Bue... aunq no me reviewan... como estoy relativamente feliz X3... subo cap nuevo... a quién quiero engañar?? subo cap nuevo porq no me puedo contener... jajaja!!!
Bue... se pone hottie la cosa... De tal palo tal astilla se oyó por allí... XD
Besotetotes!!!! jaja!!! Q disfruten!!!


Febriles

(Jake POV)

Dos días después del baile, un ruido en mi ventana me despertó por la madrugada. Era Ness. Se había… ¿Trepado por la ventana? Corrí a abrirle.

– ¿Qué haces? ¿Estás loca? – le grité entre preocupado y entretenido. Ella entró rápidamente. Afuera estaba saliendo el sol. Y aunque su piel no centellara como la de un vampiro, no era del todo normal tampoco. No me contestó. Se quedó mirándome con la boca ligeramente abierta y un suave rubor pintó sus mejillas. Me di cuenta de que sólo tenía unos boxers puestos y yo también me ruboricé. Cuando se percató de que yo la había pillado mirándome se rió y clavó su mirada en mis ojos. Ese mar de chocolate me invitaba siempre a hundirme en él. Lentamente se acercó hacia mí y sus labios besaron los míos. Primero con ternura y timidez, luego con pasión y necesidad. Me dejé llevar. No supe cómo terminamos los dos sobre mi cama bebiendo de los labios del otro y perdiéndonos entre caricias cada vez más intensas. Me detuve de pronto.

– Espera. Espera, Ness. – logré susurrar. Me miró desconcertada. No quería que se sintiera rechazada. Pero aún era tan pequeña. Adivinó mis pensamientos. Por supuesto.

– No soy una niña. Ya no. – replicó enojada. Pero no se apartó de mí.

– Es que… ¡Oh! ¡Por todos los cielos! … ¿Por qué me lo pones tan difícil? – me quejé levantándome de la cama, a mi pesar.

– Eres tú quien lo hace difícil. – repuso en tono pícaro y algo frustrada. – Ya dejé de crecer. Lo que quiere decir que ya soy adulta. – agregó orgullosa, pero con un dejo de amargura. ¿Por qué me negaba si estaba totalmente seguro de que nos amábamos y de que siempre iba a ser así? Claramente ya era toda una mujer… ¡Y qué mujer! Uff… era hermosa… y sexy… ¡Basta! ¡Basta! ¡Céntrate, Jacob! me ordené a mí mismo mientras sacudía la cabeza.

– Pero… es que… ¿No te gustaría casarte antes de…? – solté tartamudeando. Me miró suspicaz:

– ¿Me estás proponiendo matrimonio? – preguntó alzando las cejas y conteniendo una sonrisa.

– Ehh… no sé… somos jóvenes todavía… pero algún día… tal vez. Claro, si tú quieres. Bella y Edward me querrán matar, pero ¿cuándo no han querido hacerlo? – reí nerviosamente.

– Bella y Edward, Bella y Edward… Es siempre lo mismo, Jake. Te informo que tienes una relación conmigo, no con mis papás. – me contestó enojada. – Estoy harta de que siempre pienses en qué van a decir, qué van a pensar. ¿Crees que no me doy cuenta de que casi siempre que me besas o acaricias en frente suyo (que son pocas veces, debo agregar), te fijas si nos están viendo, aunque sea brevemente. Ni te das cuenta, es instintivo. – Me dejó sin palabras. ¿Realmente hacía eso? Y si lo hacía, ¿por qué le molestaba tanto? Era una reacción racional. Sobre todo cuando tu suegro puede leer tu mente.

– Estás siendo poco comprensiva, Ness. Entiende que a tus papás les cuesta verte tan grande en tan poco tiempo. No te puedo "robar" así como así. – le expliqué.

– Sí que me puedes robar. Porque ya soy tuya. – me miró provocativamente con la intención de retomar lo que yo había detenido. ¡Vaya! ¿Tendría un botón de encendido en alguna parte?... ¿En qué parte sería? Enfócate, Jacob Me volví a ordenar. Levanté las manos para que se detuviera. Se dejó caer en la cama, no sin bufar. – En fin, ya es hora de que Bella y Edward asuman que no soy más su nenita. Ah, y tampoco necesito un papel que confirme que soy toda tuya. – Se cruzó de brazos.

– ¿Quieres decir que no deseas casarte conmigo? – le dije entristecido.

