Disclaimer: nada de esto es mío. Miento, la idea es mía. ¡ Disfrútenla!
La decisión correcta:
Serie de tres capítulos. Comienza ambientado en el quinto libro, La Orden del Fénix, y continúa hasta el séptimo.
Capítulo 2/3:
Sirius volvió al apestoso laboratorio de pociones de Snape la noche siguiente, buscando explicaciones. Tal y como esperaba, Snape se encontraba terminando de hacer sus mejunjes, así que se sentó frente a él, sin decir palabra.
- Adiós, Black.- le saludó y despidió al mismo tiempo Snivellus, sin mirarle siquiera. Sirius suspiró inaudiblemente, esperando sacar alguna respuesta del porqué del comportamiento de Snape la noche anterior.
- Buenas noches, Snape.- el slytherin le miró finalmente, mientras se levantaba, dejando de lado la poción. El odio brilló en sus ojos, y Sirius se levantó también, con la mano en el bolsillo de la varita, dispuesto a sacarla si hacía falta.
- ¿Qué quieres? Ya te has burlado de mí, ahora lárgate.- Sirius parpadeó varias veces, perdido. ¿De qué hablaba Snape?
- ¿Ayer la cagué?- preguntó vulgarmente. La mirada de Snape se tornó aún más oscura, ofendido por el comentario, y Sirius rápidamente atajó cualquier insulto.- Vale, lo siento. No sé qué hice, pero lo siento.
Snape volvió la atención a su poción otra vez, y comenzó a envasarla en tarros. No hizo ningún comentario, y Sirius pensó que quizás sus disculpas habían aplacado su ánimo.
Cuando terminó su tarea, Snape pasó, como siempre, a su habitación. No se sentó en el sillón, ni sacó las dos copas y la botella de vino de elfo, ni hizo nada. Se quedó de pie, mirando a Sirius con intensidad, antes de susurrar:
- ¿Así que no te acuerdas?- Sirius negó con la cabeza y rápidamente contestó:
- Si fue porque ayer nos tocamos...
- No te burles de mí, Black. No estoy de humor para soportar tus bromas otra vez.
- Si me dices que hice mal, la próxima vez podremos remediarlo.- Sirius se sorprendió a sí mismo dando por supuesto que habría una próxima vez. Se sonrojó delicadamente, pero no bajó la mirada.
- Me llamaste Snivellus.- escupió Snape con desprecio. Vale, aquello no había estado bien, pero tampoco era para ponerse así, ¿no?- Me llamaste Snivellus cuando te corriste.
¡Oh! Vale, eso no estuvo nada bien. Sirius alzó las cejas en señal de sorpresa, sin acordarse siquiera de haberlo llamado así. Snape le miró amargamente, esperando la broma, y Sirius se disculpó, mirándole con intensidad:
- Lo siento. No… No sabía que te había llamado así.- Sirius recordó las viejas tácticas que le habían hecho un Casanova en el colegio, y se acercó hasta Snape con una pequeña sonrisa.- Dame otra oportunidad y no te arrepentirás.
Antes de que Snape pudiera responder, sus bocas se unieron nuevamente. Sirius enredó sus manos entre las ropas del mortífago y le guió hasta la cama, intentando quitarle la túnica.
Sirius gruñó impaciente, y estiró en sentidos contrarios, rompiendo los botones de la ropa. Las manos de Snape se deslizaron por su ropa, desnudándolo con rapidez.
Liberaron sus erecciones apresuradamente, y Sirius comenzó a masturbar al profesor. Sus gemidos encendieron al máximo a Sirius, que juntó su boca contra la de Snape.
Al cabo de un rato, Sirius escuchó el profundo gemido de Snape, mientras su espalda se arqueaba, y se corrió, manchando a Sirius, que se vino entre sus piernas.
Sirius se dejó caer como un peso muerto encima de su… ¿Enemigo? ¿O debería llamarle amante? Su cabeza cayó sobre el hueco del cuello de Snape, mientras éste conjuraba una manta para taparles a ambos.
- ¿Me perdonas ahora, entonces?- preguntó con fingida inocencia Sirius, sin mirar a Snape, que gruñó como única respuesta.
- Cállate, Black.
- Quizás deberíamos empezar a llamarnos por nuestros nombres de pila, Severus.- Sirius hizo una pausa, escuchando lo raro que se sentía el nombre de Snape en sus labios.- Al menos mientras compartamos la cama.
