El colmo de la vanidad

6


Lo que hace tan agudo el dolor de los celos es que la vanidad no puede ayudar a soportarlo.

Henri Beyle Stendhal


Llegué como siempre, a pie y justo a tiempo, y eso ya era mucho que decir teniendo en cuenta que venía cargando una maqueta y folders demás.

Aparte de eso, solo había dormido tres horas ¡Tres malditas horas! Los ojos me pesaban y la vejiga estaba a punto de estallarme por la cantidad de café que venía injiriendo lo que, indirectamente, me causaba una molestia más, pues venía cargando también un termo de café.

-Pero mira nada más, La señorita numero dos sí que es puntual.

Solté un grito por el susto y gracias a sus rápido reflejos la maqueta no toco el piso.

-¡Por Dios, Potter!-me llevé la mano libre al pecho.- ¿Es que quieres matarme de un susto?

El susodicho me miraba fijamente con la cabeza ligeramente ladeada, al cabo de unos segundos soltó un pequeño bufido y me sonrió.

Sentí una extraña sensación en la boca del estómago al ver su gesto pero lo atribuí a la cantidad de café que había consumido.

-¡oh, desde luego que no!-hizo un gesto con la mano para restarle importancia.- ¿Crees que me arriesgaría a perder mi…? ¿Cómo te auto-nombraste? ¡Ah, sí! Esclava académica.

Hice una mueca y entre cerré los ojos. Dispuesta a replicar abrí la boca pero uno de sus dedos la cubrió y me provocó escalofríos. ¿Otra reacción de la cafeína?

-¿Dónde están mis cosas?-cuestionó sin quitar su dedo de mi boca, yo me zafé con un movimiento de cabeza.

-En la bolsa-dije y señalé la que él había impedido que se me cayera,-está la maqueta. Agregué unas notas por si te piden que des una explicación.- Le tendí mi termo que sin problemas cogió y con un movimiento rápido, pase mi mochila, que colgaba de mi hombro, hacia enfrente. La abrí y saqué una carpeta tipo sobre de plástico y se la di.- Aquí están tus trabajos. El análisis del libro está impreso dos veces-expliqué.- En la hoja que me diste no estaba especificado el formato, así que una versión esta enumerada e incluye un índice, introducción y bibliografía.

-¿Bibliografía?

-Sí, le agregué unas citas textuales. Espero que no te moleste. En cuanto a lo de física, anexé unas notas para ti, por si el profesor te pregunta. Esas, desde luego, te sugiero que las estudies pues son fórmulas un poco complicadas. Ahora si me disculpas-le dije tendiéndole el sobre y arrebatándole mi preciado líquido muy satisfecha de mi misma por su expresión de incredulidad,-tengo que ir a la biblioteca.

Le sonreí y me fui con la frente bien alta. Una vez que me sentí a salvo de su mirada, corrí como posesa rogándole a Dios que la sala de computación estuviera abierta. Primero dejaba que me mirara de frente un basilisco antes de confesarle que, gracias a sus trabajos, mi impresora se había quedado sin tinta y no había podido imprimir nada de mi tarea.


-Señorita, Potter-la llamó el profesor Firence para entregarle su trabajo.-Excelente. Expresó de maravilla las emociones y el final me pareció perfecto.- Lizzy sonrió contenta por el cumplido del profesor y feliz regreso a su asiento.

Su sonrisa decayó un poco cuando paso a lado de Draco con quien compartía la clase y que se sentaba en la fila continua a la de ella y dos asientos más adelante. A pesar de haber estado cinco años lejos de él, aun le causaba el mismo efecto: se le paraba el corazón dos segundos para después latir como loco, la respiración se le dificultaba y su estómago sufría de retortijones.

¡Já, y ella que se creía curada!

Reteniendo el aire para no aspirar su perfume, el que por cierto tenía grabado a fuego en la mucosa* y que la hacía sentirse igual que un flan, llegó a su lugar. Le había permitido llegar hasta lo más hondo de su alma, pensó, estaba metido y grabado a fuego en su cerebro, o tal vez, siempre estuvo allí. Quizá había estado engañándose así misma durante aquellos largos años mientras se decía que el tiempo lo curaba todo, que esta superándolo.

