CAPITULO 3: "Destiny"

(Flashback) Hace dos años…

-Esto es realmente aburrido. Esta silla es de lo más incómodo que se ha fabricado nunca, aunque es normal, ya que es aquí donde se sientan los alumnos y no tienen derecho a más… lo que no acabo de entender es qué coño hago aquí y por qué, si yo no he hecho nada. Eso sí, tengo que decir que estar mirando esas bolitas es muy relajante. Se me ha pasado casi todo el enfado, pero casi. Creo que tendría que aprender un poco mejor a controlar mi fuerza, pero… que quieres que te diga, es inevitable. Además, es problema suyo, y si no hubiese abierto esa bocaza que tiene, esto no habría pasado- Los intensos ojos verdes de la pelirroja seguían el compás de las bolas que tenía delante. Inclinada sobre la mesa y apoyándose con los codos sobre esta, esperaba aburrida su sanción correspondiente.

Después de una larga espera, por fin se abrió la puerta del despacho y por ella entró el director Walker con una carpeta de dimensiones considerables en sus manos y con cara de pocos amigos, que a ojos de la pelirroja, era demasiado grande como para ser su expediente, aunque luego recapacitó y se sintió orgullosa de él. Su calva relucía a causa de la luz artificial del despacho, que se asemejaba mucho a una bola de billar con mucho brillo.

La chica aguardaba expectante su sanción, aunque tenía una ligera idea de lo que podría esperarle una vez aquella bola de billar hablase.

Dtor. W: Esta vez se ha propasado señorita Bright.

D: Pero si no he hecho nada.

Dtor. W: Señorita Bright, no se pase de lista. Ha sido una acción grave. No, ha sido una acción muy grave por su parte y como comprenderá…

D: (Entenderá…).

Dtor. W: Se le va a sancionar…

D: Dígame algo que no sepa…

Dtor. W: ¡No sea insolente! Esta vez ha llegado muy lejos y no me deja otra alternativa que expulsarla de este instituto…

D: ¡Vaya novedad! Como si fuese la primera vez que me expulsa...

Dtor. W: ¡Ya basta! Esta vez es diferente. No podrá volver a pisar esta institución. Queda expulsada de por vida.

D: (¡Genial!) ¡¿Eso significa que no tendré que volver a verle el careto nunca más?

Dtor. W: ¡Salga de mi despacho inmediatamente!

D: Con mucho gusto. ¿Por cierto, nunca le han dicho que su calva parece una bola de billar?

Dtor. W: ¡FUERA!

D: Lo tomo como un no. ¡Have a nice day director Walker! ¡Hasta nunca!

La pelirroja salió corriendo del despacho del director Walker antes de que este se le echara encima como alma que lleva el diablo. Estaba claro que, después de aquel incidente, Patrick Stevenson no se iba a recuperar, pero a la pelirroja le daba exactamente igual. Él había sido el causante de todo el enredo, y si no hubiese metido las narices donde no le llamaban, ahora no estaría en ese estado. Además, se lo merecía. Ahora se sentía libre y sin ninguna obligación en cuanto a estudios se refería. Por supuesto, tenía más obligaciones, pero que solía llevarlas a cabo una vez la noche había caído, normalmente con la ayuda de su hermano pequeño Luke.

Mientras iba andando calle abajo no podía dejar de pensar en qué haría ahora. Tenía casi 19 años y no había acabado sus estudios –supongo que buscaré algún trabajo, no sé, no creo que sea tan difícil, al fin y al cabo no tengo nada mejor que hacer y encima me pagan por ello. En cierto modo, es una ventaja, aunque voy tener que seguir manteniendo al pesado de Luke… ¡tendrá morro!- que si lo pensaba bien, después de todo no era tan malo. Solían tener sus momentos malos, ¿sino, qué clase de hermanos eran? Aunque también tenían sus momentos buenos, como todos. Esto sólo era una fase más en su vida.

(Fin del flashback)

Unos penetrantes ojos azules verdosos la miraban intensamente y con locura, como si nunca antes la hubiesen observado con tanto detenimiento. Hacía tiempo que no lo hacían de esa manera y sinceramente, era algo que la pelirroja echaba de menos. La miraban de arriba abajo, examinándola escrupulosamente y con detenimiento, explorándola poco a poco para que ningún detalle se les pudiera escapar.

Una mano acariciaba dulcemente su sedoso pelo rojo. Pasando de arriba abajo y parando de vez en cuando cerca de la oreja, haciendo así que esta se estremeciera bajo el suave tacto.

La chica disfrutaba y se dejaba hacer. Hacía tiempo que no disfrutaba como lo estaba haciendo en ese momento y con su chica, que desde aquel fatídico 26 de diciembre, cuando las cosas se torcieron entre ambas y todo se fue al traste, jamás pensó que un encuentro como este volviese a tener lugar. Aunque había estado con muchas chicas desde que ella y la morena lo hubiesen dejado, lo que sentía cuando estaba con ella, no era comparable a ninguna otra relación que hubiese tenido.

