Capitulo 12
Un beso, pero no un beso cualquiera. Una mano en su espalda que acariciaba lo que la otra dejaba a su paso bajando la cremallera. Sentir el colchón en la desnuda espalda y un cuerpo sobre el tuyo que irradiaba pasión por cada poro de su piel. Una mirada mientras quedaba expuesta ante el. Otro beso mas. Las manos agarradas. Una promesa de amor que jamás podría olvidar. Un momento irrepetible. Una sensación exquisita. Y más promesas de amor, más besos. Más caricias. Una felicidad inmensa.
¿Un sueño más?
-Buenos días- dijo una voz. No, no había sido un sueño, y lo demostraba que su cabeza estaba sobre el torso desnudo del hombre al que amaba, que su mano estaba sujeta por la de el, y que cada músculo de la cara le dolía porque debía de llevar sonriendo bastantes horas.
En un intento de desperezarse, estiro todos los músculos de su cuerpo, hasta que se dio cuenta de que no eran solo los músculos de la cara los que la dolían. Todo el cuerpo parecía haber sido victima de una paliza, una paliza que repetiría con gusto en esos momentos.
-¿Te encuentras bien?- escucho la voz de Edward con un tono claramente de alarma. Bella recupero su gesto inicial quitando ese de dolor que había aparecido, más que nada, por la impresión.
-Mejor que nunca- dijo abriendo por fin los ojos y mirándoles a la cara. –Hola- le dijo viendo como Edward ponía un gesto de ternura mientras agachaba su cabeza para besar sus labios.
-¿Cómo te encuentras? Y ni se te ocurra volver a mentirme-.
-Estoy bien, de verdad. Solo me duele un poco todo el cuerpo, pero nada que no alivie un calmante leve. Es normal, en serio-.
-¿Sabes una cosa? Eres lo mas bonito que he visto en mi vida. Eres preciosa. Así, tal como eres, sin maquillaje, recién levantada y hasta despeinada. Eres preciosa-.
-Voy a tener que pedirte que te quedes todas las noches para que cuando me despierte me digas esas cosas. Todo se ve mucho mejor-.
-Pídemelo y no podré decirte que no-.
-¿Cuánto tiempo llevas despierto?- pregunto Bella en un intento de desviar la conversación. No quería pedírselo en caliente, pero era una idea de lo más tentadora pero poco apropiada para decirla sin pensarla.
-No he dormido-.
-¿Cómo? ¿No te gusta la cama? Ya se, hablo en sueños, no te he dejado dormir, lo siento…-.
-No ha sido nada de eso- le dijo acariciándola el brazo. –No he querido dormir seria mucho mas apropiado-.
-¿Por qué no querrías dormir?-.
-Por verte. Para no perderme ni un solo minuto de ti en algo tan especial como fue lo de ayer. Y si, hablas en sueños, pero no dices cosas desagradables ni incoherentes. La noche se me ha echo corta-.
-¿Quiero saber lo que he dicho?- dijo Bella tapándose los ojos con las manos.
-Decías mi nombre, y el de Emma, y que nos querías, una y otra vez-.
-No es nada nuevo-.
-Pero si agradable de escuchar- le respondió besándola la parte superior de la cabeza.
-Te quiero. Y lo de ayer fue simplemente una de las cosas más bonitas que me paso en la vida. Gracias por tratarme así y por comprenderme. Yo… yo realmente lo disfrute, pero siento si tu… bueno ya sabes…-.
-¿Te preocupa que no haya disfrutado el momento?-.
-Pues claro-.
-Fue una de las mejores noches de mi vida Bella. Y te diré un secreto, jamás lo he disfrutado tanto como contigo- le dijo al oído mientras le mordía el lóbulo de la oreja.
-Tampoco es necesario mentir, ya sabes, mi teórica "primera vez" y con todo lo que tengo detrás, dudo que sea la mejor-.
-Pues lo eres. Sabes que no tengo porque mentirte. ¿Estas roja de vergüenza?- le pregunto Edward riéndose mientras le quitaba la sabana que se había puesto encima de la cara para tapar la vergüenza que empezaba a sentir.