Superar, esa palabra la hacía reír. Nadie podía superar a alguien como él. Bien podía vivir con ese dolor o existir mecánicamente. Fuera a donde fuera, hiciera lo que hiciera o saliera con quien saliera, él siempre estaría en su corazón, y las demás relaciones que tuviera, si es que algún día podía enamorarse de alguien más, serían una patética y muy barata imitación de todo este torbellino que él le producía. Y no sabía si sentirse alagada o condenada por ello.

-Así que un excelente, ¿eh?-le preguntó el chico que estaba frente a ella, con una sonrisa.-Yo solo obtuve un pasable, ¿de dónde sacas la inspiración?, ¿o es que la venden en pastillas y yo ni en cuenta?

"Trata con un corazón roto" pensó, pero solo se encogió de hombros y le devolvió la sonrisa.

-¿Me dejarás leerlo?

-Sabes que no, Neville.- Respondió soltando una risita.

Draco rechino los dientes la ver como el idiota de la silla de enfrente se giraba en su lugar y se disponía a hablar con Lizzy. Con mucho esfuerzo contuvo las ganas de gruñir y golpearse la cabeza con su escritorio. Eso estaba mal, no tenía porque sentirse así con respecto a ella, Lizzy tenía el derecho de estar con quien quisiese, además él tenía a Ginny, la mujer perfecta.

Ginny era guapa (no por nada era modelo), lista (sin llegar a ser una sabelotodo), educada, cortés, rica y popular. Todos querían con ella y todas querían ser amigas de ella. Él se sentía muy a gusto con ella así que era muy raro que él tuviese esas sensaciones en el estomago cada vez que veía a Lizzy, esas ganas de asesinar de una manera muy, muy dolorosa a cualquier imbécil que se atreviera a hacerla reír y de que tuviera, además, unos deseos absurdos de querer saber qué pasaba por su mente todo el tiempo.

Era cierto que había cambiado y ya no se parecía en nada a la chiquilla que se trepaba a los árboles o que jugaba a las luchas con ellos, menos a la adolecente que le entrego sus sentimientos en un trozo de papel cinco años a tras, ahora Lizzy y Ginny eran la novedad.

Una novedad tan diferente que parecían el agua y el aceite. Mientras que a Ginny le encantaba ser el cetro de atención, Lizzy hacía hasta lo imposible para pasar desapercibida; la pelirroja estaba más que feliz por ser parte (aunque indirectamente) del TD y Lizzy, según le contó Potter, estaba indignadísima por lo que ella denominó "un comportamiento estúpido y sin sentido".

Escuchó que el profesor daba por terminadas las clases y luego siguió, con el rabillo del ojo, cada uno de los movimientos de Lizzy hasta dejar el salón. ¿Adónde iría?, ¿Cuál era su siguiente clase?, ¿con quién pasaría el día? Quería saberlo, casi exigía saberlo, aunque no se le ocurriese ninguna razón legítima para hacerlo, no era asunto suyo, como se lo venía recordando continuamente. Claro que eso no hacía que su curiosidad fuera menor. Ni tampoco el deseo rabioso de estar con ella, de tocarla, de hablarle. De escuchar su charla y de deleitarse con su manera de mirar el mundo.

Y es que le dolía su indiferencia, la comprendía y entendía el por qué de su proceder, pero no por eso se hacía más soportable.

Era consciente de que se había portado como un completo y total hijo de perra, que quizá no debió de arrojarle sus sentimientos de una manera tan cruel, pero después de años, de cinco años de no saber nada de ella solo lo poco que Harry les dejaba saber muy esporádicamente, él creyó, muy tontamente, que cuando ella volviera todo iba a ser igual, pues en ese tiempo ella pudo encontrara a otro chico y enamorarse. La simple idea le provocaba vómito, pero él quería a su mejor amiga, porque Ginny, aparte de ser bonita, inteligente y madura, no tenía ni la menor idea en lo referente a las artes. Bastaba con recordar la vez que Draco le pegunto si había oído algo acerca de Van Gogh:

-¡Pero claro, tontuelo!-le había dicho con una sonrisa.-Si hasta fui a uno de sus conciertos, me encanta "Una canción desesperada".

