Aquí llega lo interesante! Gracias por leer ^^ La semana que viene, más.
Capitulo 4
Cinco años antes…
Me ha costado Jack y ayuda el convencer a Buffy para salir esta noche. Ha estado todo el día poniéndome escusas baratas para escaquearse. De verdad, nunca pensé que me costaría tanto. Además, estoy buenísima, nadie se puede resistir a mis encantos. Ni si quiera la rubia.
Tengo que decir que ha habido varias señales que, sinceramente, no sabría muy bien cómo interpretarlas. Hay veces que esta chica es más complicada que una ecuación de segundo grado. Pero estoy segura de que hay algo más. ¡Si es que necesito un manual de instrucciones para saber cómo funciona! ¡¿Quién lo iba a decir? De todas formas, lo que importa es que he conseguido que quería y eso es lo que importa. Espero que no haya ningún problema con su madre.
-Hola Faith –dice con una sonrisa en su rostro cuando me abre la puerta.
-Hey B –la miro a los ojos intentando descifrar que es lo que le pasa por esa cabecita. Hay veces que tengo la sensación de que sabe lo que pienso. Lo que me pone los pelos de punta. Sin embargo, hay otras en las que no tengo ningún problema en saber lo que me dice con la mirada. Por otro lado, en ocasiones como esta, no estoy completamente en blanco. Lo que me frustra-. ¿Puedo pasar?
-Claro. En seguida estoy –se hizo a un lado.
La verdad es que no he estado muchas veces en su casa. Una o dos, creo. Pero una vez dentro, no pude evitar la sonrisa que se me dibujó en el rostro. Es tal y como era de esperar. Ahora que la miro con más detenimiento, no me cabe duda de que es la casa de Buffy. Pero la curiosidad me corroe por saber cómo será su habitación. No puedo evitar que un reguero de pensamientos, la mayoría de ellos obscenos e impuros, crucen mi mente. Por la mirada que me dirige Buffy, soy bastante transparente.
-Sé que luego me arrepentiré de habértelo preguntado, ¿pero en qué estás pensando? –un pequeño rubor apareció en sus mejillas.
-Tienes razón, no quieres saberlo –le sonreí lascivamente- ¿y tu madre? –lo mejor será cambiar de tema. Bastante mojada estaba ya como para seguir con el tema, y no me haría responsable si seguíamos por ese camino.
-Estará fuera hasta mañana por la tarde. La han llamado de Nueva York para una reunión. Creo que tiene que ver con una exposición que tiene que hacer. No estoy muy segura.
Asiento con la cabeza y la sigo hasta la cocina. Estoy segura de que si abro la boca, el único sonido que va a salir de ella es un gemido. Y, créeme, eso sería muy extraño e incómodo. Mientras busca algo en la nevera, no puedo evitar babear ante la magnífica vista de su perfecto y tonificado trasero. El que mueve y contonea ligeramente. La cara que debo de tener, tiene que ser para foto. Estoy casi segura de que sabe que la estoy mirando y lo hacer adrede, provocándome, para saber cómo reacciono. Aunque estoy segura, de que lo sabe perfectamente. Ya que creo que lo he dejado claro. Como ya he dicho antes, ha habido varias señales por su parte que ha ido dejando por el camino y que, la verdad, no sé cómo interpretarlas. La única conclusión a la que he llegado es tirarme a su yugular y empotrarla contra la encimera. No creo que sea la mejor solución. Pero lo último que quiero es acojonarla y que me rehúya. Por el momento, lo mejor es contener a la bestia.
Después de haber estado, literalmente, cinco minutos dentro de la nevera, la cerró y se quedó mirándome con las manos vacías y una tímida sonrisa en el rostro. Levanté una ceja a modo de pregunta, ya que no sabía exactamente qué es lo que había estado buscando, y la miré entre divertida y extrañada. Se encogió de hombros y salió de la cocina.
-Hey, princesa –le dije mientras la seguía por detrás. Lo que no me decepcionó, ya que tenía su culito prieto justo delante. Una sonrisa maliciosa se me dibujó en el rostro y mi mente volvió a volar libre con la cantidad de cosas que podría hacerle. Para empezar, toda esa ropa tan provocativa que llevaba, le sobraba.
-No me llames así –se giró, pillándome de plena mientras babeaba sobre su trasero.
-¿Por qué no?
-Porque no me gusta, y lo sabes –se acercó, quedándose nuestros labios a escasos centímetros-. ¿Qué estabas mirando tan detenidamente?
No pude más que levantar una ceja a lo "¿en serio quieres que te conteste a eso?", apareciendo una media sonrisa en su dulce rostro. Sin embargo, no me pasó desapercibida la mirada llena de deseo y lujuria que me brindó. Sus ojos más oscuros que la noche e intentando desnudarme mentalmente.
-¿Nunca te han dicho que tienes un culo perfecto? -¿he dicho eso en voz alta? Por la cara que se le ha quedado a la rubia, he de suponer que sí. Eso me pasa por bocazas. A pesar de la su cara de asombro, vi cómo el rubor empezaba a hacer aparición en sus mejillas, haciendo que la lujuria que minutos antes se había apoderado de sus ojos, pasara a ser una tímida mirada, bajándola-. Eres adorable –alcé mi mano hasta su rostro y la obligué a mirarme.
