Me re copé escribiendo este cap... Bue espero q les guste... Ah y lo de la imprimación de Sean con Maggie, se q es medio distinta porq en teoría el HL tiene q haberse convertido en HL (como con Jared y su imprimada), pero me tomé la licencia ya que la imprimada es una vampira, y por lo tanto ES distinto. Pero ya veremos q pasará con ellos...
Como siempre ¡GRACIAS! por leerme, agregarme, reviewarme (jajaj!!)... Le propongo algo... a los q no dejan review porq no tienen tiempo o de vagos nomás (como yo jaja) Yo les pregunto ¿Les gustó el cap? ¿Les gustó el fic? Y uds me ponen Si o No... O como Homero... S o N (en el cap en el q trabaja en la casa... me colgue)...
Ahhh... entren en radiomeyer!! Está muy buena!!! Y yo voy a aparecer cantando en alguna transmisión!! jeje!!!
Bue... besos!!!!!!


Dudas

(Nahuel POV)

– Nessie me contó que se vuelven a Forks por un par de semanas en estas vacaciones. – le comenté a Leah una tarde en el patio de la casa de la familia Cullen. No respondió. – Me invitó a acompañarlos también. – agregué.

– Ajá. – siguió "concentrada" en su lectura del Código Penal. Pero bien sabía yo que había logrado desconcentrarla.

– ¿Y? ¿No te interesa saber si decidí ir o no? – suspiré. Con Leah nunca se podía dar nada por seguro. Su estado de ánimo y, especialmente, su actitud hacia mí cambiaban demasiado rápido para mi estabilidad mental. De hecho, ya me había colmado la paciencia. Pensé que todo había cambiado la noche que salimos todos a divertirnos. La podía notar nerviosa, pero ya no me trataba con aquella fría indiferencia, incluso parecía estar feliz de estar conmigo, como se había mostrado intermitentemente esas últimas semanas. – Bien. – me levanté del suelo y me dirigí adentro al ver que no me respondía.

– ¡Espera! – gritó cuando estaba en la puerta. Se levantó, se dirigió hacia mí y me miró directo a los ojos, pero no emitió ninguna palabra.

– ¿Me decías? – pregunté algo intrigado. Nunca iba a entenderla por completo. Creo que eso era lo que me gustaba tanto de ella. Sonreí. Bajó la mirada y se encaminó de nuevo hacia su lugar de estudio.

– ¿Qué vas a hacer? – inquirió en voz baja.

– ¿Te importa? – quise saber. Se encogió de hombros, aún dándome la espalda. Me sacó de mis casillas. Corrí hacia ella y la sujeté del brazo para darla vuelta. Tenía su rostro a escasos centímetros del mío. – ¿Te importa? – repetí mirándola vulnerablemente a los ojos. Su corazón latía arrítmicamente y su respiración era entrecortada. ¡Cómo me había acostumbrado a su calidez!

– Sí. – suspiró finalmente y yo sonreí con suficiencia. – Pero… – se alejó de mí.

– ¿Qué es lo que tanto te hace dudar? Estoy harto de hacer de cuenta que tus malos tratos no me molestan. Puedo estar "medio muerto" pero sí siento. – reí ácidamente. Leah no respondió. – ¿Tanta vergüenza te doy? ¿Tanta vergüenza te da ser mi amiga? ¿Tanta vergüenza te daría ser mi…– no pude seguir. Salí caminando rápidamente hacia el bosque sin mirar atrás.

