Hola chicas como estan? Espero que esten muy bien, ademas les pido una gran disculpa pero no habia podido subirlo porque mi editora andaba de vacaciones y se me desaparecio pero a punta de molestarla por fin me mando el penultimo capitulo asi que espero que lo disfruten mucho, saludos, Pathya.
Todos se encontraban sumergidos en algunas lágrimas debido a la emoción, la señora Elroy, Terry y Eleonor acompañaron a Candy al médico. El doctor Martin le había sacado sangre y le hizo una prueba. Los resultados se los darían en dos días, así que Elroy se dirigió a la mansión, y los demás decidieron irse al teatro para acompañar a Eleonor en su ensayo; ya estando en el teatro se encontraron a Robert Hathaway dirigiendo la obra, su compañía era pequeña.
Eleonor llegas temprano – la saludó Robert desde las gradas.
Si, traigo visitas, querían acompañarme para ver el ensayo ¿pueden?
Claro que sí, a Terry lo conozco por fotos, pero ¿quién es la bella señorita que lo acompaña? – preguntó él tomándole la mano.
Candice White Grandchester, mucho gusto señor Hathaway. Soy la esposa de Terry.
¿De verdad? Esposos… ¡tan jóvenes! – exclamó Robert un tanto sobresaltado.
Así es, el amor nos capturó – confesaron tanto Candy como Terry.
Increíble pero pasen, Eleonor te necesito, mi Desdémona cada día está peor, es buena pero le falta ensayar, ¿me ayudarías? – pidió Robert.
Claro, vamos – accedió Eleanor.
Mientras ellos caminaban detrás de Eleonor y Robert, Candy se separaba del grupo para ir a los sanitarios. Terry sin darse cuenta andaba por los vestidores de las actrices, cuando volteó a ver por dónde se había introducido su madre hacia el escenario, tropezó con algo… o alguien:
Perdón señorita no vi por dónde iba – Terry se disculpó y retiró para alcanzar a su madre.
No se preocupe, caballero – dijo la rubia. Qué caballero tan galante ¿Quién será? – se preguntaba al mismo tiempo que veía hacia donde se dirigía.
¡Susana apresúrate!, la señora Baker no estará aquí todo el día – le gritaban a la rubia para que bajase rápido.
¡Qué bien! ¡Nos estarán viendo! – dijo ella a Eleonor cuando llegó al escenario.
Por supuesto querida me ven a mí – respondió mirando a Terry y guiñándole el ojo.
¿No le parece que está muy grande para él?, ¿lo conoce? – dijo ella sin importarle si la ofendía o no.
Susana, para tu información ese joven es mi hijo Terrence y…- la reprendió.
Qué buen mozo es, creo que después te haré una visita – le dijo sin importarle para nada que él ni siquiera la miraba.
Atención, silencio. Comenzamos – ordenó Robert.
Cuando se habían apagado las luces Candy había llegado hasta su asiento al lado de Terry. Las líneas eran las correctas los actores no. Terry iba diciendo todas las líneas, una por una, las declamaba de una forma fascinante, por lo que Candy se había dado cuenta que él había heredado de Eleonor el amor por el teatro.
Muy bien, pero aún le falta algo – vanagloriaba Robert a Eleonor.
Susana, pon atención por favor – Y distraída por tratar de saber quién era aquella mujer que acompañaba a Terry sólo atinó a decir -¿Eh... quién es ella, Eleonor quién está con Terrence? – le preguntó tocándole el hombro.
"Ella" es Candy – y dejándola con la duda se despidió -Bueno Robert te dejo debo hacer unas cosas antes de venir en la noche – le avisó y retiró del escenario, encaminándose hacia donde estaban los chicos.
Por supuesto Eleonor. Vamos chicos – los apresuró Robert para continuar el ensayo.
Candy tomó el brazo que Terrence le ofrecía y salieron del teatro detrás de su madre. Susana había llegado a su casa para prepararse, esa noche iba a estar la gran actriz observándola, pero ella no estaba interesada en ella sino en su hijo.
