¡Hola pequeñas! A petición del público presente los capitulos a partir de este ya van a ser un poco más largos, espero que lo disfruten y como las sorpresas nunca acaban, las dejo leer y gracias a todas las chicas que han tenido a bien mandarme sus reviews. ¡Feliz lectura!
En los pasillos se comentaba aquel raro suceso, Elisa seguía intrigada por el evento de esa noche y aún no podía sacar ninguna conclusión.
Elisa y ¿qué has averiguado de aquel hombre? – le preguntaba Luisa.
Nada desde que esa vez me reprendieron, pero algo se me ocurrirá este fin de semana; la Tía Abuela estará con nosotros en Londres aunque a mí me gustaría estar en Escocia – dijo ella como si estuviese soñando.
Yo me quedaré en Inglaterra Elisa, así que ¿por qué no vienes a mi casa y te quedas conmigo?
Lo pensaré, pero quiero averiguar qué pasa aquí y la tía abuela tendrá que decírmelo – respondía Elisa pensativa.
Está bien, de cualquier modo puedes venir a casa si gustas – Luisa reafirmó la invitación.
Mientras en la habitación de Candy.
¿Cuándo me levantaré Albert? No me gusta estar acostada todo el tiempo – preguntaba Candy cansada de estar sentada o acostada en la cama.
Cuando sea necesario, pero te tengo una sorpresa con dos posibilidades – Albert le dio la noticia de una posible liberación, al fin.
Dos posibilidades ¿de qué hablas? – le preguntó ella.
Si mira, una es que nos la pasemos en los jardines del colegio por unos meses y realicemos diversas actividades en Londres y otra que nos vayamos a Escocia por un mes, ¿qué prefieres? – le dio a escoger Albert.
Candy sin pensarlo dos veces eligió Escocia como destino.
Escocia, así veré a Puppet – eligió ella.
Está bien señorita nos iremos a Escocia, pero tendremos que levantarnos temprano para ser los primeros y que no me vean salir del colegio – le dijo picándole la nariz.
Está bien debemos protegerte supongo – dijo muy contenta.
Pero no a mí, al secreto…- rectificó él.
Ah sí el secreto ¡sshh! – hizo una seña con el índice delante de su boca.
Llego el fin de semana tan esperado, eran las siete de la mañana del día jueves cuando William, Mary Jean y Candy salieron del colegio, Albert recibía indicaciones del doctor Robson y a Candy la había cargado George, salieron en absoluto silencio o al menos eso creían ellos. Terry deambulaba por los pasillos del colegio, había ido a una de sus noches de parranda; cuando él iba a entrar a los dormitorios de los chicos vio una pequeña comitiva salir por el lado donde se encontraba el dormitorio de las chicas, sin que lo vieran se deslizó por los pasillo justo detrás de ellos; salieron rápidamente y se subieron a un carruaje con el escudo de los Andley el cual los esperaba desde hacía unos minutos a la entrada de este.
El viaje a Escocia fue largo, llegaron a media tarde a la Mansión Andley, era viernes y sin darse cuenta por supuesto, Terry había tomado un carruaje de alquiler en cuanto los vio alejarse del colegio, hacía dos días que venía detrás de ellos, él se alegró de poder estar cerca de ella, se dirigió directamente a la Villa Grandchester cuando vio el carruaje de los Andley detenerse frente a la Mansión, esperaba que George saliera cargando a Candy, pero no fue así, un hombre rubio la cargó y ella lo abrazó inmediatamente después de que George la había colocado en sus brazos. Ante esta escena, Terry solo desvió la mirada, se dio la vuelta y se fue de ahí, ya tendría su oportunidad para aclarar algunas cosas o al menos eso pensaba él.
A la mañana siguiente, Albert ayudaba a Candy a bajar las escaleras y dirigirse al jardín, ahí se encontraba Puppet, cuando la vio se echó a correr precipitadamente hasta ella. Candy sólo la alzó entre sus brazos cuando Albert la ayudaba a sentarse sobre el césped, Puppet la lamió repetidas veces comenzando a reír sin parar.
Puppet, no hagas eso – decía entre risas Candy.
Pequeña recuerda que no puedes levantarte hasta que venga por ti, de acuerdo – le advertía Albert.
Claro Albert te esperaré, me quedaré por aquí con Puppet, ¿verdad Puppet? – le decía a la mascota de Albert.
Candy se quedó largo rato hablando y jugando con Puppet mientras Dorothy se encargaba de la cena, Albert se había quedado con George que atendía unos pendientes, de pronto comenzaba a llover, era apenas un chaparrón, Albert se dio cuenta de ello y fue por Candy, pero oh sorpresa, ella se había quedado dormida. Albert la cargó hasta su cuarto y la arropó, le dio un beso en la frente y bajo a cenar, la cena pasó inadvertida y cuando hubieron acabado se retiraron a descansar.