- Me da igual cómo me llames, mientras no vuelvas a nombrar ese mote nauseabundo.- Sirius sonrió divertido, mientras sus brazos rodeaban a su pareja. Besó el pecho descubierto y pálido del espía.
- Me gustaría que tú me llamaras Sirius, ¿sabes, Severus?
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- Felicidades.- dijo Sirius en voz baja. Nuevamente estaba bebiendo vino de elfo con Snape en su habitación. Éste le miró extrañado, y Sirius aclaró.- Por tu nombramiento de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Dumbledore me lo acaba de decir.
Snape sonrió con amargura y no comentó nada. Sirius lo dejó pasar, llevaba toda la tarde raro y no quería decirle que le pasaba. Se acercó para besarle, y Snape le volvió la cara, gruñendo:
- Ahora no, Black.- Sirius volvió a apoyar la espalda contra su sillón, mientras comentaba:
- Realmente me gustaría que me llamaras Sirius. Llevamos un mes follando, Severus.- le informó, diciendo su nombre con lentitud, saboreándolo.
- Déjame en paz, Black. En serio, no estoy de humor para bromas tontas.- Sirius bufó por lo bajo y cambió de tema.
- Espero que no sigas molestando a Harry.
- Mala suerte, Black. Si Potter sigue sin obedecer las normas, tendré que seguir castigándole hasta que entienda que no es especial.
Sirius se levantó enfadado, y tiró su copa al suelo. Se atavió la capa de viaje y rápidamente se marchó por la red flú, despidiéndose de Snape con un seco 'Adiós, Snape'.
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Sirius se tapó con las mantas lo mejor que pudo, mientras sentía cómo la cama se hundía a su derecha. Remus apartó las mantas con la mano, y Sirius gruñó en respuesta.
- Sirius…- su voz triste hizo que Sirius le mirara. Tenía ojeras, estaba pálido y el pelo estaba desvaído, sin vida.- No deberías estar así por él.
Sirius desvió la mirada a la otra punta de la habitación. Snape, ese maldito cabrón desalmado, había matado a Dumbledore. Sintió una bola de impotencia subir por la garganta: llevaban acostándose todo el curso y ni siquiera se había dado cuenta de sus intenciones, de dónde quedaban sus verdaderas lealtades.
Snape, Snivellus, y desde hacía poco, Severus… Maldito, desgraciado cabrón, mortífago apestoso. Lo echaba de menos, echaba de menos estar con él, y maldita sea, eso le hacía odiarlo más.
Se rió mentalmente de sí mismo: ¿Odiarlo más? Ni siquiera le odiaba. Gruñó nuevamente, esta vez más fuerte, y se incorporó en la cama.
- No sé cómo he podido estar tan ciego para no verlo.
- Nadie te culpa, Sirius.- le consoló Remus. Sirius golpeó el colchón con el puño cerrado.
- Porque resulta que nadie lo sabe.
- Yo sí.- Sirius le miró, sin sorpresa ni sentimiento alguno en la mirada. Lupin de acomodó en la cama, sentándose cómodamente al lado de Sirius.- Sé que tenías algo con Snape, pero no sé hasta dónde llegasteis, o siquiera si llegaste a decirle algo.
Remus Lunático Lupin, maldito fuera por su forma de observar todo a su alrededor y sacar conclusiones. Sirius se alegró de que no supiera tanto como parecía, y gruñó, recordándose a sí mismo que todo eso tenía que quedar en el pasado.
Remus pasó un brazo por su hombro y lo atrajo hasta su cuerpo, abrazándole amorosamente, como una madre a su hijo. Sirius se dejó hacer, mirando pensativo la manta blanca, y Remus le dijo suavemente:
- Bienvenido al mundo de los demás mortales, Sirius.
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Sirius apareció frente a Grimmauld Place, un mes después de que la aparición de Harry Potter en medio del Ministerio de Magia se volviera noticia. No esperaba encontrar allí a nadie, pero de todas formas observó cuidadosamente, esperando ver mortífagos.
Entró con precaución, cerrando la puerta tras de sí, y esperó a que aparecieran las protecciones que Moody había concedido a la casa. Después de un ahogado 'Yo no te mate', la casa volvió a quedar en silencio.
Sirius caminó por el angosto pasillo, subió las escaleras y entró en su dormitorio. Apenas se había arrodillado frente a su baúl, cuando oyó un crujido sospechoso.
Sirius salió de su habitación y dio con el pasillo. Al final de éste se encontraba Snape, ataviado con su propia capa de viaje.
