¡hola chicas! Espero que este capitulo les de respuestas a sus preguntas, mas sin embargo, siempre les dire que lo que escribo es para ustedes,¡ feliz lectura!

Albert salió de la biblioteca con una sonrisa premeditada, pensó que las cosas no darían ese resultado, pero todo cambió a su favor, si Terry había prometido por su honor, tendría toda la libertad frente a él y podría confiarle más a Candy, ya que George tenía pendientes unos negocios en Inglaterra y no podría posponerlos más, tendría que regresar pronto y que mejor que ella tuviera en quién apoyarse. Cuando Candy le había dado la noticia de la relación entre ella y Terry, su alegría no era momentánea al embromarla, le dio gusto que por fin haya aclarado la duda de George y Dorothy, porque él no estaba enamorado de su pequeña, sólo que con la reciente muerte de su más preciado sobrino, si hubiera perdido a Candy, sería comparable a la pérdida de su adorable hermana y todo lo que ella significaba.

Candy y Terry salieron de la biblioteca y se sentaron en el césped del jardín.

¿Qué piensas? – preguntó Candy.

Pues que debió quererte mucho cuando te ofreció pertenecer a su familia – dijo él sinceramente.

Sí, supongo – le soltó ella.

¡Qué idiota fui Candy! Todo por estos estúpidos celos – le dijo insultándose.

Pues sí, pero no tenías que desconfiar de él. Digamos que sólo tienes tu merecido – le dijo sonriéndole.

¡Qué linda eres conmigo! –le dijo en un tono sarcástico.

No, no lo soy contigo, sino con tus celos – le aclaró ella.

Pero cómo no tener celos con esos lindos ojos – le coqueteó descaradamente.

¡Terry! Deja de hacer eso, ¿no es hora de que vayas a tu casa? – le sugirió.

¡Ah, me corres! Me siento desilusionado – dijo él haciendo pucheros.

No amor, pero si no te vas no me resistiré mas y nos pueden ver – le dio un beso a su dedo índice y luego lo puso sobre los labios de él.

Ah pero eso lo arreglaremos, ven – la jaló hacia él.

No Terry, me daría vergüenza que Albert nos viera – dijo ella levantándose rápidamente.

No va a ver nada, ven pecosa, anda di que sí – le suplicaba Terry.

Y cómo resistirse – respondió ella cuando ya la había acorralado, detrás de ella se encontraba uno de los pilares que adornaban el jardín.

Él se posesionó de esa boca tan sugerente, ella accedió a abrirla para profundizar el beso, las manos de él pasaban de los brazos a un frenético abrazo por la espalda, ella gimió por el placer que en ese momento le era concedido, buscaban más intimidad, tanta que fueron inevitablemente sorprendidos, Albert los había visto casualmente, carraspeó y contuvo una carcajada.

Chicos que bueno que los encuentro, ¿no quieren cenar conmigo?, me siento muy solo – comentó Albert haciendo pucheros.

¡Albert! – dijo ella sintiendo que su rostro se tornaba enardecido, aunque a ciencia cierta no sabía si era porque los descubrió besándose o porque era el momento en que ella deseaba más de Terry, por lo cual ocultó su rostro en su pecho.

Sí, en un momento vamos – dijo Terry aún con la voz enronquecida.

Bueno tomen aire, que Dios les provea de mucho aire para que regresen a sus colores naturales…ah por cierto joven Grandchester, espero que sea más prudente que mi pequeña – sugirió él retirándose y soltando aquella carcajada que había contenido por muchos minutos mientras se dirigía a la biblioteca.

S…sí claro, no se preocupe – decía mirando hacia a un lado.

Te lo dije Terry nos iba a sorprender, ¡qué vergüenza! – dijo Candy soltando un suspiro de alivio.

Bueno ya que estamos apenados en demasía vale la pena arriesgarse más, pero que no sea aquí – sugirió él y de inmediato se alejó de ella para poder tranquilizar el latido de su corazón.

Candy, Terry y Albert pasaron la cena sin preocupaciones, ella oía cada uno de los comentarios que hacía Albert, puesto que no recordaba muchas cosas, le parecieron bastante interesantes. Albert ordenó a John que ensillara un caballo para Terry, Candy se despidió de él con un beso en la mejilla. Salió de la mansión Andley y fue directo a su cama, pensando en aquel día que había conocido al tan enigmático señor William, patriarca de los Andley, con la idea de que de no ser por sus celos él nunca se hubiera enterado de ese acontecimiento.

