Otro más. Ya sólo quedan tres. Gracias por leer ^^


Capitulo 3

El corazón estaba a punto de salírseme del pecho. Casi que podía escuchar mis propios latidos retumbándome fuertemente en mis oídos. Lo que no ayudaba en absoluto. Mi estomago se revolvía en mis entrañas y las ganas de echar a correr en dirección opuesta eran realmente fuertes, por no decir casi que exigentes.

No había pasado más de un minuto desde que mis nudillos dieran en la fría madera, pero la espera se hacía exasperante. Ese minuto parecía hacerse cada vez más eterno y daba la sensación de que nadie iba a abrir la puerta. Cuando estaba a punto de darme la vuelta y volverme al motel, ésta se abrió, mostrando una Buffy para nada sorprendida. Sin embargo, no podía decir lo mismo de mí. Creo que mi rostro lo decía todo por mí.

-Por fin has hecho acto de presencia –su mirada era fría. Es increíble lo mucho que puede hacer una simple mirada. Eso sí, no cualquier mirada puede dejarme desarmada. Y sin embargo, aquí estoy, plantada, sin poder mediar palabra mientras se la devuelvo.

-Más vale tarde que nunca -¿eso lo he dicho yo?

-Eso dicen… Te estábamos esperando –dijo abriendo más la puerta y haciéndose a un lado para que pudiera entrar.

No pude más que asentir y entrar. Me quedé completamente inmóvil en medio del vestíbulo. Hasta hacía un minuto se escuchaba a un montón de personas hablando y comentando, pero conforme se cerró la puerta tras nosotras, todo sonido cesó casi de inmediato, a excepción de algún que otro cuchicheo. Buffy y yo nos miramos durante unos segundos, perdiéndome en esos océanos verdes. En ese momento se fue volando a otro mundo. Es difícil no pensar en ella. Siempre lo ha sido, y ahora todavía más. En seguida apartó la mirada y se dirigió hacia la estancia que estaba a nuestra izquierda. Como si de un zombie se tratase, la seguí. Las ganas de vomitar crecían conforme avanzábamos.

Cuando entramos, la gente se me quedó mirando expectante, esperando a que dijera o hiciese algo. Normalmente no me importa ser el centro de atención, pero esta situación es una de esas en las que no me siento nada cómoda con tanta gente mirándome. Empecé a sentirme inquieta y no pude más que decir:

-¿Qué pasa? –no lo puedo asegurar, pero estoy casi segura de que me ha temblado la voz.

-Hola Faith –G-man se levantó y vino a saludarme. Parte de la tensión pareció disiparse durante un momento-. ¿Cómo estás?

-Cinco por cinco –intenté sonreír, pero sólo conseguí que me saliera una risita nerviosa-. Ya sabes, lo de siempre. Bueno… -intenté desviar la atención, no me gusta hablar de mí- ¿a quién hay que patearle el culo esta vez?

-Si no te lo vas a tomar en serio, lo mejor será que te vayas y así nos ahorras a todos tener que lidiar contigo –enseguida noté el veneno con el que estaban impregnadas esas palabras que Buffy me escupió.

-Buffy –le reprendió Giles.

La tensión se podía cortar perfectamente con un cuchillo. Los allí presentes, pasaban la mirada de la rubia a mí y viceversa. Los cuchicheos volaban libremente de unos a otros. Por lo que se veía, estaban esperando una confrontación entre las dos. Pero la verdad es que yo no he venido desde Los Angeles para pelearme con ella, ni mucho menos. Sino que he viajado todo el trayecto para ayudarla y derrotar al mal. Sin embargo, no parecía estar muy dispuesta a cooperar. Sé que me merezco todo su rencor, su odio y toda la mala hostia que debe estar recorriendo su cuerpo ahora mismo, pero no se trata ni de ella, ni de mí. Sino de la vida de miles de personas.

-Mira –le dije-, sé de sobra que no te gusta ni un pelo que esté aquí. Créeme, lo sé mejor que nadie. Y sé que me merezco toda la mierda que quieras echarme encima, tu rencor, tu odio y todo lo que tú quieras, pero ahora no es el mejor momento para redencillas del pasado –alcé la mano-. Déjame terminar. Angel me ha dicho que no os vendría mal una pequeña ayuda. Y a eso es a lo que he venido. Sé que no me quieres ver ni en pintura, pero sólo estaré aquí hasta que el Primero esté bajo tierra, hecho polvo, o lo que sea. En cuanto todo esto haya acabado, despareceré de vuestras vidas para siempre. No volverás saber de mí, ni os molestaré. Prometido.

