Capitulo 9: "Los hermanos O'Halley"
La gente entraba y salía aceleradamente de la sala, que estaba abarrotada de familiares y amigos. Gente que estaba de pie, otros que miraban el reloj y maldecían por lo bajo y otros que, por haber pasado la noche en vela, ocupaban varios asientos. Unos lloraban y otros reían, todo dependía de cómo de buenas o malas fueran las noticias.
Pero sin lugar a dudas, lo que más se respiraba en el ambiente, era la tensión acumulada por las horas pasadas allí dentro. Buffy empezaba a odiar esas salas. Ya tiempo atrás, había estado allí, debido a la enfermedad de su madre; y ahora estaba, debido a Faith. Era la segunda vez en menos de un mes, que se encontraba en esa misma atestada y dichosa sala con olor a alcohol y desinfectante.
Definitivamente Buffy odiaba, oficialmente, cualquier tipo de médico. Ya fuese un hospital, un ambulatorio, una consulta o cualquier sitio por el estilo. Había llamado, hacía más de veinte minutos, a Destiny y le había dicho que acudiera a urgencias, pero después le había mandado un mensaje diciéndole que estaba en la sala de espera. Sin embargo, la pelirroja todavía no había llegado y empezaba a impacientarse. Volvió a mirar el reloj de la pared, en el que el tiempo parecía no avanzar. De nada le sirvió, ya que era la misma hora que hacía un minuto.
Había intentado sentarse, pero le había parecido completamente imposible. Era incapaz de estarse quieta ni un segundo. Se había estado paseando durante más de media hora desde que había traído a Faith y se la habían llevado en una camilla por las puertas donde ponía en letras grandes y rojas: "URGENCIAS". Y no había vuelto a saber nada de ella desde entonces. Estaba realmente preocupada y Destiny no llegaba. Se estaba poniendo tan nerviosa, que estaba a punto de morderse las uñas. Sin embargo, sólo se controlaba porque Faith le había dicho que quedaba muy feo y no le gustaba ni un pelo que lo hiciera delante suya, además que le había dicho que le daba un poco de repelús. Pero la situación empezaba a sobrecogerla y no sabría cuánto más podría aguantar.
Desesperada como estaba, miró cuantas monedas tenía en el bolsillo y se fue a una de las cabinas telefónicas y marcó el número de su casa en Sunnydale. Estaba tan nerviosa que ni se paró a mirar el reloj para saber qué hora sería allí en California. Dio dos toques y al tercero, una voz de chica joven le contestó al otro lado del teléfono. Era su hermana, Dawn.
D: ¿Diga?
B: ¿Dawn? ¿Eres tú?
D: ¿Buffy? ¡Buffy! ¡Es Buffy! –gritó al otro lado del teléfono-. ¡Willow, Tara, es Buffy! ¡¿Cómo estás? ¡¿Por qué has tardado tanto en llamar? ¡¿Qué tal todo? ¡¿Cómo están Destiny y Faith? ¿Buffy?
B: Dawn, cariño, son muchas preguntas seguidas. Cálmate y respira. Yo estoy bien, pero necesito hablar Tara, por favor. Es urgente, luego hablo contigo.
D: ¿Pero seguro que tú estás bien?
B: Sí, no tienes de qué preocuparte. Pásame a Tara, por favor.
T: ¿Buffy?
B: ¡Tara!
T: ¿Qué te pasa? Pareces alterada, ¿y Faith?
B: Por eso te llamaba.
T: ¿Pero tú estás bien?
B: Sí…
T: Veo que ya te lo han preguntado.
B: Sí, y me canso de responder siempre lo mismo.
T: ¿Entonces… está bien?
B: No… -estaba al borde de los nervios- y Destiny no llega. La llamé hace más de veinte minutos y aún no ha llegado.
T: ¿Qué ha pasado?
B: Faith se fue de casa una vez ya había anochecido…
T: ¿Qué Faith se fue de casa? ¿Por qué?
B: Eso no viene a cuento. Quiero decir, que no es importante, además de que tampoco lo sé. Si se despierta se lo preguntaré –se aguantó un arranque de lágrimas-. La cosa es que se fue, ya entrada la noche. No es que estuviera mal, pero la herida no se le había curado del todo.
T: No te entiendo Buffy, necesito que te expliques un poco mejor. ¿Qué es lo que le ha pasado exactamente a Faith?
B: No lo sé… -estaba histérica y se puso a gimotear muy deprisa e ininteligiblemente-. Estaba lloviendo mucho, es más, sigue lloviendo. Una tormenta de las grandes. Me costó más de dos horas encontrarla en un cementerio de las afueras de Nueva York. Estaba tirada en el suelo, completamente mojada, temblando y amoratada. Estaba sangrando y a punto de perder por completo el conocimiento. No me dijo mucho, pero creo que la paliza se la dio la misma persona que le hizo el corte del costado la vez pasada que ingresó en el hospital.
T: No hables tan rápido que no te entiendo muy bien y, sé que es mucho pedir, pero intenta vocalizar cuando hables. Lo primero ¿sabes quién es?
B: No…, ni si quiera sé si es una mujer o un hombre, ni su edad, nada. ¡No sé NADA! Estoy completamente en blanco y no sé qué más hacer.
T: A ver, cálmate. Respira hondo y cuenta hasta diez. Nunca antes, desde que te conozco, te había entrado el pánico de esa manera.
B: No sé porque, esta situación me sobrepasa tanto. No lo entiendo…
T: Ya lo entenderás. Tú y Faith, te lo repito. Aunque ya deberíais ir entendiéndolo. Pero ese no es el tema ahora. ¿Qué necesitas que busque?
B: No lo sé, ahora mismo estoy bloqueada y no sé por dónde empezar.
T: ¿Crees que tiene algo que ver con lo que os dijeron Giles y el Consejo de Vigilantes sobre la congregación de vampiros en el sur de Nueva York y los O'Halley?
B: Puede –empezaba a pensar con más claridad-. Pero la persona que ha atacado a Faith, en dos ocasiones, es realmente fuerte. No es nada fácil derrotar a una cazavampiros y menos a Faith –hizo una pausa-. Creo que lo mejor sería investigar más a fondo la familia O'Halley. Hay que averiguar lo máximo posible sobre ellos: quiénes son sus integrantes actualmente, aparte, claro, de Richard O'Halley, que intenciones tienen, sus poderes… y un largo etcétera.
T: Muy bien, ahora mismo me pongo manos a la obra y en cuanto tenga algo de peso te llamo y compartimos información.
B: Muchas gracias, Tara. No sé qué haría sin todo vuestro apoyo, pero en especial el tuyo.
T: No me las des, lo hago con mucho gusto. Pero sabes muy bien, que también tienes a Faith para todo lo que necesites, aunque no lo parezca –añadió rápidamente-.
B: Eso tendré que verlo... da recuerdos a todos, en especial a Dawn y Will.
T: Querían hablar contigo… -lo dejó caer como quien no quiere la cosa, a pesar de que sabía que no era el mejor momento-.
B: Lo sé, pero ahora mismo no me siento con fuerzas para hablar con nade y menos con ellas. No quiero que me noten así, porque no sé mentir y en seguida me pillarían. Además de que no lo entenderían. Al menos, no por ahora, puede que más adelante.
T: Muy bien. No habéis vuelto a tener sueños conjuntos ¿verdad?
B: No, la cosa es que todavía no hemos podido dormir ni un poco.
T: De todas formas estaré atenta… sólo por si acaso –añadió-.
B: Gracias.
T: Adiós.
