Hey chicas! no estaba muerta ni andaba de parranda! (bueno los primeros meses no), este cap va dedicado especialmente a Irene y a ALe, sin ustedes presionandome chicas, no estariamos aquí hoy.

ME dejo de tanta chachara y las explicaciones como siempre al final del chap! Ahora a Leer!


Capítulo 8

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-Luz de Fuego-

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Desde que Rose tenía memoria, su padre jamás la había dejado sola y menos en un lugar y con compañía que no deseaba, pero esa vez, una semana atrás lo había hecho.

Aun recordaba la salida y pronto regreso de su institutriz y lo que había pasado en el corredor, solo la maestra y su padre lo sabían.

Hermione no había comentado nada y su padre mucho menos. Su institutriz solo regreso, se sentó enfrente de ella y siguió trabajando en los cartoncitos tan coloridos que se esforzaba por hacer y que ella aprendiera a leer.

Pero el que sufrió un cambio, fue su padre.

Desde que la institutriz había llegado, su padre se encontraba tenso, malhumorado, se levantaba más temprano que de costumbre y su ceño siempre se encontraba fruncido.

Había sido un alivio que su tío Draco llegara de visita, con sus "monstruo" y "molesta" que le lanzaba en conjunto con sus "cabeza de zanahoria" hacían que los días fueran más alegres.

Sobretodo en las cenas, que era cuando el ambiente se encontraba más pesado, Rose podría ser una niña, pero podía ver que era en presencia del tío Draco y de Hermione que el ceño de su padre se marcaba más o como el aire se volvía pesado y casi nadie hablaba, Cho había tratado en vano de aligerarlo, pero por más que trataba de que Harry le prestara atención, las respuestas del ojiverde se limitaban a ser monosílabos o asentimientos de cabeza, no más.

Así mismo, Hermione tomaba una actitud diferente cuando su padre se encontraba en la misma habitación, pasaba de ser la mujer cálida y cariñosa a tener un aire altivo que se reflejaba en su mirada, sus ojos pasaban del color del chocolate al de la miel cada vez que su padre le lanzaba algún comentario mordaz y siempre que la veía a ella su mirada se tornaba del color del oro.

Rose no podía dejar de pensar que si su madre no la hubiera abandonado, le gustaría que fuera como Hermione, fuerte, de carácter, sabia.

Más sin embargo, la había dejado sola, abandona a su suerte cuando era una bebé, ¿Por qué no se había quedado con su padre?, ¿Por qué los había dejado?, ¿acaso por la señora pelirroja que en realidad no sabía si estaba viva?

Porque aunque fueran muchos los rumores, Rose no era tonta y dentro de su corazón sabía que Harry era su padre, así como sabia que por sus venas corría sangre Potter, solo deseaba poder llegar a conocer a su madre.

Cada vez le resultaba más difícil mostrarse insolente, caprichosa frente a la mujer de dorados ojos, aquella que con una sola mirada podía dejarla sentada y de la cual en pocos días había aprendido más que con sus otras maestras.

La mujer día con día se esforzaba por llegar a comprenderla y saber como tratarla, en ocasiones Rose deseaba con fuerza que la tomara en sus brazos y le dijera que todo estaba bien, que ella no era un caso perdido y que llegaría a ser una gran mujer.

Pero su parte Potter, ese legendario orgullo no la dejaba abrirse, para que hacerlo si la mujer en unas semanas se iría y no sabría nada de ella.

Simplemente cada vez, deseaba con más ahínco que la Señorita Granger diera con ella.

Cada día que pasaba, el tiempo de Rose transcurría entre sus clases, que ya no le parecían tan aburridas y en la casita del lago en donde se encontraba con la madre que su corazón anhelaba.

¿Por qué la había abandonado?

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¿Cómo haces para no sentir?

¿Cómo haces para luchar contra tu corazón?

¿Cómo haces para mantener tus brazos alejados de las personas amadas?

¿Cómo haces para no ser quien quieres ser?

Había pasado una semana y Hermione aun sentía su tacto, aún lo sentía junto a ella, pegado a ella, aún podía sentir su calor atravesándola, abrasándole el alma.

Aún podía sentir su lujuria crecer por él y hacia él.

