hola chicas saludos a todas, que tengan feliz lectura

Terry no sabía qué hacer, pero como buen caballero inglés se llevó a Candy en brazos hacia la casa Grandchester, ahí la depositó en su habitación y le pidió a Mark que fuera a la mansión Andley para avisarles de lo acontecido, además también le pidió que recogiera lo que se había quedado en el lago. Puppet le lamía la cara y ella aún no reaccionaba.

-Brigitte, ¿puede cambiar a la señorita que está en mi habitación con ropa seca?, póngale una de mis pijamas y traiga lo que sea necesario para curarle el pie, se lo ha lastimado.

Si joven Terruce.

Terry esperaba a que Mark regresara con alguna respuesta, ya que había ido a la mansión Andley, en el camino se encontró a Albert que había reunido a sus empleados para buscar a Candy.

Entonces iré al lago mientras ustedes buscan aquí y John tu aquí – indicaba Albert en un mapa.

Perdonen, ¿la mansión Andley está cerca? – preguntó un desorientado Mark.

Sí, esa es la mansión Andley ¿por qué la pregunta muchacho? – interrogó Albert.

Vengo a dejar un mensaje del joven Terrence Grandchester. Una señorita de nombre Candy sufrió un desmayo en el lago y pide que sus familiares vayan a la mansión Grandchester, señor…

Albert al escuchar el mensaje sintió un gran alivio, por fin sabía dónde se encontraba Candy

Ven conmigo muchacho, John trae a Dorothy y a Mary Jean a la mansión Grandchester, yo me iré adelantando– dijo esto subiendo al caballo y dándole una mano a Mark emprendieron el galope.

Media hora más tarde.

Señor Andley, ¿me pude bajar en la ladera que viene, por favor?

¿Para qué? si la mansión Grandchester todavía está lejos – observó Albert.

Es que la señorita y el joven dejaron algunas cosas y debo llevarlas – le explicó brevemente.

Está bien, pero ten cuidado, luego te veo – advirtió al joven.

Albert emprendió el galope nuevamente, llegó a la verja negra y saltó de su caballo, corrió hasta la entrada, tocó varias veces sin comprender por qué no abrían y después de que Brigitte le diera el acceso y le indicara a dónde tenía que ir subió aparatosamente la escalera y se dirigió a la habitación indicada, tocó suavemente tranquilizándose un poco y cuando le abrieron…

Toc, toc

Buenas tardes joven Grandchester, me han dicho que mi…que Candy está aquí – se corrigió a tiempo.

Si la señorita Andley se ha desmayado a orillas del lago y además se lastimó un pie, por lo demás está bien.

Le agradezco sus atenciones para con Candy, me permite ir con ella, por favor.

No hay nada que agradecer, venga conmigo, ella está en mi habitación.

Albert le siguió aunque reprobó el haberla conducido hasta allí. Cuando hubo entrado lo dejó con un espíritu lastimero…

Candy, pequeña ¿dónde has estado? - dijo el postrándose a un lado de su cama.

Terry observó el amor que le prodigaba el hombre recién llegado a Candy, los celos hacían su aparición y decidió sentarse en el cómodo sillón que a veces ocupaba él cuando el insomnio hacía su presencia.

Estaba jugando en el lago con una mofeta, al parecer se había atorado y al darse la vuelta se atoró, imagino que fue ahí donde se lastimó el pie, corrí a ayudarla y ella se desmayó cuando me vio. La verdad que no sé qué pase con Candy, pero al parecer usted puede responder a estos cuestionamientos…-dijo para que el rubio le contara los espacios en blanco que tenía él por sospechas.

Joven Grandchester usted sí sabe quién es ella, la conoció en el Mauritania…

Mi nombre es Terrence y usted es… - preguntó un tanto desconfiado.

Albert y soy un amigo de Candy – dijo un poco confundido.

De pronto se oyó un toque en la puerta.

Señor Albert puedo entrar, soy Mary Jean vengo con Dorothy.

Adelante- indicó Albert.

Joven Albert podrían dejarnos a solas con Candy por favor, mientras la reviso –pidió Mary Jean.

Por supuesto, joven Grandchester podría acompañarme – Albert le pidió a Terrence que le acompañara.

Ambos jóvenes salieron de la habitación, el más joven condujo a su visita a la biblioteca, le sirvió un trago y mientras Albert observaba el jardín, Terry le decía.

Sí, tiene usted razón Albert, la conocí en el Mauritania y de ahí no he podido dormir, sin saber por qué no puedo vivir sin su recuerdo, jamás pensé que ella perteneciera a una familia tan importante, nunca imaginé que fuera una Andley.

