Capitulo 7: "Ven y sálvame esta noche"

I'm alone…

Estoy sola…

Yeah, I don't know if I can face the night

Sí, no sé si podré enfrentarme a la noche

I'm in tears and the cryin' that I do is for you

Estoy en un mar de lágrimas y el llanto que tengo es por ti

I want your love – let's break the walls between us

Quiero tu amor – rompamos las barreras entre nosotras

Don't make it tough – I'll put away my pride

No te resistas – dejaré mi orgullo a un lado

Enough's enough I've suffered and I've seen the Light

Es más que suficiente, he sufrido y he visto la luz

Baby, you're my angel

Pequeña, tú eres mi ángel

Come and save me tonight

Ven y sálvame esta noche

Baby, you're my angel

Pequeña, tú eres mi ángel

Come and make it all right

Ven y hazlo bien

Don't know what I'm gonna do

No sé lo que voy a hacer

About this feeling inside

Con este sentimiento dentro de mí

Yes it's true – loneliness took me for a ride

Sí es verdad – la soledad me ha llevado a dar un paseo

Without your love – I'm nothing but a beggar

Sin tu amor – no soy nada sino un mendigo

Without your love – a dog without a bone

Sin tu amor – un perro sin su hueso

What can I do? I'm sleeping in this bed alone

¿Qué puedo hacer? Estoy durmiendo en esta cama sola…

Baby, you're my angel

Pequeña, tú eres mi ángel

Come and save me tonight

Ven y sálvame esta noche

Baby, you'remy angel, yeah

Pequeña, tú eres mi ángel, sí

Come and make it all right

Ven y hazlo bien

Come and save me tonight

Ven y sálvame esta noche

You're the reason I live

Eres la razón por la que vivo

You're the reason I die

Eres la razón por la que muero

You're the reason I give

Eres la razón por la que doy

When I break down and cry

Cuando me derrumbo y lloro

Don't need no reason why

No necesito un porqué

Baby, baby…

Pequeña, pequeña…

Baby, you're my angel

Pequeña, tú eres mi ángel

Come and save me tonight

Ven y sálvame esta noche

Baby, you're my angel

Pequeña, tú eres mi ángel

Come and make it all right

Ven y hazlo bien

Come and save me tonight

Ven y sálvame esta noche

Come and save me tonight

Ven y sálvame esta noche

Come and save me tonight

Ven y sálvame esta noche

Come and save me tonight

Ven y sálvame esta noche…

Odio. Ira. Traición. Inseguridad. Miedo. Pérdida. Todas estas sensaciones recorrían todo su ser, atormentándola y carcomiéndola por dentro, sin poder hacer nada al respecto. Se sentía perdida y no sabía qué hacer con todos los sentimientos que la sobrecogían en ese momento.

Sentada sobre una tumba, Faith intentaba poner en orden todos sus pensamientos que pasaban por su cabeza. Unos entrelazados con otros y haciéndose un lío en su mente. Aunque lo único que conseguía con ello era que el dolor de cabeza que empezaba a tener empezara a incrementarse y fuese más fuerte. Se dio por vencida y se levantó. Necesitaba estirar un poco las piernas, se le habían quedado dormidas de estar tanto rato parada en el mismo sitio y de paso despejar la mente. Con su estaca en la mano y escuchando a su grupo favorito de música. Se adentró más en el cementerio. Era lo único que la tranquilizaba en ese momento.

El reloj de la iglesia dio las doce. La morena levantó la vista al cielo. Llevaba al menos cuatro horas fuera del apartamento. Pero cuando escuchó a Destiny y a Buffy haciéndolo sin ningún tipo de tapujos, no pudo evitar el arrebato de ira y odio que le dio, y hecha una furia se había ido dando un portazo.

Dio varias vueltas por la ciudad un poco perdida y aturdida. Estuvo sentada durante un rato en un banco de un parque, mientras veía pasar a las parejitas cogidas de la mano o a los niños que correteaban detrás de los perros mientras sus padres los observaban desde la distancia. Después de media hora acabó hasta las narices de las dichosas parejitas y sus ñoñerías. La ponían enferma. Se dirigió hacia el cementerio más cercano, si lograba encontrarlo y así se desahogaría clavando estacas a los vampiros que estuvieran despistados. Aunque luego acabaría calentita, no le importaba demasiado, no era algo que no se pudiese solucionar fácilmente.

Hacía una noche nublada y un poco de fresquillo. Se puso la chupa, que hasta entonces la llevaba en la mano, y continuó andando. Empezaba a deprimirse ya que no veía ni a un solo vampiro rondando cerca. Era algo decepcionante que en un cementerio no hubiesen vampiros dispuestos a atacar a quien quiera que se les pusiera a tiro. El cementerio estaba desierto y silencioso. Sin darse cuenta, la letra de una de las canciones de Aerosmith, que estaba escuchando en ese momento, salió por su boca sin poder evitarlo.

F: Come and save me tonight –siguió andando- you're my angel, yeah. Come and make it all right… come and save me tonight…

V: Ya pueden venir a salvarte, por que lo vas a necesitar.

F: ¿No, en serio? –levantó una ceja- Y yo que pensaba que sería al revés…

V: ¿Uhm?

F: ¡Joder! –El vampiro le había pegado un derechazo y se estaba masajeando la mejilla-. ¡Serás capullo! No sabes con quien te has cruzado, listo.

V: ¡La Cazadora!

F: ¡Muy bien! Veo que has hecho tus deberes –le dio un puñetazo en el rostro-. Que pena que no te vaya a servir de mucho… -dijo clavándole una estaca en el pecho-. Por que has suspendido –dijo mirando el polvo que previamente había sido un vampiro. Se puso bien la chupa y continuó andando-.

