Disclaimer: nada de esto es mío. Miento, la idea es mía. ¡ Disfrútenla!


La decisión correcta:

Serie de tres capítulos. Comienza ambientado en el quinto libro, La Orden del Fénix, y continúa hasta el séptimo.

Capítulo 3/3:

Sirius caminó por los pasillos oscuros de Hogwarts en forma de enorme perro lanudo. Sus sentidos se agudizaban cuando estaba en forma de animago, y así podía oler a sus enemigos antes de que estos le vieran.

No sabía qué le había impulsado a ir esa noche a Hogwarts; desde que se fuera de la oficina de Severus, hacía seis meses, sabiendo la verdad de sus lealtades, no había vuelto a pisar el castillo.

No era porque no quisiera, sino porque él se lo había pedido. Después de una fría reconciliación, habían acabado de nuevo en la cama, y Sirius no había podido negárselo cuando Snape le había dicho que se alejara de Hogwarts, que no volviera a Grimmauld Place.

Y esa noche estaba allí. Infiltrándose en Hogwarts. Cómo lo había conseguido, todavía no estaba seguro de ello.

Hacía un poco de calor, estaban casi a principios de verano. Olfateó el aire, percatándose de la presencia de alguien más en ese pasillo. Rápidamente se puso alerta, apartándose del ventanal, donde entraba la luz de la luna.

- ¡Sirius!- fue apenas un susurro de una voz que reconoció como la de Harry. En la oscuridad se quedó quieto, sabiendo que iría con la capa de invisibilidad.

El brazo de Harry salió de la nada, frente a Sirius, y tocó su lanudo pelaje. La lengua del perro recorrió su mano, antes de introducirse debajo de la capa.

¿Qué hacía Harry allí? ¿Sería que Voldemort temía ya por su serpiente? Severus no le había explicado nada del asunto, alegando que era información confidencial. Lo único que le había dicho había sido que el último enfrentamiento entre ellos se daría cuando Voldemort temiera por su serpiente.

Siguió a su ahijado con cuidado de no hacer ruido, todavía en su forma animaga. Un adulto no cabría bajo la capa de invisibilidad, y menos con Harry y la hija de Xenophilius Lovegood.

Conforme avanzaban, Sirius se dio cuenta de que iban a la torre de Ravenclaw. La duda le carcomía por dentro, debía preguntarle a Harry por la serpiente.

La puerta de la sala común de Ravenclaw lanzó la pregunta, y Luna respondió después de una breve conversación con Harry. Los tres entraron en la sala común, que estaba desierta.

No se quitaron la capa, mientras avanzaban en total silencio hacia la estatua de Ravenclaw. Harry salió del escondite y miró de cerca la diadema que llevaba. Y entonces apareció.

Carrow. Alecto Carrow. Antes de que Harry pudiera atacarle, la mortífaga presionó con su rechoncho dedo índice la Marca Tenebrosa.

Luna desmayó a Carrow, atrayendo la atención de los muchachos de ravenclaw, que festejaron mientras Harry volvía a la capa de invisibilidad. Sirius le observó preocupado, mientras el muchacho parecía a punto de desmayarse, agarrándose la cicatriz con fuerza.

Amycus Carrow gritó desde el otro lado de la puerta. Empezó a decir obscenidades, y pronto los estudiantes, asustados, volvieron a sus dormitorios, mientras la voz de McGonogall se alzaba por encima de la de Carrow.

Rápidamente, el mortífago entró como una tromba de agua en la sala común, observando a su hermana desmayada. Ante los ojos de Sirius, McGonogall y Amycus discutieron, y de repente, Harry estaba allí, lanzando la maldición cruciatus contra Carrow para defender a su profesora.

Luna se quitó la capa de invisibilidad, y Sirius volvió a su antigua forma. McGonogall abrió más de la cuenta sus pequeños y avispados ojos, y Harry sonrió rígidamente, mientras Luna le miraba con interés.

Las manos de Sirius se posaron rudamente en los hombros de Harry y le obligó a mirarle, antes de preguntar con ansiedad:

- ¿Voldemort teme por su serpiente?

- ¿Qué?- Harry se agarró la cicatriz, y Sirius le obligó a mirarlo.

- Respóndeme. La serpiente. ¿Teme por ella?

- No. Todavía no. Ha descubierto lo que he estado haciendo, no tardará en temer por Nagini.- Sirius asintió con la cabeza, dejándole ir.