Yo tampoco puedo vivir sin ella – dijo sin preocuparse de la mirada que Terry le demostraba en ese momento. Quiero decir que la estimo demasiado para dejarla ahogada en sus recuerdos y en las tinieblas que están en su mente - le advirtió el rubio.

Pues no pienso dejarla sola ahora que la he encontrado, espero me entienda – le advirtió tajantemente el castaño.

De pronto Albert comenzó a reír, Terry se puso furioso y le proporcionó una mirada de odio, ¿acaso se estaba burlando de él?

No tiene por que tomar esa actitud conmigo joven Grandchester, el amor que Candy y yo nos profesamos es…diferente, sin embargo tengo que admitir que será una lucha desigual ya que llevo más tiempo en su vida que usted – le dijo sonriendo.

Pero cómo se atreve, recuerde que no está en sus dominios y podría salir lastimado – respondió un celoso Terry.

Sí, lo sé, no he perdido las esperanzas de que usted guarde silencio si no podría lamentarlo más adelante – le informó Albert mientras su rostro se giraba hacia la puerta ya que alguien solicitaba autorización para ingresar a la biblioteca.

Sí Mary Jean ¿qué se le ofrece? – preguntó Albert.

La señorita está durmiendo señor, no podemos moverla hasta que se despierte, por lo mientras Dorothy preparará sopa y se la subiremos en cuanto la tengamos lista – le explicó Mary Jean.

Bueno es un placer tenerlos en casa – dijo Terry con una risa sardónica- Con su permiso, me retiro.

Terry conocía los pasadizos de la casa, así que no le costó trabajo entrar a su habitación, se acercó prontamente y se arrodilló al lado de su cama, le tomó la mano y la colocó en su mejilla.

Candy, Candy, por fin te encontré, ¿qué me has hecho? te he extrañado tanto, he vivido con el fantasma de tu sonrisa por varios meses; hasta que los Cornwell me hablaron de ti no podía creerlo, te tenía tan cerca, no puedo soportar este sentimiento, en ocasiones es más grande de lo que quisiera – dijo el dejando escapar una lágrima.

Terry oyó unos pasos, se ocultó en el armario dejando una de las puertas a medio abrir, Albert entraba con una bandeja de sopa y un poco de agua, la dejó sobre una mesita y despertó a Candy.

Candy, mi pequeña, despierta – la movió.

Terry, Terry…¿dónde estás Terry? – se preguntó ella.

No mi niña, no soy Terry, soy Albert – le dijo él.

Albert ¿por qué esta todo tan sombrío? Esta no es mi habitación, Albert ¿dónde estamos?

Cálmate princesa, no estás en la mansión Andley, estas en la del joven Grandchester – le informó a Candy.

¿Qué dices Albert? ¿Es una broma o no? – preguntó Candy.

No mi preciosa Candy, además estás en su cama y con su pijama – le hizo burla Albert.

No es cierto, oh qué rico huele, lavanda y está muy suave, ¿así será él? – preguntó entusiasmada.

Candy! Jajaja cómo me preguntas eso, con una amenaza es más que suficiente no te lo parece, ¿ahora pretendes que te diga cómo es por estar en su cama y con su pijama? – haciéndola sonrojar rápidamente mientras reprimía una carcajada.

¡Albert! ¡No me hagas eso, me sonrojas! – lo acusó ella.

No sé tú pequeña, sólo que… al fin lo has encontrado – dijo él suspirando.

Bueno, a decir verdad nos encontramos en el lago, pero ¿cómo sabes de eso? – le preguntó curiosa.

Recuerdas cierta hoja que está en el cajón de tu buró, la he encontrado por casualidad, además que lo has mencionado un par de veces…- sonó precavido por andar hurgando en sus cosas.

Está bien, pero deja de hacerme sonrojar – le pidió ella.

Jajajaja pequeña, pero si siempre te sonrojas por lo mismo, además acabo de pasar uno de los momentos que no pensé que pasarían tan pronto – le recriminó él.

¡Ah sí! ¿Cuál? – le preguntó ella curiosa.

Primero proteger nuestro secreto y después me ha retado a pelear por tu amor, ¡vaya, que pretendiente que tienes! – se sonrió aliviado.

Albert pero que vergüenza – decía una sonrojada Candy.

Pero ¿por qué princesa? Sí eres muy hermosa cuando te sonrojas – la halagaba como siempre.

Albert, ¿te estás vengando por el almuerzo con la tía abuela verdad?; no puedo creerlo, no deberíamos estar hablando de estas cosas…y menos con mi pa…contigo – corregía ella.

