HOLA CHICAS, MAS VALE TARDE QUE NUNCA PERO EN OCASIONES LAS LABORES Y DDESPERFECTOS EN LAS VIAS DE COMUNICACION ENTORPECEN EL QUERER POSTEAR, ASI QUE SIN MAS PREAMBULO LES DEJO EL ULTIMO CAPITULOS DE MEMORIAS DE UN AMOR, ESPERANDO QUE LES HAYA GUSTADO Y DAR GRACIAS AL APOYO DE TODAS USTEDES AL DEJAR SUS COMENTARIOS. POR CIERTO, LA EDITORA AGRADECE SU PACIENCIA: MAI MAI Y YO LE AGRADEZCO A ELLA EL SOPORTARME.
Una vez todos reunidos pasaron a almorzar y alguien sacó el tema de Susana a flote y las miradas de los involucrados se encontraron.
Oye Terry debes de tener cuidado con la actriz que hizo de Desdémona, te estaba echando unas miradas… – le comentó un Archie muy mal intencionado.
¡Archie! creo que no debiste decir eso – dijo Annie.
No te preocupes Annie, apuesto a que no lo hace porque este celoso de mí – sonrió Terry.
Por supuesto que no, solamente era un comentario – dijo Archie.
Para tu tranquilidad Archie, creo que no debes preocuparte ya que ese asunto ha quedado zanjado – sonrió Terry.
¿Ha pasado algo Terry? – preguntó Candy.
Nada de qué preocuparse Candy, ¿verdad madre? – le dirigió a Eleonor la mirada.
Por supuesto Candy, Susana ya no representa un problema – dijo ella sonriéndole.
Y tratando de aligerar la tensión que se había formado en el desayuno la Sra. Elroy les recordó…
Candy recuerdas que debemos partir pasado mañana para Chicago y después para Lakewood.
Si tía, lo tenía contemplado, últimamente me canso mucho – dijo ella mirando a Terry con una sonrisa perversa.
En tu estado es comprensible Candy, estás embarazada – dijo la señora Elroy. Pero tanto Terry como Candy sabían que no sólo se debía a eso, así que en un susurro Terry le recordó…
No mientas amor, di que es porque me obligas a amarte todas las noches. Y sorprendida por el comentario de su esposo Candy sólo pudo atinar a decir:
¡Terry!- le recriminó.
Jajajajaja es cierto o me vas a decir qué hicimos hace media hora – le preguntó sonrojándola.
Terrence Grandchester me la vas a pagar – dijo comenzando a levantarse para perseguirlo, pero su juego fue interrumpido.
Terry no hagas enojar a Candy – le advirtió Eleonor.
¿Pequitas, me perdonas? – le preguntó Terry riendo.
No, no lo hago, con su permiso – dijo ella retirándose rápidamente.
Terry…te dije que la dejaras en paz, ya ves lo que has ocasionado. Ahora ve a arreglar el problema – le dijo su madre y los demás le veían amenazadoramente.
Pero si sólo estábamos bromeando – replicó Terry.
La familia Andley y Eleonor se le quedaron viendo con reprobación, entonces pidió permiso y subió a reconciliarse con Candy.
Preciosa ¿por qué te enojas? – dijo él mientras se dirigía a la cama.
Terry, cuántas veces te he dicho que no me gusta que ventiles nuestras intimidades – dijo ella mirándolo mientras la abrazaba.
Pero si no dije nada Pequitas, además nadie nos estaba poniendo atención, todos están demasiado emocionados con la llegada del bebé – le explicó él y continuó -¿Me perdonas?
A Candy no le agradaba estar molesta con Terry; había aclarado las cosas con él acerca de lo que le molestaba, así que la reconciliación entre ellos no tardó en llegar. Después de un abrazo decidieron regresar con sus familias.
Terry, me gustaría quedarme aquí contigo sin que nadie nos moleste – decía una Candy un poco abrumada por toda la atención que su familia le brindaba debido a su nueva condición.
Está bien amor, pero es mejor que despidamos a tu familia y así tendremos toda la tarde y noche para nosotros – le dijo al oído.
Terry y Candy se despidieron de su familia y Eleonor salió a atender algunos asuntos de la compañía teatral, además de realizar algunas compras con Rose, así que tuvieron mucho tiempo para disfrutar de su amor, Candy se había quedado dormida y murmuraba…
- Si señorita Ponny, ahorita veo en que le puedo ayudar a Tom.