Eran las cuatro de la mañana cuando Candy despertó de repente al sentir que se le formaba un hueco en el estómago, no había probado bocado desde el almuerzo y se moría de hambre. Por otro lado Terry no podía dormir, daba de vueltas en la cama sólo pensando en quién sería el hombre que había cargado a Candy desde el carruaje. Candy no pudo más, el estómago le comenzaba a hacer ruido y tuvo que levantarse a comer algo. Terry no podía estar más en su cama y se levantó sigilosamente, salió al jardín, regreso a su cama, se vistió con traje de montar y después sacó a Theodora a dar un paseo, la noche era espectacular, después del gran chaparrón el clima era muy fresco, llegó al lago y desde ahí volteo a ver la vasta extensión de los Andley, se mostraba bastante inquieto.
Candy salió al jardín mientras olía unas Dulce Candy en pleno botón, era maravilloso el aroma y no tener ningún recuerdo de Anthony, se retiró de ahí y fue a la cocina; estaba viendo que había hecho Dorothy cuando…
Candy pero qué haces levantada - reprendió Albert a Candy.
¡Ay! – gritó ella muy asustada. Albert no me espantes – le pidió fervientemente.
¿Ya te diste cuenta de la hora que es? Son las cuatro de la mañana Candy -decía Albert de manera muy enérgica.
Pero tengo hambre, sólo bajé a comer, además no estoy lisiada -respondió molesta por la actitud de éste.
Candy sé que no estás enferma, pero debes cuidarte, ven preparemos algo de comer, lo de la cena te va a caer muy pesado - le decía él mientras se tranquilizaba un poco.
Ya no tengo hambre, buenas noches – se disculpó ella y comenzaba a retirarse.
Albert comprendió que había exagerado y la tomó por el brazo.
Candy perdóname… creo que me estoy volviendo muy sobreprotector – pedia disculpas a Candy.
Ya lo veo, pero no tienes que estar al pendiente de mí, de cualquier modo mi memoria no regresará pronto – le hizo ver que no tenía por qué exagerar.
Entonces qué puedo hacer por ti pequeña, un emparedado y leche estaría bien – le sugirió él.
Sí, ¿te ayudo? – se ofreció ella.
No gracias, es fácil – obligándola a sentarse.
De acuerdo, pero mejor que sean dos – sugirió sonriéndole.
Mientras ellos preparaban la cena, Terry se encontraba deambulando cerca del lago y por alguna razón decidió pasar por fuera de la mansión Andley, sólo para admirar el paisaje según él. Albert y Candy se habían sentado en el pórtico de la mansión sin percatarse de que ambos se encontraban en ropa de dormir, ella se sentó junto a él y él le prestó su bata de dormir para que se tapara del fresco de la noche pues Candy se encontraba en bata solamente.
Terry llegaba a unos cuantos metros de la verja gris, el jardín desprendía un aroma sin igual y a lo lejos una pareja disfrutaba de un picnic a la luz de la luna, ella con bata de dormir y pantuflas y él en pijama solamente, disfrutando de la noche y de su mutua compañía o al menos eso era lo que él veía.
Candy ¿en qué piensas? – le preguntó Albert al verla muy lejos de ahí.
He tenido muchas preguntas desde el naufragio, todavía hay muchas cosas que aún no recuerdo. Y tu Albert, ¿te preocupa algo? – dijo sin más ni más.
Sí, por el momento me preocupas tú. Nunca sé cuándo te vas a enfermar y digo esto porque no sé qué pase por tu cabeza cuando recuerdas a alguien, me daba miedo que no me recordaras a mí, el único nombre que pronunciabas era Terry.
Terry…si, lo conocí en el barco, por cierto se burló de mis pecas – le comentó haciendo un mohín.
¿De verdad? Pero si son lindas – le dio un beso en la mejilla.
Eres mi padre, siempre lo serán para ti. Lo que no sé, es si lo volveré a ver, creo que murió en el Mauritania.
Sí quizás –y tratando de cambiar el tema Albert preguntó -¿qué tal estuvo tu emparedado?, el mío quedó buenísimo – no quiso parecer inoportuno contándole que Grandchester no había muerto.
Muy rico Albert como todo lo que tu cocinas. Hace frío no te parece – le señaló ella.
Claro regresemos a dormir, porque si no no querrás levantarte – le ayudó a levantarse para recoger todo lo que se habían traído de la cocina.
