Capitulo 10

10 minutos… Bella llevaba los 20 últimos días de su vida contando los minutos que quedaban para volver a verle. Era peor que una adolescente, pero teniendo en cuenta que a ella le robaron esa etapa de su vida, se justificaba que alguna vez la tendría que pasar.

Acababa de dejar a la pequeña en el colegio y había vuelto corriendo a su casa por si adelantaba. La pequeña observaba a su madre mas ansiosa y feliz de lo habitual, asíque no se quejaba. Bela lo había querido disimular esas ansias, pero cada vez era mas complicado.

A estas alturas podía decir cada detalle de cualquiera de los relojes de la casa. Jamás había mirado tantas a veces a ellos, incluso se dio cuenta que uno de ellos estaba parado. Y no quería saber cuanto tiempo llevaba así.

También llevaba mucho tiempo sin ver a Alice, mucho mas que a Edward, pero aunque también la echase de menos, no era nada comparado con lo de Edward. Según su amiga eran "cosas del amor", un amor que casualmente las había llegado a ambas casi simultáneamente, algo que Alice acababa a "las cosas del destino". Ella iría a casa entro de una semana y por fin podrían hablar como en los viejos tiempos.

Fue el unido momento en 20 días donde Bela se permitió desconectar y pensar, justo cuando volvió en si se percato de que el timbre sonaba. Golpeándose mentalmente por elegir el peor momento posible, se puso de pie para ir a abrir, tropezándose con la alfombra por sus prisas. Se froto las rodillas y volvió a correr, como si la advertencia de que tuviese cuidado no fuese con ella.

Creyó seriamente que arrancara la puerta de las bisagras por la fuerza que hizo a tirar de la puerta para abrirla. Y allí estaba el. Casi más de 2 meses después de la ultima vez que se vieron. No hacia justicia ni a uno de sus pensamientos. Interiorizo sus impulsos y se echo a un lado para que pudiese pasar darle el recibimiento que moría por darle. Las prisas de Edward no fueron disimuladas tampoco, y con un portazo Bella se echo a sus brazos mientras Edward hacia que diese vueltas en el aire.

-Por fin- logro decir Bella entre todas las cosas que su cabeza y su corazón querían, pero el nudo de la garganta le impedía.

-Bella, me vas a terminar asfixiando- dijo Edward con un leve susurro, fruto de que apenas podía meter aire en sus pulmones. Hasta que el no lo menciono, Bela no se dio cuenta de la fuerza que estaba empleando. Rápidamente le soleo dando un paso hacia atrás. –No me pienso ir de aquí, por lo menos en un tiempo- le dijo dedicándole una sonrisa realmente dulce.

-No pienso dejar que te vuelvas a ir. Olvídate- dijo Bella abrazándole esta vez por la cintura mucho mas cariñosamente mientras Edward hundía su cabeza en ella y respiraba ese aroma que tanto había extrañado. –Hola- dijo Bella levantando su cabeza y mirando divertida a sus los ojos.

-Hola preciosa- le respondió Edward juntando sus labios en un tierno beso que duro hasta que el aire escaseo en los pulmones. –No tienes ni idea de lo que te he extrañado- dijo volviendo a apoyar su cabeza en la de ella.

-Pero si se cuando te he extrañado yo. Llevo contando los minutos que me faltaban para verte desde hacer 20 días. Era peor que una niña de 15 años-.

-¿Con que edad hacen eso los chicos? Era para saber mi edad mental también- le dijo riéndose y besándole la parte superior de su cabeza.

-Estas mas guapo, esta barba te queda bien- le dijo Bella acariciándole la mejilla poblada por una barba de uno o dos días que le favorecía tremendamente. –Te hace más moreno además-.

-No será por el sol que hace en Londres. Y tu, ¿Qué tal estas de vacaciones?-.

-Bien, eh… creo que tengo que hablar contigo sobre eso-.

-¿Pasa algo grave?-.

-No, grave nada. ¿Qué te parece si desayunamos juntos y te lo comento?-.

-Por favor. Odio la comida de los aviones-.