Apenas prestó atención a la conversación que se estaba dando allí, mientras pensaba en cómo hacerle llegar el mensaje a Snape. A Severus. Agitó la cabeza con desesperación, mientras veía cómo McGonogall alertaba a la Orden del Fénix seguramente por medio de un patronus.

Se metió dentro de la capa de invisibilidad, junto a Harry y Luna, y no tuvo que seguir pensando en maneras de alertar a Severus, puesto que estaba allí, delante de él preguntando por Harry.

La varita de McGonogall se movió con rapidez y Snape bloqueó el ataque. McGonogall volvió a alzar su varita, pero un Sirius ya humano se interpuso entre ellos.

Por unos momentos, la varita de Snape dudó. Sirius le sintió pasar su mirada de McGonogall a él, y luego al lugar del que había aparecido. Sin soltar su varita, Sirius alzó sus manos en señal de paz.

- ¿Qué está haciendo, señor Black?- preguntó de repente una descolocada Minerva McGonogall. Snape bajó un poco la varita, sin dejar de apuntarles.

- Black.

- Snape.- cabeceó como saludo, mientras Sirius daba un paso adelante. Harry apareció de la nada, y, prevenido, Sirius le atrapó antes de que se lanzara a por Snape.- Es de los nuestros. Está con nosotros.

- ¿Qué? ¡No! ¡Él mató a Dumbledore, Sirius!

- ¡Por qué Dumbledore se lo pidió!- aquello dejó helado al muchacho y Sirius aprovechó para dirigirse a Snape.- Harry está buscando algo que hay en el colegio. Y Voldemort teme por su serpiente.

- ¿Estás seguro de lo que dices?- Sirius asintió firmemente.- En ese caso, no deberíamos retrasar la búsqueda del señor Potter.

Snape se hizo a un lado, haciendo amago de dejar a Harry pasar a su lado. Sirius le empujó y le aproximó a Luna; vio en los ojos de su muchacho la duda, antes de que la profesora, que mantenía su varita alzada, le dijera:

- Vaya, señor Potter. Nosotros nos ocupamos de él.- Harry desapareció por el pasillo, corriendo al lado de Luna Lovegood, y McGonogall volvió a hablar.- ¿Estás seguro de lo qué dices, Sirius?

- Lo vi. En su pensadero. Dumbledore iba a morir, de todas formas. Tenía una maldición en la mano.

- ¿Y los Carrow?- preguntó Severus, sacando a los dos gryffindors de su conversación.

- Acabados. No hay que preocuparse de ellos. Voldemort se acerca,- añadió. Un escalofrío recorrió al espía.- debemos defender Hogwarts.

- ¡Sirius!- gritó una voz desde el extremo contrario del pasillo. Sirius vio cómo la Orden del Fénix llegaba, acompañada de los demás profesores. Todos se pusieron en guardia al ver a Snape, y Sirius se colocó delante de él.

- Snape está de nuestro lado. Sirius vio unos recuerdos comprometedores donde se revela su lealtad.- informó la profesora McGonogall, antes de que Sirius pudiera hablar.

Las miradas de duda cayeron sobre él. Y Remus fue el primero en hablar crípticamente para que Sirius le entendiera únicamente:

- ¿Sirius? ¿No le estarás encubriendo, verdad? Sabes que el deber va antes…- dejó la frase inconclusa, y Sirius negó con la cabeza. Snape eligió ese momento para hablar:

- ¿Cuánto sabe Lupin?

- Sólo lo esencial, no mucho. Sabes que es muy deductivo.- le gruñó Sirius en voz baja. El otro no hizo amago de moverse ni atacar, y Sirius añadió en voz alta, hablándole a Remus.- Si tanto te preocupa, yo cargaré con la culpa si él nos traiciona.

- Muy bien. Los jefes de las casas que traigan a sus alumnos al Gran Comedor, tenemos que evacuar el castillo.- comenzó la animaga, asumiendo el cargo de directora.- Los demás empezad a colocar hechizos protectores en el castillo.

Todos asintieron, mientras comenzaban a correr por los pasillos, asignándose entre ellos diferentes destinos, y Sirius cogió la mano de Snape, después de decir:

- Snape y yo vamos juntos.- Sirius comenzó a correr, seguido de Snape, hacia la torre de Astronomía.

Ninguno de los dos comentó nada, mientras veían cómo un enorme escudo se formaba a lo largo y alto del castillo, simulando una enorme burbuja.

Después de terminar su parte, los dos hombres se quedaron en silencio, apoyados contra la barandilla de metal. Desde su posición, los que estaban en los jardines parecían diminutos.

