hola chicas, espero que no hayan estado esperando, les traigo este capitulo y tomen nota, esta parte va a dar pie a muchos alucines por parte de los padres de los novios, asi que chequenlo. con respecto a lo de la susanita pues gracias por sus comentarios, los tomare en cuenta.
Saludos chicas y feliz lectura!
Jóvenes no creen que deberían de retirarse, la señora Elroy se encargará de despedir a los invitados, los chicos se quedarán en el primer piso de la mansión y ustedes tienen una habitación en el segundo piso- les informó George.
Sí George, nos disculpan con los demás por favor – dijo Candy tomando a Terry de la mano para dirigirse a su alcoba.
Sí señora Candy, que descanse – los despidió a los lejos.
Gracias George– susurró escurriéndose por las escaleras.
Candy ¿a dónde vamos? No se supone que nuestra habitación esta por aquí – señaló hacia el lado derecho del pasillo.
Esta noche no lo será, nuestra habitación se encuentra en el otro piso – dijo ella señalando el piso de arriba.
Sí pero lo dicta la tradición Candy, tengo que levantarte en brazos hasta nuestra habitación – estaba diciéndole cuando ya la había alzado en vilo.
Terry cuidado – le dijo con voz temblorosa.
No te preocupes pecosa, sí te aguanto – dijo tambaleándose en las escaleras hacia su habitación.
Terry bájame – pidió ella.
No, es más ya llegamos – dijo abriendo la puerta y depositándola en el piso.
¡Al fin!, Terry, pensé que me ibas a tirar – dijo ella sonriendo.
Por supuesto que no, a los ángeles no los puedes tirar. ¿Sabes Candy? estaba pensando en por qué me enamoré de ti – dijo abrazándola por detrás y besándole el cuello.
¡Ah sí! ¿Por qué fue? - preguntó incrédula.
Porque eres divinamente encantadora – le sonrió.
Terry no deberías decirme esas cosas.
Pero si sólo digo la verdad Candy – le sonrió nuevamente.
Terry ¿me harías un favor? – le preguntó ella.
Lo que tú quieras – dijo él sin más.
Ayúdame a desabrochar el vestido por favor – le pidió ella volviéndose de espaldas.
Sí claro – dijo comenzando a desabrochar la parte superior de la fila de botones que se extendía hasta su cintura. Candy…- le temblaban las manos.
Bésame el cuello Terry – bajó la cabeza y le echó los brazos a su nuca.
Candy, qué bien hueles – aspirando el perfume de su piel.
¿Ya terminaste…? – le preguntó una Candy un poco impaciente.
Aún no, voy a media espalda – dijo suspirando.
Pues debes darte prisa, aún te falta el corsé – le dijo volteando y sonriéndole.
Muy bien Candy – dijo apartándola de él, tomándola de los hombros y dibujando su figura dentro del corsé.
Cada fino botón fue desabrochado, ahora comenzaba con las cintas del corsé, ya había pasado por esto antes, pero no sabía si era miedo o pasión lo que ella le producía, temblando comenzó a aflojar las cintas del corsé una a una, fue entonces que Candy dejó caer el vestido hasta el piso y salió de él sin antes voltear a verlo y sonreírle.
La vista que Terry tenía de Candy era total y completamente virginal, ahí estaba ella dándose vuelta para que Terry se quedará anonadado como había ocurrido con el vestido, ella en un corsé a medio ajustar, con prendas íntimas diminutas y las medias ajustadas con el liguero que le había dado Dorothy. Candy se dirigió a un baúl que había puesto al lado de su tocador una tarde anterior, ahí frente a sus ojos ella se deshizo del corsé en medio de la obscuridad y sacó una bata de dormir tan ligera como las alas de una abeja, luego subió un pie en la cama con dosel que habían preparado y comenzó a bajar la media suavemente dejando el liguero en su sitio y después hizo lo mismo con la otra media, se quitó las zapatillas y acabó de quitárselas.
Se sacó las horquillas del cabello y lo soltó, un aroma a rosas y champagne salió de entre él, Terry para ese entonces ya se había recargado sobre la cama, viendo y siguiendo cada movimiento que hacia Candy. ¡De dónde había salido aquella apasionada mujer que no tenía ningún miedo ni vergüenza porque él la viera! Esa mujer que no dudaba de lo que ocurriría esa noche. Se acercó lentamente hacia él, colocó sus manos sobre su pecho y las escurrió por dentro de la camisa, Candy desabotonó un par de los diminutos botones y él jadeó, no esperaba ese ataque de su musa, después ella sonrió y comenzó por rodearlo y quitarle el saco del frac tirándolo al piso, inmediatamente se abrazó para sentir el calor de su espalda sobre sus senos, a continuación desajustó el corbatín y desabotonó el resto de la camisa.
