Capitulo 6: "O'Halley"

Habían tenido que volver a la librería especializada, lo cual no les había hecho mucha gracia que dijéramos, ya que no estaban muy por la labor de tener que andar mucho. Era irónico, ellas eran las cazadoras y las que debían luchar contra los vampiros, monstruos, y un largo etc.… pero eran incapaces de andar varios metros hasta cualquier sitio. El libro que habían cogido no tenía nada acerca de los vampiros que estaban buscando, los O'Halley. Aunque sí que tenía alguna que otra pincelada sobre vampiros, pero no los que tenían en mente. Les había dado ideas bastante interesantes e ingeniosas de cómo matar a un vampiro, aunque estaban muy seguras de que no les iban a servir de mucho contra el clan de los O'Halley.

Antes de irse revisaron todos los libros que habían cogido por encima, sólo por si las moscas, por si se les había pasado algo por alto, y no lo habían visto. Se aseguraron de que éstos, sí que dieran alguna información sobre la familia de vampiros que buscaban. Aún así, decidieron que lo mejor sería preguntarle al dependiente por si tenía uno mejor o alguno que se les hubiera pasado. Pero para su desgracia el dependiente no es que tuviera mucha idea sobre el tema y no supo decirles nada, ya que ni siquiera había oído hablar de ellos. Además de que desconocía la existencia de los que se habían llevado , así que no se fueron con las manos vacías.

La morena hacía todo lo posible para que no se le notara lo traicionada y dolida que se sentía pro dentro; aún podía notar ese puñal trapero que la pelirroja le había clavado a traición. Por que había sido ella la que se había insinuado a Buffy y ella se había dejado llevar, aunque eso no significaba que se librara de toda culpa. Pero lo último que quería era que la rubia le preguntara porqué estaba así o porqué se había vuelto a enfurruñar, por eso la ignoraba todo lo que podía e intentaba, poco a poco, día a día, olvidarla.

¿Realmente tenía que olvidarla? ¿Había llegado a haber algo más entre ellas? ¿O había sido todo un simple reflejo de una amistad que hubo tiempo atrás y que nunca volvería a ser lo mismo? Sacudió la cabeza e hizo que todas esas preguntas se le esfumaran momentáneamente de su mente. Empezaba a tener dolor de cabeza.

Cuando Buffy le preguntó aquel día, porqué se había ido así del cine, tan repentinamente, le había dicho que no se encontraba muy bien y que necesitaba que le diera el aire. Que no era del todo mentira, ya que le había dicho la verdad, sólo que ocultando ligeramente algunas pequeñas cosas. La verdad es que sí que necesitaba un respiro después de lo que había visto.

Una vez ya en casa, con todos los libros que necesitaban y ya revisados, descansaron durante un ratito para luego ponerse a buscar la información. Decidieron que, más tarde, llamarían a Sunnydale para ver si les podían echar una mano en la búsqueda de los vampiros.

Una hora más tarde, ya estaban las tres, cada una con un libro entre sus manos, papel y un lápiz, dispuestas a apuntar todo lo que fueran encontrando sobre el clan. Se pusieron manos a la obra, centradas en lo que estaban haciendo y muy cuidadosas de que no se les pasara nada por alto. El silencio que se formó en el apartamento las absorbía cada vez más en sus pensamientos y en sus apuntes. El rasgar de los bolis en el papel y en pasar de las hojas era lo único que rompía este silencio.

De vez en cuando, Faith levantaba la vista y veía, para su desgracia, como Destiny y Buffy jugueteaban con sus manos despreocupadamente, mientras sus miradas estaban fijas en sus libros. Esto la ponía enferma y volvía la vista, otra vez, a su libro y seguía buscando. Era algo que no podía soportar. Volcó toda su atención en la información que el libro le ofrecía y se fijó en los mediocres apuntes que tenía que, desgraciadamente para ella, ya sabía.

F: ¡Aquí no hay nada! –se quejó entre desesperada y malhumorada. Lo único que la medio alegró fue que rompió el contacto que tenían las otras dos, haciendo que se fijaran en ella. Una media sonrisa se dibujó en su rostro- ¡Es como buscar una aguja en un pajar!

D: La verdad, y no suelo estar muy de acuerdo con ella, es que tiene razón…

F: (¡Puta… cómo te odio!) ¿Tampoco habéis encontrado nada?

