HOLA CHICAS, SE QUE ME VAN A MEDIO MATAR PERO HEMOS TENIDO TRABAJIN, JAJAJA ASI QUE CASI NO HE PODIDO CACHAR A LA HUMILDE EDITORA Y LUEGO NI LA ENCUENTRO, ASI QUE RECIEN SALIDO DEL RECALENTADO LES PASO ESTE CAPITULO, EL XXX, WOW! BUENO AGRADEZCO TODOS SUS CONMENTARIOS Y COMO ANTES LES HABIA DICHO, ESTO ESTA POR TERMINARSE, SALUDOS!

FELIZ LECTURA!

Y ante los desconcertados señores, Candy y Terry se fueron a las caballerizas, Terry ensilló a una yegua lo bastante tranquila sólo para que trotara un poco, de cualquier modo no saldrían de la propiedad, así que se subió y después le indicó a Candy qué hacer para que la subiera en su regazo. Así se enfilaron hacia el verde bosque que había detrás de la mansión, pasaron trotando por la terraza ante las miradas preocupadas de sus padres y tía.

Terry…- Candy lo llamó.

Si – le contestó él.

¿Por qué se preocupan demasiado…? Si aún no tenemos noticias – preguntaba ella confundida.

Supongo que temen por la vida del bebé amor, nunca en mi vida desde que tenía cuatro años, mi padre me había defendido de su mujer tan abiertamente – le contó lo sorprendido que le parecía esa acción.

Lo entiendo, pero siento que exageran – replicó Candy.

Si seguimos como hasta ayer no creo que tarde mucho, además hoy en la mañana cuando te arreglabas me suscitó una pregunta – le dijo muy calmado.

¿Cuál pregunta? – dijo ella como si supiese algo de lo que le iba a decir.

¿Madame Lenoir sólo te dio la prenda de antenoche o tienes más? – preguntó un tanto curioso.

¿Para qué quieres saber eso…? - reformuló la pregunta.

Curiosidad solamente, porque si sigues así no tendré piedad de ti y no saldrás fácilmente de la cama – le advirtió él.

Eso espero porque no podría soportar ni una noche lejos de ti. Además no me gusta que exhibas nuestras intimidades – Candy le reclamó dándole un codazo a sus costillas.

Pero no dije nada – soltó sin recordar.

Que me las hagas es una cosa y que me lo digas es otra, pero… que las digas y no me las hagas ¡eso si que no! – soltó una risotada mientras Terry la tomaba del rostro para besarla.

Mi amor, qué cosas dices, para eso tenemos la noche – sonrió él.

No puedo aguantar tanto, ¿podríamos descansar por aquí?

Pero Candy nos pueden descubrir – decía Terry alarmado.

Cómo si te importara eso. Terry hazme el amor aquí – le pidió ella.

Candy no me lo pidas así, no podré resistirme – le suplicaba él.

Por favor…- pedía ella.

Sin más provocación el miembro viril de Terry proclamaba el centro de calor de Candy, Terry tuvo que bajarse, la ayudó a bajar, la abrazó y depositó lentamente debajo de un árbol, para amarla nuevamente, no podía estar lejos de ella, sabía de antemano que no podía hacerlo en la casa de su padre, era incómodo, aunque suponía que él lo entendería; sin embargo Candy no pensaba lo mismo, esta noche solo dormirían o al menos él quería creer eso. Desde que descubrió el placer sensual en sí misma, era un cúmulo de deseos cada vez que lo veía, hoy trataría de seducirlo en la bañera…

Cuando regresaron todos los veían un tanto descompuestos, realmente ellos no se habían percatado hasta que Candy se miró en el espejo. Después se arreglaron y bajaron. La cena fue muy amena, hablaron de que el domingo se iba a realizar un picnic, ya que los chicos Cornwell venían a la Mansión Grandchester, la tía Elroy y Albert durmieron en las habitaciones de huéspedes, ya se habían retirado cuando Candy había abierto el grifo de la bañera.

Como que hace calor no Terry – dijo Candy cuando hizo con sus manos un movimiento como si fueran un abanico.

Yo estoy bien, ¿tienes calor? – le preguntó sin quitar la vista del libro que estaba releyendo.

Me daré un baño – con toda la intención se quitó la bata que se había puesto delante de los ojos de Terry.