Candy no sabía qué ponerse hasta que recordó el vestido que le había regalado la Tía Abuela, después de bañarse y acomodarse el cabello en un peinado alto, se enfundó en el vestido, una vez que lo tenía puesto era un verdadero sueño. La tela de color agua marina iba decorada con pequeñas lentejuelas y canutillo, tenía un escote revelador al frente; mientras que el de atrás era totalmente pecaminoso y este se ajustaba a su cuerpo como un guante hasta debajo de las asentaderas, de ahí un vuelo ligero en línea A para complementar el vestido en una cola discreta de seda al tono del vestido, en Europa comenzaban a usarse estos vestidos, eran la moda en París. Se puso las zapatillas, se maquilló un poco y coloco en las orejas unos pendientes que le había prestado Eleonor a juego con una gargantilla y pulsera, salió de su habitación y comenzó a bajar los peldaños de la escalera, Terry había estado en la sala, esperándolas, su madre portaba un traje rosa pálido que resaltaba su belleza, pero realmente quedó impactado cuando volteó hacia Candy.
Listo, podemos irnos – dijo ella sin reparar en la mirada de escrutinio de su esposo.
Candy estás…bellísima – le dijo él.
Gracias, tú también te ves muy apuesto – dijo ella sonrojándose.
No más que tú – Terry volvió a alagarla.
Si que te ves bellísima Candy, pero debemos irnos – los apresuró a ambos ya que se encontraban tan enfrascados en sus atuendos que no reparaban en que se les hacía tarde.
Si. vámonos… Terry – dijo ella jalándolo.
Caminen tórtolos – los apresuró más pues no caminaban.
Tomaron un coche y llegaron al teatro, Eleonor disponía de un palco privado, Candy y Terry estaban en el lobby, todos los ahí presentes los miraron, eran al parecer una pareja joven, llena de vida, ambos con una belleza característica; ella portaba una segunda piel, se veía espectacular, cada hombre que se encontraba en su camino volteaba a verla y Terry no podía envidiarlos si no todo lo contrario, ellos lo envidiaban por tener a la mujer de su sueños como su esposa, su linda y amada esposa Candy.
Eleonor se disculpó con Terry pues debía ver a Robert, se había quedado solo ya que Candy aún tenía los malestares propios del embarazo. Cuando Susana se acercó al lobby para ver si su madre había llegado ya, se dio cuenta de que él se encontraba sólo, se acercó y…
¡Hola! ¿Debes ser el hijo de Eleonor no?, soy Susana…- se acercó ofreciéndole la mano.
Mucho gusto señorita, me la topé en los vestidores ¿no es así? – él hizo un comentario normal.
Sí, espero me disculpe por esa torpeza, quizás algún día podríamos tomarnos un té para limar asperezas – le reconvino ella.
No puedo señorita, si me disculpa – le hizo una venia mientras se retiraba hacia su madre.
Susana ¿qué haces aquí? Si te ve el señor Hathaway se molestará – le reprendió su madre.
Voy en un momento madre. Mira, te presento a Terrence el hijo de Eleonor – dijo ella por lo alto para detener lo más posible a Terrence.
A sus pies madame – la saludó según el protocolo.
¡Hijo ya regresé! ¿Susana se te ofrece algo? – preguntó Eleonor un poco molesta por la actitud desafiante de Susana.
No nada solo saludaba. Bueno espero que reconsideres mi oferta – le dijo ella.
Terry…ya estoy lista, podemos ir a los palcos – le dijo Candy una vez que regresó.
Por supuesto querida. Pero antes te presento a una alumna de mi madre, Susana…- Dios se le había olvidado el nombre.
Marlowe, Susana Marlowe – repitió ella desquiciada.
Mucho gusto mi nombre es Candice White Grandchester – la saludó tiernamente.
Ah ¿son hermanos?, pero no se parecen – sonriendo y mirando a Eleonor acusadoramente.
No Susana la relación que tiene ellos es diferente… diría yo, Candy es…- Candy entendió el juego torpe de Susana y cuando iba a aclararlo Eleonor se disculpó con ellos pues Robert le iba a presentar al alcalde.
Eleonor ven aquí, te presentaré al acalde – la jaló para realizar dicha presentación rutinaria.
Robert espera – dijo ella sin oportunidad a oponerse.