Después de colgar el teléfono con un "clong", la rubia volvió a la sala de espera. De camino, no pudo evitar escuchar a una pareja de amigas hablando sobre algo que había pasado en una librería del centro. No sé qué de un robo. Pero lo que la hizo detenerse en seco y preguntarles lo que había pasado, fue la palabra, asesinato.
Parecía que esa dichosa palabra la perseguía allá donde fuera y era algo que, aunque sabía que formaba parte de su trabajo y vida diaria, de vez en cuando le gustaba tener una vida más o menos normal y tranquila. Aunque la mayoría de las veces era más anormal e intranquila que otra cosa. Pero qué remedio…. -¿Acaso tengo escrito en la frente venid a mí vampiros o algo por el estilo? Soy un imán para los vampiros, aunque eso ya lo sabía… Debo de llevar algún letrero fosforescente a mí alrededor, porque sólo a mí, me pasan estas cosas; bueno a mí y a Faith, y ahora a Destiny… empiezo a divagar, será mejor que les pregunte-. Así que, no dudó ni un segundo más en acercarse a las dos amigas y preguntarles sobre el asunto. Le daba absolutamente igual lo que pudiesen pensar sobre ella, era algo a lo que estaba más que acostumbrada. Sin embargo, no consiguió más que dos o tres pinceladas sin mucho peso sobre el asunto, pero a cambio, le dieron el periódico donde estaba todo el caso explicado detenidamente.
MISTERIOSO ASESINATO EN UNA LIBRERÍA DEL CENTRO DE NUEVA YORK
Todo indica a que ha sido un robo con víctimas de por medio. La policía todavía no ha dicho nada al respecto.
Un joven vendedor de una librería especializada, ha sido brutalmente asesinado en el interior de esta. El cuerpo sin vida, fue encontrado esta mañana, por una clienta que compraba habitualmente en la librería. La policía, los bomberos y la ambulancia no tardaron más de diez minutos en presentarse en el escenario del crimen. Los paramédicos sólo pudieron confirmar la muerte del joven dependiente y atendieron a la mujer que presentaba graves signos de ansiedad e histeria. Se estima, que la hora de la muerte está entre las 01:50h y las 02:20h de la madrugada.
La mujer salió de la ambulancia y retorciéndose las manos nos comentó muy nerviosa: "Ha sido horrible. No podía creer lo que estaba viendo… yo… todo estaba lleno de sangre… su cuerpo estaba… no sé cómo alguien ha podido hacer semejante atrocidad. Era un buen… Lo siento". Este asesinato ha dejado conmocionados a los habitantes de este pequeño barrio del centro de Nueva York.
La policía acordonó la zona, mientras los paramédicos examinaban el cuerpo sin vida del joven, al que identificaron como Donald Brown, de 30 años. Padre de dos hijos y muy querido entre sus conciudadanos, era un hombre trabajador y así lo afirman las personas que lo conocían: "No había conocido a nadie tan trabajador como él. Se pasaba en la librería horas y horas para ganarse el pan de cada día y llegar a casa con su mujer y sus hijos. No puedo creer que alguien le haya podido hacer algo así. No tenía enemigos".
El cuerpo sin vida, presentaba múltiples contusiones y fuertes golpes en la cabeza, que le habían destrozado el cráneo, haciéndole perder el conocimiento y creando una hemorragia interna. La muerte de Donald Brown se certificó por una hemorragia, tanto interna como externa, alegando que no había sufrido, debido a que había perdido el conocimiento. Sin embargo, lo que más había llamado la atención de los allí presentes, sobre todo a los paramédicos, fueron dos pequeñas marcas rojas, como dos pequeños puntos en el cuello de la víctima, casi imperceptibles a primera vista, pero muy inusuales y sin relevancia en el caso. Aunque, la curiosidad por saber lo que eran intrigaba a la policía. La expresión del vendedor también llamó la atención de los testigos; tenía los ojos completamente abiertos y con expresión horrorizada, como si hubiese visto al mismísimo diablo en persona.
Después del brutal asesinato, la policía no descartó un ajuste de cuentas; ya que la caja, no había sido forzada y el dinero seguía en ella, intacto. Sin embargo, la desaparición de varios libros de la tienda y algunos artículos relacionados con magia oscura, desconcierta a los investigadores y se cree a un posible fanático como asesino. La policía sigue sin decir nada al respecto hasta que haya pistas más claras. ¿Estará este asesinato relacionado con las recientes desapariciones? Por el momento, el caso sigue bajo sumario.
La rubia leyó y releyó varias veces el artículo para ver si encontraba algo. Sin embargo, era incapaz de cerrar la boca y la movía de arriba abajo sin articular palabra. Tenía que leer entre líneas, algún mensaje subliminal que el reportero hubiese dicho y ella lo hubiese pasado por alto. Pero sus ojos sólo se paraban una y otra vez, por muchas veces que lo leyera, en la misma frase: "[…], fueron dos pequeñas marcas rojas, como dos pequeños puntos en el cuello de la víctima… […]; tenía los ojos completamente abiertos y con expresión horrorizada, como si hubiese visto al mismísimo diablo en persona." Podía notar como cada palabra que había leído retumbaba fuertemente en su cerebro, martilleándolo, como si de un clavo se tratase.
Definitivamente, se enfrentaban a un enemigo o enemigos, realmente fuertes. Capaces incluso de matar a un inocente vendedor, solamente porque ellas habían ido a por libros en busca de información sobre los O'Halley. Su asesinato le había dado mucho en lo que pensar. No simplemente por el mero asesinato, porque ya había visto muchos de esos, sino porque posiblemente, habían sido ellos quienes lo habían hecho. Era un aviso de que las estaban vigilando y que estaban siguiendo cada uno de los pasos que habían dado hacia ellos. Aún así, la pregunta de si podrían haber sido o no los O'Halley, todavía rondaba su cabeza. Sin embargo, la respuesta era muy simple. ¿Qué persona que no fuera la Cazadora, la Elegida, fuera más fuerte que Faith, como para dejarla en el lamentable estado en el que se encontraba? Después de lo que había leído la cazadora morena en el libro, sabían que los vampiros poseían una fuerza sobrehumana, superior a la de cualquier vampiro normal, e incluso superior a la de una cazadora. Mientras seguía elucubrando su cerebro, una mano se posó en su hombro, haciendo que reaccionara de manera brusca, usando una llave de karate.
Por suerte para ella, la persona que la había tocado, no era otra que Destiny y supo bloquear la llave a tiempo para no protagonizar un espectáculo en medio de la sala de espera y de no atraer miradas curiosas. Si hubiese sido otra persona, lo más probable, es que estuviera, ahora mismo, entrando por la puerta de urgencias.
B: ¡Destiny! –se agachó para recoger el periódico que se le había caído de las manos-. ¡Qué susto me has dado! Te ha costado llegar.
D: Es que estaba vistiéndome y no sabía que ponerme –dijo insinuándose un poco-.
B: ¿Que no sabías qué ponerte? –la rubia la miraba incrédula de arriba abajo-. Pues hija… para lo que te has puesto, no sé para qué te has calentado la cabeza…
D: ¿Acaso no te gusta? –hizo pucheros-.
B: No es que no me guste, pero yo qué sé…, yo me hubiese puesto otra cosa, sinceramente –Buffy no parecía, o no quería darse cuenta de las señales que la pelirroja le estaba mandando. Lo único en lo qué pensaba era en Faith-. En fin… toma –le entregó el periódico-. Léetelo y me dices qué te parece.
D: ¿Los O'Halley? –preguntó mientras ojeaba el artículo-.
B: Pues sinceramente… ya no sé qué pensar. Pero va a ser lo más probable.
D: ¿Has llamado a Sunnydale?
B: Sí.
D: ¿Y bien? –dijo al ver que la rubia no decía nada más-.