B: No… -la morena bajó la mirada. No soportaba que Buffy la mirase de esa manera, la estaba poniendo nerviosa-. Pero tiene que haber algo, en los índices sí que salen…

F: ¡Hey! ¡Esperad! Creo que he encontrado algo. No está completo, porque parece que le hayan arrancado alguna que otra hoja y algunos trozos están borrosos y tampoco empieza desde el principio, pero algo es algo. Dice así […]. En aquel palacete todo era de lo más antiguo. Incluso la gente que allí vivía lo era. Claro estaba, si contamos con que eran gente, si es así como se les podía clasificar de esa manera, que habían vivido en la época del Renacimiento.

Aunque, si realmente te fijabas bien en los pequeños detalles, parecía que los años no pasaran por ellos. Siempre tan bellos, siempre tan apuestos. Lucían sus jóvenes rostros siempre que podían, incluso aquellos que no lo eran, podían pasar perfectamente por gente mucho más joven; de un color marfil y tan fríos como el glaciar. Características muy comunes si se trata de vampiros. –Las otras dos escuchaban con mucha atención a las palabras que decía la morena, casi sin mover ni un solo músculo de todo su cuerpo. Faith continuó-. Estaba claro como eran los vampiros, para la gente que haya tenido la oportunidad de ver alguno y haya sido capaz de contarlo siendo aún un humano. Posiblemente, esta gente, sólo tenga una vaga idea de cómo son en realidad. Pero, volviendo a la familia O'Halley, o a los pocos miembros que quedaban entonces, era una familia completamente diferente a todo lo visto anteriormente, en lo que se refiere a clanes de vampiros. Era una familia de lo más peculiar, pero sobre todo, era de lo más especial.

Era un clan ancestral que se remontaba hasta la época Romana. Fue entonces, cuando el primer O'Halley apareció y se dejó ver. Fue una época dura para ellos, ya que, debido a un descuido, casi quedan extinguidos, quedando así, un solo miembro. Richard O'Halley.

Desde la tragedia que sufrió su clan en la época Romana, intentó pasar desapercibido durante muchos años, fortaleciéndose tanto psíquica como físicamente, recogiendo conocimientos de todo tipo y de todo el mundo, incluso hasta mágicos. Ya no sólo tenía la fuerza sobrenatural con la que cuenta un vampiro, sino que además contaba con unos conocimientos muy elevados en magia. Proveniente de familia irlandesa, viajó, en pleno apogeo del Renacimiento, hasta el continente americano, instalándose así, en 1526. Se dirigió hacia el noroeste del país. Viajó por todo el país y llegó hasta el noreste. Primero en Boston para, años más tarde, hacia 1540, trasladarse a la ciudad de Nueva York.

Durante más de catorce años, estuvo viajando por toda América, incluyendo América del sur y Centroamérica. Matando aquí y allá y haciendo nuevas amistades, las cuales, siempre estarían endeudados con su clan. Pero fue en la ciudad de Nueva York, donde Richard, decidió aumentar su familia, ya que se encontraba muy cómodo viviendo en la Gran Manzana, y se instaló, definitivamente, en 1600. Para entonces, el clan O'Halley contaba ya con seis miembros que se salían de lo sobrenatural.

Como ya he dicho antes, esta familia no tenía nada de normal dentro de toda su rareza. No eran vampiros muy corrientes que digamos. Tenían, por así decirlo, una especie de don que se transmitía en la conversión. Esta era la característica común a […] –las otras dos chicas la miraban fijamente esperando a que acabara la frase que se había dejado a medias-. Lo siento chicas, pero este es uno de los trozos que faltan. Aunque hay algunas líneas más abajo. […] Además de esta característica común que los hacía ilocalizables a los ojos humanos, cada uno tenía una que los hacía especiales, ya que nunca se repetían […]. Aquí faltan varias hojas enteras. –Pasó el resto en busca de más, pero eso era todo lo que tenían hasta entonces-. No, definitivamente no hay más… ¿qué, cómo os quedáis?

Ninguna de las otras dos respondió. Aunque, siendo sinceras, ninguna sabía qué decir ante todo lo que acababan de escuchar. Vale, su historia era mucha, pero la información clave que necesitaban no estaba. Y como si Faith les hubiera leído la mente, dijo lo que todas estaban pensando en ese momento.