Al otro día Candy le avisó a Albert que iría con Terry al lago que se encontraba cerca de su propiedad, Albert la mandó con Dorothy en una carreta por si algo se presentaba; además de ellas dos, la carreta iba cargada de víveres puesto que Terry vivía con lo elemental.

Terry, Terry – dijo ella en susurros cuando hubo llegado a su habitación, tomándole por sorpresa y acercándose lentamente.

Candy… – decía el notoriamente entre sueños.

Anda despierta dormilón – mientras ella le mordía el labio inferior.

Mmm Candy – decía él con notorio aumento de pulsaciones y sin darse cuenta que ella ya se había subido a la cama.

Anda, Terry levántate – comenzó a besarle el rostro.

¡Hola pecosa traviesa, buenos días! – la sorprendida fue ella ya que le había tomado de la cintura para abrazarla colocándola a su lado.

Él recién estaba despertando, ya en la cama su brazo se contrajo más para pegarla a su rostro, la miraba mientras ella le ponía un dedo en sus labios, era su aroma a rosas lo que hizo que despertara o el inevitable deseo; ella se fue acercando más a sus labios.

¡Te extrañé pecosa! Pero no es correcto que estemos así.

Sólo quería darte un beso, nunca me imaginé que me tuvieras así, tan cerca de ti - sonrió sonrojándose.

¿Segura?, además yo quisiera seguir durmiendo, ayer no pude dormir bien porque me diste lata en mis sueños – se quejó él.

¿Ah sí… Terry, no se te ha olvidado algo? No me has dado mi beso de buenos días – le pidió ella.

Ande, baje y luego te daré más que un beso de buenos días.

¡Terry! ¡Qué cosas dices! Pero Dorothy esta esperándonos abajo así que debemos hacer que crea que logré mi objetivo y que no piense que me sedujiste aquí mismo.

Candy…Candy…Candy – espera un momento – ¿dijiste sedujiste? – pretendió que había escuchado mal.

Sí – se mordió la punta el dedo. Mira vamos hacer esto, salgo por esa puerta y tú gritas lo que te plazca desde el balcón, digamos en unos 5 minutos, ¿te parece? – ella le dio las indicaciones de su plan.

Sí, pero antes te advierto que me voy a vengar Candy.

Está bien, uno – se levantó -, dos -se dirigió hacia la puerta mientras él se levantaba - y tres – ella corrió hacia el jardín mientras le enviaba un beso al aire y él contaba lo suficiente para decir – Caaannndddyyy.

Candy llegó riendo y Dorothy se comenzó a preocupar por la siguiente reacción de él.

Señorita Candy, ¿qué hizo? Cómo es mala con el joven – decía riéndose por su travesura.

Candy cuando te atrape te vas arrepentir – gritó como alma que lleva el diablo.

Bueno señorita Candy qué hacemos mientras – viéndola de lo más divertida ante esa amenaza, ya que le había sacado la lengua al verlo parado en el balcón.

Iremos a la cocina, después buscaré un poco de vino en la biblioteca – le comentó a ella.

Eso hizo, mientras Dorothy y ella cocinaban, se la pasaron platicando de muchas cosas que ella había hecho en la Mansión de los Leagan, mientras Dorothy terminaba el almuerzo Candy fue a la biblioteca o al menos eso quería ella, pero cuando pasó por las escaleras el castaño le llamó.

Candy ven, sube.

¿Pasa algo? – le preguntó Candy extrañada.

Ven – le indicó con la mano que le acompañara.

Ella subió rápidamente, él la tomó de la mano y la encaminó a su habitación, ya se había aseado y se encontraba delante de ella cuando cerró la puerta de la habitación, la tomó por la cintura y la besó tan apasionadamente que ella sintió flaquear sus piernas.

Terry, debemos ser prudentes – dijo ella sin saber por qué.

Sólo te estoy dando el beso de los buenos días que me pediste hace rato – justificó su actitud.

Debemos…no sé por qué, pero quiero sentir tus besos, tus manos…- trató de contestarle con la voz entrecortada.

Es natural princesa, es sólo curiosidad. Pero ven vamos ayudemos a Dorothy y procuremos no quedarnos solos, porque de seguir como vamos pronto estaremos casados – le explicó a Candy.

¡Terry!…¿has dicho ¡casados! – decía ella deteniéndose mientras le corría una lágrima y él se daba la vuelta para verla.

Pero Candy, ¿por qué lloras? Es natural en dos personas que se quieren, ¿acaso no me quieres Candy? – decía el potencialmente ofendido.

Es que no pensé que dijeras eso tan…pronto, no conoces mi pasado, es más ni yo lo recuerdo del todo.

