Ejem! Ejem! aú sigue alguien por acá?

Después de casi tres meses me digno a aparecer y no tengo excusa más que la falta de inspiración (y varias personas son concientes de ello) y la gran carga q es el último semestre de la carrera así como el desarrollo de la tesina.

Mis más sinceras disculpas a todas aquellas que leyeron y más ocmentaron aún sin tener cuenta! y espor eso que este cpa va dedicado especialmente a todas ustedes y sobre todo como regalo por MI CUMPLEAÑOS! (mañana MARTES 21 de SEPTIEMBRE)


Capítulo 7

-Vainilla-

Cuando Hermione regresó al salón de clases, después de conocer al nada discreto rubio amigo del señor de la casa, encontró a la pequeña Rose aún sentada y en la misma posición en que la había dejado.

Sinceramente creía que la niña para ese entonces estaría intentando salir o por lo menos gritando para desesperar a todo el mundo, hartarlo y lograr que mandaran llamar a su padre y que este le cumpliera una vez más el capricho.

Pero no por algo Hermione era inteligente, de regreso al salón de clases había hablado con los demás sirvientes y con toda humildad les había pedido que no intervinieran.

Y ahora, era cuando la verdadera batalla comenzaría.

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Esa mañana cuando Rose despertó supo que su día no sería el mejor que tuviera en su corta vida, odiaba levantarse temprano y su padre dejaba que durmiera hasta tarde, pero ahora su institutriz había dejado en claro que la niña tendría que levantarse a las 7 de la mañana, tomar un baño, desayunar y pasar al salón de clases.

Si la Srita. Granger supiera que odiaba bañarse tal vez, ella misma la bañaría, la mujer era tan recta y disciplinada que pareciera que no cometía ningún error, además de que estaba empeñada a reformarla.

La niña no recordaba si alguna vez con solo levantarle un tono la voz, la gente había podido mantenerla quita y dejarle el sentimiento de obedecerla, sin embargo la castaña de ojos dorados, prácticamente en un suspiro la había dejado en esa incomoda silla por lo menos 30 minutos en la misma posición y sin embargo a pesar de sentirse encerrada, la ojiverde no había intentado salir, algo o más bien alguien la mantenía pegada a ese mueble.

Cuando observó a su maestra regresar, esta tenía las mejillas sonrosadas y pequeñas gotas de la neblina que aun quedaba le habían adherido algunos mechones a su frente, más sin embargo en lugar de pensar mal de la mujer, como sería lo normal, lo primero que su corazón sintió fue cierto vacío llenarse, pero su corta edad no le permitió comprender esos sentimientos tan extraños, simplemente se limito a envolverse en su dura coraza y volver a ser la niña mimada que su padre había formado.

No sabía por qué, pero esa pequeña mujer, lograba despertar a su corazón y hacer creer que no solamente su padre podría mirarla con cariño, no, le hacía anhelar aún más a la madre que nunca tuvo, le hacía querer correr a los brazos de esa desconocida que fue su madre y poderle decir mamá.

Más sin embargo, sabía que nunca podría hacerlo, que su madre nunca regresaría y que quizá nunca la había querido y por eso habría preferido abandonarla.

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Hermione por su parte, se había permitido quedarse embelesada unos instantes con su pequeña pelirroja, su pequeña y rebelde ojiverde.

Sabía que tendría que sudar y llorar por lograr que la niña confiara en ella y le permitiera entrar en su corazón, aunque fuera solo como su maestra.

Pero la niña había heredado el mismo carácter del padre aderezado con su terquedad y necesidad de salirse con la suya.

Todo esto al mismo tiempo que tenía que lidiar con los sentimientos confusos y tan encontrados que le producía el moreno.

Aunque tratara, jamás podría olvidarlo y estaba conciente de eso, pero ahora, con la llegada tan inesperada de su amigo, ese rubio tan bocazas y que sin embargo al tomarla de la mano y mirarla con sus enigmáticos ojos grises había despertado cierto fuego olvidado muy dentro de ella.

Aun así, no era ni el tiempo ni el momento de ponerse a divagar, no, era el momento que compartiría con su hija, las horas que llegaran a estar juntas serían sagradas y viendo que la niña la estudiaba con curiosidad y a la vez cierta incomodidad en sus enormes ojos se dirigió a ella.