Dos tostadas y dos cafés después Bella ya había puesto a Edward al día sobre la situación de su vida. El escucho atentamente a todo, sin abrir la boca mas que para comer, pero Bella sabia que no le estaba sentando nada bien aquello, y aunque intento justificarse la cara de Edward no cambiaba.

-Ya esta- termino Bella, dándose cuenta de que su desayuno se había enfriado, aunque el hambre también había desaparecido. En su lugar, un manojo de nervios creía sin control.

-¿Ya esta? ¿Terminas esto con un ya esta? Bella por favor-.

-¿Qué quieres que diga?-.

-Hombre, me hubiese gustado que esto me lo contases según hubiese pasado, pero dado que no a sido así un "¿Qué piensas Edward?" no hubiese estado mal-.

-Si te lo cuento es porque quiero que lo sepas Edward, y quiero que formas parte de las decisiones-.

-¿Ahora quieres eso?-.

-Siempre lo he querido. Entiende que estabas lejos, no te iba a dar dolores innecesarios de cabeza-.

-Tú jamás serás un dolor de cabeza Bella, pero creía que había algo mas de confianza entre nosotros, no se…-.

-Nunca te lo hubiese contado si no fuese así Edward. ¡Por el amor de dios! ¿Te crees que estaríamos así si no confiara en ti?-.

-Bien, te diré lo que pienso. Ese tío esta bien donde esta, en la calle, lo quiero lo mas lejos de ti posible, y descuida que si se me acerca ya me encargo yo de aléjalo. En cuanto a contratar uno nuevo, solo te puedo decir que en mi casa arde Troya si contratas a Emmet, pero no veo a nadie mejor para encargarse de ti. ¿Pero Emmet?-.

-Se lo dije hace 3 semanas y todavía no recibí ningún tipo de respuesta, asíque supongo que Rosalie se lo habrá prohibido totalmente. Seguiré buscando, no hay problema. Lo ultimo que quiero causar en tu familia es algún daño…-.

-Tu a mi familia solo le has dado alegrías, Rosalie debe empezar a madurar, es demasiado celosa, posesiva e impulsiva, por lo demás, es perfecta para mi hermano. Y por cierto, disculpa de lo mis padres… el contárselo y esas cos, pueden llegar a ser muy persuasivos-.

-No te preocupes, me alegra que lo sepan, pero la próxima vez avísame, porque mi cara tuvo que ser un cuadro- dijo Bella riéndose recordando la situación mientras Edward sonreía solo por verla feliz. Cualquier molestia anterior quedo inmediatamente olvidada. –A mi también me gustaría poder contárselo a alguien importante para mi y que se alegrase-.

-¿Alice?-.

-Es la única que lo sabe. Esta muy feliz por mi, y yo por ella. Jasper realmente consigue controlar algo de esa hiperactividad-.

-¿Y Emma?- le pregunto invitándola a sentarse encima de sus piernas mientras se recostaban en el sofá. Bella apoyo la cabeza en su pecho mientras jugaba con sus manos.

-No se como explicarle nuestras situación a una niña tan pequeña sin que entre en confusión-.

-Emma entenderla perfectamente que su madre tiene un novio-.

-¿Has dicho novio? Nunca hemos dicho nada similar-.

-¿Hace falta que te lo pregunte?-.

-No, pero no se, formalizar de alguna manera esto me hubiese ahorrado unos cuando quebraderos de cabeza-.

-No te lo pregunte porque para mi era mas que obvio. No se, no me hace falta poner un nombre determinado a esto, te quiero y tu me quieres, no hay mas complicaciones podemos ser lo que queramos, pero juntos, eso es todo. Siento haber pasado eso por alto…-.

-¡No! Tú no has hecho nada mal… solo que yo y mi nula experiencia no sabemos como manejar ciertas cosas-.

-Me encantaría estar presente cuando se lo digas a Emma. Quiero a esa pequeña tanto como a la madre. Me haría muy feliz, pero solo si tu quieres-.

