El colmo de la vanidad
3
"Ningún vanidoso siente celos."
Jacinto Benavente (Dramaturgo español)
¡Al fin, silencio!
Silencio, silencio y bendito silencio. Además el olor del polvo, de piel y tinta era lo único que contribuía a mejorar mi humor, que ciertamente no estaba en su mejor momento y amenazaba con hacer una Tercera Guerra mundial.
Suspiré tratando de llenar mis pulmones de aire, cerré los ojos sintiendo como el viento rosaba mi cara y extendiendo los brazos me deje caer de espaldas sobre el césped.
Si algo amaba de Hogwarts, además de su grandiosa biblioteca, era la oportunidad estar solo una vez te hallas perdido en sus inmensos jardines. Y yo, desde luego, necesitaba perderme con urgencia.
Dos horas atrás habían salido las listas de las calificaciones correspondientes al primer periodo, y yo tenía que aguantarme las ganas de gritar como histérica para que nadie notara lo nerviosa que estaba, finalmente yo era la imagen de perfección. Todas las chicas del colegio quieren ser como yo. Todas me admiran, creen que soy simpática y súper buena onda… Así que gritar en medio del pasillo jalándome el cabello por algo tan simple como las calificaciones, era algo que jamás haría en público.
Además también tenía que proyectar que eso (las calificaciones) no me importaba pues, ¿de qué habría de preocuparse la Gran Hermione –súper inteligente-Granger?
Pero yo tenía una razón. Una maldita buena razón: ¡Quitarle a ese imbécil el primer lugar!
Como quien no quiere la cosa me acerqué a mirar la hoja que cada periodo pegaban en el tablón de anuncios en el Gran Comedor, o mejor dicho la cafetería, que era parada reglamentaria para el cuerpo estudiantil. De modo automático mis ojos se dirigieron hasta el inicio de documento en busca del número uno.
Este periodo era mío. Había sacado diez en todas las materias incluida química, en la que muy a regañadientes Snape me había puesto un sobresaliente, así que ¿cómo alguien iba a poder superar a la perfección.
Sonriendo de manera idiota, suspiré un par de veces intentando relajarme para poder disfrutar de mi momento de gloria, moví mis pupilas unos milímetros…
¡Noooooooooooooooo!
1.- Potter, H.
2.-Granger, H.
3.- Malfoy, D.
4.-Weasley, R.
5.-Potter, L.
6.- Lovegood, L.
¡Noooooooooooooo!
¿Cómo carajos estaba allí?, ¿Cómo demonios obtuvo el primer puesto?, ¿Cómo, cómo, cómo?
¡El muy bastardo!
Quería gritar, llorar y partir una nariz en particular, ¿pero lo hice? ¡No! Porque tenía una maldita imagen que mantener, la cual no incluía hacer berrinches ni patear traseros.
Soporte con sonrisitas bobas las felicitaciones, reprimí las ganas de maldecir como marinero cada vez que oía el nombre del idiota. Como pude me deshice de mis "fans", quienes me rogaron explicarles unas ecuaciones, prometiéndoles que las vería en la biblioteca.
-¿Me ayudarías a estudiar?-las arremedé-¿Me ayudarías a mi también, Hermione?, ¿Nos ayudarías a todas?
Es que esas tipas se creían que no tenía cosas que hacer, trabajos que terminar, ropa que lavar (yo no tenía sirvientas) y tiempo que perder. Pero eso sí, luego salían con que los "nerds" no teníamos vida social. ¡Cómo si nos dejaran!
-¿Por qué no iban con el Harry-gran sabio roba lugares-Potter?
-Mi hermano no es ladrón-di un respingo y me incorporé de inmediato para fulminar a Lizzy con la mirada.
-¿Quieres que muera de un infarto?-le reproché. Lizzy rodó los ojos y sacó de la bolsa de su sweater su teléfono "La encontré. Si. Está bien. En el prado al sur del lago, frente al roble." La escuché hablar con quien supuse que era Luna, después de un rato de puros "ajá", finalmente colgó.
-Por una coma-dijo.
-¿Disculpa?
-Mi hermano te gano por una coma. Lo escuché decirle a sus amigos que había descubierto que en la lectura faltaba una coma.