-Bueno Rose, ¿sabes leer?- preguntó sentándose en la silla para seguir haciendo las tarjetas con dibujos y palabras en ellas.

-No- fue la seca respuesta de la niña, la que a su vez se giró de manera tal que Hermione solo pudo ver el perfil de la niña.

-¿y no te interesa aprender a leer?- volvió a preguntar la institutriz poniendo más énfasis en sus dibujos.

-No, es aburrido y sólo los hombres lo necesitan, nosotras las mujeres no- Hermione sintió una vez más su corazón partirse.

-¿Por qué es aburrido, Rose? Y ¿Cómo está eso de que sólo los hombres lo necesitan?- preguntó una vez más la castaña.

-Porque son ellos los que se dedican a trabajar, nosotras no debemos hacerlo y por lo tanto no debemos leer, es una pérdida de tiempo, a si como estar aquí con usted-

-No digas eso Rose, no todas las mujeres tienen el privilegio de contar con un marido que las mantenga, además, el leer no se utiliza solo para los negocios o cosas de hombres como tú quieres verlo, ¿no te gustan los cuentos?- trató de interesar a la niña.

-No- mintió la niña, como explicarle que en realidad le encantaban, sobre todo por que la fuerte voz de su padre era la que se los contaba y le enseñaba los dibujos, sólo que él casi no tenía tiempo y Rose ni loca le pediría a Cho o alguna de las sirvientas que le leyera.

-Pero pueden gustarte Rose y con el tiempo leerás más que cuentos, podrás leer novelas, el diario, y escribir, cartearte con tus amigos- trató de seguir explicando la institutriz pero la fina voz de la niña la detuvo.

-No tengo amigos, no me serviría de nada- la interrumpió con tristeza en su voz.

-Sabes Rose, eres difícil, ¿Qué te interesa?- trató una vez más de llegar a la niña.

-Nada, de usted nada- se detuvo la niña al ver que su institutriz dibujaba la oveja más linda y llena de lana que había visto.

-No hablo de mi, Señorita Potter, que te gusta en general- le dijo dándose cuenta que la niña veía con fascinación el dibujo- ¿te gusta el trabajo de tu padre?

-Algo- le contesto Rose tratando de apartar la mirada del dibujo.

-¿Y sabes como se escribe y se lee la palabra "oveja"?- le preguntó una vez más y acercándole la tarjeta con la palabra recién escrita abajo del dibujo.

-….-Rose se quedó sin palabras, la mujer de ojos dorados mostraba un verdadero interés en ella y por primera vez en su vida deseo poder decirle que sabía como se leía oveja-No me interesa- dijo al fin ganándole el orgullo marca Potter.

-Mmmm veamos-dijo Hermione volteando la tarjeta para que Rose pudiera verla bien, hizo un juego de tarjetas y palabras al mismo tiempo que las señalaba y leía que decía cada cosa.

La niña se mostraba seria y estudiando con detenimiento cada tarjeta al momento que Hermione se la señalaba, pero sin decir nada ni preguntarle o simplemente participar en el juego, cuando tocaron a la puerta.

Hermione se interrumpió y fue a abrir. Se trataba de Hannah que lleva el almuerzo, el tiempo había volado, le agradeció que les hubiera llevado la comida y volvió a su lugar frente a su pupila.

Pero el ambiente había cambiado, Rose ya no miraba con interés las tarjetas y no se mostraba como cualquier niña de su edad debería de verse, no, volvía a ser la niña que era la mayor parte del tiempo.

La institutriz decidió ignorarla y servir los platos, cuando colocó el correspondiente de la niña, esta la observó y sin ningún remordimiento tomó el plato y lo lanzó contra la puerta.

Hermione sin inmutarse apartó su plato, pues no comería si la niña lo hacía y decidió averiguar el por que del cambio de actitud.

-¿Por qué tiraste la comida Rose?-

-Por que estoy aburrida, le dije que no quiero estar aquí y me quiero ir- le contestó con los ojos fríos, parecían dos esmeraldas enojadas.

-Pues no te irás de aquí hasta que yo lo diga Rose, debes entender eso- le contestó la castaña volviendo a hacer más tarjetas.

