- dijo Bella con un tono irónico, el cual rápidamente interceptaron todos de diferente manera. A la única que no le gusto fue Alice, aunque ella también disfrutaba de todo aquello, a fin de cuentas, era su mejor regalo, ver a todas las personas que amaba en el mundo en un mismo lugar divirtiéndose. –Vamos a empezar a comer antes de que a tu tía le salgan arrugas antes de tiempo por enfadarse tanto- dijo Bella clocando la servilleta a la pequeña Emma mientras Alice, disimuladamente se tocaba en entrecejo e intentaba alisárselo. Por el rabillo del ojo vio como Jasper le cogia la mano y se la besaba guiñándole el ojo. Por algún extraño motivo, la imagen de Edward voló a su cabeza, y aunque no quiso pensar mucho más en ello, internamente sabia que algún tipo de significado tenia que tener.
Para todos la cena paso de una manera increíblemente entretenida. Jasper trabajaba como músico y viajaba por todo el país intentando encontrar a la persona adecuada que viese en el su talento y pudiese confiar en el para poder comer de la música. Era un chico increíblemente atento, con las ideas muy claras y tranquilo, lo contrario a Alice y lo que ella necesitaba. Una vez más Emma fue el centro de todas las miradas con sus preguntas inocentes pero tan llenas de sentido e importancia a veces. En los ojos de las cuatro personas se podía ver la felicidad que se desprendía en aquel momento. Pero para Emma la comodidad no duro eternamente.
-Mami, no me encuentro bien- dijo llevándose las manos a la tripa con un claro gesto de dolor. No hizo falta mucho mas para alertar a Bella y Alice que rápidamente se levantaron y se pusieron a su altura tocándole la frente.
-¿Qué te duele amor?- dijo Bella con la voz entrecortada. Cada vez que recaía gravemente o simplemente empezaba a sentir esas molestias desagradables parecía que todo se le caía encima.
-La tripa, y la cabeza, mucho. Mami, me duele mucho- dijo empezando a llorar. Tragándose sus lagrimas la copio en brazos.
-¿Esta todo bien?- pregunto Jasper levantándose. Un dolor de barriga o e cabeza no podía causar tanta alarma en dos mujeres adultas.
-Perdón pero tenemos que irnos- dijo Bella mirando directamente a Alice. Si alguien entendía aquello y sentía su dolor como propio, era ella.
-Claro- dijo Alice limpiándose una lágrima.
-¿Qué esta pasando?- pregunto Jasper entre dientes preocupándose seriamente por la actitud de Alice. Esta miro a Bella pidiéndole permiso con la mirada para poder contarlo. Bella solo acariciaba la cabeza de su hija con dulzura intentando tranquilizarla.
-Emma…- empezó Alice sollozando, -Emma esta enferma de leucemia. Lleva dos años con ella, y aunque esta mucho mejor, todavía tiene recaídas y… y…- intento seguir pero el no querer llorar delante de la pequeña la hizo taparse la boca y respirar profundamente. La mirada de Jasper se veía perdida por algún lugar de la habitación.
-Yo… yo lo siento mucho, no tendría que haber preguntado, ha…- dijo una vez reacciono ante la noticia.
-No pasa nada Jasper- dijo Bella poniéndole su mano en el brazo. –Nos vemos mañana- dijo despidiéndose de los dos y saliendo hacia su cuarto a toda la velocidad que pudo. Rápidamente la tumbo en la cama y le administro el medicamento, el cual la dejaba casi dormida al instante.
-¿Mami?- se escucho la voz de la pequeña en la oscura habitación.
-Dime cariño- le respondido Bella corriendo hacia la cama.
-¿Duermes esta noche conmigo?-.
-Claro que si. Duérmete mi vida. Buenas noches. Te quiero-.
-Te quiero mami- y cayo en un profundo sueño acurrucándose entre los brazos de su madre, que aun sin quitarse la ropa de la cena, no se movió de su lado, hasta que ella también cayo en brazos del sueño.