F: Creo que han sido ellos los que han arrancado las hojas que nos faltan. –Las otras dos asintieron-.

(Librería especializada, Nueva York)

Llamaron a la puerta, pero nadie fue a abrir. Probó con el timbre. Silencio. Seguía sin haber respuesta alguna. Fue a llamar más fuerte cuando la puerta se abrió sola. Entró despacio y a tientas, ya que estaba todo completamente oscuro y no se podía ver nada. Dio un paso más, tropezando con algo y cayendo de bruces encima de algo blando y mojado.

Las luces se encendieron de repente, cegándolo por completo. Cuando pudo enfocar la vista correctamente vio que todo estaba tirado por el suelo. Había libros destrozados por todas partes, los tarros esparcidos por todo el suelo con lo que había en su interior desparramado. Se habían llevado todas las armas de la pared y las estanterías estaban volcadas. Todo un caos. La habían saqueado por completo.

Cuando volvió la vista hacia el suelo, un grito ensordecedor y horrorizado salió por su garganta, alertando de inmediato a los viandantes que andaban cerca de la tienda. Al escuchar a alguien gritar, entraron atropelladamente sin pensárselo dos veces y sin importarles lo que pudieran ver. Pero cuando vieron la escena ante ellos, sus caras se volvieron completamente pálidas, horrorizadas por lo acaecido en la biblioteca de la zona.

(Sunnydale, California)

D: ¡Ya estoy en casa! –Dejó pesadamente la mochila al pie de las escaleras y se dirigió al salón, donde estaba Tara hablando por teléfono-.

T: Sí, sí… muy bien, ahora mismo nos ponemos. Cuando tenga algo ya os llamo. Adiós –colgó-. ¿Qué tal el colegio Dawnie? –Escribió algo en un trozo de papel y se dirigió a la pequeña de los Summer-.

D: Bien… aburrido, lo de siempre, ya sabes. ¿Con quién estabas hablando?

T: Con Buffy y las chicas.

D: ¡¿Y cómo es que no me has dejado hablar con ella? –parecía que se le fuesen a salir los ojos de las orbitas-.

T: Dawn, cariño, ahora no era un buen momento. Necesitan toda nuestra ayuda con los vampiros a los que se tienen que enfrentar…

D: ¿Era eso lo que has escrito en el papel?

T: ¿Qué papel? –lo guardó disimuladamente en su bolsillo. Más tarde lo necesitaría-. No he escrito nada, pero ahora que lo dices tenemos que apuntarnos el nombre que me han dicho.

D: ¿Y cuál es?

T: O'Halley –dijo escribiéndoselo en un trozo de papel-.

D: ¿O'Halley? ¿No es un apellido irlandés?

T: Sí, así es.

D: ¿Sólo hay uno?

T: No. El primero sí que es originario de Irlanda, pero el resto fueron todos transformados en Nueva York, y alguna más que otro habré por el país. Se ve que se extinguieron en la época Romana. Mejor dicho, estuvieron apunto.

D: Ahhhh… ¿te han dicho de dónde sacaron la información?

T: Sí, y creo haberlo visto en la librería de The Magic Box. Después de comer iremos y lo buscaremos, porque me suena mucho ese libro.

D: ¿Eso significa que voy a ayudaros?

T: Sí, claro. Pero esperaremos a Will. No creo que tarde mucho.

D: ¿Quieres que vaya haciendo la comida? Te veo un poco cansada…

T: Me harías un gran favor, ¿no te importa?

D: No –dijo sonriendo- sólo estamos tú, Will y yo ¿no?

T: Sí…

D: Muy bien –y se fue dando saltitos hacia la cocina-.

La bruja se sentó en el sofá. O'Halley. Se repetía una y otra vez el nombre en su cabeza. Tenían un serio problema con ese clan de vampiros, y no tenía ni idea de cómo iban a poder ayudar a las chicas a resolverlo. Le habían dicho que algunas de las hojas del libro que habían encontrado en la librería de Nueva York faltaban y otras estaban rotas, además de que eran las partes esenciales para poder derrotar a los vampiros o tener un poco más de información que ayudase. Aunque a Tara no le hacía falta buscar el libro en The Magic Box; ya había oído hablar del clan O'Halley, sólo que con otro nombre distinto, y sabía perfectamente lo que faltaba.