También sabía, por mucho que luego le doliese, que iba a ser el último. El último de todo, de toda la historia que ambas habían compartido y que estaban compartiendo en ese instante. Era algo obvio, y que las dos sabían, por eso quería disfrutarlo al máximo. Era su despedida, ya que en pocas horas tendría que coger un vuelo con destino a Nueva York, la Gran Manzana.

Cerró fuertemente los ojos y arqueó la espalda, dejando la cabeza inclinada hacia atrás en el momento de más felicidad, que recorría en ese momento todo su cuerpo y cada parte de él, sintiéndolo en sus huesos y sin poder evitar el gemido que la morena arrancó de los labios de la pelirroja. Sus manos buscaban deseosas y ansiosas a su compañera, cualquier parte de ese apetecible cuerpo le servía para saciar su sed. Durante su camino de ascenso, encontraron unos sedosos y exuberantes pechos que, además de serlos para la vista de cualquiera que los admirara, eran como un manjar tanto para el tacto como para el gusto de quien pudiera probarlos. Los acariciaba tiernamente pero a la vez con pasión, haciendo que su compañera se estremeciera encima de ella. Necesitaba saborearlos una vez más. Hizo acopio de todas sus fuerzas y se echó hacia delante, donde la esperaban impacientes. Pero primero, subió y la besó tiernamente en la frente, y fue bajando poco a poco hacia sus dulces y sabrosos labios color carmín. Siguió bajando por el cuello, dejando en él pequeños besos, hasta bajar a esos sedosos pechos que tanto le gustaban. Posó unos tímidos labios en unos de los pechos, pudo notar como los pezones se endurecían al paso de su lengua, lo chupó y lo mordisqueó suavemente haciendo que su compañera se estremeciera, provocándole un gemido que fue directo a la oreja de la pelirroja. Seguidamente pasó al otro pecho y repitió lo mismo generando la misma reacción, dibujándosele así una sonrisa en el rostro.

Continuó su recorrido por el abdomen hasta llegar a la línea de la ropa interior, haciendo que se estremeciera todavía más, para entonces ya se habían cambiado las posiciones y ahora le tocaba a la pelirroja llevar el control. Posó unos tímidos besos y siguió bajando, mientras su compañera respiraba entrecortadamente y como buenamente podía, gimiendo cada vez más alto y provocando en la pelirroja, sensaciones que nunca antes había vivido.

La temperatura iba en aumento, notando cada vez más como sus cuerpos se excitaban a medida que avanzaban sus caricias. Sus cuerpos sudados y extasiados, se estremecían con cada roce, cada beso, cada respiración rozando sus pieles… sus manos recorrían sus cuerpos desnudos, explorando cada parte de ellos, aunque se los conocían muy bien, siempre quedaba algún lugar nuevo, inexplorado, esperando a ser encontrado.

Las horas pasaban y el fin de una noche inolvidable a la vez que perfecta llegaba. La pelirroja estaba tumbada boca arriba, su compañera estaba recostada sobre su pecho desnudo, apoyando la cabeza y descansaba plácidamente mientras esta la cubría con sus brazos, como protegiéndola, mientras Destiny pensaba en lo que le iba a deparar el día de mañana dejando toda su vida atrás durante unos meses. Se sentía cansada y agotada, pero todo valía la pena si había podido pasar una noche como esa junto a su chica. Estaba hasta las narices de esos estirados que nunca daban instrucciones claras y esperaban que obedeciera a la primera sin llevarles la contraria –si lo llego a saber, no me comprometo con ellos, porque para obedecer órdenes hubiese seguido en el instituto, además de que, yo soy un espíritu libre. A mí nadie me da órdenes y menos ellos. Cuando llegue a Nueva York y llamen para instrucciones ya les contaré donde se las pueden meter. Será mejor que me olvide del tema, porque después de la noche tan magnífica que he pasado, la voy acabar estropeando, por una tontería. Jamás pensé que esto pudiera volver a repetirse. Pero, sinceramente, ha valido la pena. Aunque no me apetece nada tener que dejarla aquí con mi hermano. Por lo menos, sé que se llevarán bien y sé que van a estar bien los dos juntos…-. Con estos pensamientos el sueño se apoderó de ella y el cansancio hizo por fin mella en ella. Se durmió junto a su compañera abrazándola.

(Flashback) Hace un año…

Podría decirse que la primera vez que la vio, en el que caso de que tuviese huevos, estos se le hubieran puesto de pajarita y cierta parte de su anatomía parecería la torre de pisa, pero por suerte, dependiendo del punto del que se mirase, lo que estaba a punto de reventar era la ajustada camiseta que llevaba con un escote de espanto, que podía vérsele hasta el ombligo –Es la última vez que le hago caso al estúpido de Luke. ¿Cómo se le ocurre embutirme en una camiseta tan sumamente ajustada para mi gusto? Es de locos. Si es que a penas puedo respirar con normalidad, ¡me va a dar un colapso! Con que ligaría con más chicas… ¡y una mierda! Lo único que estoy haciendo es el ridículo por llevar dos tallas menos que la mía, aunque tengo que decir que me hace un par que… mejor no sigo por ahí. Ya verás cuando lo coja…-. Entró directa al cuarto de baño y antes de abrir la puerta reparó en la presencia, al final de la barra, de una chica morena de pelo oscuro corto, tomándose una cerveza sola. Intercambiaron miradas durante una fracción de segundo, casi imperceptible para cualquiera que no fueran ellas dos. Tenía los ojos azules verdosos, labios sedosos y, aunque sin proponérselo, una mirada provocativa que hizo que a la pelirroja le subiera la temperatura desmesuradamente.

