Capitulo 8: "Recuerdos"
Todavía recordaba el día en que había conocido a la rubia que tantos quebraderos de cabeza le había traído. Buffy. Fue, sin duda alguna, el día más especial de Faith. Ni aunque se diera un fuerte golpe en la cabeza, sería capaz jamás de olvidar ese momento, grabado a fuego en su mente y en su cuerpo –que no literalmente-. Sabía que la rubia andaría cerca esa noche, ya que había hecho sus deberes, los únicos en toda su vida, y se había informado debidamente, para saber que Buffy solía ir a un tal Bronze, muy conocido en el barrio.
Así que, atrajo al más hortera de los allí presentes, que era sin lugar a dudas un vampiro. Si es que parecía que llevase un cartel luminoso sobre la cabeza que dijera: "Soy un vampiro hortera del siglo pasado, ven y mátame". Lo invitó, lo cortejó y lo invitó a salir a la pista para marcarse unos bailes, para más tarde, llevárselo a un callejón y clavarle una estaca directa al corazón y hacerlo polvo. Sabía que la rubia estaría atenta a cualquier posible víctima potencial, así que se lo puso bastante fácil, cosa que no era muy propia en ella.
Nada más salir por la puerta principal, vio por el rabillo del ojo, como un grupo de amigos, entre ellos una despampanante rubia al frente, les seguía. Lo que más le gustó de ese momento, fue ver la cara que se le quedó a Buffy y a su pandilla Scooby. Estaban flipando en colores plastidecor, cuando vieron como Faith hacía polvo al vampiro. Por aquel entonces, la morena había oído hablar mucho de la cazadora rubia y de su gran poder como la elegida que era. Así que no dudó ni un segundo en ir a Sunnydale a decirle hola.
Pudo comprobar que los rumores sobre Buffy eran más que ciertos, cualquiera que los hubiera negado habría mentido como un bellaco. Y vaya si lo eran, podía notar como ese escalofrío que recorría toda su columna cada vez que veía a la rubia. Y la primera vez que la vio no iba a ser diferente, ya que todo su cuerpo le dio una gran sacudida. Pero no todo era por su impresionante físico, que para que mentir, hacía lo suyo. Lo que más la atraía a la cazadora morena eran esos penetrantes ojos verdes, por los que tantas veces había suspirado y las veces que lo haría a lo largo de su vida. Sin embargo, había salido siempre airosa de cada uno de los encuentros con Buffy. El verdadero problema lo tuvo la primera vez que lucharon mano a mano. Le faltó bien poco para caerse de culo y dar de lleno con la realidad de la situación. Se quedó completamente bloqueada y sin saber qué hacer o cómo seguir. En la vida le había pasado nada parecido y por lo que sentirse en ese momento tan avergonzada de sí misma. Entonces le pareció la cosa más bochornosa que le había sucedido, pero con el tiempo aprendería a dejarlo pasar y llegar a reírse de ello.
Desde que la conoció no hacía más que pensar en ella; y al final del día acababa provocándole dolor de cabeza. Era algo superior a sus fuerzas. Nunca nadie la había absorbido de tal modo como la cazadora rubia por que bebía los vientos. Aparte de eso, también había que contar con que tenía novio, y no menos que Angelus, Angel para los amigos. A pesar de lo muy celosa que se sintiera de él, y por supuesto, nunca lo iba a reconocer aunque le dieran polvos de la verdad, ni siquiera tenía pensado decírselo a Angrl, mucho menos a la rubia. Aunque tenía que reconocer que era muy simpático, y más adelante sería él quien la ayudara a pasar el momento más difícil y más duro de toda su vida, la redención.
Sí, tendrían que pasar varios años antes de volver a ver a la chica de sus sueños. Eso sin contar la reacción de la rubia ante ella. Tendría que hacer frente a las consecuencias de sus actos. Pero a pesar de estar tan lejos de ella durante tanto tiempo, sus sentimientos parecían no menguar en fuerza y nunca la abandonaron y mira que lo intentó. Por supuesto, no hacía más que engañarse a sí misma.
Y aunque siguiera sin admitirlo fue, del mismo de quien estaba locamente celosa, quien la ayudó a darse cuenta de sus sentimientos más adelante, porque se preocupaba por ella y porque cierto tatuaje la delató. Aún seguía preguntándose por qué se lo había hecho justo en esa zona. Si Angel se lo había visto, Buffy también podría verlo sin ningún problema. Todavía se acordaba de su conversación de aquel día con el vampiro. Sentado en su enorme sillón negro, con los pies encima de su escritorio y jugueteando con dos cochecitos de juguete, estaba Angel en su despacho.
F: Que maduro…
A: Tendrías que probarlos, son ¡suprchulos! –Dijo con voz de niño-, pero no me cambies de tema, algún día tendrás que contármelo.
F: Algún día… tú lo has dicho.
A: Faith… -dijo en tono reprochador- ¿Cuándo te he dado algún motivo para no confiar en mí?
F: Espera un momento, déjame que saque mi lista de motivos –dijo mientras hacía ademán de meterse la mano en el bolsillo-. Uy, vaya. Qué despiste por mi parte, creo que me la he dejado en el hotel –dijo con sarcasmo-. Aunque si te esperas un momentito voy, la recojo y vuelvo en un pispás. No te jode…
A: ¡Venga ya! ¡Qué no es para tanto! No es necesario exagerarlo todo.
F: ¡Pero mira que eres cotilla! ¡Métete en tus asuntos y déjame en paz, Marujita Diaz!
A: Ya estás otra vez a la defensiva. Tan sólo quiero saber el por qué, y ya de paso echarle un vistazo. No se a que viene tanto misterio. Además, está genial, tienes que decirme quien te lo ha hecho y así de paso me hago yo uno –dijo a punto de estallar en carcajadas-.
F: No estoy a la defensiva… lo que no entiendo es por qué te interesa tanto. Eres demasiado observador… -hizo una pausa, se cruzó de brazos y miró fijamente a Angel. Meditó durante unos segundos y habló-. Está bien, pero con una condición.
A: ¿Sólo una?
F: No te pases de listo –le avisó con una mirada asesina-. No se lo puedes decir a nadie, y muchos menos a Buffy; sólo me faltaba eso.
A: Será nuestro secreto –dijo socarrón-, lo prometo –levantó la mano derecha-. Juro solemnemente, no decir ni pío de este asunto a nadie, ni siquiera a Buffy Anne Summers, por…
F: Está bien, está bien… -dijo cortándolo antes de que siguiera con su monólogo-, lo he pillado.
La cazadora morena se levantó lentamente, dudando de si hacerlo o no, la camiseta de tirantes blanca y, dejó al descubierto un desapercibido pero cuidado tatuaje. Angel pudo ver el delicado trazado de una B mayúscula gótica, cruzada por detrás de una estaca de madera y de lo que parecía un puñal ceremonial, todo hecho con el más mínimo detalle. El vampiro se acercó un poco más y lo observó detenidamente. El puñal le sonaba mucho. Estaba más que convencido de haberlo visto antes, en alguna parte. ¿Pero dónde? Aún así, seguía muy impresionado por cómo estaba hecho. Con sumo cariño y perfección. A pesar de lo pequeño que era, era asombroso lo mucho que podía llamar la atención si se miraba con atención.