-Alice no te creo- dijo Bella susurrando en la sala de estar de la habitación.
-Bella, te prometo, te juro, que no tengo nada que hacer. Puedo cuidar a Emma hasta que llegues sin ningún tipo de compromiso de trabajo-.
-No se Alice…-.
-Se que no te puedo decir que te vayas tranquila porque es imposible. Pero llama las veces que quieras, seré yo quien la cuide, creo que tengo algo de tu confianza-.
-Tienes toda mi confianza, pero no es eso Alice. Lo de ayer fue muy raro, nunca le dieron dolores tan fuertes y repentinos. Creo que voy a canelar compromisos y volver a Forks para que la traten-.
-Y yo creo que haces bien. Pero por unas horas no pasara nada, es mas, te vendrán bien para despejarte. Hazme caso por favor-.
-Me llamas con lo que sea Alice, lo que sea. Y ten el teléfono a mano. No la despiertes, a pasado muy mala noche, apenas a dormido nada. Y gracias-.
-Gracias por nada tonta- dijo Alice abrazándola.
-Por cierto, Jasper es genial- dijo Bella antes de salir de la habitación rumbo a la entrevista que tendría esa mañana para una de las revistas mas importantes a nivel nacional. En principio también debería ir a la prueba de vestuario para una gala que se celebraría próximamente, pero puesto que cancelaría todo, eso estaba incluido. Comprobó que su móvil tenia la batería llena y se monto en la furgoneta donde ya esperaba su asistente Marco.
-Buenos días- la saludo mirando durante un periodo casi inexistente de tiempo.
-Hola Marco. Tienes que la mar al abogado y al representante. Cancelo todos mis compromisos hasta nueva orden. Este será el ultimo, nada mas terminar me vuelvo a Forks- dijo Bella sin quitar la mirada de la ventanilla del coche. No le vio, pero imagino como su cara cambiaba a un gesto de rabia y se tensaba en el asiento.
-¿Se puede saber de que diablos estas hablando Isabella? ¿Por qué?-.
-Mi hija a empeorado, y vuelvo a Forks para continuar el tratamiento. No hay más que hablar-.
-Claro que hay más que hablar. ¿Qué se le dice a la prensa? Te recuerdo que eres tú quien pretendes mantenerla e un secreto eterno…-.
-Mira Marco- dijo Bella girándose y enfrentándole, -desde que trabajas para mi, jamás he faltado a absolutamente nada, a nada. Mandas un comunicado y pones por problemas de salud, ni mía ni de nadie, porque a nadie más le interesa. Si tienen algún problema, que rescindan el contrato, me da igual. Si me ponen una denuncia, no te preocupes, les das mi número y yo hablo con ellos-.
-Isabella puedes dejarla al cuidado de tu amiga, o buscar…-.
-No quiero. Puedo pero no quiero, quiero ser yo quien se ocupe de mi hija, nadie más. ¿Lo has comprendido? Pues hazlo, que para algo te pago- dijo volviéndose otra vez hacia la ventanilla. No entendía como el dinero corrompía tanto. Lo peor de todo s que el lo ganaba pidiendo que trabajasen otros. Era alguien repugnante a vista de Bella.
Para Bella aquella mañana no pudo hacerse más eterna porque era literalmente imposible. 4 largas horas de preguntas sobre que le gustaba a la hora de vestirse, a la hora de comer, ejercicios que hacia, valores personales y un largo etcétera de preguntas que detestaba responder. Cada poco tiempo llamaba a la habitación para que Alice la tranquilizase, ya que de parte de Alice no recibió ninguna llamada. Pareció escuchar campanas celestiales cuando la reportera le agradeció su paciencia y amabilidad y se despidió, dejando a Bella camino libre para volver a donde mas deseaba estar. A grandes zancadas ando el espacio que había desde el ascensor hasta su cuarto abriendo la puerta de un solo portazo. Vio como la pequeña estaba encima de Alice e sus brazos jugando con un collar. Se la veía desganada, pero para nada con los dolores del día anterior.