Terry comenzó a preguntarse quiénes eran las personas que Candy nombraba entre sueños, oyó cuando su madre había llegado.
Mamá, llegaste – dijo él notablemente cansado.
Si Terry, ¿pasa algo? – le preguntó Eleonor preocupada.
Solo estoy cansado madre, últimamente Candy ha estado demasiado… amorosa – dijo él haciendo una mueca de diversión.
Ah es eso…Terry eso es normal, sobre todo al principio, el embarazo altera el estado de ánimo, además tienes que aprovechar porque después del sexto mes lo extrañarás – le dijo ella con un hilo de voz sin poder aguantar la risa por la cara que Terry había hecho.
¿Cómo? ¿Cesará rotundamente? – dijo él tragando saliva.
Así es, es más complicado, pero siempre pueden darse algunas ideas, sobre todo por parte de ella. El bebé pesa más en los últimos meses – dijo ella sonriéndole mientras le acariciaba la mejilla.
Ah ya veo – dijo Terry un poco sorprendido de saber el futuro que le esperaba cuando el embarazo avanzara, así que para cambiar de tema: - ¿y qué tal la fiesta madre?
Normal, sabías que Robert despidió a Susana y ha comenzado en otro teatro, pero esta como aprendiz – le comentaba.
Me alegro, así se evitarán muchos enfrentamientos. Es una buena actriz, pero su conducta echa a perder todo el buen trabajo que realiza.
Así es Terry, quieres algo de comer…digo para las fuerzas – le dio una mirada burlona.
Si madre un emparedado me vendría bien, ¿crees que Candy tenga apetito? casi no probó bocado – le dijo él sin reparo.
Mejor espera a que despierte, si no se pondrá de malas – le advirtió.
Eleonor y Terry platicaron por más de dos horas, cosa que no habían hecho desde hace mucho tiempo, él le contó de cómo la conoció y su rápido enamoramiento, noviazgo y sobre la pedida de matrimonio, la reconciliación con su padre y la pelea por el sexo del bebé. Todo se lo había contado en esas dos horas pero realmente había pasado casi un año. Días más tarde la familia Andley y los esposos Grandchester estuvieron ansiosos de llegar a Chicago debido a que Candy tenía los malestares propios de su estado, solo que estos se hacían más exagerados por el constante movimiento de los carros del tren.
A pesar de todo Candy disfrutó del viaje, sobre todo cuando hubieron bajado de este y ya se encontraban en la Mansión de Lakewood. Así pasó un mes, era otoño, le habían recomendado caminata por las tardes.
Terry se estaba haciendo cargo de una escuela de actores donde Robert lo había recomendado. Candy se había dado un baño y mientras se secaba, se miró al espejo donde se reflejaba el vientre apenas con un vestigio de embarazo, los malestares ya habían pasado y Candy sonreía todos los días por tener a Terry con ella en un lugar más tranquilo.
Señora Candy – le llamaba Dorothy, la cual había vuelto aproximadamente hacia una semana.
Si Dorothy ¿pasa algo? – preguntó ella mientras terminaba de vestirse.
¿Va a ir a caminar? – le preguntó.
No Dorothy, de repente me siento algo cansada y me duele la cabeza. Mejor dile a Arthur que me preparen el coche, iré a ver a Terry – dijo ella con una sonrisa.
Pero señora, no debería salir si se siente mal – le reprendió Dorothy.
Por favor Dorothy, no comiences tú también, con el aire se me quitará el malestar – dijo ella comiendo azúcar que siempre tenía para los malestares en un pocillo al lado de su cama.
Está bien, regreso en un momento, ¿quiere algo para el camino? – preguntó ella ansiosamente.
Prepárame un jugo, solo eso me apetece – dijo ella sonriendo.
De acuerdo – dijo Dorothy mientras se ponía las sandalias.
Candy bajaba cada peldaño de la escalera de la Mansión de Lakewood, había bastantes cosas que quería contarle a Terry y que mejor que dándole una sorpresa a él, si lo visitaba sería lo más emocionante. Candy llegó rápido al pequeño teatro del pueblo, estaba por inaugurar la puesta en escena de Hamlet, quizás no fuese el primer protagónico de Terry en Chicago, pero por petición de Terry los ensayos se hacían en Lakewood, cerca de su esposa.
