Capitulo 6
-Vamos cariño, pero si estas espectacular- dijo Bella intentando ponerle el pantalón por enésima vez aquella mañana.
-Pero yo quiero el vestido-.
-Pero es que hace frío Emma, y vas a estar corriendo toda la mañana. ¿No te resultara mas cómodo un pantalón?-.
-Pero quiero esta guapa para conocer a la familia de Edward-.
-¿Cuándo te ha dicho Edward que te queda mal algo?-.
-Nunca- dijo empezando a ceder un poco.
-Eso es porque siempre estas preciosa-.
-Bueno, tendré que creerte- dijo resignándose haciendo un gesto con las manos y sorprendiendo a Bella, que con una risa intento dar por zanjado el tema. No podía creerse como había mejorado en apenas 2 semanas de reposo en casa, era idéntica a la niña llena de alegría y vitalidad que una vez había sido. –Oye mami, ¿Cuándo vas a ser la novia de Edward?-. Bella freno bruscamente su paso para salir de la habitación y se giro para ver como su hija juntaba sus manos poniendo su cara mas inocente y balanceaba sus pies. Aunque era una niña espabilada, nunca pensó que vivir con Alice 24 horas al día le afectaría tanto.
-¿De donde has sacado eso?- dijo cruzándose de brazos sin perder una sonrisa incrédula.
-Si mami, Edward y tú vais a ser novios. Tian Alice me lo a dicho-.
-Amor, ¿Qué te tengo dicho de hacer caso a tu tía en según que temas? Edward y yo somos amigos, y ya esta-.
-¿Entonces no vais a ser novios?-.
-No se si algún día lo seremos, pero por ahora solo somos amigos- dijo acercándose a ella y arrodillándose.
-Jo mami, a mi me gusta para que sea tu novio-.
-El día que tenga uno, será tu opinión lo primero que tenga en cuenta. Hasta entonces, solo son amigos-.
-¿Y por que tía Alice dice eso?-.
-Porque tu tía tiene mucha imaginación- dijo mientras se levantaba. –Vamos, que no queremos llegar tarde- dijo cogiendola de la mano mientras bajaban las escaleras, salían de casa y se montaban en el coche rumbo a la casa de los Cullen.
Para Bella aquella conversación con su hija era absolutamente extraña, ya que nunca tuvo curiosidad con quien salía su madre o no, aunque jamás lo hiciese. La pregunta que le planteo era de difícil respuesta para ella también. Ella y Edward no eran novios, o por lo menos eso entendía ella al pensar que el no se lo había pedido nunca. La poca experiencia ayudaba poco, porque no sabia si se podía dar por echo que lo fuese después de unos cuantos besos. Era un sensación agradable haber encontrado a alguien con quien poder compartir algo, y no tener que callarse o esconder lo que realmente la hacia feliz, aunque el tema de la niña aun no lo hubiesen vuelto a tocar ni de pasada.
Giro para entrar hacia el camino que llevaba a su casa. Seguía igual que la última vez que piso por allí y los recuerdos la invadieron, aunque supo cortarlos de raíz de inmediato. Aparco en la explanada que había delante de la casa. Un volvo plateado, un mercedes negro y un BMW rojo hacían compañía al discreto Audi que ella conducía. Era impresionante la flota de coches de la familia, y desde luego para su mantenimiento hacia falta algo más que un sueldo medio. Las dos chicas se bajaron del coche asombradas ante el recibimiento que veían. Pronto un ruido las saco de sus pensamiento mientras veían a Edward salir de detrás de la puerta. La sonrisa en los tres fue prácticamente instantánea. Y el esfuerzo que tuvo que hacer Bella para no salir corriendo hacia el, fue sobrehumano.
-Bienvenidas chicas- dijo Edward legando hasta su lugar. –Preciosa- dijo besando en la mejilla a Emma. –Hola- se limito a decir cuando dio un beso en la mejilla a Bella. –Preciosa- le dijo al oído haciendo que un escalofrío le recorriese a Bella toda la columna vertebral.
-Edward, ¿esta es tu casa?- pregunto Emma señalándola.
-Si, aquí vivo yo y mis padres-.
-Es muy bonita-.
-Es preciosa- dijo Bella dando la razón a la pequeña.