- Entonces…- empezó Sirius.- ¿Estás de nuestro lado?- Snape gruñó como afirmación, sin mirarle.- ¿Tú crees que sobrevivamos?

- Eso espero.- Sirius le miró, mientras se incorporaba. Estaba nervioso, claro que lo estaba. Se esperaba mucho de él, y Sirius temió por un momento no estar a la altura.

- Severus, yo…

- No digas nada de lo que te puedas arrepentir más tarde, Black.- le cortó rápidamente Snape. Sirius se quedó callado, y finalmente modificó la frase que iba a decir:

- Me alegro de que estés aquí, conmigo.- Severus sonrió de medio lado, con ironía, antes de decir:

- Sin mí no aguantarías ni dos minutos.- Sirius le miró, frunciendo el ceño.

- ¿Eso crees?

- Por supuesto. Ahora bajemos, los alumnos ya deben de haber salido del colegio.

Severus se dio la vuelta, dispuesto a irse de la torre. Sirius le miró, y antes de que el mortífago saliera de la sala, el preso le agarró del brazo.

Con fuerza le hizo girarse en redondo, y entonces le besó con intensidad. Las manos de Sirius se quedaron en los brazos de Snape, mientras éste le acercaba un poco más, agarrándole por la cintura.

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Sirius miró a su derecha. Severus estaba a su lado, mirando con frialdad cómo los encantamientos escudo cedían ante la magnitud de los ataques de los mortífagos.

A la izquierda de Sirius, Remus y Tonks se daban la mano. Los dos estaban pálidos, seguramente tanto como Sirius, que se limitaba a mirar todo con nerviosismo.

Miró detrás suyo: alumnos valientes, que apenas tenían diecisiete años si los habían cumplido. Se habían quedado por voluntad propia, porque querían pelear. Y en esos momentos, se revolvían incómodos y asustados, sin dar marcha atrás ni huir.

- Relájate.- dijo Snape.- Todo pasará más rápido de lo que crees.

- No sé cómo puedes decir eso. ¿Sabes que tus compañeros mortífagos estarán encantados de matarte?

- ¿Matarme? ¿Tú crees? Eso sería demasiado benevolente.- Snape bajó la voz, asegurándose de que los niños no le oían.- Sinceramente, si Potter falla esta noche, prefiero estar muerto.

- No fallará. Lo sé. Confía en Harry por una vez. Todavía tienes que hablar con él, si no me equivoco.

Severus asintió con la cabeza, y ambos magos se pusieron en guardia. Quedaba poco para que los escudos se rompieran totalmente y se desatara la vorágine.

Los mortífagos atacaron. Y entonces comenzó todo. Sirius miraba de tanto en tanto a Snape, intentando no separarse de él, cosa que encontró imposible. Luchaban espalda contra espalda, cerca de Remus y Tonks.

Si era sincero consigo mismo, Snape y él hacían un buen equipo. Era la primera vez que veía a Severus usar magia oscura, y más impresionante era el hecho de que la usaba contra sus antiguos camaradas.

Sirius observó, en medio del fragor de la batalla, cómo Remus caía al suelo, retorciéndose de dolor frente a Bellatrix Lestrange. Rápidamente atacó, quebrando su concentración, y en menos de un segundo, Snape estaba a su lado luchando contra Dolohov encarnizadamente.

Y de repente Dolohov estaba muerto. Sirius observó cómo Bellatrix se marchaba, sintiéndose sobrepasada, y la voz de Voldemort cortaba el aire.

Sirius miró confuso cómo las tropas de Voldemort se retiraban a su orden, y mientras los combatientes que quedaban en pie volvían dentro del castillo, Sirius se quedó helado, al lado de Snape.

- Y ahora me dirijo a mi traidor. Tienes una hora para encontrarme, en el Bosque Prohibido. Estaré esperando.

Sirius miró de reojo a Severus: estaba increíblemente pálido. Su mirada se dirigía al castillo. Por un momento ninguno de los dos dijo nada, hasta que, en voz baja, Snape habló:

- Debo encontrar a Potter. Ya.

Sirius asintió, caminando a su lado. Sostenía delicadamente a Remus, el cual se apoyaba sobre todo en Tonks, que no estaba tan maltrecha como el licántropo.

A su paso, las demás personas se apartaban cuchicheando y mirando descaradamente. Sirius entró al Gran Comedor y dejó a Remus sentado en uno de los bancos.

La sala se había convertido en una masiva enfermería. Observó con tristeza los cuerpos de alumnos y compañeros muertos; la familia Weasley al completo se apiñaba alrededor del cadáver de Fred.

