Capitulo 11: "La mansión Webber"
Se encontraba en estado de shock. Jamás se habría imaginado que Angel se encontrara justo a su lado en un sitio como ese. Seguía cogiéndola por el brazo y la miraba fijamente, advirtiéndole de lo que estaba a punto de hacer. Faith, simplemente bajó la vista al suelo. Era incapaz de seguir manteniéndole esa mirada reprochadora. Aunque no supiese toda la historia, se la imaginaba, y no estaba dispuesto a que cometiera una imprudencia. El problema era que la morena no sabía todo sobre los O'Halley. No sabía su historia, ni sus poderes. Tampoco sabía cómo esa chica había sido capaz de derrotarla en dos ocasiones. No se enfrentaba a un simple vampiro normal y corriente, sino a un clan ancestral y muy poderoso. Más de lo que ella pudiera imaginarse. Una vez volvió en sí, preguntó aún un poco aturdida.
F: ¿Qué estás haciendo tú aquí?
A: Eso mismo podría preguntarte yo.
F: ¿Qué sabrás tú?
A: Más de lo que tú te piensas.
F: ¿Por qué me has seguido hasta aquí? ¿Y cómo sabías donde estaba?
A: Evitar un desastre.
F: ¿Qué? –la miró un poco desorientada. Seguía con la mano en el pomo-.
A: Evitar que cometas un gran error y, de paso, evitar que te maten.
F: ¿Yo? ¿Por qué?
A: No sabes a quien te enfrentas.
F: Imagino que tú sí, ¿o me equivoco?
A: Más o menos.
F: Tengo muy claro a quién me enfrento. A una perra –dijo tajante-.
A: No empecemos con tonterías ¬¬
F: ¿Acaso sabes cómo ha dejado a Buffy?
A: Algo me han dicho…
F: Pues ahora mismo está tirada en la cama sin conocimiento y con una brecha en la cabeza. Y todo eso ha pasado en uno de nuestros sueños. ¿Cómo? Pues no lo sé, la verdad. Pero ha pasado, y no pienso consentirlo. Y para colmo, cuando he llamado a Sunnydale, nadie se ha molestado en ayudarme –tenía los puños apretados-, ni en pasarme a Tara. Tenía que hacer algo –zanjó-.
A: Tara me ha puesto al corriente. Entiendo que estés enfadada con el mundo, yo también lo estaría. Es más, lo estoy, pero no por eso me dan arrebatos suicidas –el vampiro levantó la mano para que Faith no hablara y le dejara seguir a él-, pero mi pregunta es esta: ¿Estás enfadada solamente por eso o por el hecho de que nadie te creyera?
La morena no dijo nada.
A: Faith… -le levantó la barbilla para que le mirase. Ya sabía que el suelo era más guapo que él, pero esto era importante-. No puedes ser tan impulsiva. Sabes de sobra que tus actos te han llevado muchas veces por caminos que no deberías haber recorrido. Sé que ahora mismo nada de lo que te diga te va a importar y que estás enfadada con el mundo, pero no puedes tomar esta clase de riesgos y menos, arriesgar la vida de los que te rodean. Piensa en Buffy. En cómo estará cuando se despierte y vea que no estás. Imagínate cómo se pondrá cuando se entere de donde estás y lo que pretendes hacer. ¡Vendrá volando! Arriesgará su vida por ti. ¿Es eso lo que quieres?
F: No, pero…
A: Pero nada. Volvamos al apartamento.
Después de pensárselo durante unos minutos, la morena accedió a ir con él.
F: Está bien –dijo con una sonrisa, a la que Angel le correspondió-.
Se pusieron en camino, adentrándose en el frondoso bosque que tenían delante de ellos. Después de andar durante varios minutos por el bosque, la morena vio su oportunidad para despistar al vampiro. Tenía que volver a la mansión. Era ahora o nunca. Por suerte para ella, lo había recorrido antes, sin contar los sueños, y más o menos había visualizado varias formas de salir de él. Sin embargo, no le iba a resultar nada fácil dar esquinzado a Angel. No por nada era uno de los vampiros más conocidos de la historia.