Entonces Terry, la invitación a tomar el té sigue en pie, tu dime cuándo podrás a venir a mi casa, estaremos encantadas de hacerlo – dijo eso para hacer menos a Candy.
Señorita creo que se está adelantando – interrumpió Terrence.
Con permiso, Terry ven – lo tomó de la mano junto con Candy. Ah mire señor alcalde le presento a Terrence y a Candy, su esposa – Eleonor dijo esto, remarcando "su esposa" para que Susana lo oyera.
Que bella señora tenemos aquí, mucho gusto, a sus pies miladi – la saludó animadamente.
Es un gusto señor alcalde – dijo Candy discretamente.
¡Felicidades! Terry cuídala – le recomendó el señor bonachón que tenían enfrente.
Más que a mi vida, se lo prometo – dijo Terry besándole las manos a Candy.
Al ver tal escena Susana sólo pudo expresar:
Es tan guapo madre lástima que ya esté casado – decía lastimosamente.
Cuando caminaban hacia sus palcos, Terry se adelantó y su madre lo jaló discretamente.
Terry, ten cuidado con Susana, no es muy peligrosa pero en la condición de Candy no podemos fiarnos de sus atenciones, ¿me entiendes?
No pierda cuidado madre, he visto lo que intenta, cuidaré a mi esposa de la mejor manera.
Terry, tengo una urgencia…- dijo Candy sacándolo de su concentración.
¡Candy!, ¡¿aquí?- le miró sorprendido.
Bésame…- insistió ella.
Te amo Terry… si no estuviéramos en un lugar público te pediría que me hicieras el amor aquí mismo – le susurró al oído.
Nos podemos perder en el tercer piso…- le sugirió él.
No amor y tu madre que diría…- Candy no quería deshacer el abrazo, sólo que lo tuvo que hacer y no quedándole de otra lo besó por última vez, separándose en contra de su voluntad.
Cierto, mejor vámonos, pero antes no me dejas así.
Comenzó a besarla nuevamente mientras sus manos la cobijaban en un abrazo, tocándole el trasero bien formado con una mano y el busto con la otra. Situación que no pasó desapercibida por Susana ya que los había seguido hasta donde se escondieron. Se respiraba pasión alrededor de ellos, ella no acostumbraba a vestir tan elegantemente, pero Candy si vestía así, al menos esa noche; ella sentía que había perdido la batalla, pero a ella le había encantado y muy discretamente Terry la había rechazado.
Susana…- la llamó Eleonor.
Si Eleonor – respondió la rubia menor.
Espero que no se te vaya a ocurrir inmiscuirte entre ellos dos porque hundiré tu carrera y tú lo sabes muy bien que lo haré, ¿has entendido? – dijo Eleanor de manera tajante.
Por supuesto señora Baker, entendí perfectamente…con su permiso – molesta e iracunda entró hacia su camerino.
Señora Marlowe será mejor que por el bien de su hija la aleje de mi hijo y su esposa, porque no la quisiera ver dañada, pero haga algo bueno por ella, contrólela, yo sé que usted puede – le dijo ella tocándole el hombro y se despidió.
Si señora Baker – la Sra. Morlowe se quedó mirando la espalda de la madre de Terry, generalmente ella sabía lo que podía hacer y Susana tendría que olvidar aquel par de ojos azul zafiro, así le costase lo que le costase.
Ya en el palco, Candy y Terry estaban enfrascados en una amena plática mientras esperaban a que Eleonor llegara. Minutos más tarde daban el tercer llamado. La obra corrió en el tiempo y cuando estaban por terminar.
Terry, ¿podemos irnos?, todo me está dando vueltas – le susurró antes de caer en su regazo.
Candy, Candy, madre llama a alguien pronto.
Rupert tráeme las sales por favor, date prisa – salió y le pidió al acomodador las sales para que Candy volviera en sí.
El telón se había cerrado y los gritos de Terry se habían eclipsado entre los aplausos de los espectadores, como pudo Terry cargó a Candy y la sacó de allí para seguir a Rupert, el acomodador los condujo hasta un salón escondido del otro lado de los palcos. Pronto llamaron al doctor Martin con un mensajero, ya que las sales no habían surtido efecto, al menos no uno inmediato. Susana alzó la vista hacia el palco de Eleonor y se sorprendió de no ver a nadie.