Mirara donde mirara, Sirius sólo vio miradas lánguidas y cansadas, y una que otra sonrisa forzada al verle pasar. No había rastro de su ahijado, y aquello le preocupó.

No pasó mucho tiempo, hasta que todas las miradas de la sala se fijaron en Harry Potter y sus dos compinches. Ron y Hermione entraron, dirigiéndose hacia los Weasley, y Harry comenzó a caminar detrás de ellos.

Sirius observó cómo Snape se interponía entre el muchacho y sus dos mejores amigos, y Sirius les siguió fuera del Gran Comedor.

Subieron y bajaron escaleras los tres juntos, sin decir palabra durante un rato, de camino al despacho del director. Hasta que Harry habló:

- Fuimos a verlo. A Voldemort. Estaba furioso por… su traición, señor.- dijo cuidadosamente.- Ni… Ni siquiera estaba en la batalla.

- ¿Estás bien, Harry?- preguntó Sirius. Snape se limitó a mirarlos, inexpresivo.

- Sí. Parecía… Tuve la impresión de que Voldemort no se acercaría a mí hasta que no le matara a usted.- Sirius observó la expresión del espía cuidadosamente, esperando obtener alguna respuesta.

- Su varita no funciona bien. La varita de Saúco.- Sirius abrió los ojos hasta límites insospechados. ¿La varita de Saúco?,- pensó. ¿No era eso un cuento de viejas? Prestó atención, mientras se aparaban delante de la estatua que daba acceso a la oficina del director. Snape susurró la contraseña y se volvió hacia ellos, para seguir hablando.- Como yo maté a su antiguo dueño, cree que yo soy su amo.

- Se equivoca.

- Por supuesto, Potter. La varita nunca me perteneció, puesto que ya había cambiado su lealtad cuando yo maté a Dumbledore.- los tres entraron en la oficina del director. Snape abrió el armario donde se encontraba el pensadero, escogió dos botes de cristal y los dejó al lado de la vasija.

- Entonces…- Sirius miró a Harry. En sus ojos, verdes como los de su madre, había comprensión y un extraño brillo de sabiduría. Snape no le dejó continuar:

- Examine estos dos recuerdos y luego actúe en consecuencia.

Harry asintió varias veces y Sirius le dio un apretón en el hombro, instándole a continuar, antes de salir de la habitación, siguiendo a Severus.

Volvieron al Gran Comedor y Sirius se sentó al lado de Remus y Tonks a descansar. Snape se sentó a su lado, sin hablar con nadie.

Por un momento, Sirius pensó que iba a ir al Bosque Prohibido, que se iba a entregar. No comentó nada, pero vigiló de cerca que Snape no saliera del Gran Comedor.

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Harry Potter estaba muerto. Esas palabras resonaban en el cerebro de Sirius, palpitando a cada instante. Por un momento todos se quedaron mudos, y, al instante siguiente, Neville Longbottom dio un paso al frente.

Harry Potter estaba muerto. Sirius observó cómo el sombrero seleccionador se prendía fuego en la cabeza del valiente Neville, y cómo finalmente éste cortaba la cabeza de la serpiente con la espada de Gryffindor.

La batalla estalló de nuevo, más caótica que antes. Los gigantes se batían en duelo contra Grawp y los centauros, ayudados en todo momento por Buckbeack y los testrals.

Sirius entró dentro, al Gran Comedor, arrastrado por Snape. Comenzó a atacar indiscriminadamente a los mortífagos que se encontraba a su paso, mientras avanzaba hacia Bellatrix.

Severus parecía compartir su muda opinión sobre la destreza de la mortífaga en combate, ya que le seguía de cerca. La mujer se batía en duelo con Hermione, Ginny y la hija de Lovegood, Luna.

A pesar de ser tres contra una, Bellatrix no les dejaba una oportunidad para atacar, manteniéndolas siempre a la defensiva. Sirius apartó a unos cuantos alumnos y entró en la pelea, bloqueando un hechizo que iba directo a Luna.

- ¡Ah, mi primito!- exclamó Bellatrix en reconocimiento, mientras Sirius se colocaba en posición duelística.- Hace mucho tiempo que no te veo, ¿eh?

Su rostro burlón cambió completamente cuando Severus se colocó al lado de Sirius, preparado para atacar. El gryffindor comenzó a atacar, mientras la bruja lanzaba hechizos a diestro y siniestro.

Snape, a su lado, se movía con agilidad, y Sirius se repitió mentalmente que hacían un buen equipo: ambos parecían saber cuándo el otro iba a desviar el hechizo, aprovechando la ocasión para atacar.

