hola chicas de antemano una disculpa porque ayer ya no llegue a subirlo y otra porque mi editora se puso en huelga por ello, jajaja además con la escuela ha tendio un buen de trabajo. Bueno sigo recibiendo sus reviews y espero que esta historia si les esté gustando (es decir diganmelo, para envalentonarme con esto de la inspiración). Bueno sin decir agua va, esperemos que lo disfruten.
Las pruebas con la modista parecieron eternas, Candy no disfrutaba de escoger vestidos, era algo que de hecho la frustraba, después de veinte pruebas se había decidido por un modelo, aunque algo atrevido para la época, era la clase de vestido que nunca en su vida hubiese soñado, si al menos recordara su pasado, se imaginaba que eso podría decirlo.
El vestido era estilizado, con aplicaciones bordadas a lo largo de él, escotado al frente y en la parte trasera, con manga estilizada tres cuartos y de campana a la altura del codo, hecha de organza de seda bordada en color crudo, ceñido hasta por debajo de la cadera y de ahí la falda se extendía en línea A. Las aplicaciones bordadas eran amplias, el torso iba adornado de lianas de flores hasta antes de las rodillas en la parte delantera mientras que en la trasera estas se encontraban más largas denotando así el largo de la cola, el velo era pequeño e iba a ser adornado con una tiara, el cual era un obsequio de Albert.
Cuando hubo terminado la encargada le avisó que tenía preparada la ropa para que dispusiera de ella y le diera el visto bueno, realmente no sabía a ciencia cierta lo que iban a mostrarle hasta que llegó a una salita contigua donde sobre una mesita se encontraban esas prendas. Candy se estremeció al ver que aquellas prendas eran diminutas, si aún así el vestido era demasiado atrevido con el corsé, las prendas que tenía al frente lo eran más, ella se había sonrojado al verlas y cuando comenzó a darse la vuelta, Madame Lenoire la tomó del brazo para ayudarla y hacerle pasajero este momento.
Señorita Andley, espere – le pidió Madame Lenoire.
Llámeme Candy, madame… - le preguntó por su nombre.
Lenoire, pero llámeme Úrsula – pidió ella.
Úrsula, ¿se supone que debo ponerme esto? – le preguntó ella muy apenada, alzando la prenda sin mirarla siquiera.
Por supuesto señorita, este por ejemplo, puede ser para su noche de bodas – le sugirió Úrsula sonriendo un poco por la falta de experiencia de ella.
Pero ¿no cree que con esto me resfriaré? – exclamó ella ahogando un ruido parecido a suspiro.
Bueno señorita, lo que menos le dará a usted en su noche de bodas será frío, quizás usted no esté familiarizada con esas sensaciones, pero su esposo se encargará de ello, no se preocupe – la tranquilizó un poco.
Y qué se supone que debo de hacer en "esa noche" – le preguntó ella, sinceramente.
Venga mi niña, creo que debemos sentarnos a hablar de ello, primero ¿usted ama a su novio? – le preguntó Úrsula tratando de calmarla.
Por supuesto, fue amor a primera vista – le explicó ella.
Me alegra escuchar eso y ¿confía en él? – repreguntó nuevamente.
Por supuesto que confío en él – respondió ella.
Pues entonces todo saldrá bien, no debe tener miedo, cuando una señorita esta próxima a casarse los nervios son nuestros primeros enemigos, el estrés que estos provocan hacen mella en nuestras cabezas, es por ello que alguna de nosotras, es decir, las damas que están ya casadas debemos instruir a las que están próximas a casarse. La señora Elroy habló conmigo para que le ayudase en esa noble tarea, trataré de aclararle todas sus dudas cualesquiera que éstas sean. Su esposo supongo que ya se sabe todo el proceso, así que usted debe disfrutar de los nervios del casamiento, pero también de la felicidad durante la recepción y la tan famosa noche de bodas, recuerde que esa será su primera noche, pero después habrá muchas más de esas, no se preocupe las adorará. Esa noche, él se llevará algo más que su virtud mi niña, conocerá los placeres carnales que disfrutamos las que ya estamos casadas y usted conocerá la intensidad de su amor. El acto físico es parte de ello, explorarán y besarán cada parte de su cuerpo y así demostrarán cuánto es que se conocen – le explicó serenamente Úrsula.
Escuchando atentamente Candy sólo pudo preguntar:
¿Hay algo más que deba saber? – habló Candy realmente espantada.