Sirius frunció el ceño cuando el mortífago hizo amago de querer hablar y atacó, sacando su varita. Su hechizo se deshizo contra el escudo de Snape, que se puso en posición defensiva.
- Black…- intentó hablar Snape. Sirius lanzó otro hechizo que volvió a impactar contra el escudo de su enemigo.- Black, tienes que- su frase quedó inacabada, mientras repelía otra maldición.- Escúchame, Black.
- ¡Cállate! Tú lo mataste, mataste al único que confió en ti desde el principio, nos traicionaste a todos.- le recriminó Sirius, con un brillo de odio en los ojos.
Snape no tuvo tiempo de responder, mientras esquivaba y bloqueaba los rápidos hechizos de Sirius. Frunció el ceño y dejó su posición defensiva, para pasar al ataque.
En apenas unos minutos, ambos hombres danzaban por el pasillo, intentando darle a su contrario. Sirius se protegió, cuando vio el rayo rojo que iba directo a él, pero fue demasiado tarde.
Antes de que sus ojos se cerraran, alcanzó a ver a Snape avanzando hacia él, varita en mano. Luego, todo fue oscuridad.
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Sirius despertó desorientado. La cama era cómoda y agradable y Sirius dio gracias a los dioses por la temperatura de la habitación. Su cabeza llevaba una venda, que tocó durante un momento, antes de hacer una mueca de dolor y apartar la mano.
Miró a su alrededor, extrañado: aquella era la habitación del director. Frunció el ceño, al recordar lo sucedido, y se preguntó vagamente dónde estaba Severus, si habría avisado a su Amo de que le tenían…
Se levantó con cuidado, todavía no estaba del todo recuperado. Buscó su varita con la vaga esperanza de poder defenderse de su captor, pero no la encontró. Abrió la puerta, después de un exhaustivo reconocimiento, y pasó a la oficina del director.
Estaba tal y como la recordaba de su niñez y juventud, salvo un detalle insalvable: el retrato de Dumbledore, que le miraba escrutadoramente desde su marco.
- Profesor Dumbledore.- le llamó, esperanzado. Sirius se acercó hasta la mesa del director, esperando una respuesta.
- Sirius.- contestó amablemente el cuadro. Sin embargo, sus ojos le escrutaban, leyendo su alma de una forma tan intensa que Sirius se preguntó si podría seguir usando la legeremancia aún cuando estaba muerto.- Deberías volver al dormitorio.
Sirius negó con la cabeza, rebelde, y se acercó hasta las estanterías y armarios, llenos de cachivaches inservibles a su parecer. Snape había guardado todo lo que Dumbledore había tenido, sin moverlo de lugar.
El retrato no volvió a hablar, pero no dejó de observarlo mientras exploraba. Sirius abrió un armario y miró en su interior: sólo había pociones.
Abrió el siguiente armario, y el siguiente, y el siguiente, hasta dar con el pensadero de Dumbledore. Miró en su interior, observando los recuerdos grises, todavía vertidos en su interior, y luego miró al frente.
Ante Sirius se desplegaba una gran torre de botecitos de cristal, en cuyo interior había recuerdos. Se relamió los labios secos, mientras su mano pasaba por encima de los botes, pensando en cual tomar primero.
- Sirius, no hagas eso.
La voz de Dumbledore le sacó de su ensimismamiento, y le hizo girarse para ver que seguía solo en la oficina. Luego, en un impulso, se introdujo dentro del pensadero, ansioso por saber qué era lo que Severus- perdón, Snape, estaba viendo.
Cayó al suelo, mirando a su alrededor. Estaba en Hogwarts. En los jardines. Era de noche, y la oscura figura de Snape se alzaba a unos pasos de él, al lado de Karkarov. El torneo de los tres magos, entonces,- pensó Sirius.
Se acercó, para que la escena se disolviera, sin darle tiempo a escuchar nada. Y volvió a rearmarse; estaba en el hall de entrada, a su derecha estaban Severus y Dumbledore, hablando.
- ¿Y bien? – murmuró Dumbledore.
- La marca de Karkaroff también se ha oscurecido. Está aterrado, teme una venganza, usted sabe cuánta ayuda le brindó al Ministerio después de que el Señor Oscuro cayera –Snape miró de reojo al perfil de nariz ganchuda de Dumbledore – Karkaroff huirá si la Marca comienza a quemar.
- ¿Lo hará? – preguntó Dumbledore suavemente, mientras Fleur Delacour y Roger Davies venían desde el patio, riendo - ¿Y tú, te sientes tentado a irte con él?