Bien, había pensado Draco, no sabe de pintura pero sí de poesía. Contento por tener algo en común, comenzó a recitar uno de sus poemas preferidos:

"Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!..."*

Ginny soltó una risita, se puso enfrente de él y le tomo de las mejillas mientras le sonreía.

-Así no va.-Le dijo haciéndolo fruncir el ceño, para luego confundirlo más cuando empezó a cantar:

"Me enamoré de ti buscando el cielo,

Y desperté agarrada a una ilusión,

Ahora eres cenizas de mis sueños

Porque al final los sueños sueños son…."*

Sin entender qué era lo decía, optó por rendirse y dejarlo pasar, ultimadamente no se podía tener todo en la vida.

Pero no solo no tenían en común su afición por las artes, mientras que a Ginny le gustaban las fiestas, las salidas nocturnas y su idea de un buen libro era la revista "Vogue", él prefería la tranquilidad de un paseo por el parque, una buena exposición de arte y leer algo de Mario Benedetti*.

Extrañaba de sobremanera la relación que tenían Elizabeth y él, quizá se debiera al hecho de que habían crecido justos y habían compartido un sinfín de experiencias pero de alguna extraña manera sentía que con ella tenía una conexión que no tenía ni siquiera con Harry y Ron.

Jamás la vio como mujer ni como la hermanita de su mejor amigo (como le pasaba con Ginny), sino como alguien más del grupo, como una igual, así que cuando ella le escribió sus sentimientos fue como entrar a la dimensión desconocida. Supo que tenía que darle una disculpa por ser tan idita en cuanto ella rompió la carta y la dejo caer al suelo, supo también que debía de impedir que se fuera pero ¿Qué le diría?

Al día siguiente se sorprendió de no verla en el partido de soccer así que le preguntó a Harry, éste le dijo que se había ido a Nueva York con sus padrinos, él supuso que era una reacción normal y que al terminar el verano estarían como si ese episodio en los vestidores no se hubiera dado jamás y que seguirían siendo mejores amigos, pero ella no había vuelto.

Y ahora, después de tantos años, ella regresaba no solo cambiada y sabiendo tantas cosas de arte al igual que él (y estaba seguro que eso no lo había hecho para impresionarlo pues su gusto por el arte era algo que solo sabían Harry y Ron), sino que además lo ignoraba como si fuera la peste y eso dolía, ¡mierda, sí que dolía!


Había muy pocas cosas que podían sorprenderme: cuando mi padre me llamó por vez primera la atención, cuando Siruis nos compró un estadio de soccer y cuando Lizzy anunció que se iba a Nueva York. Pero definitivamente tenía que agregar a la lista los expedientes que la señorita Numero dos me había dado esta mañana.

El análisis del libro era espectacular, a falta de otra palabra. Tenía tantos detalles que casi juraría que lo había hecho un experto en años de trabajo y no una estudiante en solo una noche.

El trabajo de física era aún mejor, la teoría estaba explicada estilo PP* y la formula estaba desarrollada de tal manera que te explicaba el por qué de las variables. Además las notas que había añadido sobre la Pinicitosis era un detalle espectacular que ni siquiera se me había pasado por la cabeza.

Mientras revisaba los documentos y me iba impresionando cada vez más de lo detallada y dedicada que era Granger, que ni cuenta me di que ya era tiempo de entrar a clases.

Desde luego no corrí: Harry Potter no llegaba tarde a clases, las clases empezaban antes, además la profesora Sprout (Biología) era una de las que temían meterse con los miembros del TD.

Cuando entre al salón (diez minutos después de la hora) sabiamente nadie hizo comentario alguno, Ron, con quien compartía la clase, solo intercambio una mira curiosa por mi retraso y retiró su mochila Nike de mi asiento.

-¿Problemas?-indagó.

-No, solo…-la profesora impidió que siguiera con mi explicación mandando callar al salón, y no era tanto el miedo a una regaño lo que me hizo guardar silencio, más bien el hecho de que mis padres me inculcaron respeto. "No hagas a otros lo que no quieres que te hagan", "Como trates serás tratado", "Siempre di: por favor y gracias" eran algunas de las frases que Lili se empeñó en que Lizzy y yo aprendiéramos, así que como me molestaba de sobremanera que otras personas hablaran mientras yo lo hacía, guardé silencio en cuanto la profesora lo pidió.