Volvió a subir su mano hacia su pómulo derecho. –Esto me va a doler mañana. Ya verás como se hincha y se pone de un morado asqueroso. ¡Vaya mierda! ¡Me ha pillado desprevenida! Genial… ¡voy a aparecer un adefesio! Esto no volverá a pasar…. –Continuó andando cuando empezó a llover-. Y para colmo empieza a llover o a diluviar, me da igual. ¡Lo que me faltaba! Pues nada, me mojaré. –Era una lluvia muy finita pero muy intensa. Pronto empezaría a caer con fuerza y no veía ningún sitio donde poder refugiarse y tenía muy claro que no pensaba volver a casa, al menos, no tan pronto. Notaba como el agua la calaba hasta los huesos. Pero le daba exactamente igual. Al menos la despejaba y ya no le dolía tanto la cabeza.

Se paró en seco, encima de varias tumbas juntas; era lo que parecía una familia entera, o al menos eso le pareció a la morena. Dejó que la lluvia la inundara por completo. Levantó la vista. Gotas heladas acariciaban su rostro, resbalando desde su frente hasta morir en la punta de su barbilla, cayendo al vacío.

Se sentía viva. Todos sus problemas, aunque fuera por tan sólo unos minutos, desaparecieron por completo. Tenía la mente despejada y libre. Se disponía a seguir andando, cuando algo o alguien, la derribó y la tiró al barro.

F: ¡Joder! ¡Que me había duchado! –Se limpió el barro de encima y levantó la vista-. Tú…

G: Veo que te acuerdas de mí. ¿Le diste mi mensaje a la rubia esa arrogante? –Dijo una voz de chica por detrás de ella-. Por tu cara puedo advertir que no. Muy mal, a ver si con esto te acuerdas la próxima vez –le dio una patada en el costado izquierdo-, si la hay –añadió-. ¡Ah! Se me olvidaba, advierte también a tu otra amiguita, a esa pelirroja. –La morena se levantó y paró el derechazo que iba directo a su cara-. Vaya… veo que alguien ha estado entrenando ¿me equivoco?

F: Tenía ganas de volver a verte –empezó a llover con más fuerza que antes-. Aunque no sabía que andabas buscándome.

G: No te hagas ilusiones, guapa. Que yo no voy del mismo rollo que tú y tus amiguitas ¿eh? –La cara de Faith se descompuso al escuchar el comentario-. No andaba buscándote, ha sido pura casualidad –la chica paraba todos los golpes que le daba Faith sin esfuerzo alguno-. Aunque yo también me alegro de verte. La última vez me decepcionaste mucho, Faithy.

F: No me llames así –dijo con voz ronca, parando otro golpe en seco-.

G: ¿Acaso te molesta? –una patada de la morena la pilló desprevenida y la derribó-. No te creas que me has vencido, listilla –se incorporó antes si quiera de llegar a tocar el suelo-. ¿Impresionada?

F: A penas –logró decir después de superar el shock- por cierto, todavía no me has dicho tu nombre.

G: Tampoco tenía intención de decírtelo, lo siento. Es para mantener el misterio –esta vez, fue la chica la que derribó a Faith de un solo golpe-.

(Apartamento cazadoras, Nueva York)

Después del calentón que les había entrado a las dos, habían caído rendidas una al lado de la otra, quedando dormidas por completo antes incluso de tocar la almohada.

Dos horas más tarde, una punzada en el estómago despertó a la rubia que se levantó de un salto y empapada en sudor. De manera instintiva buscó por toda la casa a la morena que había desaparecido sin decir nada. Miró en la ducha, luego se dio cuenta de la idiotez, ya que era muy tarde como para que Faith estuviera en la ducha, miró también en la cocina, en el salón, en el comedor… nada. Buffy empezó a preocuparse. No era la primera vez que la morena salía corriendo y no volvía. Comió algo rápido y se vistió en dos minutos intentando no despertar a la pelirroja.

Salió tan aprisa del apartamento que no se dio cuenta de que estaba lloviendo a mares. Y como era evidente, una cascada le cayó encima nada más salir del portal –Puñetas…- . Pero siendo sinceras, no es que le importase demasiado, tan sólo quería encontrar a la morena, saber donde estaba y si se encontraba bien. No sabía cuando se había ido, pero estaba más que segura, que llevaba fuera de casa varias horas. -¿Por qué se habrá ido así de repente y sin decir nada? ¡Y con la que está cayendo! Aunque, ahora que lo pienso no llovía cuando Destiny y yo…- le entró un escalofrío -… posiblemente cuando salió de casa no estaba lloviendo-. Hizo como si por su mente no se hubiese pasado nada referente al encuentro entre ella y la pelirroja y siguió con sus divagaciones. –Y yo sin paraguas, como siempre. En fin… ahora ya es demasiado tarde para volver. Aunque tampoco es que me importe mucho, un poco de lluvia nunca viene mal-, levantó la vista al cielo –vale, esto no es un poco de lluvia, volviendo a lo de antes ¿dónde coño se habrá metido ahora?-. La rubia no sabía por donde empezar a buscarla. No se conocía la ciudad y en la calle no se veía ni a un alma. Después de haber estado dando vueltas una hora, se encontró con un cementerio y no dudó en entrar.

Se metió en él. Pero lo único que encontró fue un par de vampiros despistados que se convirtieron en polvo antes incluso de poder abrir la boca para provocarla. Algún que otro monstruo raro y desorientado se cruzó también en su camino, dejándole el pelo con una mancha enorme en él –genial… y yo que me quería teñir de morena… a ver cómo coño me voy a quitar esto de encima-. Siguió mirando, pero ni rastro de la morena. Salió y siguió andando por la ciudad. Quería preguntar a alguien por algún cementerio más, pero le daba un poco de palo, ya que pensarían que es un bicho raro y con el pelo de color verde fosfi… aunque, pensándolo bien ¿qué más le daba? Total, allí nadie la conocía, así que… era lo mejor que se le había ocurrido hasta el momento.