-Que pasa, no es algo normal y común en mi hablar de esta cosas, y menos que nadie me diga lo que me estas diciendo-.
-¿El que? ¿La verdad?-.
-¡Edward!-.
-¿Qué? ¿Me dejas decirle a mi novia lo maravillosa, impresionante e increíble que es? ¿Puedo?-.
-Tu novia ya se ha enterado y te lo agradece infinitamente- le dijo cogiendole de la cara y dándole un beso cargado de pasión.
-Este beso a tardado en llegar. Era lo primero que esperaba nada mas abrieses los ojos-.
-Siento haberte echo esperar. Para la próxima lo tendré en cuenta-.
-La próxima… no tiene ni idea de cuanto me apetece que llegue esa próxima- le dijo bajando por su cuello y dejando un camino de besos que empezaba a acercarse al inicio de sus pechos.
-Edward… Edward- le dijo cogiendole la cara y levantándola. –Necesito descansar, me duele… ya sabes, tengo que tomarme algo antes de volver a…-.
-Perdón, no me acordaba. ¡Dios, soy lo peor! Discúlpame yo…-.
-Eh, eh, ya, basta, no pasa nada. Te prometo que estaré bien lo antes posible-.
-Soy mister paciencia, ya sabes- le dijo besándole la mejilla con cariño. –Quédate aquí, subo en un rato- le dijo volviéndola a besar y saliendo de la cama.
-¿A dónde vas?-.
-Tu solo descansa. Vuelvo enseguida- dijo poniéndose los pantalones y evitando que Bella olvidara que estaba dolorida y lanzarse a el.
Bella se levanto y busco en su armario una camiseta y pantalones cómodos. No le gustaba andar desnuda delante de nadie, y tardaría un tiempo en acostumbrarse a la presencia de Edward desnudo en su vida y a exponerse ella de la misma manera. Toda relación personal con ella tenía que ir poco a poco. Se volvió a recostar en la cama y se quedo dormida de nuevo, ya que unas caricias en su mejilla la hicieron abrir los ojos completamente desorientada. De nuevo lo primero que vio fue el rostro de Edward sonriéndola con cariño.
-¿Dónde te habías metido?- le pregunto Bella sentándose en la cama. –Huele a… ¿fruta? ¿Me has hecho el desayuno?- le pregunto dando palmadas y botes en la cama al mas puro estilo Alice emocionada. Edward echo la vista hacia un lado y Bella observo una bandeja encima de la mesilla cargada de frutas, tostadas y café. La emoción, sin quererlo, la volvió a embargar.
-¿Hay algo que este mal? ¿Quieres que haga otra cosa? Es que tienes la nevera un poco desierta y había poca cosa con la que innovar, pero…-.
-Shhhh, esta perfecto, es solo el gesto, que me ha emocionado. Mi madre solía traérmelo siempre en mi cumpleaños y cuando quería hablar conmigo, y era el mejor momento del día. Desde que murió nadie ha vuelto a repetir esto, ni siquiera Alice, pero no la culpo, se encarga de Emma. Gracias-.
-Eh, no hay nada que agradecer. Además, es para compartir, me has dejado hambriento- le decía mientras le acariciaba el pelo y se sentaba su lado en la cama y ponía la bandeja en el centro. -¿Y esto?- pregunto cogiendo la camiseta que llevaba puesta con los dedos.
Una mirada de Bella basto para entenderlo.
-Creo que si te vas a ganar el titulo de mister paciencia, y yo el de mister idiota-.
-Te he estado esperando toda una vida. Ni con esas pequeñas manías ni con aceite hirviendo me separan de ti-.
-Vamos a desayunar antes de que me ponga peor-.
-Di lo que quieras- le dijo Edward dándole un trozo de fruta en la boca y la miraba con gesto divertido.
-Eres demasiado perfecto para mí, y para todo el mundo. Dudo que te merezca, pero me encanta haberte conocido y que te quedes a mi lado. Ya esta dicho-.
