Siento la demora, es que mi maldito internet y algunos pequeños problemas con Fan fiction, no me dejaban subir la historia, pero aquí está el tercer capítulo.

~Juventud~

Las aventuras del joven heredero iban cada vez más lejos, y pronto Prusia estuvo bastante metido, ya que él se había convertido en la excusa perfecta para Federico, quien se veía a escondidas con el teniente, mientras le decía a su padre que se iba con la nación de excursión, a cazar o a cualquier cosa que se le ocurría. Por supuesto, nadie salvo él sabía aquella relación prohibida y a cambio de su silencio, Federico le detallaba con todas las palabras el "no" ante cualquier pregunta de la nación.
Sabía lo vergonzoso que podía llegar a ser el joven monarca respecto a sus relaciones personales, por lo que de vez en cuando, Federico le contaba lo que él quería contar y cuando él lo quería contar. Añadiendo más adelante, mayores detalles, hasta acabar contándole todo al país. Quien simplemente callaba, y pensaba que esperaba que aquello no llegara a más, siempre llegaba a más, por lo que al final se limitaba a pensar que ojala no sucediera nada malo.

Cerca de la última gran aventura con aquel teniente se encontraba la boda de su hermana pequeña, Luisa Federica, con Carlos Guillermo, Margrave de Brandeburgo-Ansbach. A la boda asistieron toda la familia de los novios, cargos superiores del ejército prusiano, y muchos embajadores de casi todos los países europeos. Sin duda alguna fue una boda por todo lo grande.

Tiempo después, el estado se puso otra vez en alerta. La reina estaba embarazada de nuevo, del que sería su último hijo. Mientras su marido estaba entre batalla y batalla, su hijo el mayor estaba entablando cada vez más profundos lazos con aquel joven teniente que se escaqueaba de su misión en el terreno de batalla, alegando estar enseñando a los más jóvenes. Actitud que hizo que Prusia no viera con buenos ojos a aquel muchacho, sin decir por supuesto, que un lío de tal tamaño podía poner en peligro aquella dinastía. Prusia se sentía como el padre que aquel niño nunca había tenido, ya que él era quien le regañaba, y quien lo había cuidado, junto con su madre. Mientras su verdadero padre se encargaba de mantener el reino en una buena posición social.

Durante los meses de embarazo, un plan se trazaba a las espaldas de toda la familia de la corte. Incluido del propio país. La huida del joven príncipe con su amado teniente hacia Reino Unido. Todo lo planearían de manera perfecta. El día en que la reina diera a luz, ellos, en medio del alboroto huirían del palacio y atravesarían todo el país, hasta llegar a Francia, donde cogerían un barco que los llevaría a costas británicas.
Los reyes no tardaron mucho en percatarse de la ausencia del joven, y pronto también de su teniente. El rey puso el grito en el cielo, mientras pedía explicaciones. Prusia tuvo que contarle aquello que sabia, bajo amenazas de su superior. Por supuesto, a pesar de eso, no traicionó demasiado la confianza que el joven monarca había puesto en él, y omitió muchos detalles, que harían que el rey fuera en busca de su hijo, pero para cortarle el cuello el mismo.

Prusia puso a todos sus conocidos pronto en aviso, y fue el francés quien primero le aseguró que habían visto al joven huir en un barco que iba hacia Reino Unido, allí y en compañía del país nombrado, conseguirían dar con el paradero de ambos jóvenes, quienes fueron apresados y repatriados a Prusia, donde se les juzgaría por tal arriesgada aventura.

Para el monarca, la pena fue de un par de años en la cárcel, hubiera sido igual para el teniente, sino hubiera sido por la actuación del rey, quien ordenó que se le condenara a muerte. Para la ejecución, se eligió la fortaleza de Küstrin, y el joven Príncipe fue obligado a presenciar todo.
Justo antes de la muerte del teniente, este se enmendó a un ser superior, con sus últimas palabras, mirando al cielo.
—Señor Jesucristo...

El joven, recordaría aquellas palabras para el resto de su vida, aunque nunca lloraría por aquello, recordando las palabras de la persona que más lo había ayudado, y con la que acudiría en un futuro al lugar de descanso del teniente, la iglesia de Wurs.

Durante la estancia de Federico en la cárcel, fue despojado de su título de príncipe. A su familia se les prohibió ir a visitarles, por ese motivo, Federico se distanciaría un poco de su hermana mayor, Federica Sofía Guillermina. En todo el tiempo, y en contra de las normas impuesta por el viejo monarca, Prusia fue a visitar a su joven heredero, contándole lo que ocurría fuera de aquella prisión, y escuchando las penas de Federico.

En el tiempo de prisión, esa hermana mayor se casó. Durante la boda, a la cual asistieron muchas menos personas, que a la de su hermana menor, por aquel escándalo que había causado el arrestado, Guillermina, le contó en un lugar privado y en confianza con la nación, que odiaba que sus padres hubieran elegido aquel momento para el enlace, sabiendo que sólo lo hacían para hacer ver que todo iba bien con los reyes y que no ocurría nada malo. Luego, las palabras textuales que luego la nación transmitiría a Federico, serian; "Me hubiera gustado que Fritz estuviera aquí".

A la salida de la cárcel, el joven tendría una sorpresa, que marcaría el resto de su vida. Sus padres le habían comprometido en matrimonio con Isabel Cristina de Brunswick-Bevern, con la que se casaría un año después de salir de prisión, el 12 de junio 1733, y con la que nunca consumiría el matrimonio. Es más nunca demostró tener interés en ninguna mujer. Casi un mes más tarde, se casaría su hermana pequeña, Luisa Federica, un 2 de julio en 1733. Sería una de las pocas ocasiones en las que se verían al matrimonio en un entorno público. A pesar de eso, nunca demostraron muestras de amor, u otras variantes.