Antes de que se quitara la bata, Terry había bajado la vista, pero al deslizarse esta hasta el suelo, la levantó inmediatamente, así que ella sonrió mientras se dirigía al baño, se enredó el cabello con una cinta y se metió al baño dejando la puerta entreabierta. Terry no podía creerlo, se veía la blanca piel de su esposa tan excitante que él no tardó en deshacerse de la suya y caminar desnudo hasta el cuarto de baño. Luego ella se encontraba viéndose los pies cuando de pronto sintió que Terry se sentaba detrás de ella.

Pensé que no tenias calor – le dijo sin voltear a mirarlo.

Me dio de repente… ¿te molesta? – le preguntó mientras le abrazaba y la jalaba hacia su erección.

Para nada, ¿puedes tallarme la espalda? – le pasó un jabón y una esponja.

Por supuesto que lo haré – dijo él tomándolos.

Terry comenzó a tallarle la espalda, el agua despedía un aroma a lavanda, justo el que él usaba y un poco a rosas, después tomó la pastilla de jabón y comenzó a frotarlo contra sus brazos y de ahí fue bajando a los senos; cuando Candy sintió esos movimientos se arqueó hacia adelante tratando de que él siguiera enjabonándole el cuerpo. Sin más, Terry paró y la cambió de posición, ahora quería verla de frente, había descubierto que su esposa era una hechicera, ella le sonrió y él se posesionó de sus besos mientras con los dedos masajeaba el pezón de su seno derecho, ella al sentirlo emitió un gemido, era tan delicioso como hacia dos noches, el agua les permitía una movilidad diferente. Terry se hincó frente a ella y embistió fuertemente, su urgencia era notoria, quería pertenecer a ella rápidamente, así que se arrastró hasta quedar encima de él y comenzaron una danza por demás sugerente. Una vez que el vació su simiente, la llevó a la cama, su miembro no había bajado, tenía caliente la sangre y no permitiría que ella saliese ilesa ante su provocación.

Te amo Terry…

Yo también te amo…¿en dónde aprendiste a seducirme así Candy? – le preguntaba mientras la acomodaba sobre la cama.

Sabes en dónde, mirándome en tus ojos y adivinándote el pensamiento cuando me miras – explicaba ella.

Pues lo has hecho excelente, eres la mujer que amo y te amaré toda la vida – dijo él enterrando la cabeza en el hueco de su hombro.

Sabes Terry, yo te amo desde esa noche en el barco – le dijo mientras le besaba el rostro.

Perdóname…- le pidió él.

¿Por qué? – contestó Candy con otra pregunta.

Por haberme burlado de tus pecas, no sabía qué decir, estaba triste y de pronto llegas de entrometida, dije puras tonterías – explicaba Terry.

No Terry, no te has preguntado por qué a veces sólo te recordaba a ti – le preguntó nuevamente.

No, sólo sé que lo hacías – dijo él sin agregar algo más.

Porque me parecías triste y esa forma en la que me contestaste, me hizo enojar mucho – dijo ella sonriendo.

Pues te recordaba por ser entrometida y porque te preocupaste por cómo me sentía sin conocerme – le aclaró él.

El calor estaba a punto, comenzaron a reconocerse, saborear la piel, le dejaba besos en todo el cuerpo, en sus pezones y después del preámbulo sólo se introdujo en ella, haciéndola jadear y estremecer, agarrándose de la cadera de ella, besando sus senos, mordiéndolos mientras con cada embate la hacía gemir y él también gemía, controlando su apetito, controlándose para que juntos llegaran al clímax. Lograron dormir cuando juntos conocieron la plenitud de su amor. Terry la veía exquisitamente bañada en sudor y acariciándole el rostro le susurró.

Si amor, duerme, mañana tendremos días difíciles.

A la mañana siguiente.

Chicos, qué bueno que llegaron – les dio la bienvenida Candy.

Candy – dijeron todos al unísono.

Jajajaja hola Stear, Archie, ¿estás bien? Te ves triste. Annie y Patty ¿cómo está tu abuela Martha, por qué no la trajiste? – fue abrazando a cada uno de ellos.

Porque ayer se fue a la casa de mis padres. Tenías razón, debo dejar de preocuparme por ella Candy, gracias por ayudarme con mi abuela – le dijo devolviéndole el abrazo.

De nada Patty ¿y al menos se la pasó bien en el colegio? – le preguntó nuevamente.

Mi abuela te manda saludos por ayudarla – le comentó.

Gracias Patty – le sonrió.