Candy no pudo evitar sonreírse para sí misma cuando observó a Terry declamando sus líneas, ahí, en uno de sus lugares favoritos… el escenario.
El dolor de cabeza iba en aumento, Candy se sentó rápidamente antes de que continuara por ese camino, Terry había visto lo que sucedía con Candy y no pudo creer lo que vio, ella se había marchado sin despedirse. Cuando salió del teatro, miraba a Candy a lo lejos, estaba sola y tambaleándose. A él no le importó lo que sucediera con la obra, sólo salió en su búsqueda abordando el coche que se encontraba estacionado en la acera frente al teatro.
Candy no soportaba ya el dolor, Terry se bajó del coche y corrió hasta ella.
¿Candy, te pasa algo? ¿Por qué saliste así? – le preguntaba Terry preocupado.
Terry es Annie, la adoptaron y yo la dejé ir – decía ella sin percatarse que seguramente esos eran recuerdos.
¿Qué? No entiendo. ¿Qué pasa? – preguntaba Terry.
Sus padres…ellos me querían a mi…pero se la llevaron a ella – decía ella dejándose caer y llorando lastimosamente.
Candy tranquilízate – le pidió sabiendo que ese era otro recuerdo.
Yo les dije que no, pero ella no se preocupó porque me quedara sola, se fue y no le pude decir que no, lo siento tanto, yo… yo no podía dejarla sola…Annie, ¿por qué me abandonaste Annie? – decía Candy lloraba a raudales, era difícil darse cuenta que desde un principio ella había dado pie a que se aprovecharan de sus sentimientos.
Candy, Candy. Arthur aprisa ayúdeme la señora se ha desmayado – gritaba un
Terry desesperado ya que de nuevo se presentaban los repentinos recuerdos de su esposa.
Entre los dos hombres llevaron a Candy al auto. Tan pronto como pudieron la llevaron a la mansión y la señora Elroy se quedó sorprendida al ver que Terry traía a Candy desmayada, evitó sentir angustia.
Terry, ¿Qué ha pasado? – le preguntó la señora Elroy.
No lo sé tía Elroy, solo fue a verme y cuando me percaté de que ella ya no estaba salí a buscarla, la observé a lo lejos que se tambaleaba y me dirigí hacia ella, hablaba de Annie y se desmayó.
¿Annie? ¡El médico!, Dorothy llame al médico en seguida – pidió la tía Elroy, preguntándose el por qué recientemente Annie significaba algo para ella.
¿Qué pasa señora? – preguntaba Dorothy desconcertada por el bullicio que había en la mansión y al ver a Candy, ¡Candy…! - se sorprendió un tanto al verla en su habitación y desmayada.
Aprisa Dorothy, el médico – ordenó de nuevo la Sra. Elroy.
Si señora enseguida – dijo Dorothy corriendo escaleras abajo para llamar al médico.
Candy despierta, despierta – le pedía Terry notablemente preocupado.
Llegó el médico, pero Candy aún no había recobrado la conciencia; la dejaron dormir y fue hasta entrada la madrugada cuando Candy despertó. Parpadeó varias veces y vio que en la ventana estaba parado Terry, mirando hacia un lugar apartado que no era el jardín.
¡Hola! ¿Quién eres? – le preguntó ella.
¡Candy! – corrió hasta postrarse delante de ella.
¡Tú no eres mi príncipe! – le dijo apuntándole con el índice su pecho.
¿Príncipe? ¡De quién hablas Candy! – dijo Terry completamente malhumorado.
Eres más bonita cuando ríes que cuando lloras…- dijo alguien desde la puerta.
¡Eh! – Terry no pudo hacer más que sorprenderse cuando se percató de la persona que había dicho esa frase.
¡Mi príncipe!, eres mi príncipe, cuando Annie ya no me escribió tú me consolaste – dijo ella hablando quedamente.
¿De qué hablan? – le preguntó a Terry.
Joven Terry, será mejor que preste atención. Venga quiero decirle algo – Dorothy lo condujo al pasillo y ya estando ahí comenzó con la explicación:
Hoy por la mañana la señora se rehusó a ir a su paseo de siempre, fue a verlo usted pero la quejaba un leve dolor de cabeza… siento haberla dejado ir, esto no hubiera pasado – le contaba ella mientras sollozaba.