Lo más sigilosamente que pudo, fue quedándose rezagada, mientras Angel mirada hacia otro lado. Con un movimiento rápido y ágil, logró escabullirse entre la oscuridad. Corriendo como alma que lleva el diablo, volvió a la mansión. Pero esta vez, no iba a entrar por la puerta grande. ¿Qué gracia tendría eso? ¿Dónde estaba la diversión? No, necesitaba algo más entretenido. Además, no sería muy propio de ella. Era conocida por su habilidad de ser sigilosa y actuar desde las sombras. Aunque no siempre fuera así, ya que también la conocían por ser realmente cabezota y por ser muy impulsiva, pero ese era otro tema.
Hacía más de diez minutos que el cabeza del clan había salido de la mansión a buscar al resto de los vampiros. Estaba reagrupando al resto de los que estaban fuera. Lo último que quería era quitar toda la seguridad, y que la cazadora morena viera que se trataba de una trampa, pero tampoco quería que todos estuvieran fuera. Con unos pocos vigilando la retaguardia serían más que suficientes. Así, una vez entrara, estaría casi todo el clan dentro, y por muy fuerte que fuera, o la Elegida, no podría con todos. Era el plan perfecto. Sin embargo, no debían confiarse en exceso. Las cazadoras eran conocidas por salir impunes de casi todas las situaciones en las que se vieron envueltas e incluso burlar a la muerte.
Sin lugar a dudas, no iban a ser fáciles de matar. Después de haberse reunido con su hombre de confianza, le ordenó que diera un último vistazo a los alrededores y se dirigiera a la parte trasera de la mansión, junto con el pequeño escuadrón. Con lo que no contaba era, con alguien que acechaba desde las sombras y los observaba muy atentamente.
(Apartamento cazadoras, Nueva York)
Después de haber colgado el teléfono, la rubia se había ido directa a la ducha. Después de una noche tan movidita, y que todavía no había terminado, necesitaba despejarse y de paso tener un poco de tiempo para pensar en su siguiente movimiento. Como siempre, tenía que volver a salvar a Faith de sus incesantes ganas de morir.
Una vez Buffy hubo desaparecido por el resquicio de la puerta del baño, la pelirroja vio su oportunidad al alcance de su mano. Evidentemente, no había sido una buena noche para ninguna de las tres, pero la que peor lo había pasado, había sido, sin lugar a dudas, la rubia. Sus ánimos no estaban como para echar cohetes. Sin embargo, la cazadora morena se había ido y Buffy estaba bastante preocupada por ella. No era el momento más idóneo. Pero era ahora o nunca. Podría aprovecharse del momento de debilidad y ofrecer un hombro en el que llorar.
Decidida, se dirigió hacia la puerta del baño y la abrió.
(En algún lugar de Nueva York)
Las cosas iban mejor de lo que ella pensaba. Había burlado toda la seguridad de la zona sin ningún problema, aunque eso no era algo por lo que debería estar dando saltos de alegría. Si algo sabía a ciencia cierta de todos esos años como cazadora, era que siempre había algo que no encajaba. Y esta ocasión, no iba a ser diferente. Que hubiese burlado toda la seguridad sólo podía significar tres cosas: la primera que era muy inteligente, cosa que descartó. La segunda que eran muy torpes y no la habían visto, porque por mucho que se conociese la zona, ellos la conocían mejor; descartada. Y la tercera, que fuera una trampa, lo que era lo más probable y la opción que menos le gustaba.
Después de andar un buen trecho, había llegado justo debajo del estudio. La última y única vez que había estado en él, había sido en el sueño. Sabía que la ventanita que daba al exterior estaba justo enfrente de la puerta que daba al interior de la mansión. Había calculado que más o menos, estaba a dos metros del suelo. El problema era que no estaba dentro, sino fuera, en los terreros. Y la cosa cambiaba. La altura de la ventanita era un "poquito" más elevada. Alzó la vista. –Genial… ni que fuera Mr. Fantástico. ¡Pero si debe haber más de cinco metros de altura! A ver… en las pelis siempre hay una enredadora o chorradas por el estilo, para que el típico pringado se lleve a la chica. ¡¿Por qué aquí no?-. La morena frunció el ceño sin dejar de mirar la ventanita y se cruzó de brazos. Se quedó pensativa durante unos instantes. Un poco más hacia la derecha de la ventanita, había como una especie de repisa, por donde, si llegaba, podría ir hasta la dichosa ventanita y entrar. Eso sí, como diese un paso en falso, la caída dolería.