Poco a poco fue recordando hasta que dio en el clavo. Su cara cambiaba de expresión a medida que su mente iba recuperando imágenes fugaces de los años que había pasado en Sunnydale. Al final acabó cayendo en la cuenta de a quien había pertenecido ese puñal y lo que había pasado con él. Sin lugar a dudas, un puñal como ese sólo había podido pertenecer a la cazadora morena y con él, Buffy había apuñalado a Faith, sin querer llegar a matarla, para llevársela a él y poder sobrevivir al veneno que ella misma le había clavado con una flecha.
Tenía que admitir que el tatuaje estaba hecho con una delicadeza extrema. El contorno estaba más que perfecto y el dibujo, a pesar de lo simple que era, daba la impresión de ser muy complicado. Todo estaba cuidado al detalle. Si uno se fijaba bien, se podían apreciar unas tonalidades de rojo fuego, como pinceladas, se posaban cuidadosamente tatuadas en la punta misma del puñal.
Era una maravilla para la vista, o eso pensó el vampiro. Sin duda alguna, el tatuaje más limpio que jamás había visto. Si lo que intentaba era esconderlo, lo había conseguido. Sino llega a ser porque había levantado los brazos estando en el vestíbulo, Angel no lo hubiera visto. Tenía que dar gracias a su magnífica vista, ya que por lo que parecía no lo había visto nadie más.
A: Está curradísimo –seguía agachado observándolo-, es increíble la delicadeza con la que está hecho, parece que esté hecho hasta con cariño. ¿Quién es el artista?
F: Yo misma –dijo segura de sí misma-.
A: ¡¿En serio? –El vampiro no podía salir de su asombro-, se que me repito, pero es que está perfecto. Ni el mío está tan currado como el tuyo. ¿Puedo? –preguntó levantando el dedo para tocarlo-.
F: Claro, adelante. Una cosa así no podía dejársela a cualquier persona –el vampiro después de ver la obra de arte de su amiga, se levantó y fue a sentarse a su sillón-.
A: ¿Y se puede saber dónde aprendiste? Lo digo por si algún día me paso y me enseñan a hacer algo tan genial como tú. ¡Sigo flipando en colores plastidecor! –Dijo mientras la morena se bajaba la camiseta y se volvía a sentar justo enfrente de Angel-.
F: En la cárcel.
A: Eres una caja de sorpresas, ¿lo sabías no? –Titubeó un momento antes de seguir-. Si se lo dijeras a Buffy se quedaría muy impresionada. Yo creo que se sentiría muy alagada si supiera que llevas un tatuaje por ella.
F: Lo sé, que sepas que eso va por lo primero que me has dicho. En cuanto a lo segundo, ¿tú flotas o qué? ¿Enseñárselo a Buffy dices? Ni loca, antes te beso a ti.
A: Eso ha sido un golpe muy bajo.
F: Ya lo sé –dijo con una sonrisa de oreja a oreja-. Resulta que pregunté por la mejor tatuadora de la penitenciaría y le pedí, por favor, que me enseñara. Así que, me puse manos a la obra. No quería perder ni un segundo. Aunque tampoco es que estuviera muy ocupada, ya sabes. Estuve practicando, tatué a algunas de las chicas con dibujos simples, y cuando estuve preparada del todo, con el diseño y demás, me lo hice –dijo mientras se levantaba la camiseta y admiraba su obra de arte con una sonrisa-.
A: Y tú que no hacías más que negarlo…
Vaya tarde más divertida pasó con Angel. Aunque si lo llega a saber, se hubiera puesto unas bragas de cuello alto. De esta forma, ni el vampiro hubiera sido capaz de vérselo; ni aunque se hubiera estirado como un gato. Pero para qué mentir, se sentía muy orgullosa de su tatuaje. Era algo en lo que había puesto mucho empeño, mucho tiempo y mucho sacrificio. Pero había valido la pena, sin dudarlo.
Sin embargo, nada de todo lo anterior era equiparable al primer beso entre las dos cazadoras. Era, sin lugar a dudas, el mejor recuerdo que la morena guardaba para sí. No lo había compartido con nadie, sólo con Buffy, y habían quedado en no decírselo nunca a nadie, y así había sido desde entonces, por lo menos en la parte que le correspondía a Faith.
No fue un beso premeditado ni mucho menos. Fue el beso más inocente y natural del mundo. Ni siquiera la cazadora rubia hubiera sido capaz de haberse dado cuenta de los sentimientos escondidos de la morena. Era a lo que más miedo tenía esta, y ya se encargó de que no se le notara ni un pelo, aunque tenía sus serias dudas de si lo había conseguido o no.
Gracias a este recuerdo, la morena había podido sobrevivir en la cárcel sin llegar a volverse loca por completo, porque un poquito sí lo estaba, pero en el buen sentido, sobretodo después de la rehabilitación. Durante todos los años que pasaron, ese beso todavía seguía caliente en los labios de la cazadora morena y era una huella que Buffy había dejado en ella para siempre.
Habían pasado unos cuantos meses desde que ella y Buffy se habían conocido en un callejón de Sunnydale, justo al lado del sitio de moda, el Bronze. Aunque natural e inocente, había sido bastante confuso para las dos.
Faith había ido a casa de Buffy a recogerla para salir de caza esa misma noche y después, si les apetecía, ir al Bronze a pegarse unos bailes y conocer algún que otro chico. Aunque esa no era la idea que llevaba la morena en mente. Prefería quedarse a solas con Buffy y tenerla para ella un ratito. Era un día normal como cualquier otro. Fue la madre de Buffy quien le abrió la puerta y se disculpó por no darle la bienvenida adecuadamente (había quedado y ya llegaba tarde) –debe de ser cosa de familia-. Le dijo donde estaba Buffy y salió corriendo por la puerta principal.
La morena subió las escaleras en dirección a la habitación de la otra cazadora. Cuando estuvo delante de la puerta, meditó y se lo pensó durante un buen rato. Estaba a punto de salírsele el corazón por completo del pecho. Reunió el valor suficiente del que pudo hacer acopio y llamó a la puerta, todavía titubeante. La voz de Buffy se escuchó desde el otro lado de la puerta. La hizo temblar de pies a cabeza.
B: ¡Adelante!
Titubeante, la cazadora morena se decidió a poner su mano en el pomo de la puerta y lo hizo girar lentamente. Se sentía a punto de vomitar. Tenía la sensación de estar flotando y que no podría desvanecerse en cualquier momento. Sus piernas le parecían hechas de gelatina, sus manos mantiquilla y su corazón una bomba de relojería apunto de estallar. Abrió la puerta y puso un pie en el umbral de la habitación de Buffy.
B: ¡Oh! Eres tú Faith, ¿qué tal todo? ¿Lista para salir de caza?
F: … -era incapaz de que por su boca saliera cualquier sonido-.
B: ¿Faith? –La rubia se dio la vuelta y se puso frente a la morena, para estar cara a cara-. ¿Estás bien? Estás muy rara últimamente…
F: Cinco… por… cinco, B -¡Estaba temblando! ¡¿Cómo era eso posible?-. ¿Nos… v-vamos?
B: ¿Seguro que estás bien? –la morena asintió-. Bien. Entonces andando.
Estaba demasiado nerviosa como para poder moverse de donde estaba. Tenía la sensación de que si intentaba moverse, aunque sólo fuese un centímetro se caería al suelo redonda, ya que sus piernas no aguantarían su peso. Buffy le había dicho, si por favor, podría ir cogiendo armas, estacas y demás para meterlas en la bolsa que tenía a su derecha. Parecía que todavía no se había decido que iba a ponerse para ir a cazar.