Robert lo llaman en la sala de descanso, la señora Grandchester se ha desmayado – dijo Rupert, un tanto preocupado.
Voy en seguida – Robert corrió hasta los palcos.
Cuando había llegado Robert, lo hacía también el doctor Martin, Terry se encontraba como león enjaulado, no entendía lo que pasaba, ahora solo ansiaba entrar a esa habitación y abrazar a su pecosa.
Madre, por qué tardan tanto – apresuraba los minutos, sentía una poderosa necesidad de estar con ella como nunca antes.
Es normal hijo, la están revisando las camareras, ¿será oportuno avisar a la señora Elroy? – le preguntó a Terry.
No madre, le preocuparíamos, será mejor esperar un poco, conmigo preocupado es suficiente. Maldición, no debí haberla traído, no me perdonaría si algo le pasa por mi culpa – Terry se lamentaba lastimeramente.
Eleonor, ¿qué ha sucedido? – le preguntaba Robert.
Robert, Candy se ha desmayado, pero no te preocupes, esta situación es normal en su estado, Doctor Martin qué bueno que llegó, entre rápido las mucamas la atienden – el doctor asintió y entró cerrando la puerta detrás suyo.
Habían pasado algunos minutos, el Doctor Martin salió a llamar a Terry para que entrara mientras él les daba la feliz noticia a los que estaban esperando afuera de la sala de visitas. También en ese momento, Susana presenciaba esa escena; se enteraba del feliz acontecimiento, al menos para los padres y los familiares, algo que a ella no le agrado para nada.
Terry, tu esposa quiere verte, ha vuelto en sí y te tiene una feliz noticia – le dijo el Dr. Martin dejándole el paso libre y entrando a esa habitación.
Por supuesto – dijo él mientras se encerraba y las mucamas salían.
Doctor Martin ¿cómo está Candy? – preguntó Eleonor un tanto preocupada.
Bien, la señora Grandchester está embarazada Eleonor, como lo habías dicho, felicidades.
¡Embarazada…no puede ser! – apenas con voz audible pronunciaba Susana.
Lo sabía Robert, lo sabía, Rose se va a poner tan contenta – dijo esto dándole un abrazo.
Pero…- El Dr. Martin se quedó meditando un momento.
Pero… pero qué Doctor Martin, hable por favor – le insistía Eleonor.
Sabes que por el otro problema debe de irse a Chicago con su familia, no pueden quedarse en Nueva York. El clima no le caerá nadie bien, entiende a lo que me refiero – dijo él observando a Susana que se estaba escondiendo en el pasillo.
Sí lo sé, la señora Elroy se irá con ellos pasado mañana. ¿Cuánto tiene de embarazo? – preguntó Eleanor.
No ha avanzado mucho, podría decir que casi dos meses, ahora si nada de travesuras – le advirtió a Eleonor.
Se lo diré, avisaré a la señora Elroy de ello – le aseguró.
Eleonor, felicidades serás abuela.
Lo sé Robert, le escribiré un telegrama al padre de Terry, pero antes debo hablar con él, ¿por qué tarda tanto? – decía Eleonor viendo que Robert sonreía por su impaciencia.
Mientras Eleonor se emocionaba demasiado, del otro lado de la puerta.
Terry, perdóname…sigo dándote más sustos – decía Candy viendo hacia otro lado ya que se sentía muy apenada por lo sucedido.
Mi amor, no te preocupes, dime ¿te sientes mejor? – dijo Terry volteándole el rostro.
Si amor ¿el Doctor Martin ya te dio la noticia?, sí estoy embarazada – sonriéndole y tratando de levantarse.
…
Terry, no dices nada – preocupada por la reacción de su esposo.
¡¿Embarazada, segura? – apenas parpadeó.
Si amor segurísima, me ayudas a sentarme. ¿No te da alegría? – le preguntaba conteniendo una sonrisa.
Claro que sí, aunque…- se quedó pensativo.
Aunque qué Terrence – comenzaba a enojarse.