- No – dijo Snape, con sus ojos negros fijos en las cada vez más alejadas siluetas de Fleur y Roger – No soy tan cobarde.
- No – acordó Dumbledore – Eres un hombre mucho más valiente que Igor Karkaroff. Sabes, a veces pienso que sorteamos las Casas demasiado pronto…
Antes de que Dumbledore se fuera, la imagen ya se estaba disolviendo de nuevo. Y estaba esta vez en lo que parecía ser la casa de Snape. Bellatrix Lestrange y Narcisa Malfoy estaban allí, la última lloraba.
Severus estaba de rodillas ante ella, justo en la posición en la que debía realizarse un juramento inquebrantable. Bellatrix sostenía la varita frente a sus manos enlazadas, mientras Narcisa decía:
-Severus, ¿Vas a vigilar a mi hijo, Draco, mientras está cumpliendo los deseos del Señor Oscuro?
-Lo haré - dijo Snape.
Una fina lengua de llama brillante salió de la varita y ató alrededor de sus manos una especie de cuerda roja caliente.
-¿Y vas a protegerlo del dolor, con tu mejor destreza?
-Lo haré,- dijo Snape.
Una segunda lengua de llamas se disparó de la varita y entrecruzó con la primera, haciendo una cuerda más brillante.
-Y, si necesariamente... si Draco fallase...- susurró Narcissa (la mano de Snape se movió ligeramente dentro de la de ella, pero no se separó) -¿Llevarías a cabo la acción que el Señor Oscuro le ordenó a Draco que realizara?
Hubo un momento de silencio. Bellatrix miró su varita sobre sus manos, con sus ojos muy abiertos.
-Lo haré - dijo Snape.
La voz de Snape se disolvió mientras el escenario cambiaba bajo los pies de Sirius. Así que había hecho un juramento inquebrantable con Narcisa…
Sirius aterrizó en la oficina del director. Dumbledore estaba sentado en su gran silla majestuosa, mientras Snape le daba de beber una poción y susurraba mientras agitaba la varita hacia la mano ennegrecida de Dumbledore.
- ¿Por qué? – dijo Snape, sin preámbulo - ¿Por qué se puso ese anillo? Lleva una maldición, seguramente ya lo sabía. ¿Por qué lo tocó?
Había un anillo roto encima del escritorio de Dumbledore, al igual que la espada de Gryffindor. Sirius se acercó hasta quedar frente a los dos hombres.
- Fui… un tonto. Me vi profundamente tentado…
- ¿Tentado a qué?- Dumbledore no respondió.
- ¡Es un milagro que haya podido regresar! – Snape sonaba furioso – Ese anillo portaba una maldición de un poder extraordinario, contenerla es lo más que podemos hacer; he atrapado la maldición en su mano, por ahora…
Dumbledore levantó su mano, ennegrecida e inútil, y la examinó como si se tratara de una interesante antigüedad.
- Has hecho bien, Severus. ¿Cuánto tiempo crees que me queda?- El tono de Dumbledore era el de una conversación normal, podría haber estado preguntando por un informe del clima. Snape dudó un momento, antes de hablar.
- No sabría decirlo. Tal vez un año. No hay forma de contrarrestar un hechizo así para siempre. Eventualmente, se esparcirá. Es el tipo de maldición que crece con el tiempo.- Dumbledore sonrió. La noticia de que le quedaba menos de un año de vida no parecía importarle mucho.
- Soy muy afortunado, extremadamente afortunado de tenerte, Severus.
- ¡Si sólo me hubiese llamado un poco antes, hubiese podido hacer algo más, darle algo más de tiempo! – dijo Snape, furioso. Miró el anillo roto, y la espada - ¿Creía que con romper el anillo se rompería la maldición?
- Algo así… estaba delirando, sin duda alguna…. – dijo Dumbledore. Con un gran esfuerzo se enderezó en la silla – Bueno, en realidad, eso importará más adelante.- Snape se quedó completamente perplejo. Dumbledore sonrió.- Me refiero al plan que Lord Voldemort tiene sobre mí- Su plan para conseguir que el pobre chico Malfoy me asesine.
- El Señor Oscuro no cree que Draco lo consiga. Esto es simplemente un castigo por las recientes faltas de Lucius. Una tortura lenta para los padres de Draco, mientras ven como éste falla y paga el precio.
- En otras palabras, el chico también está condenado por una sentencia de muerte, al igual que yo – dijo Dumbledore – Ahora, creo saber que el sucesor natural del trabajo, cuando Draco falle, eres tú.- Hubo una pequeña pausa.