Cuando vio pasar a una persona cerca de donde estaba, no se lo pensó dos veces y fue de cabeza a ella. A pesar de la cara que le puso la señora mayor a la que preguntó, consiguió la información que estaba buscando, poniendo como escusa que se le había muerto un tío y no había podido ir al entierro, a lo que la cara de la señora se descompuso más si cabe. Había tres cementerios más por la zona, aparte de en el que ya había estado. Le preguntó la dirección que debía seguir hacia cada uno de ellos y se alejó a paso ligero de la mujer. Bastante mal la estaba mirando ya como para seguir con ella, un poco más y la mujer llamaría a la policía, seguro.

Cuando la mujer desapareció de su vista intentó centrarse. Necesitaba saber donde estaba para buscar los cementerios que la mujer le había dicho. Por suerte para ella, dio la casualidad de que en la chaqueta que había cogido, estaba el mapa que habían utilizado para encontrar la tienda de donde habían cogido los libros. Lo abrió y buscó las calles que le había dicho la señora. No fue difícil localizarlas en el mapa. Lo que sí vio complicado fue cómo iba a llegar hasta ellas, lloviendo a mares como estaba y encima de noche cerrada.

B: Genial… lo que me faltaba. ¿Acaso podría ser peor?

V: vaya… ¿pero qué tenemos aquí? Una chica solitaria en medio de la noche. ¿Acaso te has perdido?

B: Para qué habré hablado… ¿qué quieres? Es que tengo un poco de prisa ¿sabes?

V: ¿Es que no vas a gritar? –preguntó asombrado-.

B: ¿Y por qué iba a hacerlo? –la rubia estaba perpleja, ¿desde cuando le preguntaba un vampiro eso de si "no gritaba"?

V: Por esto –le enseñó los colmillos y la cara al transformarse en vampiro. La rubia levantó una ceja- ¿Es que no tienes miedo?

B: ¿De quién, de ti? –Estaba intentado aguantarse la risa-. ¿Acaso no sabes con quién te has cruzado?

V: La Caza… -fue incapaz de acabar la frase ya que Buffy lo había convertido en polvo antes poder hacerlo-.

B: Siempre igual. ¿Es que nunca aprenderán? Los vampiros estos que tan superiores se creen podrían darles clases a todos los vampiros novatos de quien es la Cazadora. Se ahorrarían muchos problemas… y a mí me ahorrarían el tener que contarles el mismo rollo cada vez –se puso bien la chaqueta y siguió su camino-.

Como pudo, llegó al primer cementerio que más cerca le quedaba desde donde había convertido en polvo al vampiro; y buscó, o por lo menos lo intentó, a la morena. Le fue completamente imposible debido a la cortina de agua que le caía encima. No le dejaba ver absolutamente nada. Llegó a la conclusión de que Faith no se encontraba en ese y decidió que lo mejor sería pasar al siguiente en su lista de cementerios.

Cuando estaba a mitad camino, decidió resguardarse, aunque fuera por unos minutos. Empezaba a calarle de verdad el agua. Llovía demasiado como para poder seguir andando. Estaba calada hasta los huesos y empezaba a tener frío de verdad. Estuvo bajo techo durante diez minutos, pero al ver que no amainaba y que si se quedaba así un minuto se iba a quedar congelada, se puso en marcha en otra vez. No podía permitirse el parar ahora por mucho que estuviera lloviendo. La morena podía estar herida o perdida o las dos cosas a la vez y necesitaría su ayuda.

(Cementerio)

Notó como un dolor agudo le recorría todo su cuerpo. Como si pequeños cuchillos muy afilados estuvieran clavándosele en su ser. Intentó levantarse, pero no pudo. Esta vez la había dejado hecha una mierda. Estaba tumbada boca abajo y completamente mojada. Tenía la sensación de que sino se moría por los golpes moriría de hipotermia. Movió la cabeza y miró hacia arriba como pudo, teniendo en cuenta como se encontraba le resultó bastante difícil. Una cascada, o al menos eso le parecía a ella, estaba cayendo sobre su espalda, impidiéndole respirar con normalidad. Se dio la vuelta como pudo y se quedó mirando lo que antes había sido un cielo completamente despejado. Cerró los ojos y esperó a que llegara su momento.

(En alguna calle de Nueva York)

Se frotaba los brazos con las manos para entrar un poco en calor, pero era completamente inútil e inservible. Seguía nadando, o al menos esa era la sensación que tenía, con toda el agua que le estaba cayendo encima se sentía en una piscina más que en una calle de Nueva York. -¿Por qué no me habré traído el bañador de Sunnydale? Si llego a saber que en La Gran Manzana llovía tanto no lo hubiese dudado. En fin… creo que me he perdido. Veamos… sí, definitivamente me he perdido, ya que esta calle me suena. Aunque, sinceramente no sé cómo la he reconocido con lo oscuro que esta todo-. Se puso a resguardo y sacó otra vez el mapa del bolsillo de su chaqueta.

Lo único que había estado haciendo era dar vueltas por la misma manzana.-Genial… con lo grandes que son aquí las manzanas, es normal que la gente se pierda. Mira que perderse en Nueva York… me gustaría ver la cara de Ángel es este momento. Tendría una ceja levantada y estaría a punto de romper en carcajadas. ¡Eres idiota! Esto no me ayuda… volvamos a la calle de inicio y retomemos el camino. Esta vez no pienso guardar el mapa. Lo llevaré en la mano-. Después de haber estado mirando el mapa, la rubia salió de su resguardo y retrocedió nada más hacerlo.

B: ¡Mierda! –Plegó como pudo el mapa y se lo metió completamente empapado en el bolsillo de la chaqueta- ¿Esto es el karma, verdad? –dijo gritándole al cielo-. En fin… lo mejor será que siga andando…

(Cementerio)

Sentía caer por su rostro las gotas de lluvia heladas como agujas. Estaban tan frías que las sentía penetrar en lo más profundo de su ser. Sentía cómo todas sus fuerzas abandonaban su cuerpo poco a poco y la dejaban cada vez más débil y vulnerable. Era incapaz de moverse. Le dolía todo el cuerpo y le estaba sangrando el labio. Que además, para su desgracia, se le había hinchado y amoratado. Sentía como le palpitaba la sangre y se le concentraba toda en el labio.