La pelirroja apartó rápidamente la mirada de aquella misteriosa chica, ya que no se hacía responsable de sus actos y entró apresuradamente en el baño a cambiarse la camiseta que, por suerte para ella, había sido precavida y había cogido otra de repuesto por si las moscas.

Una vez estuvo más cómoda, salió del baño y se dirigió hacia la barra. Necesitaba una cerveza y desconectar. No es que hubiese sido un día muy duro o cansado, simplemente no había pegado ni palo al agua ya que era su día libre. Pero aún así lo que necesitaba era desconectar del mundo real que la rodeaba y meterse en ese mundo, todo lleno de fantasía que tanto le gustaba. Un sitio donde poder evadirse de todo y de todos. Posiblemente esa noche tuviese trabajo, ya que el mal nunca descansaba y más si era ella quien tenía que pararlos. Pero por el momento no se estaba tan mal y la noche no había hecho más que comenzar.

Mientras estaba en la barra, echaba alguna que otra mirada furtiva a la chica de la barra, que de vez en cuando se las devolvía y mutuamente se desafiaban la una a la otra, para ver quien daba el primer paso. De toda la vida había sido una persona muy vergonzosa, o por lo menos así se veía ella además de muy introvertida y era incapaz de ser ella quien hiciera el primer movimiento o de presentarse a alguien. De ahí que le costase tanto hacer amigos. Cada vez que cambiaba de escuela, debido al trabajo de su padre, le costaba mucho adaptarse a los nuevos cambios que experimentaba en su vida.

Mientras estaba inmersa en sus cavilaciones, no notó la presencia de la chica que llamó su atención, justo a su lado, dándole un toque en el hombro.

S: ¿Está ocupado? –señaló el taburete al lado de la pelirroja-.

D: … ¿perdona?

S: Que si está ocupado.

D: ¡No! No, no está ocupado.

S: ¿Te importa si me siento? –le preguntó con una sonrisa de oreja a oreja-.

D: No, en absoluto. ¿Sueles venir mucho por aquí? No te había visto antes.

S: De vez en cuando. No me gusta mucho salir de noche, pero a veces necesito un respiro, desconectar de todo. ¿No te parece?

D: No podría estar más de acuerdo. (¡Qué mona!...) a mí me pasa lo mismo.

S: ¿Estudias o trabajas?

D: Estudiaba. Lo dejé hará ahora un año.

S: ¿Y eso?

D: Me echaron.

S: Vaya, vaya… ¿qué cuántos años tienes?

D: Ahora 20, pero repetí un año.

S: O sea, eras una de las chicas rebeldes del instituto ¿no?

D: Mmmmm podría decirse. Siempre he sido muy revoltosa, es lo que tiene.

S: Interesante…

D: ¿Y tú?

S: ¿Yo? Ahora mismo tengo 22, pero tranquila, que yo soy igual.

D: No te ofendas, pero… ya lo sabía.

S: ¿A si? ¿Y qué sabías?

D: Que eres igual que yo.

S: Y tú qué sabrás…

D: Mucho, ¿no lo ves? ^^

S: Mira tú la retaca esta…

D: ¿Algún problema?

S: Ninguno.

Mientras hablaba con la misteriosa chica, podía notar las mariposas que se le estaban formando en ese mismo momento en el estómago y cómo revoloteaban impacientes en el interior. Era una sensación que nunca antes había sentido por nadie. Tenía la sensación de que el tiempo parecía haberse parado única y exclusivamente para que ambas chicas pudiesen seguir hablando y conociéndose mejor, pero la pelirroja miraba el reloj y veía que llegaba la hora de irse y volver a casa, no sin antes haber dado un garbeo por el cementerio. Mañana le esperaba un día bastante movidito y cuanto antes se fuera antes llegaría a casa y antes se iría a dormir.

D: ¿Cómo has dicho que te llamabas?

S: No te lo he dicho.

D: Ya decía yo que algo se me estaba pasando…

S: ¿No vas a insistir?

D: ¿En qué?

S: En saber mi nombre.

D: No. Porque si insisto, no me dirás tu nombre, así que… cuando quieras ya me lo dices si eso, pero ahora mismo me tengo que ir que mañana trabajo. Ha sido una noche muy agradable. Encantada de no conocerte ^^

S: ¿De no conocerme? ¬¬'

D: Sí, que yo sepa no me has dicho tu nombre, con lo que no te conozco. Tiene sentido si lo piensas ¿no?