-Gracias. Pasad, ya estamos casi todos- dijo Edward.
-¿Casi todos?-.
-Alice tardara unos minutos-.
-¿Alice? ¿La Alice que yo conozco? ¿Mi Alice?-.
-Si, esa Alice- dijo Edward riéndose ante la intensidad de la pregunta. –Es una confirmación de última hora. Puede unirse pero esta esperando a… este… bueno, su novio-.
-Jasper- dijo Bella terminando la frase.
-Ese. ¿Le conoces?-.
-Yo también le conozco-dijo la pequeña interviniendo en aquella conversación, vendo que ambos se volvían a meter en su burbuja. Ella sabia que auque no lo reconociese, su mama y Edward terminarían como novios, pero sabia que llevar la contraria a su madre nunca terminaba bien.
-Vamos dentro que la comida se enfría, y no quiero enfadar a Esme- dijo invitándolas con la mano a pasar dentro.
Desde luego la casa por fuera no tenía nada que envidiar a la de dentro. Absolutamente cada detall aprecia tratado con un trato exquisito, desde los muebles, hasta el suelo y el techo. Espectacular.
-Ya habéis llegado- dijo una señora saliendo por una puerta, lavándose las manos en el delantal que llevaba puesto. Bella tardo 5 segundos en reaccionar y darse cuenta que era la misma mujer que en su día vio en el hospital. Ella era Esme, la madre de Edward. –Encantada de volveros a ver- dijo dando un cariñoso abrazo a Bella y mirando a la pequeña con cierta ternura y solidaridad. De entre todos, ella era la que mejor podía entender por lo que estaba pasando la niña. –Te veo mucho mejor que la ultima vez señorita-.
-Es que la otra vez me habían pinchado y estaba malita-.
-Si, esos pinchazos dejan a una muy malita- dijo haciendo un gesto con la cabeza.
-¿A ti te la han puesto?-.
-Uy cariño, muchas veces. Pero a mi no me las van a tener que poner mas y seguro que a ti dentro de poco tampoco-.
-Eso me dicen siempre- dijo cambiando un poco el gesto.
-Muchas gracias por la invitación Esme- dijo Bella cortando aquella conversación, cuyo final se vislumbraba como una depresión de Emma.
-El placer es nuestro querida. Edward no suele traer a amigas a comer-.
-Mira, pues te traigo a 3, asíque sin quejarse- dijo alzando en brazos a Emma, un gesto que rápidamente devolvió a Emma la sonrisa a la cara.
-¡Tengo hambre! ¿Se puede saber…? ¡Pero si ya están aquí! ¿Por qué no empezamos a comer ya? Hola encantado, soy Emmet, el hermano de este idiota al que llamáis amigo-. Pocas veces en la vida la primera impresión de un persona fue lo que sintió Bella al ver al que decía ser Emmet.
Mientras Edward y Esme rodaban los ojos, Bella y Emma le observaban con una mezcla de incredulidad, sorpresa y diversión. Ante ellas se encontraba un tipo de por lo menos dos metros de altura, cabello oscuro y un cuerpo que podía triplicar fácilmente el de su hermano. Y aunque las formas pudiesen parecer rudas, se notaba que aquello era más propio de un adulto con personalidad de niño por los hoyuelos que se le formaban a ambos lados de la cara cuando sonreía.
-¿Dónde te has dejado la educación esta vez Emmet? No me lo digas, te la has comido- dijo Edward intentado cortar las gracias de su hermano con ironía.
-Encantada Emmet, soy Bella- dijo Bella extendiendo su mano.
-Si, de algo me suenas- dijo devolviéndole el saludo con una sonrisa. -¿Y tu eres…?- dijo extendiendo su mano a Emma, que aun continuaba en los brazos de Edward.
-Hola, yo me llamo Emma- le dijo la pequeña dando su pequeña manita, que poco mas y era un solo dedo de la mano de Emmet.
-Que sepas que mi hermano nunca se echo amigas tan bonitas como tu. Has tardado en aprender- le dijo Emmet dándole una palmada a su hermano en el hombro, que ya no sabia que cara poner ante los comentarios de su hermano. -¿Cuántos años tiene Emma?-.
-Tengo 5 años-.
