hola pequeñinas, jajaja yo aqui trayendoles otro nuevo capitulo, me perdonan verdad, hemos estado algo apuradas ya saben, entre las cosas de la escuela y los trabajos, pero aqui les traigo este capitulo, avisandoles tambien que pronto concluira bububububu, pero aun no asi que como ya saben, feliz lectura!
Los pasillos de pronto fueron invadidos por los alumnos, los alegatos llegaron rápidamente y Candy en su inconsciencia se le había revuelto el estómago. Con la sales había regresado, pero se sentía muy cansada, así que la señora Elroy mando a un sirviente al departamento para que John trajera a Mary Jean. Cuando ésta se enteró, apresuró al cochero para que la llevara al colegio.
Al llegar entró aprisa y llegó a dónde Candy, ella yacía como inconsciente, aunque estaba despierta. Momentos más tarde, Mary Jean le señaló a Terry que la podía llevar a casa pero que una vez llegando allá no se le moviese para nada, así que la tomó en brazos y atravesando el largo pasillo de los dormitorios de las chicas se dirigió hasta llegar a la entrada donde ya los esperaba el coche del que se había bajado Mary Jean, delante de este se encontraba el carruaje de los Andley, el cual esperaba a la tía Abuela mientras que George había alquilado uno.
El camino fue largo para Candy ya que apenas podía quedarse despierta, cuando llegaron al departamento Terry la volvió a cargar pero ya iba profundamente dormida, era momento de saber en realidad qué sucedía. Mary Jean mandó a John para que trajera al Doctor Robson, ella subió detrás de Terry y se quedó con ella mientras él ya en la biblioteca daba de vueltas debido a la desesperación de no saber cómo actuar. Momentos más tarde salió cuando escuchó la voz del Doctor Robson que venía entrando acompañado de Elroy y Albert.
Doctor, que bueno que llegó, me tenía preocupado – dijo Terry notablemente afectado.
Calma Terry, ¿dónde está Candy? – le preguntó ansioso.
En la habitación, venga por aquí – lo condujo a su habitación.
Habían pasado un par de horas, Terry tenia destrozados los nervios, nunca había sido impaciente, pero tratándose de Candy lo era, la Tía Abuela estaba leyendo y Albert suponía que revisaba contratos que había pasado a recoger a la oficina, aunque realmente no pasaba de la primera línea, su mente se encontraba ausente. El Doctor Robson salió de la habitación de Candy:
La señora Grandchester esta notablemente cansada. ¿Ha recordado muchas cosas últimamente? – preguntó un tanto extrañado.
Sí, recientemente ha recordado los maltratos que vivió en su niñez – le contaba Terry.
Ya veo, espero que esto acabe pronto, debemos de cuidar el aspecto emocional sabe, está muy delicada… ¿aún anda haciendo travesuras? – preguntó nuevamente.
Si, ayer precisamente Puppet fue su blanco. Hasta se cayó – comentaba Albert sonriendo.
Mmm bueno también hay que cuidar eso – respondió él.
Se ha lastimado con ello, se quejó, pero no pasa nada – hizo un comentario Terry.
Aún no pasa nada, pero pasara, me entiende señora Elroy – la miró en tono de advertencia.
¿Usted cree doctor? ¿No es demasiado pronto para saberlo? – le preguntó alterada.
¿Saber qué…? - preguntó Terry ya que no lograba entender de lo que estaban hablando.
¡Ah, jóvenes…! ¿Sabe qué pasa cuando una señorita tiene intimidad con su marido? – le preguntaron.
¡Ah! eso, no lo creo… ¿o sí? – dijo dubitativo.
Es muy pronto para darse cuenta de eso ¿o no Tía Abuela? – le preguntó Albert.
Pues no se sabe a ciencia cierta, pero por el susto que le ha dado Elisa, en vez de llorar se puso a dormir, puede ser que esté embarazada… - agregó sin más.
¡¿Embarazada?, ¿tan pronto?…¡no hemos acabado el colegio! – se asustó Terry.
Bueno Terry, es natural y el colegio se quedará aquí por muchos años… - le aclaró Albert.
Me refería a que no es posible ¿o sí? – rectificó Terry.
Tal vez joven Terrence, pero debe cuidarla, se imagina si la señorita Elisa hubiera cometido esa atrocidad, lo hubiésemos lamentado mucho. Candy me contó, comenzó a temblar y no pudo evitar un sollozo, se encuentra demasiado asustada – dijo el Doctor Robson.
Terry…Terry…vamos hombre, es poco probable. Además con ustedes dos nos basta para tener actividades extracurriculares – le sonrió Albert.
Si pero Candy…si hubiera sucedido lo que Elisa tramaba no me lo hubiera perdonado…- comentó Terry triste.
Pero no sucedió, ven vayamos a verla – le dijo Albert.