-Ha llegado- le susurro Alice a la pequeña en el oído que rápidamente giro su cabeza y cruzo su mirada con la de su madre, instalándose en su carita una sonrisa, pero no hizo el menos intento de lanzarse a sus brazos, probablemente su fuerza muscular era casi nula.
-¿Cómo estas linda?- le pregunto Bella besándola la frente y arrodillándose delante de las dos.
-Cansada- dijo casi en un susurro.
-Princesa, quédate aquí un momento, que la tía me tiene que ayudar ha hacer las maletas que nos vamos a Forks-.
Alice la dejo encima del sofá y acompaño a Bella hasta la habitación mientras esta sacaba las dos maletas.
-¿Por qué esta cansada?- pregunto Bela sin mirarla sacando las cosas de los armarios y aguantándose las lágrimas una vez más.
-Bela, Emma no se ha movido, lleva así horas. Ya te lo he dicho por teléfono. Sabes porque esta así- dijo Alice sin ninguna intención de disimular su dolor.
-Esta empeorando Alice, Emma esta mal. Como a ella le pase algo te juro que yo me muero Alice, no puedo…- dijo Bella sentándose en el suelo y apoyando su espalda en la cama con la intención de recuperar la poca cordura que le quedaba en aquellos momentos.
-No Bella, Emma va a salir de esta, no pienses en esas cosas ahora, prepara todo y vuela a Forks directamente al hospital. Ya he llamado y os esperan, ¿vale? Tienes que ser fuerte por las dos amiga, ya lo sabes- dijo Alice dándole las dos manos y ayudándola a levantarla. –Vete a prepararte mientras yo hago las maletas. Emma ya esta lista- la dijo mientas Bella solo podía asentir con la cabeza. Bella sabía que si en ciertos momentos Alice no hubiese estado a su lado se hubiese hundido sin posibilidad de salir, para ella su amiga era alguien casi tan importante como su hija para poder vivir. Todo lo rápido que pudo se cambio a una ropa mas cómoda y se lavo la cara para despejarse, aunque en algún momento llego a pensar en darse una bofetada para espabilarse completamente.
-Ya estoy- dijo Bella entrando a la habitación mucho mas calmada que pocos minutos antes.
-Las maletas están listas. Llámame cuando llegues y con lo que te diga el doctor, ¿vale?- dijo cociéndola de la mano y saliendo hacia el salón, donde la pequeña dormía con un gesto e dolor en la cara. Ambas se quedaron viéndola con angustia, deseando que ese dolor lo viesen ellas y no una niña inocente de 4 años.
-Gracias por todo Alice, de verdad- dijo Bella abrazándola.
-No hay de que. Suerte a las dos-.
Bella salio de la habitación con la pequeña dormida en brazos y un guardaespaldas cargando las dos maletas. El camino a casa se hizo eterno, entre el avión y el viaje a Forks cada segundo parecía convertirse en minutos. Apenas dejo las cosas en casa y fue directamente al hospital.
-Bella, ¿Qué ha pasado?- le pregunto el doctor Black en cuanto las vio. Para el era toda una sorpresa, todos lo análisis y pruebas apuntaban a que la niña mejoraba a pasos agigantados, y que pronto podían estar hablando de un capitulo pasado en la historia de la familia.
-No lo se doctor. Estábamos cenando y dijo que se sentía mal, que le dolía la cabeza y la tripa. Tenía una cara de dolor horrorosa. Le dila medicación y apenas durmió en toda la noche. Hoy dice que esta agotada, pero no puede ser porque no hizo nada, apenas se puede mover de agotamiento doctor, que la pasa- dijo Bella desesperada viendo como una enfermera la quita de sus brazos y la pasaba a un cuarto.
-Bella, no te puedo responder ahora porque no tengo respuestas. Vamos a hacerle análisis y se quedara aquí unas horas en observación. Cuando sepa algo ceras la primera en saberlo, ¿vale?-.