Quería que la tomara en su brazos y le pidiera que nunca lo dejara, pero era realista, conciente de su situación.

Sabía que él no la amaba ni la había amado, había sido un medio para obtener un beneficio, solo un cuerpo, un recipiente donde creció lo que él más deseaba, lo que su postrada esposa siempre había querido.

Y ella, tonta, ilusa, se había dejado arrastrar a mares desconocidos e inexplorados, mares que la habían consumido, que le habían enseñado un pedazo de cielo, éxtasis, plenitud.

Pero ahora, tenia pocos días para recuperar lo perdido, para enmendar su error y ganarse a la obstinada niña que no sabía que ella era su madre.

Aquella pequeña cuyos ojos mostraban soledad, tristeza, incertidumbre y miedo, miedo a quererla, miedo a perder, pero sobretodo orgullo.

Aquel ambiguo sentimiento que no la dejaba ser la tierna criatura que debería ser, que no la dejaba jugar, querer y dejarse querer.

Hermione era conciente del mar de confusión que reinaba en los esmeraldas ojos de su hija y sin embargo, se sentía impotente, no podía abrazarla y decirle que todo iba a estar bien.

No podía tomar su pequeño cuerpo entre sus brazos, acunarla y evitar que la vida misma le dañara a su tesoro más grande.

Simplemente no podía decirle que era su madre.

Eran tantas las cosas que quería decirle, tanto lo que quería explicarle, sus viajes, sus recuerdos, lo mucho que la quería y sobretodo, decirle que día con día, segundo a segundo, se lamentaba haberla entregado.

Pero no podía hacerlo, no debía, no quería que su pequeña la odiara todavía más de lo que ya lo hacía, no quería que le gritara y le cerrara su tierno corazón.

No quería acabar con su inocencia.

Pero aún así tenía que desahogarse, por eso se esforzaba por que la niña pusiera atención en clase, día con día podía ver que los ojos de Rose se iluminaban de la emoción de aprender algo, hasta ese momento desconocido, era conciente de que la niña adoraba las cartulinas que con tanto ahínco Hermione le dibuja y así mismo era conciente de la gran lucha interior que la consumía, era capaz de ver el gran orgullo que evitaba que la niña fuera como realmente era, sólo una niña.

Y aún así, a pesar de estar preocupada por su pequeña, por su querida hija francesa, pensamiento cada vez más temidos y prohibidos la hacían temblar.

Temblar de añoranza, de anhelo, de recuerdos jamás olvidados, de…de soledad, de saber que la solución a su vacío interior se encontraba a solo unos pasos.

Que la solución a todas las dudas que la embargaban se encontraba encerrada dentro de un hombre de cabellos negros y mirar esmeralda.

Era por eso, por el deseo interior, que día a día crecía dentro de ella, que secretamente lo observaba.

Después de ese raro y entrañable encuentro en el pasillo, Hermione había notado que el Señor Potter había tomado la costumbre de levantarse muy temprano y acudir sin faltar ningún día, a primera hora de la mañana, al lago de la propiedad.

Ahí, sin importar el frío y la gélida temperatura que tuviera el agua, se zambullía en ésta y no paraba de nadar durante una hora.

Y una vez que las extremidades comenzaban a entumecérsele, era que se decidía a salir y regresar a sus habitaciones.

Pero era este lapso de tiempo, el que Hermione aprovechaba para verlo, observarlo, grabarse una vez más cada centímetro de su cuerpo.

Imaginar o tratar de recordar, lo que se sentía, tener esos musculosos brazos rodeándola, esas enormes manos recorriéndola y tratar de evitar que ese abdomen que parecía de mármol apareciera en sus sueños.

Era en esos minutos, en los que olvida el frío que la envolvía y su cuerpo reaccionaba con el fuego encendido que salía de su corazón.

Más sin embargo, a pesar del calor que la envolvía, su corazón sentía envidia, si, envidia, como justo en ese momento, donde oculta por lo empañado y la suciedad de años de la puerta ventana, podía observarlo con la seguridad de que él no la vería.

Su corazón se llenaba de envidia de las simples y pequeñas gotas de la helada agua que bañaban el cuerpo del hombre que se robaba sus sueños y sus suspiros.