No Dorothy, yo sé que no sabemos nada de estos episodios, tu sabes bien que Candy igual no te hubiera hecho caso, así que no te preocupes. ¿Sabes qué pasa? – le preguntó señalando la escena donde Albert abrazaba cariñosamente a Candy.
Claro, cuando adoptaron a la señorita Britter, en realidad querían adoptar a la señora Candy, pero ella los hizo cambiar de opinión, entonces Candy sintió otro abandono en su corazón al ver que ella había sacrificado su felicidad por la señorita Britter y que ella no se negó ante ese hecho – explicó sencillamente Dorothy.
Y ¿quién es el príncipe? – preguntó él un poco celoso.
Yo soy el príncipe Terry – aclaró Albert - cuando Annie decidió no escribirle más porque la señora Britter se lo recomendó, Candy ya vivía con los Leagan y ella salió al bosque a leer la carta como era su costumbre, entonces se topó conmigo cuando acabó de leerla. En ese momento ella iba llorando y yo le dije esa frase porque así me lo pareció, pero tuve que irme porque George me llamaba ya que me había desaparecido de una reunión de mi Tía Elroy. Como no supo mi nombre, así fue que me nombró Príncipe.
¿Entonces ese es otro recuerdo de su niñez? – dijo Terry mirando al piso y tratando de comprender lo que le estaban diciendo.
Terry, Candy tenía diez años entonces.
Albert, es que ella parecía tan preocupada y…- se quedó pensando si debería decirlo.
Triste… lo sé, recién George me avisó de la buena nueva. Así que decidí disfrutar del embarazo de Candy y viajar después a África, finalmente el continente se quedará dónde está por mucho tiempo, mientras la felicidad de mi pequeña no tanto. George siempre me tiene informado. ¿Qué ha dicho el médico? – le preguntó.
Nada, solo le aplicó un sedante ligero por lo del bebé, pero en realidad solo ha recordado mas de Annie y de ti – dijo sin verle realmente.
Albert…- emitió Candy.
Si princesa – fue a verla rápidamente.
Llama a Annie – le pidió, pero tan grande su cansancio no pudo evitar quedarse dormida de nuevo y una vez que estuvieron las cosas más tranquilas…
Me voy a descansar y tú deberías hacer lo mismo – le recomendó Albert a Terry.
No creo poder – dijo él entrando a su habitación.
Inténtalo – le recomendó.
Así pasaron las horas y Terry se había quedado dormido en un sillón cerca de la ventana, Candy se despertó y sigilosamente se vistió, cobijó a Terry y se dirigió hacia el jardín.
¿No deberías estar en la cama? – le reprendió Albert.
Albert, Albert – corrió a abrazarlo.
Jajajaja qué recibimiento, ¿pensaste que me habías soñado ayer? – preguntó él muy contento.
No, en realidad me sentí muy bien, por eso me levanté, dejé a Terry arropado – dijo ella sonrojada.
¿Tienes hambre? Vamos a desayunar y aprovechamos para que me cuentes cómo va el embarazo.
Mientras desayunaban Terry se había levantado ya, miró hacia la cama y al no verla ahí se dirigió a la cocina donde seguro estaba Dorothy.
Dorothy, ¿no has visto a Candy? – preguntó realmente preocupado.
Si joven esta en el jardín con el joven Albert, ¿gusta desayunar con ellos?
- Por supuesto. Terry se dirigió hacia el jardín -¿Cómo estas Candy? – preguntó él admirando el temple de su esposa.
Mejor, aquí convenciendo a Albert de que no es niña sino que pueden ser ambos – respondió ella con una gran sonrisa.
Pensé que eso tendrías que discutirlo con mi padre – le pidió a Albert riéndose también.
- Señora, la señorita Annie esta esperándola en la sala de té – informó Dorothy.
Una vez que se encontraron a solas…
¡Annie! – dijo Candy abrazándola.
Candy, Candy… me recordaste – dijo Annie conmovida.