Solo podía esperar por más frustración que sintiese en aquel momento. Sabia que tenía horas de desesperación por delante, asíque con resignación, fue a su sitio habitual y se sentó esperando que el tiempo pasase rápido. Ni siquiera la llamada de Alice consiguió que el tiempo fuese a su ritmo normal.
Pero recordó a última vez que estuvo allí. Recordó que algo fue diferente, algo especial y algo que cambio su vida. Allí conoció a Edward, esa persona que dio un respiro a su vida, que la enseño a ver las cosas desde otra perspectiva, y deseo que estuviese a su lado ahora mismo. Pensó más de una vez en coger el móvil y marcarle aunque solo fuese para escuchar su voz, para recordarle de una manera más viva, pero por alguna razón no se atrevió. A lo mejor aquellos días solo fueron importantes para ella, o solo ella sintió aquella extraña conexión que jamás había experimentado con nadie más. Solo el con sus palabras y sus miradas la había hecho olvidar el muro que un día construyo a su alrededor y juro no dejar pasar a nadie. El, sin proponérselo, lo había conseguido. Vio que pensar en e le hacia bien, que la ansiedad, los nervios y la angustia diminuían si el estaba presente en sus pensamientos, incluso el tiempo volaba cuando se perdía en os recuerdos que tenia de el, y que incluso la sonrisa hacia acto de presencia en momentos puntuales.
-Bella- tres horas después Bella escucho la voz del doctor a sus espaldas. Con toda la velocidad que tenía se levanto y le siguió hasta su despacho.
-Dígame- consiguió decir Bella.
-Bien Bella, veras, no es realmente nada grave, si no que entra dentro de la gravedad en la que se encuentra ella. Ha sido una recaída, simple y llanamente. Con reposo y una medicación ago mas fuerte en pocos días volverá a estar como antes, pero apsara malos ratos hasta entonces. 5 o 6 días deberían de bastar. Se que no quiere volver con la quimioterapia, de todas formas no debería de ser necesaria, pero no la descartes Bella. Otra como esta, y probablemente tenga que volver. Sabes que el tratamiento que esta siguiendo es más caro pero es igual de efectivo…-.
-Me da igual el precio, ya lo sabe-.
-Entonces no tengo mas que decir Bella. 6 días de reposo absoluto, medicación y cariño, aunque se que eso o tiene a todas horas de sobra-.
-Gracias doctor-.
-Ahora te trae a Emma la enfermera. Hasta pronto Bella- dijo el doctor dando un pequeño apretón en el hombro de Bella y saliendo de la consulta. Y aunque el doctor le dio las mejores noticias que se podían esperar, Bella no se podían sacar de la cabeza el momento donde le informo que una mas, y teñían que volver a pasar por el mayor calvario de todos. No sabia como lo haría pero aunque no estuviese en su mano, Bella haría que la pequeña no volviese a sufrir de aquella manera.
-Ya estamos aquí- anuncio la enfermera entrando por la puerta con la silla de ruedas donde iba la pequeña. –Mejórate pronto bonita. Hasta luego- se despidió. Bella la copio en brazos y la abrazo fuertemente mientras salían del hospital. Ya era de noche, bastante tarde, y su casa les esperaba con los brazos abiertos.
-Vamos cariño, que nos vamos a casa- dijo Bella colocándola correctamente en la parte de atrás del coche.
-¿Mami?- dijo Emma.
-Dime-.
-¿Tendré fiesta de cumpleaños?-. Bella recordó que apenas faltaban 4 días para el cumple de Emma. Cumpliría 5 años, y con todo el trajín de los últimos días lo había olvidado completamente y ni siquiera había pensado un regalo. Se golpeo mentalmente por semejante torpeza, pero pensó que había cosas más importantes, como la salud de la pequeña, aunque ella no pudiese comprender eso.
-Cariño, el doctor ha dicho que tienes que estar tranquilita en casa 6 días. Asíque este año tendrás tu regalo, pero no podemos hacer fiesta-.
-¿Y vendrá tía Alice?-.
