Hola chicas, lamento subirlo tan tarde y no el viernes y ayer, pero les comento que mi editora esta un poco ocupada y no ha podido enviarme los horrores sobre el borrador, asi que sin más preámbulo se lo dejo para que los disfruten.

Saludos a las chicas por su review, esperando que sean felices en este dia y que su semana no mengüe tan rápido.

¡Feliz Lectura!

Terry había quedado satisfecho con esa conversación, para él era la más importante de su vida, había decidido lo mejor para Candy y desde hoy lo mejor para él, vivir a su lado; ahora sólo faltaba que ella le diera el ante su proposición.

Un par de días después Candy y Terry salieron a dar un paseo por la ciudad, la llevó al zoológico y ahí él había decidido proponérselo, sólo necesitaría unos cuantos dulces para llevar a cabo su plan; al día siguiente de su plática con los Andley fue a la ciudad y encargó los dulces especialmente para ello, dando indicaciones de cuándo los pasaría a recoger.

¡Buenos días! ¿Y los demás? – preguntó una Candy muy extrañada.

No hay nadie en la mansión, sólo la servidumbre – contestó el castaño.

Terry ¿sólo estás tú para almorzar? – le preguntó ya que le notaba muy serio.

Si Pecas, todos almorzaron fuera – le informó él.

¿En la ciudad? ¿Por qué no me llevaron? - preguntó triste.

Porque quiero platicar contigo a solas – le dijo sonriente.

¿Hice algo?, no, ya sé cometí un error, lo siento de verdad – se disculpaba ella.

Espera Candy no hiciste nada malo, de hecho será bueno, pero antes ¿no se supone que deberías saludarme? – le coqueteó rápidamente antes de que siguiera preguntando.

Candy se acercó y le dio un tierno beso.

Muy corto, pero aceptable, vámonos – Terry la jaló hacia un carruaje descubierto.

¿A dónde?, no he almorzado Terry – le dijo agarrándose el estómago.

No te preocupes por eso Candy, almorzaremos en el zoológico – le informó él.

¿En el zoológico? ¿De verdad? – preguntó emocionada.

Claro hermosa, pero primero pasaremos por algunas golosinas, ¿de acuerdo? – dijo él y ella asintió.

Y así lo hicieron, ella iba tan entretenida en los edificios de aquella zona céntrica que no se fijó cuando Terry hizo que el carruaje se detuviera a tan solo unos centímetros de la mano de uno de los empleados, era extraño ya que la mayoría de las personas compran sus golosinas bajando de los carruajes. Cuando se dirigían al zoológico comenzó a maravillarse de lo rápido que iban y cuando comenzaba a entender que esa velocidad hacia sentir el aire en su rostro, recordando así el que sentía arriba del Padre Árbol; aquel que le ayudaba a aligerar esos pensamientos dándole una luz de claridad.

¡Terry, que lindo huele! Este aire es como el que se siente en el Padre Árbol…

¿Padre Árbol? ¿Qué es? – preguntó él.

En el Hogar de Ponny, donde me crié, hay una colina donde crece un gran Árbol, yo le llamo el Padre Árbol – sonriendo un poco.

Creo que recordaste algo más, Pecosa – le dijo él.

Parece que sí, así huele – dijo ella tocándose la barbilla con el dedo.

Llegamos, ven te ayudaré a bajar – le dijo él ofreciéndole la mano.

Después de que bajaron y tomaron la bolsa de golosinas, se dirigieron a la taquilla, resultaba estar tan concurrido, había chiquillos por todas partes, era tan expectante para ella, ya que solo había oído del zoológico en los periódicos.

Un rato después habían ido a ver algunos animales, hasta que ya un poco acalorados decidieron sentarse en una banca, Terry fue a comprar algo de comer, un perro caliente, Candy estaba fascinada con la comida mientras Terry le sonreía, habían terminado y ella le hacía caras graciosas, luego le echó una mirada a la bolsa de golosinas que había comprado y que vio cuando él se había recostado en el césped.

Terry – dijo Candy.

¡Mh! – le respondió el.

Me das uno de esos – le señaló la bolsa de dulces.

Claro, toma, ábrela – se la dio.

Está bien, Terry estos dulces tienen un extraño envoltorio – le indicó mientras sacaba uno y lo veía detenidamente.

¡De verdad! ¿Cómo es? – le preguntaba curioso.

Mira tienen letras, a ver veamos, pero también tienen números, primero las colocaremos por numeración para que podamos saber cómo van - le sugirió ella.

