Habían pasado dos días en los cuales una par de hosterías se habían convertido en sus aposentos, los caballos no durarían todo el viaje si no descansaban, ésta era su segunda noche lejos de la Mansión de Escocia y se dirigían a cenar, Candy se encontraba admirando el lugar, mientras Albert y Terry se sentaban en la mesa a la cual el posadero los había llevado, después de un tiempo apareció George, Mary Jean y Dorothy con los alimentos; Mary Jean, Dorothy, Candy y los tres caballeros compartirían también habitaciones.
Esa noche era especial para Candy, después de la cena ella se había cambiado los glamorosos vestidos que Albert le había comprado por su camisón y bata de dormir cuando de entre las sombras apareció Terry, que sin previo aviso la abrazó por detrás y le tapó la boca.
No podía irme a dormir sin besarte – le decía ansioso.
Terry, nos van a descubrir – decía ella queriéndose deshacer del abrazo.
¿O sea que te importa más que te descubran que mis besos? – se quejaba haciendo pucheros.
No Terry, pero no es propio de…- dijo apenas antes de que él completara la frase.
Una dama estar con su novio en esas ropas…lo he oído en alguna parte, ah sí con la Madre Superiora. Candy no va a pasar nada, sólo quería darte un beso, ¿me das uno pequeño? – él sonrió haciéndole señas de poquito con los dedos.
Pero sólo uno pequeño -se acercó e irremediablemente lo besó, habían pasado dos días sin hacerlo tanto que se sorprendió cuando ella le pidió que no la dejase así.
Candy debo irme – apenas rozando sus labios.
No, aún no – con respiración agitada, ella entre abrió más sus labios al mismo tiempo que con la oscura mirada le indicaba que no quería separarse todavía.
Candy no me hagas esto – le dijo mientras le daba pequeños besos.
No estoy haciendo nada aún, sólo que no soportaría que pasaran más días sin besarte – le dijo al oído.
Candy, sabes que eres una tramposita – le dijo riéndose ante su suspicacia.
Toc, toc.
Señorita Candy puedo entrar – le pidió permiso Dorothy.
Terry te dije que nos iban a sorprender, mira escóndete en el baño y te diré cuando estemos solos. Un momento, si, ¿qué pasa Dorothy? - le preguntó Candy un tanto sonrojada.
Venía a ver si no se le ofrecía algo, ¿tiene usted calor señorita? Esta muy sonrojada – le dijo Dorothy preocupada.
Un poco Dorothy, no de hecho ya me iba a dormir. Puedes retirarte – le indicó ella.
Buenas noches Señorita Candy – Dorothy se despidió.
Buenas noches Dorothy – Candy hizo lo mismo.
¿Con que tienes calor Candy? – le preguntó él en tono burlón cuando Dorothy ya se había ido.
Realmente creo que no soy la única – argumentó ella.
No, no eres la única, sólo que no quería ir a dormir si no me dabas lo que me debes – repitió nuevamente.
Terry…- lo miró cariñosamente.
Bueno lo que nos debemos – corrigió él.
Bueno pero desde mañana te daré un beso en las mañanas y otro al irnos a dormir mientras no nos pillen. Buenas noches Terry – le dijo mientras le empujaba hacia la puerta.
Buenas noches Candy, dulces sueños, sueñas conmigo – le pedía él.
Terry, si sueño contigo, entonces no podré dormir – dijo ella riendo.
¡Candy! - la reprendió.
Está bien, está bien solo decía. Buenas noches – le deseó a ella.
Así pasaron tres días mas y ya se encontraban a dos días de Londres; Candy, Terry, Mary Jean, George y Dorothy habían pasado por los juegos de azar, "Dilo con señas", "Adivinar quiénes eran", juegos de cartas, relatos de Albert y sus viajes y de cuando adoptó a Candy, y aún un muy extrañado Albert porque Terry se había abierto a Candy mientras se suponía que él y los demás dormían.
¿Terry y tu madre? – preguntó Candy curiosa.
¿Qué hay con ella? – contestó sin mirarla.
¿Está viva? – le preguntó cuando él miraba a un punto lejano en el horizonte.