Sobretodo de aquella minúscula gota de agua, aquella que en ese instante, en el que él temblando del frío que seguramente hacía por estar a punto de amanecer, acaba de salir del agua y tomando la toalla con anterioridad dejada, frotaba su cuerpo con energía, tratando de entrar en calor.

Aquella maldita gota de agua, que justamente acababa de caer de su barbilla y recorría cada milímetro del pecho y abdomen del hombre y que se perdía más al sur de los pantalones con los que se había aventurado a entrar al agua, pantalones, que en ese momento se adherían al masculino cuerpo como una segunda piel.

Haciendo que Hermione suspirara por enésima vez en lo que iba del nuevo día.

Pero aún así, Hermione sabía que el tiempo de deleite de ese día llegaba a su fin puesto que Harry estaba a punto de darse la vuelta y poder notarla, razón por la cual, muy a su pesar, se dio la vuelta, caminó por los ahora conocidos pasillos de aquella mansión rural y llego a las puertas del salón de clase.

Su alumna estaba a punto de llegar para comenzar una nueva, extraña y exhaustiva lección.

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Rose sabía que los adultos eran seres extraños, pensaban y actuaban diferente que ella.

Pero no había nadie que fuera más extraña, que aquella mujer de extraños ojos dorados.

Cuando la niña había llegado como todos los días al salón de clases, la castaña ya se encontraba ahí, aunque había algo en su expresión, que hacía que pareciera diferente a otros días.

Se le notaba conmocionada, agitada e inclusive un leve sonrojo la delataba, sus movimientos eran mecanizados y una sutil sonrisa se dibuja en los labios.

Y a pesar de lo curiosa que por naturaleza era, tuvo que cerrar la boca e inclusive morderse los labios, para evitar que su incertidumbre saliera a la luz.

Se sentó en el lugar que ocupaba por costumbre, frente a su maestra, dándose cuenta que enfrente de sus ojos había más tarjetas, cada una más bella que la otra, pero con nuevas palabras, cada vez más difíciles, ¿acaso la castaña no se daba cuenta que aún batallaba para recordar las palabras anteriores?, o ¿acaso nunca aprendería a leer?.

-o-o-o-o-o-

Hermione era conciente de que ese día no era ella misma, ¿Cómo serlo? Si él hombre de cabellera oscura se negaba a salir de sus pensamientos.

¿Cómo serlo? Si se sentía que estaba a punto de lanzarse a sus pies y rogarle que la tomara una vez más.

Más sin embargo, esa otra parte de su corazón, su parte de madre, le exigía que se controlara, que no era el momento y mucho menos el lugar para que diera rienda suelta a su imaginación y a sus recuerdos.

Sabía que Rose no era tonta y podría darse cuenta de algo, así como sabía que la pequeña se encontraba una vez más enfurruñada por las nuevas palabras que tendría que aprender.

Tal vez fuera inteligente, pero la terquedad para aprender algo nuevo que no fuera de su agrado, sacada de su padre, impedía que avanzaran.

Y eso unido al orgullo de la niña, hacía que se estancaran, la mujer estaba llegando al punto de no saber que hacer para que la niña terminara de abrirse, sabía que se estaba exigiendo de más, pero el tiempo con el que contaba era poco y si no quería irse después del lapso establecido por el padre de la niña, tenía que ganársela, para que esta impidiera que la despidieran.

Estaba dando por terminada la primera parte de la lección de gramática de ese día, a punto de pasar a la lección de aritmética, cuando una idea cruzo por su cabeza.

Era la idea perfecta para ganarse a Rose.

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Cuando Harry era niño y sus padres sufrieron aquel horrible accidente, por primera vez en su vida se sintió vacío, como si le hubieran arrancado una parte de su corazón y éste lo sintió frío.

Pero con el pasar de los años y la adición de nuevas personas a su vida, su padrino, el tío Remus y la tía Nymphadora, pero sobre todo con la llegada de Ron a su vida, fue que su corazón se entibio.

Mas sin embargo, el vacío seguía en su corazón.

Hasta que conoció a aquella enérgica niña pelirroja, fue cuando creyó que ese vacío se iría y mágicamente, lo hizo, pero por poco tiempo.