Me parece bien, juegos en las golosinas, ¿desde cuándo has visto eso? – le preguntó el conteniendo una sonrisa.

Uno, dos, tres,…veintiuno y veintidós. Bueno ya están ahora las rodaremos y ahora leamos – se disponía hacerlo cuando él la interrumpió.

Espera Candy te faltó uno, mira, este no trae nada podremos abrirlo – le dijo Terry.

Está bien ábrelo mientras yo leo el mensaje – decía ella y cuando su mente leyó lo que los dulces decían se sorprendió y respingó al alzar la vista y ver lo que tenía el dulce que había abierto Terry.

En la mano de Terry estaba un dulce tan diferente a los demás, estaba formado de una crisálida de caramelo transparente donde su centro era una argolla de compromiso.

¿Candy te casarías conmigo? – Candy no podría creerlo cuando él lo pronunció.

¡Terry! ¡Sí Terry, me haces tan feliz! – dijo ella arrojándose a sus brazos.

¿Te gustó mi sorpresa? – le preguntó mientras ella asentía. Ven cariño muerde este dulce, debo ponerte el anillo en algún momento.

Me encantó Terry, te amo – era la primera vez que se lo decía tan cariñosamente.

Cuando Candy mordió la crisálida, ésta se rompió y perfiló una argolla de oro blanco con dos joyas en el centro, una esmeralda y un zafiro en forma de corazón, rodeadas de líneas de brillantes.

Es precioso Terry, ¡me encanta! – le dijo animada.

A mí me encanta hacerte feliz, Candy… ¿considerarías casarte en un mes? – le preguntó viéndola sorprendida.

¿En un mes? ¿Tan pronto? – le dijo ella.

Así es Albert, George y la señora Elroy harán todos los preparativos, regresaremos al colegio ya casados.

¡¿Regresar casados? No nos aceptarán que vivamos juntos en el colegio y no pienso separarme de ti – le dijo mirándolo con tristeza.

No viviremos en el colegio, sino en la Mansión aquí en Londres, Candy – le informó él.

¿En la Mansión? Ya lo tienes todo planeado eh, ¿cuándo pensabas decírmelo? - le preguntó besándole la punta de la nariz

Te lo estoy diciendo, ayer hablé con tu tía y con Albert y han estado de acuerdo – él le sonrió.

¡Y la tía no se opuso! Increíble – dijo ella asombrada.

No, la verdad Candy, esto es lo más fácil, lo más difícil será convencer a mi padre de ello – dijo muy serio.

¿De verdad?¿Quién lo convencerá? – pensaba en voz alta.

Pues tú dime, Albert no es – rió para sí.

¿La tía Abuela? ¡No lo puedo creer!

Así es, en este momento debe estar llegando a la Mansión Grandchester, ayer solicitó una visita, así que en un rato le haremos compañía para ejercer presión. Las pruebas de tu vestido serán la próxima semana, hoy te llevaré a la modista para que veas catálogos y te pasara a recoger Albert, como sabes no debo ver el vestido y supongo que comprarás otras cosas.

¡Terry, me apenas! – Candy estaba sumamente sonrojada.

Ahora si Candy, ya te puedes comer los demás dulces – Terry le dio permiso.

No me los comeré, los guardaré como un recuerdo – dijo ella juntándolos y volviéndolos a meter a la bolsa.

Sí claro, con lo golosa que eres… – dijo Terry en tono burlón.

Los guardaré Terry, además los puedo usar a mi favor, cuando no obtenga un beso tuyo – dijo ella muy entusiasmada con su idea.

Siempre los tendrás – le aclaró él.

Mientras en la Mansión Grandchester.

Buenos días, soy la Señora Elroy Andley, vengo a visitar al Duque de Grandchester – informó la tía abuela al mayordomo como indicaba el protocolo.

Buenos días mi lady, la esperábamos, pase usted –indicaba el mayordomo.

Gracias – le agradeció la señora Elroy entregando su sombrero y sus guantes.

Por aquí mi lady, el Duque de Grandchester la atenderá en un momento – Edmund se retiraba mientras había subido a la sala de té del segundo piso.

Toc toc

Adelante. ¿Edmund, se te ofrece algo? – preguntó sin levantar la vista.

Excelencia, la señora Elroy Andley se encuentra en la biblioteca esperándolo – le informaron.

Gracias Edmund, puedes retirarte – le agradeció, se levantó de la silla de cuero que ocupaba, se vio en el espejo que se encontraba al lado de la puerta y salió rumbo a la biblioteca.

Unos minutos más tarde.