B: Pues… es que resulta que el periódico me lo acaban de dar dos chicas, así que tampoco le he comentado nada de esto a Tara, pero sí que le he dicho que busque toda la información más detallada que pueda de los O'Halley, y que me llame en cuanto tenga algo. Mientras, nosotras tendremos que ir al sur de la ciudad a ver esa "congregación" de vampiros.
D: ¿Y Faith? –aunque ambas estuvieran luchando por el corazón de Buffy, Destiny estaba preocupada por la salud de la morena. Era, sin duda alguna, una de las mejores cazadoras de la historia-. ¿Está bien?
B: No sé nada todavía. Nadie ha salido a informarme.
D: No creo que se demoren más –se acercó a la rubia y le pasó el brazo por detrás de la espalda, cogiéndola por la cintura-. Es fuerte, se recuperará en seguida.
B: Más le vale –hizo una pausa-. Como pille a quien le ha hecho esto… y te juro que lo haré, lo va a lamentar y mucho.
(Casa Summers, Sunnydale)
Después de haber colgado el teléfono, Tara se había ido directa a su habitación, aprovechando que Willow y la pequeña de las Summers estaban la cocina desayunando, para buscar el papel en el que escribió y de paso coger el libro donde se mencionaba a los O'Halley.
Antes de hablar con la bruja, quería asegurarse de una cosa. Después de haber cerrado la puerta con sumo cuidado, y de haber hecho un pequeño hechizo silenciador; se puso a revolver entre sus cosas buscando los materiales que estaba buscando. Una vez encontró el libro indicado, buscó con frenesí la página en la que estaban descritos Los Supremi y se puso a leer. Después de varios minutos, encontró el párrafo donde hablaba de los dos hermanos O'Halley, los más fuertes, después de Richard.
Todo aquel que se aprecie como historiador, debe conocer la historia de los dos hermanos que pertenecen al clan más temido de todos los vampiros, Gabrielle y Ezequiel. Ambos hermanos fueron mordidos por el mismísimo Richard O'Halley, el principal vampiro, a mediados del siglo XIX.
Provenían de una familia muy pobre, que por aquel entonces ya había perdido a su padre, y a sus tres hermanos mayores: William, Jane y Elisabeth. Eran los benjamines de la familia, junto al único hermano que les quedaba, Jason. Tanto ellos como su hermano mayor, decidieron ir a ver a un tal Richard O'Halley de quien habían oído hablar y quizás podría ayudarles. Richard no pudo evitar la tentación de tener semejantes diamantes en bruto en su clan y acabó por morderlos, convirtiéndolos así, en importantes miembros del clan O'Halley. Fueron ellos, quienes convirtieron a su hermano mayor, Jason y quienes más tarde, mataron a su madre a sangra fría.
Muchos son los poderes que este poderoso clan tiene, que para todos los miembros son comunes. Sin embargo, cada uno de ellos tiene, aparte de la inmunidad al sol, ciertas habilidades o dones que son diferentes a cada uno. Richard O'Halley vio la peculiaridad que los dos hermanos presentaban y que los hace tan únicos y poderosos. De esta forma, tanto Gabrielle como Ezequiel, juegan un gran papel al lado de Richard.
Tara dejó de leer por un breve espacio de tiempo. Respiró hondo y se dispuso a seguir leyendo. Pasó la página, nada; pasó varias más, pero no había nada. No podía terminar así el fragmento que habla de los hermanos. Tenía que estar incompleto, o eso pensó. No era posible que acabase así. Faltaba algo. Sin embargo, se dio por vencida, ya que debajo del pequeño fragmento, venía otro título, que nada tenía que ver con el anterior. Dedujo que quien hubiera escrito el libro, no habría llegado a descubrir cuáles podrían ser esas habilidades o dones. No podía perder más tiempo. Tenía que contárselo a Willow y encontrar el otro libro que tenía más información sobre Los Supremi, ya que en ese no había encontrado nada relacionado con ellos a excepción del pequeño fragmento sobre los hermanos.
Antes de bajar a por la pelirroja, Tara hizo un hechizo protector a la casa Summers, lo suficientemente potente para mantener a los intrusos lo más lejos posible. Cuando supieran más cosas, ya haría otro más fuerte junto con Willow. Sabía a quien se enfrentaban; bueno, no exactamente, pero desde pequeña los había estado estudiando y, aunque no fuera mucha la información que poseía, ya era algo. Sin embargo, la que tenía, era algo confusa y desordenada. Algún que otro trozo le faltaba. Como Willow era la única en toda la casa que sabía manejarse con el Internet y el ordenador, decidió bajar y hablar a solas con su novia, para exponerle todo lo que sabía; se bajó el libro con ella. Cuando llegó a al cocina y vio a la pelirroja sola, vio que el era el momento idóneo para hablar con ella.
T: ¿Will?
W: ¿Te pasa algo, cariño? –la miró rara- ¿Te ha dicho algo Buffy?
T: Han vuelto a atacar a Faith –hizo una pausa esperando la reacción de su compañera-, Buffy está en el hospital esperando a que llegue Destiny.
W: Seguro que está fingiendo otra vez…
T: ¿Cómo puedes ser tan cruel con ella? –la pelirroja la miró sin entender-. Eres incapaz de ver que Faith ha cambiado; ha cambiado mucho, más de lo que tú te puedas creer y no es nada justo ver como la estás tratando. Es importante para Buffy, ¿acaso no lo ves?
W: Pero…
T: Será mejor que cambies esa actitud tan recia que tienes frente a Faith. Sino lo haces ni por ella, ni por mí, hazlo al menos por Buffy. Como ya te he dicho es importante para ella. Pero bueno, no he venido para hablarte de ellas. Toma –le entregó el papelito-, puede que te interese. Y este libro, tienes la página marcada –se dirigió a la puerta de la cocina-.
W: Tara, espera –la cogió por le brazo, pero la bruja no se dio la vuelta-. Lo que pone en este papel ¿es verdad? –estaba horrorizada a la vez que preocupada. Sin embargo, su rostro lo decía todo-. ¿Es contra ellos contra quien se enfrentan? ¿Ellos son los O'Halley? –su voz se volvía un chillido ahogado a medida que pronunciaba su nombre-.
T: Sí…
W: No puede ser…
T: Son ellos.
W: Pero…, si son… invencibles… -Tara asintió-. ¿Se lo has dicho a las chicas?
T: No… quería hablar contigo primero. Pero eso no es todo. Léete la página que te he marcado. Hay muchas cosas que desconocemos de ellos.
La pelirroja abrió el libro por la página que le decía Tara y empezó a leer. A medida que avanzaba su lectura, su rostro, ya blanco de por sí, se hacía casi transparente. Podían vérsele todos los vasos sanguíneos. Cuando acabó, volvió a releerlo varias veces más, ya que era incapaz de aceptarlo así como así, y buscaba errores que, para su desgracia y la del resto, no encontró.
W: Pero… ¿cuáles son esos dones o habilidades que tienen todo ellos, en especial los hermanos?
T: No lo sé, esperaba que pudieras buscar información en internet.
W: Claro –dijo decidida-.
T: Necesito que me digas donde está el libro que tiene la información sobre Los Supremi. No lo he encontrado en nuestra habitación.
W: Es que ya no lo tenemos.
T: ¿Y dónde está?
W: Mmmm… la última vez que lo vi –dijo pensativa-, estaba en la biblioteca del Instituto Sunnydale.
T: Dawn…
W: Le diremos que lo saque.
La pelirroja le devolvió el libro a Tara y fue directa al comedor donde tenía el portátil, donde se puso en seguida a buscar como loca, información relacionada con los dos hermanos.
