Aquí está el penúltimo capitulo. La semana que viene el desenlace. Agradecer a aquellas personas que me han dejado sus reviews, con sus opiniones. Han sido de gran ayuda. Motivan a cualquiera ^^ Gracias por leer ^^


Capitulo 5

-¿Faith?

La voz que dijo mi nombre sonaba distante y lejana. Y un poco distorsionada también. ¿Qué coño había pasado? Es como si me hubiera atropellado un enorme camión y después un autobús. La cabeza me duele horrores. He intentado moverme, pero creo que no ha sido una de mis mejores ideas. Me estoy haciendo vieja para esto. Me siento como si me hubieran tirado a una piscina en ropa. Estoy completamente mojada y calada. Además de estar tiritando. Creo que no tardaré en pillar una hipotermia. Estoy congelada. La voz volvió a hablar:

-¿Faith? ¡Oh Jack! ¡Faith! –creo que empiezo a recobrar un poco la consciencia, ya que me suena esa voz. No me zarandees, por favor. Creo que voy a vomitar.

Giré mi cabeza hacia un lateral y eché hasta la primera papilla por la boca. Qué asco. Me limpié con la manga de la chaqueta y empecé a toser, recuperando poco a poco la consciencia por completo. La voz a mi lado se volvía más clara por momentos y mi visión más nítida. Una cabellera rubia y unos penetrantes ojos verdes me devolvieron la mirada, bastante asustados.

Buffy estaba a mi lado con cara de preocupación. Tenía la tez completamente pálida y estaba a punto de echarse a llorar. Parecía que fuese a darle un ataque de pánico. Volví a toser, incorporándome sobre mis codos. ¿Cuánto tiempo habré pasado inconsciente? Antes de poder decir nada, Buffy volvió a hablar.

-¡Faith! ¡Gracias a Jack estás bien! ¡Estás bien! –repitió-. Pensaba que te había vuelto a perder –medió balbuceó entre sollozos y abrazándome.

-Nunca me perdiste, B -¿eso ha salido de mi boca? Tengo que aprender a controlarla. Que siempre me mete en líos.

-Lo-lo siento… mucho ¿estás bien?

-Cinco por cinco –intenté sonreír. Su dedo índice acarició mis labios suavemente. No pude evitar cerrar mis ojos ante su tacto, perdiéndome en él. Hacía tanto tiempo que lo había echado de menos. Al igual que ella.

Alcé mi mano y acaricié su mejilla, haciendo que se mordiera el labio inferior. Todo el rencor y el odio que horas antes se habían apoderado de su mirada, se habían esfumado y se habían convertido en cariño y preocupación. E incluso me pareció ver también algo de lujuria, escondida en alguna parte, pero no estoy del todo segura.

-Tienes los labios morados –susurró. Si no llega a ser por mi súper oído de cazadora, estoy segura que no la habría oído.

-Estoy bien, de verdad –no sabía exactamente cuando había pasado, pero estábamos a menos de un suspiro de que nuestros labios se juntaran. Con que una de las dos nos moviéramos cuanto apenas, bastaba.

Lo que más me chocó es que fuera ella quien diera el primer paso. Salvó la distancia que había entre las dos y juntó nuestros labios en un tierno beso. Uno de los más dulces que había experimentado. A pesar de lo que estaba diluviando, noté las cálidas lágrimas que bajaban silenciosamente por las mejillas de Buffy y morían en nuestro beso. Después de unos segundos nos separamos en busca de aire. No es que estuviera en la mejor de las situaciones.

-¿Qué pasa Buffy? –me dolía tanto verla así. Era peor que el dolor físico que ahora mismo recorría mi cuerpo. Me partía el corazón.

Negó con la cabeza y volvió a besarme, acariciándome la mejilla. A medida que pasaban los segundos, el beso que había empezado siendo dulce y tierno, se volvió más apasionado y salvaje. Empezaba a estar realmente mojada, y nada tenía que ver con el chaparrón que estaba cayendo sobre nosotras. La temperatura empezaba a subir y la excitación empezaba a apoderarse de nuestros cuerpos. Buffy se puso a horcajadas, mientras mis manos buscaban ansiosas tocar su sedosa piel, escondida bajo su húmeda y ajustada ropa.

Nuestras caderas se movían al mismo ritmo, creando fricción en nuestros clítoris y haciéndonos gemir de placer. Mis manos se movieron nerviosas en busca del botón del pantalón, desabrochándolo, junto con su cremallera. Mi mano se aventuró dentro de sus apretados pantalones de cuero y de sus bragas. Estaba realmente mojada, y no era la única. Mi cuerpo estaba deseoso de ser tocado por ella, al igual que el suyo por mí. Mis dedos juguetearon y provocaron su clítoris durante unos segundos para penetrarla poco después, al ver su insistencia, con dos dedos.