Nunca lo había entendido. ¿Tan difícil era ponerse unos pantalones, una camiseta y una chaqueta? Se le vino el mundo encima cuando la rubia le había dicho si la ayudaba a decidir que se ponía. ¡¿El mundo se había vuelto loco o qué? Para cuando se quería haber dado cuenta, Buffy ya se había quitado la camiseta que llevaba puesta y se había quedado en sujetador. Disimuladamente, como quien no quiere la cosa, dio un resoplido y tragó saliva. Se dio media vuelta en dirección a las armas y la bolsa. Echó una mirada furtiva a la rubia, era inevitable no mirarla. Al estar distraída observando a Buffy, la morena no vio la bolsa y tropezó, cayendo de bruces al suelo.
B: ¿Cuál de las dos te gusta más, la negra o la blanca? –Al no obtener respuesta, la rubia se giró buscando a Faith-. ¿Faith? ¿Dónde estás?
F: Aquí… -dijo levantando el brazo y moviéndolo de lado a lado para que Buffy la viera-.
B: ¡¿Pero qué estás haciendo ahí? –dijo dando la vuelta y ayudándola a levantarse-.
F: (Nuevos pasos de baile, no te jode. ¿A ti qué te parece? Vaya pregunta más estúpida…) Pues… (¿Es necesario que vaya así? Podría haberse puesto al menos una camiseta…).
La morena miraba distraída a todos los lados. Era incapaz de mantenerle la mirada a la rubia aunque fuera sólo un segundo. Se estaba poniendo realmente nerviosa y tenía razones de peso para ello. Tenía a la chica de sus sueños, los de cualquiera mejor dicho, justo delante de ella, en ropa interior, bueno vale, llevaba pantalones, pero lo que le importaba a Faith, era la parte de arriba. Estaba temblando de pies a cabeza.
B: Faith –le chascó los dedos delante de la cara, para ver si se daba por aludida-, estoy aquí. ¿Estás bien? Estás temblando…
F: (No me jodas… no me había dado cuenta. Eres muy observadora…). Estoy bien. ¿Te has decidido ya? Tenemos que irnos.
B: Que prisas te han entrado de repente. En fin… la cosa es que no sé cuál de las dos ponerme, si la blanca o la negra.
F: (Pero qué tortura, ¿qué he hecho yo para merecer esto? No contestes…) Pues… (la blanca, la blanca, la blanca)… ¡La negra!
B: ¿La negra? –miró la camiseta dudando, pero no dijo anda. La morena asintió-. Está bien –la rubia se pudo la camiseta y bajó corriendo las escaleras-.
F: ¡¿Dónde está el fuego? –gritó a la rubia, pero esta no le contestó-.
La morena se sentó en la cama, suspiró y se echó hacia atrás, quedándose boca arriba y mirando el techo. Intentaba calmarse un poco antes de que llegara su compañera y volviera a pillarla. Pero un grito procedente de la cocina subió las escaleras y se le metió en el cerebro, crispándole aún más.
B: ¡Mierda! –Buffy había subido las escaleras corriendo y había entrado por la puerta diciendo varios improperios y blasfemando. Se miraba la camiseta negra frustrada, que estaba completamente manchada de ¿leche?-. Esto sólo me puede pasar a mí –se quitó la camiseta manchada y la dejó tirada en el suelo-.
F: (¿Tú crees?) ¿Pero se puede saber qué coño te ha pasado? (No aguanto más. Como siga así me voy a echar a su yugular y no me hago responsable. Concéntrate…). ¿Eso de ahí es leche?
B: ¡¿A ti qué te parece?
F: Vale, vale… ya no te digo nada más. Que un poco más y me muerdes…
B: Si es que… ¡se me ha manchado hasta el sujetador! –se lo quitó de un tirón y se fue al armario, abrió el cajón de la ropa interior y cogió uno limpio-. ¿Me ayudas?
F: (¿Pero qué coño…? No, por supuesto que no. Rotundamente no) Claro… (¡¿Somos tontos o qué?).
A la morena le temblaba todo el cuerpo. Pero sobre todo sus manos, que pensaba que temblaban excesivamente para su gusto. Aunque por suerte para ella, Buffy estaba de espaldas, sujetando ambos extremos del sujetador, mientras ella se debatía en una lucha interna de si se lo abrochaba o no. Suspiró varias veces, intentando que la rubia no lo notara, cerró los ojos y se imaginó que estaba en su mundo de yuppi, lo cual no la ayudó en absoluto, debido a que ya estaba en él. No sabía si para bien o para mal.
Haciendo acopio de todas sus fuerzas, medio logró que sus manos dejaran de temblar momentáneamente. Todo lo decidida que pudo, cogió ambos lados del sujetador de Buffy y se lo abrochó. Sudando la gota gorda como estaba, dijo lo más calmada que pudo:
F: Ya estás… -dijo casi en un susurro-.
B: Muy bien –dijo de espaldas a ella y se giró para mirar a la cara a Faith- ¿Te gusta? Es nuevo.
F: (…) S-s-s-sí… -dijo como buenamente pudo-. (Tierra trágame…) Es-to… voy un momento al s-s-servicio…
B: ¿Qué mosca le habrá picado ahora? –se encogió de hombros y se dispuso a buscar su camiseta-.
La morena entró lo más disimulada y tranquilamente que pudo en el baño, para no levantar sospechas por parte de la rubia. Aunque viendo lo visto, no parecía notar absolutamente nada. Sin embargo, Faith, no podía estar tranquila. Más valía prevenir que curar. Se quedó mirándose detenidamente en el espejo. Se escrutaba a sí misma y recapacitaba un momento, todo lo sucedido unos minutos atrás. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué se sentía de esa manera frente a Buffy? ¿Por qué sólo con ella? Todo le resultaba muy nuevo, pero sobre todo, le resultaba muy extraño. Además, que sólo se sentía así con la rubia, porque con ninguna otra chica con las que había estado, había tenido tantos problemas como con Buffy. Bajó la mirada hacia sus manos. ¡Le estaban temblando! Al igual que las piernas. Era increíble lo que una sola persona era capaz de causarle. Ahora entendía a sus conquistas. Las veía temblar, y era algo que le encantaba. Pero no le gustaba estar en esa situación. Se sentía indefensa. Necesitaba sentarse ahora mismo. Fue directa a la bañera y se sentó justo en el borde de la misma. Agachó la cabeza y la escondió entre sus manos. Llamaron a la puerta.
B: ¿Faith, estás bien?
F: (No) Sí, en seguida salgo.
B: ¿Puedo entrar?
F: Eh… (No) –la morena dudó por unos instantes-, sí… supongo…
La puerta se abrió y por ella entró Buffy, todavía sin camiseta, y se puso enfrente de la morena de cuclillas; le levantó la cara y la miró directamente a los ojos. Los odiaba. Odiaba esos ojos verdes, pero a la vez no podía vivir sin ellos; sin que de vez en cuando le echaran una mirada.
B: ¿Seguro qué estás bien?
F: (¿Pero dónde coño estará su camiseta?) Que sí… ¿y tu camiseta?
B: Me la había dejado aquí –dijo con una sonrisa de disculpa en el rostro-.
F: (Genial…)
B: Estaba esperando a que salieras, pero al ver que tardabas tanto, decidí llamar a la puerta –hizo una pausa-. Es que últimamente estás muy rara… -se encogió de hombros-.