(En algún lugar de Nueva York)
Sentado en un enorme sillón de cuero negro, estaba uno de los chicos más atractivos que nunca antes se hubieran visto. Su rostro afilado y delicado, muy parecido al marfil, lo hacían irresistible ante la mirada de cualquier persona. A su lado, de pie, estaba una chica igual de preciosa que él. Morena y esbelta, tenía los ojos cerrados, como si estuviera concentrada en algo. El chico dio la vuelta al sillón, poniéndose enfrente de ella, y la miró a la cara. No soportaba no ser el centro de atención, y menos que no le hicieran caso, en especial si esa persona era su hermana. Le resultaba realmente molesto. Sin embargo, lo dejó pasar por esta vez. Estaba contento con lo que había visto y nada, ni nadie, iba a tirar por tierra esa felicidad. Ni si quiera su hermana.
E: Todo va según lo planeado –una amplia y blanca sonrisa surcaba su rostro-. Somos unos genios, hermanita.
G: Ezequiel, ¿cuántas veces tengo que decirte que no me interrumpas o molestes cuando estoy concentrada? Sabes de sobra que no me gusta –abrió los ojos y lo miró fijamente-, y nada de hermanita, ¿o tengo que recordarte cierto detalle de nuestro nacimiento?
E: De verdad, pero mira que eres repelente. Con decir que somos mellizos, te sobra y te basta. Y no, no es necesario –asomó sus dos colmillos-. Tienes que aprender a relajarte un poco más, Gabrielle. ¿O es que anoche no tuviste suficiente desquite con la cazadora?
G: Mentiría si dijera que no fue una experiencia relajante. Se me desengarrotaron todos los músculos habidos y por haber.
E: Me alegro.
G: ¿Qué has visto? –preguntó cambiando de tema-.
E: Irán directas a la trampa. Pero antes de eso –hizop una pequeña pausa-, hay que llevarlas por el buen camino…
G: ¿Y la esfera?
E: Todavía no he podido localizarla, no es tan fácil.
G: Lo sé.
E: Te pido que tengas más paciencia, hermanita.
G: ¿Qué te he dicho sobre…?
R: ¿Cómo están mis niños?
E y G: Hola padre.
E: Estábamos hablando de las cazadoras.
R: ¿Tenéis algo? –miró en especial a Ezequiel-.
El chico sonrió enseñando sus colmillos y asintió levemente.
(Casa Summers, Sunnydale)
Después de más de una hora pegada a la pantalla del ordenador, la pelirroja estaba que se tiraba de los pelos. No había encontrado nada relacionado con los dos hermanos, a excepción de lo que ya sabían o tenían. Y para colmo, Tara se había ido a recoger a Dawn al instituto y de paso ir a buscar el libro en la biblioteca, que contenía la información de Los Supremi. Tenía al lado el teléfono móvil y se estaba conteniendo para no llamar a The Magic Box y pedir ayuda a Giles como hacía cuando estaba en el instituto. Pero antes de poder llegar a marcar el número, la puerta principal se abrió y por ella entró el británico.
G: ¿Willow? ¿Tara? –cerró la puerta- ¿Hay alguien?
W: En el salón –gritó desde el sofá-.
G: ¿Qué estás buscando? –se giró- ¿Y dónde está Tara?
W: Ha ido a recoger a Dawn y de ahí a la biblioteca del instituto a coger un libro que necesitamos.
G: ¿Te pasa algo? Pareces al borde de un ataque de nervios.
W: Es que… ¡no encuentro nada de estos hermanos y empiezo a desesperarme!
G: ¿Qué hermanos? –le miró interrogativamente-.
W: Gabrielle y Ezequiel.
G: Mmmm –se quitó las gafas y se las limpió con la parte inferior de su camiseta-, me suenan mucho esos nombres… -la pelirroja le dio el libro de Tara- ¿Tienen algo que ver con los O'Halley?
W: Sí, y mucho –le dio el papel-.
G: Supremi…
W: ¿Te dice algo? ¿Te suena? ¿Algo?
G: No… lo siento.
W: No sabrás si por casualidad hubiese algún libro relacionado con ellos o con Los Supremi, que vienen a ser lo mismo, en The Magic Box, ¿no?
G: Para serte sincero, no lo sé. Todo es cuestión de mirarlo.
W: Lo mejor será esperar a que lleguen Tara y Dawn, no vaya a ser que sea el mismo y hayamos perdido inútilmente el tiempo. Todavía no he encontrado nada en internet… -dijo en un suspiro. Se oyó el click del ratón-. Espera, creo que tengo algo.
(Hospital, Nueva York)
La rubia no podía estarse quieta. No para de dar vueltas alrededor de los asientos donde estaba sentada Destiny, a la que estaba poniendo de los nervios. Parecía un buitre esperando a que su presa muriese por fin y así poder devorarla. Estaba a punto de abrir la boca y empezar a despotricar contra el hospital, cuando la puerta de Urgencias se abrió y por ella salió un doctor que iba directo hacia ellas.
Dr. H: ¿Son familiares de la señorita Lehane?
D; Amigas… -no podía creerse que estuviera quedándose embobada de un hombre. Pero es que era tan guapo…-.
B: Pero sí, como si fuésemos familiares ¿Cómo se encuentra?
Dr. H: Soy el doctor Handsome y llevo el caso de vuestra amiga –definitivamente el apellido le iba al dedillo. Ironías de la vida-. Hemos conseguido estabilizarla; la tendremos esta noche en observación y lo más posible, es que mañana pueda irse a casa sin problemas –a Buffy se le iluminó el rostro-. Tenía una hipotermia aguda, pero ya le hemos subido la temperatura y tampoco tenía heridas muy graves, algún que otro moratón y varios rasguños, pero sin importancia. Por lo que he escuchado, es una chica bastante fuerte.
B: Sí… ¿podemos verla?
Dr. H: Está dormida y descansando. No la hemos sedado, ya que no lo hemos considerado necesario. Así que, no creo que sea un problema.
B: Muchas gracias.
Dr. H: De nada –dijo sonriendo y enseñando sus brillantes dientes blancos. A Destiny se le caía la baba-. Está en el segundo piso; habitación 208.
D: Gracias.
B: ¿Quieres que te traiga un cubo o no será lo suficientemente grande?
D: …
Después de que la rubia tirara de Destiny para que fuera con ella, subieron en el ascensor y la fulminó con la mirada.
B: ¿Qué ha sido eso? ¿Acaso no eres lesbiana de pura cepa?
D: Y lo soy… -nunca se había dado cuenta de lo bonitos que podían llegar a ser sus pies-.
B: Quien lo diría después de la escenita…
D: A mí lo que me extraña es que no te fijaras tú. Aquí la bisexual eres tú. Además, ¿qué más te dará a ti? -¿estaría celosa?-.
B: Los he visto mejores. ¿Bisexual? ¿Qué sabrás tú?
D: Por lo que sé, has estado con dos vampiros, y te acostaste con nosotras. Así que, esa es mi conclusión.
B: ¿Tengo que recordarte que tiene pene? –continuó la conversación haciendo caso omiso a los últimos comentarios-.
D: ¿Y…? Eso tiene fácil solución. Handsome… -dijo en un suspiro-, parece que le hayan puesto ese apellido aposta…
B: Deja de soñar despierta y vamos.
La rubia tuvo que volver a tirar de ella para que reaccionara, llevándosela a rastras hasta la habitación donde se encontraba Faith. Cuando entraron, todo estaba envuelto en una completa oscuridad. El silencio y la imagen de la morena, que estaba tumbada en la cama, sobrecogieron a Buffy. Sin embargo, se le pasó cuando vio que la enferma llevaba el "babero" que tan poco le gustaba y ya se estaba imaginando la escena que iba a montar por el "baberito" de las narices.