No hacía más de cinco minutos que Richard O'Halley se había ido con el resto de los vampiros, dejando a uno de ellos a la espera de órdenes. Era la oportunidad perfecta. Sin embargo, no podía llamar la atención. Lo más probable es que ya supieran que estaba allí y si no, que andaba por los alrededores. Pero no podía permitir que Faith cometiera otra tontería. Bastante era que ya le había dado esquinazo. Aunque no le había pillado por sorpresa. Sabía cómo era la morena y que, tarde o temprano intentaría escabullirse y seguir con su "plan". Que no era otro que meterse en la boca del lobo y acabar engullida.
Sin ser visto por el vampiro, Angel salió sigilosamente de su escondite, posicionándose justo detrás de él. Con un movimiento rápido, le rompió el cuello, tapándole la boca para que no alertara a nadie, para después arrancarle la cabeza, convirtiéndolo en polvo
A: Uno menos.
El vampiro volvió a su posición. Necesitaba un plan.
No sabía cómo, pero había encontrado la manera de llegar hasta la repisa. Con mucho esfuerzo y sudando la gota gorda, subía como si de una montaña se tratase, agarrándose con uñas y dientes a cada huequecito que veía y que podría meter un pie o cogerse con las manos.
Estaba a unos pocos metros de llegar a la mitad del recorrido. Sin embargo, a medida que iba subiendo, había menos huecos a los que podía agarrarse. -¡Venga ya! A penas sí me quedan unos pocos metros. Tú, la que escribe, invéntate algo para que pueda llegar hasta allí arriba-. Parecía que había un hueco a metro y medio a su derecha. Si conseguía llegar hasta él, podría tocar y cogerse a la repisa. La morena se estiró todo lo que pudo, pero sus intentos fallaron estrepitosamente. No había forma alguna de llegar. En su último intento, alargó el brazo, resbalando y cayendo de culo al suelo, con un golpe sordo.
F: Ahí te has pasado ¬¬
Narrador: Eso te pasa por insolente. A ver si así aprendes. Continuemos.
Volvió sobre sus pasos y se quedó delante del muro que tantos problemas le había causado. Alzó la vista, examinando detenidamente cada centímetro y cada ladrillo de que estaba hecho. Tenía que haber alguna manera de llegar a la maldita repisita. En una segunda ojeada, vio algo que antes se le había pasado por alto. -¡Genial! Ésta es la mía-. Con una sonrisa de oreja a oreja, se dispuso a volver a subir por el muro de piedra, directa al interior de la mansión.
Después de casi media hora, la morena se encontraba, más o menos, a mitad de su destino. Había tenido que dar un rodeo enorme, ya que era la única forma de llegar al hueco en el que antes se había ido al suelo de bruces. –En el que me habían tirado ¬¬ -¡A callar! Aquí escribo yo-. Tal y como había previsto, haciendo ese camino, sí que se podía alcanzar dicho hueco. La repisa ya estaba a su alcance. Solamente tenía que estirar su brazo derecho y llegaría sin ningún problema. Una vez se agarró como una lapa con la primera mano, la segunda fue coser y cantar. Con las dos manos ya en la repisa, sólo tenía que balancearse un poco y ya estaría en la ventanita que tantos quebraderos de cabeza le había dado. Con un salto muy ágil, se posicionó delante e intentó abrirla sin mucho éxito.
F: ¡Esto ya es el colmo! Pues a la mierda. Será a la antigua usanza –cabreada, arremetió contra el cristal, pegándole un puñetazo en toda regla-.
De un salto se metió en el estudio, cayendo de cuclillas. Antes de que pudiera incorporarse del todo, la puerta de la habitación se abrió, entrando tres fornidos vampiros.
F: Mierda… ¬¬