Bueno en el acto físico no creo que tenga problemas, a no ser por la vergüenza de saberse desnuda delante de sus ojos; otra cosa es que cuando él le quite la virtud puede haber dolor, pero pasará pronto y hay algo más que me gustaría decirle y es que nunca debe de permitir que la tome por la fuerza, si está en sus manos evitarlo, hágalo, porque eso los lastimará a ambos. ¿Tiene alguna duda? – la miró menos sonrojada y le dio una amable sonrisa.
No, ninguna, muchas gracias. Sigamos con la ropa – se levantó y se dirigió a la mesita donde se encontraban las prendas.
Bueno eso nos tomará tiempo, así que comencemos – dijo suspirando y poniendo las manos en la cadera.
Así pasaron tres horas, Candy llevaba una infinidad de paquetes, era obvio que cuando llegara con Terry le iba a parecer que se había tardado una eternidad, además las cosas no podrían ir mejor, sus dudas habían sido aclaradas al menos en teoría y le daba una singular alegría el haber sabido por medio de una dama lo que era ser casada.
Cuando Albert y el cochero bajaron los paquetes al carruaje, se dispusieron a ir a la mansión.
Candy ¿cómo te fue con la modista? – preguntó Albert.
Bien Albert, tuvimos una plática de mujeres, muy productiva de hecho y el vestido está precioso – le platicó ella entusiasmada.
Ah la plática, todas tus dudas quedaron esclarecidas… supongo – le sonrió atrevidamente.
¡Albert!, no deberías preguntarme eso, ¿no crees?; por qué no vas y se lo preguntas a Terry – le sugirió ella incómoda.
Créeme, Terry ya debe saber ¡eso! – le soltó intempestivamente.
¿Cómo dices? – le preguntó tratando de entender lo que le estaba diciendo.
No me mal entiendas, su padre debe haber hablado con él – se apresuró a completar y pensándolo dijo "eso espero".
Ah vaya, pensé que su padre no se lo había enseñado – dijo Candy sin entender realmente a lo que se refería.
Eso espero yo también pequeña.
Después de haber bajado todos los paquetes unos después de otros desfilaban hasta los aposentos de Candy, Dorothy acomodó cada prenda en la habitación que ella y Terry usarían en su noche de bodas, Terry silbó al ver todos los paquetes que pasaban delante suyo; estaban felices, Candy y Albert entraban sonrientes por la puerta cuando él los divisó. Bajó apresuradamente mientras Albert se estaba alejando para darles unos minutos a ellos antes de la cena.
Candy ¿cómo estás? – Terry la saludó animadamente.
Bien, aunque cansada, cinco horas en la modista, ¡qué horror! ¿Y tú? – le preguntó con una sonrisa cálida.
Extrañándote Pecas, por cierto me debes algo – le reclamó él.
¿Qué cosa? – se preguntó extrañada.
Unos besitos – sonriéndole. Dime ¿qué hiciste con la modista? – le preguntó mientras la abrazaba por detrás y ponía la barbilla en su hombro.
Escoger el vestido y otras cosas del ajuar, ¡esta precioso!, cuando lo veas te caerás de espaldas – dijo ella imaginándoselo.
¡Ah! y cuando lo quite, más – le dijo al oído.
¡Terry! – ella deshizo el abrazo y caminó unos pasos volteándose.
Era broma pecosa – se mofó de ella.
Pero tú también me debes algo – acotó ella.
Ah sí, qué cosa – se preguntó él.
Esto…
No se habían visto en más de cinco horas, así que lo jaló de las solapas de su saco y lo besó furtivamente, su beso era impaciente, estaba cargado de deseo y no podían separarse, él lo hizo más demandante, a ella no le importó que los vieran, él la había abrazado y ella le echó sus brazos al cuello jugando con los cabellos que le colgaban hasta la nuca. Cuando se quedaron sin aliento, se apartaron pero sólo para darse besos cortos, atormentándose.
Candy, si es así cómo me vas a recibir, te puedes ausentar las veces que quieras – le dijo animándola.
Así es mi amor, pero tengo que hablar contigo de algo, ven. Terry tu papá ya habló contigo de…- se quedó pensativa y un poco apenada.
Candy no quiso platicar de "eso" tan cerca del lobby, por lo que se encaminaron tomados de la mano hacia el jardín.
¿De qué? Amor – inquirió Terry.
De lo que pasa en la noche de bodas – soltó Candy tan rápido que Terry sólo la rodeó y levantó su cara con sus dedos.