Así es Annie, desde hace un tiempo ya lo había hecho, pero el no recordar por completo cómo es que habían sucedido las cosas ocasionó que tuviera una imagen equivocada de ti; ahora puedo ver que todo fue decisión mía – dijo ella como si fueran niñas aún.
Desde la última vez que hablamos, me pusiste a pensar en que ya no podía comportarme como una niña, así que me has enseñado que mis decisiones deben ser mías y que fui una tonta al robarte a tus padres, yo debí padecer todo lo que tú pasaste, pero fui egoísta y cobarde. Perdóname Candy no quería admitir que la que les había gustado era tú…y no yo – dijo Annie casi en un susurro.
Annie, ahora todo está aclarado así que volvamos a ser las amigas de antes.
Candy…déjame compartir contigo tu embarazo, ¿sabes? ayer hablé claro con Archie, apenas llevamos unos meses de relación y me he dado cuenta que lo nuestro no funcionará, así que mejor parar esta situación, me va a doler porque yo lo amo, pero no tiene caso si él solo siente amistad por mí – le dijo sin lágrimas.
Annie, cuanto lo siento, pero…- intento hablar cuando fue interrumpida.
No Candy, no lo hago por él, es por mí, no puedo obligarlo a que me quiera, ambas sabemos a quién ama él en realidad y espero que no me hagas repetirlo – pidió con vehemencia.
Annie ven, acompáñame, vamos al jardín – dijo ella tomándola de la mano y conduciéndola hacia el jardín donde Albert y Terry estaban esperándolas y cuando se dirigían hacia allá Annie le cuestionó un poco contrariada:
Candy… ¿seremos hermanas nuevamente?
Nunca dejaremos de serlo Annie – le contestó con otra de sus sonrisas.
Annie y Candy eran felices, ahora lo eran; Archie había tomado la decisión correcta, alejarse de Annie por un tiempo, así que se fue a Chicago por un periodo indefinido. Albert se había convertido en un gran apoyo para Candy y Terry ya había presentado su obra en Chicago, fue aclamada y más cuando su esposa le había dado la sorpresa de ese día, la primera patadita del bebé cuando se habían cumplido 6 meses.
Terry, ¿Terry dónde esta Albert? – preguntó ella.
No lo sé Pecas, ¿Por qué? – preguntó él rodeándola por detrás.
Ah ese hombre, nunca lo encuentro – decía ella furiosa.
¿Candy qué pasa? – le preguntó debido a que su mal humor había aparecido.
Acércate, aquí… pon tu mano aquí.
Candy una patadita – dijo él sin poder creerlo.
Terry ¿no te da alegría? – preguntó al ver que no reaccionaba.
No puedo decir nada, es nuestro pequeño o pequeña, te amo Pecas – le besó la sien y cuando iba hacia su boca…
Terry cuántas veces te ha dicho Candy que no le digas así – le reprendió una voz femenina.
¿Eleonor, cuándo llegaste? – le preguntó Terry.
Hace unos minutos, estaba abierta la puerta y una amable señora nos dejó entrar – dijo ella cundo vio aparecerse a Albert.
Jajaja Terry que cara pones, si no has visto fantasmas, Eleonor me aviso que vendría y fui por ella a Chicago – explicó Albert.
Si claro, me lo imaginaba cuando tu Princesa no te encontraba – se burló él.
Joven Albert, espero que no incomodemos – se escuchó la voz de una mujer que se encontraba en la puerta.
¡Hermana María! ¡Hermana María! - gritó con júbilo Candy, corriendo a sus brazos.
- Candy, estas embarazada…mi niña ya eres toda una señora, tan joven…mi Candy – lloraba copiosamente mientras ella sollozaba en su regazo.
¿Quiénes son Albert? – preguntó Terry debido a que no entendía nada de lo que estaba presenciando.
La Señorita Ponny y la Hermana María, sus madres – explicó al ver tan adorable escena.
Señorita Ponny, Hermana María, sean bienvenidas, Dorothy les mostrará sus habitaciones.
Uno de esos días Candy estaba tarareando una canción mientras Terry estudiaba sus parlamentos, finalmente se estaba preparando para un estreno que le daba mucho gusto, sería el Romeo de la puesta en escena y Karen sería Julieta, a pesar de las cosas que decían sobre la obra, cosa que a Terry no le preocupaba en lo mas mínimo y Candy nunca tuvo problemas por ella, ya que Karen salía con un chico de su compañía llamado John y Terry pasaba la mayor parte de su tiempo en casa.
