Mientras en la habitación de Terry, sin poder conciliar el sueño.
Tengo que averiguar quién es Candy pero ¿cómo? - se preguntaba mientras salía de su habitación – pensaba mientras caminaba hacia el bosque.
En el pasillo de aquel dormitorio se encontró con los hermanos Cornwell.
¡Hola Cornwell! – dijo Terry caballerosamente.
Grandchester ¿se te perdió algo? – preguntaba un Archie serio.
No, sólo que escuché en el dormitorio de las chicas que llegará una Andley. Es acaso que ella pertenece a tu familia – provocaba Terry a Archie.
En efecto, pertenece a mi familia, Grandchester. ¿Hay algo con eso? – le contestó desafiando a Terry.
Pues de hecho, me entró curiosidad. Ustedes son dos y no sabía que tuvieran una hermana – averiguando Terry acerca de Candy.
Candy no es nuestra hermana, es nuestra prima – afirmó Stear.
¡Stear! – Archie lo reprendió.
Así que es tu prima, a qué bien. ¿Cómo es? – preguntó Terry.
Pues muy linda, pero bueno no la conocerás porque no se lleva con la realeza – dijo Archie mofándose.
Sólo podemos decirte que es una chica fuera de lo común – agregó Stear.
Adiós Grandchester – se despidió Archie.
No estoy alucinando, no puedo estar enamorado de un fantasma, ella es mi Candy – pensó impresionado Terry.
Mientras un feliz Terry se dirige al centro de Londres, Candy se encontraba cenando con William y George cuando de repente llegó la señora Elroy.
¿George tienes esposa? – preguntó Candy.
¡Candy! – Albert la reprendió.
No señorita Candy, aún no me he casado – dijo George un tanto inquieto, pero con la mirada le suplicaba a William que lo salvara.
Candy, no es propio de una señorita preguntar esos asuntos – la señora Elroy la reprendió.
Albert ¿quién es esa señora? – preguntó la rubia arrugando la nariz y señalándola con el índice.
¿Cómo dices? Eso es una completa falta de respeto William – respingó enojada la señora Elroy.
Tía será mejor que te sientes a cenar y después te dedico todo el tiempo que quieras – la invitó a sentarse amablemente. Es tu tía Abuela Elroy, Candy - le dijo en un tono muy serio.
A poco también tengo una tía abuela Albert, pensé que eras el mandamás de la familia - Candy levantó el rostro con orgullo.
Jajajaja ¡Candy!, te estás portando muy mal – advirtió William.
Lo siento – dijo apenada Candy.
Pero William, ¡¿cómo vas a permitir esto?, me retiro – dijo la señora Elroy furiosa.
Toma asiento tía abuela, ya después lo discutimos – pidió William encarecidamente a la señora Elroy.
Pero es un atrevimiento – no le quedo más remedio que acceder ante la amenazante mirada de su sobrino.
Entonces George, en ¿qué íbamos? ¿No tienes novia? – volviendo a incomodar a George con sus preguntas.
No señorita Candy, por el momento no puedo ocuparme de otra cosa que no sean los negocios de la familia – afirmó George.
Albert ¿cómo es posible que el pobre de George trabaje tanto y no le des tiempo de pretender a alguien, ¿ya es un hombre mayor no lo crees? – sugirió Candy.
Ya encontraste a tu defensora George – le bromeó William a George.
Albert ¿en el colegio estará Annie? – le soltó la pregunta más inesperada a Albert.
Candy ¿qué has dicho? ¡Es fabuloso, recordaste a Annie!
Y cómo no la voy a recordar…es linda y delicada – mencionó cariñosamente Candy.
Candy…princesa, estoy muy feliz y antes de que dijera más le dio un abrazo ya que la Señora Elroy no sabía de dónde provenía Annie realmente. Princesa es hora de que vayas a descansar, ha sido un día muy largo – William la encaminó hacia la escalera viéndola subir.
Si Albert, me retiro, hasta luego.
Me podrías decir ¿de qué se trata esta broma? - dijo Elroy muy exaltada.
Tía venga, vamos a la biblioteca.
William le tomó la mano y al entrar a la biblioteca cerró sus puertas con una gran sonrisa.
Siéntese usted Tía- le pidió William.
Estoy esperando. Ninguno de mis telegramas fueron respondidos, ¿por qué William? – le cuestionó muy disgustada.