Una vocecilla en su mente la trajo a la realidad y le hizo darse cuenta de que estaba haciendo el gilipollas por quedarse ahí tirada, dejando que las fuerzas se le fueran por completo y por darse por vencida, cuando en ocasiones anteriores y estando mucho peor había salido por su propio pie.

Se mentalizó durante unos segundos y con un esfuerzo sobrehumano, se arrastró como pudo hasta la primera línea de árboles del bosque, donde se cobijó hasta que el torrente de agua terminara. Intentaba de todas las formas posibles no perder la consciencia. A pesar de que se encontraba muy débil, lo último que quería era que un vampirucho cualquiera aprovechase la ocasión y se colgase una medalla, pasando a la historia como el vampiro que se había cargado a la Cazadora. De eso nada. Aguantaría hasta que amainara y saldría por patas como pudiese.

(En alguna calle de Nueva York)

Después de haber encontrado el segundo cementerio vacío, como pudo, a pesar de algún que otro vampiro despistado, no encontró mucho, así que decidió ponerse en marcha cuanto antes y buscar el último que le habían dicho. La morena tenía que estar allí por narices, era el último que había por la zona en la que vivían y estaba segura, o al menos casi segura, de que Faith no habría salido de la ciudad, o por lo menos eso esperaba. La última vez que la morena se largó de la ciudad de Sunnydale tardaron días en encontrarla y no fue muy alentador.

Empezaba a desesperarse por el agua que le estaba cayendo encima. Le gustaba mojarse, ¿a quién no? Pero la que estaba cayendo era demasiado para su cuerpo y, sobre todo, para su paciencia. Todo fuera por encontrar a la morena. Se puso bajo techo donde pudo y volvió a mirar el mapa.

B: ¿Es una broma, no? –El tercer cementerio estaba en la otra punta de la ciudad, un poquito más lejos, y sin exagerar-. Si este ya quedaba lejos, el tercero ya ni te cuento… ¿¡Cómo coño voy a llegar hasta allí? Esto es una mierda…

Se puso otra vez en marcha. Mientras, su mente trabajaba a la velocidad del rayo intentando averiguar la manera de cómo llegar hasta la otra punta de la ciudad y, en una ciudad tan grande, como era Nueva York. Tenía una extraña sensación que recorría todo su cuerpo una y otra vez, de arriba abajo. No se sentía muy tranquila que dijéramos, estaba claro que Faith no estaba en ninguno de los dos cementerios anteriores, por los que ya había pasado. ¿Pero, y si no la había buscado bien? ¿Y sino no se había preocupado lo suficiente por buscarla durante más tiempo? ¿Y si la morena la había llegado a ver y se había escondido para que no la viese? ¿Y si no estaba en ninguno de los tres? ¿Dónde podría estar entonces? Todas estas preguntas rondaban una y otra vez por la mente de la rubia, provocándole dolor de cabeza. Pero era incapaz de parar de pensar en todas estas cuestiones. No estaba dispuesta a darse por vencida, no sin haber agotado todas las posibilidades. Lo último que quería era perder a la morena. Habían conectado mejor de lo que esperaba y, a pesar de que había sido un shock el volver a verse, no significaba que la quisiese perder. Si fuese necesario, iría hasta el infierno por ella. Y no hablando de manera metafórica. Si no la encontraba en el último cementerio, se recorrería toda la ciudad de pe a pa si fuese necesario, no estaba dispuesta a perderla otra vez. Aunque ahora que lo pensaba, ya había perdido la cuenta de las veces que la morena se había ido sin decir nada a nadie y no hablemos de las veces que la había perdido y las veces que la había encontrado. Ahora que lo pensaba, para tener al lado a Faith había que hacer un montón de filigranas. Pero lo que sí que sabía, era que esta vez no se lo iba a permitir y haría todo lo que estuviese en su mano para que así fuese.

Volvió a resguardarse bajo un balcón de alguna finca y miró el mapa. No había parado de llover tan intensamente desde que había salido del apartamento. La suerte la sonrió por fin, no estaba muy lejos del último cementerio, pero todavía le quedarían unos veinte o treinta minutos de caminata.

(Cementerio)

Seguía tumbada boca arriba mirando las altas copas de los árboles que la cubrían parcialmente de la lluvia mientras intentaba no darse por vencida ni ceder ante el cansancio. Pequeñas gotas se colaban entre los huecos de las hojas, cayendo directamente en el rostro de la morena. Tenía que admitir que eran muy molestas, pero gracias a ellas se mantenía despierta. Cada minuto, cada segundo que pasaba le resultaba más difícil no perder la consciencia. Notaba cómo sus párpados le resultaban muy pesados, intentando cerrarse por completo, y cómo el cansancio, poco a poco, podía con ella.

Odiaba esa sensación. Era la sensación por la que se sentía débil y vulnerable. Era lo que más odiaba en ese mundo, bueno, eso y a Destiny, por supuesto. Odiaba que la gente la viese de esa manera, pero por suerte para ella, no había nadie por allí lo suficientemente cerca como para verla o al menos eso pensaba ella. Empezaba a tener frío de verdad. Notaba como se le entumecían los pies, que le seguían sus gemelos y muslos. Sus manos estaban completamente heladas y a penas sí podía mover los dedos. Normalmente solía aguantarlo sin problemas, pero estaba lloviendo mucho, estaba completamente mojada y no podía moverse. Esos tres factores estaban haciendo que tuviera hipotermia. –Si no tenía suficiente con la herida anterior, una hipotermia era lo que me faltaba. Ya no sé si tengo el labio amoratado del frío o del golpe. Al menos ya no sale más sangre. Eso y que no me quede marca alguna de la paliza de hoy. Es la segunda vez que esa chica puede conmigo. Es muy fuerte, nada que ver con lo que había visto antes. Y mira que he visto muchas cosas y algunas de ellas muy raras. ¿Pero cómo es posible que se sepa mi nombre? ¿Y el de Buffy? ¿Qué coño le habré hecho yo para que siempre me pille en baja forma y me deje tan sumamente débil? ¡Esto es una mierda!-. Se arrastró hacia el árbol más cercano e intentó, como pudo, incorporarse apoyando la espalda en el tronco lleno de musgo.