Aunque no hacía mucho que nos conocíamos, no había podido evitar los sentimientos que me habían ido envolviendo a medida que empezábamos a conocernos en profundidad. Su mirada era profunda y penetrante, y estaba llena de significado. Este era uno de esos momentos en los que podía ver a través de ellos, viendo a Buffy. Su deseo hacia mí, sus ganas de ponerme las manos encima y la lengua en mí… al ver que estaba leyéndola, ruborizó aún más y sonreí ante tanta monada. Podía oler la excitación que emanaba de ella, y estoy casi segura de que ella a mí, también.
-¿Te he dicho alguna vez lo mucho que me gustan tus hoyuelos? –balbuceó, tocando los huecos con su dedo índice.
-¿Me lo tengo que tomar como un cumplido, B?
Sin decir nada más, salvó la poca distancia que había entre las dos, posando sus labios sobre los míos en un tierno beso, consiguiendo que me flaquearan las piernas como nunca antes lo habían hecho. Ante esto, mi mente se puso a trabajar intentando averiguar qué era lo que estaba pasando. Debido al shock, no me moví ni respondí de inmediato al beso de Buffy, pero a medida que mi mente lo asimilaba, poco a poco, lo que estaba pasando, mis labios comenzaron a moverse y a morder suavemente el labio inferior de Buffy.
Segundos después, se separó y se quedó mirándome intensamente. Sus pupilas completamente dilatas y engrandeciéndose por momentos, haciendo que el deseo la inunde. Soy yo, ¿o es que acaba de subir la temperatura drásticamente en la estancia? Su cuerpo irradiaba calor y el mío reaccionaba ante él.
-¿Tú qué crees? –me susurró al oído.
-¿Debo suponer que no vamos a salir esta noche? –dije como pude, mientras intentaba coger un poco de aire para poder respirar-. ¿Otros planes en mente? –estaba realmente mojada y caliente, y si esto seguía así no me haría de lo que pudiera pasar.
-¿Tú qué crees? –repitió, esta vez mordiéndome la oreja, produciéndome un escalofrío.
Instintivamente, la volteé, poniéndola de espaldas a la pared, medio empotrada y bajo mi peso. Coloqué mis manos a cada lado de su cintura, por dentro de su ceñida camiseta, explorando y disfrutando del tacto de su sedosa piel. Se estremeció bajo mi tacto. Podía notar su excitación y cómo me envolvía su olor corporal, tan característico. Estaba completamente mojada. Y no era la única.
Empecé a darle pequeños mordiscos en el cuello, y fui bajando poco a poco. No sin antes haberme desecho rápidamente de su camiseta, que en estos momentos era un incordio y sobraba. Como la mayoría de su ropa. Pero no hay que precipitarse. Pasito a pasito. Antes de seguir, contemplé la belleza personificada que se encontraba justo enfrente de mí. Sus perfectos y firmes pechos se alzaban imponentes, tan apetecibles como siempre me los había imaginado. Buffy me miraba expectante y deseosa de que siguiera con mi cometido.
Desde el primer momento en que la había visto, supe que quería hacerla mía. Sin embargo, nunca pensé que fuera a conseguirlo. La situación era tan surrealista. Estaba claro que había habido señales: algún que otro flirteo, insinuaciones y miradas indiscretas. Pero de ahí a que sucediera realmente… era como si de un sueño se tratase. Sólo que muchísimo mejor.
No es que no quisiera follar con ella, no me malinterpretes. Por supuesto que quería. Lo que no quería era que luego se arrepintiera de todo lo sucedido. Porque iba a ser lo más probable. Y, la verdad, es que no estaba dispuesta a correr ese riesgo. Preferiría seguir siendo amigas antes que tirármela.
-¿Estás segura de esto? ¿Estás segura de que quieres seguir con ello? –a pesar de que deseaba con todas mis fuerzas hacerla mía y estar con ella, no tenía tan claros sus sentimientos, ya que en muchas ocasiones, se había puesto esa coraza impenetrable, y no había podido leerla en absoluto.
-Quiero que me folles hasta perder el sentido.
Estuve a punto de irme en ese justo momento. Sin embargo, me contuve, respiré hondo e intenté recobrar el control sobre mi cuerpo. Con un rápido movimiento, la cogí en brazos. Sus piernas se agarraron a mi cintura y sus brazos a mi cuello. Nos dimos un beso fugaz y fuimos escaleras arriba, en dirección a su dormitorio.
En el camino de ascenso, se deshizo de mi camiseta, que se quedó en mitad de las escaleras. Le siguieron mi sujetador y el suyo, quedándose nuestros pechos al descubierto. Buffy se lamió los labios cuando vio lo erectos que estaban mis pezones y por su rostro y su feroz mirada, no aguardaba el momento de saborearlos.