– Quiero decir que no me hace falta. – seguía enojada. - ¿Y desde cuándo te interesa el matrimonio a ti? – se percató de mi desilusión. Era verdad, nunca me había interesado casarme. No le veía la necesidad y Ness tampoco. ¡Hija de Bella tenía que ser! Una vez habíamos hablado de eso, no precisamente de nuestro posible casamiento, sino de la institución en sí.

FLASHBACK

– Vivimos para siempre, cambiamos nuestros nombres y nuestros documentos cada dos por tres. Así que un matrimonio civil está delimitado por el tiempo que supuestamente tendríamos que vivir. – me comentó una tarde. Alice estaba preparando la vaya-a-saber-cuál-ésima boda de Rosalie y Emmett.

– Pienso igual. Pero ya sabes cómo es la Rubia. Le encanta ser el centro de atención. Y a Alice no le importa cuál sea el motivo con tal de organizar una fiesta. – Me pegó un codazo pero no pudo contener la risa.

– Y Dios ya sabe que nos amamos. Y obviamente, está feliz con nuestras relaciones, porque fue Él (o Ella) quien nos hizo los unos para los otros. Nuestro amor es eterno, al igual que el de mamá y papá, el de los tíos, el de los abuelos, el de los miembros de las manadas con sus imprimados y el de todas las almas gemelas del Universo. – me besó con dulzura. No me resultaba raro que hablara de Dios como si lo conociera y fueran amigos de toda la vida. Siempre había sido así. Nunca le interesó formar parte de ninguna religión, como a mí. Pero creía que alguien más grande que todos, nos cuidaba y nos amaba. porque si no existe, ¿cómo explicas que seamos tan felices? me había dicho una vez.

FIN DEL FLASHBACK

– Jake… ¡Jake! – me sacó de mi ensimismamiento.

– Perdón, Ness. Tienes razón. No me hace falta casarme, al igual que a ti… Aunque sería bonito. Estoy un poquito sensible. – me burlé. Posó su mano derecha en mi mejilla y me mostró un paisaje con una cascada bellísima. Allí estaban todos nuestros amigos y familiares. Era una ceremonia o algo así. Yo estaba dentro de una glorieta adornada al igual que la de su cumple 16. Estaba atardeciendo y Ness caminaba hacia mí sumamente feliz. No podía ver su vestido.

– Es sorpresa. – me susurró al oído. Continuó caminando (en su mente) hacia mi lado. Cuando llegó sólo estábamos los dos frente a todos nuestros seres queridos. – Y ahí es cuando resaltamos lo obvio. Decimos lo que nos decimos siempre, que nos amamos y que siempre lo vamos a hacer. – concluyó con ternura.

– Me encanta la idea. – susurré antes de besarla. Me aparté antes de empezar a tentar al destino. – Así que al final, la que me propuso matrimonio fuiste tú. – me burlé. – Y yo soy el que está sensible.

– Somos una pareja rara. – se rió.

– Y nos fascina serlo. – dijimos al unísono. Antes de sucumbir ante la tentación de estar solos me di cuenta de que traía un bolso.

– ¿Te mudas conmigo? – alcé una ceja.

– ¿Me lo estás proponiendo? – insinuó. Al ver mi cara de "susto" agregó: – Es un día bastante lindo como para ir a nadar a la playa. Venía a invitarte.

– ¿A qué playa? – pregunté confundido.

– A la Primera Playa de La Push, por supuesto.

– ¿Y se puede saber cómo piensas llegar hasta allá?

– Mamá se siente tan culpable todavía, por lo de "ustedes" – me contó dibujando comillas en el aire y sonriendo. – Así que Alice sacó provecho porque, según ella, "yo soy demasiado decente para hacerlo". Pobre mamá, la hartó hasta que por fin aceptó. – La miré intrigado.

– Ven, asómate. – me tomó de la mano y me acercó a la ventana. Y ahí estaba un Peugeot 206 negro con ventanas polarizadas.

– Wow. Está muy bueno. ¿Te regalón un auto sólo por 2 besos? – pregunté atónito. Se volvió hacia mí:

– ¿2? – alzó las cejas. ¡Oops! – Mamá me dijo que sólo te besó una vez. ¿Me mintió? Y yo que me sentía culpable porque Alice prácticamente la torturó para que me "compensara" con el auto.

– Es verdad. Ella me dio un beso, porque, debo admitir, yo jugué sucio. – sonreí brevemente. – Pero antes yo la besé sin su consentimiento… y ella me golpeó. – No pude evitar reír ante el recuerdo. – Y terminó lastimándose ella misma.