Creo que Albert y mi padre comenzaran de nuevo con sus cosas – dijo él sonriendo y Candy suspiró aliviada.
Pues ya sabes, niño…no, no, no mejor que sea niña, al final que sea lo que sea, pero que herede algo de nosotros – decía ella sonriendo.
Jajajaja, mi amor, ¿te imaginas? ¿Ya te sientes mejor puedes pararte?
Si, sólo que despacio, para que no me mareé.
¿Mejor? – le preguntó preocupado.
Si mejor, podemos irnos – habló sin enfatizar su dolencia.
Por supuesto, con cuidado – la ayudó a caminar lentamente.
Candy ¿te sientes mejor? – preguntó preocupada Eleonor.
Si ya se me pasó el mareo, sólo estoy muy cansada – respondió una somnolienta Candy.
Bueno señora, tendrás que ir directo a la cama y te mantendré un par de días en reposo – le advirtió.
Está bien Terry, no saldré en un par de días, pero recuerda que dentro de tres tendremos que regresar a Chicago – le recordó ella a Terry.
Lo sé, ¿quieres que te cargue? – se ofreció al verla tan cansada.
No amor, será mejor que camine – respondió ella sin problemas.
Bueno preciosa, sólo con cuidado – con toda calma y paso a paso. ¿Mamá avisarás a las familias? – le preguntó sin mirarla.
Claro, adelántense – les dijo sin dejar de mirarlos y cuando se retiraron lo suficiente. ¡Hola Susana ¿ya te enteraste de la buena noticia? – preguntó Eleanor.
Algunas cosas, ¿pero eso qué tiene que ver conmigo?
Precisamente eso, nada, Robert creo que Susana tiene algunos problemas de entendimiento, como que no sabe donde debe de inmiscuirse – le dijo tajante Eleonor.
¿De qué hablas Eleonor? – le preguntó Robert.
Pregúntale a ella – dijo señalándola.
Susana dime ¿qué pasa? – le pidió una explicación.
La señora Eleonor me amenazó con hundir mi carrera si no me alejó de ella – dijo Susana aprovechando que al parecer Robert no sabía nada.
¿Segura que es de mí de quien te pedí que te alejaras? – aclaró Eleanor
Bueno, no exactamente – respondió Susana.
Entonces de quién Susana – preguntó Robert comenzando a exasperarse.
De Terry, su hijo – soltó sin acabar.
Susana, pero por Dios, eso no habla bien de una persona, él ya está casado y no debes meterte entre dos personas que se aman, entiendes – dijo Robert en tono autoritario.
Pero Robert, estás seguro que está tan enamorado como lo dice, además ella pronto morirá y más si se queda en Nueva York – replicó ella.
¿Qué cosa dices? ¿De dónde sacas esa tonta idea? – le preguntó Eleanor enojada.
El doctor lo dijo, ella tiene que viajar a Chicago por el otro problema que tiene, si de morir se trata que mejor si Terry se queda aquí, así pronto va a quedar viudo, necesitará una amiga ¿no lo crees Robert?
No tendría ninguna amistad con usted señorita y mi esposa no morirá pronto, sabe que ella tiene quién la defienda de arpías como usted – respondió Tery furioso y señalándola rígidamente. Pertenece a una de las más poderosas familias en California, Boston, Nueva York y Chicago, además mi familia también cuenta, no le parece que se está entrometiendo en asuntos que no le corresponden – mirándola enérgicamente ya que había escuchado todo lo que Susana había dicho.
Pues tú serás mío y de nadie más – le dijo sonriéndole y donde la faceta de niña buena y que no rompe ni un plato dejó ver a la verdadera Susana, ella lo señalaba con su dedo índice y cuando el bufó, ella le sostuvo la mirada.
Robert pero ¿cómo es posible? – comentó Eleonor. Robert no te atrevas a defenderla, yo soy la estrella del momento, recuérdalo – Eleanor lo amenazó.
Lo siento Susana, pero entre Eleonor y tú, prefiero a Eleonor – dijo él enfadado.
Pero Robert el teatro es mi vida – replicó ella.
Pues lo siento mucho, te lo advirtieron, un hombre casado es intocable y Terry le da el lugar que se merece a su esposa, recoge tus cosas y mañana pasas por tu pago – le recomendó Robert, retirándose de ahí.