-Mmmh hmm –gimió- más…

Obediente, profundicé más y empecé a moverlos a un ritmo constante y sin parar. Sus paredes comprimían mis dedos mientras el orgasmo se formaba en su interior. No tardaría mucho en llegar al clímax. Y yo tampoco.

Con mi mano libre agarré la suya y la dirigí hacia el botón de mis pantalones. Pareció entenderlo a la primera, ya que los desabrochó e introdujo rápidamente su mano, tentando mi entrada y desesperándome. Llegados a este punto, no estaba para provocaciones.

-Entra –le gemí en el oído para luego besarla.

Ella, obediente, me penetró con dos dedos. Rápidamente, noté cómo el orgasmo se apoderaba de todo mi cuerpo. Amabas arqueamos la espalda, tirando la cabeza para atrás y cerrando los ojos conforme llegábamos al clímax.

Buffy se desplomó encima de mí, respirando entrecortadamente y apoyando la frente sobre la mía. La lluvia seguía cayendo sobre nosotras, en una noche cerrada sin luna dentro de los confines del bosque dónde nos encontrábamos. Nuestros corazones latían desbocados en nuestros pechos y sus latidos retumbaban en nuestros oídos, oyéndose, posiblemente, a kilómetros de distancia.

-Te quiero -¿en serio? ¡¿Pero qué coño me pasa?

-Faith… -empezaron a brillarle los ojos.

-Lo siento, se me ha escapado.

-¿Lo dices en serio?

-¿El qué? ¿Qué te quiero o que se me ha escapado? –esta chica cada día me desconcierta más.

-Ambas.

-Sí, lo digo en serio -¿Por qué coño no aprenderé a mantener la boca cerrada?

-Yo también te quiero –dijo casi tímidamente.

Espera ¡¿QUÉ?

-¿Podrías repetir eso último? –mi cara tiene que ser un poema en estos momentos.

-Te quiero, Faith –creo que me voy a desmayar, otra vez.

-¿Desde cuándo?

-Desde siempre.

-¿Y la reacción de antes a qué coño ha venido?

-Me hiciste mucho daño Faith. Te creí. Te dejé entrar en mi vida, en mi corazón… y me lo rompiste en mil pedazos. Me quedé destrozada cuando hiciste lo que hiciste, cuando nos traicionaste… y luego cuando te fuiste sin decir nada –pausa-. Me costó mucho superarte. Es más, creo que no llegué a conseguirlo. Pero quise engañarme pensando eso. Intenté odiarte, durante mucho tiempo. Pero era inútil. Sólo conseguí que aumentara mi amor por ti, y eso me frustraba –me dio un rápido beso-, me frustraba mucho el no poder odiarte. Y cuando apareciste esta tarde…

-Todos esos sentimientos que creíste enterrados volvieron para darte una patada en el trasero –terminé por ella.

-Sí –se rió entre dientes y luego suspiró-. Será mejor que volvamos. Se preguntarán por qué tardamos tanto.

-Seguro que piensan que estamos luchando –me rasqué la cabeza-. Nada más lejos de la realidad –me reí. Ella me imitó.

Se levantó a regañadientes y me ofreció una mano para ayudarme a ponerme en pie. Un gruñido de dolor se me escapó. No me acordaba de la paliza que horas antes me había dado. Bueno, la verdad es que no sé hace cuánto que salimos de casa y cuánto tiempo he estado inconsciente.

Después de dar varios pasos, se paró en seco, chocándome con ella, y se dio la vuelta para quedarse cara a cara conmigo. En su rostro había una mirada que no supe cómo interpretar. De todas formas, estaba segura, de que no me iba a gustar ni un pelo lo que estaba por venir.

-Tengo que decirte algo –alzó su mano y la puso en mi mejilla, acariciándola con su dedo pulgar-. Bueno, más bien, tengo que enseñártelo.

-¿Me va a gustar?

-¿Francamente? No tengo ni idea –se quedó pensativa-, espero que sí. Por que es muy importante para mí.

-Entonces seguro que no hay ningún problema.

-Eso quiero pensar…

La miré extrañada y nos pusimos en marcha, otra vez.

