Mientras en el colegio.
¿Qué le ha pasado a Candy Madre Superiora? – preguntó un preocupado Archie.
En este momento no les puedo atender – decía en tono preocupado la Hermana Grey.
¿Cómo que no puede atenderme en este momento? ¿No cree que siendo miembro de los Andley debería ser importante? – dijo molesto Archie.
Cuando Candy se mejore podrán verla, antes no – ordenó la hermana Grey.
¡Pero hermana Grey! – gritó Archie sorprendido.
Archie Cornwell no le permito esa actitud, le pido que se retire.
Cuando la hermana Grey hizo lo propio, Archie lo hacía también, pero enojado, debido a que no se le permitía ver a Candy, era por demás frustrante.
¡Archie! ¡Archie! – le gritaba Elisa.
¡Uy hermanito! Recién te has vuelto famoso – le bromeó Stear.
Elisa…es mi cruz, ¿qué se te ofrece Elisa? - preguntó Archie pidiendo que se esfumara.
Ustedes saben algo que nosotros no, ¿qué sucede con esa huérfana? – le preguntó molesta Elisa.
Y cuando Archie iba a contestar lo salvó la campana, Neil llamaba a Elisa.
Elisa, Elisa – le llamó Neil.
¿Qué pasa Neil?
La Tía Elroy, dos extraños y George están en el colegio, ¿cómo saben lo que sucedió tan pronto? – le informó Neil.
Ven Neil, vamos a ver qué averiguamos – corrieron a ver por qué la Tía Elroy había venido.
Sí, vamos Elisa. ¡Tía Elroy! – la llamó en voz alta.
Buenas tardes, Elisa y Neil – saludó la tía cortésmente.
Buenas tardes tía, ¿a qué ha venido? - preguntaron aquellos haciendo una presentación protocolaria.
He venido a ver a mi sobrina por supuesto Elisa, pensé que sabías que ha estado enferma – recalcando la oración.
Pues sí, pero ¿quiénes son ellos? – preguntaron señalando a los dos señores que se encontraban con la señora Elroy.
Son doctores, por supuesto – recalcó tajantemente la señora Elroy.
Con una enfermera no le basta, tiene que llamar a todo un gentío – replicó Elisa.
Ese gentío señorita, es necesario - respondió George.
A lo lejos se veía a la hermana Margaret caminando rápidamente hacia ellos.
Señora Elroy, la Señorita Mary Jean busca al Doctor Robson, ¿está él con usted? – preguntó la Hermana Margaret.
Sí, soy yo - contestó el doctor Robson.
Le sigo doctor - contestó William.
¿Ha pasado algo enfermera? – le preguntó el doctor Robson a Mary Jean.
Si doctor, le ha subido demasiado la temperatura - le informaron.
Compresas frías, aplíquele esta jeringa y esperemos – le ordenó el doctor Robson a Mary Jean.
Usted colóquese ahí. En un momento podrá pasar – señalándole a Albert un sillón ubicado detrás de la puerta y junto a la ventana.
Cuando le hubo aplicado la inyección, Candy seguía respirando agitadamente, de pronto dio un grito y se aisló en una esquina de su cama.
¡Nooooo, no, noooo auxilio! ¡Clint no me dejes!
William se quedó sorprendido, pero la mano del doctor le impedía el paso.
Aún no señor Andley – le pedía el galeno.
Mi cabeza, me duele mucho, ayúdenme – pedía Candy.
¡Candy! – dijo William.
No señor Andley aún no…por favor – le pedía encarecidamente el doctor Robson.
Pero ¿qué tiene que ocurrir? – preguntó él alterado.
Aún no – le insistió con la mirada el doctor Robson.
¡Señorita Pony ayúdeme! – era el grito que Candy repentinamente hacía.
La mirada de Candy se contrajo, su mente luchaba contra los espantosos recuerdos del ahogamiento, esas oscuras y heladas aguas del Atlántico que la alteraban en demasía, las burbujas que cada vez se hacían más pequeñas, se veían formándose en torno a ella, constantes desdichas desde su nacimiento, el no tener padres y todo el odio que había recibido por sus "familiares". Su mente se encontraba agonizando, confundida una vez más hasta que oyó una voz familiar… a lo lejos, era acaso la de… Anthony.
Candy…no llores, estoy aquí, soy Albert – le decía con un nudo en la garganta.
¿Anthony? Te pareces tanto a Anthony, pero más grande, ¿por qué Anthony se murió Albert? Explícame Albert ¿por qué el Mauritania se hundió? Dios no me quiere, siempre me hace sufrir ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Qué le hice yo? ¿Acaso me odia? – decía Candy llorando con infinita tristeza.