-¿¡Que!?-¡Oh, diablos! Eso sí que me hacía sentirme mejor, fui vencida porque no eché en falta una, hasta segundos antes, insignificante coma. ¡Mierda!.
-Pero no te pongas así-me consoló Lizzy.-Ya verás que para la próxima…
Lilian Elizabeth Potter, así fue como se presentó luego de darnos a Luna y a mí un susto mortal.
El TD acaba de hacer su espectacular entrada y hasta ese momento se reportaban diez desmayos, quince taquicardias y tres casos de bochornos.
-Menudos idiotas-había dicho yo dándome la vuelta para irme al salón.
-¿Disculpa?-una chicha más o menos de mi estatura con el pelo negro perfectamente acomodado en caireles y los ojos verdes, se había parado enfrente de mí.- ¿Acabas de llamar idiotas a los integrantes del TD?
-Eh….- ¡Mierda!, pensé, si le contesto que sí, me delataría y sería acreedora a una FA, y si le dijo que no quedaría como una mentirosa y mi imagen se vería afectada.-Eh…
-Ella ciertamente los llamó idiotas.
-¡Luna!-cerré los ojos con fuerza ¿quien le dijo que interviniera?
-¡Oh. Por. Dios.!-exclamó pasmada la chica-¡Oh por Dios! ¡Tú y yo vamos a ser muy buenas amigas!-dio unos brinquitos y luego se levo una mano a la frente con dramatismo.-Pensé que era la única que pensaba así de mi hermano y sus amigos.
-¿¡Tú hermano!?-dijimos Luna y yo al mismo tiempo e intercambiamos miradas nerviosas. Esta vez sí que la habíamos regado.
-¿Qué no me he presentado?-preguntó con expresión inocente.-Soy Elizabeth Potter, hermana melliza de Harry Potter.
Santa… Mierda
Era hermana de un integrante del TD, y no cualquier integrante, sino de su líder, amo y señor…
Sé que en esta vida todo pasa por una razón, pero… ¿¡Por qué a mí!?
Justo cuando solo quedaba un año de escuela, un solo año que esperaba que pasara sin penas y con muchas glorias… Adiós a Hogwarts, adiós a mi sueño, adiós a los halagos y adiós a mi popularidad.
Este era el fin. Miré a Luna de manera amenazadora, para hacerle saber el peso de mi ira y de que no estaba muy conforme con esa manía que tenia de meterse en conversaciones ajenas, pero la pobre estaba blanca como el papel, pues por muy gustosa que colaborase cuando de insultar al TD se trate, bien que sabia las consecuencias a la que nos enfrentábamos. Además, aunque lo negase mil veces, ella también se preocupaba por su reputación.
Ella me miró también, pero en su mirada llena de pánico había también una disculpa implícita.
-¡Oh!-exclamo la chica Potter-No se preocupen, no voy a decir nada. Como ya dije es un verdadero place conocer a alguien que no idolatre a ese trío de idiotas. Pero, ojo-levantó una mano y nos señalo,- eso no quiere decir que no quiera a mi hermano, simplemente no soporto los "aires" que se da.
A partir de ese momento Lizzy (como le gustaba que le dijeran) se juntó con nosotras, la verdad es que en ese entonces no nos quedó otro remedio (¿quien le dice que no a la hermana del líder del TD?), y como si eso no fuera suficiente o el destino tuviera planes ocultos, resultó que ella también estaba en nuestra clase.
Conforme pasó el tiempo, Luna y yo descubrimos que era realmente una buena y encantadora persona y nos hicimos amigas de verdad.
Comenzamos a compartir cosas, entre ellas mi secreto. Aunque en mi defensa debo de admitir que Lizzy era muy lista, no tanto como yo, pero sí lo suficiente como para averiguarlo, o al menos intuirlo antes de que a Luna se le saliera en una ocasión.
Pero lo quera muy extraño es que nunca se acerco a su hermano, ni siquiera cuando a la tercera hora del primer día de clases todo el colegio sabía que era hermana de Harry Potter. A su hermano le dedicaba una sonrisa cuando se lo cruzaba en el pasillo, o le dedica una mueca y roba los ojos cando provocaba un desmayo, a Weasley lo saludaba con una inclinación de cabeza y a Malfoy, lo ignoraba y le rehuía como la peste.