Si joven Terrence, no se preocupe, los acompaño – caminó el Doctor Robson detrás de ellos.
Toc toc
Adelante - indicó Candy.
Mi amor ¿cómo estás? – corrió Terry a su lado.
Mejor Terry, no te preocupes sólo fue un desmayo nada fuera de lo común.
Pues si preciosa, pero el Doctor Robson quiere platicar con nosotros – le informó besándole la mano.
Sí, en unos minutos llegará, no creo que se demore más – les informó sobre un visitante. Antes de salir de mi consultorio me encontré con el Duque de Grandchester y me dijo que vendría a visitarlos así que ya no tardará – les comento el doctor.
¿Terry que ha pasado? – le preguntaba a su hijo mientras en el camino Dorothy le informaba al Duque sobre lo ocurrido con Elisa.
Bueno, parece que ya estamos todos –empezó el Dr. Robson - El avance de Candy ha sido significativo, sus recuerdos han regresado a excepción de los de su niñez. Candy debes tomar en cuenta que por algo ha pasado esto, si los obligas a regresar este y otros episodios pueden repetirse; tu aspecto emocional es el que me preocupa, después de todo puedes volver a ser la misma pero con algunos rasgos diferentes. Según me contaba tu tía, la situación en casa no era agradable para nada, ahora que lo recuerdas recriminas esos actos y es natural en un corazón que ha sido abusado, pero queremos que ciertas cosas de la antigua Candy vuelvan, ¿no es así? – le informaba a todos.
Sí doctor, entonces no lo haré más - Candy les pido una disculpa a todos -evitaré recriminarles lo sucedido anteriormente.
No hay necesidad de eso Candy, sólo que no extra límites tu memoria – le recomendaba Albert.
Por otro lado, debes tomar en cuenta que ya no es prudente que sigas con tus travesuras Candy.
¡Ah sí! ¿por qué? – le preguntó Candy sorprendida.
¿Candy, has tenido intimidad con Terry? – le preguntó sin más el doctor Robson.
Este…sí – lo dijo notablemente sonrojada y sorprendida por la pregunta tan directa.
¡Ah…! ¿Quiere decir que puedo estar embarazada? – le soltó cuando todos sonreían.
¿Qué ha dicho? ¿Doctor es eso posible? – preguntó Richard.
Puede suceder o no, es muy pronto para saberlo – respondió él dudándolo.
Desde ahora te mantendremos vigilada pequeña – le dijo Albert.
¡Ah no! Me opongo a que no me dejen divertirme – respondió ella.
Sin quejas princesa, divertirte sí, pero no caerte como ayer – le contestó Albert enérgicamente.
Un golpe muy fuerte puede hacer que lo pierda Candy, debe tener cuidado – recomendó el Doctor Robson.
Está bien…está bien, no cometeré esas tonterías, pero no me aten al confinamiento, prometo ser más cuidadosa – repetía Candy incansablemente.
Está bien, por ahora me retiro, aún tengo pacientes que atender – se despidió el Dr. Robson.
Si doctor, lo acompaño – se ofreció Albert.
Terrence hasta que por fin me darás un nieto – comentaba Richard notablemente contento.
Nieta – sugirió Albert.
Va a ser niño – recalcó Richard.
¡Ey! par de abuelos antes deberían de considerar que primero tiene que suceder. Así que vayan a sus casas a descansar que yo la cuidaré – contestó Terry sonriente.
Está bien, pero será niño – dijo Richard aún caminando.
Niña – lo corrigió Albert.
Así la señora Elroy, Richard y Albert se fueron mientras departían si era varón o mujer…
Candy.
Dime Terry – le contestó ella.
La verdad no creo que estés embarazada.
¿De verdad lo crees?, pero eso puedo remediarlo – lo miró y le dio un profundo beso.
Candy, debo cuidarte – se separó de ella.
Pues ya veremos… – dijo ella en tono sensual y levantándose.
Corrió al baúl que había acomodado en el baño y sacó unas prendas que le había mandado madame Lenore, era un recién estrenado neglillé en la moda de París, negro y rojo, muy sexy y despampanante, le había dicho que lo usara sólo en emergencias.
Cuando terminó de vestirse se recargó en la puerta del baño y comenzó a caminar hacia él, con cadenciosos movimientos y muy sensual. Él por supuesto apenas la vio y su excitación se volvió contra los designios de su cabeza. Candy llegó delante de él y sé acuclilló al lado de la cama, después se levantó y emitió un gemido, él rápidamente la tomó por la cintura y la acostó nuevamente.
Candy no debemos – dijo él cuando ella se acercó a su rostro.
Pero yo si quiero, anda no me lo vas a negar ¿o sí? – le dijo besándolo.
Eres una provocadora, sabes que con este atuendo no puedo negarme – dijo él mirándola.