A lo lejos Terry vio cómo ella se levantó con una bata que no era la suya, pero que seguramente era de su acompañante, tomó los barrotes con tanta fuerza que los nudillos se le ponían blancos de tanto apretarlos, vio también que se metían y cerraban las puertas que daban hacia el jardín Candy y Albert se tomaron de la mano, en ese momento Terry los perdió de vista; después se encaminaron a las escaleras y al final de estas cada quien se dirigió a su habitación, Candy entró y cuando se iba a acostar oyó uno rasguños en la puerta del balcón. Para su sorpresa era Puppet que se había quedado afuera, entonces abrió, se asomó y la mofeta saltó hacia sus brazos… a Terry le latió el corazón cuando supo cuál era su habitación, regresó a todo galope sobre Teodora y subió a su propia habitación donde procuraría descansar para que a la mañana siguiente deambulara nuevamente en las propiedades de sus vecinos, los Andley.
Al otro día, muy temprano Candy se levantó y como se sentía mucho mejor decidió arreglarse y salir a caminar con Puppet sin antes dejar una nota sobre su cama ya arreglada. Salió de su cuarto y bajó al recibidor, de ahí a la cocina donde preparó una canasta con algunos alimentos y tomando su sombrero se enfiló hacia el camino que llevaba al lago.
Iba cantando y jugando con Puppet que se encontraba a unos cuantos pasos más adelante que ella, eran las diez de la mañana cuando diviso el enorme lago de otra propiedad, claro estaba que solamente podría disfrutar de él viéndolo porque no tenía las suficientes fuerzas para meterse a nadar y además sin permiso. Por lo que se puso de pie admirando la cristalinidad del mismo y encontró la sombra de un par de arboles, comenzó a caminar, deposito la canasta sobre el pasto, sacó un mantel y lo extendió, Puppet corrió hasta la orilla para darse un chapuzón y después salía para que Candy lo viera.
Clint… cómo me recuerdas lo recuerdas, Puppet –decía Candy en tono melancólico recordando a su viejo amigo.
En la mansión Albert se preparaba para ir a almorzar con Candy, sin darse cuenta de que se le habían pegado las sábanas, se dirigió a su habitación y al abrirla se dio cuenta que ella no estaba, corrió a la cama encontrando una nota…
Albert:
Desperté temprano y me dieron ganas de caminar, andaré por ahí con Puppet, me llevaré comida, los veo después.
Candy.
Cómo era posible que nadie se diera cuenta, salió de la habitación de Candy y comenzó a llamar a todos.
George, Dorothy, Mary, ¿donde están? – gritaba Albert inquieto.
Si joven William – contestó George.
¿Saben dónde está Candy? – le preguntó él.
Joven William, buenos días – contestó Dorothy.
Dorothy – le instó.
No joven William, aún no se ha levantado – respondió Dorothy.
Candy no está en su habitación y me ha dejado esta nota, George pide que ensillen mi caballo y Dorothy prepara algo de comer mientras me cambio – ordenaba Albert.
Sí joven William, enseguida – respondió una apenada Dorothy.
Después de unos minutos, Albert salía en su caballo, era necesario encontrarla, más que necesario.
George no le parece que el joven William se preocupa demasiado por ella- preguntó Dorothy.
Debe serlo, no sabes lo mal que me siento por no haberla salvado, era mi responsabilidad, supongo que William está pasando por lo mismo cada vez que la pierde de vista considerando que ella no puede defenderse, su vida no está completa, entiendes Dorothy – le explicaba George.
Claro que si George – entendiendo parte de ello.
Candy se encontraba sumergiendo sus pies en las orillas del lago sin percatarse que alguien venía del otro lado de la colina, Terry se encontraba taciturno, sus pensamientos y sus celos no le dejaban ver con claridad lo que pasaba en realidad, cuando alzó la vista al llegar a la parte más alta de la colina, divisó en la orilla del lago a una chica y una mofeta jugando con el agua, a esta alturas del año debería estar muy fresca. Cuando se acercó al lago se dio cuenta que la chica ya tenía el agua hasta las rodillas, puesto que la mofeta se había atorado en una rama al estar sumergiéndose.
Puppet que traviesa eres, mira que ya te atoraste – le dijo mientras se acercaba a rescatarla.
Se volteó, caminó unos pasos y se le dobló el pie, ella atinó a detenerse con la otra mano, pero tuvo que soltar a Puppet porque si no podría caerse; como pudo se levantó pero no podía recargarse sobre el pie lastimado, así que se tuvo que agachar para irse caminando con ayuda de las rodillas. Cuando Terry vio esto se apresuró para ayudarla y quedó justo frente de ella cuando le ofreció ayuda.
Señorita, puedo ayudarla – le preguntó Terry ofreciéndose a ayudarla.
Muchas gracias, me he torcido el pie y no puedo sostener mi peso, ¿puede darme una mano? – le pidió ella.
Terry se agachó para ayudarla y al poner la mano de ella sobre la de él, se miraron sorprendidos.
¡Candy! – dijo él.
Terry! Estas…vivo! – dijo ella desmayándose.