Si, ella es…no es de la realeza si eso es lo que preguntas – le soltó sin preocupación.
No, sólo que hablas tan poco de ti, como si quisieras olvidar cuando al menos tienes recuerdos – le dijo reprochándoselo.
Mis recuerdos no son buenos, mi madre es actriz – le dijo con apatía.
¿De verdad? ¡Qué emocionante! Te imaginas le han de regalar muchas flores y si tú eres muy apuesto, ella ha de ser bellísima – le comentó con algarabía.
No – sólo pudo decir eso.
¿No? ¿Estás hablando en serio? – le preguntó sin creerle.
Si Candy, no es bellísima, a mí no me lo parece y menos cuando no me quiere – le informó a ella.
¿Qué no te quiere?, ¿cómo puedes decir eso? Sí te quiere Terry, sólo que quizás no sabe cómo decírtelo.
No Candy, no lo creo; vivo con mi padre desde que tenía cuatro años, ella tan sólo me alejó de su lado y mi padre me llevó a vivir con él y con su esposa, tengo tres hermanastros, mi vida no ha sido nada de lo que pueda presumir. Cuando estábamos en el barco venía de verla, se estaba presentando en Nueva York y me dijo… - cerrando los ojos y evitando llorar.
Terry, no me lo digas si aún te duele – le dijo comprensiva de la situación.
No Candy, déjame decírtelo, me sentiré mejor. Me dijo que sería mejor que nadie supiera que era su hijo, cuando esperaba que me tendiera los brazos después de no haberme visto en varios años. Por eso prefiero no hablar de mí en cuanto a ella.
Terry, cuánto lo siento, pero qué daría por conocer a mis padres, al menos tu los conoces, mientras a mi ni siquiera me quisieron junto a ellos, mira a Albert, él me quiere aunque no lo recordase – le contó a él.
Candy…lo siento, sólo es…es difícil – la tomó de la mano apretándola.
Quizás no debí de haber preguntado, fue insensible de mi parte, lo siento – ella se disculpó con el castaño.
¿Sabes Candy? Eres una entrometida, pero te amo tan entrometida como puedes llegar a ser – le dijo dándole un beso en los labios.
Pues yo no te amo…- le aclaró a Terry.
¿Cómo dices? – preguntó un tanto molesto.
Que yo no te amo, te adoro y jamás permitiré que me apartes de ti – le advirtió riéndose de él.
¡Candy! Ya me habías espantado, pequeña tramposa – resopló con alivio.
Jajaja amor pero que cara pusiste, todo enfurruñado – le hizo burla.
Ya verás lo que te pasará por hacerme esas bromitas – le dijo haciéndole cosquillas.
No Terry, Albert puede despertar – le dijo poniendo sus manos sobre su pecho.
Pero si este súper dormido, además ni siquiera vas a querer gritar – le aseguró él.
Terry la tomó de la barbilla y comenzó a besarla, cada vez de manera más demandante.
Sabes Candy a nadie le había hablado de mi madre y nadie me había hechizado el corazón como tú lo has hecho – él le contó sinceramente.
¿Eso es una confesión? Pues creo que no podría decirte lo mismo, no recuerdo a…- iba a pronunciar a Anthony cuando él actuó.
Shh lo sé, pero hagamos de cuenta que somos los primeros de cada quien, ¿de acuerdo? – le pidió afablemente.
Si Terry, seremos los primeros – respondió ella mirándolo a los ojos.
Nuevamente la asaltó con un beso, él sin poder evitarlo la aprisionó contra la pared del carruaje, a ella comenzó a faltarle el aire; Albert intencionalmente se removió de la posición que tenía y comenzó a bostezar como queriendo abrir los ojos.
Terry, Albert…
Te salvó la campana pecosa, pero esta noche no lo hará – le dijo en apenas un susurro.
Terry, jajajaja, me haces cosquillas – le decía mientras con su cabello le hacía cosquillas.
Hey ustedes dos, ¿no pueden mantenerse apartados? – le preguntó a ambos.
Albert, no comiences con exageraciones – le dijo Terry.
Albert, ¿qué cosas dices? – espetó Candy.