Candy recuerda que prometiste cuidarte – le recordó la Tía Abuela cuando salía a saludar a sus sobrinos.

Tía abuela no pasa nada – le recalcó Candy.

¿Qué pasa Candy? – le preguntó Archie.

Nada Archie, entremos – les dijo cambiando el tema. Albert ya llegaron los chicos – le avisaba a Terry y Albert.

Ya te oímos Candy, con toda esa algarabía sería raro que no lo hiciéramos – dijo él sonriendo.

¡Hola chicos! ¿Cómo les fue en el trayecto? – preguntó Terry.

¿Desde cuándo eres amable Grandchester? – preguntó Archie.

Desde que cuido a Candy, me tiene hechizado – le dijo mientras la abrazaba por detrás.

Terry…no comiences – le pidió ella encarecidamente.

Bueno ¿qué haremos hoy? Intentaremos ganarle a Terry en croquet, quién juega – dijo Richard llegando hasta ellos.

Yo – dijeron las chicas al unísono.

No Candy tú no puedes jugar, recuerda que debes cuidarte – le dijo Richard recordándole su promesa.

Pero no correré, me cuidaré, lo prometo – dijo ella prometiéndolo con la mano.

No nos harás cambiar de opinión – le recriminó Albert.

Pues entonces no quiero hacer nada – hizo un mohín y se dio la vuelta para irse a su habitación, furiosa.

¡Uy se enojó! Terry te toca contentarla – le dijo Stear dándole unas palmaditas en su espalda.

Calma démosle tiempo – dijo Albert y no permitió que nadie se moviera.

Candy iba caminando furiosa, nadie le dejaba hacer nada, lo cual la ponía de mal humor.

Señorita Candy, ¿le sucede algo? – preguntó Dorothy cuando la vio entrar a la mansión.

¡No!, bueno…si… Dorothy todos me cuidan demasiado y aún no sabemos si hay bebé – dijo ella como reprochándoselos.

Es por su bien señorita, venga la acompaño a su cuarto – le ofreció Dorothy.

No Dorothy, puedo llegar sola a él – le dio las gracias y subió brincando los escalones de dos en dos.

Está bien señorita, después voy a verla – le dijo y se retiró a realizar sus labores.

Las horas pasaron, evidentemente el equipo de Annie, Patty y Terry ganó, mientras que Archie, Stear y Albert pedían la revancha; la Tía Abuela se preguntaba por qué no había regresado Candy, suponía que aún seguía furiosa. Se encaminó a la mansión mientras Richard y Mary Jean felicitaban al equipo ganador. La señora Elroy, entró y subió las escaleras una a una, descubriendo algo.

Había rastros de sangre en la alfombra, un jarrón roto y las flores que habían colocado en la mañana tiradas por doquier. Aparentemente alguien estaba herido.

¡Dorothy! – la llamó notablemente preocupada.

Sí señora Elroy – acudió rápidamente a su llamado.

¿En dónde está Candy? – le preguntó ella.

En su cuarto señora, ¿por qué? – preguntó ella comenzando a preocuparse.

Elroy se enfiló al cuarto de ella, no había nadie, se asomó rápidamente al cuarto de baño y tampoco encontró nada, se asustó terriblemente.

No Dorothy, Candy no está aquí, háblale a los demás, ¡apresúrate! – ordenó la tía Elroy.

Si señora – Dorothy salió a buscar a los demás.

A Elroy le pasaban mil imágenes por la cabeza, había que buscarla, al fondo del pasillo vio una ventana abierta, caminó hasta ella, ahí se encontraba Candy pensaba, no había hecho una tontería ¿o sí? Se asomó y Candy se encontraba en ese lado de la ladera, al menos eso creía ella, no tenía buena vista de tan lejos. Los chicos llegaron hasta la Tía Abuela ella no sabía qué creer así que les señaló lo que posiblemente era el vestido de Candy o su cuerpo…

Pero ¿qué sucedió Tía Abuela? – expresó Stear al ver el desorden.

¿Candy, dónde está Candy? - preguntó Terry.

Terry ven pronto, Candy está allá...creo – le pidió que se acercara, señalándole el lugar.

Terry corrió lo más rápido posible, a todo lo que sus piernas le daban.

¡Candy! ¡Candy despierta! ¿Estás herida?

No…Terry, no pude salvarla, yo quería salvarla pero ya no voló – dijo ella llorando copiosamente.