Y ¿quién va hacer a Desdémona ahora? – preguntó ella con dejo para ver si se retractaba.
Karen Claise la puede reemplazar Robert, es buena actriz y no necesita tanto ensayo – le recomendó Eleonor sin preocupación.
¡Hasta qué por fin! Alguien te puso en tu lugar Susana – se oía una sonrisa detrás de ella.
¿Qué quieres Karen? – preguntó una Susana visiblemente derrotada.
Quería ver cómo suplicabas para que te dieran el único papel que debes obtener en la obra de tu vida, el de una arribista, porque eso eres una niña tonta que quiso picar muy alto – le decía mientras actuaba su papel.
¿Qué quieres decir? – preguntaba ella.
Ya veo que no sabes quién es Candy y Terry en realidad – le soltó mirándose las uñas.
¿Debería saberlo?- preguntó ella rodando los ojos.
Por supuesto Candy pertenece al reinado escocés y Terry al inglés, se casaron por amor y en Europa, ella se apellida Andley y él Grandchester, si tú haces algo en contra de ellos, despídete de ser actriz y trabaja en otra cosa. Ninguno de sus familiares se ha opuesto a su felicidad y los que lo han hecho los han desterrado de la familia, así que tú decides, lo dejas por la buena o ellos te hundirán por la mala – le advirtió soltando sonora carcajada y yéndose de ahí.
Candy se quedó profundamente dormida, Terry no paraba de verla, afortunadamente el té que le había dado Eleonor había funcionado. A la mañana siguiente, la familia Andley se encontraba en la sala de té de la casa Baker, conversando y esperando a que Candy despertara. Terry llevaba un par de horas admirando el pecho de Candy que subía y bajaba mientras dormía tranquilamente, él tocaba su vientre. De pronto Candy se movió y lentamente abrió los ojos, observando que Terry se encontraba detrás de ella, mirándola.
¿Desde cuándo estás aquí Terry? – le preguntó tratando de enfocarlo.
No podía dormir, así que estaba viendo como dormías – le dijo él sencillamente.
¿Qué hora es? – preguntaba Candy un poco desorientada.
Las diez de la mañana, ¿por qué? – dijo mirando el reloj de la cómoda que se encontraba frente a él.
Con razón tengo hambre – dijo acariciándose el vientre.
Pues que bueno señora porque tu familia llegó desde hace una hora y están esperándote a almorzar – dijo él tomando su mano.
¿Les avisaron entonces? – dijo ella sorprendida.
Tu tía Elroy apenas se enteró y ni a desayunar se esperó, así que mejor apresurémonos porque pronto gritará: Candy no es correcto de una Andley que haga esperar a los invitados – dijo él arremedando a la señora Elroy.
¡Grosero! No la imites – dijo ella dándole un golpe en el brazo.
Así dice pecas, así que yo no tengo la culpa – dijo él poniendo las manos como escudo.
Pero yo quería estar a solas contigo desde ayer Terry – dijo ella desperezándose.
Pues eso si que no señora, debo cuidarte y por lo mientras no lo haremos – dijo él muy serio.
¡Terrence Grandchester!- comenzando a molestarse.
Está bien pero más tarde y no te enojes – le dijo al oído.
No, más tarde no, ahorita – respondió ella cuando ya lo había aprisionado con sus labios y comenzaba a besarlo.
Candy y Terry se amaron con pasión, últimamente el apetito carnal de Candy se había vuelto demasiado exigente, cuando acabaron se ducharon y vistieron con arreglo campirano, ya que desde ahora en adelante Candy no podría usar mas el corsé. Cuando apenas hubieran bajado, la familia Andley se les vino encima, primero la señora Elroy quién estaba a punto de llorar, le había informado que George le envió un telegrama a William avisándole de esta noticia, luego Stear y Patty se le acercaron abrazándola y llevando un par de zapatitos amarillos, Candy les sonrió y le enseñó a lo lejos los zapatitos a Terry; Archie y Annie también le regalaron unas prendas a los nuevos padres pero tanto ella como él, solo sonrieron y los abrazos nunca aparecieron.