Buuuuff… ¡Ya está! Ya lo he soltado todo. Pensaba que no sería capaz. Menos mal que no la he dejado interrumpirme, porque cuando pierdo el hilo de mis pensamientos, luego me cuesta retomarlo. Aunque la verdad, es que lo último que quiero es salir y desaparecer de la vida de Buffy, y más si es para siempre. Pero si ella no me quiere cerca, yo no soy nadie para impedírselo. Y tampoco es que pueda hacer nada para evitarlo. De todas formas, pienso demostrarle que he cambiado y sólo espero que lo pueda ver.

Mis palabras parecían estar calando en todos, ya que ninguno ha hablado desde que he acabado mi pequeño discurso. Parecían un poco confusos por lo dicho. Lo que no acabo de entender del todo. Se supone que nadie me quiere cerca. No sé porque tardan tanto en asumir algo que ya estaba más que claro.

-Gracias por venir –fue todo lo que dijo Giles.

-Y bien, ¿quién me pone al día? –pregunté al ver que nadie decía nada más.

Después de varios segundos dudando de si hablar o no y mirando de reojo a Buffy, Willow se armó de valor y me explicó todo lo que había pasado. Al parecer, había parecido en escena un nuevo rival, una especie de cura que se hacía llamar Caleb, que se había dedicado a perseguir y matar a las nuevas cazadoras, las potenciales, para así poder acabar con el linaje de la cazadora, ayudándose de sus secuaces, los portadores, o algo de eso. Y en el trascurso de su hazaña, se había topado con una potencial, hiriéndola de gravedad y diciéndole que tenía algo que pertenecía a la cazadora. El muy cabrón es tan vago que no le ha parecido oportuno dar el mensaje por sí mismo y ha tenido que meter a una pobre chica de por medio. Muy típico. Ahora entiendo porque intentaron matarme en la cárcel. No sé porque me extraño tanto, la verdad.

Pero por lo que se ve, todavía no habían decidido que es lo que iban a hacer y parecía que tampoco se fueran a poner de acuerdo de un momento a otro. De todas formas, esto es todo lo que se me había quedado de todo lo que me habían contado. La pelirroja no es que fuera muy conocida por su paciencia. Era como si le hubieran puesto un petardo, soltándolo todo de golpe y casi sin parar para coger aire. Pero creo que me he quedado con lo más importante.

Sin embargo, por más que lo intento, no puedo dejar de mirar a Buffy. Es increíble los años que han pasado desde la última vez que nos vimos y lo poco que ha cambiado. Y lo que ha cambiado, sin lugar a dudas, que ha sido para bien. ¡Vaya si lo ha sido! No me puedo creer lo bien que le han sentado los cinco años. Se me sigue cayendo la baba igual que cuando estábamos en el instituto. Y se me hace imposible apartar mis ojos de ellas. Con toda mi fuerza de voluntad, intento centrarme en otra cosa. O en otra persona, ya que a mi lado, en el sofá, hay un tipo de lo más raro, y por lo que se ve, bastante freak. Creo que su nombre es Andrew, o algo por el estilo, que no hace más que hablarme de la Guerra de las Galaxias. De vez en cuando le digo que sí con la cabeza y parece que se queda contento. Sin embargo, estoy más centrada en lo que están hablando Giles y Buffy que en lo que me está contando. Craso error.

-No me puedo creer que pienses que la primera trilogía, cronológicamente hablando; la segunda, en cuanto a rodaje se refiere, sea mucho mejor que la segunda trilogía, cronológicamente hablando; la primera en cuanto a rodaje se refiere –se había puesto a gritar con una voz de pito que se me metió en el cerebro, dándome dolor de cabeza-. En serio, ¿de dónde la habéis sacado? ¡Es una aberración! Hasta un mono sabría que la trilogía de los 80 es muchísimo mejor y más lograda, con una historia más completa, que la trilogía actual.

-¿Pero qué coño…? -¡¿y a este qué cojones le pasa?