Toc, toc.

Adelante – dijo la tía abuela.

Buenos días señora Andley, a qué debo el honor de su visita – preguntó el Duque de Grandchester mientras se dirigía hacia ella, le besaba el dorso de la mano y se sentaba frente a ella.

Buenos días Duque de Grandchester, le he pedido una entrevista para hablarle de una situación que ha sucedido en torno a su hijo – dijo ella animosamente.

Puede llamarme Richard, señora Andley. ¿Qué ha hecho esta vez Arthur? – expresó él sin nota de preocupación.

Mi nombre es Elroy, su excelencia. No es de Arthur de quién vengo a hablarle, si no de Terrence – le aclaró la confusión.

Terrence, supongo que está en el colegio, de qué quiere hablarme – preguntaba sin entender.

He venido hablarle de la relación de mi sobrina Candice White Andley con su hijo Terrence – le soltó sin precaución.

¡Relación! ¿Cuál relación? Terrence no me ha hablado de ninguna relación. ¿Es que hizo algo indebido? – le pregunto preocupado.

Indebido, no claro que no, me ha pedido la mano de Candy hace apenas un par de días – dijo notablemente risueña.

Pero no puede tomarlo en serio, él aún es joven para decidir con quién se casa o no – dijo casi mofándose de la situación.

Pues lo ha hecho y ha hablado conmigo y con el patriarca de mi familia, Sir William Andley – dijo ella con orgullo.

Pero no pretenderá tomarlo en serio – dijo él en tono enérgico.

Será un gran desaire para nuestra familia y usted sabe qué consecuencias traería a la suya, si usted me entiende. Creo entonces informarle que, Terry y Candice han amenazado con vivir de manera libre si cualquiera de nosotros no damos nuestro consentimiento, amenazan con mudarse a América y hacer cualquier cosa para que cuando sean mayores se casen… inevitablemente. ¿Quiere usted eso para su hijo, que vea mancillado su real apellido, es más ¡su honor! Terry ha jurado por su honor casarse con ella – ella sabía que el orgullo de los Duques de Inglaterra trascendía en su honor.

Usted pretende chantajearme mi lady. No espera que obligue a mi hijo a responderle a su sobrina ¿o sí? – le preguntó con malicia.

No padre, no mal entienda, Candy y yo nos amamos y esperamos que por su bien acepte esta petición – dijo Terry entrando a la biblioteca sin cerrarla adecuadamente.

Terry aún eres menor de edad y tú heredaras mi ducado algún día, por Dios Terry, aún no terminas el colegio y ya quieres hacer tu santa voluntad – se quejó el Duque.

Duque de Grandchester…Richard, una de las condiciones que pone el tutor de Candice es que ambos acaben el colegio y ellos han aceptado.

Veo que lo tienen todo planeado, que ha hecho la muchachita aquella para engatusarte. No permitiré ese matrimonio y…- Richard gritaba encolerizado.

Bueno padre, ya que tú no eres la única persona que puede dar ese consentimiento, quizás lo podré hacer en América aunque le traiga la deshonra al ducado y por supuesto que seré la comidilla algunos meses más en todo Londres. ¿Te imaginas la noticia?, caerá como bomba en tu sociedad, el honor de los Grandchester en el suelo – dijo él con pesar.

Richard entienda, Terry y ella se aman, ambos pertenecen a familias de abolengo, una se complementa con la otra y sólo falta la decisión de Sir William Andley además de la de usted para que eso suceda, Candice no ha querido casarse a escondidas sin la aprobación de los patriarcas.

Señora Elroy, quizás mi padre necesite saber más acerca del Mauritania – le pidió autorización para hablar de ello.

El Mauritania, ¿qué tiene que ver el naufragio en todo esto? – les preguntó Richard.

¿Es necesario? – se aclaró la garganta la tía Elroy.

Si, así entenderá por qué me quiero casar con ella. ¿Recuerdas que después del naufragio del Mauritania hubo inquietudes sobre los sobrevivientes?, de los siete que éramos solo faltaban dos…- comenzó Terry a contar la historia.

Si, hubiera jurado que los dibujos que había regados en la Villa eran de una chica que te gustaba – recordaba Richard sus escasas visitas a Terry en la Villa de Escocia.

Sí, lo es – dijo él afirmando esa idea y dirigiéndose a abrir la puerta. Candy puedes pasar – le pidió él.