Trate de explicarle señor Andley – le pedía tranquilamente el doctor Robson.
No princesa, no te odia, pero qué sería de nosotros sin tu presencia. Acaso no te has preguntado por qué te adopté, porque eras mi sol, no entiendes todo lo que nos has dado. ¿Cuándo perdiste tú fe, mi pequeña? - Albert le dijo a Candy cariñosamente, dándole un fuerte abrazo.
Albert…- fue lo último que dijo Candy antes de desmayarse.
Rápido señor Andley, recuéstela – le ordenaron.
Me quedaré el tiempo que sea necesario princesa. Hermana Margaret, pida a la señora Elroy que venga enseguida –Albert.
Si señor Andley – hizo una reverencia y salió.
¿Cómo estará? No te parece George que se han tardado demasiado - preguntó la señora Elroy.
Mire ahí viene una hermana, señora Elroy - le dijo George.
Señora Elroy, el Sr. Andley quiere hablarle - le indicó la hermana Margaret.
Gracias hermana, la sigo – le dijo la señora Elroy.
Adelante – indicó William cuando oía unos sonidos provenientes de la puerta.
¿Qué ha pasado William? Hermana puede retirarse – le pidió la señora Elroy.
Candy, ha tenido una recaída y no lo puedo creer, ha dicho… no puede ser y no lo aceptaré – dijo el rubio totalmente encolerizado.
¿Qué ha dicho? William habla, me desesperas – pidió la señora Elroy.
Dios, es tonto. Se está dando por vencida tía, dice que Dios no la quiere. Pero no la dejaré, tiene que ser fuerte como lo fue con Annie y Anthony – gritó él.
¿Qué? Eso es una tontería. Pero ¿qué está pasando? Doctor dígame lo que está pasando – pidió la señora Elroy.
No lo sabemos pero a la par que recobra sus recuerdos también recuerda la injusticia de los actos señora Elroy – le contestó el doctor.
Mientras en el jardín que comunica a ambos dormitorios.
Señor Johnson ¿qué hace usted por aquí? – saludó Terry.
Joven Terruce, ¿cómo ha estado?
Bien gracias, ¿sucede algo? – preguntó Terry un poco intrigado por saber de Candy.
A lo lejos George vio a los jóvenes Cornwell, pero estos no habían visto a Terrence.
George ¿has visto a los Leagan? – preguntó Archie.
No jóvenes Cornwell – respondió George.
¿Cómo está Candy? – pregunta Stear.
Aún no tengo noticias, la señora Elroy recién ha entrado. Esperemos un poco jóvenes – George pidió calma.
¿Qué buscas aquí Grandchester? – preguntó Archie con ironía.
Nada que a ti te interese Cornwell, bueno señor Johnson me despido – Terrence se dio la vuelta sin despedirse de los chicos Cornwell.
Si joven Terrence que esté usted bien – respondió George.
¿Desde cuándo conoces a Terrence Grandchester, George? – preguntó Archie.
Recién, nos topamos un día que vine a verlos – respondió perspicazmente.
Tan perspicaz era Archie que parecía no creerle cuando argumentó esa acción, era para él difícil saber que conocía al joven Terruce, pero era más difícil para George que supiera que él conoció a Candy en el barco. Debía ser más cuidadoso con los encuentros con el joven Grandchester por el joven William, debido a que nadie lo conocía aún.
En la habitación de Candy, William se encontraba observándola, mientras a lo lejos oía ciertos murmullos, la Tía Elroy se había concentrado en orar un poco, el doctor Robson no podía creerlo, el medicamento no había funcionando como él esperaba; por lo que sólo les tocó esperar.
Tiene mucha fiebre señor Andley, quizás no fue la mejor idea ponerle el medicamento – informó el doctor Robson.
Tendremos que esperar entonces, pero nadie sabe que estoy aquí y llamaremos mucho la atención no cree – le preguntó William.
¿Algo tenemos qué hacer? No puedes conocer a tus sobrinos en ese estado y mucho menos a nadie del clan – confirmó la señora Elroy.
Pero no me separaré de ella - confirmó William.
No nos servirá en esas condiciones, debe descansar o si no se enfermará usted también – aclaraba el doctor Robson.
Pero… - objetaba William
No hay pretextos William – ordenó la Tía Elroy.
No se preocupe Mary Jean se quedará con ella – le confirmó el doctor Robson
Está bien, pero luego volveré con o sin usted - aclaró William.