En esas horas, días y meses que pasaron juntos, Harry se sentía nuevo, cada sonrisa de Ginny sacaba una suya y cada palabra que ella le dedicaba eran como luz en la oscuridad a la que él estaba acostumbrado a vivir.

Sabía que Ginny lo que más anhelaba era tener un bebé, un pequeño al cual cuidar, pero Harry, temeroso de que algo saliera mal, se rehusaba a complacerla.

Lástima que la vida o el destino quizá, son los que deciden por nosotros.

Recordaba con precisión ese maldito accidente, aquella caída que le había arrebatado lo que para él en ese entonces era su mundo y él se quedó estático, por segunda vez en su vida se sentía nuevamente vacío, pero era un vacío diferente, en este se mezclaba con la ira y la tristeza, la impotencia, la rabia de no poder hacer nada por que ella mejorara y por no haberle cumplido su sueño, su anhelo de ser madre.

Y fue por eso, por el grande deseo de Ginny por ser madre que urdió aquel horrible plan.

Fueron noches sin dormir, en vela, pensando y sobreviviendo a base de Whisky que el plan fue tomando forma poco a poco en su atormentada cabeza.

Desde un principio supo que nadie creería que el bebé que planeaba tener fuera de Ginny, pero no le importaba, el deseo de ser padre por ella crecía día con día, ¿Qué mas daba lo que hablara la gente?, sería la forma de compensarla.

El plan era sencillo, tan simple que resultaba insultante, solo tenía que conseguir a una mujer en buena salud, ya fuera pelirroja o con el cabello como el ébano, no tan vieja ni tan joven; una mujer necesitada de dinero, que estuviera dispuesta a yacer con él, sólo el tiempo necesario para poder engendrar un nuevo ser.

Pero desde un principio, el destino le tenía una nueva jugarreta.

La mujer que eligió, era joven, educada e inocente, no era pelirroja ni tenia cabellos negros, poseía una cabellera castaña como el caramelo, que se sentía como seda en sus manos, aún recordaba esos cabellos rodeándolo y causándole cosquillas.

Y sus ojos, esos precioso ojos, que eran las ventanas a su alma, ojos de un color indescifrable, bien podían adquirir un tono casi negro cuando ella se molestaba o el oro puro cuando era presa de sus pasiones.

Desde el momento mismo en que la eligió supo que había cometido un error, pero no por que dudara de la criatura que juntos crearan, si no por si mismo.

Tuvo miedo de caer en el embrujo de aquella diminuta hechicera y lamentablemente para él, cayó de buena gana.

Aún con los años, jamás pudo borrar de su memoria, su tacto, su olor, la sensación de su tierna y suave piel, contra la suya, su sonrisa, su voz, el tacto de su talle y su magnifica figura ni mucho menos todo aquel océano de sentimientos y pensamientos que sus ojos le transmitían.

Sufrió con ella y por ella el nerviosismo de la primera vez, de entregarse a un desconocido sólo por salvar a su padre.

Memorizó su cuerpo, como sabía que ella había memorizado el suyo, así como sintió la repugnancia y duda que había en ella esa segunda noche en el barco. Más sin embargo, Harry era presa de su pasión, pasión por una desconocida.

No quería reconocer que por vez primera, el vacío que lo había acompañado toda su vida, inclusive al lado de su esposa, ya no estaba.

Esa primera noche, cuando hizo alusión a la luz del fuego y se atrevió a tocarla, se sintió completo.

Y como olvidar esa mágica ultima noche al lado de Hermione, donde ella sorpresivamente perdió el miedo y le pidió que la tocara, que la besara, que ella era de él, para que hiciera lo que quisiera y vaya que lo hizo.

Los recuerdos de esa última noche, eran los que le habían permitido sobrevivir por tantos años.

Su recuerdo lo mantenía vivo.

Ella le había otorgado el más grande regalo que alguna vez pudo pedir. Como olvidar esos días, meses después de su separación, donde extrañamente, Harry comenzó a enfermar, algunos días no tenía apetito y otros se atragantaba de comida, después vinieron los mareos, las nauseas y los vómitos y como olvidar los antojos.