Yo era un vampiro (medio, técnicamente). Leah era una mujer loba. Nos teníamos que odiar. Esa era nuestra naturaleza. Pero no nos odiábamos. Al menos, yo no la odiaba a ella. Me había querido engañar pensando en Jacob y Nessie. Ellos habían ido en contra de la naturaleza; mejor aún, su relación era absolutamente natural. Pero Nessie no era como yo. Ella era pura e inocente. Yo era un asesino. Desde el momento en que nací. Maté a mi propia madre. Y a cientos y cientos de personas para saciar mi sed egoístamente. No merecía ser feliz ni mucho menos amado. Por más arrepentido que estuviera y hubiera cambiado mi dieta. No merecía perdón. Había creído que sí cuando conocí a los Cullen. Sentí algo de envidia de Nessie por no haber matado a su madre al nacer y por tener una familia que había sido capaz de impedir que lo hiciera y que la amara tanto. Aunque era imposible no querer a Nessie Era una niña adorable. Bueno, ya no tan niña. Se había convertido en mi mejor amiga. Qué extraño me resultaba recordar cuando la conocí y pensé que podía llegar a ser mi pareja algún día. Ahora no podía pensar en ella como algo más que una amiga o una hermana. Además, ella tenía a Jacob. Otra razón por la que la envidiaba: había conocido a su alma gemela el mismo día en que nació. Y yo ahí luchando en vano por encontrar la mía. Leah no era para mí, yo lo sabía. Pero yo la quería. Me encantaba. Adoraba discutir con ella. Era tan pasional defendiendo sus ideas. Se ponía tan linda cuando se enojaba que yo no podía evitar provocarla. Además, era la única forma en que no se sentía nerviosa cuando hablaba conmigo.

Basta. Basta. Basta pensé para mis adentros. Te vas a olvidar de Leah y punto. me ordené a mí mismo, aunque lo creía imposible. Pero también había pensado que dejar de beber sangre humana iba a ser imposible.

Fue difícil. Muy difícil. recordé. Pero lo logré y nunca me había sentido mejor. Pese a que la sangre de animal no me daba las mismas fuerzas que la humana, no tenía que lidiar con los remordimientos una vez que el frenesí se acababa. Debía admitir que había dejado de matar gente por Nessie. Ella me convenció. Tenía el recuerdo de su primera visita todavía muy fresco en mi memoria. Nessie tenía casi 2 años de nacida y ya aparentaba unos 5.

FLASHBACK

– ¡Mira, Nahuel, quienes vinieron a visitarnos! – me llamó mi tía.

– Hola, Nahuel. – saludó Alice como cantando entrando de la mano de su esposo, Jasper. Atrás de ellos, venías Edward, Bella, Nessie y el licántropo, Jacob.

– Qué agradable sorpresa. – saludé aunque hice un gesto de desagrado por el olor de Jacob, del que estaba seguro, se había percatado.

– ¡¡Hola, Nahuel!! – gritó Nessie mientras corría a darme un abrazo. Jacob también se percató de eso. – Adivina qué. ¡¡Zafrina y sus hermanas no van a beber más sangre humana!! Yo las convencí. – me contó, orgullosa de sí misma.

– Wow. Eres muy persuasiva. – la felicité.

– Como su madre. – comentó Edward intercambiando una mirada cómplice con su esposa.

– Mejor que yo. – agregó Bella con una sonrisa. – También a Benjamín y a Tía.

– No soy tan buena. – dijo Ren, haciendo un pucherito. – No he podido convencer a Liam, Siobhan y a Maggie.

– Todavía. – la animó Jasper. – Siobhan estaba indecisa.

– Cuando ella se decida, van a convertirse en vegetarianos como nosotros. – aseguró Alice. Nessie sonrió mostrando todos los dientes. ¿Tanto le importaba qué sangre bebíamos? Me miró como si me hubiera escuchado. Siempre era muy perceptiva. Estaba a punto de hablarme pero en cambio se dirigió a mi tía.

– ¿Y a ti, Uli, no te gustaría tratar? – preguntó con cara de angelito.

– Lo voy a pensar, Nessie querida. – contestó algo incómoda. Pero Ren no se coformó con esa respuesta. Puso su mano sobre la mejilla de mi tía. Estaba usando su don.

– Está bien, hija. Voy a tratar. Lo prometo. – le respondió sinceramente. Mi tía no era de hacer promesas en vano. Me quedé intrigado por lo que le había dicho o mostrado.

– Te creo. – dijo Nessie satisfecha. Pensé que era muy ingenua, tan solo era una niña. Pero esta niña siempre había tenido la capacidad de ver las cosas buenas de las personas. Se dio vuelta y cuando creí que era mi turno de ser convencido sólo me sonrió y se puso a jugar con Jacob. ¿Qué a caso no veía nada bueno en mí? ¿Pensaba que no valía la pena perder el tiempo conmigo?