¡Ah! Pero ¿querías hacerlo? – le preguntó.
Siempre voy a quererlo – le contestó besándola.
Te deseo tanto Terry, hazme el amor por favor…- repitió ella.
La palabra mágica…- contestó él.
En efecto, Candy había provocado lo suficientemente a Terry, la había amado esa noche, tanto que no escucharon cuando Dorothy les despertaba, llamado al cual no respondieron, provocando que Dorothy desistiera de su objetivo.
Amor despierta ya es medio día – le dijo moviéndola un poco.
Y ¿quién dice que me quiero levantar? Ven – lo jaló.
Candy, traviesa, por mi pasaría todo el día en tus brazos – le dijo besándole el cuello.
Pues mañana es sábado y no vamos al colegio, podríamos no asistir ni a comer – dijo ella, no quería apartarse de sus brazos.
Princesa pero no podemos hacerlo si no comemos, terminaríamos agotados – le dijo sin predecir la contestación que le darían.
Tenemos tiempo para descansar – le recordó.
Candy…¿qué me has hecho? – sonrió.
Sólo lo que tú me has enseñado – le respondió coqueta.
¿De verdad?, pues qué buena eres, me has superado – le dijo él sin pena.
Recién lo descubrí – ella contestó sonriendo.
Te amo Candy.
Yo también y mucho.
Y así siguieron todo el día, las únicas veces que se levantaron fueron para comer sus alimentos por lo demás estuvieron encerrados a piedra y lodo, amándose, contándose anécdotas, aunque por parte de Candy eran muy pocas, haciéndose travesuras y en realidad pasando un día hermoso en compañía de la persona que él más amaba: Candy.
El sábado tenían un compromiso inevitable, desde que ellos se habían casado ambas familias se mostraban más complacientes, habían decidido hacer reuniones en cada casa para mantener los estrechos lazos que ahora les unían; ambas familias querían algo de los recién esposos, pero lo que más querían era rodear a Candy y a Terry de amor familiar, debido a que no se les había dado cuando eran pequeños. Ese fin de semana lo pasarían todos e incluidos los chicos en la Mansión Gradchester, era su quinto domingo y se reunirían con ellos ese día.
Candy y Terry llegaron con Dorothy y Mary Jean el sábado, ella lucía radiante, caminó muy discretamente hasta que vio a su suegro bajar por la escalinata. Se lanzó a él y lo abrazó efusivamente.
Gracias Richard por recibirnos en su casa – le dijo Candy.
De nada Candy, pero recuerda nada de travesuras – le advirtió a ella con el dedo enfrente de su nariz.
De acuerdo, prometido – le hizo una señal de cruz con los dedos.
Papá ¿los señores Andley ya llegaron? – preguntó Terry.
Aún no, decían que iban a traer algo para la hora del té, pero si gustan podemos pasar al comedor – comentaba Richard al oír alegremente la palabra "Papá".
Pero ¿y tu esposa…?- le preguntó Terry intranquilo.
No te preocupes, la duquesa no está, se encuentra con unos parientes en Darthmout – le dijo Richard notablemente liberado.
Papá no quisimos importunarte, lo sentimos – le dijo él tomándole el hombro.
No hay por qué Terry, pero no volverá a tratarte tan mal otra vez, no en mi presencia, así que le sugerí que pasara unos días allá. Candy te ves radiante – Richard cambió el tema, pues no quería hacer sentir mal a Terry.
Gracias Richard, tu igual, ahora sé de dónde sacó Terry la galanura – le decía mientras caminaba de su brazo.
Jajajaja Candy, incómodas a Richard – le dijo Terry aparentando tranquilidad.
¿Verdad que somos guapos Candy? – le preguntó Richard poniéndose a un lado de Terry.
Demasiado Richard, pero ya estoy casada – le confirmó ella sonriéndole.
Jajajaja qué ocurrencias Candy – aclaró Richard pues Terry comenzaba a verse malhumorado.
Candy…compórtate – amenazó Terry.
¡Ah! ¿Usted también es celoso?, porque mi esposo sí lo es – decía Candy pasando de los hombros de su esposo a los de Richard y ambos se le quedaban viendo al primero.
Así somos todos a esa edad, pero Terry me supera – dijo él.
Papá no me estas ayudando – replicó Terry.
Vengan desayunemos – anunció Richard caminando al desayunador que se encontraba en la terraza.
Claro, Terry…- lo llamó su esposa.
Vamos pecas – le dijo el tomándola de la mano y muy serio.
Terry no te pongas celoso, solo te amo a ti – le dijo cariñosamente, deteniéndose en la puerta de entrada hacia la terraza y sosteniéndole el rostro con ambas manos.
¡Control Dios, control!. Pero no exageres Candy – dijo él mientras era jalado por su esposa a la cual recomendó.