-Estoy seguro que te llevaras estupendamente con mi hija Lily, tenéis la misma edad-.
-¿Papa?- una voz realmente dulce apareció detrás de aquel hombre. Apenas media unos centímetros más que Emma. Una melena rubia hasta la mitad de la espalda y unos ojos azules la hacia lucir como una verdadera muñeca.
-Ey princesa, ven aquí- dijo Edward invitándola a unirse al circulo. La niña con paso tímido se acerco hasta ellos y tomo su mano. Edward se agacho a su altura dándola un beso en la mejilla. –Mira, te quiero presentar a unas amigas. Ellas son Bella Swan y Emma Swan. Chicas, ella es Lily, la hija de este idiota y la sobrina mas guapa del mundo-.
-Yo se quien es ella- dijo la pequeña señalando a Bella. –Tú eres modelo y sales en la televisión. Mi mama dice que…-.
-¿Dónde esta Rose ahora que habla de ella?- dijo Edward incorporándose interrumpiendo a la pequeña antes de terminar. Eso no le gusto para nada a Bella.
-Encantada de conocerte bonita- dijo Bella acariciándole el pelo. Un gesto correspondido con una tímida sonrisa.
-Hola, yo soy Emma- dijo la pequeña dándole un beso en la mejilla.
-Hola Emma. ¿Quieres subir a la sala de juegos y jugamos juntas?-.
-Claro-.
-Te quiero aquí en 10 minutos jovencita. Tenemos que comer-. Bella tardo poco en ver los parecidos entre aquella mujer y la niña. Melena rubia y ojos azules. Aquella mujer quitaba la respiración de cualquier persona que pasase por su lado, era imposible no alabar su belleza. Y para Bella, que estaba acostumbrada a tratar con impresionante, decir algo como aquello, era porque realmente lo era.
-Si mami- dijo la pequeña pasando a su lado con Emma de la mano camino hacia la planta de arriba.
-Bella, te presento a Rosalie Hale, mi cuñada, Rosalie te presento a…- empezó Edward. Bella no sabia porque pero el ambiente que hasta hace apenas unos minutos era totalmente distendido, paso a ser algo mas frío e incluso tenso.
-Isabella Swan, es complicado no reconocerla-.
-Encantada Rosalie- dijo Bella dando el primer paso. La cara y la postura pronto le hicieron saber que el saludo no seria correspondido, asíque rápidamente volvió a bajar el brazo y desando los pasos dados.
-Mira, no soy una persona con doble cara asíque te hablare claro, yo no estoy encantada de conocerte. Me pareces un problema para la familia. Si Edward es así y quiere que te conozcamos allá el. Y sobra decir que quiero a esa niña lo mas lejos posible de mi mía-.
Parecía que solo a Bella le sorprendía la reacción de aquella mujer, totalmente fuera de lugar según su pensamiento. El resto mantenían sus cabezas gachas y negaban en silencio, como si se esperasen esa respuesta. Solo Edward desde esa posición se atrevía a mirarla con algo parecido al odio.
-Esta bien, no pasa nada. Ahora llamo a Emma y nos vamos- dijo Bella dirigiéndose hacia las escaleras. Cuanto antes saliese de allí, mil veces mejor para su estado de salud mental.
-No Bella, tu no te vas. Rosalie tiene ciertos perjuicios con la gente famosa sin ningún tipo de fundamento. Es una persona adulta y debería empezar a comportarse como tal- dijo Edward cogiendola por la mano y dejándola donde estaba antes.
-No Edward, no quiero estar en un sitio donde no soy bien recibida…-.
-Tú eres bien recibida Bella-.
-Pero no por todos. No quiero generar peleas ni conflictos familiares…-.
-Por eso no te preocupes. Ya lo has hecho- le dijo Rosalie. Parecía que en cada una de las palabras que iban dirigidas a Bella, un rencor ilimitado fluía en ellas.
-Rosalie, cierra tu boca de una maldita vez- dijo Edward entre dientes sujetándose el puente de la nariz con los dedos de la mano.
-No claro que no me cayó. Mi hija esta ahora mismo jugando con una niña cuya… lo que sea esta, es famosa, y no precisamente bien reconocida-.
-Es la mejor en su trabajo- refuto Edward.