Sentada, mientras intentaba no dormirse ni desmayarse, miraba lo único que había en todo el cementerio al alcance de su vista; las tumbas de las personas que ya habían muerto. Había de todas las edades y de todas las clases. Se podían distinguir con facilidad aquellas personas que no habían tenido el dinero suficiente para enterrar a sus más allegados y aquellas personas a quien se les salía el dinero por las orejas. Le resultaba de lo más interesante lo que cada una de las familias habían puesto en las lápidas de sus seres más cercanos. Sin poder evitarlo su mente ya volaba sobre esos pensamientos que la morena había estado evitando toda su vida. ¿Habría alguien en el mundo entero que lamentara, llorara o sintiera algún ápice de pena si ella muriera? ¿Se preocuparía alguien si ella desapareciera para siempre? ¿La echarían de menos? ¿La recordarían? Y Buffy… esa era la parte que más le dolía si quiera pensar, su rubia. ¿Pero, lo había sido alguna vez? ¿Estarían juntas alguna vez o se decidiría a estar con la pelirroja?

¿Qué pondrían en su lápida una vez ella se hubiese ido para siempre?

Era un día nublado como cualquier otro. El tiempo no había variado nada desde hacía semanas. Algo no muy habitual en Sunnydale, ya que solía estar soleado día sí y día también. Lo único que lo hacía diferente al resto de los días anteriores era que un acontecimiento estaba teniendo lugar en el cementerio de la ciudad.

Un grupo pequeño de gente se agolpaba alrededor de un ataúd todavía abierto por la mitad, dejando al descubierto el cuerpo de una mujer, vestida toda ella de negro. La misa había acabado hacía unos minutos y la gente se había levantado de sus sitios y se habían acercado al ataúd todavía abierto. No había asistido mucha gente al funeral, sólo cinco personas. Dos mujeres, ambas bajitas pero de complexión atlética, a pesar de los años que ya habían pasado por sus cuerpos cansados por el paso del tiempo. Y tres hombres, dos de ellos no tan diferentes entre ellos y un tercero ya encorvado y con el pelo canoso.

Es curioso, que por aquellos hombres, no tan diferentes entre ellos, no pasara el tiempo, mientras que el resto de los asistentes se les viera tan cansados y agotados. No aparentaban la edad que tenían y el tercer hombre había perdido su ojo izquierdo, seguramente en una batalla hacía ya mucho tiempo. De repente todos los asistentes se dieron la vuelta y una sexta persona, se acercó rápidamente hacia el círculo de los asistentes. Se la veía igual de agotada que a las dos mujeres y al hombre tuerto, sin embargo, al contrario que los otros tres, no estaba tan desgastada ni el tiempo había pasado por ella, haciendo tanta mella como al resto. Tenía el pelo blanco y le llegaba hasta la cintura y traía con ella una especie de cinta roja y granate. Se acercó al grupo.

B: ¿Dónde está Kennedy?

W: Ha preferido quedarse en el coche, no quería entrometerse.

D: Justamente hoy no se entromete, que no estoy diciendo que sea una intrometida, sólo que… mejor me callo.

W: No pasa nada Dawn –le dijo con una sonrisa, se asomó para ver a la mujer del ataúd-. Vaya… que raro se me hace verla después de tanto tiempo… aunque me alegro de que por fin haya acabado todo nuestro calvario.

B: Pues sí, tienes mucha razón. Hace años que me canse de intentar que siguiera el camino del bien. Me agotó demasiado.

W: ¿Cómo va ese ojo Xander? –le preguntó cariñosamente al hombre más desgastado-.

X: Ya sabes, todo lo bien que se puede estar con un ojo, pero por lo menos ya no va a estar tan mal después de que la hayan enterrado lo más profundo que se pueda.

W: Estoy contigo. Vaya Spike que rubio estás y que… joven.

S: Y tú que… blanca. Cuantas canas –el grupo soltó una carcajada general-. Aunque estoy mucho mejor que el gorila que tengo al lado ¿a qué sí? –Dijo mirando a la chica rubia-.

A: Más quisieras tú, Willy…

S: No me llames así… -amenazó el rubio platino-.

A: ¿O qué? –Le replicó el supuesto gorila-. Oye Buffy ¿dónde está Destiny?

B: Está con los críos en casa ¿acabamos con esto de una vez por todas?

Todos: Si…

Todos los presentes rodearon el ataúd con la mujer dentro. La miraban con desprecio y odio. Era una mujer morena, aunque tenía unos pelos canosos en torno a las sienes. Era evidente que, a pesar de los años, seguía siendo una mujer atractiva, y quedaba claro que años antes, había sido una de las chicas más guapas de todo Sunnydale.

Estuvieron durante varios minutos mirándola fijamente. Sabían perfectamente que no los podía ver, pero eso no significaba que no pudieran odiarla. Cada una de las caras de los presentes se reflejaba el dolor y la angustia vivida. Un dolor y una angustia que les había hecho pasar la mujer que estaba dentro del ataúd.

De repente a los dos hombres que no habían envejecido les cambió la cara, mostrando así unos afilados colmillos y unos ojos de color amarillo. Sin poder evitarlo, hicieron amago de echarse encima del cuerpo inerte, pero la mujer rubia y la mujer del pelo blanco los detuvieron justo a tiempo. Les dijeron algo en el oído y se calmaron. Sus caras volvieron a la normalidad. Pidieron disculpas y se alejaron un poco, necesitaban un poco de espacio.

Después de más de diez minutos, la chica rubia decidió que ya era hora de cerrar la tapa y enterrarla en lo más profundo de las entrañas de la tierra, para nunca más tener que volver a verla. Nunca.