S: Puede… así que no vas a insistir ¿eh? Muy bien, pues insistiré yo.

D: Vale, me he perdido…

S: ¿Y tú, cómo has dicho que te llamabas?

D: Tampoco te lo he dicho.

S: ¿Y no vas a hacerlo?

D: Mmmmm deja que lo piense… no.

S: ¡Oh! ¡Venga ya! No es justo.

D: En esta vida nada lo es. Ya nos veremos.

Sin decir nada más, la pelirroja pagó su cerveza al camarero de la barra y salió del recinto de camino a casa. Hacía una noche tranquila y el cielo medio nublado, dejaba entre ver los rayos de una luna que en ese momento, era una luna llena. Mientras caminaba no notó que, su querida amiga del bar, había salido tras ella y la estaba siguiendo. Como era de costumbre, antes de irse a dormir, se pasaba por el cementerio a descargar un poco de energía y desfogarse después de un día duro de trabajo, aunque hubiese sido su día de descanso. Estar en el sillón la cansaba mucho.

Una vez dentro, estuvo paseando durante un rato. Sabía que había alguien siguiéndola, ya que no había sido muy cuidadoso que digamos, de mantenerse en silencio. Estaba esperando a que su perseguidor se delatara de una puñetera vez, ya que no tenía toda la noche. Dio la vuelta al tronco de un árbol y soltó un golpe al aire. Seguidamente, se encontraba encima de un rostro, que muy a su pesar, le era conocido. Una vez logró asimilar el rostro abrió mucho los ojos. No podía salir de su asombro.

D: ¡Tú! ¡¿Pero qué coño estás haciendo tú aquí? ¡¿Y por qué has estado siguiéndome?

S: Tenía curiosidad ^^

D: ¿Nunca te han dicho que la curiosidad mató al gato?

S: Pensaba que sólo era una leyenda urbana de estas que cuentan para que los niños no fisgoneen donde no deben. Pero no me cambies de tema, no me has dicho tu nombre.

D: Lo sé y no tengo intención de decírtelo.

La pelirroja le tendió una mano a la morena y la ayudó a levantarse del suelo. Una vez incorporada, echaron a andar por el cementerio dando una vuelta, vigilando el perímetro. Se había formado un pequeño silencio, roto sólo por el cantar de los grillos. Siguieron andando un par de pasos más, hasta que la morena decidió intervenir.

S: Pareces una chica muy rara.

D: ¿Yo? ¿Por qué? Además, ¿a qué viene esto? ¿Es por qué no te he dicho mi nombre?

S: Aparte, porque no es muy normal que una chica de tu edad, más bien, nadie, tenga por hobby pasearse de noche por un cementerio.

D: Es lo que tiene, sino no hay misterio. Aunque tampoco es muy normal que alguien como tú me haya estado siguiendo desde que dejé el bar hasta este cementerio. Así que no sé quién es más rara, si tú o yo por entrar en un sitio como este. Tú verás.

S: Ahora que lo dices, tiene sentido.

D: Todo lo que yo digo tiene siempre sentido ¿acaso lo dudabas?

S: Nos ha salido chula la niña, porque modestia no te falta guapa.

D: Es lo que tiene. ¡Agáchate! –Gritó de repente-.

S: ¡¿Qué?

D: ¡Qué te agaches coño! –La empujó tirándola al suelo-. Ya sabía yo que esta noche no me libraba ¿verdad?

V: ¡Cazadora!

D: ¡A ver si os aprendéis de una puñetera vez mi nombre!

V: ¿Eh? ¿Y cuál es?

D: Vaya vampiros de pacotilla estáis hechos ¬¬

S: ¿Tampoco se lo vas a decir a él?

D: Mantente apartada o tendremos que lamentar algún incidente innecesario.

S: Está bien…

La pelirroja se sacó del bolsillo interior de la chupa una estaca muy afilada, pero que no amedrentó al vampiro y estuvieron forcejeando durante varios minutos hasta que esta fue directa a su corazón convirtiéndolo en pura ceniza. Por segundo vez, volvió a brindarle la mano a la morena que estaba medio escondida detrás de una lápida, pero no que no se había perdido ningún detalle. Una vez estuvieron cara a cara, la pelirroja pudo fijarse en que esta había perdido todo el color y estaba completamente pálida. Poco a poco, una vez se le había pasado el susto, fue recuperando el tono de piel, que tampoco variaba mucho.

S: ¡¿Pero qué coño ha sido eso?

D: Eso te pasa por seguir a personas desconocidas y eso, para tu información, era un vampiro.

S: ¿Me tomas el pelo?

D: ¿Te crees que tengo cara de estar tomándote el pelo? Tengo cosas mejores que hacer.

S: Está bien. ¿Y cómo es que te conocía?