Candy…veo que la señora Elroy y tu tuvieron la plática - viéndola sonrojarse.
Acaso ¿hay otra plática de la que deba saber? – le preguntó ella con una ceja levantada.
No, realmente las damas sólo dicen lo esencial, se supone que los caballeros tenemos "más" información cuando llega la noche de bodas, claro que si a eso le sumas mi carácter, el temperamento y mis antiguas costumbres, creo que no necesito decirte lo que se debe hacer ¿o sí? Le dijo mostrándole la misma actitud.
¡Terry eres un descarado! No gracias, mejor me voy, no quiero saber de tu experiencia – le dijo ella molesta y a punto de retirarse.
Espera Candy, acordamos decirnos todo, ¿recuerdas? Candy no soy un santo, no nací ni viví toda mi vida en un seminario y sólo debes saber que ahora soy sólo para ti, ¿lo entiendes? – le dijo deteniéndola del brazo y mirándola a los ojos, esos ojos que en el pasado lo habían atormentado.
Pero que tal que tú esperas a alguien más experimentada, así como tú, me vas a dejar por no hacer lo correcto – agregó ella.
¿Qué te hace pensar eso? Recuerdas que te dije que me gustabas cómo eras, no habrá nada que me haga cambiar de opinión, pronto entenderás por qué, espero que te desarrolles en tu papel así como eres tú, sólo eso – dijo sin dejar de mirarla.
Lo siento Terry, es sólo que estoy nerviosa, Madame Lenoire platicó conmigo y no debo estresarme ni pensar en que no lo haré bien, pero me da miedo que me compares y después ya no me quieras – le dijo muy triste a él.
Mi amor, pero cómo puedes decir eso, aunque nuestra noche de bodas sea un completo desastre igual te seguiré amando, no te amo por tu cuerpo Candy, te amo por ser tu misma mi amor, aunque en estos momentos preferiría que me dieras muchos besos para poder resistir la noche entera hasta mañana – le dijo guiñándole un ojo.
Terry, Terry, te amo tanto, soy realmente una tonta por pensar siquiera que eso pueda suceder – dijo ella arrojándose a los brazos de su amado.
Sí, eres muy tontita, pero así te quiero yo – respondió él y ella le propinó un golpe en el brazo.
Entre invitaciones, las pláticas previas con el cura y todo lo que la planeación que una boda conlleva, los participantes y sus allegados se encontraban a dos días de celebrar el matrimonio, los días se habían pasado rapidísimo, el tiempo era tan corto y Candy inmersa en tanta felicidad no se había dado cuenta de ello, además el departamento ya estaba listo y amueblado para cuando ellos llegaran al colegio, las llaves estaban colgadas en un listón del tocador de Candy; el ajuar ya se encontraba en su habitación y la señora Elroy había llorado cuando lo colocaron en el maniquí para que no se arrugara, la situación del colegio salió avante y los chicos se encontraban tan relajados que ni pareciese que se iban a casar en dos días.
Debido a que Candy no recordaba a sus amigas y no tenía ninguna de su edad, la tía Elroy se decidió hacerle su despedida de soltera una noche antes y al igual que la novia, el novio también sería llevado por los chicos a la suya. La despedida de Candy no duró más allá de las once de la noche y la de él consistió en una plática entre caballos, de su próxima vida de casado y de jugar cartas con su padre, su amigo Albert y George.
El gran día había llegado, Candy se había despertado, desayunado y estaba a punto de tomar un baño en agua de rosas, su aroma favorito cuando Dorothy le insistía que se diera prisa. Cuando salió de su baño, sacó parte de su ajuar, se puso el corsé y Dorothy le ayudó a ajustarle las cintas, también se puso la ropa interior que Úrsula había escogido para ella, al igual que las medias; Dorothy le regaló un liguero con rebordes azules, la tía Elroy le prestó unos pendientes y Albert le obsequió la tiara para su velo. Se colocó la bata y Dorothy comenzó a peinarla, con un chongo alto retenido por horquillas y dejando unos cuantos rizos cayéndose de él; después la maquilló muy natural y le puso un poco de labial rosa.
Cuando hubo terminado, se colocó el crucifijo que llevaba el día del naufragio y que no sabía a quién pertenecía y finalmente se puso el vestido. Cuando estaba afinando los últimos detalles, se oyó un leve toquido en la puerta.
Toc, toc.
Candy ¿puedo pasar? – preguntó Albert.