Se acercó a la morena y la miró; su rostro reflejaba la paz más sincera que nunca antes había visto. Parecía estar en algún lugar donde la tranquilidad y la calma reinaban. Se sentó en el borde de la cama, justo al lado de Faith, sin darse cuenta de lo que estaba haciendo y habiendo olvidado por completo la presencia de Destiny. Se tumbó a su lado y en menos de dos minutos ya se había echado a los brazos de Morfeo.
Podía sentir cómo una pequeña presión oprimía su pecho y sus piernas. Algo o alguien, la estaba chafando, pero sin llegar a hacerle daño. Podía notar como un calorcillo muy bueno recorría todo su cuerpo, proporcionándole un bienestar que nunca antes había sentido. Bueno sí, en una ocasión, pero eso daba igual. Estaba bien y feliz en ese momento. Iba a incorporarse, pero esta pequeña presión no se lo permitió. Estaba confundida y empezaba a ponerse nerviosa. Empezó a abrir los ojos. Estaba desorientada y perdida. Cuando los abrió por completo, vio por fin, qué era exactamente lo que la estaba oprimiendo. Una chica rubia estaba tumbada a su lado. Más que a su lado, casi encima de ella, eso, o había engordado. No era posible que pesara tanto. Tenía su brazo izquierdo sobre ella, como si estuviera abrazándola. Una media sonrisa se dibujó en su rostro. Miró a su alrededor. Todavía no sabía dónde estaba. A pesar de que mirara y mirara una y otra vez, seguía sin poder localizarse. Sin embargo, para su desgracia, el sitio le era muy familiar. Eso sólo podía significar una cosa. Sus ojos se abrieron por completo. No se había dado cuenta, que con sus movimientos, había despertado a la chica. La apartó un poco y se incorporó, todo lo que su estado se lo permitió. Sus temores eran más que fundados. ¡Le habían vuelto a poner el dichoso babero! Miró por debajo de él. Lo que se temía. No llevaba nada. ¡Absolutamente nada!
B: ¿Faith? –dijo medio dormida- ¿Estás despierta?
F: ¡¿Por qué has permitido que me pusieran esto? –dijo casi gritando-. ¡Se me ven todas mis vergüenzas!
B: Pero si tú no tienes de eso… -la morena levantó una ceja- y deja de gritar, que Destiny está durmiendo. Por cierto, hola.
F: Hola… ¿me lo explicas? –le movió el babero delante de la cara-.
B: No seas tan exagerada, que tampoco es para tanto.
F: Como se nota que no lo llevas puesto… verías si sería para tanto o no. ¿Qué hora es? –preguntó mientras se giraba y miraba a la pelirroja durmiendo-.
B: Pues no lo sé, pero no creo que llevemos mucho rato durmiendo, al menos yo –añadió-.
F: Pues yo estoy como una rosa. ¿Cuándo nos vamos? –la rubia flipaba-.
B: Has estado a la intemperie toda la noche. Te has calado hasta los huesos. Hasta hace apenas una hora, has estado con hipotermia. Casi te vuelves a quedar en coma… ¿Quieres que siga? Porque tengo una larga lista…
F: No, gracias. Es más que suficiente ¬¬
B: Gracias, porque estoy muy cansada y lo último que me apetece ahora, es discutir contigo.
F: Sabes de sobra, que eso es prácticamente imposible entre nosotras. Está en nuestra naturaleza discutir.
B: Tienes razón –hizo una pausa-. ¿Me podrías explicar por qué te fuiste anoche de esa manera y sin decir nada?
F: No me apetece hablar del tema –le dio la espalda a Buffy-. Será mejor que duermas un poco más.
B: Está bien… -cada día la entendía menos-.
(En algún lugar de Nueva York)
Los dos hermanos estaban reunidos con el cabeza de familia hablando sobre algunos temas que eran bastante importantes para el clan. Ezequiel estaba poniendo al día a su padre, mientras su hermana se concentraba. Pero le resultó imposible. Incapaz de sacar nada en claro, se reunió con el resto.
R: ¿Y bien?
G: No consigo nada. Están… -no sabía cómo explicarse- como bloqueadas. Probablemente lo esté yo, no sé… ahora mismo soy incapaz de hacer nada.
R: No pasa nada. Ezequiel ya ha visto que han picado e irán directas a nuestra trampa.
E: Sí y no creo que tarden en ir a nuestro "nidito", donde las estaremos esperando.
R: ¿Qué tal anoche con la cazadora?
G: No conseguí nada. Es demasiado débil como para mantener una lucha igualada y sonsacarle información que nos sea de utilidad.
E: ¿Y qué pasa con la rubia? Una tal… -se lo pensó unos segundos- Buffy.
G: No consigo localizarla. Pero no creo que esté muy lejos de la morena.
E: ¿Y sus sueños?
G: No he vuelto a contactar con ellas desde el último –hizo una pausa-. Además, que tengo que ser muy cuidadosa para que no me descubran. Si no tendremos problemas.
R: ¿Cuándo las vas a guiar hasta la mansión?
E: ¿Estás seguro que no tendremos problemas, por guiarlas hasta allí, padre?
R: No –dijo sonriente-. ¿Y bien?
G: Muy pronto –dijo enseñando los dientes-.
R: Ezequiel –este levantó la cabeza-. Necesito que nos digas cuando llegarán las cazadoras.
E: Eso está hecho, padre.
(Casa Summers, Sunnydale)
G: ¿Qué es lo que tienes? –la pelirroja lo leyó por encima antes de contestar-.
W: Más o menos lo mismo que el libro que me dio Tara.
G: ¿Qué libro es ese? –se lo señaló con la cabeza y Giles lo cogió-.
W: Está marcada la página.
G: Interesante…
W: ¿Te suenan?
G: Muy vagamente. Algo he escuchado. ¿Habéis probado a hablar con Angel?
W: ¡No! –abrió mucho los ojos y dio un bote de la silla- ¡No lo habíamos pensado!
G: Puede que sepa algo o que los conozca, aunque sea de haber oído sus nombres.
La puerta principal se abrió y por ella entraron Tara y Dawn con cara de cansancio. Willow les dio un grito y las dos chicas se dirigieron al comedor, donde Giles y la pelirroja las estaban esperando. La bruja movió la cabeza afirmativamente y le enseñó el libro que llevaba en las manos. Dawn dejó caer la mochila en el suelo con un golpe sordo y se sentó en una de las sillas al lado de Willow.
T: ¿Habéis encontrado algo más referente a los hermanos?
W: No… son textos muy parecidos a los que ya tenemos en el libro.
T: Vaya…
G: A lo mejor en el libro que traes hay algo más, ¿no?
T: Este libro es sobre Los Supremi, no sobre los hermanos. Y aunque no lo haya ojeado mucho, no creo que haya mucha más información de la que ya tenemos.
W: Hay que llamar a Buffy.
D: ¿De qué estáis hablando?
T: Ahora no están en casa.
W: Es verdad, que Faith vuelve a fingir…
T: ¡Willow!
D: ¿Pero Buffy está bien? –se sentí completamente ignorada-.
T: Sí, cariño. Han ingresado a Faith.
W: ¿Y cómo es que has hablado con ella?
D: Ha llamado Buffy…
T: …des el hospital. Además, ¿para qué hay que llamarla?
G: Para que hable con Angel –hizo una pausa-. Puede que él sepa algo sobre los hermanos y a lo mejor sobre los O'Halley.
T: Muy buena observación. No se me habría ocurrido.
W: ¿Entonces lo llamamos nosotros?