¡Oh por Dios, Terry! No puedes hablar en serio,¡¿celoso de tu padre y que, al rato vas a ser celoso de tus hijos? No podré darles de comer entonces…- rió ella.
Candy, Terry vengan, está listo el desayuno – los llamó Richard.
Lord Grandchester, la señora Elroy y el joven Albert han llegado – anunció Edmund.
Hazlos pasar.
Señora Elroy, qué bueno que vino, adelante, siéntese, Albert – le indicó a la señora Elroy donde sentarse y apretó fuertemente la mano de Albert en señal de saludo.
Buen día Richard, pensé que no llegábamos, no sabes todo Londres habla del enlace de Candy y Terry. Creo que nos hemos puesto un tanto en evidencia – comentó Albert sorprendiendo a Richard.
¡Ah sí! ¿Por qué Albert? – preguntó Candy.
Albert compró unas botitas de niña y la modista me dijo que ayer Richard había comprado ya un trajecito para niño, por lo que, por la tarde tenía a todas mis amistades felicitándome por el nacimiento de mi sobrino – interrumpió la señora Elroy.
¿De verdad tía abuela? Pero ni siquiera sabemos si existe tal posibilidad, Richard, Albert ¿no creen que se están adelantando un poco? – dijo Candy.
Un mucho querrás decir Candy. Pero les digo que lo que Candy tuvo es solo cansancio, ayer se la paso mucho tiempo acostada sin hacer nada, solo descansando – explicó Terry.
Terry…no exageres – le dio una mirada de reprobación.
Jajajaja a ver jóvenes, sólo es un recuerdito nada sin importancia, aunque preferiría una pequeña Candy – dijo Albert.
No Terry, mejor un pequeño Richard por ahí – corrigió Richard.
Calmados señores, aún no nace y ya andan eligiendo – advirtió la Señora Elroy.
Bueno en realidad tengo un antojo, unos bizcochos de frambuesa – comenzó a decir Candy.
¿De verdad, Candy…?- dijo Richard.
Jajajaja no, pero me encanta la cara que ponen. Bueno veamos que compraron en las tiendas – dijo acercándose a los paquetes que se encontraban a un lado de ellos.
Sí vamos – dijo la Tía Elroy.
Terry en realidad no están…- preguntó Albert.
No lo sé Albert, pero creo que en un mes nos daremos cuenta no te parece – se retiró a ver a su pecosa con una sonrisa en los labios.
Y ¿qué vas hacer? – le preguntó Richard.
Pues a consentirla más y cuidarla demasiado, ya ves que esa cabecita no ayuda mucho – dijo él.
Eso sí, ven vayamos – dijo Richard.
Tía Abuela es precioso, pero ¿no cree que es muy ostentoso? – le decía a la señora Elroy mientras lo miraba.
Candy, ¿cómo puede ser ostentoso?, más bien demasiado escotado para mi gusto, pero eres joven – le declaraba la señora Elroy.
Gracias tía abuela, es precioso, ¿te gusta Terry? – se volteó para que Terry lo admirara y se lo imaginara cubriendo las grandes extensiones de piel con un poco de envidia, mientras ella se lo sobreponía.
Si pecas esta bellísimo, te apuesto a que sin él te veras mejor – le dijo esto último casi susurrándoselo.
¡Terry!- lo reprendió ella.
Pensé que ya te habías acostumbrado a que te dijera lo preciosa que eres para mí – dijo el dándole un beso en la comisura de sus labios.
Pues si pero no ante todos, me sonrojas Terry – dijo ella colocando su palma debajo de su mejilla.
Pero si yo solo digo lo que veo, pecas. Además aprendí del mejor – miro de soslayo a Albert.
¡Ah no! A mí no me eches la culpa, esto es obra de él – soltó Albert.
Tienes razón Albert, pero Terry aprendió de ti – le reclamó y se mofaba de él.
Jajajaja Albert pero qué cara, si Candy y yo sólo jugamos – le reiteró.
¡Qué simpáticos! No me caen en gracia esas bromas – se puso serio.
Vamos Albert, nos estamos cobrando todas las que nos hiciste – le dijo Candy.
¿De qué hablan Albert? – preguntó la señora Elroy.
Ah de nada tía abuela, de nada – Albert prefirió acobardarse a hablarle de lo que les hacía a ellos siempre que destilaban miel.
Bueno abuelitos, los vemos luego, Candy y yo vamos a montar a caballo así que llegaremos en el atardecer – les decía mientras salían despidiéndose en el aire.
Si claro…¿qué?… ¡nooooo! – dijeron todos en eco.
¿Qué pasa? – reaccionó Candy.
No puedes montar a caballo Candy, prometiste cuidarte – la condicionó Richard.
Pues si lo haré, pero no antes de que lo sepa. Así que si nos disculpan…- salieron rápidamente antes de que protestaran nuevamente.