D: Es una larga historia…

S: Tengo toda la noche, y créeme que después de esto, me lo debes…

(Fin del flashback)

La mañana se levantó fría y bastante húmeda, aunque la pelirroja no se sentía de esa manera exactamente, más bien, todo lo contrario. No tenía mucha intención y sobre todo, ningún interés en salir de su cómoda y calentita cama, ni dejar a la chica morena con la que había pasado toda la noche. Pero después de haber estado cavilando durante 10 minutos, decidió levantarse. Tapó cuidadosamente a su compañera y le dio un tierno beso en la frente. Lentamente se fue vistiendo, ya que antes de irse a "dormir", se había dejado la ropa preparada para no tener que estar buscándola y de paso no despertar a su chica. Bajó a la cocina, se preparó un café bien cargadito para poder aguantar hasta subir al avión, cogió la maleta y echando un último vistazo a la habitación de su hermano pequeño, salió de casa.

Menos mal que había cogido su querida chaqueta de cuero negro que había heredado de su madre, porque nada más salir de casa se le erizaron todos los pelillos de la nuca del frío mañanero que le vino nada más pisar la calle. Cogió un taxi y se dirigió hacia el aeropuerto donde la estaba esperando su billete. Miró la hora –bueno… creo que voy bien de tiempo, me aventuraría a decir que incluso creo que es demasiado pronto, pero bueno… ahora ya no ha vuelta atrás. Por suerte no tengo que facturar, aunque posiblemente tendría que haberlo hecho, porque no voy a tener suficiente ropa ¡mierda! Ahora ya es tarde para volverme y para lamentarse, a lo hecho, pecho. Ya veré que hago cuando llegue allí, de momento preocuparme por subir a tiempo y dormir un poco.- Pagó al taxista, cogió la maleta y fue directa a su puerta de embarque después de haber cogido su billete en información. Estuvo esperando un máximo de treinta minutos y embarcó. Dejó la maleta arriba, cogió el mp3 y se lo puso, dejando que el sueño se apoderara de ella y en menos de cinco minutos se había dormido. Una vez todos los pasajeros hubieron embarcado, todavía tuvieron que esperar durante diez minutos más hasta que el avión despegara definitivamente dirección Nueva York.

(Flashback) Hace tres años…

Llovía. Era lo único interesante que había pasado en toda la tarde. Pero no sólo llovía, sino que estaba diluviando a mares. Inundando (todos) los garajes de todo el vecindario, parques, carreteras y todo lo que encontraba a su paso. Pero nadie se atrevía a salir de casa no fuera que se lo llevara el torrente de agua. No se había visto semejante diluvio en muchos años en Boston. Por suerte, la pelirroja y su hermano no tenían que salir de casa y sus padres, sino encontraban ningún problema, no tardarían en llegar a casa. Lo mejor de todo, que habían pasado toda la tarde solos, haciendo el vago como de costumbre, pero sin las constantes quejas de sus padres de si estaban estudiando o no o de si tenían que hacer esto o lo otro. Una tarde de paz y tranquilidad en la casa de los Bright.

L: ¿A qué hora vienen los papás?

D: No sabe no contesta. Ya llamarán ¿no?

L: También, pero es que tengo hambre y como comprenderás, el tiempo no es como para pedir un pizza.

D: Pues sí, yo también empiezo a tener hambre. Habrá algo en la nevera que sea comestible ¿no?

L: Digo yo…

Ambos hermanos fueron a la cocina. Tenían demasiada hambre como para esperarse a que llegaran sus padres. Aunque no era la primera vez que lo hacían. Luego recibían el sermón de sus padres por comer entre horas y luego no cenar, pero era algo a lo que ya estaban acostumbrados. Sus padres habrían ido al centro comercial y luego a ver una película como solían hacer normalmente algún que otro fin de semana, pero les habían dicho que cenarían en casa ya que no querían que sus hijos estuvieran más tiempo solos de lo que debían.

L: Mmmm no hay mucho que podamos comer –dijo con la cabeza metida dentro de la nevera- aunque nos podemos hacer algún apaño.

D: ¿Qué hay?

L: Pues… una loncha de queso un poco mustia, algo de lechuga, un tomate con no muy buena pinta y un yogur caducado.

D: Debe de haber algo más, digo yo.

L: Pues… yo no veo mucho más, a no ser que sea invisible.

D: Quita –empujó a su hermano fuer de la nevera- veamos… vale, aquí dentro no hay mucho más…

L: No me digas… ¬¬ eso ya te lo había dicho yo.

D: Cállate, a ver si hay algo en las estanterías –abrió las puertas- veo un bote de pringles…

L: ¡Eso es genial!

D: Palomitas, chocolate… mira en el congelador a ver si hay helado.

L: ¡Sí! –Abrió el congelador- ¡Si que hay! Helado…

D: Pues nada, ya tenemos cena.

Mientras preparaban el jugoso festín que se extendía ante sus ojos, el teléfono sonó. La pelirroja dejó las cosas en el banco apresuradamente haciendo que algunas cosas cayesen al suelo y saltando todos los obstáculos hasta la mesita donde se encontraba el aparatito y lo descolgó.