B: Hasta nunca… Faith.

Cerraron la tapa y bajaron el ataúd. Mientras estaba bajando, se reunieron todos frente al agujero, mirando, impasibles, que aquella mujer morena desaparecía en las sombras. Para siempre.

Mientras los dos hombres que no habían envejecido echaban la tierra en el hueco, tapando el ataúd, ninguno de los presentes soltó una lágrima, ni una sola, por la mujer morena, de nombre Faith. Una vez el hueco estaba completamente recubierto de tierra húmeda, empezó a llover intensamente. El grupo se alejó lentamente de la tumba, yéndose cada uno por su lado y por separado. Una vez se alejaron, en la lápida se podía leer claramente:

Faith Lehane

18 diciembre – 1980

30 noviembre – 2018

"Aquí yace la asesina; odiada por todos y querida por nadie"

Un grito ensordecedor rompió el silencio de la noche en el cementerio de la ciudad de Nueva York.

F: ¡NOOOOOOO!

A pesar de todo lo que estaba lloviendo y todas las gotas que se colaban entre las hojas de los árboles y le caían sobre el rostro, notó una. Una entre un millón de gotas que resbalaban por su cara, que casi le llega a pasar desapercibida, pero que, al estar tan caliente, captó su atención. Resbalaba lenta y suavemente por su mejilla, hasta llegar a su barbilla. Levantó su mano y acercó temblorosa y dudosamente su dedo índice, recorriendo el camino que, minutos antes, había hecho esa gota, y que todavía ardía en su piel. Llegó al mentón y la tocó. La gota se deshizo en la punta de su dedo, llevándose este a su boca.

Lo curioso de todo era que la gota estaba salada. No era una gota cualquiera, era una lágrima. Se dio cuenta de que, estaba llorando por vez primera en mucho tiempo.

Por fin había llegado al cementerio, después de haberse perdido al menos tres veces por el camino. Las puertas, como era evidente y como en los otros dos, ya estaban cerradas. Las saltó sin problema o esfuerzo alguno y, una vez estuvo dentro, se dispuso a buscar a la morena. Cuando alzó la mirada, el cementerio estaba completamente vacío. No se veía ni un alma; lo único visible era la cortina de agua que tenía delante, pero a parte de eso, nada más.

Fue andando lentamente, sólo por si acaso, algo se le pasaba por alto. El más mínimo detalle: una mota de polvo, una pisada en el suelo… cualquier cosa que tuviese algo que ver con Faith. Vio que algunas de las tumbas habían sido profanadas por ladrones de tumbas y otras, o eso le pareció, ya que estaba lloviendo, la tierra había sido removida, lo que significaba que algún vampiro estaría suelto por ahí. Siguió andando cuando su rostro se iluminó por completo y una media sonrisa hacía amago de dibujarse en su rostro. A lo lejos podía ver una figura moviéndose entre las tumbas.

B: Faith… -dijo en un suspiro-.

Echó a correr como alma que lleva el diablo en dirección a la figura que se escondía entre las sombras. Ésta, pareció que la había visto y en vez de dirigirse hacia ella, como había pensado que haría, fue en dirección contraria a donde la rubia se encontraba, como si estuviese escapando de ella. La rubia apretó el ritmo, nadie se escapaba de ella, ni siquiera Faith, y después de dos o tres minutos de persecución, logró atraparlo. Cuando le dio la vuelta y lo tuvo frente a ella, vio que no era la persona que no estaba buscando. Era un vampiro que la había reconocido y que había echado a correr nada más verla y salvar el pellejo, pero como pasa normalmente, acabó con una estaca clavada en el polvo y echo polvo.

B: Genial… otro vampiro más. ¿Es que no se cansan? Empiezo a aburrirme… ¿Pero dónde se habrá metido? –empezaba a estar cansada. Había estado andando durante horas intentando encontrar a la morena.

Estaba muy oscuro como para ver nada y empezaba a tener muy cansada la vista de tanto forzarla. No le quedaba mucho para llegar a la primera línea de árboles y tampoco creía, si Faith estaba en ese cementerio, que hubiera llegado mucho más lejos con la que estaba cayendo.

Cuando ya tenía un pie en la linde del bosque, un golpe muy fuerte en la cara la tiró redonda al suelo. Se incorporó quedando sentada y masajeándose el pómulo derecho. Mañana le iba a doler mucho. Cuando levantó la vista, su sorpresa no era para menos. Se le había descompuesto el rostro por completo cuando vio que enfrente de ella estaba la morena, que medio se estaba tambaleando cogiéndose un costado. Por lo que Buffy pudo observar a primera vista, Faith estaba malherida. El labio inferior todavía le estaba sangrando además que lo tenía muy hinchado. Se incorporó por completo, quedando cara a cara, frente a Faith, que la estaba mirando con odio y no acababa de entender muy bien porqué. Fue a preguntarle qué le había pasado, pero antes de que pudiera salir sonido alguno por su boca, otro golpe en la cara la tiró al suelo.

¿Cómo era posible, en el estado en que se encontraba la morena, que le hubiera pegado tan fuerte que la había tirado al suelo? Aunque mirándolo bien, era una cazadora y aunque no estaba en su mejor estado la fuerza no se la quitaba nadie. Eso sí, después de asestarle el golpe, Faith se había tambaleado casi cayéndose al suelo. La volvió a mirar a los ojos. Había rencor y dolor en ellos, angustia. Y no sabía porqué le había vuelto a pegar. A penas sí se mantenía en pie y se apoyaba en el tronco de un árbol. Había gastado mucha fuerza en esos dos últimos puñetazos.

Buffy se levantó por segunda vez, y volvió a encarar a Faith. Ésta levantó el puño, pero esta vez, Buffy le paró el golpe sin esfuerzo alguno. Le dolía ver en esa situación a la morena. Y ese sentimiento la inquietaba bastante, pero eso era otro tema. En este último golpe, la rubia había notado que la fuerza de su compañera había disminuido notablemente. Se le veía realmente débil, pero seguía sin entender la actitud que estaba tomando frente a ella. Era desconcertante no saber lo que le pasaba a la morena por la cabeza. ¿Qué le había hecho para comportarse de esa manera? ¿Y qué le había pasado para dejarla en ese estado tan deprimente?