Bueno chicos la noche caerá rápido, tenemos que descansar y los caballos también, George despierta, dile al cochero que pare en la siguiente posada – le pidió amablemente.
George tomó el bastón que Albert usaba para darle indicaciones al cochero, con un par de golpes el cochero supo que debía pararse en la próxima posada, como habían hecho desde hace casi una semana, cada noche los caballos y ellos quedaban exhaustos, a Albert le preocupaban más los caballos porque el exceso de trabajo físico podía agotarlos y no llegarían en una semana sino en más días.
Cuando llegaron a la posada, Albert y George fueron a ver lo de las habitaciones, Dorothy fue a dar de comer a los caballos, Mary Jean bajó su equipaje y acompañó a los caballeros, Candy y Terry se dieron el tan esperado beso antes de que bajaran.
Terry, espera, no está Albert por aquí, así que…- ella sugirió que era tiempo y no deberían desperdiciarlo.
Si pecosa, te daré el beso de las buenas noches.
Terry buscó su cuello en vez de sus labios, le dejó un camino de besos sin llegar aún a sus labios y muy cerca de su oído le dijo:
Si quieres más, espérame esta noche despierta.
Pero Terry, no te atreverás – le sentenció ella.
Lo estoy haciendo, vamos, baja, te ayudo – se ofreció a ayudarla a descender del carruaje.
No lo haré – le decía ella.
Si lo harás, vamos Candy no te enojes no ves que si arrugas la nariz se te notan más las pecas – dijo él burlándose de ella.
Terry, eres un grosero – se enojó y resopló.
Terry deja de molestarla. Tenemos malas noticias, no hay suficientes habitaciones, así que todos compartiremos una grande, ¿de acuerdo? – informaba Albert.
Si, de acuerdo Albert – le dijo Candy muy risueña.
Dorothy podrías ayudarnos a adecuarlas por favor, chicos traigan su equipaje- - pidió Albert.
Si Albert, te dije que no podrías – le recordó Candy besándole ligeramente los labios y burlándose al mismo tiempo.
Me la pagarás pecosa, me la pagarás – decía él vengativamente.
Albert y Dorothy habían puesto unas sábanas que dividían la habitación, por supuesto que las damas se quedaron en la parte donde se encontraban las camas mientras que los chicos se quedaron en la otra parte; cerca del pasillo se encontraba el sanitario, Albert fue el primero en darse un baño, después lo hizo Mary Jean, Candy y Dorothy le siguió, a ellas le siguió George y Terry fue el último. Después de que él se hubo bañado, salió con una pijama muy fresca, se detuvo en el marco de la puerta y se quedó observando unos minutos a Candy, su cabello aún húmedo, rubio y ensortijado se encontraba disperso como una cortina sobre la almohada y siendo la única luz, la de la luna, recordaba su aroma y la sensación de tenerla para él, esa sensación que le fascinaba cada mañana. Se enfiló a su bien improvisada cama y en unos minutos se había quedado dormido.
A la mañana siguiente todos se habían despertado menos Candy, que perezosamente se levantaba con mucho trabajo, cuando abrió los ojos, unos zafiros se encontraban delante de ella.
Hola dormilona, creo que acabaste muy cansada, eres la última en levantarte, anda a bañarse.
¿Qué? ¿Por qué no me despertaron?
Porque realmente te veías cansadísima, así que optamos por no despertarte. El desayuno ya está servido, anda ve a bañarte – le informó Terry.
Sí en seguida salgo – corrió a lavarse y vestirse.
Apresúrate – le apuró él.
Candy se apresuró a bañarse y se puso un vestido encantador con rebordes verdes esmeralda sobre tela verde clara. Se peinó de media cola y salió rápidamente de la habitación; al mismo tiempo que ella entraba en el comedor, Dorothy salía de este deseándole los buenos días y se dirigía a recoger, hacer el cuarto y el equipaje de todos.
Buenos días Señorita, que hermosa que se le ve esta mañana – le dijo Dorothy.
Gracias Dorothy, ¿ya todos han desayunado?
No, los demás la están esperando en el comedor señorita – le informó Dorothy.
Gracias Dorothy.
Buen día – saludó a todos.