Jajajaja lástima, es tu karma preciosa y ahora que recuerdo ¿cómo va tu pie? ¿Te duele menos? – quiso saber él.

Sí, Mary Jean tiene manos de ángel - dijo ella.

Me lo imagino, ahora regreso –fue por la bandeja y la puso sobre sus piernas. Por lo pronto comerás ésta rica sopa que te preparé, ya sabes con mucho amor, como siempre desde que estás conmigo – le dijo cariñosamente.

Gracias, ¿sabes preparar sopa? Bueno aunque no me extrañaría, cocinas muy rico – lo halagó Candy.

Gracias princesa, pero podríamos platicar del por qué te saliste así; debes tener más cuidado Candy, sabes que no puedes salir así nada más, sin avisarnos, sólo con Puppet - le reprendió un tanto enérgico.

Puppet por cierto, ¿dónde está? ¿le pasó algo? Me recordó tanto a mi Clint – sonrió un poco triste.

No te pongas triste pequeña, Puppet está con Dorothy –y tratando de cambiar el tema y amenizar el momento Albert mencionó -Candy estoy muy ofendido…cuando despertaste me dijiste Terry y pues en realidad soy más guapo.

Eso quisiera él – dijo Terry escondido.

Jajajaja ¡Ay Albert! No seas grosero y ¿cómo es? Enojón o amable – nombraba tantas alternativas como creía.

Pues creo que más que eso, imagínate está completamente celoso porque piensa que soy tu pretendiente y pues no está ni cerca – decía con aparente tranquilidad.

¡Mmm! ¿Ah no? Tienes razón ni cerca, pero sabes que significas mucho para mí Albert, lo sabes ¿no es así? – le preguntó mientras Terry estaba tratando de no oír esa conversación.

Sí lo sé, aunque el joven Grandchester te lleve de mi lado, jajaja – hizo un ademán de desolación.

¡Albert! Déjame en paz – le decía Candy evidentemente mortificada.

Está bien pequeña, sólo me estoy cobrando las que me debes y de paso las de George, te retiro esto y duerme un poco más, al ratito vengo – le dijo dejándola descansar.

Está bien, gracias Albert – le sonrió dulcemente.

Cuando se retiró Albert y cerró la puerta, Terry salió del armario y al oír ruidos en la habitación, Candy se quitó las sábanas y comenzó a ver de dónde provenían esos ruidos, de pronto vio como una persona se encontraba en el piso, ésta se apoyó sobre la baranda de la cama y se asomó para ver quién era, mientras que la otra persona tenía que asomarse para ver si no la había despertado; los ojos de Candy y Terry se encontraron.

¡Terry! ¿Terry qué haces aquí? ¿Estuviste oyendo todo lo que hablaba con Albert? – le preguntó un poco asombrada.

No, acabo de llegar– mintió él.

Y… ¿cómo entraste? – le preguntó no creyéndole nada.

Este…es una antigua mansión sabes, tiene pasadizos – sacando un as bajo la manga.

Ah sí, puede ser; por cierto gracias por ayudarme, fuiste muy amable – agradeció ella.

¿Piensas que no soy ni siquiera agradable Candy? – preguntó haciendo cara de triste.

¿Eh? ¿por qué lo dices? – le preguntó confundida.

Ah pues, es que te desmayaste cuando te ayudé en el lago – soltó sin más.

Terry eres un engreído, pero no fue por eso que me desmayé, pensé que estabas muerto, eso era todo – confirmó Candy.

No sabes cuán feliz me siento de saber que no eras un fantasma, te he extrañado mucho – dijo acariciándole la mejilla.

Un fantasma, creo que eso es mi vida, lo único que recordaba era a ti…creo – dijo tratando de sonreírle.

Candy, mi dulce Candy – abrazándola por unos momentos.

Terry y ¿cómo has coincidido con nosotros en Escocia? – le preguntó.

Los seguí…- dijo él por lo bajo. Siempre vengo aquí en mis vacaciones, recuerda que estudiamos en el mismo colegio Candy – comento asertivo.

Bueno no recuerdo mucho, es extraño que todos me conozcan y que sepan de mi vida y simplemente no me acuerde de nada, ¿no te parece? – sonrió con un levantamiento de hombros.

Si prince…Candy quién es Albert? – le preguntó notándola dubitativa.

Albert es un amigo, mira que bien me queda tu pijama y que rico huele – le respondió oliendo la pijama que traía puesta.

Es mi favorita, así que cuídala, pero no te salvarás de esto. ¿Él es importante? – repreguntó el castaño.

Sí muchísimo, he vivido con él los últimos meses desde el naufragio, ¿por qué? – mirándole inocentemente.