¿Qué dices? – preguntó extrañado.

Candy, Terry ¿qué ocurrió? – Albert preguntó a ambos cuando los localizó entre los arbustos laterales de la mansión.

No lo sé, no lo entiendo – dijo Terry subiendo los hombros.

Cuando subía a mi habitación entró por la ventana una paloma, pero no podía agarrarla y en un intento tiré el jarrón sin querer, me corté la mano para evitarme el golpe pero no pude hacerlo y la seguí hasta aquí, pero ya no voló, dime Albert ¿tiene algo? – dijo Candy mostrándosela.

Candy sólo esta herida, pero nos ocuparemos de ella – le explicó mientras la tomaba. Mientras tanto veían la sangre que salía de la herida de Candy.

Está bien, mira me corté aquí, no es mucho – decía ella mientras también le enseñaba el corte.

Candy ya no te haremos enojar y no exageraremos tanto con lo del bebé – dijo Richard.

Bebé, ¿cuál bebé? – preguntó Archie.

¿Candy vas a ser madre? – le preguntó Stear.

Ah este…no, sólo que el Doctor Robson me dijo que podría estarlo, pero no lo estoy...aún – dijo ella sin saber cómo explicarlo.

Entonces ¿lo estás o no? – Archie cuestionó.

Si lo está, no es tu problema Archie – reaccionó Terry.

No lo sabemos, pero no pueden cuidarme eternamente, me siento encarcelada cuando me tratan así – intervino ella antes de que ese par comenzara a pelearse.

Lo sentimos Candy – se disculparon. Y cambiando de tema Candy propuso:

Ahora vamos a jugar, ¿cómo quedó el partido? ¿Quién ganó? – preguntó Candy.

Pues quién crees Candy, mi equipo por supuesto – dijo Terry alzando la barbilla en aires de triunfo.

Pedimos la revancha – rebatió Albert.

Pues entonces vamos, esa oferta no la puedo rechazar – exclamó Terry.

Fue un feliz domingo, tanto para los mayores como para los chicos, además esa partida quedó empatada, ambos ganaron un juego. Cuando cenaron, los chicos se retiraron al colegio, mientras Candy y Terry se quedaron en el jardín despidiéndose de los mayores.

Terry me da gusto que ya hay menos fricciones entre Archie y tú – dijo ella señalando a Archie que subía al carruaje que los llevaría al colegio.

Lo mismo digo yo con Annie.

Ella tiene que ser fuerte para ella misma, no por mí – le aclaró.

Si Candy, pero podrías ser más dócil – le pidió él.

Lo pensaré, voy a despedirme de la Tía Abuela.

De acuerdo. Te espero – mientras se sentaba en una banca a conversar con Albert.

Tía Abuela – la llamó Candy.

Si Candy, ¿qué pasa? – se encaminó hasta dónde ella estaba.

Tía abuela quería hablar con usted puedo pasar – le pidió permiso para acceder a la biblioteca.

Claro pasa Candy, siéntate.

Gracias tía – se adentró a la biblioteca, para luego sentarse a su lado.

Dime ¿qué querías platicarme? – le preguntó ella.

Tía se que se esfuerza mucho por no recriminarme ante mis actos. Pero quiero que entienda que estos últimos meses han sido especiales para mí, ni Terry ni Albert saben esto, cuando me empujó Elisa recordé cómo me reprendía usted; sólo que a veces la noto tan afligida por ello que quiero que sepa que no debe sentirse así, ha hecho tanto por mí últimamente que debe perdonarse a sí misma, sé por qué lo hizo, su educación siempre fue rigurosa y pensaba que también debería educarme así, pero no sienta pena por el pasado – le pedía ella con la mirada comprensiva.

Es que siempre creí en las mentiras de Elisa, pero ahora te debo una disculpa – le decía la tía abuela soltándose a llorar.

Tía Elroy, la quiero mucho y le repito que no debe afligirse más, ¿de acuerdo? Bueno dejemos de ser unas lloronas y vengo a despedirme, mañana tenemos escuela – le dijo abrazándola y despidiéndose de ella con un beso en la mejilla.