F: No estoy rara… -volvió a esconder la cabeza entre sus manos-. Sólo confundida…
No podía creer que esas dos palabras hubieran salido por su boca. La frases resonaba en su cerebro, atormentándolo "sólo confundida, sólo confundida, sólo confundida…". Ahora sí que no podría mirarla nunca más a la cara. -¡Soy imbécil! ¡Soy completamente, inútilmente imbécil! ¡¿Cómo he metido tanto la pata? Es más, ¿para qué coño habré abierto la boca? Ella está con Angel… Si es que no hago más que cagarla una y otra vez. ¿Es qué no voy a escarmentar nunca? A ver cómo lo arreglo ahora…-. La rubia no entendía nada.
B: ¿Confundida? ¿Por qué?
F: (A ti te lo voy a decir…, pues no flotas…)…
B: ¿Faith? –se acercó un poco más-.
F: (Por Jack, ¡ponte una camiseta! Así no me ayudas) Te vas a constipar…
B: No me importa –la morena era incapaz de levantar la cabeza de sus manos; estaba muy avergonzada-, y más si una amiga tiene problemas. –Esperó unos segundos, a ver cuál era la reacción de Faith-. Faith, mírame –intentó levantarle la cabeza sin conseguirlo-. Faith…
La morena acabó por ceder a la presión que Buffy estaba ejerciendo sobre ella y levantó la cabeza, clavando sus ojos color miel en esos penetrantes mares de color verde que tanto la atontaban y atormentaban interiormente. Sin embargo, no podía vivir sin ellos.
Para cuando se quiso dar cuenta, sus labios ya estaban a menos de dos centímetros de los de la cazadora rubia. A pesar de todo lo que le estaba diciendo su voz interior, su cuerpo hacía lo que le daba la gana y pasaba de ella por completo, ignorando las órdenes que su cerebro le dictaba y era incapaz de controlarlo. Estaba desbocado. Estaba más que segura de que, de un momento a otro, echaría por la boca su corazón desbocado.
Era como si sus labios se atrajeran por una fuerza invisible, imposible de romper e imposible de rebelarse contra ella. Cada vez que los labios de Buffy y los suyos se rozaban, notaba como su cuerpo respondía ante este estímulo y un escalofrío recorría su espina dorsal, haciendo que se corriera. Mientras que sus pezones se ponían completamente duros que hasta le dolían.
Nunca supieron quien de las dos dio el primer paso y fue la que lo empezó todo. Y aunque, era evidente, no lo exteriorizaran, Faith estaba más que convencida de que había sido la cazadora rubia quien lo había empezado todo y viceversa. Después de tantos meses soñando como sería el primer beso con Buffy, por fin lo descubría y se cumplía su deseo. Definitivamente había sido muchísimo mejor de lo que se había esperado. De lo más tierno, de lo más… no tenía palabras suficientes en su vocabulario, que no es que fuera muy extenso -¡EH! ¿Acaso me estás llamando inculta?- ¿Es que siempre me teneis que interrumpir una de las dos? Sólo he dicho que no tienes mucho vocabulario, eso es todo, y ahora si no te importa, me gustaría seguir ¿puedo? Gracias… bien, como iba diciendo…-. Para describirlo debidamente. Sin lugar a dudas ese beso, había superado todas sus expectativas.
La emoción de la situación llevó a, que ese simple beso, fuera casi a mayores. Mientras sus lenguas se encontraban en un baile sin fin, sus manos iban explorando y jugueteando con sus cuerpos por debajo de su camiseta, menos la rubia que iba sólo en sujetador. No querían perderse ni un milímetro de sus seodsos cuerpos y ahora sudorosos. Ambas tenían la piel de gallina y, aunque no lo pudieran ver, sus pezones estaban completamente duros que, al mínimo roce entre sus cuerpos, les hacía soltar pequeños gemidos involuntarios. En un momento de descuido, el besó se rompió y Buffy, llevada por sus instintos más básicos, le quitó la camiseta de un tirón, incapaz de seguir con esa molesta prenda de ropa que le molestaba tanto; dejándola al mismo nivel que ella. Lo que no desagradó a la morena, mientras, ésta le mordisqueaba suavemente el cuello, subiendo hasta el lóbulo de la oreja. La morena acorraló a Buffy es una esquina del baño y obligó a que su espalda se apoyara en la fría pared mientras sus labios buscaban ansiosos los de la rubia deseosos de más. Sus lenguas volvieron a encontrarse juntas y revueltas. Buffy al notar las manos de Faith en sus pantalones, apunto de desabrocharlos, se corrió sin poder evitarlo. Era algo superior a sus fuerzas. Estaba a punto de hacerlo ella misma, ya que Faith iba muy lenta para su gusto, cuando oyeron como alguien giraba la llave en la cerradura y a continuación ésta se abría, seguida de la voz de la madre de Buffy, preguntando por ella.
J: ¿Buffy? ¿Sigues en casa? –la voz de Joyce les llegó alta y clara desde el vestíbulo de la casa Summers- ¿Buffy?
B: S-s-s-s-sí… -dijo casi en un gemido. No podía ni hablar, ni pensar con claridad. Se aclaró la voz y continuó-. Estábamos acabando de coger las cosas. Ya nos íbamos. Mmmm… -una última sacudida recorrió su cuerpo hasta dejar completamente mojadas sus braguitas- mmmm… Será mejor que me cambie…
F: ¿Cambiarte el qué? –la mirada de la rubia lo dijo todo-. Oh, está bien. Te espero fuera…
De acuerdo, está bien. Ese beso no había sido para nada inocente, pero le gustaba recordarlo de esa manera. Sin embargo, nadie le podía negar que había sido el más natural que nunca antes había dado a alguien. Después de este caliente encuentro entre las dos, el primero; la rubia había salido corriendo del baño, después de haberse cambiado de ropa interior, para ir a recibir a su madre, dejando a una caliente Faith completamente sola, y en su cuarto.
Pero lo que sí que tenía claro la morena, es que ni de coña pensaba quedarse con el calentón que llevaba encima y aprovechó que la rubia la había dejado sola para masturbarse durante un rato y acabar lo que las dos cazadoras habían empezado. Y no era la única. Después de haber dejado a su madre en la cocina, Buffy se había escusado y se había metido en el baño de la planta baja y había empezado a masturbarse como nunca antes lo había hecho. La morena la había calentado a base de bien. Pero era incapaz de borrar la sonrisa que se le había dibujado en el rostro nada más pensar en ella y siguió moviendo los dedos dentro de sí.
Sí, sin duda uno de los mejores recuerdos que la cazadora morena guardaba en su mente. Su primer encuentro con Buffy. Sin embargo tenía otros muchos en los que había estado con la rubia y que le gustaban mucho; sin lugar a dudas los había disfrutado. Como cuando le preguntó por qué no se había acostado ni una sola vez con Xander, con el tiempo que llevaban siendo amigos. La cara que puso Buffy era para foto, por eso se la grabó a fuego en su cerebro. O el comportamiento que adoptaron después de ese "beso". Faith pensaba que iba a ser ella la que iba a estar nerviosa y la que iba a rehuir a la rubia después de todo lo que le había dicho en el cuarto de baño, pero para su sorpresa fue completamente al revés y, sinceramente, encontró bastante divertida la situación. La pandilla no entendía en absoluto su manera de comportarse entre ellas. Cuanto menos tiempo pasaran juntas, mejor. O eso pensaban ellas, más concretamente Buffy, ya que la situación no les hacía ningún bien. Estaban más despistadas de lo normal y a Giles y a Wesley los estaban volviendo locos, más de lo que ya estaban. Pero sin duda, lo que más le gustaba recordar con cariño, era el día siguiente a ese "beso robado".