-No lo se cielo, la tía Alice trabaja y no se si puede venir, pero seguro que te llama y cuando te vea te da el regalo mas grande del mundo- dijo Bella adivinando las intenciones de su amiga
-Aunque no aya fiesta, ¿puedes comprar globos y helado? Si no mi cumple no será un cumple-.
-Eso si puedo hacerlo. Compraremos kilos de helado y alquilare toneladas de películas para que cantemos juntas, ¿te parece? Y una tarta, por supuesto-.
-Si- dijo Emma mientras Bella veía a través del retrovisor como la niña miraba través de le ventana y sonreía tímidamente imaginando algo de lo que Bella seguro, también esperaba en un futuro.
Solo deseaba que llegase pronto.
Cuatro días después Bella caminaba hacia su habitación con una tarta de chocolate y cinco velas encendidas mientras le cantaba el cumpleaños feliz. Un día antes la dejo con una vecina de cierta confianza para comprar lo prometido. Apenas tardo media hora y le dolía no estar a su lado, aun sabiendo que lo que hacia, lo hacia por ella.
La pequeña apenas había mejorado desde el día en que llegaron. Los dolores se hacían mas o menos intensos a lo largo del día, pero no terminaban de desaparecer nunca, las noches eran eternas, apenas podía pasar una hora durmiendo sin gritar por el dolor o por las ganas de vomitar. Bella se negaba a llorar porque si alguien tenia que ser fuerte era ella, bastante pasaba la pequeña como para ver mal a su madre. El color de la cara le había cambiado, y tenía un aspecto blanquecino. El doctor le decía que los 6 días eran orientativos, que tuviese paciencia, pero la de Bella Estaba bajo mínimos aquellos días.
-Pide un deseo antes de soplar- la dijo sentándose a su lado en la cama. La niña miro las velas serias y sonrío antes de soplarlas una por una, las fuerzas no le daban para apagar todas a la vez.
-¿Qué pediste?- le pregunto Bella cogiendo una cucharada y acercándosela a la boca para que la probase, en aquellos días, aunque el apetito no había desaparecido, había vomitado todo lo que había entrado a su estomago, y había bajado considerablemente de peso.
-No te lo puedo decir mami, sino no se cumple.
-Cierto- dijo Bella un poco mas feliz viendo que su hija no perdía nada de su picardía. -¿Quieres que te de tu regalo?- le dijo Bella.
-¡Si!- grito la niña, tan emocionada como hacia días que no la veía. Bella se levanto y abrió su armario cogiendo el paquete del último piso donde lo tenía.
-Feliz cumpleaños señorita- le dijo dándoselo y besando su cabecita. Poco a poco Emma fue rompiendo el papel que lo envolvía dejando ver una caja decorada con mil colores. Al abrir la tapa la felicidad volvió a su cara. Parecía como que los últimos días se borraban de un plumazo e sus vidas y volvía a ser la niña llena de vitalidad de sus mejores momentos. –Como se que te gustan las muñecas y ya no tienes donde guardarlas supuse que una casa para ellas te gustaría. Incluso tienes nueva inquilina con vestuario y todo- dijo Bela enseñándole todos los entresijos de su nuevo regalo. No solía darle grandes caprichos, pero era su cumpleaños y estaba mal, hubiese comprado el mundo entero si se lo pidiese para hacerla feliz.
-Es muy bonita. Gracias mami- dijo dándole repetidos besos en su cachete que devolvían la vida a Bella poco a poco.
Mientras entre las dos miraban cada detalle del nuevo regalo el timbre sonó sobresaltándolas a las dos.
-Ahora vuelvo que voy a ver quien es. Quedare aquí mirando esto, ¿vale?- dijo Bella dándola un beso en la mejilla y bajando las escaleras rumbo a la puerta.
No esperaban visita de nadie, asaque supuso que seria algún vecino que recordaría el día en especial. Pero su sorpresa fue mayúscula al ver quien esperaba al otro lado de a puerta.