Entre ires y venires, los jóvenes Grandchester pasaron el tiempo sin tener noticias de un embarazo, Terry estaba por terminar el colegio cuando les avisaron de que había estallado la guerra en Europa; Annie y Archie habían comenzado una relación, mientras Patty Y Stear tenían una relación de apenas unos meses. Albert se había ido de viaje por África, la Tía Abuela Elroy y George se encargarían de los negocios mientras él regresaba. Mary Jean había regresado a Chicago debido a que debía entrenar a enfermeras para el frente hacia un par de semanas. Richard se quedó en Inglaterra debido al ducado.

Candy, Terry y la señora Elroy salían ese mismo día de Southampton a América, los chicos ya los esperaban en Nueva York. Candy estaba sumamente nerviosa, ya que le aterraba la idea de tener que viajar en barco.

¿Cómo vas preciosa? – preguntó Terry al notar que Candy estaba pálida y comenzaba a marearse.

Pues debemos partir ya verdad, pero ¿no me dejarás sola? – dijo ella sin dejar de apretarle la mano.

No te dejaremos sola, Candy vamos – Terry se dio cuenta de que ella estaba más que congelada en su asiento, le temblaban las manos y no podía dejar los recuerdos aislados.

El viaje se la pasó encerrada, sólo salía para comer. Tardaron casi tres semanas en llegar a Nueva York, sus noches eran apacibles afuera pero en el camarote de Candy y Terry, era un cúmulo de pensamientos, sensaciones y noches de pasión, ya que eso era lo único que le hacía efecto a Candy, evitaba pensar que el Mauritania era como este barco, aunque fuese más pequeño, los recuerdos tristes no se le hacían presentes. Ella era feliz en brazos de su esposo, respirando su aroma, sintiendo su deseo y calmando la pasión que noche tras noche él le daba como el único recuerdo que quería para su mente. Habían pasado algunas horas, desde la última vez que se amaron, Terry había perdido la cuenta ya y trataba de recordarla, la Tía Abuela se encontraba recostada en un sillón descansando, George leía un diario y Candy alejada de todos jugaba con un rompecabezas cuando el silbato del barco los sorprendió a todos, Terry y George se limitaron a ver la antorcha de la estatua de la libertad a lo lejos, afortunadamente habían llegado sin retraso alguno, cuando el barco comenzó detenerse vieron que los chicos les saludaban desde el muelle mientras que Terry había divisado a su madre de entre ellos. El barco se detuvo por completo, los pasajeros comenzaron a bajar, Terry y Candy corrieron hacia sus amigos y la señora Elroy venía detrás de ellos, Terry abrazó a su madre y Candy se reunió con ellos más tarde.

Ha sido un viaje largo, vamos a descansar - dijo la tía Elroy comenzando a caminar.

De hecho quería pedirle un favor señora Elroy, deseaba que mi hijo y Candy se hospedaran unos días conmigo – intervino Eleonor.

Si usted quiere señora Baker así se hará, chicos vayamos a descansar – ordenó a los demás mientras se despedía de Candy y Terry.

Si tía Elroy – añadieron los demás y la imitaron.

Terry ¿no te parece que para tener casi los nueve mese de embarazo Candy se ve muy delgada? – Eleonor estaba confusa al ver a Candy, así que decidió preguntarle.

Madre, ¿tú también? Candy no está embarazada, al menos no por ahora – argumentó él.

Un poco desanimada por la aclaración, Eleonor sugirió: Los invito a una noche de teatro – dijo ella muy animada.

Madre, te agradecemos la invitación, pero estamos agotados, preferimos retirarnos a casa, si no te molesta – dijo él tentando a su suerte de pasar una noche de pasión con Candy, ya que últimamente dormía mucho y las noches no eran precisamente para descansar.

No hay problema Terry, puedes irte con Candy a la casa, Rose te tiene preparado todo – le dijo ella antes de irse al teatro.

Bueno madre, te vemos mañana – dijo esto despidiéndose de ambos.

Eleonor se fue al teatro mientras Terry tomaba un carruaje sobre la avenida, cuando llegaron a casa, se dieron un baño y se durmieron sin probar bocado. Siendo las dos de la madrugada Candy se sentía muy mal, todo le daba vueltas y de un brinco se levantó al baño, tenía náuseas y vómitos. Terry se había despertado al no sentirla en la cama, vio encendido el baño y caminó hacia allá.

Candy, ¿te sientes mal?, mañana tendremos que ir al médico, tienes dos semanas igual – dijo él desperezándose.

No sé qué me pasa, solo tengo mucho sueño y lo único que se me antoja eres tú – le dijo mientras se lavaba los dientes.