-Claro que quiero que estés. Edward… mira, no se si esto es echarte demasiado encima, puede que quieras ir un poco más despacio y no te culpo, si esto no te gusta lo entenderé, ¿vale? Edward, Emma te quiere, te quiere mucho, no te puedo decir como a un padre porque ella no sabe que es eso, pero te quiere. Puedes hacer con ella lo que quieras sin necesidad de pedirme permiso. Emma confía en ti, y yo también-.

-Gracias. Gracias por confiar algo tan importante para ti en mí. Te quiero Bella-.

-Lo único que te pido es discreción. No quiero que esto salga a la luz, porque entonces Emma se vería arrastrada, y no quiero-.

-Nunca arriesgaría de esa manera ni a Emma ni lo nuestro. Pero ahora te pido yo un favor, no vuelvas a ocultar nada, de ningún tipo en ningún momento. Absolutamente nada Bella. Yo te he entregado mi confianza, y no va por turnos. La tienes siempre, ¿vale?-.

-Solo antes Alice y Emma habían dado algo sin condiciones, no estoy acostumbrada a esto y te pido perdón, tardare en adaptarme el menor tiempo posible. Empiezo a darme cuenta de lo sola que he podido estar en estos últimos años, donde la única relación personal verdadera ha sido dentro de estas cuatro paredes-.

-No tienes la culpa de nada, y yo tengo toda la paciencia de este mundo. Además, jamás has estado sola, Emma y Alice de adoran con su vida, y descuida que a partir de ahora, me incluso en el selecto grupo-.

-¿Te gustaría venir a recoger a Emma hoy a la escuela?-.

-Por supuesto que si-.

-Bien, pero primero me vas a ayudar- dijo Bella levantándose de sus piernas y dirigiéndose a uno de los armarios de la cocina.

-Claro. ¿A que?- pregunto Edward siguiéndola.

-Limpieza domestica- dijo tendiéndole una balleta.

-Oh dios Bella, odio limpiar la casa, en mi casa siempre logro hacer otra cosa para no hacer esto-.

-Deja de quejarte de esa manera. Tienes 27 años y sigues viviendo con tus padres. ¿No te da vergüenza?-.

-Se vive mejor que en ningún sitio. No me puedo quejar-.

-Eres un vago-.

-Y tu demasiado exigente- le dijo Edward cuando al pasar por su lado le dio con la balleta en el culo. Bella se giro sorprendida ante el gesto de inocencia de la cara de Edward. –Que quieres, sigo siendo un niño- dijo encogiéndose de hombros.

-Los cristales, de toda la planta baja. Empieza o te dejo sin merienda- le contesto Bella sacándole la lengua mientras Edward se doblaba de risa. Bella por dentro no distaba mucho de esa actitud.

Toda la mañana paso entre limpieza y risas, cuando no era una torpeza de Edward, era por una broma de Bella o por alguna trastada de Edward, que si se lo proponía podría parecerse por sus actitudes a Emma en cuando a edad. Entre todo aquello no fue raro que ambos terminaran empapados de arriba abajo cuando le toco limpiar los baños. Ambos parecían reciñe salidos de una piscina.

-¡Eres como un crío Edward Cullen!- dijo Bella escurriéndose el pelo en el lavabo. -15 minutos tenemos que salir para buscar a Emma y… y ¡míranos como estamos! Toma anda- dijo tirandole una toalla. –Sécate un poco- dijo negando con la cabeza mientras ambos reían. –Dios, tengo que ir a cambiarme de ropa. Ahora vuelvo-.

-¿Y yo? ¿Qué hago yo con esto?- dijo mirándose la ropa mientras frotaba la toalla con su pelo. "No la lavare en la vida" pensaba Bella mientras le veía.

-Has sido tu quien ha empezado el juego Cullen. Tu veras que haces- dijo encogiéndose y dándose de nuevo media vuelta camino de su cuarto.

-Oh no, yo empecé pero tu seguiste- Bella se dio media vuelta al notar la voz de Edward mas cerca, un segundo después iba cargada en su hombro como si fuese un saco de patatas.

-¡Bájame!- dijo sin mucha convicción partiéndose de risa. -¡Suéltame!- dijo viendo como Edward entraba en su habitación.