Al día siguiente, Jasper y Edward salieron de caza y Alice se llevó a Jacob de compras alegando que no podía seguir usando ese mismo pantalón un día más o lo mordería. Renesmee terminó de convencerlo dedicándole una mirada de "madre enojada".

Cuando se fueron, Nessie se puso a jugar conmigo mientras su mamá y mi tía conversaban sobre El Huésped (ambas eran fanáticas de su autora, aunque según Bella, a veces, hacía sufrir demasiado a sus personajes).

– ¿Nahuel? – me llamó la atención Nessie. – ¿Te puedo pedir un favor?

– ¿Y qué sería? – pregunté intrigado.

– ¿Tú también podrías ser vegetariano? – me pidió sorprendiéndome. Puso su mano en mi mejilla ante mi gesto de desconcierto. Me mostró lo mucho que quería a sus familiares y amigos humanos. Después de todo, ella era medio humana… y yo también. Además me pidió (todo, a través de su don, por lo que podía sentir lo que ella sentía) que me pusiera en el lugar de los humanos que me servían de alimento y en sus seres queridos. ¿A ti te gustaría que te arrebataran tu vida o, peor aún, a alguien a quien amas, sólo para comer, cuando hay otras cosas que te pueden alimentar?

Wow, poniéndolo así…

– Tienes razón. Pero está difícil… - le respondí. Se entristeció. – Pero puedo intentarlo. Y haré mi mayor esfuerzo. – Le constesté solemnemente. Sonrió de oreja a oreja. Qué fácil era hacerla feliz. Bueno, no tan fácil. – Pero, ¿por qué no me lo pediste ayer junto con mi tía? – quise saber.

– Es que Jakie se pone celosito si tengo otros amigos. Sobre todo contigo. Tú eres mi amigo, pero no quiero que Jakie se ponga triste. – respondió con sabiduría. Sí que era perceptiva. Sonreí.

– ¿Quieres que seamos amigos en secreto? – le propuse enarcando una ceja.

– Es una buena idea. Por lo menos hasta que Jakie madure un poco. – concluyó agarrando mi meñique con el suyo. No pude contener la risa. Hablaba como toda una adulta y a la vez como una niña. ¿Yo había sido así de más pequeño?

FIN DEL FLASHBACK

Me había distraído. Nessie sí que lograba desconcentrarme y hacerme olvidar mis problemas. Hasta me había ayudado con Leah.

Fue su idea que asistiera al colegio con ella en lugar de "ser demasiado obvio y avasallador yendo a la Universidad con Leah" como yo quería.

Pero por más que me ayudara toda la familia Cullen y hasta Jake (que ya era parte de esa familia), Leah no era para mí. No me quería. No la merecía. Me senté contra un árbol y cerré los ojos. Noté como una lágrima recorría mi mejilla y me exalté al notar que un dedo la retiraba de mi cara. Abrí los ojos como platos y salté poniéndome a la defensiva. Era Leah.

– ¡Dios, Leah! ¡Casi me muero de un infarto! – le reclamé. Pero, en realidad, estaba enojado porque me había visto llorando. Era vergonzoso.

– Disculpa. – se excusó apenada.

– Discúlpame tú. Sobreactué un poco. – logré articular, una vez tranquilo.

– No estoy avergonzada de ti. – soltó finalmente. – No te voy a mentir. En un principio lo estaba. No me quería relacionar con un ch… alguien como tú. Sigo pensando que no es natural. – declaró señalándome a mí y luego a ella misma repetidas veces. Cuando estaba por responderle ella continuó. – Pero ese ya no es el problema… – Esperé en silencio hasta que me di cuenta:

– El problema es que no te gusto. – completé su oración.

– Ojalá fuera eso. – susurró sin querer. Al verla sonrojarse yo sonreí. Entonces le gustaba. Aunque ella no lo quería, yo le gustaba. No me importaba que no lo quisiera. Le gustaba. Con eso me bastaba, podía lidiar con sus dudas más tarde. Me acerqué hacia ella, hacia su boca. Otra vez estaba a centímetros de su rostro. La miré a los ojos para anunciarle lo que iba a hacer. Pero ella se me adelantó y me besó con urgencia. Como si estuviera haciendo algo que había deseado hacer por largo tiempo. Luego se separó de mí y me miró confundida. No le di tiempo para retractarse. Tomé su rostro delicada pero rápidamente entre mis manos y la besé nuevamente.