-¿Tanto te ha costado?-.
-No soy muy dada a las expresiones afectivas, me cuestan mucho, menos con Emma, que no puede pasar un día sin que la diga cuanto la quiero. Vas por el mismo camino si te interesa saberlo-.
-Podré acostumbrarme, al fin y al cabo, es la Bella con la que quiero estar- dijo besando su mejilla. –Me ha quedado perfecto- dijo dando un sorbo de café.
-¿Tan vacía estaba la nevera?- pregunto Bella riéndose con una tostada a medio comer en la mano y un poco de mermelada en la comisura, que antes de coger la servilleta para limpiarse, fue Edward quien se la quito con un tierno beso.
-Casi tengo que hacer yo el pan- le contesto Edward riéndose con la misma broma.
-Tengo que ir ha hacer la compra-.
-Podemos ir mañana, los 3- le propuso Edward lanzando una propuesta claramente arriesgada. Se quedo mirándola viendo la reacción que tenia.
-Claro- dijo Bella quitando importancia al asunto. –No me mires con esa cara, quiero que vengas, quiero pasar todo el tiempo que pueda contigo… por eso quiero que pases todo el tiempo que quieras aquí-.
-Sabia lo de la invitación, pero no es necesario, no quiero que te sientas presionada por lo que paso anoche, tenemos tiempo, todo el del mundo para ir avanzando. No te quiero presionar. Pero podríamos probar, una temporada pequeña. Por supuesto con lo gastos a medias-.
-Haz lo que prefieras. Las puertas están abiertas siempre que quieras, ¿vale?- le dijo Bella cogiendole la cara con una mano.
Fue una mañana que por ser tan normales, son las más especiales. Risas, caricias y besos que hicieron que el tiempo volase entre las cuatro paredes de la habitación.
-Oye, ¿a que hora vamos a ir a recoger a Emma?- pregunto Edward viendo como el cojín con el que le había pegado Bella soltaba plumas, es decir, se había roto entero.
-¿Te parece bien ir ahora? La echo de menos- dijo Bella pasando de la risa a la suplica.
-Vamos a vestirnos… No tengo ropa más que la de ayer- dijo Edward viendo como sus ropas seguían por el suelo de la habitación. Pronto a Bella se le vino a la mente una idea, segura de lo que iba a decir cogio aire.
-Yo… la ropa de mi padre, hay cosas es el armario todavía. Te deben de valer. Coge lo que quieras-.
-Bella, puedo ir con eso, vamos en coche no hace falta-.
-No, no, en serio Edward, puedes… puedes utilizarla. Ya es hora supongo-.
-Ven- le dijo Edward tendiéndola la mano para que la cogiese. Cuando lo hizo la tiro hasta el para envolverla en un abrazo reconfortante.
-Ya no me hace tanto daño como antes pensar en ellos. Pero todavía cuesta pensar que se fueron. Pero quiero que cojas esa ropa, ¿vale? La deje ahí porque no sabia que hacer con ella, ahora si. A lo mejor esta un poco desfasada, pero las camisetas viejas de estar por casa nunca pasan de moda-.
-No se si puedo…-.
-Soy yo la que tiene que tener dudas respecto a eso. Edward, es solo una camiseta. No te lo tendría que haber dicho, una mentira piadosa sobre de que están ahí hubiese valido, estos dilemas no eran necesarios ahora mismo-.
-Supongo que debo pensar de esa manera. Solo una camiseta-.
-Están en la caja de la izquierda del armario del la habitación de al lado. Yo me voy cambiando-.
Bella cogio el primer conjunto de vaqueros y camiseta que encontró. Cogio sus zapatillas mas cómodas que tenia e su armario. Se cogio una coleta alta disimulando la maraña que tenia por pelo ese día y finalizo. Nada de maquillaje ni excentricidades, era de esa manera como mas cómoda se sentía.
-¿Ya esas?- pregunto Edward entrando a la habitación donde Bella le esperaba sentada.