-Tus deseos son ordenes- dijo dejándola caer sobre la cama mientras votaba varias veces en ella. Para Bella esos momentos daban sentido a su vida, y para Edward verla sonreír así era lo que le hacia vivir un día mas.

-Las sabanas, ahora están empapadas- dijo tapándose la cara.

-Entonces un poco más…-dijo Edward poniéndose encima de Bella.

Poco a poco fue acercándose y comenzó a besarla las mejillas, poco a poco lentamente, sin prisas, disfrutando del momento, de la persona que tenía entre sus brazos, del momento que llevaba esperando más casi 3 meses. Cubrió de delicados besos toda su cara, terminando por sus labios, esos que solo verlos deseaba probar y no soltar jamás. Notaba esas sensaciones en su cuerpo que sol se sentían cuando verdaderamente deseabas a una persona, pero intento controlarlos todo lo que pudo, no era el momento todavía.

Bella se dejaba llevar. Disfrutaba tanto del momento que pareció que el resto del mundo se extinguía y solo existían los dos en el mundo, besándose, acariciándose. Pero un paso mas y sabia que no podría echarse atrás, y sentía que no estaba preparada, aunque lo amase con todas sus fuerzas y confiase a el hasta su propia vida, no era el momento. Suavemente puso sus manos en sus mejillas para separarle. Le miro fijamente a los ojos, descubriendo en ellos todo el amor que ni el mejor de los poetas podría escribir en la mejor de sus poesías. Y en ese momento mas que nunca supo que algún día, que el día elegido, seria el.

-Pronto- se limito a decirle Bella. Una palabra que significaba tanto para ambos.

-Cuando quieras. No tenemos prisa- dijo besándole la frente durante un largo rato.

-Se que serás tu. Quiero que seas tú. Pero quiero que sea maravilloso, y quiero estar totalmente preparada, de todas las maneras posibles-.

-Te juro que será precioso- dijo sonriéndole mientras le acariciaba con el dorso de la mano su mejilla. –Emma. ¿Alguna solución?-.

-La ropa ya esta casi seca- dijo riéndose al notar que las ropas no estaban prácticamente húmedas. –Vámonos. Te toca dar la segunda alegría del día- dijo levantándose con la ayuda de Edward, que antes de que se fuera la abrazo.

-Eres lo mas bonito que tengo y he tenido en esta vida, y no pienso perderte por nada. Si tengo que tener paciencia aguantare sin ningún problema, pero no pienso hacer nada hasta que tu no este perfecta, ¿estamos? No quiero ni que te agobies, ni anticipes ni nada por el estilo. Aquí lo primero eres tu, siempre- le susurro al oído. Bella se agarro a su camisa en señal de agradecimiento intentando que las lágrimas que habían acudido a sus ojos desaparecieran lo más rápido posible.

Salieron a la calle con una sonrisa de complicidad complicada de disimular. Estaban ya a mediados de noviembre, y en un lugar ya húmedo de por si, aquellas fechas eran horribles para el tiempo. Era raro que el sol apareciese en algún momento. Enfilaban la calle cuando vieron que los niños ya empezaba a salir de las clases, asíque apenas tuvieron que esperar para ver como una alegre niña corría en dirección a su madre, pero aceleraba el paso cuando vio la compañía que llevaba.

-¡Edward!- dijo gritando y lanzándose a sus brazos, que la recibieron encantados, mientras la elevaba por los aires y luego la abrazaba. Edward no mentía cuando decía que el amor que sentía por la madre se extendía hacia la pequeña.

-Madre mía, pero estás guapísima Emma- dijo besándola la mejilla mientras caminaban hacia la casa.

-Hola mami- dijo inclinándose para darla un beso en la mejilla pero sin salir de los brazos de Edward.

-Hola muñeca. ¿Qué tal las clases?-.

-Muy bien. Ya terminamos de dar las letras a, e, i, o y u. pero dice la profe que tenemos que ensayar. ¿Tu quieres ayudarme como mi mami a ensayar las letras Edward?-.

-Cariño, Edward tiene cosas que hacer. Todavía no vio a su…-.