-No es muy complicado pasearte en bragas y tirarte a todo lo que se te ponga en medio. Dime, ¿sabes quien es el padre de la criatura? No puedes negar que es tu hija, sois idénticas. Pero muy orgullosa de ella no estarás si la escondes-.
Sentimientos que Bella había aprendido a controlar en los últimos cuatro años, tardaron lo que duro esa frase en salir de su boca. Algo despertó en ella que no pudo reprimir el impulso de abalanzarse sobre ella y darle tal tortazo en la cara, que nadie se atrevió a moverse ni un solo milímetro si no era para abrir la boca de par en par, o en el caso de Rosalie, llevarse la mano a la cara.
-Si hay algo de lo que estoy orgullosa en esta vida no es de mi trabajo, ni de la fama, ni nada que tenga que ver con eso. Es mi hija, y de que aun hoy en día, este viva. Me has llamado en menos de un minuto puta, mala madre y zorra. Si aquí hay alguna mala influencia para una niña, esa eres tú. ¡Emma!- dijo Bella volviendo a encarar las escaleras para buscar a la niña después de decirle esas cuatro cosas a la cara a Rosalie. Nada en la vida le había costado tan poco como fue el defender a su hija.
-¿Mami?- dijo la pequeña saliendo de una de las puertas del pasillo con un juguete en las manos después de escuchar a su madre llamarla 4 veces.
-Cariño, despídete de Lily, nos vamos-.
-Pero si aun no hemos comido, y tía Alice no llego y Lily no termino de enseñarme los juguetes-.
-Ya mi amor, pero tenemos que marcharnos- dijo armándose de paciencia. Le apetecía gritar que aquel era uno de los pocos lugares en el mundo donde no le apetecía estar, pero ella no tenía la menor culpa de todo esto.
-¿Os vais?- dijo Lily apareciendo detrás de Emma.
-Si bonita, nos tenemos que ir-.
-Que pena, mi tío Edward estaba muy feliz por vuestra visita. ¿Vamos a vernos algún día?-.
-Eso tienes que preguntárselo a tus papas. Ha sido un placer conocerte Lily- le dijo Bella besándole la mejilla. Era increíble como algo tan bonito podía salir de una persona con tanta maldad por dentro.
-Bella, ¿podemos hablar un momento por favor?- Bella se giro y vio que detrás de ella un Edward cabizbajo pedía un poco de su tiempo. Supuso que era lo menos que podía hacer por el después de todo lo acontecido.
-Claro-.
-Niñas, ahora volvemos- les dijo Edward a lo que ellas solo respondieron sonriendo y entrando de nuevo a la habitación. –Ven por favor- dijo cogiendola de la mano y bajando las escaleras. Entraron a lo que parecía un despacho y allí se quedaron uno enfrente del otro.
-Edward yo… no se que decir. Diría que siento mucho mi reacción, pero es que no es así, no lo siento en absoluto. Si tengo que pedir perdón es a Esme, a Emmet y por supuesto a ti, no os merecíais semejante espectáculo-.
-No pidas perdón por nada. Soy un hombre y no tengo en mi mente poner la mano encima a ninguna mujer, pero Rosalie se merecía algo parecido a eso-.
-Me ha dicho Lily que su tío estaba muy feliz porque veníamos a comer nosotras. Siento romperte esa ilusión, pero entiende que no pueda-.
-Ya te he dicho que no hay nada que disculpar. En tu lugar yo aria lo mismo. Solo que… necesito saber lo que defiendo Bella-.
-No te entiendo Edward. Explícate mejor por favor-.
-¿Cómo puedo decirle a Rosalie que miente respecto a Emma si no se nada? No se si quiera aun si es tu hija, quien es el padre, nada-.
-¿Estas diciéndome que necesitas que yo te diga si soy una zorra que se acuesta con todos o algo así?- pregunto Bella terminando la frase con clara ironía aunque por dentro parecía que volvía a estallar en llamas.
-Solo necesito saber, ya esta. Una explicación, un algo sobre quien eres-.
-¿No puede ser suficiente con lo que sabes?-.
-No. No es malo reconocer que tuviste una noche loca cuando eras joven y llego Emma, muchas mujeres han pasado por lo mismo-.