Bellatrix lanzó la maldición imperdonable a Sirius, que se lanzó al suelo para esquivarla. Antes de lo que había calculado, Bellatrix volvió a lanzarle otro hechizo, que acertó de lleno en su pecho.

Sirius cayó de espaldas en el suelo de piedra, mientras unas gruesas cuerdas de soga se ataban alrededor de su cuerpo. Severus le miró un instante, antes de volver a concentrarse en el duelo.

La mano de Sirius se deslizó por el suelo, cerca de su varita. Observó a la oscura figura esquivar los hechizos de Bellatrix, mientras lanzaba los propios.

Y entonces sucedió: Bellatrix le lanzó un hechizo, dirigido especialmente a Sirius y Snape gritó Avada Kedavra. Sirius cerró los ojos, esperando el golpe, y los abrió un segundo después, extrañado.

Severus estaba delante de él, y al segundo siguiente, se encontraba tirado en el suelo, a varios metros de Sirius. Giró su vista hacia Bellatrix: su expresión homicida estaba congelada en su rostro, cambiando a una de incredulidad, mientras se sujetaba el pecho, donde le había dado la maldición.

Lestrange cayó al suelo como un títere sin vida y las cuerdas que ataban a Sirius se deshicieron en volutas de aire. Rápidamente tomó su varita y se giró hacia Snape, mientras se levantaba.

Estaba semi-incorporado en el suelo, respirando con dificultad mientras se agarraba la cabeza. Corrió hacia él con ansiedad y se paró a su lado, arrodillándose.

- Me has protegido.- dijo Sirius en voz baja. Snape le miró de reojo, mientras Sirius ponía una mano en su espalda, haciendo de respaldo.

- Sí, lo he hecho.- su voz sonó incrédula y a la vez débil. Se miró la mano, apartándola de su nuca: estaba llena de sangre. Sirius alcanzó a agarrarlo antes de que cayera al suelo, inconsciente.

De repente el salón se llenó de gritos de sorpresa. Sirius sonrió, al escuchar cómo todos comentaban la misteriosa y agradable aparición de Harry Potter en el Gran Comedor. Agarró más fuerte el cuerpo de Severus, mientras escuchaba el discurso de Harry.

Ya no era un niño. En sus palabras había sabiduría, había sacrificio, había esfuerzo por superarse, había dolor por las pérdidas. Sirius sonrió y cerró los ojos: Harry había madurado y en esos momentos se enfrentaba a su destino con valentía.

Una voz en su cabeza resonó- Digno hijo de James y Lily Potter-. Aquellas palabras dichas por Dumbledore le reconfortaron el alma. Lo había logrado, la locura se había acabado.

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- ¿Así que volverás a Hogwarts?- preguntó Sirius, interesado. Miró a su alrededor: la lúgubre casa de Snape era incluso peor que Grimmauld Place. Arrugó la nariz en señal de desprecio.

- Sí. McGonogall cree que debería seguir en mi puesto de director. ¿Tú volverás al cuerpo de aurores, Black?

- No creo. Ya he tenido suficiente acción para esta vida.- Ambos se quedaron callados, hasta que Sirius volvió a hablar.- ¿Sabes? Cuando vi a Harry muerto, pensé que Voldemort iría a por ti.

- Yo también. Pero siempre fue muy arrogante. Supongo que si había matado a Potter con una varita que no le obedecía, no habría oponente capaz de derrotarle.

- Y se equivocó otra vez. Gracias a Merlín.- Severus alzó una ceja escéptico, antes de preguntar con sorna:

- ¿Tan bueno es el sexo como para que no me quieras muerto?- Sirius negó con la cabeza, mientras reía alegremente. Luego se hizo otro silencio, más prolongado que el anterior.

- ¿Sabes? Creo que estoy preparado para decírtelo.- Sus ojos se conectaron en una mirada intensa, mientras Sirius tragaba saliva.- Te amo.

Sirius atrapó los labios de su enemigo rápidamente, mientras le rodeaba con los brazos. Los brazos de Severus pasaron por su cintura, acercándolo a él, mientras las manos de Sirius acariciaban su espalda. Se separaron, y después de unos segundos, Sirius sintió los labios de Snape en su oído:

- No esperes algo tan cursi de mi parte… Sirius.- se volvieron a besar con pasión, y Sirius sonrió dentro del beso.


Y con esto termina el minific. Espero que lo hayáis disfrutado leyéndolo tanto como yo escribiéndolo.