-No podrás tenerme aquí por mucho tiempo- trató de retarla la niña y apoyando otra vez sus manitas en el escritorio.

Hermione se sintió cansada de esa actitud tan fuera de lugar de la niña y dejando salir por primera vez su carácter la retó.

-¿quieres apostar Rose?- se levantó y cerró con llave la puerta.

La niña volteó a verla con tal coraje y decisión en su mirada, sin decir nada y casi con majestuosidad una vez que su institutriz se acomodo en su lugar, se levantó del suyo, se acercó a la puerta y haciendo lo que Hermione esperó que hiciera, se puso a golpear la puerta con las manos en puños y a gritar con voz en cuello que la dejaran salir.

Hermione sabía por experiencia que la niña estaba teniendo una rabieta y tratando de demostrar que podía con ella, sólo hacía falta que se le dejara gritar hasta que se cansara y después la dejaría salir.

o—o—o—o—o

Harry venía caminando junto a su rubio amigo, llevaban juntos desde que la castaña los había dejado solos, le había mostrado los rebaños, las crías y los cultivos que aun sobrevivían a las gélidas temperaturas que se sentían.

Pero no había parado de pensar en la castaña que interrumpía sus pensamientos una y otra vez desde que la había vuelto a ver o inclusive antes y más por las palabras dichas por Draco y los inconfundibles celos que lo dominaban.

No quería admitirlo, pero verla a ella ser victima del despliegue de encanto de Draco no le había gustado, ¡Por Dios Bendito si era suya! O como la voz de su conciencia le susurraba lo había sido.

Pero no podía dejar de admitir que la muchachita que había conocido y compartido sus noches en aquel barco con él ya no estaba, había desaparecido para dejar lugar a la bella mujer que ahora le plantaba cara y no temía decirle la verdad sobre su hija.

Su cara de ángel se había afinado, sus ojos eran castaños y con un brillo especial cuando hablaba de Rose, sus manos aún eran pequeñas, pero tenían la fuerza necesaria y ni hablar de su cuerpo, ese en el que no se permitía pensar más allá; su voz, era lo justo, el sonido que debería tener la voz de una mujer.

Sobretodo le intrigaba su cabello, aquel que el recordaba indomable y esponjado, ahora se mantenía estiradamente contenido en el moño en la nuca, cada vez que tomaba conciencia de su cabello por su mente atravesaba la idea y el deseo de deslizar los dedos por toda esa cabellera y liberarla de su prisión.

Sin embargo, aunque lo deseara debía tener cuidado, no dejarse llevar por sus instintos y deseos, no podía arriesgarse a que alguien como Draco descubriera el trasfondo de su relación con la nueva institutriz, serían los 58 días restantes más largos de su vida, ¿pero quien llevaba la cuenta?.

Harry se encontraba cruzando el umbral de la puerta principal de la finca, cuando unos gritos lo despertaron de sus cavilaciones.

En un principio no sabía a quien pertenecían, pero una vez que su mente se fue despejando, reconoció la voz de su hija.

Cuando Draco hizo el intento de ir a averiguar que pasaba, lo detuvo y sin pararse a pensar salió corriendo, esa mujer podría decirle a él todo lo que quisiera pero a su niña no le tocaría ni un pelo.

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Rose se estaba cansando de gritar, la garganta ya le dolía y la sentía hinchada, pero aún así, a la Señorita Granger parecía importarle un rábano que ella se quedara sin voz y a la vez quedarse sorda.

Pero no podía admitirse que le interesaba todo lo que la mujer le decía, mucho menos la vergüenza que sintió de si misma y las ganas que le dieron de jugar a un lado de su maestra con aquellos tarjetones.

Por un momento quiso aprender todo aquello que la castaña quisiera enseñarle, jugar con ella, pero como siempre le pasaba al conocer gente nueva, sobretodo a las escasas mujeres que había en su vida, su corazón decidió cerrarse, tenía miedo y sabía que la mujer se iría en escasos dos meses, así que, ¿para qué encariñarse? Si en cuanto pusiera un pie fuera de la casa se olvidaría que alguna vez había conocido a un apequeña de cabellos rojos con el nombre de una flor.