Cuando creyó que estaba muriendo, recibió la noticia.

La chica estaba embarazada.

Y todo encajó, no se estaba muriendo, mágicamente un lazo los unía y le hacía padecer lo que seguramente ella sufría por los cambios en su cuerpo. Ese día que se confirmó el embarazo fue el hombre más feliz de la faz de la tierra.

Más como la mayor parte de su vida, algo inesperado sucedió.

Quería verla, estar a su lado, pasar con ella todo el embarazo; pero sabía que no podía, el contrato así lo estipulaba.

Pero para algo existía el dinero, si no, ¿para que otra cosa?

Como olvidar aquellos furtivos viajes a Francia, de noche y pasando inclemencias, todas las excusas dadas para justificar sus ausencias de semanas, solo por verla a la distancia, aquellas furtivas escapadas, de las cuales nadie estaba enterado.

Y aún así, estas llegaron a su fin, no podía dar más excusas sin que sospecharan y dejó de buscarla.

Hasta que su pequeña Rosa Francesa llegó a sus brazos.

Ese ser diminuto con cabellos como el fuego y enormes ojos heredados de la abuela paterna.

Un pequeño ser humano que era suyo, suyo y de Hermione, de nadie más.

La primera vez que tuvo a Rose en sus manos, lloró.

Lloró de felicidad y de angustia, pues había separado a una madre de su hija y estuvo a punto de arrepentirse, más sin embargo, el recuerdo de Ginny lo devolvió a la realidad.

Como si fuera obra del destino, Hermione desapareció de la faz de la tierra, sin dejar rastro ni huella de su paradero., nada más recuperarse abandono aquella casita en la campiña francesa y no se supo más de ella.

Sin embargo, en esos tiempos, no le importó que la mujer desapareciera, había cumplido con su parte del trato.

Ahora a él, le tocaba que sus allegados aceptaran a su hija y creyeran aquel bizarro cuento que había inventado.

Era conciente de que la gran mayoría creía que Rose era su bastarda o que la había recogido como obra de caridad, que nunca creyeron que era su hija y de Ginny, más no le importo, tenia el dinero y el prestigio para reconocer él solo a la niña como suya y lo hizo.

No era ciego y sabia que Rose no le caía bien a todo el mundo, desde bebé había demostrado un obstinado y terco carácter.

Más a Harry no le importaba, él estaba para ella y solo por ella, con él tendría todo y no le faltaría nada.

Pero la sucesión de institutrices comenzaba a desesperarlo, sabía que no era bueno para la niña, pero su amor de padre lo cegaba, así como los remordimientos.

Hasta que ella regresó a su vida.

La furia que sintió recorrer su cuerpo en el instante en que la reconoció, jamás la olvidaría, así como tampoco olvidaría la reacción de su cuerpo.

Continuaba siendo diminuta a sus ojos, pero sus facciones habían madurado, su figura también lo había hecho, la rectitud y sobriedad eran palpables en la forma en que se paraba y vestía día con día, más sus ojos, sus hermosos ojos dorados, mostraban tal determinación que instintivamente su coraza se erigió en contra de ella.

Sin dejar de notar, por el espeso liquido que le recorría las venas, ese deseo por tantos años guardado, le recordaba que ella esa bellísima y que ahora se encontraba, si es que eso era posible, más guapa.

Harry hizo dentro de lo posible, valiéndose de excusas tontas, que no lo delataran, tratar de alejarla de sus vidas, ella no podía decirle a Rose que era su madre, jamás.

Pero maldita la sociedad en la que vivían y maldita Cho, por evitar que la institutriz se fuera.

¿Acaso no podía ver, que él ardía en deseos de yacer al lado de la castaña?

No, no podía, simplemente estaba cegada en sus intentos de conquistarlo, intentos que la llevarían a ningún lado, Cho jamás despertaría en él, más allá de la consideración y agradecimiento.

Harry se encontraba ofuscado, iracundo, ni él mismo ya se entendía, estar cerca de Hermione no le hacía ningún bien y ambos lo sabían.

Y al maldito destino le gustaba jugar con él.