¿Más que yo? – preguntó observándolo.

Sólo…diferente… ¿por qué? – contestó mirándole de soslayo.

Sólo pregunto porque habla con una seguridad sobre ti, como…si le pertenecieras – dijo aparentando serenidad, la cual ni por chistar parecía.

Ah pensé que estabas celoso – sonriéndole demasiado.

No, bueno un poco, de hecho demasiado, él va contigo a todos lados, siempre está demasiado cerca para todo, te toca como yo no puedo hacerlo, cenan a la luz de la luna, duerme cerca de ti, me reclama mi cercanía y no me deja cortejarte, no estoy dispuesto a compartirte ni con él ni con nadie – dijo exasperado.

Terrence Grandchester has estado espiándome y gracias por la lista de "mis" actividades, no recordaba en qué orden las había hecho – contestó reprimiendo un sonora carcajada.

¿Celoso Terry? No podía creerlo y más que lo admitiera, bueno esa no era una gran idea. Además estaba el hecho del cambio, era demasiada información para un solo día, Candy se sentó cerca del pilar de la cama de Terry.

No…es decir si algunas veces los vi, pero lo último me lo dijo él…lo siento Candy, no soporto verte con nadie, no te parece suficiente castigo conocerte y perderte por más de tres meses en la inconsciencia de mi cabeza, un mes más y pensaría que en realidad estoy hablando con un fantasma – dijo socarronamente. ¿Cómo sé que no vas a desaparecer? ¿Qué esto no es un sueño? Créeme que no lo soportaría, te lo juro Candy he cambiado, ya no soy la misma persona, ya no puedo ser el mismo chico, no podría vivir sin ti – dijo el sentándose en un cofre que estaba al pie de su cama, junto a ella.

¡Terry! Ven, acércate – le solicitó ella.

Candy no soportaría la competencia con Albert, por favor no me hagas pasar por esto…-le suplicaba.

A Candy más que causarle gracia la actitud de Terry, le dolía el corazón, no podía hacerlo sufrir.

Terry… lo de Albert es diferente a ti – trataba ella de explicarle.

¿Cómo lo sabes? – pregunto él abatido.

Sólo lo sé – decía ella convencida.

¿Por qué no me lo quieres decir? – repregunto él con empeño.

No puedo, es un secreto, pero sé que hay otra forma de que lo entiendas – aseguró ella.

¿Ah sí?… sonriendo cínicamente.

Ni te lo imaginas – ella lo sorprendió.

Cuando iba a protestar lo agarró por el cuello con las dos manos y lo besó, fue un beso dulce y así ya no dijo más, ella había esperado ese beso, hacía semanas que lo añoraba y fue una de las mejores maneras de demostrarle cuánto valía para ella, además de callarlo al mismo tiempo. De pronto se oyó un toque en la puerta.

Terry debes esconderte –le pidió Candy- Adelante – le dio el acceso a Dorothy cuando Terry se hubo escondido.

Señorita Candy, que bueno que está despierta, nos tenía preocupados – se alegró Dorothy.

¿Qué pasa Dorothy? – preguntó un poco angustiada.

Sólo vengo a ver si no necesita algo.

No nada Dorothy, sólo quiero descansar – le pidió Candy amablemente.

Bueno si necesita algo avíseme con esa campanilla, el joven Grandchester ha ofrecido habitaciones a la servidumbre y al joven Andley – le indicó con el índice la fila de campanillas que se encontraban sobre su buró derecho.

Gracias Dorothy, puedes retirarte – le agradeció infinitamente.

Sí señorita, con su permiso – ella se despidió con una venia y salió de allí.

¡Qué amable soy! Verdad Candy – le dijo Terry sonriéndole.

Oh sí, pero también eres un engreído – le contestó de la misma manera.

Por lo visto ese también es uno de mis encantos, ¿verdad? Bueno pecosa me voy a dormir porque no querrás que tu Albert venga a cuidarte, con Mary Jean tenemos suficiente – decía parándose y caminando hacia la puerta.

De cualquier forma lo hará, cómo se ve que no lo conoces. No te has preguntado ¿por qué tiene ojeras? – le comentó despidiéndolo en la puerta y cojeando repetidamente.

¡Candy explícame eso! – le pidió él.

Hasta mañana Terrence, que duermas bien – lo obligó a salir por la puerta riéndose.

Hasta mañana pecosa, pero tendrás que explicármelo después – le advirtió el.

Candy sabría que él podría entrar de nuevo por el pasadizo, así que lo trancó con una silla, por otro lado se acercó a la puerta cuando oyó la hermosa risa a lo lejos, después se metió a la cama y poco a poco se fue durmiendo.