Bueno en realidad, no es ningún engaño, es mejor que lea esto, son los reportes médicos del Doctor Robson – le entregó unos informes que el médico le había facilitado, él pensó que era la forma más sencilla de explicarle lo de Candy.
Reportes médicos, ¿cuáles reportes médicos? ¿Qué paso? No es posible…¡amnesia!. William ¿por qué no me habías dicho? Candy tiene amnesia, ¿cuándo? ¿cómo? ¿qué sucedió? – estas y otras preguntas fueron formuladas por la señora Elroy.
En realidad no quería que viniera – le informó William.
¡William! Pero ¿cómo dices? ¿Por qué? – volvió a cuestionar los actos de su sobrino.
Complicas las cosas tía, ahora tengo que pensar ¿cómo te va a recordar? – él le soltó sin más cuidado.
No me recuerda, ¡oh ya veo! - dijo la señora Elroy cuando le vio hacer una mueca de que no tenía ni la mas mínima idea de quién era ella.
¿A quiénes recuerda? - preguntó la matriarca.
A muy pocos en realidad, Clint, George, Dorothy, a mí y recientemente a Annie…- dijo él con pesar.
¿A nadie más? – preguntó nuevamente la señora Elroy.
No tía, no recuerda el naufragio ni toda su vida pasada – le informó William.
¿A Anthony?…- recalcó el nombre de su amado sobrino.
Si a él sí, sólo sabe que murió y en este justo momento desearía que se acordara de más, pero no hay respuesta, el Doctor Robson quiere que no se le exija y no lo haré tía. Además la idea del colegio le emociona demasiado.
El colegio, ¿la vas a mandar al colegio en ese estado?- pregunto desconcertada la señora Elroy.
Sí, le servirá para acordarse de más cosas en menos tiempo…creo – meditó en voz alta.
No estoy de acuerdo, qué dirán de la familia William – pregunto ella con preocupación.
He tomado una decisión y espero que me ayude con esto, para mi es bastante difícil dejarla ir así como se encuentra ¿o prefiere que dé a conocer mi identidad con tal de que la cuide mejor? - le dijo con severidad y alzando un poco la voz.
No, no eso sería un desastre, aún eres joven William – dijo un tanto preocupada.
Entonces hagamos lo que te he dicho tía y ayúdame en esto – pidió William.
Pero…- la señora Elroy aún tenía dudas.
Bueno tía o prefieres que te cuente otras cosas, no quiero que se deprima más de lo que ya lo ha hecho – comentó William un poco triste.
¿Se ha deprimido? – preguntó conmocionada.
Estuvo varias semanas inconsciente y por poco la perdemos, no debo decirte lo del accidente de Candy, aún, necesito que le haga una visita a los Leagan, trate de que no se metan con ella y mañana por la mañana le presentaré a la Señorita Mary Jean – le comentó William un tanto tranquilo.
Está bien William, ¿quién es ella? – accedió ella finalmente.
La enfermera que le trajo el Doctor Robson, no te preocupes tía. De hecho ya hasta le puso un sobrenombre a Candy – dijo sonriéndole a su tía.
¡Otro! – sorprendida por ello.
Si, niña traviesa y mete en cada aprieto a George que para que te cuento – decía William al recordar sus travesuras.
Recuerdas que ya los oí, aunque no debes dejar que te tuteé – reprendió ligeramente a William.
Que lo haga si así se siente cómoda tía, a mí no me incomoda – le contestó el rubio.
Ay William, la vas a mal acostumbrar – comentó la señora Elroy sonriendo un poco.
Lo mismo dice George, pero no te imaginas cuán preocupado he estado por ella. No he podido dormir bien, cada susto que nos ha dado – él le contó con gran alivio.
¿Y ahora qué haré, mañana mismo me voy a Londres? – se preguntaba.
Tía no exagere, pero ¿puede usted considerar no interferir en su educación por el momento, por favor? – suplicó William.
Trataré, pero no prometo nada William – advirtió la señora Elroy.
¡William pronto, es Candy! – gritó George.
¿Qué pasa George? – corrió detrás de él.
Sube, Dorothy no puede abrir la puerta de su habitación – le informó el castaño, apurándolo.
¡Cielo Santo! Tía con su permiso. Dorothy ¿qué paso?
No lo sé, la dejé durmiendo y al regresar a dejarle una jarra de agua, ya no pude abrir la puerta - dijo Dorothy con el rostro acongojado.
A ver George, ven ayúdame, una, dos y tres…- ambos empujaron fuertemente.