A pesar de lo malherida que estaba, Faith intentó golpear a Buffy repetidas veces, parando esta última todos los golpes. La rubia no quería devolvérselos y trataba por todos los medios posibles aguantarse, pero empezaba a enfadarse de verdad. No iba a permitírselo por muy enfada que estuviera con ella, por vete tú a saber qué. Las personas solucionan las cosas hablando, no arreando golpes a diestro y siniestro, auque tratándose de Faith era muy normal. Sonsacarle algo era complicadísimo. Uno de los golpes le dio en todo el estómago, dejándola sin aire por unos segundos, momento que sin dudar, la morena aprovechó y le dio una patada, tirándola al suelo.

Cuando Buffy se recuperó, fue ella la que tiró a la morena al suelo, cayendo justo a su lado. Faith se quedó tirada en el suelo, tumbada boca arriba, mientras las gotas de lluvia resbalaban por su rostro. Casi no podía moverse; le dolía todo y su cuerpo se negaba a seguir las órdenes que le dictaba su cerebro. Sus piernas y sus brazos nos respondían y el dolor, que se extendía por todo su cuerpo, se hacía cada vez más insoportable.

B: ¡¿Se pude saber qué coño te pasa? –Estaba al borde de las lágrimas, no iba a contenerse por mucho más tiempo- ¡¿Por qué estás actuando de esa manera? ¡¿Qué te he hecho para que me ataques de esa manera? Se supone que habíamos hecho las paces… -su voz se crispó y un río de lágrimas comenzaron a surcar su rostro inexorablemente-. Pensaba que ya estábamos bien. Que ya habíamos superado todas nuestras diferencias que teníamos en el pasado. Creí a Angel cuando me dijo que habías cambiado, que ya no eras esa persona rencorosa y cruel que habías sido tiempo atrás, ¡Te creí a ti! –la morena seguía tumbada en el suelo sin moverse y con los ojos cerrados. Lágrimas silenciosas caían por los lados al escuchar las palabras tan duras que le estaba diciendo Buffy, su Buffy-. Me entregué a ti en todos los sentidos que una persona puede hacerlo. Me entregué en cuerpo y alma, confié en ti ¡¿y es así cómo me lo pagas? ¿Yéndote del apartamento sin decirnos nada, ni siquiera adónde ibas y golpeándome sin motivo alguno? ¿Acaso te he hecho daño? Por que si es así dímelo. Dime que es lo que tanto daño te ha causado por mi culpa… ¡¿Por qué no me contestas? –Había dejado de llorar y la ira empezaba a apoderarse de su cuerpo- ¡Contéstame Faith! ¡Da la cara por una vez en tu vida! –Se acercó a ella, poniéndose encima y cogiéndole por el cuello de la chupa- ¡Faith!

Haciendo acopio de todas fuerzas que le quedaban, la morena le respondió propinándole un puñetazo en el abdomen, cayendo al lado de Faith. Ésta, se levantó tambaleándose y le dio la espalda a la rubia. Se fue dando tumbos hacia la linde del bosque, adentrándose aún más en él, mientras Buffy se incorporaba sin saber muy bien que hacer. Faith seguía alejándose. Parecía estar a punto de desplomarse en cualquier momento y sin previo aviso.

Antes de echar a correr tras ella, Buffy vio, justo a su lado, donde minutos antes había estado Faith, un charquito de sangre y pequeñas gotitas a su alrededor. Habían pasado varios minutos desde que Faith se hubiese ido. No perdió más el tiempo y se pudo en pie de un salto. No iba a rendirse tan rápido; no le iba a dejar esa satisfacción a la morena. Arreglarían cuentas más tarde.

Corrió lo más deprisa que sus piernas le permitieron hasta llegar al bosque. Era imposible verla entre tanta oscuridad y por ahí no podría ir corriendo sin más, ya que, aparte de que no se conocía el terreno, alguna que otra rama de algún árbol le daría en la cabeza dejándola tonta y más con lo despistada que era ella. Aún así apresuró y no se quedó atrás. Le dolía bastante el pómulo derecho y parecía que se le había hinchado considerablemente, aunque el estómago no estaba mucho mejor que dijéramos. Menos mal que no tardarían mucho en írsele los moratones; ventajas de ser la Cazadora.

Después de varios minutos andando sin saber por donde iba, llegó a un claro del bosque. Estaba más perdida que una perdiz. Tenía muy claro que Faith ya había pasado por allí. O al menos eso creía Buffy, ya que había varias gotitas de sangre al lado de un árbol, donde la morena, posiblemente, se había parado a descansar.

A pesar de lo malherida que debía estar Faith, la rubia tenía que admitir que se movía con bastante rapidez. Apretó el paso y volvió a adentrarse en el bosque, que empezaba a ponerle los pelos como escarpias.

Andaba sin rumbo alguno. Perdida completamente en la inmensidad de aquella oscuridad que empezaba a engullirla poco a poco, sin poder hacer nada para evitarlo. Estaba atrapada en un mundo de sombras donde no se podía ver la luz y era incapaz de orientarse en absoluto.

Iba dando tumbos de aquí para allá, apoyándose cada dos pasos en el árbol más cercano para respirar y coger un poco de fuerzas y seguir andando, ya que parecía que la estuvieran abandonando con cada suspiro y dejándola a su suerte, completamente indefensa. Pero tenía muy claro que prefería mil veces estar en ese estado a estar en compañía de Buffy. Sólo hacía que ponerla más enferma de lo ya estaba y era incapaz de soportar tanto dolor junto dentro de ella. Tenía la sensación de que se le iba romper el corazón en mil pedazos. El dolor psicológico no era algo para lo que estuviera hecha. Sin duda alguna, el dolor físico era muchísimo más fácil de sobrellevar y no tan doloroso; era algo que acabaría por desaparecer tarde o temprano. Sin embargo, el otro creaba una herida que nunca acabaría por curarse, por mucho que pasara el tiempo.