– Ahora si quiere puede lastimarte, así que no deberías reírte. – me amenazó.

– No me da gracia que se lastimara. Es que tendrías que haberla visto. Estaba que echaba chispas.

– Prefiero no haberlo visto. Puedo comprender la situación y hasta tomármela con humor. Pero tengo mis límites.

– Yo también tengo los míos. – repliqué. Inmediatamente se dio cuenta de que me refería a nuestras muestras de afecto en frente de sus papás.

– Entiendo… Pero ahora… estamos solos. – me miró seductoramente. ¿Dónde tendría el botón de encendido?

– ¡Y se nos hace tarde! – interrumpí antes de caer en la tentación. – ¿No querías ir a la playa? – suspiró. – Pues vamos a la playa.

Llegamos al mediodía a la casa de papá. Nos estaban esperando todos.

– Era una sorpresa. – Me explicó Nessie. Con razón no había insistido en quedarnos en mi cuarto.

– Pero voy a insistir de nuevo luego. No te vas a escapar tan fácilmente. – respondió a mis pensamientos. Reímos los dos juntos ante nuestra sincronización.

Cuando terminamos de comer, los "más jóvenes" decidimos ir a la playa. Mientras Ness se cambiaba, me quedé charlando con papá.

– Me encanta verte tan feliz, hijo. Pero algo te preocupa.

– Viejo, ¡cómo me conoces! – hice una pausa. – Está todo bien. Demasiado bien diría yo. Amo a Ness y ella a mí… y bueno…

– Ahh, ya veo. – asintió con la cabeza.

– Es complicado. Me siento algo culpable por alejar a Bella y a Ed de su "nena". Han pasado sólo 5 años. Me cuesta pensar que ya no es una niña. Pero a la vez es toda una mujer. Yo me siento incómodo cuando demuestro mi amor por ella en frente de sus papás. Me he acostumbrado demasiado a que Edward me lea la mente. Y Ness se enoja porque me siento así. ¡Mujeres! A veces nada les viene bien. – suspiré.

– ¿Y ella no se siente incómoda?

– Para nada. Es que como, y cito, "vamos a convivir toda la eternidad no hay motivos para sentirse incómodos". Tiene cierta lógica, pero falta un poco de tiempo para que nos acostumbremos todos los demás. Es que Ness es más madura que todos juntos y tiene una forma de ver las cosas, tan sencilla. Por eso entiende los puntos de vista de todos. Ya viste cómo se tomó lo de Bella y yo. – papá rió.

– Sí. Es una muchacha muy sabia. Sobre todo teniendo en cuenta su corta edad. – respiró profundamente. - Siempre se pone en el lugar de los demás para entenderlos. – agregó guiñándome un ojo enigmáticamente. ¡Claro! Entonces entró Ness a la sala. La abracé y la besé apasionadamente. Ella se sorprendió al principio, luego se dejó llevar por unos segundos y por último me empujó un poco para soltarse de mi abrazo, ruborizándose.

– ¡Jake! ¡Ahí está tu papá! – me susurró. Yo alcé las cejas y la miré con gesto de inocencia. Me observó con los ojos entre cerrados y resoplando.

– Ya entendí. – murmuró entre dientes frunciendo el entrecejo.

– No será exactamente lo mismo ya que mi papá no puede leernos la mente. Pero es parecido. – me jacté de mi victoria. Saludamos a papá (Ness aún ruborizada). Le guiñé un ojo agradeciéndole su concejo.

Cuando llegamos a la playa Nessie seguía un poco enfuruñada.

– ¿No te gusta mucho perder, no? – de dije al oído cuando le abría la puerta del auto (obviamente, me había dejado manejar a mí, porque cuando se enojaba no era capaz de concentrarse). – ¡Después se quejan de Emmett!

– Oh, no. No he perdido. Para nada. – canturreó crípticamente. Paso seguido, se quitó el vestido, soltó su cabello y caminó meneando rítmicamente las caderas en un pequeñísimo bikini verde oscuro. Me dejó con la boca entreabierta. Volvió su cabeza hacia mí: - ¿Sabes? Mamá puede usar su escudo cuando se lo pida… Todavía cree que me lo debe. Eso me interesa mil veces más que un auto. Así que puedo ser un poco más persuasiva que Alice si me lo propongo. – me guiñó un ojo y me dedicó una media sonrisa siniestra fingida. Luego se rió abierta y dulcemente de mi expresión. Oh, no. No había perdido… Pero no había ganado tampoco… todavía.