A pesar de que ellas, hacían todo lo posible para huir de la tentación, sus cuerpos hacían todo lo contrario y sus hormonas estaban completamente desatadas. Parecían buscarse mutuamente, aunque no lo hicieran adrede, a veces si, y solían decir excusas sin mucho sentido, para estar un rato a solas; y otras veces, simplemente se encontraban por casualidad. Sin embargo, al segundo siguiente se evitaban y estaban a punto de pegarse por cualquier tontería, pero nunca se formó un silencio incómodo entre las dos. Por mucho que lo negasen se sentían muy cómodas estando juntas y eso que todavía no sabían nada de la conexión que mantenían por ser las dos cazadoras.
Cuando Faith entró por la puerta de la biblioteca, todos se giraron para ver quien era, incluida Buffy, que no había hecho otra cosa que estar pendiente constantemente de la puerta cada vez que entraba o salía alguien. Cuando la vio, no pudo evitar que una media sonrisa se le dibujara en la cara, casi imperceptible, pero que no se le escapó a la morena, y esta a su vez se la devolvió disimuladamente, sin que nadie se diera cuenta de nada. Aunque habían quedado en no decir nada y actuar como si nada hubiera pasado, no podían evitar la tensión que había entre ellas.
Saludó a todos rápidamente y fue a sentarse, justo delante de la rubia. Si ya desde que había entrado se había puesto nerviosa, huelga decir que si sentaba delante de ella, era como ponerse delante de un toro vestido completamente de rojo. Para su desgracia, Willow se había dado cuenta de su nerviosismo y le había preguntado en voz baja mientras Giles y Wesley explicaban lo acaecido en Sunnydale, en estos dos últimos días. Faith no se perdió ni una palabra que las dos chicas estaban diciendo.
W: ¿Qué te pasa? Estás temblando –la pelirroja la miraba entre preocupada y extrañada-.
B: Pues… (que me acabo de correr… cosas que pasan) es que estoy un poco cansada –desde que Faith se había sentado en la mesa había estado tocando con su pie, la pierna de Buffy, y la estaba poniendo de los nervios, no sabría cuanto tiempo más aguantaría esa situación-.
W: ¿Tú cansada? Eso es nuevo. No me digas… -la cara de la pelirroja cambió por completo y puso una sonrisa socarrona- … que Angel y tú…, ya sabes. ¿Te ha dejado agotada, no?
B: (Justamente Angel no…, pero sí que me han dejado agotada y no precisamente por haber salido a cazar) Eh… -miró de reojo a Faith e hizo una media sonrisa. La morena le devolvió la mirada-. (Si yo te contara…) ¿Qué? No, ¡NO! –dijo levantando excesivamente la voz y haciendo que todos se girasen en su dirección-.
G: ¿No qué, Buffy?
B: (No, a que no me he acostado con Angel, pero creo que eso no le importa) Esto… -la morena la miraba entre divertida y curiosa, con una sonrisa en su rostro que no la ayudaba en absoluto-. Nada…
G: Pues entonces, concéntrate en la misión y no te distraigas con tonterías –se quitó las gafas y se las limpió con su pañuelo-. La vida de gente inocente está en peligro –la rubia asintió-. Bien, como iba diciendo…
La rubia bajó la cabeza, ruborizada hasta la mismísima raíz del pelo. Y todo por culpa de Faith. Si es que siempre acababa por llevarse ella la culpa por sus meteduras de pata. Aunque en este caso, no había sido por eso. Sino por su libido y su atractivo físico. No podía dejar de pensar en ella, ni parar de mirarla. Pero es que, simplemente era incapaz de apartar la vista de semejante obra de arte. Se ponía nerviosa de tan sólo pensar que la morena la estaba mirando juguetonamente y que, además, estuviera tocando, constantemente, su pie, no la ayudaba en absoluto a tranquilizarse.
Estaba haciendo un gran esfuerzo para aguantarse y mantenerse calmada. En cualquier momento podría saltar sobre ella y no se hacía responsable de lo que pudiera suceder entonces. Sin embargo, que le pusiera nerviosa no significaba que no le gustase. Todo lo contrario. Es más, le encantaba que Faith estuviera tan pendiente de ella. La cosa es que, la morena, tenía la gracia, la bendición, como queráis llamarlo, de que no se le notara en absoluto; sabía fingir a la perfección. Tanto, que hasta Buffy pensaba que estaba prestando atención a todo lo que decían tanto Giles como Wesley. Sin embargo, ella era todo lo contrario. Lo podía saber, porque Willow no hacía más que mirarla de una manera muy extraña, como si tuviese monos en la cara o algo; lo que significaba que su cara era todo un poema. La morena tenía que coger siempre los mejores momentos para hacerle la puñeta: en una reunión, lo cual era lo más frecuente; en clase, cunado estaba hablando con alguien… y un largo etcétera. Era como si le diera morbo eso de que hubiera gente a su alrededor.
B: ¡Ya basta! -gritó de repente la rubia. Se había puesto de pie de un salto y todos la miraban en silencio y sin entender absolutamente nada. La mayoría pensó que se había vuelto loca, un poco más de lo que ya estaba-. Lo siento... -y salió corriendo de la biblioteca; se sentía abochornada-.
W: ¿Pero qué demonios le pasa a esta chica? -hizo una pausa-. Señor Giles, debe usted vigilar más de cerca a su cazadora; se está descontrolando mucho, últimamente. Por no mencionar su comportamiento y actitud frente a las cosas.
G: No necesito que me diga cómo vigilar a mi cazadora, señor Wyndam-Pryce -dijo fulminándole con la mirada, o esa pensaba él-. Faith, ves a buscar a Buffy, por favor. A ver si averiguas que le puede pasar -la morena asintió y salió por la puerta.
Una vez que la cazadora morena se hubo ido, la pelirroja le dirigió una mirada cargada de odio a Giles y le espetó, de malas maneras, porqué había mandado a Faith en vez de ella. Sin lugar a dudas, ella era su mejor amiga y quien mejor la podía entender; no había nadie mejor que ella para averiguar que le pasaba a Buffy.
G: Debes saber Willow, que entre Buffy y Faith, por mucho que no te guste, parece existir una conexión que tú con Buffy, no compartes. Parecen estar bastante compenetradas entre sí, con lo que, le resultará mucho más fácil averiguarlo a Faith que a ti-. Hizo una pausa- bien, si no hay más objeciones, continuaremos donde lo habíamos dejado.
(Baño de las chicas, instituto Sunnydale)
La morena entró en el baño lo más sigilosamente de lo que fue capaz. Sabía que Buffy intuía que Giles habría enviado alguien, pero no quería que supiera que fuera ella, ya que no le dejaría que se acercara demasiado, visto lo visto.
Si pensaba que era Willow, la rubia abriría la puerta pensando que sería su mejor amiga y se encontraría con Faith. De esta manera no podría escaquearse, porque la cazadora no podría evitar a la morena.
Pero se equivocaba por completo. De nada había servido su entrada triunfal, ya que Buffy la conocía mejor de lo que ella esperaba y parecía estar esperándola. Seguramente Giles, no estuviera del todo ido con eso de la conexión, y realmente no fuera tan disparatada la idea. -Dichoso Giles... ¿es que siempre tiene que tener razón con ese tipo de cosas? Bueno, habrá que mirar el lado bueno de las cosas. Así la caza será mucho más entretenida-. A medida que se acercaba a la rubia, una sonrisa se dibujó en su rostro.
B: ¿De qué te ríes ahora? -parecía estar a la defensiva-.