-Creo que hoy se celebra un cumpleaños en esta casa- dijo sonriendo tal y como ella recordaba. Nada había cambiado en el. Una sonrisa se extendió por toda su cara y las lagrimas que levaba conteniendo tantos días, sin ningún tipo de sentido, empezaron a correr por su cara. Un impulso interior hizo que se lanzase a el y le abrazase con todas sus fuerzas, siendo el gesto devuelto por el brazo que no llevaba el enorme regalo. –Eh, eh, yo también me alegro de verte- dijo Edward frotándole la espalda intentando quitarse de encima la impresión que le causo tal reacción. Rápidamente Bella se separo de el dando dos pasos hacia atrás y limpiándose las lagrimas.
-Hola Edward- dijo con apenas un hilo de voz de la emoción.
-¿Qué te ha pasado Bella?- pregunto pasando las yemas de sus dedos por sus mejillas.
-¿Por qué lo dices?- pregunto ella sin dejar de mirarle. Quería conservar ese momento en su mente impecable.
-Has adelgazado, mucho, y apenas hace mas de una semana que no te veo. Las ojeras te llegan a los pies Bella y eres modelo, no es normal. Aun así sigues perfecta-.
-No me preocupa mi aspecto ahora. Es el menor de mis problemas- dijo Bella.
-Si no estas preocupada por ti… ¿Que le pasa a Emma?- dijo en un tono mucho mas alarmado.
-Recayó gravemente hace 5 días. Lleva en la cama desde entonces para reposar y recuperarse. Ha podido salir de esta, pero una mas así y tiene que volver a quimioterapia, y Edward, ella lo paso realmente mal con eso, y no quiero, no puedo soportar volver a verla así…- dijo Bella volviendo a llorar y volviendo a ser arropada por el brazo de Edward, lo único que en los últimos días la estaba reconfortando mínimamente.
-Emma es una niña increíblemente valiente, y dentro de unos meses será solo un recuerdo de lo fuerte que pudo ser teniendo solo 5 añitos-.
-¿Estas seguro de que quieres verla?- dijo Bella separándose y mirándole viendo que la sonreía tímidamente.
-Ahora mas que nunca-.
-Ven entonces- dijo subiendo las escaleras mientras el la seguía. –Ey Emma, mira a quien traigo, un nuevo regalo- dijo Bella pasando a la habitación y dejando ver a la pequeña a Edward.
-Feliz cumpleaños preciosa- la saludo Edward viendo como el rostro mucho mas desmejorado de lo que el recordaba de Emma se iluminaba. Aquel momento le recordaba tanto a los que el tuvo que pasar con su madre…
-¡Edward!- chillo la niña dejando su muñeca a un lado y estirando sus brazos para abrazar a Edward, que se arrodillo en el colchón y apretó a la niña contra su pecho besando su cabecita.
-Estas guapísima, los 5 años te sientan de maravilla-.
-Te he echado mucho de menos-.
-Y yo a vosotras. Mira, te traje un regalo- dijo dándole el paquete que llevaba cargando desde que entro. Tal y como hizo con el de su madre, el papel desapareció rápidamente, dejando ver un peluche precioso e forma de delfín. –Como se que te encanta el mar y los delfines, para que te acuerdes de el-.
-Es muy bonito. Dormiré con el siempre. Muchas gracias Edward. ¿Cómo se llama?- dijo abrazando el peluche. Bella veía aquella escena dese el marco de la puerta y sentía su corazón en un puño.
-No le puse nombre. ¿Cómo quieres tu que se llame?-.
-No lo se- la niña miro cara a cara al peluche y sonrío. –Creo que se va a llamar Robin. Si, es Robin-.
-Pues bienvenido a la familia Robin- dijo Bella acercándose y sentándose al otro lado de la cama.
-¿Sabes mama? Mi deseo se ha cumplido. El de la tarta- dijo Emma. Sin necesidad de decir mas Bella sabia a lo que se refería.
-¿Y que pediste?- le pregunto Edward acariciándole el pelo.
-Que vinieses en mi cumpleaños- le contesto la pequeña sonriéndole.