Mi pecosa, conozco lo suficiente de ti y te quiero por eso, así que no digas esas cosas, ¿te parece si mejor vamos a ayudar a Dorothy y después platicaremos en el lago, de acuerdo?

Terry – le habló tímidamente.

Dime.

Gracias por ser tú mismo – le dijo Candy acariciándole la mejilla.

Gracias a ti por estar en mi vida – le dijo abrazándola con su brazo derecho.

Se dieron un beso y bajaron por las escaleras hacia la cocina, antes se desviaron a la biblioteca tomaron una panza de vino y se la llevaron a Dorothy que ya los esperaba con las canastas en las manos, salieron de la villa y se dirigieron al lago. Dorothy ya había preparado todo, Candy conversaba con Terry. A lo lejos Albert los había visto y se acercó a ellos caminando, cuando se hubo acercado lo suficiente se quedó perplejo al oír.

Sabes Terry, en la Mansión Andley de Lakewood, hay un lago como este, ahí nos caímos Stear y yo en un coche que él mismo hizo, ¿te imaginas?, acabamos todos empapados; aunque también nos han pasado tantas cosas; Archie también ha pasado por sucesos terribles, una vez él se encontraba descansando en un bote cuando yo encontré una pequeña represa, jalé una manivela y ¿adivina a quién se estaba llevando la corriente del río?, a Archie por supuesto, tuve que lazarlo para que no se alejara tanto.

¡Candy recordaste a Stear y Archie, tus dos paladines! – dijo emocionado Albert que corrió a abrazarla muy efusivo. No sabes cuánto gusto les va a dar a ellos – sonrió él.

Sí verdad, ni siquiera me había dado cuenta – respondió ella dudosa.

Perdonen, pero ¿los Cornwell son tus primos verdad Candy? – preguntó Terry.

Sí, al parecer sí – respondió ella viendo a Albert.

Bueno ahora que los has recordado creo que debo hablar con Albert sobre eso – sugirió Terry.

¿De verdad? – preguntó ella desencajando el rostro.

Sí, podemos caminar mientras te preguntó algunas cosas, Candy, nos disculpas – le decían a una desconcertada chica.

Por supuesto – ella solo atinó a contestar.

Señorita Candy me da tanta alegría que haya recordado a sus primos – le dijo Dorothy mientras le tomaba las manos.

Mientras tanto Albert y Terry aclaraban algunos asuntos.

Tú dirás Terry, ¿ha pasado algo? – preguntó el rubio.

No sé cómo decírselo, ¿los hermanos Cornwell son muy apegados a Candy verdad? – preguntó alzando la barbilla pausadamente.

Por supuesto, pero eso no es lo que te preocupa ¿o sí? – respondió dudoso.

En realidad sí, no sé si sabrá que tenemos rencillas, además el que me preocupa más es Archie – le dejó entrever que la situación era difícil.

Ah por supuesto, Archie cree que está enamorado de ella – le confirmó sus sospechas.

Sí… algo así, un momento, ¿cómo lo sabe? – preguntó Terry.

Digamos que lo conozco – comentó él arqueando una ceja.

Entonces…creo que debe de saber que lucharé por ella contra todos. Me entiende – aclaró la garganta después de decir esto.

No esperaba menos de ti y hablando de otra cosa. Candy es un poco curiosa, espero que ambos se comporten en mi presencia y cuando se encuentren a solas, ¿me entiendes Terry? – dijo él usando sus mismas recomendaciones.

Por supuesto, hemos acordado no quedarnos solos por ningún motivo. A menos que las circunstancias lo ameriten – le hizo un comentario privilegiado.

Albert, Terry vengan, el almuerzo está listo – gritó ella alzando la mano para llamarlos.

Vamos pequeña. Atendidos los dos asuntos prosigamos con el día de campo – dijo Albert mientras caminaban hacia donde ella y Dorothy se encontraban.

De acuerdo – afirmó el castaño.

Unos minutos después.

Albert – dijo ella cuando Terry se hubo alejado.

Dime princesa – le contestó cariñosamente.

Quería comentarte algo ahorita que Terry no se encuentra por aquí – le dijo en voz bajita.

Dime.

Terry habló de matrimonio – le soltó como si nada.

¡¿Que qué?

Silencio Albert, sí, hoy por la mañana cuando nos dirigíamos a la cocina en su villa, acordamos no quedarnos solos para evitar tentaciones y después me dijo que quería casarse conmigo – aclaró ella.

¿En serio?, que extraño eso no me lo platicó ¿Estás segura?