Así pasaron unos días más, el noveno mes estaba próximo, ella no esperaba tal sorpresa, cuando antes de subir a descansar alguien dijera.
Y como está la señora más hermosa de la casa, Candy querida…- dijo una voz masculina detrás de ella.
¡Richard!- Candy se acercó a abrazarlo mientras él se separaba para ver su abultado vientre.
Candy, estás enorme, mi nieto debe ser muy grande – le dijo guiñándole un ojo.
¡Qué poco caballeroso eres Richard! – le dijo dándole un golpe con el abanico.
¿Dónde está Terry? – preguntó al no verlo ahí.
Cenando, acaba de llegar también. Una vez reunidos los cuatro conversaron por un largo rato y no se dieron cuenta de que ya era demasiado tarde.
Candy debes descansar – le recordó Eleanor y la encaminó lentamente hasta su habitación.
Cuando entró en ella, la hermana María había dejado un cunero con la ropita en tonos amarillos y verdes, acción que conmovió enormemente a Candy; el tener de nuevo a sus madres a su lado, un esposo cariñoso y el amor de todos sus familiares y amigos la hacían sentirse la mujer más afortunada del mundo.
Al día siguiente un poco más descansados Richard y Terry conversaron un poco durante el desayuno.
Terry, te ves muy cansado, ¿sucede algo?
No es nada padre, últimamente Candy está muy cansada ya que no ha podido dormir muy bien y se acuesta temprano – le explico él.
Pero ¿tu cómo te sientes? – Preguntó un Richard preocupado debido a que conocía todos los cambios que se acercaban en la vida de su hijo.
Feliz debiera decir, pero nervioso también – dijo él evitando sonreír.
Sabes, Candy me ha escrito durante poco menos de seis meses, estas pronto a cumplir los dieciocho años Terry, a tu familia no le falta nada y pronto seremos abuelos, ¿qué más podría pedir? – dijo él sonriendo. Candy me dio una gran lección de vida Terry, ella misma me confesó que el señor Andley es Albert y que la adoptó siendo una niña – le contó detenidamente.
Pero Candy no debió hacer eso – dijo él parándose rápidamente.
No te ofendas Terry, no es por eso que te dejo hacer lo que quieras, finalmente ya eres mayor y supongo que sabes lo que quieres, finalmente la señora Elroy tenía razón, me acostumbré a las llamadas y cartas de Candy cuando ustedes estaban empecinados a encerrarla como se hacía antiguamente – declaró Richard sin que Terry creyera que Candy hiciera cambiar de parecer a su padre.
Me estás diciendo que quieres a Candy – aclaró su garganta sin creérselo.
Quién no podría querer a tu esposa cuando ha enviado todas estas cartas durante seis meses, míralas – le dijo mientras soltaba un fajo de ciento ochenta y dos cartas amarradas con un listón en color plata y con la caligrafía de Candy. Nunca llegaban a tiempo pero ella seguía contándome lo que sucedía día tras día.
Mi esposa es una entrometida de hueso colorado – sonrió Terry al llamarla así.
Pero es nuestra Pequitas – le dijo él abrazándolo.
Papá…jajajaja – se carcajearon audazmente.
Al otro día muy temprano, cada miembro de la familia fue llegando en un intervalo de cada dos horas cada uno. La tía Elroy llegó de Chicago con el ajuar de los bebés, porque Candy y ella intuían que eran dos y el abultadísimo vientre de Candy no la desmentía. Patty y Stear iban a cumplir un año de novios y lo querían disfrutar con Candy y su bebé, Albert disfrutaba de leerle de vez en vez para que a Candy no se le ocurriese ir de paseo y que le ocurriese algo, Terry estudiaba sus parlamentos ya que la representación de gala era en dos semanas exactamente, Karen le ayudaba con los preparativos y visitaba a la pareja desde hacía un mes. Annie se encontraba de visita en la mansión y se quedaría allí por un largo tiempo, días después de su llegada Archie también había llegado a la misma, él había cambiado y ella era más segura, una semana después Archie le pidió una segunda oportunidad a Annie pues cada vez la extrañaba mas y dándose cuenta del error que había cometido, le preguntó si sería su novia de nueva cuenta; Annie se dio la oportunidad y desde ese día se habían vuelto inseparables. Regalos de Richard llegaban todos los días, la Hermana María y la Señorita Ponny fueron traídas por Tom en compañía de los niños.