Nos quedamos recostados sobre un árbol, tomados de las manos en silencio durante toda la tarde. No era para nada incómodo. Y su aroma no me molestaba para nada.

Cuando oscureció, Leah se levantó y comenzó a caminar hacia la casa. Pensé que era el momento de enfrentar las dudas pero me tomó de la mano, me miró directo a los ojos y luego apoyó su cabeza en mi hombro mientras nos dirigíamos adentro.

– Quiero que vengas a Forks… a La Push. – me invitó al llegar al porche.

– Gracias. – la besé en la mejilla.

Cuando entramos a la casa solté su mano para que no se sintiera incómoda, pero la volvió a tomar y respiró hondo.

Dentro se escuchaba un tumulto. Al parecer Jake había llenado de comida para perros el pelo de Rosalie.

– Estamos a mano. – decía mientras corría alrededor de la mesa del comedor. - ¡Yo te lo advertí! No seas resentida, Rubita. Ahora puedes ser la Barbie Paseadora de Perros o la Barbie Veterinaria. ¡Ja, ja, ja!

– ¡Ya te voy a sacar a pasear, Fido! ¡Te voy a poner a dormir! – gruñía la aludida.

– Vamos, cariño, no vale la pena. – trataba de tranquilizarla Emmett. – Pero mira quiénes han llegado… al fin… y tomados de la mano. – nos observó muy entretenido.

– Te lo advierto, Emmett. En cuando hagas un comentario más al respecto, te aaranco el brazo. – lo amenazó Bella en voz baja tratando de que Leah no escuchara. Emmett se volteó a verla. Me sentí tan agradecido con ella.

– Ya no tienes superfuerza de neófita, Bella. Así que no hagas amenazas que no puedas cumplir. – la retó entrecerrando los ojos.

– No estoy de acuerdo con eso. – acotó Edward guiñándome un ojo antes. – Según mis cuentas Bella te lleva la ventaja.

– Y Ness te ganó más de una vez ya. – agregó Jake con suficiencia.

– ¡Ahora mismo vamos a cambiar eso! – exclamó Emmett, olvidándose completamente de hacer algún comentario sobre Leah y yo. Ya era demasiado difícil nuestra relación como para encima soportar los chistes inoportunos de Emmett. Aunque resultaban bastante graciosos cuando el blanco era otra persona.

***

La última semana antes de ir a Forks fue una mezcla entre incómoda, graciosa, feliz y tierna. Pero al menos había eludido la batalla contra las dudas de Leah. Por el momento.

Al llegar a Forks me quedé con los Cullen en su antiguo hogar. Ren y sus padres se fueron a su antigua casa, no muy lejos de nosotros. No las habían vendido porque de vez en cuando volvían a visitar al abuelo de Nessie y a la familia de Jacob.

Una tarde estábamos todos reunidos en la casa grande cuando llegaron Leah, Jake y Seth, mi "cuñado". Estaba algo nervioso, no sabía cómo iba a reaccionar por mi relación con su hermana. Aunque, según me habían contado, se llevaba a las mil maravillas con los vampiros, siempre y cuando fuesen vegetarianos.

– Hola, Nahuel. Tengo que hablar seriamente contigo. – me saludó amenazante. Era mucho más joven que yo pero logró ponerme los pelos de punta. Me aclaré la garganta:

– Hola, Seth. Claro. Como tú quieras. – respondí vacilante.

– ¡Ja, ja, ja! – se carcajeó. – ¿Vieron cómo impongo autoridad? ¡Me tendrías que promover, Jake! Un Betha y medio por lo menos. – caminó derecho hacia mí y pasó un brazo sobre mis hombros. – No te asustes. Sólo te quería dar la bienvenida a la familia. – palmeó mi espalda todavía riendo.