-No eres consciente de lo que dices- dijo Bella recordando esa "noche loca", tan diferente a lo que Edward pensaba que había sido.
-Estoy cansado de intentar descubrir mas de ti encontrarme siempre con los mismos muros-.
-Ya te dije que era sencillo cansarse de mí. Has sido tu solito el que has querido eso. Yo te lo advertí- dijo Bella dando media vuelta con la invención de salir de Allis y no volver a saber nada de ningún miembro de aquella familia, aunque solo el echo de pensarlo le doliese demasiado.
-Bella por favor, hablemos, no huyas- le dijo Edward llegándose las manos a la cabeza en un intento por no gritas o hacer o decir cualquier tipo de tontería.
-No he huido jamás de los problemas Edward, no será esta la primera vez. No estoy huyendo, simplemente hasta aquí llego todo Edward. Ha sido un verdadero placer conocerte-.
-¡No! ¡No puedes hacer esto! ¡No! ¡¿Por qué? Yo te quiero Bella, te quiero. Da la cara maldita sea, explícame las cosas. ¡Habla!-.
Para Bella la primera parte de la frase apenas le llego. ¿Qué la quería? No sabia de lo que hablaba. Pero las lágrimas cegaban ya su visión, y la rabia su mente. ¿Querría saber? Si eso quería, conocer su historia seria por petición suya.
-¡Que quieres saber Edward! ¿Quieres saber que Emma no vino ni de un polvo de una noche, ni siquiera de un revolcón con un poco amor? No, Emma es fruto de una violación, del mismo tipo que primero mato a mis padres y luego me violo cuando tenia 17 años. ¿Si es mi hija? ¡Si, Emma es mi hija, y es lo único que vale la pena en mi vida! Es lo único bueno junto a Alice que tengo, y no voy a permitir que nadie se entrometa en ello- le dijo chillando sabiendo que aquellas palabras probablemente hubiesen traspasado los muros de la casa, aunque le daba igual, lo extraño era que alguien habitante en Forks no supiera su historia. Pero lo que mas le dalia es que Edward la presionase, y después de eso, su cabeza negase mirando con tal lastima que hasta ella misma se daba pena. -¿Querías saber mi historia? Disfrutaba- dijo limpiándose las lágrimas y saliendo de aquel lugar con la poca dignidad, que sentía, que aun tenia en el cuerpo.
Al abrir la puerta varios pares de ojos se posaron en ella. Todos tenían la misma expresión de lastimas y arrepentimiento con la que solían mirarla allá donde fuera en aquel pueblo. Pero unos ojos conocidos inundados de lágrimas la sorprendieron. Alice ya había llegado con Jasper. Ver en sus ojos la misma comprensión que hace años cuando le contó la historia por primera vez, le hizo comprender que jamás había estado sola. Pero una duda le asalto al instante.
-Alice, ¿Dónde esta Emma?-. Si algo le podía dar pánico es que Emma escuchase esa conversación antes de tiempo, y desde luego, ese, no había legado. Es mas, cada día lo veía más lejano.
-Me han dicho que estaba arriba con… ¿Estas bien Bella?-.
-Ahora bajo- dijo sorteando a todos ellos y subiendo las escaleras. Antes de entrar a la habitación quiso contar 10 veces. Ni quería que Emma la viese así, y ni ella misma se permitía volver a sufrir por eso. -¿Se puede?- pregunto asomando la cabeza y viendo como las dos niñas jugaba en una casa e muñecas ubicada justo en el centro de la habitación.
-¿Ya no vamos mami?- dijo Emma dejando la muñeca. -¿Qué te pasa?- la pregunto viendo como su madre se acercaba hasta ella y se sentaba con las dos niñas. Como le gustaría a Bella volver a esa etapa de la vida. Como le gustaría volver a tener a sus padres junto a ella y no tener ni una sola preocupación, ni un recuerdo malo e la vida.
-Mami se siente un poco mal-.
-¿Qué te duele?-.
-Me duele… un poco todo. Ya sabes, de esos días que mama esta un poco- dijo Bella apuntando con su dedo pulgar hacia abajo.
-Pero esos días si te doy besos ya te duele menos- dijo besándola repetidas veces en la cara. a Bella eso simplemente le hacia sonreír, aunque aquel fuese un mal momento en su vida. Acababa de perder definitivamente a Edward.