Serán buenas noches Candy, fuiste la última – le dijo Albert.
Lo siento me quedé dormida, pero ya estoy aquí, ¿desayunamos? – les sugirió comenzar con los alimentos.
Jajaja Candy sólo piensa en la comida y ¿yo? – se quejó Terry.
Terry, siento lo de anoche – Candy se disculpó.
No te preocupes ya habrá más oportunidades – le dijo haciéndola sonrojar.
Bribón, ven dame un beso…- lo jaló de la camisa.
Por supuesto señorita – comenzó a besarla, sencilla y tranquilamente.
Unieron sus labios que sólo separaron unos minutos después ante un carraspeo por parte de George y una risa fingida por parte de Albert, ella muy sonrojada y él muy incómodo, comenzaron a desayunar, hablaron de una cosa y de otra, de los pocos recuerdos de Candy con sus primos y además de algo muy importante, sus travesuras en Escocia, poco después de que sucediera el naufragio.
Jajaja Albert no puedo creerlo, ¿así que Candy se atrevió a comerse un pastel ella sola? – repetía Terry sin poder creerlo.
Aunque no lo creas, se iba a sacrificar – Albert señaló la palabra con ambas manos.
Pecas, ¿qué más debo saber de ti? - le preguntó extrañado.
Pues creo que lo sabes todo, espero… – mirando a Albert.
Jajaja si pequeña eso es todo – Albert rió ante su cara.
Bueno chicos emprendamos camino o si no, no llegaremos a tiempo, creo que alcanzaremos a llegar antes de la cena – les dijo él.
Efectivamente, Terry tuvo que bajar a Candy del carruaje pues se había quedado dormida, la tía Elroy ya se encontraba descansando, así que ella no pudo verlos, George, Mary Jean y Dorothy junto con John bajaron el equipaje y alistaron sus habitaciones, Albert se había dirigido a la cocina a ver qué habían preparado para cenar.
A ver Pecas, te acomodaremos porque te puedes lastimar el cuello. Candy suéltame – le pedía sin lograrlo.
No, por favor – comenzó a clavarle las uñas en el hombro.
Candy suéltame, me lastimas – tratando de zafarse hábilmente.
Te odio, te odio…- decía Candy entre sueños golpeándolo.
¿Candy qué pasa?..despierta. William ven pronto – gritó al ver que no despertaba Candy.
Te odio, no soy una ladrona, se los juro no robé nada, fueron ellos…- decía Candy desesperada
¿Qué pasa Terry? – preguntó William mientras entraba en la habitación de Candy.
No sé, comenzó a golpearme y mencionó algo sobre un robo – contó Terry.
Dorothy comenzó a llorar.
Joven William despiértela por favor, está recordando lo que vivió con los Leagan, cuando por culpa de Elisa y Neil la iban a mandar a México – contó Dorothy.
Llama a Mary Jean, que venga rápido Dorothy – pidió William.
Sí joven, enseguida – la mucama se apresuró a llamar a Mary Jean.
No, no me lleven a México no quiero, no quiero…Anthony mira esas Dulces Candy… para mi, gracias Anthony, eres tan buen mozo…- cambió de recuerdo rápidamente.
Terry miró hacia otro lado cuando había oído la última frase dicha por Candy - se retiró de su lado y un brazo lo detuvo.
Recuerda, él fue su pasado, son sus recuerdos, pero ahora tú eres su presente y si quieres ser su futuro no debes interponer sus sentimientos pasados en tus sentimientos a partir de ahora en adelante, entiendes Terry – le había dicho eso para hacerlo reaccionar.
Terry miró la súplica en los ojos de William, él asintió con un breve movimiento, regresó a su posición, tomaba la mano de Candy.
Joven William, ¿qué pasa? – preguntó Mary Jean mientras le tomaba el pulso.
La movimos pero no despierta. Sólo habla con frases cortas – le informó Albert.
Mi niña traviesa, abre los ojos, por favor – le suplicaba Mary Jean.
No me obliguen no, yo no fui, no debo de pedir perdón. No, ese vestido no me quedaba cómo lo voy a pagar, Elisa lo hizo a propósito – decía ella.