-Llevo 5 minutos esperando- dijo mirándole y comprobando que su padre debía de ser un adelantado a sus tiempos, o que a Edward hasta un trapo de cocina le sentaba bien. Aun así, prefiero guardarse sus comentarios y mirar lo menos posible, no quería otra conversación como la anterior. –Podemos irnos-.
-No tardas nada en prepararte. ¿En serio eres mujer y modelo?-.
-¿Todavía no te ha quedado claro? No soy normal, ni común, ni palabras similares-.
-Si, si estoy enterado. Por eso, entre otras cosas, me gustas tanto- le dijo al oído mientras cerraba la puerta de la casa y subían al coche, el cual, se encargaba esta vez de conducir Bella. Poco rato después, ya estaban en casa de los Cullen.
-Te gusta poco ir en un coche que no conduzcas tu, ¿verdad?- pregunto Bella saliendo. Por el rabillo del ojo, le había estado observando todo el viaje. Sus gestos eran poco agradables, aunque el gesto gracioso de esos momentos demostraba que había acertado.
-No es que lo hagas mal, es solo una de mis manías. Yo también las tengo- le dijo pasando un brazo por sus hombros mientras se dirigían a la puerta de la casa.
-Dímelo la próxima vez, encantada de que conduzcas tu, de verdad- le dijo mientras la puerta de la casa de abría.
-Hola chicos-. Emmet apareció tras la puerta con una imagen, cuanto menos, peculiar, por lo menos a imagen de Bella, que no acostumbraba a verle con coronas de princesa en la cabeza. Las carcajadas no se hicieron esperar por parte de la pareja, cosa que hizo que se la quitase inmediatamente. –Un desliz-.
-Hola princesa- le dijo Edward abriendo los brazos y poniéndole morritos.
-Quita- le decía Emmet apartándose de su hermano, que se doblaba literalmente de la risa.
-Hola Emmet- le saludo Bella riéndose descaradamente de el también.
-Hola Bella. ¿Cómo estas?- su semblante era claramente mas serio, y la pregunta llevaba una segunda intención bastante clara. Claramente Emmet no se había dado cuenta del excelente humor con el que se encontraba Bella.
-Muy bien Emmet. Ya veo que tu… tu también- dijo mientras un nuevo ataque de risa le volvía a entrar. -¿Dónde… donde esta Emma?- decía mientras se secaba las lagrimas con el dorso de la mano.
-Arriba, con Lily, jugando a torturarme como puedes ver- dijo disimulando una risa de alivio al ver que todo parecía ir como si el incidente del día anterior no hubiese pasado, o por lo menos el no hubiese estado involucrado.
-¿Papa y mama?- pregunto Edward ya algo mas calmado.
-En el salón con…-.
-Voy a ver a las niñas- dijo Edward antes de que Emmet finalizara la frase. -¿Vienes?- pregunto a Bella que tímidamente asintió con la cabeza y le siguió escaleras arriba.
-¿Se puede?- dijo ella asomando la cabeza en la habitación de donde salían dos finas voces. Las dos miraron hacia done venia la voz y sonrieron. –Madre mía que dos princesas mas guapas- dijo entrando a la habitación, done ya entro una vez en su vida y se quedo tan impresionada como aquella vez. Un palacio dentro de una habitación blanca. Era preciosa. El sueño d cualquier niña pequeña. –Hola mi amor- le dijo a su hija besándola en la cabeza. –Hola Lily- dijo repitiendo el gesto. -¿Puedo?- pregunto señalando un sitio libre de muñecas, adornos y maquillajes que había en el suelo.
-Claro mami-.
-Bella, ¿tú puedes pintarnos? Es que mi papi no sabe, casi me saca un ojo- dijo Lily.
-Tu cada vez que quieras pídemelo y te pinto. De todas formas ya eres muy bonita sin maquillaje-.
-Pero tía Alice dice que eso hace que estemos más bonitas- dijo Emma.
-Pero la tía Alice no entiende. A ver- dijo poniéndose delante de Lily y cogiendo una de las pinturas, -vamos a empezar. Y a ver, contadme, ¿Qué tal os lo habéis pasado juntas?-.