(Los Angeles, California)
L: "Investigaciones Angel", ¿en qué puedo ayudarle?
W: Soy Willow, ¿está Angel?
L: ¿Willow? –hizo una pausa y se quedó pensativo-. ¡Ah! ¡La amiga pelirroja de Fred!
W: Sí, esa misma. ¿Está Angel? Es MUY importante –dijo remarcando del muy-.
L: Creo que ha salido. Un momento y te lo verifico.
W: Muchas gracias.
(Casa Summers, Sunnydale)
T: ¿Y bien? ¿Te ha dicho algo? –todos estaban impacientes y expectantes-.
W: Ha ido a buscar a Angel.
D: ¿Creéis que sabrá algo? –la pequeña de la casa sólo preguntó lo que todos estaban pensando-. Algo tiene que sabes ¿no? Quiero decir, es un vampiro y además es muy viejo. Algo tiene que haber escuchado.
W: Que no te oiga decir que es viejo. No lleva muy bien eso de cumplir años.
T: No te preocupes –dijo haciendo caso omiso al comentario de su novia-. Si no lo sabe, removerá cielo y tierra para encontrarlos. Es Angel –no sabía cómo, pero Tara siempre conseguía tranquilizarla. Dawn relajó un poco el semblante y se recostó sobre Tara-.
L: ¿Willow? –preguntaron al otro lado del teléfono-.
W: Sí… ¿lo has encontrado?
L: Sí, ahora se pone.
W: Gracias.
L: Para servir estamos –la pelirroja sonrió-.
T: ¿Está? –la bruja asintió-.
A: ¿Willow?
W: ¡Angel!
A: Que entusiasmo. ¿Tanto te alegras de escuchar mi sensual voz?
W: No digas idioteces. Te llamo por un asunto muy importante.
A: Algo me ha dicho Lorne. ¿Qué es lo que pasa?
W: ¿Te dicen algo los nombres de Gabrielle y Ezequiel? Son hermanos.
Se hizo un silencio prolongado al otro lado del teléfono. La pelirroja al ver que Angel no le contestaba empezó a preocuparse. Ese silencio sólo significaba que eran malas noticias. La experiencia se lo decía y también su intuición. Pero sobre todo se lo decía su instinto.
W: ¿Angel? ¿Sigues ahí?
A: Sí, sigo aquí. ¿Qué ha pasado?
(Hospital, Nueva York)
Desde que se había dado la vuelta, no había podido conciliar el sueño. Estaba más pendiente de lo que hacía la rubia que de descansar un poco. No podía evitar observar cada uno de sus movimientos. Aunque para ella, entre los dos ataques que había sufrido, había dormido más que en toda su vida. Era más que suficiente. Ya estaba más que cansada de estar horas y horas tumbada en una cama de hospital. Fue a incorporarse, pero en ese mismo momento, un brazo se posó sobre su cintura -¡Mierda! Me ha pillado…-. Se dio la vuelta y se preparó para recibir la bronca del siglo por parte de Buffy. Pero para su sorpresa, ésta estaba dormida. Lo que la descolocó. No sabía si sentirse aliviada o nerviosa. La rubia la estaba abrazando, aunque fuera en sueños. Era más de lo que podía pedir. Así que decidió quedarse donde estaba y le cogió la mano. Estaba calentita y su piel era muy suave. Era, sin lugar a dudas, un tacto muy agradable. La tranquilizaba.
E: ¿Cómo se encuentra señorita Lehane? –la enfermera había entrado tan sigilosamente que no se había dado ni cuenta-.
F: Mejor que nunca –dijo mirando a la rubia que aún estaba dormida-. Y por favor, no me llames señorita Lehane, que me hace mayor. Llámame Faith.
E: Muy bien, Faith. ¿Te duele algo?
B: ¿Qué pasa? –la morena todavía tenía su mano entre las suyas-.
F: No pasa nada, B. No –dijo, esta vez dirigiéndose a la enfermera-, me encuentro estupendamente.
E: Está bien, volveré por la mañana.
B: ¿Qué quería? –preguntó mientras se frotaba un ojo. Estaba taaaaan mona… Un poco más y a la morena casi se la cae la baba-.
F: Mmmm… ¿Qué?
B: ¿Que qué quería? –pero, ¿qué le pasaba ahora?-.
F: Ah, nada –la rubia frunció el entrecejo-. Saber cómo estaba –no se había dado, pero ya no sólo estaba aguantando la mano de Buffy, sino que ahora la estaba acariciando con sus dedos-.
B: ¿Y cómo estás? –notaba un leve cosquilleo en su mano izquierda y dirigió la mirada hacia allí. Estaban las manos de la morena. No dijo nada-.
F: Nunca he estado mejor… -bajó la mirada y se encontró con sus manos y la de Buffy entre ellas. Pero al ver que la rubia no se había dado cuenta, o eso pensó ella, no veía la razón de porque quitarlas-. ¿Dormimos?
B: Claro…
Faith volvió a apoyar la cabeza en la almohada, mientras seguía acariciando la suave piel de su compañera. Después de tanto tiempo, por fin durmió como un tronco y del tirón. La rubia posó su cabeza en el hueco del cuello de Faith y con la nariz le acarició la cara y le dejó caer un tierno beso en la mejilla.
(Los Angeles, California)
W: ¿Angel?
A: ¿Por qué me lo preguntas? ¿Qué ha pasado?
W: Todavía nada… -se llevó un pisotón por parte de Tara-, bueno, algo sí que ha pasado. ¿Te acuerdas que atacaron a Faith?
A: Sí.
W: Pues la han vuelto a atacar. Y sabemos, bueno… estanos casi seguros, de que fueron ellos. Está en el hospital con Buffy y Destiny.
A: En el caso de que hayan sido ellos, tiene mucha suerte de haber salido con vida y poder contarlo. Su poder de cazadora habrá evitado que la maten.
W: Necesitamos la información que poseas sobre ellos.
A: ¿Qué tenéis?
La pelirroja buscó el libro desesperadamente y se lo leyó al vampiro.
A: Eso no es nada.
W: Eso es todo lo que tenemos. Eso y un libro sobre los O'Halley, también conocidos como Los Supremi.
A: ¿Es que ya los conocíais?
W: Sí y no. Quiero decir, los conocíamos por el nombre en latín. Y nada que ver lo qué sabíamos con lo que realmente son. Nos falta mucha información y necesitamos tu ayuda. ¿Qué es lo que tienes?
A: Es un tema muy delicado. No se puede hablar así como asñi por teléfono. Tenemos que quedar.
W: ¿Cuándo?
A: Cuanto antes…
(En algún lugar de Nueva York)
El cabeza de familia abandonó la habitación, dejando solos a los dos hermanos. Ezequiel se levantó del enorme sillón de cuero negro, rodeó la mesa tallada de caoba y se acercó a su hermana.
Tenía gracia que fueran gemelos, mellizos o como quisieran llamarlo. A pesar de que fueran chico y chica, eran como dos gotas de agua. Exactamente iguales. Si en cuanto a físico eran iguales, en cuanto a gustos, no podrían ser más polos opuestos. Pero como les decía siempre su padre, que fueran gemelos, no significaba que fueran iguales en todo.
Ambos eran altos y con el pelo negro azabache. Su peculiaridad era que, tanto uno como otro, tenían las orejas menudas y acabadas en punta, caracterizándolos de un increíble parecido a los eflos descritos por J. R. R. Tolkien en sus libros, algo que no les hacía ninguna gracia y mucho menos cuando se lo decían.