No pequeña, nadie más te hará daño. George ven hablemos en el pasillo – le dijo indicándole que salieran.
Candy, ¿cuánto daño te han hecho? Esta vez no lo permitiré – decía Terry mientras miraba que aún no despertaba.
Señorita despierte – la movió repetidamente hasta que…
Mary Jean ¿qué pasa? – se levantó con el codo y se talló los ojos.
Tuvo una pesadilla, ¿le duele algo? – le preguntó Mary Jean muy preocupada.
No, sólo tengo mucho calor – dijo ella.
Me disculpan por favor, tengo que cambiarla, ¿Dorothy me ayudas? – le pidió a Terry que las dejara a solas.
Por supuesto – dijo él y tranquilamente salió. ¿William puedo hablar contigo? – los interrumpió en medio de unas cuantas óordenes que George ya había recibido.
Por supuesto vamos
He cambiado de parecer – le respondió Terry.
¿Qué has dicho? Es una falta de respeto, al menos deberías hablar con Candy primero. ¿Tu honor no cuenta para nada? – respondió William realmente enojado.
Porque cuenta no quiero la mano de Candy para un futuro compromiso… - dijo apenas conteniendo el aliento.
Pero Terry no te voy a permitir que hagas eso… - dijo William molesto.
Sino para casarme con ella – le soltó de repente.
No puedo decidirlo en este momento, tengo que hablar con la tía Elroy – puso la perfecta excusa para salir del paso.
Sí que puedes, tú eres el patriarca de esta familia y tienes que poder, de tu tía Elroy nos ocuparemos más tarde – sugirió él.
¿Pero lo dices en serio? – preguntó extrañado Albert.
Por supuesto, Candy ha sufrido mucho y no estoy dispuesto a que cuando le regresen sus demás recuerdos se sienta sola – dijo sin exabruptos.
Pero tus padres ¿qué dirían? ¿ya lo saben? – le preguntó insistentemente.
Eso lo podrías arreglar tu mismo, hablando con él o el Sr. Johnson podría hacerlo – sugirió él.
¿Pero entiendes lo que me estás pidiendo?, nadie me conoce públicamente – le espetó sin consideración.
Lo sé, la señora Elroy te ayudará a convencerlo. Ella es mujer, sabe cómo hacerlo – le sugirió el castaño.
Joven Grandchester ¿no cree que es muy apresurada su conclusión? – preguntó la señora Elroy.
¡Tía Elroy! ¿Escuchabas? – preguntó algo nervioso.
Cada palabra, he oído todo desde que Candy comenzó a recordar, mis hilos hicieron su parte en algún momento de su niñez, William podrías dar un permiso para que ella se case, yo podría hablar con el Duque de Granchester y no creo que se niegue a unirse a la familia, ambos tenemos abolengos reales. Así que nos ahorramos una reunión, le damos la mano de Candy si ella accede a su petición, pero tienen una condición, ambos acabarán el colegio, ¿de acuerdo?
También tendremos que hablar con la Madre Superiora – sugirió William.
Si también eso, aunque resulte complicado, sé que la Hermana Grey accederá ante esta situación – le respondió muy confiada.
¿No pretenderás que cambie las reglas del colegio verdad Tía Elroy? – dijo William algo preocupado por el asunto.
No te preocupes William, los chicos vivirán aquí en la Mansión y asistirán todos los días al colegio – acordó ella.
Me parece perfecto ¿puedo poner otra condición o un par de ellas? Nos presentaremos en el colegio ya casados, además de que en un mes tenemos que arreglar los preparativos, los invitados serán solamente este grupo y nada más, ¿de acuerdo? – pidió él.
¿No quieres que sus primos estén aquí? – dijo William.
No, no quiero que estén aquí, por las razones que William hablará con usted, en privado, ¿no es así Albert? – le informó a la señora Elroy conforme con la mirada le informaba a William.
Por supuesto tía, te pondré al tanto – él accedió.
Entonces los preparativos se llevarán a cabo y dentro de un mes se casarán para entrar al colegio como un matrimonio, sin los Cornwell y sin los Leagan de por medio – dijo ella como una orden.