-Si te doy besos yo, ¿también se te cura?- pregunto Lily.
-Claro que si bonita- dijo Bella mientras Lily se acercaba y en la otra mejilla repetía lo que hacia su nueva amiga Emma. La ternura e inocencia de las pequeñas cautivo a Bella que parecía una mas entre ellas.
-Emma cariño, vámonos que mama tiene que descansar-. Bella Se giro para ver como desde la puerta, un grupo e personas miraban la escena y solo Alice quiso hacer acto de presencia, o para ayudarla o para unirse. Quien sabe.
-Pero si la estamos curando-.
-Cariño, ¿recuerdas cuando te curan y estas cansada? Pues así se siente mama ahora- le dijo Alice intentando que entrase en razón. Aunque Emma no fuese una niña caprichosa, era una cría, y como tal, en ciertos aspectos era algo más que cabezota.
-Emma puede quedarse aquí un…- dijo Esme.
-No- dijo rápidamente Bella levantándose. Al girarse vio entre las caras una que le resultaba desconocida. A judgar por lo que ya conocía y sus rasgos, apostaba una mano a que se trataba del padre e Edward y marido de Esme. –Creo que no nos conocemos, Isabella Swan- dijo acercándose a el y extendiéndola la mano. Por muy mal que estuviese la educación jamás la perdería y menos delante de ellos.
-El placer es mío. Carlisle Cullen. Lamento…-.
-Usted no tiene que lamentar nada, es su casa y le pido disculpas. En un momento nos vamos-.
-No es necesario…-.
-Yo creo que en estos momentos si que lo es. Emma corazón, despídete de todos-.
Uno por uno, Emma fue dando un tierno beso en la mejilla, deseando volver a verles a todos pronto. Con Edward fue diferente, su relación iba algo mas allá de lo que la pequeña había vivido nunca. Un hilo invisible les unía de una manera inexplicable. Edward se agacho a su altura y le dedico una sonrisa. Una parte deseaba volver a verla pronto, por la otra sabia que probablemente seria la ultima vez que la viese.
-¿Vendrás a vernos pronto Edward?-.
-No se cuando volveré a ver… veros Emma- dijo poniendo un mechón de su pelo en su sitio.
-Pero vendrás pronto, ¿verdad?-.
-No lo se preciosa-.
-Entonces te tendré que echar de menos-.
-Yo si te voy a echar de menos pequeña- dijo dándole un pequeño abrazo a lo que Emma respondió pasando sus bracitos por detrás de su cuello. –Te quiero mucho Emma. Acuérdate de eso, ¿vale?-.
-Yo también te quiero mucho. Pero acuérdate de que tienes que nadar conmigo cuando volvamos al mar con mi mami-.
-Ojala volvamos algún día si. Cuídate mucho- dijo besándola suavemente en la mejilla.
-Vale. Adiós- dijo despidiéndose de todos con un mano y con la otra cogiendo la de su madre, que únicamente se dedicaba a ver como Edward, todavía acuclillado en el suelo, agachaba su cabeza y se frotaba los ojos.
-Adiós- dijo Bella saliendo del cuarto seguida de Alice y Jasper.
Bella no se volteo para mirar a la majestuosa casa que le había enamorado hace apenas unos minutos, ni siquiera se paro a mirar que por unas de las ventanas Edward lloraba dolido por haber perdido de nuevo en el juego del amor. Porque su confianza había vuelto a ser destrozada, pero esta vez por su culpa. Sentó a Emma correctamente y cerro la puerta.
-Bella, no estas bien- le dijo Alice.
-No quiero hablar de ellos Alice-.
-Estas dejando escapar a alguien increíble Bella-.
-No, el ha hecho que me vaya. Mira, esto nunca debía haber pasado, porque conocía de ante mano el final. Cuanto antes llegue mejor-.
-Sabes de todas formas que Jasper y yo estamos aquí-.
-Se que siempre lo has estado Alice- dijo sonriéndoles con las pocas fuerzas que quedaban y subiendo al coche rumbo a su hogar, cuyas puertas nunca se debieron abrir para alguien mas que no fueran ellas.