Cuando entramos por la puerta, la bajé y nos quedamos mirándonos por unos segundos. Su mirada era la de un depredador, esperando a devorar su presa. Sin poder contenerme, me abalancé, volviendo a saborear sus esponjosos labios. Mientras nos besábamos, fuimos rodando hasta dar con la pared del fondo de su habitación, quedando su espalda desnuda pegada a ella.
-Joder… hacía tano tiempo que quería hacer esto… -medio susurré, en un gemido ahogado. Mis manos desabrochaban nerviosas el cinturón de Buffy, empezando a tener serias dificultades.
No es que fuera mi primera vez con una chica. Mentiría si dijera que era mi segunda vez. El problema era el estar cerca de Buffy. El nerviosismo se apoderaba de mi cuerpo cada vez que estaba en la misma habitación que ella. El hecho de que esto pudiera significar algo más, hacía que quisiera echar a correr. Pero a la vez quería quedarme con ella y cuidarla, y darle todo lo que quisiera. Respiré hondo un par de veces y conseguí deshacerme del maldito cinturón. Después centré mi atención en su pantalón y sus bragas. Rápidamente conseguí deshacerme de ellos también, junto con los míos, que quedaron apilados en una esquina de la habitación.
Mientras la miraba de arriba abajo, bebiendo de la impresionante vista que tenía justo enfrente de mí, se mordió el labio inferior. Veía cómo sus ojos se volvían completamente negros por momentos, viendo la necesidad y la lujuria que en esos momentos recorrían su cuerpo, deseoso de ser tomado cuanto antes. Sus manos empezaron a vagar libremente por mi cuerpo, parándose en mis pezones y jugueteando con ellos. No pude evitar el gemido que se me escapó, que fue seguido de uno suyo, en cuanto mi mano se deslizó por la húmeda entrada de su centro. Alzó su pierna izquierda, agarrándose a mi cintura, abriéndose un poco y facilitando mi entrada.
Sin embargo, tenía en mente otros planes. Tenté durante unos segundos más su entrada y retiré mi mano. Un gruñido de queja escapó de sus labios. Agarré sus piernas con mis manos, dándonos la vuelta, apoyándola en la pared. Ésta vez fue un gemido de placer lo que salió de nuestras bocas al entrar en contacto nuestros coños, empezando a rozarnos mutuamente.
Miles de sensaciones recorrieron mi cuerpo en el instante en que nuestros sexos se rozaron por primera vez. Sé que suena muy cursi, pero llevaba tanto tiempo esperando deseosa que llegara esta momento… la verdad es que no sabía con certeza los sentimientos de Buffy, pero sí que había percibido el flirteo por su parte, aunque era yo quien lo hacía la mayor parte del tiempo. Era increíble que esto estuviera pasando por fin.
Mis labios buscaron deseosos los suyos, mientras sus manos viajaban a lo largo de toda mi espalda, clavándome las uñas cuando más placer estaba experimentando. Nuestros cuerpos encajaban a la perfección. Era como si estuvieran hechos para estar juntos. Hechos a medida. Nos movíamos a un ritmo marcado, pero a medida que el placer empezaba a invadirnos, los movimientos se aceleraban y se volvían más salvajes y desesperados, haciéndonos gemir. Conforme Buffy se acercaba al clímax, sus uñas se clavaban más en profundidad en mi carne. Nos separamos unos segundos para coger aire y nuestras miradas se cruzaron.
Su mirada era salvaje y lasciva, y a penas sí podía verle el color de sus ojos. La oscuridad y el deseo se habían apoderado de la inocente y tímida Buffy que conocía. Pero para qué mentir. Esta me gustaba muchísimo más.
-No me… queda… mucho –me susurró en el oído. No pude evitar el gemido que escapó de mis labios.
De repente y de la nada, sentí como una corriente eléctrica que recorrió todo mi cuerpo de arriba abajo. Sorprendida por la sacudida inesperada, me separé de Buffy y paré durante un momento, mirándola a los ojos. Éstos me la devolvían igual de sorprendidos que los míos.
-¿Has notado eso? –le pregunté sin aliento.
-Sí…
-¿Qué coño ha sido eso?
-No tengo ni idea –acercó sus labios a los míos, apenas rozándolos- olvídalo –susurró.
No me lo tuvo que decir dos veces. Rápidamente atrapé esos esponjosos labios con los míos, devorándola, y comencé a moverme otra vez, creando fricción y arrancándonos gemidos mientras empezaban a construirse nuestros orgasmos. Debido a la falta de oxígeno, nos separamos, mirándonos detenidamente mientras nos dejábamos llevar por el placer, llegando al clímax a la vez.
Después de unos segundos, mientras intentábamos que nuestras respiraciones volvieran a la normalidad, Buffy se bajó de mi cintura, y puso su dedo índice en mis labios. No podía moverme ni un centímetro. Sus ojos me tenían hipnotizada y me paralizaban sin poder evitarlo. Qué puedo decir, tiene ese poder sobre mí.
-No me dejes.
-Te lo prometo –le dije mientras nos fundíamos en el beso más tierno que nunca antes me habían dado.