***

La pasamos espectacular esa tarde. Quil, Paul, Collin, Seth, Jared y yo jugamos al voley contra las chicas: Claire, Rachel, Sara (la hermana de Collin), Kim (la novia de Jared) y Ness. Mientras que Embry le enseñaba a pelear a Harry (quien sorpresivamente ya caminaba, no había crecido tanto como Sean pero había crecido más de lo normal) y trataba de enseñarle a mi sobrino, también, pero éste no le prestaba atención porque estaba de lo más entretenido jugando con Maggie bajo una sobrilla. Era increíble cómo estábamos atados a los chopasangres por todos lados. En esos momentos la teoría de Ness sobre nuestros y sus orígenes era bastante convincente. Pero ya no nos preocupaba el pasado. ¿Para qué? Si teníamos un presente y un futuro tan feliz y lleno de amor. Sí, cada vez estaba más cursi. Y lo peor de todo es que me gustaba. Me reí para mí mismo y fue entonces cuando un pelotazo me dio de lleno en la cara.

– ¡Tramposas! – les grité riendo. Nessie había cargado a Claire sobre sus hombros para que pudiera pegarle mejor a la pelota.

– No, tío. Si eres un despistado, es sólo culpa tuya. – se carcajeó Claire.

– Tiene razón, Jake. – Quil me golpeó en el brazo. – Presta más atención.

– Pollerudo. – murmuré entre dientes. - ¿Contra quién estás jugando?

– Parece que no soy la única a la que no le gusta mucho perder. – se burló Ness.

– Vas a tener que empezar a acostumbrarte a perder. – me reí.

– Avísame cuándo, amor. – Nos ganaron por una diferencia humillante. Y eso que eran 5 nomás.

– ¡Haciendo trampa, cualquiera! – se quejó Jared mirando a su novia.

– Si ustedes son unos babosos, despistados y sobreprotectores. – nos retó Kim mirándonos a Jared, luego a mí y finalmente a Quil. – no es nuestra culpa aprovechar sus fallas.

– Eras más simpática cuando eras más tímida. – le contesté.

– Y tú eras más simpático cuando te vestías con tutú y bailabas junto a Quil para entretenernos. – replicó sin vacilar. No pude evitar reír. Parecían haber pasado años desde entonces.

– Acéptalo, Jake. Nos ganaron y punto. No te quejes más. Ya pareces mujer. – me dijo Seth. Las chicas estaban a punto de defenderse cuando él agregó para enmendar ese comentario machista: – Además ellas tienen razón. Son una parda de pollerudos.

– ¡Ya te va a tocar, Seth! ¡Y cómo me voy a divertir contigo! – le respondí señalándolo con la mano. – Y a ti también Collin. Así que sigan burlándose mientras puedan.

– Lo dices como si fuera una maldición. – me sorprendió Ness abrazándome por la espalda.

– Ohh, sí que lo es… Y espero estar maldito de por vida. – posé mis manos sobre las suyas.

– ¿Y esa maldición incluye ser empalagoso hasta causar nauseas a los demás o es sólo porque te estás poniendo viejo? – comentó Collin.

– 50 y 50. – contestó Ness. La sujeté como a una bolsa de papas y corrí hasta el agua. Los demás se nos unieron. Y pasamos toda la tarde divirtiéndonos hasta el crepúsculo.

Esa noche me quedé en lo de papá y Ness en lo de Charlie, porque ya era demasiado tarde para manejar de vuelta a casa.

Al día siguiente llegaron Leah y Nahuel.

– Gracias por invitarnos. – nos dijo irónicamente Leah. Ness le dedicó una sonrisa seca:

– No lo hicimos. – se limitó a responderle. Leah y yo la miramos extrañados. No era propio de Nessie contestar así. Luego me di cuenta de las ojeras que tenía. Seguramente no había podido dormir mucho y se ponía medio arisca ante la falta de sueño. Y la verdad, que a Leah había que aguantarla con su sarcasmo permanente. Por suerte, más tarde ese día Ness y Leah estaban muy compinches. Cuchicheaban y todo. Aunque me pareció extraño que Leah se comportara tan dulcemente con Ness. Daba la impresión de que trataba de compensarla por algo. Tendría que dejar de ver tantas pelis y series de suspenso.


Que estarán cuchicheando??? jajajaja!!! Un beso!!! Y les deseo inspiración y amor!!! Las mejores cosas q uno puede recibir!!!!
Besossss!!!!