-¿Por qué no vamos al cine? –Preguntó Lizzy con una sonrisa.-Tal vez si vemos una comedia y nos reímos se te pase el coraje.
Sí, Elizabeth Potter, era una chica muy diferente a nosotras. Siempre estaba de buen humor con una sonrisa en la cara y encontraba siempre el lados positivo a las caso. Tenía el color de ojos y cabello iguales a los de su hermano, compartía con él la inteligencia pero no la arrogancia lo que hacía que fuera facial tratar con ella.
Luna se nos unió minutos después y las tres comenzamos a comentar la cartelera.
Draco Malfoy se sentía ansioso. Muy, muy, muy ansioso y lo peor era que conocía perfectamente la causa de su estado. Eso sí, jamás lo admitiría pues si había algo que los Malfoy destilaban era orgullo. Y él como buen único heredero tenía orgullo de sobra.
Mimado desde el día en que se supo venía en camino, Draco solo tenía que pedirlo y lo tendría todo, por algo era el primogénito de Lucius y el tesoro de Narcisa. Tal vez no fuese la mejor manera de educar a un hijo cumpliéndole todos sus caprichos, pero si tomamos en cuenta el hecho de que Narcisa se las vio negras para poder concebir, que el embarazo fue complicadísimo y que el parto no fue de lo mejor y que además la dejó sin posibilidad alguna de volver a concebir, era comprensible. A parte de los mimos, Draco había crecido en una familia llena de amor, donde sus padres se amaban con locura y siempre estaban para él: que si el niño quería pintar, ya le traían el mejor equipo; que si el niño preguntaba: "¿Qué es estribor?" Lucius ya marcaba para comprar un yate; que si el niño decía: " ¿Donde está Nueva Zelanda? Narcisa ya estaba haciendo las maletas.
Desde luego que tuvo sus castigos, sobre todo teniendo como mayordomo a Dobby, un viejecito que lo que tenía de amble lo tenia de soplón y no dudaba ni un segundo en ir contarle a los patrones las travesuras del "señorito". Como la vez que, cuando tenía cinco años, se le ocurrió ver si las ranas al igual que los peses, se podían ir por el inodoro. Obviamente el WC se tapó, lo que ocasiones que por alguna extraña razón o coincidencia (no era plomero) salieran del fregadero de la cocina aguas negras. O la vez que junto con Harry y Ron, sintiéndose ya "Hombres", les dio por probar el Whisky. El sermón que le dio Lucios ese día que por indicaciones del mayordomo lo encontró vomitando en el retrete, fue de antología y el castigo digno de recordarse: Lucius lo había llevado a una tienda de mascotas y le había comprado un cachorro, si era lo suficientemente grandecito para beber-había dicho-, también lo era para tener responsabilidades. Actualmente Flfuffy correteaba feliz en la mansión Malfoy.
Así que, como desde siempre Draco había estado acostumbrado a tener lo mejor de lo mejor, no podía menos que tener a la mejor chica, y cinco años antes, cualquiera con un poco de testosterona en las venas, habría dicho que Elizabeth Potter no se acercaba ni en broma al concepto de "lo mejor".
La chica en aquel entonces contaba con el típico aparato dental, zapatos ortopédicos, el mismo problema ocular de su hermano, es decir, usaba lentes y se hacía cada peinado que… No, Lizzy no era la mejor y por lo tanto no era digna de la atención de Draco.
Por eso el día que Lizzy le entregó una carta, este ni siquiera la cogió, miró a la chica de arriba abajo y la despacho con un seco: Yo no salgo con chicas feas, la dejó en medio del parque donde lo había citado.
Oh, desde luego que había tenido cargo de consciencia, después de todo era la hermanita de uno de sus mejores amigos y su padres le habían inculcado modales pero hacía tiempo que había cerrado esa puerta de las culpas y toda esa bola de sentimientos. Pero ella había regresado y era una espinita que molestaba y si no le buscaba una solución, algo le decía que el dolor sería insoportable. Habría querido como mínimo disculparse o al menos rechazarla más cortésmente, pero ella parecía inmune a él, como si de alguna forma supiera lo que él pretendía.
Pero esa era la menor de sus preocupaciones pues su novia llegaría la siguiente semana y su instinto le decía que Ron no se iba tomar muy bien el hecho de que lo llamara cuñado.