Richard al ver a la dueña de los ojos que por tanto tiempo estuvo dibujando su hijo simplemente pudo expresar:

Increíble, esos ojos son…los que dibujabas – sacó unas hojas del escritorio de caoba en el que estaba recargado, se acercó a Candy y le tocó la mejilla.

Buenas tardes Duque de Grandchester, mi nombre es Candice White Andley – dijo ella haciendo una genuflexión.

Sí padre, los ojos que recordaba eran los de Candy, ella fue la última persona que vi antes del naufragio y esas dos personas que aún no habían llegado a puerto eran Candy y el señor Johnson encargado de su cuidado.

Richard, Candice es hija de Sir William Andley, heredera de su fortuna y asiste al colegio San Pablo al igual que Terry, tiene una familia que no la ha comprendido y ha tenido una perdida reciente, Anthony su primo, falleció y aún así ha seguido adelante. A pesar de tener los recuerdos más hermosos en su niñez sucede que a partir del naufragio no recuerda algunos de ellos, debido a que ha sufrido de amnesia parcial.

¡Amnesia! Increíble… pero Terrence cómo pretendes casarte con ella si no recuerda ¿quién es? – preguntó preocupado.

Espera padre…- el chico trató de interrumpirle.

No pretendo ser insensible, pero no lo permitiré – dijo tajantemente.

Richard, miré esto, estos son los dibujos que Candice hacía en la Mansión de Escocia cuando llegó, obsérvelos – la tía Elroy también había traído los dibujos por si necesitaba reforzar su amenaza.

Tus ojos Terry, son idénticos – miró aquellos dibujos.

Así es papá – era la primera vez que le decía así. Así como yo recordaba los de ella, ella recordó los míos y no recordaba nada más, me sentía tonto al creer que ella estaría muerta y pensaba que no podría conocerla siquiera hasta que me la encontré en el colegio. Juraría que no podría vivir sin ella, sus ojos hubieran sido mi penitencia, condenado a vivir sin su amor – dijo apenas en un hilo de voz.

Terry, amor no llores – apretó su mano y tocó ligeramente su mejilla con la punta de los dedos.

No puedo evitarlo, no podía dejar de pensar en ti, de lo tonto que fui al no decirte otra cosa distinta, odié esas palabras más que a mí mismo, no era mi intención hacerte enojar mi amor, solo fui un estúpido al pensar que estarías allí, para mí, como cuando te conocí, no sabía que quedaría prendado de estos ojos como mi gran recuerdo; era tonto saber que eras mi fantasma preferido – la abrazó tiernamente.

Y tú mi pesadilla preferida – le dijo sacando la lengua y guiñándole un ojo.

Gracias pecas, pero sólo porque te amo, te perdono – le dijo haciendo pucheros.

Richard no podría creerlo, Terry nunca había expuesto sus sentimientos tan abiertamente y mucho menos delante de él; su carácter ya no era sombrío, ahora se le notaba alegre. Qué era lo que le había hecho Candy a Terry, cuánto había cambiado y él no podía decir que la palabra papá no le había encantado al escucharla de la voz de su primogénito. Si les decía que no, cumplirían su amenaza de que fueran a Nueva York y hablaran con Eleanor para dar su consentimiento, eso no podría permitirlo.

Bueno muchachos y para¿cuándo es la boda?– preguntó acercándose a ellos y tocando el hombro de Terry.

Candy no soportaba tanta felicidad, era tanta la dicha que sentía que corrió a abrazarlo y le dio un beso en la mejilla cuando se retiró.

Candice, ejem…- interrumpió Richard

Lo siento, no me pude contener – dijo ella apenada.

Padre, la boda será en un mes, en lo que Candy se repone de las impresiones – le explicaba.

Un mes… es que acaso ¿están esperando? – preguntó atribulado.

No, no, no - decía ella con una sonrisa.

Sólo que no quisiéramos que nadie interviniera en nuestro compromiso, ya sabes siempre hay personas a las que no les agrade la idea y no queremos esperar más por algo que tarde o temprano sucederá – acotó Terry.

Pero…- trató de preguntar.

Ni lo intente Richard, no los hicimos cambiar de opinión y no creo que usted pueda – le advirtió la señora Elroy.

Además padre, señora Elroy les informamos que hoy le di una sorpresa a Candy- le dijo a ellos mientras Candy sonreía.

Candice alzo la mano derecho y esta mostraba una argolla e compromiso.

¡Qué hermoso es Terrence! Felicidades, al menos Candy pudo sacar algo que nunca vi en ti, ese brillo en tus ojos – Richard le hizo esa observación.