-¿Así es cómo nos vas a ayudar? –la rubia había dejado de hablar con G-man-. ¿Hablando de tonterías en vez de centrarte en lo importante?

-¡Pero si yo no he dicho nada! –lo que me faltaba.

-Sí, has dicho una gran barbaridad. Cualquiera se habría dado cuenta…

-¡Cállate! –gritamos Buffy y yo a la vez.

Andrew se quedó blanco en el sitio, y después de haber recobrado el sentido común, se levantó y dejó la estancia. Mejor para él.

Después de echarme una mirada de aviso, Buffy volvió a donde estaba Giles, y siguieron con su conversación. ¿Pero qué coño acaba de pasar? El hobbit ese… si lo llego a saber no me molesto ni en asentirle. Pues sí que empiezo con buen pie… Lo mejor será que centre mi atención en otra cosa. Ahora que me doy cuenta, ha desaparecido todo el mundo del salón. Sólo estamos nosotros tres en la estancia. Interesante… y a la vez alarmante. De vez en cuando nuestras miradas se cruzan por unos segundos, haciendo que rápidamente ella retire la mirada para volver su atención de nuevo a G-man. No sé si será coincidencia o no, pero estoy casi segura de haber visto cómo se mordía el labio inferior cada vez que me miraba. Lo que no me ayudaba, en absoluto, a concentrarme. Por lo que se ve están acabando de concretar unas cosas y lo más probable es que después nos demos una vuelta por el cementerio, a ver si podemos encontrar algo nuevo: un pista, algún rastro… cualquier cosa. Tengo curiosidad por saber qué es eso que tiene ese cura… antes de que me pueda dar cuenta y seguir con mi reguero de pensamientos, la rubia se me había plantado justo enfrente de mí, con los brazos cruzados sobre el pecho y con cara de pocos amigos. ¿Qué coño pasa ahora? ¿Es que he hecho algo malo y no me he dado cuenta? ¿Otra vez?

-¡Faith! –me gritó.

-¿Qué pasa, B? ¿Se te ha roto una uña? ¡Qué aberración! –hice una mueca de dolor imitándola. Estaba evitando por todos los medios, no echarme a reír a carcajadas, lo que se me estaba haciendo imposible, al ver cómo el semblante le iba cambiando poco a poco. Estaba a punto de echar fuego por la boca.

Tan centrada estaba en mantener mi compostura, que no vi venir el gancho de derechas que Buffy mandó a mi mandíbula.

-¡Joder! –eso ha dolido-. ¡Eso ha dolido! –me quejé mientras me masajeaba la zona dolorida-. Sigues teniendo el mismo gancho de siempre. Es bueno saberlo.

-Eso te pasa por pasarte de lista –dijo con suficiencia. Qué típico.

-Yo también te he echado de menos…

-¿Has escuchado algo de lo qué te he dicho?

-Pues… -no.

-Yo así no puedo, Giles –como siempre apoyándose en otros. ¿Es qué no puede valerse por sí misma? ¡Espera! Esa me la sé… No. A no ser que sea para darme unos porrazos, para eso, sí que puede ella solita. En fin… que sigue hablando- … perdiendo mi tiempo. ¡No sé para qué ha venido!

-Buffy… -le advirtió, pero sin perder ese tono paternal. Se giró hacia mí, quitándose las gafas y limpiándoselas-. Faith, necesitamos que estés centrada. Esto es importante. Así que, por favor, escucha lo que tiene que decirte Buffy.

Asentí y cambié el semblante, poniéndome seria. Aunque por dentro estaba que me meaba. De todas formas, no quería ni tener, ni crear problemas, ya que había venido para ayudar en todo lo posible. La rubia volvió a girarse hacia mí, con los brazos cruzados sobre el pecho. Nos quedamos mirándonos y no pude más que perderme en esos océanos de color verde, sumergiéndome en ellos por completo. Esos que tanto me habían cautivado años atrás y de los que me había resultado olvidarme. Inconscientemente me lamí los labios, que se me habían quedado completamente secos, y la miré lascivamente. Buffy hizo lo propio y sonrojándose hasta la raíz del pelo. Por mucho que sus palabras dijeran que me odiaban, sus ojos dejaban claro que me deseaban. Podía ver claramente el anhelo, el cariño, la tristeza, el deseo… Pero al parecer se dio cuenta y sacudió la cabeza, rompiendo todo contacto visual.