Cuando estaba a punto de cerrar la boca y rendirse frente a la mujer de cabellos oscuros, pudo ver que trataron de abrir la puerta y al momento de que ésta no cedió, unos golpes muchísimo más potentes que los que ella pudiera dar azotaban la puerta, escuchó la potente voz de su padre preguntando que pasaba y si ella se encontraba bien.

Una sonrisa de triunfo se dibujo en sus pequeños labios, pero antes de que pudiera cantar victoria en su interior y que con voz lastimera le gritara a su "papi" que la sacara de ahí, la institutriz la apartó bruscamente de la puerta, la abrió y sin dejarla salir o a su padre entrar salió ella misma y la volvió a encerrar.

Rose siendo conciente de que esta vez su padre aunque fuera por la fuerza la sacaría de ahí, dejo de prestar atención a lo que sucedía del otro lado de la puerta y decidió esperar por su padre distrayéndose con las tarjetas recién echas por la institutriz.

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Al momento de pararse frente a la puerta que lo separaba del bienestar de su hija, Harry quiso abrirla, pero esta no cedió se encontraba cerrada y siendo del carácter tan explosivo que era, solo se le ocurrió aporrearla y gritar por su niña.

Cuando vio que esta se abría, casi suspiró de alivio imaginando que por ella saldría caminando sana y salva su pequeña rosa, pero para su disgusto, no fue una cabellera roja la que salía por el pequeño espacio que había entre la puerta y el marco de la misma, si no que fue la cabellara castaña que momentos antes tenía en el pensamiento.

En cuanto la mujer estuvo completamente afuera de la habitación, haciendo uso de unos reflejos extraordinarios volvió a cerrar la puerta con llave, pero él también los tenía y se lanzó por el pedazo de metal que haría que su hija saliera de esa maldita aula.

Sin medir las consecuencias y sin darse cuenta que la niña no gritaba más, se enfrasco en un forcejeo con la castaña, el cual terminó cuando la mujer oculto la llave entre su cuerpo y la misma puerta, ambos jadeaban por el esfuerzo y sin pensarlo fueron tomando conciencia de la situación.

Hermione se encontraba acorralada entre la pared y el fuerte cuerpo del ojiverde enfrente de ella, no había un solo espacio entre ambos cuerpos y aun con las capas de tela que los separaban, ambos fueron concientes al mismo tiempo de la cercanía entre ellos.

Harry podía ver los matices café y dorado de los ojos de la mujer cuyas piernas no dejaban de moverse para apartar las suyas, dando por resultado que una de las propias terminara incrustada entre las de ella.

Cuando la mujer fue conciente de esto un gemido involuntario salió desde lo más profundo de su garganta, no quería levantar la vista, pero una fuerza aún mayor que ella la hizo que la levantara al mismo tiempo que pudo ver que la mirada esmeralda del hombre se oscurecía hasta un casi negro, mirada que ella recordaba muy bien.

Por su parte Harry era totalmente conciente del subir y bajar del pecho de la mujer, la plenitud del mismo y del calor que éste desprendía, así como del ritmo acelerado de su pulso, el cual podía ver gracias a la palpitante vena debajo de su mandíbula.

Sin tomar conciencia de lo que hacía y gracias al gemido que la mujer había soltado, se apretó aun más contra ella, logrando que las bisagras de la puerta crujieran y que ella soltara otro jadeo.

-Aléjese Señor Potter- le dijo en un susurro la mujer con la mirada del color del caramelo.

-No- le contestó y no solo para castigarla si no que su cuerpo no respondía, sus caras se encontraban muy cerca y podía sentir la respiración de la mujer en su propios labios, si solo se agachara un poco estaría tocando los sonrosados labios de la mujer.

-No me deja respirar- le dijo ella con tal de que él se apartara y dejar de sentirlo en todo el cuerpo.

Harry reaccionó y se separó solo lo necesario para que ella no tuviera que cargar con el peso extra que él le daba.

Sin embargo, la separación sería acaso de milímetros y no los centímetros o metros por lo que rogaba Hermione, el olor de ese hombre le estaba nublando los sentidos.

-¿Por qué hacía gritar a mi hija Señorita Granger?- le preguntó con la voz ronca por la situación y rozando levemente su nariz en la de ella.