Mientras andaba, le volvió a la mente aquella imagen de su propio entierro. Nadie lloraba por su propia muerte, nadie sentía pena, ni dolor… nada. Recordó las caras de los allí presentes. No parecían sentir dolor o tristeza; Eran rostros inexpresivos. Casi se les podía ver sonriendo. Sonrisas llenas de júbilo y ojos brillantes. Por fin había muerto la asesina que tantos quebraderos de cabeza les había dado. Sacudió la cabeza, movimiento del que se arrepintió en seguida, ya que se mareó y tropezó, cayéndose, una vez más, al suelo.

B: Esto empieza a ser un corre que te pillo. Me aburre. ¿Es que siempre tengo que estar detrás de ella? Al final ya me canso de hacer siempre lo mismo. Esta es la última vez que la sigo y que pierdo el tiempo en otra persecución, para luego ser yo la que acaba mal. Ya va siendo hora de que empiece a cuidarse ella solita. Esta no se la perdono… -levantó la vista del suelo-. Esto me suena… Genial… Estoy andando en círculos…

Se quedó parada donde estaba e intentó orientarse como mejor pudo. Le fue completamente imposible. Durante varios minutos se quedó de pie sin saber qué hacer o por dónde ir. Se lo estuvo pensando mucho hasta que decidió tirar hacia la derecha. Mientras andaba, agudizaba el oído para que no se le pasara nada por alto, cualquier cosa le valía: un paso, una ramita rota, el caer de una hoja, la brisa del aire ondeando el pelo de la morena, un rastro de gotitas de sangre… cualquier cosa.

B: Vale… no sé donde estoy. Y eso es una mala señal. Esto parece el diluvio universal, sólo me falta el arca y dos animales de cada raza. ¿Dónde se mete Noé cuando se le necesita? Y para colmo no encuentro a Faith. ¿Puede pasarme algo más?

V: Cazadora…

B: Ya decía yo. Eso me pasa por preguntar. En fin… acabemos con esto rápido –le clavó la estaca en el corazón y siguió con su monólogo mientras andaba-. Bueno, uno menos. No habrá podido ir muy lejos ¿no? Estaba que no se mantenía en pie. Parece que siempre que nos volvemos a reencontrar acabamos en el hospital. Voy a tomar nota mental para la próxima vez que nos veamos, así ya sé a lo que atenerme y no me tomará por sorpresa. Veamos… -levantó la vista-. Árboles. Muchos árboles. ¡Pero si son todos iguales! Podrían pintarlos, uno azul, otro verde, otro amarillo, otro rojo y así sucesivamente. Verían como la gente no se pierde tanto en estos sitios. Uy mira, un claro…

Mientras se dirigía hacia el claro, escuchaba unos golpes sordos, amortiguados por la espesor del bosque y algún que otro gruñido. Se apresuró hacia donde provenían los golpes y cuando llegó se encontró a Faith luchando con un vampiro de poca monta pero que sin ningún problema estaba dándole una buena paliza a la morena que estaba tirada en el suelo sangrando y muy malherida.

B: ¡Faith! –no dudó ni un segundo y fue corriendo a ayudarla-.

Como alma que lleva el diablo, fue corriendo superando todos los obstáculos que salían a su paso. En menos de dos minutos se posicionó al lado de la morena, que estaba tirada en el suelo sin poder moverse y se encaró con el vampiro que había estado pegando a Faith.

V: ¡Tú! ¡¿Cómo te atreves a interponerte entre mi presa y yo?

B: ¡¿Tu presa? –dijo escupiendo las palabras. Le asestó un puñetazo en el estómago tirándolo al suelo-. Ella no es tu cena, ni tu presa, vampiro de pacotilla. Es una persona. ¡Es más que eso! –Le pegó una patada que lo hizo rodar por el suelo-. No tienes idea de con quien te acabas de cruzar.

V: Yo creo que sí –dijo levantándose del suelo con dificultad-.

B: ¿A sí? –Preguntó incrédula-.

V: Tu amiguita me ha dicho que vendrías… cazadora –dijo esta última palabra en tono de burla-. Pensaba que seríais más fuertes… y más mayores. Sois sólo unas crías.

B: ¿Nunca te dijo tu madre que no te fiaras de las apariencias? –Esquivó un puñetazo que le iba directo al amoratado pómulo derecho-. Por que a veces las apariencias engañan. No lo olvides.

V: Mi madre era una santa, así que no te metas con ella. Mi madre me dijo muchas cosas…

B: Entre ellas que no tentaras a la suerte –en un descuido del vampiro, la rubia le clavó la estaca justo en el corazón, convirtiéndolo en polvo-. ¿Es que nunca aprenden?

F: Mmmh… parece que no… -quería disculparse con Buffy pero apenas sí podía respirar. Era incapaz de decir más de dos palabras seguidas-.

B: ¡Faith! –Fue corriendo hasta donde estaba la morena, tiró la estaca a un lado y arrodillándose al lado de Faith le puso la cabeza encima de sus piernas-. ¡Faith, no! Intenta aguantar, no queda mucho – empezaba a desvanecerse-.

F: B…

B: Sí, soy yo, Faith. Estoy aquí. ¿Cómo estas? –empezaban a humedecérsele los ojos, no podría aguantar por más tiempo las lágrimas que la sobrecogían-.

F: Te… brillan… los… ojos… -consiguió decir; se sentía muy débil. Empezaban a fallarle las fuerzas definitivamente. No aguantaría mucho más-. B…

B: Dime –dijo entre sollozos-. Faith, estoy aquí.

F: Ven… y sálvame… esta… noche… -dicho esto, se desmayó-.

B: ¡No! ¡Faith, no! Aguanta ¡FAITH!