Cuando su hermano volvió de la cocina con los brazos completamente llenos de comida y andando haciendo malabarismos para que no se le cayera, observó como el rostro de su hermana perdía todo color del que había tenido y en sus ojos podía verse el miedo y la preocupación. La pelirroja colgó el teléfono y se dirigió a su hermano.

D: Coge tu abrigo, en cuanto deje de llover en tanta cantidad, nos vamos.

L: ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué ha pasado? Estás muy pálida.

D: Los papás han muerto. Tenemos que ir a identificarlos.

EL pequeño de los hermanos Bright dejó caer estrepitosamente todo lo que llevaba en los brazos, formando un gran estropicio, al cual ninguno de los dos prestó mucha atención. Se quedaron en silencio durante unos minutos, intentando asimilar la dura noticia que acababan de recibir. Eran incapaces de mover ni un solo músculo de todo su cuerpo, nada les respondía y estaban completamente paralizados por el miedo y cómo iban a lograr apañárselas solos sin sus padres. El tiempo parecía pasar realmente lento, demasiado para su gusto y el silencio los sobrecogía. No podían perder más tiempo. La pelirroja fue la primera en reaccionar. Cogió a su hermano y mirando por la ventana cogió ambos abrigos y salió por la puerta. Una vez fuera pudo darse cuenta de que no tenía coche, ya que se lo habían llevado sus padres, era incapaz de pensar con claridad. Notó como una lágrima solitaria bajaba por su mejilla y se perdía en el vacío. Se limpió e intentó pensar. Decidió que lo mejor sería ir caminando hasta la morgue, que no quedaba muy lejos del hospital. Intentar despejar la mente era lo mejor que podían hacer los dos hermanos. Ahora ya no tenían a nadie y lo mejor sería apoyarse el uno en el otro, aunque tenían algún pariente lejano, se las tendrían que apañar ellos solos. No sabía si lo iban a superar o no. Lo más probable fuera que no, pero no podían quedarse anclados en el pasado. Recordarlos era lo mejor que podían hacer por sus padres. Honrar su memoria. Llorarlos, respetarlos, admirarlos, echarlos de menos…, pero sobre todo, recordarlos.

(Fin del flashback)

Hacía ya un ratito que habían despegado del aeropuerto de Boston y no tardarían mucho en llegar a Nueva York. La pelirroja tenía la sensación de que no hacía ni cinco minutos que hubieran despegado, pero a los cinco minutos de haberse levantado, la azafata les estaba informando por megafonía de que estaban sobrevolando Nueva York y que fueran abrochándose los cinturones de seguridad y permanecieran en sus asientos. -¡¿Ya? ¡Pero si hace nada estábamos despegando! No, espera… me estoy olvidando de algo… ¡pero si me he sobado!- la azafata interrumpió sus pensamientos.

A: Señores pasajeros, en breves momentos tomaremos tierra. Por favor, manténgase en sus asientos y no desabrochen sus cinturones, gracias.

Una vez ya en tierra, sintiendo el aire fresco de la mañana, empezó a despejarse e inspiró profundamente aquel aire mañanero que inundó sus pulmones llenándolos de vida. Se dirigió hacia dentro, cogió su maleta y con la dirección de adonde tenía que dirigirse, cogió un taxi y se la dijo al conductor.

(Flashback) Hace año y medio…

Había pasado algo más de un año desde el fatídico accidente que se llevó las vidas de sus padres. Poco a poco, todo había ido volviendo a la normalidad. Luke seguía con sus estudios y yendo al mismo instituto, todo lo contrario a su hermana Destiny, que había sido expulsada desde hacía unos pocos meses y ahora gozaba de esa "libertad" que tanto había ansiado y un trabajo, pero este no tanto. Además de que tenía en quien apoyarse, aparte de su hermano, cuando flaqueaba y quien sabía, junto con Luke, su secreto mejor guardado.

Shane. Toda su vida giraba en torno a la suya y en torno a la morena de ojos azules verdosos. Desde que la conoció aquella noche en el bar, no se habían separado ningún día. Y fue entonces cuando Shane había descubierto, bueno más bien, lo había comprobado en carnes propias a lo que se dedicaba la pelirroja, de una forma, que jamás olvidaría.

Ahora, cada noche, salían los tres juntos en busca de pelea, aunque normalmente, solían salir Shane y Destiny, quienes, a parte de ir de caza, disfrutaban de un tiempo a solas, siempre y cuando el pesado de Luke no fuera con ellas.

L: ¿Qué, esta noche salimos a patear algún culo de vampiro?

D: ¿Nunca te cansas?

L: Más bien no.

S: Podemos hacer una ronda, aunque sea…

D: Pero es que estoy cansada, jope…

S: Des… no me seas vaga.

D: Pero…

S: Sin peros.

D: ¡Jopé!

S: Hay veces que no te entiendo, pero si te encanta salir y patear los culos de los vampiros.

D: Ya lo sé, pero es que estoy muy cansada y no me apetece salir, y por una noche no creo que pase nada.

S: Es sólo una ronda. Haz un pequeño esfuerzo, que aunque sea una noche solamente, puede pasar algo y luego lo lamentarás.