Nuevamente lo rodeó y dejó un camino de exquisitos besos, Terry no pudo evitarlo, lo estaba excitando en demasía, ella cortó el camino y quitó la camisa por detrás; volvió a posicionarse en la espalda de él, ahora su cuerpo le exigía su cercanía, los consejos de madame Lenoire le dieron ideas a ella de cómo seducirlo, lo había ideado todas las noches desde esa plática. Empujó su trasero en la masculinidad de él y jadeó torpemente; Terry no resistió más y la volteó, la atrajo para que sintiera el ardor que le ocasionaba, las manos de Terry le arrebataron la idea, comenzaron a tocar sus pechos y después toda su anatomía hasta llevarla al lecho, la volteó y cuando iba a acostarla ella lo jaló por la pretina del pantalón. En medio de la oscuridad, la prisa de Terry comenzó a aumentar, pero eso la sedujo más, Terry se había desnudado tan rápido que a ella se le ocurrió disfrutarlo y más que eso, quería deleitarse con su desnudez; desde la clavícula hasta un excitante lugar… esa vista sólo para ella. Su virilidad emergió de entre las ropas que le aprisionaban, él comenzó a besar cada parte de su cuerpo dejando un camino de húmedos besos, cuando pasaba por la ropa también sus manos se ocupaban en quitarla comenzando por un calzoncito de muselina y la transparente bata que se había puesto, Candy jadeaba en cada descubrimiento de su piel.
Terry comenzó a recorrer su cuerpo y cuando se inclinó sobre ella para besarla Candy sintió su virilidad reclamándola, no lo pudo evitar y dio un respingo; por su parte Terry estaba ansioso, tanto que bajó su mano hasta el centro de placer de Candy y se dio cuenta que se encontraba preparada, la experiencia que Terry había adquirido con anterioridad lo condujo a introducir su dedo tratando de comprobar que fuera el momento adecuado… se deslizaba tan fácilmente y la pasión despertaba en su cuerpo, sentía un calor avasallador; ella estaba preparada, demasiado para su gusto, con tan sólo unos cuantos toques a sus pezones ella se removía y jadeaba debajo suyo. El calor aumentaba con cada toque de sus manos.
Terry, ya… hazme tuya por favor – le pedía Candy ansiosamente.
Aún no, todavía falta – dijo él sin resistirlo, no podría hacerlo por más tiempo, el ardor comenzaba a martirizarlo.
Por favor, Terry…-pedía a gritos.
Espera – pero no hubo tiempo, él comenzó apartar las piernas de ella, colocándose en medio, listo para hacerla suya. -Candy, te amo, pero esto te va a doler un poco, iremos poco a poco, procuraré no lastimarte, puedes decirme cuando me detenga, ¿está bien? – le recomendó mientras la besaba para que pensara en otras cosas.
Lentamente fue entrando, tratando de no lastimarla, siguió así hasta que se topó con aquella barrera que sobre guardaba su virtud.
Terry…¡hazlo ya! – pedía ansiosamente.
Empujó suavemente y finalmente se rompió, ella le enterró las uñas en el momento que comenzó a sentir dolor, las embestidas que él le daba eran suaves y rítmicas para que se fuera acostumbrando a la intromisión, después fue aumentando el ritmo, mientras ella le acariciaba el pecho y la nuca, el ritmo fue acelerándose rápidamente y ella comenzó a gemir sonoramente.
Candy…¡te amo! – dijo Terry.
Yo… yo también – le respondió Terry con voz agitada.
Candy estaba a punto de llegar al orgasmo, entonces él cambio su posición y la penetró con más profundidad para hacerla llegar a ella primero, controlándose a sí mismo y cuando ella estaba a punto de llegar, él lo hizo para unirse en el clímax. Terry se dejó caer sobre el pecho de ella, Candy lo abrazó con las piernas mientras jadeaba y vertía en ella su simiente, sus mejillas se encontraban completamente bañadas de rosa y al igual que Candy, Terry tenía su respiración entrecortada.
Candy fue…fenomenal, te amo preciosa – se rodó y la abrazó cariñosamente.
Te amo Terry, te amo demasiado – y para sorpresa de Terry, Candy se apresuró a preguntar - ¿estuve bien Terry?
Jajaja Candy, qué preguntas son esas, quisiera saber qué platicaste con la señora Elroy – Terry preguntó más interesado en la respuesta que en lo que le preguntaba.
En realidad, fue con la modista con quién platiqué, y desde ese día me puse a pensar cómo hacerlo – le soltó sonriéndole y besándolo.
Pues creo que esa plática ya no era como en tiempos de mi padre, te dio bastante información- dijo él sonriendo. Candy… ¿te lastimé mucho? – le preguntó él.
No Terry, aún me arde, pero si lo repetimos no creo que sea igual – dijo sorprendiéndolo.
Así pasaron toda la noche, amándose hasta muy entrada la mañana. Terry se había levantado al baño y regresando la vio, estaba ahí acostada con la espalda desnuda, las sábanas le cubrían la parte baja del cuerpo y ella simplemente susurró.
Te amo Terry…
También te amo pecosa y eres la única persona que ha cambiado mi vida en muy poco tiempo, realmente me has hecho muy feliz amor mío; me gustaría ver lo que dice todo el colegio cuando me vean llegar de la mano de mi esposa, Candice White Grandchester – dijo él notablemente orgulloso de ella, acostándose al lado de su cuerpo y besándole la espalda.