Quizás me lo haya figurado…- dijo Candy rascándose la barbilla.

¿De qué hablan? – preguntó Terry.

De nada Terry, cosas sin importancia, ¿verdad Albert? – lo miró y él sonrió.

No era importante. Joven Terrence, puesto que ahora pretende a Candy podría decirme ¿cuáles son sus intenciones en un futuro? – preguntó un muy curioso Albert ante la mirada amenazadora de Candy.

Bueno, pretender no es exactamente lo que esperaba – dijo aturdido Terry.

¡Terry! – dijo Candy sorprendida.

Si...no… - titubeaba Terry tratando de aclarar las cosas -me refiero a que siendo su novio podría hablar con usted más seriamente, algo así como un matrimonio más adelante, quizás en unos cuatro o cinco años.

¡Terry! ¿Era en serio? – dijo ella un poco pálida.

Por supuesto que era en serio, pues que creías pecosa, una vez que te he encontrado no te dejaré ir nunca – advirtió Terry.

Creo que antes de que den vuelo a su imaginación debería de pedirla en compromiso ¿no lo cree?, además creo que Candy no querrá complicarse tanto, por el momento tiene suficiente con su falta de memoria como para comprometerse en matrimonio.

Entonces por lo tanto, seré su novio algunos años y después la pediré en matrimonio. Obvio es que no tendrá más pretendientes – dijo Terry más como una orden que como un simple comentario.

Por supuesto joven Grandchester, pero esta proposición tendrá que hacerla formalmente, usted me entiende para que cumpla con los requisitos que usted pide; si quiere que Candy no tenga más pretendientes debemos asegurarnos de que así sea – le explicó tajantemente Albert.

Por supuesto, usted me dice cuando quiere celebrarla – entendiéndole perfectamente, solicitó fecha para tal acontecimiento.

Primero necesitamos volver a Londres debido a que la tía abuela se encuentra allá, después necesito hablar con ella para que prepare todo, después se pedirá un permiso especial para ustedes dos.

¿Irán Archie y Stear? – le preguntó sugiriéndoselo.

Por supuesto, esto es una reunión familiar, solo que primero debo hablar con la tía abuela, Candy. Prepárense chicos nos iremos mañana, así que recojamos todo esto, Dorothy por favor alista el equipaje de Candy y avísale a Mary Jean que aliste el suyo – ordenó William.

Por supuesto joven William – asintió levemente y se retiró.

Se dirigieron a la Villa Grandchester y colocaron los utensilios dentro de la carreta, Albert, Candy y Dorothy se dirigieron a la mansión Andley y luego Terry llegaría con su equipaje para que de ahí partieran a Londres al siguiente día, el camino era largo y se tendrían que comportar como era lo indicado.

Cuando Terry hubo llegado a la mansión Andley, divisó a George.

Buenas tardes señor Johnson – dijo Terry saludándolo.

Buenas tardes joven Grandchester, permítame felicitarlo, el joven William me comentó que pedirá la mano de la señorita Candy.

Si, gracias señor Johnson, me complace que esté enterado – le contestaba con algarabía.

Listos para irnos – decía un ajetreado Albert.

Más que listos – gritó Candy.

Pero ¿qué pasa pecosa? ¿Por qué tan entusiasmada? – le preguntó Terry.

Porque me tengo que divertir antes de la dura semana que nos espera Terry, ¿verdad Albert? – sonriendo y picándole las costillas a Albert.

Por supuesto pequeña, ¿pero quién dice que no nos divertiremos?, además ahora estarás acompañada de tu "novio" – se le acercó y le dijo esto casi susurrándole.

Albert, déjame en paz – le dijo empujándolo y haciéndole caer dejando en el aire una sonora carcajada.

Jajajaja pequeña no hagas eso, además sabes que es verdad – le decía mientras trataba de hacerle cosquillas.

Y repentinamente Candy gritó:

No me hagas daño Neil, por favor – dijo ella tornándose a llorar y cubriéndose el rostro con las manos, esto sin dejar de temblar.

Candy, Candy discúlpame, jamás te haría daño, Candy por favor… - le imploraba Albert un tanto confundido.

Albert no quiero recordarlo, no quiero…- echándose a llorar.

Lo siento Candy, cuánto lo siento, siento que lo recuerdes, pero él ya no te hará daño, ya no más, de mi cuenta corre que ya no lo haga.

Y de la mía también; vamos Candy te llevaré hasta el carruaje y emprenderemos el camino, antes de que se haga más tarde – habló Terry con recelo.