Todos estaban hospedados en la mansión, la algarabía existente en la misma era prominente, la singular alegría de Candy se dejaba ver por toda la casa, era por demás decir que se hallaba contenta.
Hermana María, no siente que le hace falta algo – viendo por todos lados ya que a su lado no se encontraba la Srita. Pony.
No, solo he venido yo – le respondió ella.
¿Cómo que solo ha venido usted? Se va a enojar la señorita Ponny si la deja sola con los niños del Hogar, ¿no le parece? – le dijo ella embromándola.
¡Candy has recordado! – dijo la hermana María sorprendida.
Si, desde hace días, pero no podía evitar embromarla – sonrió al ver su cara de disgusto.
No cambias Candy, traviesa – le reprendió fuertemente.
¡Ay, eso dolió! – se quejó ella, pero no por el golpe que nunca llegó.
Pero si no te hice nada – le reprochó la Hermana María.
No, usted no, creo que se me rompió la fuente – dijo ella viendo el piso donde estaba una mancha de agua.
Dios mío, joven Albert, joven Terry – dijo la hermana apurada al ver que Candy apenas se sentaba.
Que pasa Hermana María – le respondió Albert desde su habitación.
Es Candy, está en labor de parto hay que llevarla rápido al hospital – le pidió urgentemente la Hermana María.
Terry, Candy va a dar a luz – dijo Albert totalmente sorprendido.
Todos se quedaron sorprendidos, rápidamente Annie y Patty tomaron la maleta que con anterioridad habían preparado, Terry cargó a Candy y salieron en su coche, donde también iba Albert y la tía Elroy, cerca de diez coches y carruajes salieron de la mansión directo al hospital de Chicago. Dos horas más tarde Candy daba a luz a un niño y dos minutos después a una niña, Terry no estaba entendiendo cuando le dieron la noticia, Candy tenía razón eran dos, y ambos habían nacido bajo el maravillosos amor familiar.
Mi amor son dos.
Te lo dije y no me creías.
Todos hicieron fiesta ese día, el hospital estaba a reventar pero debían guardar silencio mientras las flores seguían llegando, la noticia se dio a conocer rápidamente por medio de los periódicos, tiempo después en el New York times aparecía la noticia de que Albert realmente era el Tío Abuelo Williams, también aparecía el triunfo de Terry y en los sociales la foto de Candy y Terry con sus dos pequeños.
Unos ojos tristes miraban los encabezados y otros furiosos maldecían por lo bajo, unos en Nueva York y otros en California. Ambas pronunciaron:
Terry…
Cuando los chicos se enteraron acerca de la verdadera identidad de Albert le reclamaron el no haberles dicho la verdad antes que a todos, pero después comprendieron que así no hubieran tenido la confianza que demostraron durante tanto tiempo. Después en el Hogar de Ponny se celebraba el cumpleaños número veinte de Candy y por demás otra celebración de los tres años de los hijos de Candy y Terry, era siete de mayo. Mientras Candy y Terry se arreglaban para el día, Albert se llevó a la niña y Richard y Eleonor al niño, una vestida de escocesa y otro portaba la usanza inglesa.
Cuando todos llegaron al punto de encuentro, los dos pequeños hicieron su aparición cargados por Albert usando gaita y demás ropas escocesas.
Señorita Ponny me da alegría haberla recordado, venir aquí significa que he recordado todo, lamento no haberla ayudado en mis días de olvido – le dijo Candy pidiéndole perdón.
Candy al fin, me da una alegría infinita que hayas recordado toda tu vida – le respondió llorando un poco.
No lo hubiera hecho sin el amor Señorita Ponny, Terry ha sido una pieza importante en mi recuperación, además tengo una sorpresa – le dijo ella abrazando a su adorada madre.
Venga, vayamos afuera – la guió.