D: Que remedio…

L: Eres mi heroína. No sabes lo mucho que te admiro, eres la única que ha conseguido que Des haga caso a alguien con tan sólo decirle que lo tiene que hacer.

D: (Además de muchas cosas más…). ¿Por qué no cierras esa bocaza que tienes?

L: ¿Y si no quiero? ¿Qué vas a hacerme?

D: Para empezar te callaré a golpes y luego ya pensaré en algo para hacerte, no te preocupes…

S: Haya paz…, nadie va a cerrar nada a nadie ¿entendido?

D: Si…

S: Y tú –dijo dirigiéndose a Luke- deja de hacerle la puñeta a tu hermana.

L: Está bien…

S: Así me gusta. Haremos una ronda corta. Así tú –dijo a Luke- podrás salir de caza por un rato y tú –dijo ahora para Destiny- sólo estarás por un rato corto –le guiñó un ojo- y así, todos contentos.

L: Por mi está bien.

D: (Será pelota… ¬¬) que remedio…

Mientras Luke iba por algunas estacas y alguna que otra arma de repuesto para los tres, las dos chicas pudieron quedarse cinco minutos escasos a solas.

D: ¿Por qué siempre se tiene que salir con la suya? ¿Y por qué siempre lo favoreces tanto?

S: Es tu hermano pequeño, entiéndelo. ¿O es qué acaso estás celosa?

D: ¿Celosa yo? ¿De quién, de ese renacuajo? Pues no te queda…

S: Jajajaja

D: Deja de reírte, que a mí no me hace nada de gracia. ¿Y por qué tiene que venirse siempre, sin excepción?

S: No seas tan egoísta. Luego estamos solas todas las noches sin excepción.

D: ¿No te has dado cuenta de que siempre está con nosotras? ¡Si es que parece una lapa! ¿Te acuerdas de cuándo fue la última noche que salimos las dos solitas a cazar? Porque yo no…

S: Pues… la verdad es que yo tampoco. Pero no le des más vueltas. Es tu hermano pequeño y es muy normal, además de que te quiere mucho.

D: No sé cómo consigues convencerme…

S: ¿Te lo tengo que explicar? –Le metió la mano dentro de los pantalones- ¿O empiezas a captar el mensaje?

D: Mmmmmm

L: ¡Ya estoy preparado! ¿Nos vamos?

Ambas dieron un respingo al oír la voz del hermano pequeño de la pelirroja cuando entró en la cocina haciendo así que la morena sacara la mano rápidamente de los pantalones de su compañera quien soltó un quejido de resignación.

(Fin del flashback)

Cuando bajó del taxi se encontró con una ciudad bastante diferente de Boston. Le habían dicho muchas cosas acerca de la ciudad de Nueva York, todas ellas muy buenas, pero jamás habría podido imaginar lo fantástica y mágica que podía resultarle. Aunque ambas ciudades era grandes, su ciudad natal no era nada en comparación a la Gran Manzana.

Se sentía cansada. No entendía muy bien porqué la habían hecho levantarse tan pronto si de Boston a Nueva York no había tanta distancia como desde la costa oeste. Había madrugado demasiado en vano y no es que hubiera descansado mucho durante el viajecito en avión. Cogió la maleta y andando pesadamente se dirigió hacia el edificio que tenía delante.

Una vez se encontró frente a la puerta, la abrió. Se encontró con un escenario que jamás hubiera podido imaginar y que no era muy habitual encontrarlo en una casa normal y corriente. Nada más entrar había lo que hacía unas horas, había sido un charco de sangre bastante grande, ahora ya seco. Un poco más allá había una maleta llena de ropa y toda desordenada, con alguna que otra prenda esparcida por el suelo. –Mmm parece que no voy a estar sola como yo pensaba. Tengo curiosidad por saber quién es mi compañera –en ese momento había cogido una de las braguitas de la rubia y la miraba bastante emocionada- parece bastante… mmm ¿cómo decirlo? ¿Provocadora? Sí, esa sería la palabra. Aunque la mancha de sangre que hay en la entrada me pone los pelos de punta, a pesar de que ya esté acostumbrada.- Siguió andando hasta que llegó al dormitorio donde siguió curioseando.

Más sangre. Eso fue lo primero con lo que se encontró cuando dirigió su curiosa mirada hacia la cama de matrimonio enfrente suya. Pero más que la sangre fue la cama lo que más captó su atención –empieza a gustarme esto de mudarme por unos días a Nueva York, porque veo que no voy a pasar frío por las noches…- dejó la maleta al lado de la cama y sin darse cuenta se puso a curiosear por toda la casa. Se metió en el baño, pero para su desgracia, no había nada interesante. Estaba rebuscando dentro del armario, cuando la puerta principal del apartamento se abrió y entraron por ella dos chicas discutiendo por algo.

B: No, Faith, te digo yo que no es así.

F: ¡¿Qué sabrás tú? ¿Acaso has estado allí?

B: No…

F: Pues entonces no me rebatas. De las dos, la única que ha estado allí soy yo.