Si Albert, adelante – dio permiso a Albert para que entrara junto con George.
Al entrar Albert se quedó sorprendido de la belleza que despedía Candy, tanto que no pudo pronunciar palabra alguna.
¡¿No me vas a decir nada? ¿Cómo me veo? – preguntó ella.
Y al no obtener respuesta por parte de Albert, George sólo pudo contestar:
Señorita Candy, creo que lo ha dejado mudo, se ve usted sencillamente preciosa, ¿no es así joven William? – respondió George y admiró a Candy, mientras Albert se aclaraba la garganta.
Sí claro, estas más que preciosa, eres bellísima y el vestido…espectacular – decía Albert maravillado.
Gracias. Albert, Terry debe estar esperándonos ¿no te parece? – dijo ella.
Sí, además te tengo una sorpresa – le advirtió él.
¿Nos vamos? – dijo ella tomándolo del brazo.
Si, adelante, la princesa de esta mañana primero – dijo el galantemente.
Albert me apenas…-respondió ella sonrojándose. Y tratando de tranquilizarse Candy inició una ligera plática.
Y dime Albert ¿cómo quedó la recepción?
Bien Candy –y cambiando drásticamente de tema Albert le hizo saber – Candy, entenderás que no puedo entregarte puesto que nadie sabe nuestro secreto ¿verdad? – le dijo desanimado.
Sí Albert, lo entiendo, pero aunque George ocupe tu lugar, haré de cuenta que eres tú – le respondió.
Gracias pequeña y nada de llorar, te ves radiante – le auguró el semblante.
William apresúrate se hace tarde y no debemos hacer esperar a los invitados – dijo la señora Elroy.
Candy tomó su lugar al lado de George, caminó por el sendero rodeado de Dulces Candy, el pastor ya estaba esperando en el altar, al lado derecho se encontraba Terry ataviado con un frac color negro y el cabello atado. Detrás de él se encontraba Richard con su mujer y sus tres hijos e inesperadamente detrás de ellos se encontraba la actriz Eleonor Baker, muy sonriente mirando con orgullo a su hijo… a Terrence.
En el otro lado, estaba Albert y la Tía Abuela Elroy. Más atrás estaban Archie, Stear, Annie y otra chica de cabello y ojos cafés que tampoco conocía. Detrás de ellos, se encontraban Mary Jean, John y Dorothy. Cuando los chicos Cornwell vieron a Terry no podían creerlo, la noticia les cayó de sorpresa, él se estaba casando, pero… ¿con quién?, si el amigo de Candy, Albert, estaba ahí; eso quería decir que Candy no tardaría en aparecer, fue realmente un shock cuando Candy apareció del brazo de George, ellos no sabían quién era la novia, más cuando llegó a la altura de Terry y George la entregó a éste, ahí se dieron cuenta que Candy se casaba con él.
¿Quién entrega a esta mujer? – preguntó el pastor.
Elroy Andley pastor – respondió la Señora Elroy acercándose a Candy, tomándole la mano y poniéndola sobre el dorso de la de Terry. -Terrence, sé que sabrás hacerla dichosa y feliz – dijo ella.
No lo dude, así será – le respondió él, tomando la mano de Candy y levantando la parte delantera de su velo.
¡Hola amor! – saludó emocionada Candy.
Eres un ángel – le expresó Terry.
Gracias – sonrojándose Candy.
Muy amados: Nos hemos reunido en la presencia de Dios para bendecir y ser testigos de la unión entre este hombre y esta mujer en Santo Matrimonio. Dios estableció en la creación el vínculo y pacto matrimonial, y nuestro Señor Jesucristo honró esta forma de vida con su presencia. Es la voluntad de Dios que la unión de esposo y esposa en corazón, cuerpo y mente sea para gozo mutuo; para la ayuda y el consuelo que cada uno se dé, tanto en la prosperidad como en la adversidad; y, cuando Dios lo disponga, para la procreación de los hijos y su formación en el conocimiento y amor del Señor. Por tanto, el matrimonio no debe emprenderse inconsiderada o ligeramente, sino con reverencia, deliberación y de acuerdo con los propósitos para los cuales Dios lo instituyó – rememoró la liturgia.
Candice White Andley y Terrence Greum Grandchester vienen ahora para enlazar sus vidas en esta santa unión. Si alguno de ustedes puede mostrar causa justa por la cual no puedan casarse lícitamente, dígalo ahora, o de aquí en adelante, guarde silencio – preguntó a los presentes.