Los chicos uno a uno había seguido su camino, Terry ahora escribía libretos y actuaba en algunas ocasiones; Candy había estudiado enfermería en Chicago; Annie y Archie habían formalizando su compromiso y estaban prontos a casarse; Patty y Stear se habían casado recientemente, ahora vivían en Chicago. Eleonor se dedicaba a sus nietos, Richard mandaba regalos a sus nietos, pero no podía descuidar su puesto en el parlamento, así que pasaba largas jornadas en Lakewood. Albert se sentía feliz de disfrutar de sus traviesos nietos todos los días.
La tía Elroy estaba descansando ya que todo el manejo del consorcio Andley lo había dejado en manos de George, Albert, Archie y Stear.
George y Dorothy aún estaban a su servicio siempre agradecidos de cómo los trataban.
Los Leagan también se encontraban bien aunque relegados de la familia.
En la comida Candy les hizo saber algunas cosas:
Bueno tengo una noticia de darles a todos, pero esta alegrará mas a los niños y a mis madres, la Señorita Ponny y la Hermana María – dijo en tono alegre. Desde hoy son las dueñas del hogar y de todo lo que sus ojos alcanzan a ver.
Candy…es una gran noticia – dijo la Señorita Ponny completamente feliz
Todos dieron vueltas alrededor de los niños, entre risas y felicidad Candy fue al padre árbol, se quedó aspirando el aroma de la Colina de Ponny, aquella que recordase durante el parto.
¿Qué pasa Pecosa? – dijo Terry poniéndole la barbilla sobre su cabeza.
Nada, solo que soy muy feliz – dijo ella.
¡Ah sí! Y eso, ¿por qué? – le preguntó Terry.
Estoy esperando nuevamente Terry – le informó a él sobre un nuevo embarazo.
Quieres decir que… – Terry no pudo terminar la oración.
Sí, estamos esperando bebé nuevamente – dijo ella sonriéndole y abrazándolo. ¿No te da gusto?
Claro que si, ¿les dices tú o yo? – comentó Candy a Terry, acordando que harían una travesura a los abuelos.
Terry solo pudo besarla apasionadamente y momentos después la hizo volar por los aires.
Candy, Terry aprisa, vengan a comer.
Enseguida vamos – respondió ella.
Propón un brindis, Candy a ti te corresponde– decía la Señorita Ponny.
Propongo un brindis por mi esposo Terry el cual me ha dado todo el amor y la paciencia para recuperar mi memoria sin olvidar seguir sus sueños y por el hogar de Ponny. ¡Salud! – alzó su copa después de decir unas cuantas frases.
Salud – respondieron todos.
Terry y Candy se encaminaron a dónde se encontraban Albert y Richard.
Papá ¿estás feliz con tus nietos? – le preguntó socarronamente Terry a Richard.
Bueno ya sabes que mi favorito es Nicolás – se aclaró la garganta.
Albert ¿eres feliz con tus nietos? – le preguntó Candy a Albert.
Sí, muy feliz aunque Pauna sea mi favorita – le contestó en un susurro.
Bueno abuelos y ¿quién sería su favorito? Si les decimos que viene otro bebé en camino – soltaron al mismo tiempo y por su lado.
¿Qué? Espera Candy, ¿verdad que será niño? – le preguntó Albert a Candy quien había corrido hacia la Señorita Ponny.
¿Qué? ¿Terry va a ser niña, verdad? – le preguntó Richard a Terry.
No, no, no ya van a comenzar de nuevo – dijo Eleonor sonriéndoles.
Candy y Terry se sintieron libres y completos al observar que todo había tomado su cauce y estaban más felices de ver que al final, Candy, su esposa, había cumplido lo que le prometió un día, darle todo el amor que le faltó cuando era niño y unos hijos que lo adoraban; él sentía que eso y más le había dado la mujer que el destino y su corazón escogió para él, todo dentro de una mujer, su mujer y sus Memorias de Amor.
F I N
BUENO CHICAS ESO ES TODO, COMO VEN, LA HISTORIA TUVO EL FINAL FELIZ QUE CANDY SE MERECIA, HAY QUE PENSAR EN LOS DEMAS CON EL MISMO APRECIO QUE SE PIENSA EN UNO MISMO, ASI QUE ESPERO SUS CRITICAS Y COMENTARIOS, SALUDOS Y ESPERO QUE LA EDITORA NO ME CUELGUE PORQUE NO SE ME DA ESTO DE DESPEDIRME EN LOS FINALES, SALUDOS, PATHYA.