Golosita, si en el camino hasta aquí sólo nos la pasamos haciendo el amor pecosa…- le recordó sonriéndole.

Bueno ya te lo dije, mañana iremos al médico – lo jaló para que se acostarán nuevamente.

Horas más tarde.

¡Terry!

¿Qué pasa Candy?

Tu madre acaba de llegar – le dijo ella entre sueños.

Durmamos, mañana la veremos – sugirió Terry sin levantar los parpados.

Terry…tengo hambre – exigió Candy.

¿A esta hora? – respondió Terry asombrado.

No cenamos a nuestra llegada, se me antojan bizcochos de frambuesa – dijo ella.

¿Es en serio? – no lo podía creer, pero no se le hizo extraño, sabía de antemano que a Candy le gustaban las golosinas.

Muy en serio Terrence Grandchester – le dijo malhumorada.

Candy…nunca me habías hablado así – dijo sorprendido.

Bueno por lo visto bajaré a la cocina – levantándose a punto de estallar.

No, está bien, bajaré yo – recalcó la última palabra.

Eleonor se encontraba tomando agua en la cocina, deambulaba por ahí mientras se terminaba el vaso. De pronto se encontró con la somnolienta silueta de Terry.

Madre, apenas llegaste – le dijo sin mirarla.

Si, la fiesta terminó tarde, ¿qué haces Terry? – le preguntó curiosa.

Ya veo, ¿tienes bizcochos de frambuesa o algo así? – le decía mientras buscaba en la alacena.

Claro, Rose los hizo esta tarde, pero no me explicó ¿por qué? – era extraño, se había puesto a cocinar esas galletas en especial para la esposa del niño como ella le decía a Terry.

Está bien, creo que me los llevaré. ¿Madre después me puedes dar la dirección del Doctor Martin?

Claro…¿pasa algo? ¿Candy se siente mal? – indagaba ella.

Candy quiere hacerle una visita, últimamente ella se siente cansada todo el tiempo, le da mucho sueño, come muchas golosinas y además de todo se ha mareado, le dan náuseas y vómitos, creo que el barco la estresó demasiado.

A cada comentario Eleonor sonreía demasiado.

Oye Terry y no creerás que aún tiene ese efecto en Candy ¿o sí? – le miraba con una notable alegría.

Pues no sé, por eso vamos a ir a un médico, madre; si no fuese porque su humor cambia repentinamente, pensaría que está embarazada – dijo él sin pensarlo dos veces.

Terry se volteó a ver a su madre cuando estaba por acabar de colocar los bizcochos en un plato, parpadeó repentinamente y se llevó una mano a la cabeza. Eleonor se aferró al cuerpo de su hijo en un abrazo, le había dado en el clavo.

¡Felicitaciones Terry! – decía ella emocionada y feliz.

¡Madre, Candy embarazada! No puedo creerlo! – dijo él mientras se sentaba en el banco de la cocina.

Aún hay que corroborarlo, pero por lo que me acabas de contar es muy seguro – respondió ella acariciando la melena de su hijo.

¿Te imaginas madre? ¡un bebé!... ¡de Candy y mío!

Si amor, anda ve a darle eso a Candy porque como son los antojos no tardara en gritar.

Eleonor pensó en hablarle a la señora Elroy y a los demás Andley para invitarlos a desayunar, así que se fue a dormir y a las nueve de la mañana Candy se encontraba vistiéndose para bajar a desayunar. Cuando bajó se sorprendió porque todos los Andley ya estaban a la espera.

La señora Baker nos ha invitado a desayunar, dicen que te has sentido mal y que vas a ir al médico – le explicó la señora Elroy para que no sospechara de su presencia en la casa Baker a esa hora.

Sabemos qué te sucede Candy y no es precisamente por el viaje en barco – le aclaró Eleonor.

¿De verdad, tengo algo malo? – preguntó ella temiendo la respuesta.

Por supuesto que no mi amor, al contrario, es maravilloso – dijo Terry emocionado.

¿Y qué se supone que es? – preguntó ella levantado la ceja.

Candy puede ser que estés embarazada – caminó hasta ella Eleonor y la tomó de las manos.

¡¿Embarazada? – apenas pudo articular palabra mientras miraba todos los rostros.

Si Candy, seremos tíos – dijo Stear emocionado.

¡Un hijo, Terry un hijo! – dijo ella mientras se echaba a los brazos de Terry.