Cuando estaba logrando calmarse aunque fuera un poco, había aparecido Draco, su querido, mujeriego, coqueto y suspicaz amigo.

El verlo tan galante enfrente de ella y que Hermione se sonrojara por lo que Draco le decía, le había colmado el vaso.

Ella era suya, ¡suya maldita sea!, suya y de nadie más.

Solo él había conocido su cuerpo y lo había reverenciado, sólo él la había llevado al éxtasis y la había marcado como su mujer.

Por eso, cuando escucho los gritos de Rose, no lo dudo ni un minuto y acudió a por ella, tenia que descargar su furia, la tensión y que mejor manera de hacerlo que con la fuente de todos sus problemas.

Pero bendita forma de hacerlo, forcejear con la mujer, quedar ambos jadeando y centímetro a centímetro de piel unidos, el uno a la otra, recordando momentos atesorados por ambos.

Los "inocentes" galanteos entre Draco y Hermione, cada vez que se encontraban le encendían la sangre, ensombreciendo su humor aún más.

Y eso sumado a los recuerdos de aquel placentero encuentro en el pasillo, lo habían hecho llegar a un punto de tensión, en el que no podía más, no dormía bien y solo una cosa podía solucionar su estado actual.

Pero eso jamás podría obtenerlo, esa solución estaba vetada para él y desde un principio lo supo.

Por esa razón, había adoptado la costumbre de levantarse al amanecer y adentrarse a las heladas aguas del lago, tratando de eliminar toda la tensión y que su cuerpo regresara a su temperatura normal, si no, que por lo menos una pulmonía lo tumbara en su lecho y olvidarse por un tiempo de esa castaña que ya no salía de su mente y que ni en sueños lo dejaba en paz.

En ocasiones se sentía observado, con cada brazada sentía que había alguien más a su lado, en aquel oscuro lago, pero cada vez que volteaba no veía a nadie, tal vez estaba llegando al punto de la locura.

Pero el día de hoy, se había dado cuenta de algo.

El nado, ni su humor, ni sus comentarios le servirían para que ella se fuera, nada, estaba harto de batallar contra si mismo, estaba harto de sentirse completo sin recompensas a cambio, cuando la solución llegó a él, de quien menos lo esperaba.

Ella, Hermione, con su dulce voz, le había dado la respuesta a sus problemas.

-o-o-o-o-o-

Estaba oscureciendo y en el salón de clases comenzaba a hacer frío, la luz era escasa y la lección del día estaba a punto de terminar.

Rose y Hermione se encontraban sentadas en el suelo, junto a la chimenea, observando las llamas que de esta salía, proporcionándoles luz, calor y cobijo.

Hermione podía ver que la niña se encontraba como en un trance, sostenía con sus pequeñas manos la baraja de tarjetas con diferentes palabras escritas en ella y jugaba con ellas, formando en el suelo diferente oraciones.

Pero lo hacía distraídamente, en realidad no las observaba, su vista se encontraba hechizada, casi hipnotizada por la luz que provenía de la chimenea.

-Rose- la llamó Hermione para obtener su atención.

-Dime- contestó la pequeña posando por fin sus ojos en la castaña que tenía enfrente.

-¿Conoces la historia de la luz del fuego?- le preguntó al mismo tiempo que con el atizador movía los troncos que ardían en la chimenea.

-No, Señorita Granger- dijo la niña volviendo a ver las llamas saltarinas, que el movimiento del atizador causaba.

-¿Te gustaría conocerla?- aventuró la castaña.

-N…Si- le contestó la niña en un susurro

- Es un tipo de magia. La luz del fuego hace que el tiempo se detenga. Cuando se apagan las lámparas y te sientas al resplandor de la luz del fuego, no hay reglas, ya no. Puedes hacer lo que quieras, decir lo que quieras, ser lo que quieras y cuando las luces se encienden de nuevo, el tiempo empieza de nuevo y todo lo dicho o hecho se olvida. Más que olvidar nunca sucedió- explico también en un susurro acercando su cabeza a la de la pequeña.

-Entonces….cuando la luz del fuego ilumina la habitación ¿puedo hacer lo que quiera?, ¿ser quien yo quiera?- preguntó la pequeña curiosa.