-Muy bien. Por la mañana hemos visto pelis y ahora hemos jugado con su papa. Es muy gracioso mami, le hemos puesto una corona de princesa, pero como es muy grande se ha roto un trozo para que le entrase en la cabeza- dijo Emma mientras Bella intentaba aguantar la risa histérica que amenazaba con volver. –Y su abuela nos ha hecho una tarta de fresa muy rica. Te hemos guardado un cachito a ti y a Edward para que la probéis-.
-Que detalle. Muchas gracias. Ahora bajo y la pruebo-.
-¿Y mi tío? ¿Sabes donde esta?-.
-¿Alguien me llamaba? Madre mía, las 3 chicas más guapas del mundo esperándome-.
-Hola Edward- dijo Emma levantándose y abrazándole.
-Hola tío- repitió Lily, la cual no pudo levantarse por estar maquillándose por Bella. -¿Me esta dejando Bella guapa?- pregunto cuando se sentó al lado de esta con Emma en sus piernas.
-Tu siempre estas preciosa princesa, no te hace falta eso, pero si, Bella te esta dejando guapisisisisisisima. Podrías probar luego que tal le sienta a Emmet- dijo soltando la broma. Bella tuvo que separar la mano de la cara de la niña antes de que ocurriera una desgracia por los movimientos provocados por la risa. Desde luego, las niñas no se quedaron atrás.
-¿Podemos pintarte luego a ti Bella?- pregunto Lily.
-Creo que podré dejaros. Haz así- dijo Bella haciendo un gesto con os labios para que Lily la imitara. Apenas había puesta cuatro gotas de las cosas que tenia la pequeña, pinturas que venían para las niñas de su edad, pero que les hacia tremendamente felices. Supuso que ella a su edad haría lo mismo. –Un espejo…- dijo buscándolo. –Aquí- lo cogio y lo puso delante de la cara de Lily. –Espectacular-.
-Gracias Bella. Te toca Emma- dijo levantándose y ocupando el sitio en las piernas de a Edward que había dejado libre Emma.
Durante esos minutos de la tarde pasaron el tiempo con las niñas. Bella descubrió que Lily era un retrato de su padre en la manera de ser, podía ser graciosa y al segundo siguiente la cosa mas dulce del universo. Vio como Edward y ella se relacionaban y era digno de ver el amor que se procesaban sobrina y tío. Cuando se dieron cuenta, la noche ya había caído.
-Emma cariño, ¿vas a por ese trozo de tarta mientras yo me quito esto de la cara?- dijo Bella mientras se señalaba la cara pintada por los tres a la vez. Quizá les hacia falta algo mas de practica, pero no seria de nuevo si cara el mural de ensayo.
-Si mami- dijo mientras salía del cuarto y Bella entraba al baño para lavarse la cara. Cuando salio escucho como Lily y Edward hablaban, y si no hubiese sido por el tono probablemente jamás hubiese sabido el contenido de la conversación.
-¿Entonces eres novio de Bella?-. Bella no pudo evitar asomarse discretamente por la puerta. Edward estaba sentado en el sofá con la pequeña en sus brazos tumbada. El la sonreía con ternura.
-Si princesa, Bella y yo somos novios, pero eso no quiere decir que ya no te quiera ni que te quiera menos-.
-Pero si me pides permiso para irte a vivir con ella es que ya casi no nos vamos a ver-.
-Mi amor, yo vendré a verte cada vez que este en el pueblo como siempre he hecho. Lo que asa que ahora, en vez de venir a dormir aquí, estaré en casa de Bella y Emma-.
-Pero mis papas y yo nos vamos a ir a la otra casa cuando la terminen de arreglar-.
-Pues iré a verte a la otra casa. Sabes que yo nunca me olvidaría de ti princesa-.
-¿Quieres mucho a Bella?-.
-Muchísimo. Pero a ti también te quiero mucho, mucho, mucho. Igual que a Emma-.