B: Pero mira que eres cabezota.

F: No, la cabezota eres tú ¬¬

B: Como veas…

F: ¡Déjame en paz!

Entraron con la pequeña mochila de la morena en la mano y cerraron. La pelirroja no había escuchado la puerta y seguía rebuscando en el armario como si nada hubiera pasado. Cuando las chicas entraron, la rubia reparó en la maleta que había al lado de la cama mientras que la morena estaba mucho más interesada en la cama de matrimonio delante de ella, ideando cómo dormiría junto a la rubia sin que se supieran sus intenciones. Pensando que Faith también había visto la maleta se lo comentó.

B: ¿Has visto eso?

F: Sí –la morena no cabía en sí de la emoción que sentía-.

B: ¿Y qué vamos a hacer?

F: Se me ocurren varias ideas –puso una mueca maliciosa-.

B: ¿Sí? ¿Cómo cuáles?

F: Eh… pues… -se puso como un tomate- nada.

B: ¿Te pasa algo? Estás tú muy rara desde que hemos entrado en el apartamento…

F: ¿De qué estábamos hablando? –Se le había ido el santo al cielo-.

B: ¡De la maleta esa que está ahí! ¿Pero en qué mundo vives?

F: ¿Qué maleta?

B: ¡Esa que está al lado de la cama!

F: Aaaaaaaa ¡de eso!

B: ¿De qué pensabas que estaba habla…? –Reparó en lo que se había fijado la morena y se puso como un tomate-.

Se oyeron ruidos provenientes de dentro del armario y una cabeza pelirroja se asomó por la puerta abierta y las miraba extrañada.

D: ¿Quiénes sois?

(Flashback) Hace un año…

S: ¡Es increíble!

D: Ya lo sé. Estuve mucho tiempo intentando asimilarlo.

S: ¡Es increíble!

D: ¿No sabes decir nada más? Qué pena de vocabulario…

S: Es que sigo sin creérmelo ¿qué quieres que te diga?

D: "Increíble…" –le hizo burla-.

S: Mira tú qué graciosa… -dijo sarcástica la morena- pero te recuerdo que me acaba de atacar un vampiro en un cementerio. Tú estarías igual.

D: Eso es problema tuyo, sino no haberme seguido.

S: No, si ahora voy a tener yo la culpa. Por cierto, ¿podemos salir de aquí? Esto me pone los pelos de punta…

D: Jajajajaja claro, vamos.

Salieron andando lo más tranquilamente que pudieron de aquel cementerio, después del susto, de vuelta a la civilización. Sus manos rozaban al compás de sus pasos y las dos se alegraron de que todo estuviera oscuro, ya que a ambas, el rubor le llegaba hasta las orejas y sonreían como embobadas.

S: ¿Por dónde vives?

D: No muy lejos de aquí ¿y tú?

S: A dos o tres calles del bar, ahora no me acuerdo muy bien.

D: Entonces bastante cerquita de mi casa (aunque no sé si alegrarme o no…).

S: Eso parece. ¿Te apetece que volvamos al bar?

D: Vale, pero ya se está haciendo tarde, no me puedo quedar mucho rato, que he dejado solo a mi hermano.

S: Sin problemas.

Una vez fuera ya del cementerio siguieron andando de camino al bar. La pelirroja podía sentir como su corazón desbocado latía fuertemente en su pecho y retumbándole en su mente, apunto de salírsele, mientras la adrenalina corría por sus venas, sintiéndose incapaz de contenerse por mucho tiempo. La morena se sentía de la misma manera que su compañera, le faltaba poco para abalanzarse sobre la pelirroja y hacerla suya allí mismo. Finalmente Destiny se paró en seco sin decir nada.

S: ¿Te pasa algo? Estás un poco rara…

Guiándose por su instinto y sus sentimientos en ese momento, la pelirroja se abalanzó sobre la morena, quien en vez de apartarse, le siguió el juego y acabaron las dos en la pared en un apasionado beso. Cuando ya no podían seguir prolongándolo, casi ahogándose se separaron y mirándose, se acercaron un poco más la una a la otra. Podían sentir sus agitadas respiraciones en sus cuellos, haciendo que la excitación se acrecentara en exceso. Irradiaban felicidad, y aunque todo estuviese oscuro podían entrever la una en la otra las sonrisas de felicidad que se les habían dibujado en los rostros.

Sus manos recorrían entre ansiosas e inquietas aquellos cuerpos que les eran completamente desconocidos y lo único que deseaban era sentir el calor que estos desprendían. Deseaban explorar las zonas que hacían que cuando apenas se rozaban sus dueñas temblaran y gimieran de placer. Volvieron a fundirse en un beso todavía más apasionado que el anterior, casi estallando de excitación y de pasión que apenas pudieron contener un estremecimiento por parte de las dos chicas haciendo así que sus ropas se desprendieran ahora de sus cuerpos desnudos, para acabar en el máximo de los placeres que ninguna de las dos pudiera haber disfrutado anteriormente.

(Fin del flashback)