-Yo no hacía gritar a su hija Señor Potter- le contestó la castaña en un susurro tan bajo que si no estuvieran prácticamente pegados el jamás lo hubiera escuchado- Es sólo que ella no quiere hacerme caso y sabe perfectamente como chantajear a la gente.

-Eso lo hacen todas las mujeres, Granger- le contestó en el mismo tono el hombre y abriendo los ojos pudo notar que ella cerraba los suyos y se estremecía por su cercanía- ¿O acaso usted no lo hace, querida?

-No- suspiró Hermione-nunca lo he hecho y por eso trato de que la niña lo entienda.

Harry mando al cuerno que ella no pudiera respirar, se apretó aun mas si es que se podía contra ella, cerró la distancia de sus manos con el rostro de ella, lo elevo para poder verla a los ojos y volvió a colocar las manos en la puerta, a cada lado de la cabeza de la ninfa que tenía enfrente.

Su nariz una vez más acarició la pequeña y respingona de la mujer y dejó que su aliento al hablar rozara la boca contraria.

-No le creo- la mujer contestó negando con la cabeza-Déme la llave- ordenó al momento que deslizaba la nariz por la mandíbula de la mujer y su mano derecha viajaba al costado de ella.

Hermione salió sólo un poco de la niebla que le había embotado el cerebro cuando sintió aquella poderosa mano posarse en su cintura, la mano que sostenía la llave se cerró más fuerte, pero era tanto el contacto y tan anhelado con aquel hombre que no quiso moverse.

-Jamás le haría daño a Rose, Señor Potter- jadeó al momento que él seguía explorando con su nariz detrás de su oreja- es sólo una rabieta de la niña, se como manejarlo.

Ella olía a vainilla, era un olor tan dulce que podría empalagar, pero para Harry era sublime y tenía la piel tal como recordaba, cálida, suave y sin ninguna marca, solo sus manos y su cuerpo en sí la habían marcado, como ella lo había echo con él.

Estaba perdido, no podría negarle nada a la mujer, ahora lo sabía y a pesar de que se arriesgaban a estar así, Harry se negaba a separarse, lo mejor sería rendirse.

-Prométame que no le hará daño a nuestra niña- dijo separando la mano que la sujetaba para quitar un mechón del cabello castaño e indomable de la cara de la mujer-prométemelo Hermione.

-Le juro que todo lo que llegue a hacerle a la niña me lo haré a mi Señor Potter-

E inclusive antes de que Harry tomara conciencia de que acercaba sus labios a los otros tan anhelados, o a que la había llamado por su nombre, Hermione se soltó de esa pequeña prisión creada por ambos y demostrándole una vez más sus buenos reflejos, lo dejó solo en el pasillo escuchando como se cerraba con seguro la puerta desde adentro.


Notas de autora: Reviews? jejeje tomatazos? amenazas de muerte? opiniones? happie's B-Day? jejeje

Y ahora contesto para aquellas sin PM's!

Lilis: Upps? Sorry por la nada pronta actualización, muchisimas gracias por tu review y aún sin cuenta! Eres lo máximo, vemaos q tal opinas de esto nuevo.

Luna Lovegood: Ehhh tienes los PM's deshabilitados, así q contesto por acá, jejeje, muchas gracias por tu review y espero aún te acuerdes de esta historia y de esta humilde servidora, jeje. ¿Crees que las cosas mejoren ahora gracias a Malfoy o a que Harry está llegando al límite? Y sí pobre Harry lo estoy pintando como un ogro, pero así me gusta. ;D

Safi: Si te soy sincera a mi tmb me molesta el desaparecer tanto tiempo, por q como lectora eso es lo peor q te pueden hacer, pero como autora, bueno, no les voy a traer una porqueria por muy grande o pequeña q sea solo por cumplir, jejeje.

Muchisismas gracias por decirme creativa, pero la idea original no es mía, como ya aclaré al principio de la historia, aunque la adaptación y una q otra cosa si son mías, jeje, de todo corazón espero que sigas leyendo.

Sandy: JEJeje después de tres meses pero, ya la seguí!

Miss Black Potter: MMM tu tmb tienes deshabilitados los PM's pero no importa contesto por acá, jejeje, pobre Draco lo he dejado un poco abandonado en este cap, pero ya veremos que más hace o no?.

Gracias por seguir leyendo!

Atte.

Chio ;D