-Bella y Emma me gustan, son muy buenas conmigo y tu sonríes mas cuando estas con ellas. Y a mi me gusta cuando sonríes. Antes casi no lo hacías, solo cuando me veías o jugabas con papa a burlarte de el-.
-Eso es porque me hacéis muy feliz también princesa-.
-A mi mama no le gusta Bella, ¿verdad?-.
-Tu mama piensa unas cosas que no son, pero ya eras que pronto todo se arregla-.
-Pues a mí y a mi papa si le gusta. Y a los abuelos también. Asíque yo te dejo que te vayas con ellas, pero como te olvides de mi me enfado contigo-.
-Pues muchas gracias belleza. Te quiero mucho Lily- le dijo Edward abrazándola y besándola la mejilla.
-Y yo a ti tío-.
-Ya estoy- dijo Bella entrando y viendo la imagen como si fuese la primera noticia que tenia de aquello. –Vaya, yo también quiero uno de esos- dijo Bella señalándolos y siendo recibida al instante por dos pares de brazos.
-Bella, me gustas mucho como la novia de mi tío Edward, pero no dejes que se olvide de mí cuando este contigo, ¿vale?- le dijo Lily.
-¿Pero como se va a olvidar de ti con lo bonita que eres? Además, te quiere mucho, ni siquiera yo puedo conseguir eso-.
-¡Mami la tarta!- dijo la pequeña entrando con un platito con un pedazo de tarta de chocolate y una cuchara en la otra mano. –Dice Esme que antes de que nos vayamos nos despidamos de ella-.
-Veamos como esta la tarta- dijo Bella sentándose correctamente en el sofá y probando un cachito. –Umm esta muy buena. ¿Quién quiere?-. No pasaron ni 2 minutos cuando el plato quedo desierto. 4 bocas parecieron devorar el pedazo de tarta dejando el chocolate en el plato.
-¿Vais a dejar este chocolate en el plato?- pregunto Edward mirando con deseo. Y una ida paso por la cabeza de Bella.
-No- dijo mientras rápidamente pasaba el dedo por el plato y lo chocaba con la nariz de Edward rápidamente dejándole con cara de sorpresa y a las niñas pasándoselo en grande. –No te rías tan alto que también hay para ti- dijo y su pequeña fue la siguiente en llevarse su regalo a la nariz. –Y para ti, por supuesto- dijo imitando su gesto una vez más con Lily. –Nunca os había visto tan ricos como hasta ahora- les dijo viendo como tenían la nariz marrón y pura felicidad en las caras.
-Venid aquí- les dijo Edward a las dos pequeñas mientras se metía la mano en el bolsillo y sacaba su móvil. –Toma- le dijo a Bella mientras ponía a cada niña en una pierna. –Haznos una foto a los 3 guapos de la habitación-.
-Encantada- dijo mientras se alejaba unos pasos. Miro por la pantalla aquella imagen y antes de retratarla con el móvil lo quiso hacer mentalmente. Vio a cada uno con una gesto, cada cual, mas absurdo, pero veía complicidad, cariño y felicidad. Hacia tanto que Bella no tenia eso en su vida, que para ella aquella imagen significaba mas de lo que podía decir con palabras. Con un nudo en la garganta y una sonrisa apretó el botón y el momento quedo grabado en la eternidad.
-Venga, iros a lavar la cara. Nos vemos abajo- les dijo Edward levantándose.
Las pequeñas salieron corriendo de la sala entre escandalosas risas que llenaban el ambiente de alegría. Noto como dos manos se posaban en su cintura e inmediatamente le rodeo el cuello con los brazos y se puso de puntillas limpiándole con la boca el chocolate de la nariz.
-Muy rico- le dijo entre risas.
-Tengo la maleta en la puerta principal. Si tu propuesta sigue en pie claro-.
-¿Por qué no me lo has dicho antes?-.
-No era el momento-.
-Mi casa es tuya. Por supuesto que puedes venir. Dudo que a Emma le moleste lo mas mínimo, y Alice, bueno, Alice tardara en enterarse- dijo dándole un tierno beso en los labios. –Que sepas que me encanta mi nuevo compañero de piso-.