-Si Rose, es un tiempo solo tuyo, puedes dejar volar tu imaginación- le contesto emocionada Hermione.

-¿y qué sucede cuando las lámparas se encienden de nuevo?-

-El tiempo se restablece Rose, todo lo que fuiste, dijiste o hiciste jamás sucedió- Hermione sentía la emoción correr por toda su piel, podía ver en los ojos de su hija, que por fin la había atrapado, hablando en susurros, había captado toda su atención.

-Justo ahora estamos dentro de la luz del fuego Señorita Granger- observó la niña

-Así es pequeña-

-¿puedo hacer lo que quiera?-

-Si-

-¿puedo retirarme?-

-Si Rose, puedes hacerlo- le concedió la castaña.

Observó como la niña dejaba cuidadosamente las tarjetas en el escritorio, abría la puerta del salón y salía casi sin hacer ruido.

Dejándola a ella sentada, también hipnotizada por la luz del fuego y sin ser conciente de que minutos antes, una tercera persona había escuchado la conversación y aún más sigiloso que su propia hija, se había retirado, con la respuesta a sus dudas.

-o-o-o-o-o-

La luz del fuego, esa era la solución.

Harry se sentía eufórico, la luz del fuego, que tanto significaba para Hermione y para él, la que tantos recuerdos le traía, era la respuesta a sus problemas.

Por fin había tomado una decisión, ya no importaba lo que pensaran los demás, ahora solo importaban los sentimientos, el deseo y la pasión.

La decisión estaba hecha.

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Notas de Autora.

Chicas, antes que nada una disculpa por mi larga ausencia, Dios! ni yo me la creia! Casi 4 meses! No es excusa i nada por el estilo, pero a pesar de que la inspiración ahí estaba, no tenía tiempo, era mi ultimo semestre en la universidad (si señoras ahora ya soy toda una egresada en Lic. Análisis Químico Biológicos) y demos gracias a mi Tesina por no permitirme escribir más que a ella misma, la impresion, las graficas, las muestras, el análisis de datos, los exámenes, todo niñas, todo! se me junto y a eso sumenle la presentación de la misma (q gracias a Dios me fue muy bien), los finales, el examen de egreso y todo, más las navidades, las posadas, el fin de año y claro mi fiesta de graduación! jejejeje

Pero ya toy aquí y espero no tardar tanto en la próxima actualización! y como recompensa el cap más largo q hasta el momento he echo! 10 hojas de word (see algunas magnificas escritoras hacen 30, pero para mi 10 es un record).

Muchisimas gracias por sus felicitaciones en mi cumple! Sólod iré que fue interesante ese festejo, jamás lo olvidaré, ni mucho menos sus ánimos chicas!'

Ahora contesto los reviews de las chicas sin cuenta o sin PM!

Kotamae.- Hola! Yo tmb espero actualizar más seguido, jejejeje muchas gracias por tu review!

Safi.- Y todavía muchísimo más tiempo para esta actualización verdad?, mis disculpas, pero espero que mi historia siga gustándote, yo también espero no tardar tanto entre cada actualización y muchas gracias por tus felicitaciones.

Lilis.- Muchas gracias por tu review! Espero ya no tardar tanto y q la historia te siga gustando.

Bellatrix Black Rosier.- Hola, tienes los PM deshabilitados así que te contesto por aquí, muchas gracias por tu review y espero siga gustándote la historia.

Belmi.- Belmi! No, no he olvidado mi historia y nunca la olvidaré! En cuanto a Draco, te lo debo para los próximos capítulos, es u personaje al que aun no le tomo la medida y me cuesta escribirlo, no quiero que me salga muy OoC así q seguiré peleándome con él, espero que este cap te guste y me digas que opinas de Harry.

ManeHermy.- Hola! Creo q la primera seguidora tanto aquí como en LPDF, espero ya no tardar tanto y publicar tanto aquí como allá, muchísimas gracias por tu review y espero tus comentarios sobre ese nuevo cap.

Ahora si y ya para irme (antes de q FF se decida a cancelarme la cuenta) que opinan del cap? merece reviews? tomatazos? Por fin supimos lo que piensa Harry! que opinan de eso? que creen que suceda en el próximo?