Necesitaba que llegara Willow y hablar con ella lo antes posible antes de poder hacer nada más o decírselo a las chicas. Había sido incapaz de decirles nada. Lo último que quería era desanimarlas. Sabía perfectamente que ellas conocían el riesgo y que no iba a ser tarea fácil despachar a todo el clan, y más ahora que parecía que salieran uno de cada esquina.

Tenía muy claro que la información que Willow poseía no era tan extensa como la suya, algo bastante raro tratándose de la pelirroja, ya que era normalmente ella la que lo sabía todo, pero sí que podría ser de ayuda. Mientras seguía divagando sobre su problema existencial, Willow apareció por el marco de la puerta del comedor. Tara estaba tan absorta en sus pensamientos que no se había dado cuenta ni de la puerta ni de la presencia de la pelirroja que le dirigía una sonrisa de oreja a oreja.

Cuando la rubia levantó la cabeza y la miró, a su compañera se le borró inmediatamente la sonrisa de la cara. Era como si le hubiesen tirado un cubo de agua fría por encima. Lo que más le dolía era que su chica no transmitiera esa felicidad que la caracterizaba. Tara le entregó el papelito que había escondido de Dawn a su novia, que le devolvió la mirada preocupada. Tenían un serio problema.

(Apartamento cazadoras, Nueva York)

F: ¿Y bien? ¿Qué te ha dicho Tara? ¿Sabe algo?

B: Willow todavía no había vuelto y Tara tampoco sabía muy bien que hacer. Me ha dicho que cuando acaben de comer irán a The Magic Box. Cree que ha visto el mismo libro en la tienda y puede que encuentre los trozos y hojas que nos faltan a nosotras. Lo mejor será que sigamos buscando en los otros que nos hemos traído.

F: Muy bien.

D: Manos a la obra.

Durante lo que les quedaba de tarde, estuvieron leyendo y buscando en los libros que les quedaban, apuntando alguna que otra cosa de relevancia. Pero en el que estaba la mayor cantidad de información era en el que había encontrado Faith. En el resto. Sólo hacía que repetir lo que ya sabían o bien sobre vampiros corrientes; o alguna que otra pincelada, sin relevancia, de la familia O'Halley.

Hartas y ofuscadas por no encontrar nada de utilidad, cerraron los libros con un golpe sordo y maldiciendo por lo bajo, se levantaron del sofá y se estiraron. Se habían quedado atrofiadas y les dolía todo. Aunque ninguna lo dijera en voz alta, todas estaban pensando lo mismo, estaban realmente jodidas. No tenían mucha información y empezaba a entrarles el canguelo.

Mientras la morena se duchaba y de paso se relajaba un poco, Destiny aprovechó que no estaba para "acercarse" a la rubia. Cada oportunidad que tenía de estar a solas con Buffy la aprovechaba al máximo y más si esta se dejaba y no la rehuía. Oportunidades como esa eran escasas, además de que Faith hacía lo mismo cuando la pelirroja no estaba, o al menos, eso pensaba ella.

Se posicionó detrás y la agarró por la cintura, acercándola y estrechándola hacia sí. La volvía loca sentirla tan cerca de sí. Notaba el calor que desprendía y la suavidad de su piel. Era algo que podía con ella. Buffy se giró y se quedó de cara a ella, observándola detenidamente. Un impulso la obligó a acercarse a ella y unir sus labios en un tierno beso. Se separaron durante un par de segundos, se miraron y volvieron a juntar sus labios. Empezaban a notar como sus cuerpos les pedían más e instintivamente se dirigieron a la habitación.

Cuando Faith salió del baño se dirigió a la habitación con la toalla alrededor de su cuerpo y con el pelo chorreándole por los hombros. Pero antes de llegar a abrir la puerta, unos gemidos salieron flotando y llegaron hasta sus oídos, perforándole el cerebro. Si en el cine se sintió traicionada, en esos momentos no había palabra alguna que reflejase como se sentía por dentro. Sin pensárselo dos veces, cogió sus pantalones de cuero negro que había llevado ese mismo día, una camiseta de manga corta blanca y por supuesto, su chupa de cuero negra. Se vistió, se puso sus botas, cogió su estaca y algo de picar y salió por la puerta dando un fuerte portazo.