Gabrielle llevaba el pelo largo y ondulado, con un flequillo liso que le tapaba media cara. Dejando a la vista su ojo derecho del color de la noche. Por el contrario, Ezequiel llevaba el pelo más corto, con un flequillo que le tapaba casi todo el rostro y con la particularidad de que lo llevaba liso. Sin embargo, sus ojos se hacían perceptibles bajo ese espeso flequillo, que eran exactamente igual de hermosos que los d su hermana melliza.
Después de haber estado un rato largo en silencio, Ezequiel habló primero.
E: Las estoy viendo…
G: ¿Qué es lo que están haciendo? –la morena se giró rápidamente y se quedó mirando a su hermano que tenía los ojos cerrados-. ¿Hacia dónde se dirigen?
E: Van directas a nuestro nido de vampiros, las tres solas. Sin la ayuda de nadie.
G: ¿Cuándo? –estaba extasiada-.
E: No lo veo muy claro, pero creo que en dos o tres días las tendremos por allí.
G: Eso es muy tarde…
E: Gabrielle –dijo abriendo los ojos color de la noche-, sabes de sobra que estas cosas no son de todo, menos precisas. Tienes que tener más paciencia, hermanita –dijo con rintintín-.
G: ¡Odio que me digas eso! –fue a abalanzarse sobre él, cuando Richard entró en el despacho-.
R: ¿Qué tenéis, cinco años?
G: Perdona, padre –dijo bajando la cabeza-.
R: ¿Y bien? –se dirigió hacia Ezequiel-.
E: En dos días… -enseñó los dientes-.
(Hospital, Nueva York)
Hacía ya dos horas que las cazadoras habían caído en los brazos de Morfeo. El silencio era total. No se oía ni el vuelo de una mosca. La rubia seguía recostada al lado de Faith, estando medio abrazadas. Buffy se había acercado todavía más a su compañera. No quedaba mucho para que amaneciera y empezara a ver el Sol aparecer por el horizonte. El doctor Handsome no tardaría en aparecer por el resquicio de la puerta, pero la paz que se respiraba en la habitación no podría ser alterada por nada. Al menos, no por el momento. La morena empezó a revolverse inquieta en la cama y despertó de rebote a la rubia, que a su vez intentó despertarla a ella.
B: Faith… -la movió un poco-.
…
B: ¡Faith! –la zarandeó-.
F: ¡¿Pero qué pasa?
D: ¿Ya es de día? –dijo con voz ronca y medio dormida-.
F: Mmmm… –se estiró como un gato-, puede ser.
D: ¿Qué tal te encuentras? –las otras dos la miraron extrañadas-. ¿Qué pasa? –no entendía nada-. ¿Es que acaso no me puedo preocupar por tu estado? ¿Tan raro os parece?
F: ¿A ti qué te parece? ¿Es que te has dado un golpe en la cabeza?
D: No… ¿Qué haces ahí? –le preguntó a Buffy al verla y darse cuenta de que estaba en la cama, tumbada con la morena-.
B: Pues…
F: Es que he pasado una mala noche y el médico le dijo que estaría mejor si alguien estaba conmigo –mintió-.
D: Ammm… -la rubia miró a su compañera con la boca abierta-.
Dr. H: Buenos días, señoritas –dijo entrando con una sonrisa de oreja a oreja y enseñando los dientes-.
D: Buenos días, doctor Handsome… -se le habían olvidado todos sus problemas y todo aquello que la rodeaba. Incluyendo a las dos cazadoras. Le brillaban los ojos-.
Dr. H: ¿Cómo se encuentra señorita Lehane?
F: Faith.
Dr. H: ¿Perdone?
F: Me llamo Faith, nada de señorita ni chorradas varias. ¿Cuántas veces más tendré que repetirlo en este hospital?
Dr. H: Muy bien –la morena se llevó un codazo de Buffy-.
F: Como una rosa –empezó a quitarse su "amado" babero-.
B: ¿Qué haces?
F: ¿A ti qué te parece? Irme.
B: ¿Adónde te crees que vas?
F: ¿Adónde va a ser? A casa.
La rubia no pudo contenerse más y le arreó un carchot a la morena. Definitivamente, el haber perdido tanta sangre, le había afectado de manera preocupante a su cerebro.
B: ¡¿Pero tú estás bien de la cabeza?
F: Ahora seguro que no… -dijo masajeándose la parte de atrás de la cabeza-.
Dr. H: ¿Actúan así de normal? –se dirigió a la pelirroja-.
D: La mayor parte del tiempo.
F: No me cambies de tema, ¿me puedo ir o no? –otro codazo, pero ese por malos modales-.
Dr. H: La recuperación ha sido muy rápida, pero por lo que he escuchado de usted en el hospital, eso parece bastante normal. Los moratones parecen habérsele ido casi por completo y su temperatura está en la media. No veo porqué debería seguir aquí.
F: ¿Tú ves? –se dirigió a Buffy-. Cinco por cinco, B. ¿Dónde está mi ropa?
El doctor Handsome salió de la habitación apunto de un ataque inminente de risa y dejó al trío de cazadoras, mientras la rubia reprendía a Faith por tan… ¿cuál es la palabra que mejor la describe? Tan… tan ella.
(Casa Summers, Sunnydale)
Todos en la casa estaban nerviosos e inquietos. Ninguno de ellos podía estarse quieto y mucho menos estar sentado. Se paseaban por todo el salón esperando la llegada inminente de Angel.
La pequeña de las Summers se mordía las uñas; Giles no hacía más que quitarse y limpiarse las gafas una y otra vez; Tara tenía los ojos cerrados, como si estuviera meditando; La pelirroja se sentaba y se levantaba sin poder estar más de tres segundos en la misma posición, con el ordenador delante de ella. Xander, por su parte, no sabía dónde meterse y el rubio oxigenado estaba en el sótano fumando y pasando de todo.
No pensaba ponerse nervioso ni perder los estribos por algo que no iba con él para nada. Por suerte para los allí presentes, Anya estaba en The Magic Box, con su adorado dinero. Sólo les faltaba que los pusiera más nerviosos de lo que ya estaban.
Llamaron a la puerta. Todos se miraron, pero ninguno de ellos dijo o se movió de donde estaba. El timbre volvió a sonar. Nadie se movió. La persona al otro lado siguió insistiendo. Al ver que no obtenía ninguna respuesta desde el interior, se asomó por la ventana y mirar. Estaban todos quietos. Parecían estatuas. Pegó varios golpes al cristal, haciendo que todos dieran un respingo y miraran hacia la ventana. La primera en reaccionar fue Tara quien, después de las señas de Angel, fue a abrir la puerta.
A: ¿Pero se puede saber qué os pasa a todos? –preguntó sin entender-.
T: Es que… estamos un poco nerviosos.
A: ¿No me digas? –preguntó sarcásticamente-. ¿Sabéis algo de Buffy y Faith?
T: No hemos vuelto a saber nada de ellas.
A: Si para cuando llaman, no estoy, me llamáis o les decís que me llamen, urgentemente.
T: De acuerdo.
D: ¡Angel! –la pequeña de la casa fue corriendo a abrazar al vampiro-.
A: Hola pequeña. ¿Cómo estás?
D: Bien… te hemos echado mucho de menos…
A: Y yo a vosotros.
X: ¿Él te puede llamar pequeña y yo no? ¿Por qué no?
D: Es que… no es lo mismo.
A: Desde luego que no –dijo sonriendo-.
X: Ya veo…
A: ¿Dónde está ese rubio?
S: Vaya, vaya… ¿así que es verdad? Sí que ibas a venir.
A: Por supuesto, a verte a ti.
S: Quita, quita…
Todos soltaron una carcajada. Todos, menos el rubio.
S: Me voy –le dirigió una mirada reprochadora al moreno y se fue indignado, dando un portazo-.