- Ese, según creo, es el plan del Señor Oscuro.
- ¿Lord Voldemort predice que en un momento no muy lejano no necesitará un espía en Hogwarts?
- Cree que la escuela pronto estará bajo su control, sí.
- Y si realmente cayera bajo su control – dijo Dumbledore, casi, según parecía, al aire - ¿Tengo tu palabra de que harás todo lo esté en tus manos para proteger a los estudiantes de Hogwarts?- Snape asintió firmemente.
- Bien. Ahora, tu primera prioridad es descubrir que es lo Draco trama. Un adolescente asustado es tan peligroso para el resto como para sí mismo. Ofrécele ayuda y guía, él aceptará, tú le agradas…
- … mucho menos desde que su padre perdió la confianza. Draco me culpa, cree que yo tomé el lugar de Lucius.
- De todas formas, intentalo. Me preocupo más por las posibles víctimas de cualquier ataque que se le ocurra al chico que por mí mismo. En último caso, por supuesto, sólo hay una cosa que hacer para salvarlo de la ira de Lord Voldemort.- Snape alzó las cejas y su tono de voz era sardónico al preguntar:
- ¿Piensas dejar que Voldemort te mate?
- Por supuesto que no. Tú debes matarme.- Hubo un largo silencio.
- ¿Quiere que lo haga ahora? – preguntó Snape, con la voz cargada de ironía - ¿O le doy algunos minutos para que componga su epitafio?
- Oh, todavía no– respondió Dumbledore, sonriendo – Me atrevería a decir que el momento se presentará solo en el transcurso de los acontecimientos. Dado lo que ha ocurrido esta noche – indicó su mano calcinada – podemos estar seguros que pasará durante este año.
Sirius se quedó de piedra, sin escuchar el resto de la conversación. ¿Snape…? ¿Severus…? ¿Dumbledore sabía todo el plan de Malfoy y le había pedido a Severus que le matara llegado el momento?
Es decir… Que Snape estaba allí bajo las órdenes de Dumbledore. Que seguía de su lado. Que era bueno. Sirius sintió un alivio en el pecho, mientras una diminuta sonrisa se instalaba en su rostro.
El suelo cambió de nuevo y estaban otra vez en la oficina de Dumbledore, sólo que era de noche. Snape estaba sentado en la silla, y Dumbledore se dedicaba a hablar, paseando alrededor de él.
Sirius esquivó al director y se recargó contra el escritorio, observando con fascinación e interés.
- Harry no debe enterarse, no hasta el último momento, no hasta que sea necesario, de otra forma, ¿cómo tendría la fuerza necesaria para hacer lo tiene que hacer?
- Pero, ¿qué debe hacer?
- Eso es algo entre Harry y yo. Ahora escucha con atención, Severus. Llegará un momento… después de mi muerte… ¡no discutas, no me interrumpas! Llegará un momento en el que Lord Voldemort parecerá temer por la vida de su serpiente.
- ¿Nagini? – Snape parecía atónito.
- Precisamente. Cuando Lord Voldemort deje de enviar a su serpiente a cumplir sus órdenes, y la mantenga segura junto a él bajo protección mágica, entonces, creo, será seguro decirselo a Harry.
- ¿Decirle qué?
Dumbledore respiro profundamente y cerró los ojos. Sirius se inclinó hacia delante, esperando con impaciencia la respuesta de Dumbledore.
Y de repente, sintió una fuerte presión en su brazo y fue sacado del pensadero a la fuerza. Sirius cayó al suelo, respirando agitadamente, observando la enorme figura negra que se alzaba frente a él.
Snape. Snape le miraba con un profundo enfado que se confundía con el odio, desde arriba. Su respiración era tan agitada como la de Sirius, mientras éste se levantaba, sin dejar de mirarlo de una forma extraña, como si lo examinara.
- ¿Qué se supone que estabas haciendo, Black?
- Yo… Tú… Tú eres… Dumbledore te obligó a…- las frases inconexas de Sirius parecieron poner la paciencia de Severus al límite.
- ¿Qué has visto? ¿Cuánto has visto?- había ansiedad en su voz cuando le tomó de la pechera y le alzó del suelo, mientras su varita se clavaba en el costado. Sirius le miró intensamente, antes de contestar:
- He visto lo suficiente como para querer hacer esto.- rápidamente juntó sus labios contra los de Severus en un beso ansioso.
Y mañana el último capítulo...