-Por supuesto que si. Después de comer nos ponemos a ellos, ¿te parece? Vas a ser la niña que mejor las va ha hacer, ya veras-.

-Edward, ¿y tu familia? Todavía no has ido a verles, y ya sabes que no quiero ser…- le susurro Bella cerca del oído para que Emma no pudiese escucharles.

-Estoy donde quiero estar, y con quien quiero estar. Además, tenemos una conversación pendiente- le dijo guiñándole el ojo, a lo que Bella no pudo evitar sonrojarse como lo haría una niña de 14 años que recibe su primer piropo.

Bella paso el resto de la tarde sentada en el sillón del salón observando a Emma y Edward trabajar en conjunto, era, y de lejos, lo mas bonito que había visto en su vida. Parecía que tenía las comisuras tiradas por cuerdas invisibles que la obligaban a sonreír. Y el tiempo que hasta entonces había pasado lento, parecía correr ahora.

-Creo que por hoy es más que suficiente. Serás la mejor de la clase, estoy seguro- le dijo Edward dejando el lapicero encima de la mesa.

-Tomad, os prepare esto para merendar- Bella dejo sobre la mesa una bandeja con tres zumos y tres bocadillos. -¿Habéis terminado ya?-.

-Si mami- le dijo la pequeña recogiendo todo el material y llevándolo a su lugar.

-Muñeca ven aquí un momento- le dijo Bella invitándola a sentarse en sus piernas. La pequeña cogio su merienda y se sentó donde la invitaba su madre. Bella miro a Edward que no borrara esa sonrisa de su cara ni con lejía, y así era complicada estar nerviosa por ninguna razón. Le transmitía tal confianza que era imposible pensar que algo iba a salir mal. -¿Te acuerdas cuando hablamos de si yo algún día tenía novio…?-.

-Me dijiste que seria la primera en saberlo, y que mi opinión contaba mucho-.

-Bien, entonces como te lo prometí, quiero saber que te parece Edward-.

-¿Edward? ¿El?- dijo señalándolo con el dedo sonriéndome. –Mami Edward es el novio perfecto. Pero Edward- dijo bajándose de las piernas de su madre y parándose delante de Edward con un gesto algo mas serio, que dejo a ambos totalmente descolocados. –Yo te dejo ser el novio de mi mami si me prometes que la vas a querer mucho, y que no la vas a dejar que llore por las noches nunca mas, y que me vas a cuidar porque como mi tía Alice ya no esta tanto y mi mami trabaja mucho para que me ponga buena. Además de que yo también te quiero mucho y tengo que pasar tiempo contigo-. Bella se limpio una lagrima traicionera antes e que Emma la viera, pero acto que Edward no paso por alto. Bella no sabia que Emma la había visto llorar algunas noches, en sus peores días cuando las pesadillas se hacían insoportablemente reales.

-Ok. ¿Cómo quieres que te lo prometa?- dijo Edward siguiéndole el juego.

-Yo quiero un abrazo. Y mi mami un beso, porque los novios se dan besos, ¿no?-.

-Ven aquí princesa- dijo Edward levantándose y cogiendola apretándola contra el dándole un tremendo abrazo. –Te lo prometo- le dijo dándole un beso en la nariz. –Yo creo que tu mami también quiere un beso grande de esos tuyos que tan buena la ponen cuando esta mal-.

-¡Si!- dijo mirándola. Bella se puso rápidamente de pie abrazando a las personas mas importantes de su vida. Se sentía tan arropada, tan segura, tan querida como pocas veces se había sentido. Cada uno e una mejilla le daban besos cargados de significado, que para Bella significaban su mundo.

-Te quiero- le dijo Edward al oído antes de darla un beso.

-Te quiero- dijo Bella girando su cabeza y capturando en un beso sus labios. Apenas duro unos segundo, lo suficiente para que Emma empezase a aplaudir totalmente emocionada ante el acontecimiento mas novedoso en su vida y la de su madre, un estado de animo realmente cercano a la felicidad.

Alguien a cientos de kilómetros de aquel lugar, comenzaba a planear un futuro no tan feliz como el que Bella imaginaba. Ojo por ojo.