-Prepárate –dijo secamente-. Nos vamos de patrulla.

Después de más de veinte minutos dando vueltas por el cementerio, encontramos un viñedo que estaba apartado y escondido de cualquiera que quisiera curiosear por los alrededores. Pero sobre todo de mirones como es nuestro caso. A medida que íbamos avanzando, unas criaturas que no había visto en toda mi vida, y mira que he visto todo tipo de monstruos asquerosos y viscosos, se dirigían hacia el viñedo en fila de dos en dos. La verdad es que me ponían los pelos de punta. ¿Cómo era posible que supieran dónde iban? Era como si les hubieran arrancado los ojos de cuajo. Un poco de grima sí que daban. No pude más que abrir mucho los ojos y mirarlos con la boca abierta. Un poco más y casi me desencaja. A lo largo de toda mi vida, o por lo menos desde que soy cazadora, he visto muchas cosas extrañas, pero esto enanos, ya que es lo que parecen, me llamaron mucho la atención. Buffy, sin embargo, no parecía para nada sorprendida. Avanzaba a mi lado con los brazos cruzados y mirada de pocos amigos. He de suponer que ya los conoce.

-¿Cómo coño saben dónde van? –no pude aguantarme.

-No tenemos ni la más remota idea –dijo suspirando.

La rubia se paró en seco y sin avisar, como era de costumbre en ella. Mira que odio que haga esas cosas, pero se ve que es algo que no puede evitar. Lo hacía hace cinco años, ¿por qué iba a dejar de hacerlo ahora? Volví sobre mis pasos y me quedé a su altura, esperando a que dijera algo. Miraba pensativa la puerta principal del viñedo por donde entraban los bichejos esos. Me podía imaginar que es lo que le estaba pasando por la cabeza. Podía ver cómo se movían los engranajes dentro de su pequeña y rubia cabecita. Hacía tanto tiempo que no la veía ni sabía de ella… Después de todos estos años, mis sentimientos hacia ella no han cambiado en absoluto. Lo que no sé si es algo bueno o no. No voy a negar que intenté encerrarlos y enterrarlos en los más profundo de mi ser, donde ni siquiera yo pudiera llegar a ellos. Pero, por lo que se ve, de nada ha servido. Además, de conseguir amargarme la existencia. Sin embargo, ahora que volvía a estar cerca de ella, no podía estar más confusa. Y los pequeños hormigueos que recorrían mi cuerpo de arriba abajo no es que ayudaran mucho, la verdad. Pero nunca me he parado a pensar en lo que pueden significar o si Buffy también los siente.

-Será mejor que volvamos –la voz de Buffy me sacó de mi ensimismamiento. Dos segundos después, ésta me daba la espalda y se alejaba lentamente, adentrándose otra vez en el espeso bosque por el que habíamos venido.

-¡Joder! Qué prisas te han entrado de repente –dije corriendo hacia ella y alcanzándola.

-Cuanto antes lleguemos, antes pondremos a todos al día y antes podremos empezar a pensar en qué hacer, ya que a mí no se me ocurre algo –dijo sin girarse, mientras seguía su camino-. ¿Acaso a ti sí?

-Pues… no, la verdad.

-Eso pensaba yo.

-Es verdad, que tú lo sabes todo. Ya no me acordaba –el gruñido que salió de su boca me confirmó que su soberbia seguía siendo la misma de siempre-. Es increíble que siga teniendo el mismo trasero. Tan apetecible como siempre -¿he dicho eso en voz alta?

Cuando vi que Buffy se giró, deduje que sí que lo había dicho en voz alta. A pesar de la oscuridad que nos envolvía en ese momento, pude ver claramente que la rubia se había ruborizado hasta la mismísima raíz del pelo. Sonreí para mis adentros, ya que por fuera, aparte de que tenía la mandíbula completamente desencajada por la sorpresa y era incapaz de articular palabra, era muy probable que Buffy me dejara caer otro de sus ganchos de derechas. No era algo que me apeteciera mucho, la verdad.

-¿Perdona? –se había parado en seco y casi me tropiezo con ella.

-Perdonada –no es momento para gracias…

-¿Qué has dicho?