Sí, Candy me lo dice todo el tiempo, pero no te preocupes me reprende cuando se me olvida – le respondió un tanto divertido.

Entonces lo veré, bueno señora Elroy me dirá entonces en ¿qué hemos avanzado? – le preguntaba dejando a la pareja a solas en la biblioteca.

Candy, solo faltan los esponsales, los trajes y hablar con la Hermana Grey – dijo un Terry bastante agobiado.

De eso se ha encargado George, ¿ahorita vamos con la modista? – preguntó Candy.

Antes dame un beso- le pido abrazándola.

No Terry, nos van a descubrir.

No, ya no entrarán aquí Candy – le dijo él despreocupado.

Terry…, disculpen, pero deben venir a ultimar detalles…- decía un impresionado Richard.

No de nuevo, Terrence te lo dije…- decía Candy ocultándose en su pecho.

Jajajaja ya hace como Albert – le decía a Candy risueño.

Era la primera vez que Richard oía a Terrence reír de esa manera, además también estaba el punto de que lo había visto sonrojarse. Candy y Terry no tuvieron de otra que obedecer, de ahora en adelante sabían que no los iban a dejar solos en ningún momento. Tomados de las manos llegaron a la terraza del castillo, la tía Elroy y Richard los veían sonrientes y haciéndose bromas cada vez que a alguien se le ocurría una idea para la ceremonia o acerca de su atuendo. Hasta que llegó la plática del lugar en el que vivirían.

Candy y yo pensábamos vivir en la Mansion Andley – le comentó Terry a su padre.

Por supuesto que no, aquí vivirán – reprochó Richard.

De hecho es otra de las condiciones de Sir Andley papá; tenemos que obedecer, es por Candy, ella no puede viajar tanto, la alteraría – le explicó a su padre.

Si es así, entonces que les parece que compremos un departamento cerca del colegio, ¿no es esa una mejor idea? – sugirió Richard.

Papá, ¿no te parece que es demasiado?, de cualquier forma Sir Andley piensa de alguna manera mantenernos hasta que acabemos el colegio, no quiero que siga tomándose molestias por nuestra culpa, nosotros podremos trabajar para cooperar.

Ni se le ocurra joven Terrence, ninguna dama de mi familia ha trabajado y no comenzaremos con su matrimonio.

Tía abuela no le parece que se extralimita, primero Sir William debe dar su consentimiento y en cuanto a si vamos a trabajar o no, creo que debe discutirse en otro momento, ¿no le parece? – sugería Candy.

Tienes razón, les ofrezco una disculpa – decía apenada la señora Elroy.

Entonces mañana mismo veré qué departamentos les quedaría mejor, de eso me encargo yo – dijo Richard en tono solemne.

No es una molestia ¿verdad Duque? Sea o no que trabajemos, aunque nos apena mucho que no lo hagamos, daremos lo mejor de nosotros ¿verdad Terry?

Claro que sí pecosa, papá no escojas algo muy ostentoso – sugirió él.

Pero estas de acuerdo que para la salud de Candy tienes que ofrecerle lo mejor, además de una enfermera – sugirió sin saber.

Richard, Candy tiene una enfermera de planta y además una mucama personal, no creo que tengan mayores problemas con ello.

El día avanzaba y la joven pareja aún tenía que afinar detalles de su próxima unión.

Candy no es que los apresure pero no llegarán a la cita con la modista, debemos apresurarnos – indicó la señora Elroy.

Si ya vamos, nos retiramos duque – Candy se despidió haciendo una reverencia y dándole un beso en la mejilla a la persona en que se convertiría en su suegro próximamente.

Si papá, nos retiramos, luego nos vemos. Por cierto, me estoy hospedando en la mansión Andley por si quieres visitarnos – le informó su hijo dándole un abrazo y un beso a su padre.

Claro…por supuesto que los visitaré – apenas dijo unas palabras, el abrazo y el beso no se lo esperaba, de ninguno de los dos. -Creo que podré acostumbrarme…- comentó él apenas susurrando.

Lo disfrutará Richard, hasta pronto – la señora Elroy lo dejó pensando.

Qué hizo cambiar a Terry, el amor quizás, siempre recordaría a Eleonor, la madre de Terry como su gran amor. No sabía a ciencia cierta la razón por la cual Terry había cambiado radicalmente, pero cualquier situación ahora la vería claramente, los efectos de Terry para con él, ahora eran minúsculos, esa chispa que Candy irradiaba parecía que se la había contagiado a su hijo y daba gracias a Dios por ello, simplemente para oír de los labios de su hijo, la palabra Papá.