F: ¿Yo? -dijo en tono inocente, esperando la reacción de Buffy-. De nada... ¿De qué iba a reírme?
B: A no sé. Tú sabrás...
F: Eso es un poco redundante, ¿lo sabías? -dijo remarcando la última palabra-.
B: ¡Vaya! No sabía que supieras el significado de esa palabra.
F: Sé mucho más de lo que tú te piensas -se acercó desafiante a la rubia-. Además, creo que sabes que no estamos aquí para hablar, ¿o me equivoco? -sus rostros estaban a menos de dos escasos centímetros-.
B: (¡Joder! Pero que polvazo tiene, así no hay quien se resista...) ...
F: ¿Qué te pasa? ¿No puedes contestar? Necesitas un empujón -dijo pensando. Se acercó lo suficiente para que sus labios se rozaran cuanto a penas-. Veo que sigues sin hablar. ¿O es que directamente, no puedes?
B: A lo mejor no quiero hablar... -lo dejó caer-. O... puede que quiera hacer... Mmmmm ¿cómo decirlo? ... Otras cosas. No sé si me entiendes -Faith se quedó completamente muda, sin saber qué decir-. Vaya, vaya... ¿quién no puede hablar ahora, eh?
Para ese momento, la cazadora morena había acorralado a Buffy contra la pared del baño, en una de las esquinas, guarecida de miradas curiosas y ajenas, al final de la habitación. Puso sus manos, una a cada lado del rostro de la rubia con una sonrisa pícara en el rostro y se acercó mucho a su chica. Le robó un beso a modo de aviso y se separó, para volver a atacar en seguida.
F: No necesito hablar para dejarte completamente muda. Son los hechos lo que hablan por sí solos, ¿o me equivoco?
B: (¡Joder! ¡Me ha dejado calada! De todas las formas posibles...) ...
F: Ya veo... -sus ojos rebosaban socarronería; estaba rebosante-. A lo mejor... necesitas otro "hecho" -hizo un gesto con los dedos índice y corazón delante de su cara-. Un poco más, no sé ¿subidito de tono? Para ir entrando en materia y...
Pero antes de que pudiera acabar la frase, la rubia se le había adelantado y había introducido una de sus manos por dentro de su camiseta. ¡Hasta del sujetador! Y le estaba sobando la teta de mala manera, y ella que pensaba que era una mojigata reprimida... Además que no hacía más que recrearse en su pezón, lo que hacía que se le escaparan pequeños gemidos.
F: Vaya... y la chica que parecía una mojigata -dijo intentado que la rubia no notara que la había cogido por sorpresa, sin mucho éxito-. Me he equivocado completamente contigo, B.
B: Solamente me remito a los "hechos" -le copió, imitándola-. O eso dices tú, ¿no? ¿Cómo andas? -dijo metiendo su otra mano por debajo de su camiseta-.
F: Con los pies... -Buffy la fulminó con la mirada-. Cinco por cinco, B -corrigió rápidamente al notar como la rubia comprimía ligeramente sus pezones, escapándosele otro pequeño gemido-.
B: Vaya, vaya... me lo estás poniendo todo en bandeja, demasiado fácil. Me gustan los retos, de otra manera me aburro.
F: (Que te lo has creído tú...) Mensaje recibido...
En un rápido movimiento, la morena le había desabrochado el botón del pantalón a la Cazadora sin que esta se hubiera dado cuenta, ya que estaba ocupada en otros menesteres más importantes que un simple botón. Con gracia y salero, Faith metió limpiamente su mano dentro de los pantalones de Buffy, tan rápido que no le dio tiempo a reaccionar. Con sus dedos en el lugar indicado, se acercó a la rubia para besarla mientras sus dedos tocaban el clítoris y la hacían dar gemidos ahogados. Haciendo que Buffy dejara por unos segundos sus pezones tomando ella el control. Pero antes de llegar a rozar sus labios, la voz de Willow se escuchó en el baño de las chicas.
W: ¿Buffy? ¿Faith?
Buffy le dio un empujón a Faith justo a tiempo para que la pelirroja no viera que la morena estaba justo encima de la rubia y con la mano dentro de sus pantalones. Una vez apareció Willow por el resquicio de la puerta del cuartito, Faith la cubrió para que pudiera subirse la cremallera y abrocharse el botón del pantalón, que para el gusto de la morena, estaba tardando demasiado. ¿Tan difícil era abrochárselo?
W: ¿Buffy, estás bien?
B: Sí... -dijo en un suspiro y apartando a Faith disimuladamente- ¿qué haces aquí?
W: Al ver que tardabais tanto, Giles me ha enviado para ver qué os pasaba y por qué estabais tardando -tenía el ceño fruncido; algo había pasado ahí dentro y quería saber exactamente el qué- ¿Vamos?
B: Sí, espera un momento. Ves saliendo y ahora te alcanzamos.
W: ¿Y ella? -dijo señalando a Faith; no le gustaba ni un pelo. Bastante tiempo había pasado ya con ella. Buffy estaba muy rara-.
B: Tengo que hablar con ella, sólo será un segundo.
W: Muy bien -dijo recelosa y salió por la puerta a regañadientes-.
B: Como vuelvas a calentarme -se giró hacia la morena-, y no acabes lo que empiezas, te juro que...
F: Juras que... ¿qué? -la cortó- ¿me estás amenazando?
B: Es la segunda vez en dos días que me calientas sobremanera y no acabas el "trabajo". Así que sí, te estoy amenazando. Si vuelves a empezar algo y me dejas a mitad, te juro, y termino lo que no me has dejado decir, que si vuelves a calentarme de esa manera y no acabas lo que empiezas, te calentaré de tal manera que desearás estar muerta y pedirás clemencia. Haré que te corras hasta deshidratarte y te penetraré de tal manera que serás incapaz de dejar de gemir y gritar del placer que te resultará la situación. Y por supuesto, no tocarás nada de esto -dijo señalando su cuerpo de arriba abajo-. Usaré mi lengua para hacerte temblar de tal manera que te bailarán los huesos bajo tus músculos. Mordisquearé tus duros pezones y te retorcerás de placer, imposible de hacer nada al respecto. Te sentirás tan impotente que pedirás clemencia para que pare, pero luego te arrepentirás de haber dicho eso, porque estarás demasiado caliente y necesitarás que termine, y precisamente por eso iré lo más lento posible, para que sufras y después de todo esto, por supuesto, será el mejor orgasmo que hayas tenido nunca antes. Y luego te dejaré tirada en un cementerio repleto de vampiros.
F: No me preocupa la parte del cementerio, sinceramente.
B: Lo sé. Pero lo hará, porque después de habértelos cargado a todos estarás caliente otra vez, y no pienso ayudarte a calmar a la bestia que llevarás dentro en ese momento.
F: Eso ha sido un golpe bajo...
B: Lo sé -dijo sonriendo soberbiamente-. La verdad es que te lo merecerías.
F: Lo dudo -fanfarroneó en tonos de grandeza-.
B: Te lo tienes muy creído.
F: Que va... mira que dices tonterías a lo largo del día.
Después de dos miradas furtivas, las dos cazadoras salieron del baño de las chicas riendo y bromeando la una con la otra, como si nada hubiera pasado, y se encontraron con una Willow completamente aturdida al verlas aparecer tan amiguitas. Empezaba a preocuparse por las compañías que frecuentaba su amiga. Sin embargo, lo dejó pasar y se unió a las risas. Sin lugar a dudas uno de los mejores recuerdos que conservaba. Pero el incidente del ascensor, fue el recuerdo más divertido y embarazoso en su vida. Había sido una de las noches más locas y a la mañana siguiente, lo que se encontró la dejó boquiabierta, y no fue la única.