-Yo conozco a uno que no puede esperar para instalarse en su nueva casa. Vamos abajo preciosa-.
Le paso su mano por su cintura y juntos bajaron a la primera planta, donde Bella pudo comprobar como una maleta de tamaño considerable esperaba apoyada en la puerta principal. No pudo evitar una sonrisa viendo como su vía encaminaba un camino lleno de esperanza. Paso al salón donde vio a Carlisle, Esme y Emmet y Rosalie sentados en el sofá. Cuando entraron todas las miradas se dirigieron a una misma dirección.
-Hola Esme. Hola Carlisle. Muchas gracias por cuidar de Emma- dijo mientras les saludaba con un cariñoso beso en la mejilla a cada uno.
-Para nada, estamos encantados. Tienes una hija que es un ángel. Puedes dejarla aquí cuantas veces quieras- le dijo Esme cogiendole cariñosamente la mano. –Y muchas gracias por la enorme oportunidad que le has dado a Emmet querida-.
-No ha sido nada, es un placer poder trabajar con gente como el. Estoy segura que pasaremos grandes momentos-.
-Pues claro que si, es Emmet, ¿Qué puedes esperarte?-.
-Desde luego nada que me pille de nuevas, a no ser que la próxima vez aparezcas con un tutu- dijo Bella provocando la risa de toda la sala.
-Eso ha sido para mantener a las niñas entretenidas-.
-Las niñas han estado toda la tarde con nosotros y se han portado mejor que tu con 30 hermano-.
-Mami ya estoy- dijo la pequeña entrando por la puerta.
-Bien- dijo Esme acercándose a su hijo y abrazándolo. –Quiero verte antes de que te vayas y cuando vuelvas, y que seas muy feliz. Y que vengas con las chicas a comer algún día a la semana. Solo pido eso-.
-Mama me voy a unos pocos kilómetros, no os librareis de mi tan pronto ni tan fácilmente-.
-Mami- dijo la pequeña tirando del pantalón de su madre.
-Dime- dijo Bela agachándose mientras Edward se terminaba de despedir de los miembros de su familia.
-¿Edward a done se va?-.
-Se viene a vivir con nosotras, ya no solo estará por el día sino que también estará por la noche. ¿Te parece bien?-.
-Si, será muy divertido- dijo sonriendo mientras Bella le daba un sonoro beso en la mejilla y se la acariciaba.
-¿Nos vamos?- pregunto Edward mientras Bella se incorporaba y las sonreía.
-Claro. Despídete de todos Emma. Muchas gracias por todo, de verdad- les repito Bella de nuevo. –Y a ti, bueno, ahora te veré demasiado- le dijo a Emmet.
-Nunca me apeteció tanto ver a nadie-.
-Adiós- dijeron los tres saliendo de la casa.
-Oye Edward- dijo la pequeña cuando ya estaban montados los tres en el coche camino de casa. –Si tu eres el novio de mi mama, y vas a vivir con nosotras, yo ya no voy a poder dormir con ella porque si estas tu yo no entro-. Edward miro a Bella con la misma sonrisa que tenia ella en la cara. a veces la inocencia era lo mas precioso del mundo, y otras, lo mas vergonzoso.
-Tu puedes dormir con tu mami siempre que quieras, y si molesto, pues duermo en otro sitio y ya esta-.
-No, como yo soy chiquitita entro. Pero si no quieres dormir conmigo…-.
-Tu ve cuando quieras princesa- le dijo Edward pasando una mano para atrás y acariciándole la mano.
-Me gusta que te quedes con nosotras- le dijo cuando la saco del coche para entrar a casa, mientras que con la otra mano llevaba la maleta.
-Bienvenido a tu casa- le dijo Bella abriendo la puerta y dejándole pasar.
-Nuestra casa- le respondió dándole un tierno beso en los labios.
Por la felicidad que se respiraba y las sonrisas en sus caras parecía que nada podía ir mal de ahí en adelante.
Pero el envío de una carta estaba a punto de cambiarlo todo.