Después de más de veinte minutos andando, algunas miradas indiscretas, varios roces de nuestras manos y alguna sesión de lenguas juguetonas, conseguimos llegar al porche de la casa Summers. Antes de que pudiera dar dos pasos más en dirección a la puerta, la detuve cogiéndola del brazo, haciendo que se quedara justo enfrente de mí. Nos quedamos unos minutos en silencio, observándonos detenidamente. Incapaz de estar sin hablar por más tiempo, rompí el silencio.

-¿Qué significa esto, B?

-¿El qué? –alcé una ceja.

-Sabes perfectamente a lo que me refiero, B. El cementerio.

-No lo sé –se encogió de hombros- ¿qué significa para ti?

-Ah, no. No te vas a salir con la tuya. Yo he preguntado primero –eludiendo las preguntas con otras, como siempre.

Se acercó un poco más y cogió mis manos entre las suyas. Su mirada era intensa y profunda, llena de sentimiento y lujuria, aunque en menor medida. Hacía que me temblaran las piernas como dos flanes. Es increíble lo mucho que pueden hacerme esos ojos verde esmeralda. Son mi criptonita. Toda ella es mi criptonita…

-Todo lo que he dicho en el cementerio es verdad.

-Sabes que no soy del tipo de las que tienen una relación ¿verdad?

-¿Entonces por qué has sacado el tema? –buena pregunta.

-No lo sé.

-Pues sí que vamos bien… -nos quedamos un momento en silencio- ¿Qué significa esto para ti entonces?

-Todas y cada una de las palabras que he dicho esta noche iban en serio, pero nunca he tenido una relación estable. Ya sabes, líos de una noche y ya está. Además, posiblemente –hice una pausa- … de pena.

-Siempre estás a tiempo de ver si es verdad. Se puede intentar –estábamos a escasos centímetros y eso no me ayudaba en absoluto a mantener la mente despejada y mi concentración. Además, mis hormonas no tardarían mucho en tomar el control de mi cuerpo.

-¿Y si sale mal? –intenté separar, pero no me dejó- ¿Qué pasará entonces? Prefiero tener tu amistad a no tener nada en absoluto.

-No lo sabremos si no lo intentamos. Y Faith, sabes tan bien como yo que nunca hemos podido ser amigas y posiblemente nunca podamos… Siempre acabamos a golpes. ¿O ya no te acuerdas? –las dos nos reímos ante el último comentario.

-¿Qué diferencia hay entre ser amigas y ser amantes, o novias?

-Podremos encargarnos de esa tensión sexual que hay entre nosotras –movió las cejas sensualmente y me guiñó un ojo.

-Empiezas a hablar como yo. ¿Tengo que preocuparme? –negó con la cabeza.

-Me pregunto por qué –salvó la distancia, juntando nuestros labios durante unos segundos -¿Qué perdemos por intentarlo?

-¿En serio quieres que responda a eso? –alcé una ceja.

-Nope –me volvió a besar. Podría aficionarme a esto-, será mejor que entremos, ya es tarde.

-Espera –la cogí por el brazo- ¿qué pasa con tus amigos?

-¿Qué pasa con ellos?

-¿Se lo vas a decir? –nos señalé con el dedo al ver su cara de desconcierto- ¿no tendrán ningún problema? Porque no pienso ser tu secreto.

-No te preocupes por eso. No tendrán ningún problema.

-¿Cómo estás tan segura de ello? –era escéptica ante eso.

-Algunas personas pueden llegar a sorprenderte.

-Permíteme dudar eso…

-Ya lo verás –con un pico, se alejó, dirigiéndose a la puerta y la abrió.

Intentando asimilar todo lo dicho durante la noche, la seguí, entrando detrás de ella. Había sido una noche de lo más extraña, por no decir una locura. Buffy había pasado de profesarme puro odio a profesarme su amor abiertamente, literalmente. Sí, lo sé, suena muy cursi, pero es lo que hay. Después de darme una paliza y haberme dejado inconsciente, pasamos a follar en medio del cementerio, mientras caía un diluvio monumental sobre nosotras. La noche había sido cuanto menos surrealista. O al menos, así lo era hasta que entré detrás de ella.

-¡Mami! -¡¿Mami?

-¿Qué haces levantado a estas horas? –dijo cogiéndolo en brazos.

-No podía dormir y cuando he bajado a buscarte, no estabas.

-No hemos conseguido que volviera a dormirse –escuché decir a Red-, no hasta que volvieras tú.

-Ya veo… pues ale, a dormir que ya estamos aquí.

-¿Estamos? –preguntó el niño extrañado- ¿Quién?

-Sí, hay alguien que quiero que conozcas –Buffy se giró hacia mí, con un niño de no más de cinco años, moreno y con unos ojos de un verde esmeralda intenso.

-¡Tú! –dijimos a la vez.