Las puertas del ascensor se abrieron de par en par y vio salir dos personas de su interior. Para su desgracia, no todo el mundo salió, quedándose un hombre bajito y gordo leyendo un periódico. Llevaba un sombrero de lo más hortera para que no se notara tanto que estaba completamente calvo. -Joder... con la resaca que llevo encima y tengo que aguantar la compañía de un topo, que por lo que se ve, es un cotilla de mucho cuidado. Alguien tendría que decirle que ese gorro es lo más feo que se ha hecho nunca y que debería estar prohibido llevarlo puesto. Es una aberración y eso que yo no entiendo de moda. En fin... lo mejor será pasar desapercibido-. Sinceramente, había sido una noche inolvidable y bastante emocionante, y para qué mentir, también había sido salvaje. Pero estaba hecho polvo, nunca mejor dicho. Y era muy extraño, porque nadie, en todos los años que tenía, nadie, lo había cansado tanto. Se lo llegan a decir el día anterior y se está todo el día meándose de la risa por lo absurdo del comentario. Pero así había sido y por eso llevaba las gafas de sol más oscuras que había podido encontrar. No quería que nadie lo viese con ese aspecto y en ese estado, y bastante tenía ya, en no ir solo en el ascensor.
Las puertas del ascensor se abrieron y por suerte para él, todas las personas que iban en su interior, bajaron en el piso en el que se encontraba, quedándose completamente solo. -Uy, que lujo. Me he quedado completamente solo. Muchísimo mejor, así no tendré que estar escondiendo estas horribles ojeras que me llegan hasta los tobillos. ¡Vaya nochecita! Quien me lo iba a decir. ¡Estoy agotadísimo!-. Las puertas se cerraron y bostezó ruidosamente. Lo único que quería era que nadie conocido rondara por la zona; solamente le faltaba eso. A ver cómo explicaba el porqué estaba allí con unas ojeras más negras que su vestimenta y el pelo completamente alborotado y sin peinar.
De vez en cuando, podía ver cómo el hombre topo, levantaba la vista de su periódico y lo miraba con curiosidad y un poco de recelo. No se le podía culpar. Dime tú, que se te acerca un hombre el doble que tú, con gafas de sol oscuras y cara de pocos amigos y a ver cómo reaccionas. Desesperado, pegó un resoplido de indignación, para ver si el hombrecito se daba por aludido y captaba la indirecta y lo dejaba en paz de una vez. Se cruzó de brazos y alzó la vista para ver el siguiente piso, deseoso de que el molesto hombrecito se bajara en el siguiente. Que, para su desgracia, esto no ocurrió. Sin embargo, la puerta del ascensor se abrió y por ella entro una persona. Aunque, no sabía qué fue peor: si que el topo no se bajara o que hubiera subido la persona a la que no esperaba ver en ese mismo momento. La sorpresa de ella no era menor. Estaba estupefacta.
F: ¡Angel! -dijo una vez dentro del ascensor-. ¿Qué coño estás haciendo aquí? -no parecía muy contenta de encontrarlo allí-.
A: La misma pregunta podría hacerte yo -la morena llevaba el pelo revuelto y sin peinar. Con unas gafas de sol que casi le cubrían toda la cara y el tirante del sujetador lo llevaba caído. Parecía que no había sido el único que había estado de fiesta toda la noche-. Vaya pintas...
F: Pues anda que tu... ¿Acaso te has mirado en el espejo? Porque das pena... -el vampiro la fulminó con la mirada y esta empezó a reírse por lo bajo-. ¡Uy! Lo siento...
A: Mira quien fue hablar...
Estaba deseoso de que el dichoso ascensor bajara de una vez a la planta baja. Por suerte para él, no se había detenido en ningún piso, de momento. Pero tenía muy claro, que para la próxima vez, porque tendría que haber una próxima vez, se instalaría en la primera planta, porque la espera lo estaba matando. Pero para su desgracia, el destino, o eso pensó él, tenía que hacerlo sufrir por todo lo que había hecho en su vida pasada y en el siguiente piso, el ascensor se paró, para que subiera la persona que menos esperaba y deseaba ver en toda la faz de la tierra, ni en ese momento ni en ese lugar.
B: ¿Spike? -dijo incrédula y un poco asustada-. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿No me habrás seguido, verdad?
S: ¡Buffy! -su cara lo decía todo-. No todo mi mundo gira en torno a ti, ¿sabes? -estaba un poco indignado-. También tengo vida social. Al igual que tú.
B: Por favor, no digas tonterías. Un vampiro engominado y oxigenado como tú, no tiene vida social, por mucho que quieras -era la última persona en el mundo con quien quería estar o hablar-.
S: ¿Acaso te has visto? Tienes un aspecto muchísimo más deplorable que yo -y era verdad. La rubia se había puesto del revés la camiseta que llevaba, con la etiqueta tanto por fuera como por delante. No se había peinado y a ver quien tenía pelotas para hacerlo, ese pelo parecía tener vida propia y las gafas que llevaba eran incapaces de ocultar las enormes ojeras que tenía-. Me das miedo...
B: Que yo sepa, no he dicho nada referente a tu imagen, pero ahora que lo dices, tienes un aspecto lamentable. Si ya me dabas pena antes, imagínate ahora.
S: Eso lo dices porque me deseas...
B: Eso no te lo crees tú, ni borracho...
El ascensor se había quedado completamente en silencio. Era una de las primeras veces, en que los dos amigos se sentían incómodos estando los dos juntos y sin decir nada. El pequeño hombrecito agudizaba su oído para no perderse nada de lo que se fuera a decir. Sin embargo, no levantaba la vista de su periódico, no fuera a ser que se descubriera el pastel; pero ni Faith ni Angel eran tan estúpidos como para no saber que el hombre topo les estaba escuchando. Aunque no fue un impedimento para seguir la conversación de antes.
A: ¿No piensas decirme con quien has pasado la noche?
F: ¿Me lo vas a decir tú? -dijo a la defensiva-. Aunque por tu cara, tengo que decir que debió ser una noche fantástica, ¿no? ¿Follasteis mucho tu amigo y tú?
Antes de que la morena pudiera seguir diciendo improperios, Angel la cogió del brazo y le tapó la boca de forma disimulada, para que mantuviera la boca cerrada y si no podía, que por lo menos bajara la voz. A nadie le interesaba lo que había hecho o dejado de hacer la noche anterior. Y más con el topo detrás escuchándolo todo. Aunque no es que le importara mucho a la cazadora.
A: ¿Acaso tú no? -dijo en un susurro, un poco molesto por el comentario anterior- porque pareces bastante amargada...
F: Vaya, vaya... ¿así que eso es un sí, eh? -le dio un golpecito con el codo al vampiro- y para tu información, yo sí que follé anoche, y vaya si lo hicimos. No hicimos otra cosa en toda la noche.
A: Eso estaba más que claro. Sería muy raro que no lo hubieras hecho, no sería propio de ti. Sin embargo, la única pregunta que me viene constantemente a la cabeza es: ¿quién?
F: A ti te lo voy a decir...
A: Hagamos una cosa, si tú me dices con quien te lo montaste anoche, yo te digo con quien me lo monté. ¿Te parece?
F: Mmmm... deja que me lo piense -se rascó la barbilla como si estuviera meditándolo-. Está bien.
Pero antes de que la morena pudiera darle una respuesta, las puertas del ascensor se volvieron a abrir.