A: ¡Yo también te he echado de menos! En fin… a lo que íbamos.
W: O'Halley.
G: Los importantes ahora son Gabrielle y Ezequiel.
A: Bien, lo mejor será que nos sentemos –se dirigieron a la salita y se sentaron en el sofá, rodeando al vampiro. Esperaban que empezara él-. Bueno… ¿y qué es lo que queréis saber?
W: ¡Todo!
A: Lo mejor será que empecemos por el principio. ¿Qué es lo que sabéis de ellos?
W: Lo que te leí por teléfono.
A: Bien. Como ya os dije eso no es nada –hizo una pausa y comenzó-. Como bien sabéis, tanto Gabrielle como Ezequiel fueron mordidos por Richard y que son gemelos lo que, al igual que las cazadoras, comparten un vínculo muy especial y muy fuerte, que cualquier par de hermanos no. Si ese vínculo ya era fuerte siendo mortales, imaginaos lo fuerte que podría llegar a ser, una vez fueran mordidos. Por eso, cuando acudieron a Richard, este vio los grandes dones que tenían y la gran compenetración que había entre ellos. Con lo que es de esperar, que el jefe del clan, deseara tener a esos dos gemelos en su grupo más cercano. Sabían lo que pensaba el otro y cómo iban a reaccionar en determinadas circunstancias. Facultades que serían extraordinarias una vez fueran convertidos en vampiros. Richard no perdió el tiempo, y antes de morder a su hermano mayor Jason, los convirtió a ellos.
W: Pero eso ya lo sabemos. Bueno, todo no. Habían cosas que no, y que han resultado ser interesantes y a la vez de mucha ayuda. Pero lo que necesitamos saber son sus dones. Eso es lo que realmente ayudará a Buffy y Destiny.
T: Y Faith –añadió la rubia, fulminándola con la mirada. Willow se encogió de hombros-.
A: No hay que tener tanta prisa en saber las cosas, Willow. Veamos… -se rascó la cabeza-, el don común a todo vampiro del clan O'Halley es su inmunidad al sol. Es decir, no les pasaría lo que nos pasa a Spike o a mí. Parecen personas normales, a excepción si te sonríen que se les ven los colmillos. De un blanco excepcional, por cierto. Pero volviendo al tema, debido a este don son tan difíciles de localizar. Al parecer humanos, se camuflan entre ellos pasando desapercibidos y, a no ser que se dejen ver, no sabréis quienes son, sino los habéis visto ya.
T: Inmunes… -murmuró más para sí que para el resto-.
W: ¿Decías algo, cariño?
T: ¿Eh? No… Has dicho común –se giró hacia Angel para evitar la mirada interrogativa de su novia-. ¿Es que tienen alguno que no lo sea?
A: Aparte de la inmunidad al sol, también son extremadamente fuertes…
T: Por eso Faith no pudo con su atacante…
A: Efectivamente, y un milagro que haya podido contarlo. Esos son dones comunes a todos los vampiros del clan. Dependiendo de las habilidades que tenían cuando eran humanos, tienen un don u otro. El que más destacara, es el que tienen. Por un lado están los innatos y por otro, los adquiridos. Que, sinceramente, no sé exactamente cómo funciona y tampoco sé distinguir uno de otro. Pero lo que sí es seguro, es que el don innato es intransferible a cualquier vampiro. Sea del clan o no. Ninguno de los vampiros podrá tener un don innato igual. O lo que es: Ningún don innato se repite en todo el clan.
W: ¿Y para diferenciarlos?
A: Ya os he dicho que no lo sé. Sólo lo saben ellos. Pero los dones adquiridos los pueden tener más de un vampiro. Así que, si veis que se repiten, es adquirido.
X: ¿Y qué vamos a ir, preguntando uno por uno a todos los O'Halley? "Disculpe señor vampiro, ¿le importaría mucho decirme que dones tiene usted? ¿Cuál es adquirido y cuál es innato? Es que estoy haciendo una encuesta en el barrio. ¿Sería tan amable? –la pelirroja le pegó una colleja-.
W: ¿Somos tontos o qué? –Xander se puso colorado hasta la raíz del pelo-.
X: Lo siento. Me ha podido el pánico. Disculpad –se levantó y abandonó la sala-.
D: ¿Por qué siempre os tenéis que meter con él? Pobrecito…
T: ¿Y cuáles son los dones de Gabrielle, Ezequiel y Richard, respectivamente?
A: Por lo que yo sé y por lo que he escuchado, Gabrielle puede leer la mente y Ezequiel puede ver el futuro. Por lo que respecta a Richard, nadie lo sabe. Nadie que haya presenciado su poder está vivo como para contarlo. En cuanto a sus dones, no sé si son adquiridos o innatos. Pero sí que son muy efectivos para el clan O'Halley. Por eso los gemelos son tan importantes e imprescindibles para Richard. Son vampiros muy valiosos para él. Es más, los trata como si fueran sus propios hijos.
T: Pero sin embargo, Gabrielle no puede leer la mente a su hermano o a Richard, ¿me equivoco?
A: Sí y no. Como ya os he dicho antes, entre ellos dos hay una conexión muy fuerte. Están muy unidos y entre ellos, esas cosas no funcionan. Es decir, Gabrielle puede leerle la mente a Ezequiel y éste a su vez ver el futuro de su hermana. Aunque esto último no es muy preciso. Tienen una conexión muy intensa y profunda. Por eso creo, que Faith y Buffy, deberían profundizar más la suya. Creo que es la clave para vencerlos.
G: ¿Y Richard?
A: No. Sea cual sea su poder, los dos hermanos son inmunes a él. Al igual que Richard es inmune al de ellos o al de cualquier otro. Es… -se lo pensó- como una "barrera". Por decirlo de alguna manera, solamente falla entre ellos, los hermanos. Con el resto son como lienzos en blanco.
T: Madre mía…
W: ¡Hay que llamar a Buffy!
A: Es más –hizo caso omiso a los comentarios de las brujas-, creo que pueden comunicarse mentalmente entre ellos. Muchas veces no necesitan decir nada en voz alta.
G: ¿Por qué?
A: Porque simplemente no lo necesitan. Aunque esto, es sólo una suposición mía.
G: No hay tiempo que perder. ¿Es todo lo que sabes? –se dirigió al vampiro-.
A: De momento sí. Pero no os preocupéis, que si me entero de algo más, os lo comunicaré en seguida.
A: ¿Tienes alguna idea de lo que puedan estar haciendo en Nueva York? ¿Si están buscando algo…?
A: No, pero investigaremos.
(En algún lugar de Nueva York)
G: ¿Qué te pasa Ezequiel? –la morena estaba muy alterada-.
R: ¿Gabrielle? ¿Qué pasa? ¿Hay algún problema?
G: No lo sé, padre. Ezequiel se ha puesto muy rígido. Parece que esté en trance y no se mueve para nada. No sé qué le pasa –Richard se acercó al moreno y le habló-.
R: ¿Ezequiel? –estaba tirado en el suelo, boca arriba y con los dientes muy apretados. Parecía que tuviera convulsiones-. Ezequiel… -lo tocó cuanto apenas-. ¿Puedes leerle la mente? –se dirigió ahora a Gabrielle-.
G: Lo llevo intentando desde que se ha puesto así… pero no he conseguido nada.
R: ¿Has probado a hablar con él?
G: No responde. Nunca antes se había puesto así…
R: Que no cunda el pánico –estaban los dos de cuclillas al lado del cuerpo de Ezequiel, que cada vez se convulsionaba más. De repente este se incorporó y abrió mucho los ojos-.
E: Angelus… -dijo en apenas un susurro-.