-¿Yo? ¿Decir? Naaaada… ¿qué iba a decir? Pufff –lo mejor será cambiar de tema-. Por cierto, ¿te importaría mucho si fueras tú quien los pusiera al día?

Por la cara que puso ante mi pregunta no sé qué fue mejor, si el remedio o la enfermedad. El rubor que minutos antes había inundado su rostro, había abandonado sus mejillas y una dura y fría mirada se había apoderado de sus ojos.

-¿Qué estás tramando, Faith? –se cruzó de brazos.

-No estoy tramando nada, B. Creo que ya he dejado claro que he venido a ayudar. No tengo intención de repetir lo que hice en años anteriores. Angel me dijo que no os vendría mal una mano amiga.

-¿Amiga, dices? –su cuerpo empezaba a tensarse-. Ni de lejos se te considera amiga. No te confundas. Se supone –recalcó-, que estás aquí para ayudarnos con el Primero, para nada más. Así que no te hagas ilusiones. Nadie ha cambiado de opinión sobre ti, en especial yo.

-¿Ilusiones, dices? –la rabia empezaba a invadirme. Sin embargo, intentaba, por todos los medios, controlarme y no dejar que me dominara. Nada bueno saldría de ello. Nadie mejor que yo, lo sabe-. ¿Te crees que no sé lo que pensáis de mí cada uno de vosotros? ¿En especial ? –recalqué y di un paso hacia ella-. ¿Qué no me acuerdo de lo que os hice? ¿Crees acaso que no me siento culpable cada día que pasa, sabiendo que no voy a poder enmendarlo? Sé de sobra que no tengo derecho a pedirte que me perdones, por eso no lo he hecho –aclaré al ver que iba a protestar, di un paso más, acortando la distancia-, pero eso no significa que no lo desee. No me he olvidado de nada, Buffy.

Por la cara que se le quedó al escuchar la última frase, supuse que había sabido leer entre líneas y había pillado el doble sentido. Lo cual no sabía si era bueno o malo. El silencio se apoderó de nosotras, rellenando el poco espacio que había entre nosotras. Al ver que no decía nada, decidí continuar.

-Hay muchas cosas de las que me arrepiento. Sin embargo –la miré vivamente a los ojos-, hay una de la que no me arrepiento en absoluto –bajó la mirada al escuchar mis palabras. Sabía que su mente estaba volando, al igual que la mía, por el mismo recuerdo-. Quiero que sepas que jamás he podido olvidarme de aquella noche –hice una pequeña pausa-, y por lo que veo, tú tampoco.

-¡Cállate! –antes de que pudiera darme cuenta y reaccionar a tiempo, se había abalanzado sobre mí, tirándome al suelo- ¡Cállate! No quiero que sigas hablando –dijo con voz entrecortada mientras su puño derecho iba directo a mí mandíbula. Las lágrimas habían empezado a caer de sus ojos, mostrando una Buffy que nunca antes había visto. Un Buffy débil, derrotada, pero sobretodo, una Buffy rota.

Sus puños como acero seguían cayendo sobre mi rostro. Sin embargo, no dolían tanto como la pena reflejada en esos mares verdes que tanto habían sufrido por mi culpa. Cada lágrima era como una puñalada en lo más profundo de mis entrañas. Cada llanto era peor que la peor de las maldiciones que pudieran echarme. El nudo que se estaba formando en mi garganta, empezaba a ahogarme y mi corazón se encogía con cada puñetazo. El dolor y el sufrimiento por el que estaba pasando la rubia, lo había provocado yo solita y sin la ayuda de nadie. No podía más que dejar que se desahogara. Se lo debía.

-¡Rompiste tu promesa! ¡Te fuiste! –otro golpe-. ¡Te fuiste y me dejaste sola! ¡¿Cómo pudiste? –hacia ya un rato largo que había dejado de sentir mi rostro-. ¡Te lo di todo!

-Lo-lo siento –dije en apenas un susurro con lágrimas en los ojos.

Antes de caer aturdida, me dio un último puñetazo, dejándome medio inconsciente. Había empezado a llover.

Can you hear me cry out to you?

Words I thought I choke on figure out

I'm really not so with you anymore

I'm just a ghost

So I can't hurt you anymore

So I can't hurt you anymore