Tanto Buffy como Spike no paraban de mirarse por el rabillo del ojo, para ver como reaccionaban. Cada uno estaba en una esquina del ascensor, lo más lejos posible del otro, no fuera a ser, que se les pegara algo. Estaban de brazos cruzados y mirando al frente. Pero el rubio oxigenado no pudo, para desgracia de la cazadora, aguantar tanto tiempo sin abrir esa bocaza suya.
S: ¿No piensas decirme con quien estuviste anoche? -le picaba la curiosidad y no era muy paciente que digamos-. Tengo curiosidad por saber el nombre de la persona que te dejó así -la miró de arriba abajo-. Debe de ser una fiera en la cama...
B: Para empezar, a ti no te importa con quien me haya acostado yo (y sí que es una fiera en la cama, y vaya fiera...) y para seguir... -no sabía cómo seguir-.
S: Vaya, vaya... la gatita se ha quedado muda, ¿eh? Tienes que presentarme a ese chico que te ha dejado sin palabras.
B: Y a ti quien te ha dicho que fuera un chico... -el rubio se quedó boquiabierto-.
S: ¿Así que ya es oficial, no? Por fin has salido del armario. Te ha costado...
B: Yo no he salido de ningún sitio -dijo a la defensiva-. Que haya estado...
S: Acostado... -la rectificó el rubio-.
B: Que haya estado... -empezó otra vez ignorándolo y fulminándolo con la mirada- ... con una chica, no significa que sea lesbiana.
S: Ya... eso dicen todos, y luego mira, acaban por ser más gays que Boris Izaguirre. Puedes estar en medio, que a mí no me importa en absoluto -aclaró-, pero sino eliges una acera pronto, acabarán por atropellarte.
B: ¿Cuándo te has vuelto tú tan profundo? -la rubia estaba flipando en colores plastidecor-.
S: La primera vez que me penetra... -el vampiro no acabó la frase porque las puertas del ascensor se abrieron y por ellas entró una persona-.
A: ¡Wesley!
W: ¡Angel!
F: ¿Wesley?
W: ¡Faith! -gritó horrorizado-.
(N/A ¡Asno! Jejeje lo siento, no he podido resistirme ^^)
G: ¡Buffy!
B: ¡Giles!
G: ¿Spike...?
S: Giles... -dijo moviendo la cabeza de lado a lado-.
W: ¿Qué diablos estáis haciendo vosotros dos aquí? -estaba realmente alterado y no hacía más que quitarse las gafas y limpiárselas-. Sobre todo tú -dijo mirando a Angel-, se supone que a estas horas no puedes salir a la calle.
A: ¡¿Qué qué hago yo aquí? ¡¿Y tú qué? -dijo a la defensiva. Wesley se estaba colocando bien la corbata y la camisa. Podía verse que estaba muy nervioso-. ¿Te puedes estar quitecito de una vez? Me estás sacando de quicio...
F: Creo que ya sé que es lo que está pasando -el británico dio un respingo y la interrogó con la mirada. Angel la miraba intrigado por lo que pudiera decir la morena-. ¡Wesley ha echado un polvo!
Wesley se puso rojo como un tomate y empezó a sudar la gota gorda. La morena estaba disfrutando la situación como nunca, tenía que estar aguantándose las carcajadas y Angel no sabía dónde meterse. El señor topo tiró el periódico por el aire y se escondió detrás de su horrible sombrero.
Después de que Wesley se hubiera recompuesto del shock sufrido segundos antes, le contestó a la morena por el comentario, pero previamente, le espetó al hombrecito:
W: ¡Métase en sus asuntos, cotilla! -el hombre topo enrojeció hasta la raíz del pelo, recogió su periódico y en el siguiente piso se bajó-. Y tú... -señaló a Faith-, siempre serás una vulgar, eres incapaz de cambiar. -La morena veía eso más como un cumplido que como un insulto, pero Wesley parecía no verlo-. Qué más le dará a la gente lo que yo haya hecho esta noche...
F: ¡Eso es un sí! -dijo ignorándolo-. Además, a mí sí que me importa. Me tenéis en vilo los dos. ¿Quiénes son los afortunados?
W: ¿Por qué das por hecho que es un chico?
F: Wesley... -dijo mirándolo de arriba abajo-, por favor, que nos conocemos. No me obligues a explicártelo.
A: De verdad, no sé cómo lo haces...
F: Cosas de chicas... -dijo sonriendo-.
A: O de lesbianas, vete tú a saber...
F: Bueno, ¿quién es el afortunado, Wesley?
W: Pues...
Spike miraba incrédulo a Giles. Éste a su vez evitaba cualquier mirada directa, sobre todo por parte de la rubia. Buffy, por su lado, no sabía qué decir, estaba horrorizada después de haber visto el aspecto lamentable que había traído el que fue su antiguo vigilante.
Cuando Giles había entrado en el interior del ascensor, tenía las gafas torcidas, la corbata no tenía hecho el nudo y la llevaba a modo de bufanda, la camisa la llevaba por fuera y los pantalones se le iban cayendo porque no llevaba puesto el cinturón, en este caso el de seguridad, para el bien de la vista del resto. Sin lugar a dudas, Giles había manchado la imagen que tenía de él.
Después haberse recuperado del shock, Spike, estaba mucho más interesado por saber, quien en su sano juicio se había acostado con el británico ese y sobre todo el por qué. Esto superaba en creces el haberse encontrado con la rubia. Pero lo que más le chocaba era que Giles tuviera una vida sexual, y por lo que parecía, bastante activa. Cuando se lo imaginó, la cara de asco y repelús que puso, hizo que Buffy rompiera el silencio, como si hubiera adivinado lo que se le estaba pasando por la cabeza en ese mismo instante.
B: No me digas que... -era incapaz de acabar la frase-.
Spike asintió incapaz de hablar. Cuando por fin pudo articular palabra miró a Buffy.
S: Si... -dijo muerto del asco-, es inevitable.
B: Lo sé... -Giles se giró y vio la cara que tenían-.
G: ¿Se puede saber qué os pasa a los dos?
B: Nada...
S: Nos vas a decir con quien... -un escalofrío recorrió su cuerpo. ¡Qué repelús!-.
G: No creo que sea de vuestra incumbencia...
Las puertas del ascensor se abrieron. Todos miraron hacia arriba y vieron aliviados que habían llegado a la planta baja. Dubitativos, salieron del ascensor; Después de la situación tan embarazosa que habían vivido, cualquier cosa era mejor que seguir dentro de ese maldito ascensor con aquellos dos. Pero nada más poner un pie fuera del ascensor, hubieran deseado no haberlo hecho.
Justo en el ascensor de al lado, estaban las últimas tres personas que hubieran querido ver en ese mismo instante. Unos sorprendidos Faith, Angel y Wesley los miraban asustados, mientras que Buffy, Spike y Giles les devolvían la mirada con los ojos fuera de las órbitas.
F: ¿Spike? -dijo incrédula-.
B: ¿Angel? -miró interrogativamente a Spike-.
A: ¡Giles!
S: ¿Wesley?
G: ¡Faith!
W: Buffy...
F: Vaya, vaya... creo que ya sabemos con quien se ha acostado cada uno; unos más espeluznantes que otros..., pero bueno, va a ser que nadie es perfecto -a pesar de todo el embrollo, una sonrisa se dibujó en su rostro. Ella no estaba para nada avergonzada de haberse acostado con la rubia, más bien todo lo contrario-. Sois todos una caja de sorpresas.