¡Ojalá Leah me aceptara tan bien como su hermano! Pensé. Sin dudas.

Leah se sonrojó y, temblando, fulminó con la mirada a Seth.

– Bueno. Estás invitado a la reunión en La Push esta noche, por supuesto. – agregó ignorando a su hermana.

– ¿Reunión? – pregunté.

– Sí. Nos juntamos a escuchar las leyendas Quileutes. Todos llevan a sus imprimados, pero contigo podemos hacer una excepción. Como con Bella en su momento. Al fin y al cabo, nos salvaste el pellejo a todos de los chupasangres italianos.

– ¿Excepción con mamá? – interrumpió Nessie en voz baja. Pero nadie pudo responderle gracias a que Leah se lanzó sobre su hermano cambiando de forma: una loba gris y furiosa.

Cuando por fin la tranquilizamos se fue a cambiar de fase a otra habitación junto con Alice quien le iba a prestar algo de ropa, ya que la suya había quedado hecha trizas junto con la nariz de Seth. Aunque nada grave.

Luego de unos minutos fui a ver como estaba Leah.

– ¿Leah? ¿Se puede? – toqué la puerta.

– Pasa. Yo ya me iba. – abrió Alice guiñándole un ojo a Leah.

– Llevo meses sin transformarme y todo se fue a la basura por un descuido. ¡Tremendo hermano tengo! – se descargó.

– Todos tenemos recaídas. – la consolé. – Pero nada es imposible si tienes voluntad. Sino mírame a mí. – me señalé. – Y la voluntad no es algo que se obtenga por ósmosis.

– Perdón. Es que estoy harta de que todos hagan bromas y que se metan en nuestros asuntos. – la abracé y apoyó su cara sobre mi hombro.

– No es tu culpa. Y si no quieres no voy a la reunión.

– Yo quería invitarte. Yo. – me dijo sorprendiéndome.

– Ahora lo sé. No tienes que sentirte mal. Con gusto voy a ir. – se separó de mí.

– Pero es que quería pensarlo antes. – susurró.

– Ahh… ya veo. – Dudas. Las había evitado demasiado ya.

– Es que si vienes… esto va a ser serio. Vamos a ser algo así como novios oficialmente. – soltó.

– Y tú no quieres. – no era una pregunta.

– ¡No es eso! – me atajó. – Tengo miedo. No te quiero lastimar. – confesó.

– ¿Lastimarme? ¿Cómo? – pregunté conmovido.

– Imprimándome con otro cuando estemos completamente enamorados, por ejemplo.

– Bueno, no falta mucho para eso. De hecho, no falta nada. – dije tartamudeando.

– Tienes razón. – me dejó atónito. – Pero si dejo que esto crezca más, cuando eso pase te voy a lastimar aún más y no quiero hacerte sufrir. – estaba llorando. Por mí. Me acerqué y besé sus labios secando sus lágrimas con mis manos cariñosamente.

– Yo tampoco quiero que sufras. ¿Y, además, quién dice que no sea yo tu alma gemela? Capaz que las mujeres lobas no se impriman. – propuse. Ella sonrió.

– Eso mismo dijo Jake. Pero…

– Shh… – tapé su boca con el dedo índice. – Te prometo que si eso llega a pasar, que lo dudo mucho, no voy a estar triste. Yo quiero que seas feliz, aunque tenga que ser con otro. Pero eso no va a pasar. – sonreí.

– Me tienes demasiada paciencia. No te merezco. – susurró.

– Yo no te merezco. – suspiré.

– Yo no te merezco más. – agregó seriamente.

– ¿No puedes perder nada, verdad? – sacudí la cabeza.

– Mmm… llamémoslo empate, ¿si? – me besó tiernamente.


Que digan YO! los que se hartaron de la palabra "dudas" ya... y los que ya no le encuentran sentido... Dudas Dudas Dudas... jaja!!!
Cuando me puse a pasar el cap me di cuenta de la cant de veces q la escribí!! jaja!! me secó la mente... jaja!!
Bue... me voy a ver las Guerreras Magicas o a entrar a Habbo... todo menos dormir... jaja!!
¡¡¡¡¡¡Besote!!!!!!!