Así se la pasaron parte de la mañana hasta que ella despertó.
Terry despierta, anda dormilón – le movía incansablemente - Debemos levantarnos, ya es tarde – dijo ella apurándolo.
Candy, si no te has dado cuenta, son las dos de la tarde – dijo él observándola.
¡¿Tan tarde? ¿Por qué no me despertaste Terry?
Estabas cansada, los demás han ido de día de campo, si quieres los alcanzamos allá – preguntó él alzando la ceja.
Pues no sé… creo que mejor nos quedamos a descansar, ¿qué opinas? – proponía Candy haciendo una mueca.
Recuerda que mañana entramos al colegio – le recordó Terry.
Sí, otra vez volver al uniforme –y siguiendo el juego como nuevos esposos - entonces señor Grandchester ¿no tiene usted hambre? – le preguntó porque ella se moría de hambre.
Bastante, pero tenemos que bajar a la cocina – le advirtió.
No hablaba de esa hambre – le recalcó Candy en tono pícaro.
¡Candy! – dijo él sorprendido.
Jajajaja estaba bromeando…- rió al ver la cara de Terry.
Pequeña tramposa, vamos a comer y luego iremos a pasear al jardín – acordó con ella.
Tenemos que asearnos y vestirnos adecuadamente – le informó Candy mientras se dirigía al baño.
De acuerdo, ven vamos a bañarnos – la jaló hacia él.
¡No te bañarás conmigo Terry! – le advirtió.
Oh sí que lo haré – fue la sentencia de Terry.
Una hora más tarde salieron de la habitación arreglados, bajaron a la cocina, afortunadamente Mary los había visto desde el lobby y corrió hasta esta a prepararles algo; les ofreció servirles la comida en la terraza, pero ellos quisieron que fuera en el césped del jardín, entonces Candy llevó todo lo necesario en una canasta y extendieron una manta, colocando los utensilios, Terry llevó la comida junto con Mary. Después de haber calmado su hambre, los dos aún seguían cansados; Terry se recostó en los arbustos y Candy en su pecho, estaban leyendo tratando de relajarse un poco cuando fueron objeto de burlas por parte de sus primos.
Hola Candy pensé que no saldrían en todo el día, la tía Abuela no nos dejó despertarlos para que nos acompañaran – dijo Stear ya que Archie seguía molesto por la forma en la que le contestó un día anterior.
No comiencen a molestarlos chicos, son recién casados ellos sabrán en que actividades ocuparán su tiempo – comentó Albert en tono burlón. Por cierto Candy… ¿qué tal se la pasaron? – le preguntó él dándole codazos.
Albert deja de meterte donde no te llaman, aunque supongo que tú sabrás cómo nos fue – dijo ella sonriéndole y arqueando una ceja, haciendo que Terry emitiera una carcajada y sorprendiendo a todos por la forma en contestar.
Albert creo que te callaron educadamente – Stear se carcajeó.
Albert bastante sorprendido por el cambio que había dado su pequeña Candy no puso mas que continuar con la conversación -Bueno chicos dejémoslos aquí descansando, mañana partiremos hacia el colegio. Candy sería bueno que vayan a ver lo del departamento, Dorothy ya alistó tu equipaje y Richard envió el de Terry, así que ustedes deciden.
Estábamos pensando que John y Dorothy fueran a dejar nuestro equipaje y que nosotros llegáramos por la noche – le replanteó.
Está bien, también le avisaré a Mary Jean – dijo Albert encaminándose a la mansión.
Gracias, los vemos luego – les dijeron los chicos.
Una vez estando ya solos Candy y Terry…
Candy no pensé que le contestaras a Albert de esa forma – le dijo sonriéndole.
Se lo tiene merecido– le contestó ella guiñándole un ojo de manera divertida tratando de esconder cierta inquietud que sentía.
Terry, me va a costar trabajo dejar a Albert y a la tía abuela, ya me había acostumbrado a su compañía; me da miedo Neil y a los que aún no recuerdo – le dijo ella asustada.
No te preocupes Candy, ahora debes ser más fuerte, sabrás cómo hacerlo tal cual como lo hiciste anoche – le recordó, dándole un beso.
Terry, no me avergüences – le decía ella tomándose las mejillas con las manos ya que de cierta forma se sentía avergonzada por la forma en que había actuado en su noche de bodas.
Pero mi amor, si lo hiciste muy bien, más que bien, me encantó que me sedujeras; en realidad tengo una idea que proponerte después de la comida – le guiñó un ojo.
Creo que esa idea, la tenemos los dos…
Y arriesgándose a que los descubrieran más no importándoles se amaron una vez más, reconociendo la pasión que fluía en ellos ya que no encontraban otra forma de expresar el amor que sentían el uno para el otro. Se vistieron nuevamente y fueron a despedirse de la señora Elroy y de Albert, George los llevaría a su departamento, en este se encontraban ya Mary Jean, Dorothy y John. Llegaron cerca de las nueve de la noche, merendaron y se fueron a dormir.