La clase comenzó como siempre: con la profesora repartiendo fotocopias de lecturas complementarias y un cuestionarios de treinta preguntas que teníamos que responder a lo largo de la clase.

Sprout tomó su lugar en frente del pizarrón comenzando con su monólogo acerca de la Membrana Celular, mientras la escuchaba, saqué mi lapicero de la mochila y le eché un vistazo a las preguntas. La mayoría (como veinte de ellas) las podía responder inmediatamente pues el resumen que había hecho para la clase pasada tenía casi toda la información.

El discurso de la profesora duró aproximadamente veinte minutos más, tiempo suficiente para que (a las ocho y treinta de la mañana) medio salón estuviera cabeceando. El azote que le propino Sprout al escritorio con su bolso hizo que todos saliéramos del estado de "duermevela" en el que habíamos caído, y casi podía jurar que la profesora sonrió cuando nos vio brincar y levantar la cabeza de golpe.

Mientras ella revisaba el resumen qua nos había dejado una semana atrás y nos llamaba en orden alfabético, nos ordeno terminar el cuestionario.

-¿Cuántas te faltan?-me pregunto Ron

-Seis. La tres, doce, veinticuatro, veinticinco, veintiséis y treinta.

-Excelente,-dijo soltando un suspiro-te las paso si tú me pasas de la de la cinco a la quince.

-Hecho.-Le tendí mi hoja mientras la maestra le indicaba a Abbott, Hannah que pasase al frete, mostrase su maqueta y la explicase.

Uno a uno de mis compañeros fueron pasando a exponer su maqueta de Pinositocis y una vez más, le di las gracias interiormente a la Señorita Numero Dos por ser tan precavida y darme unas tarjetas con la información necesaria pues, las exposiciones, fueron tan aburridas que, confiado por mis tarjetas, me desconecte en el instante mismo en que Hannah abrió la boca.

Ron, por su lado estaba también metido en sus pensamientos y de vez en cuanto se le escapaban palabras que sonaban a: "¿Campanita? Una mierda"

Reaccione cuando la profesora me llamo y con el andar elegante y magnánimo que me caracterizaba me puse de pie, tomé la bolsa negra que contenía la maqueta que Granger había hecho, saqué las notas del folder y de reojo vi que Ron fruncía las cejas con sorpresa. Sonriendo me puse enfrente del salón que, por tratarse de mí, me miraban expectantes y en silencio.

Metí la mano sin ver lo que había hasta que palpé un cartón, lo saqué de la bolsa y mi cara enrojeció, Ron abrió los ojos como platos, Sprout casi toca el piso con su mandíbula y dos o tres valientes se atrevieron a soltar una risita que rápidamente se convirtió en tos gracias a mi mirada fulminante.

Tome aire para tragarme mi coraje y comencé a explicar mi dibujo hecho sobre un vil pedazo de papel cascaron, coloreado con gis y hecho de ¡Lentejas y sopa!, ¡¡¡ LENTEJAS Y SOPA!!!


Una de las cosas que más me llamó la atención y que además hizo que me enamorara de Hogwarts, era que el colegio había sido instalado en una antiguo castillo medieval por lo que tomábamos clases entre mazmorras y torres y la cafetería se encontraba en uno de las salas más grandes del castillo, se llamaba "El Gran Comedor" y tenía cuatro largas y viejas mesas de madera dispuestas en forma vertical y que siempre tenían un mismo mantel cada una con un color diferente (verde, azul, amarillo y rojo), y justo enfrente de ellas (y de manera horizontal) se encontraba la barra en donde hacías tu pedido. Lo único de moderno que tenía la cafetería a parte de las maquinas en la cocina y las vitrinas con los alimentos, era que el techo estaba hecho de cristal con lo cual podías ver el cielo exterior y tener la sensación de que comías al aire libre.

Por supuesto el TD tenía su respectivo lugar que era justamente en medio de la segunda mesa, es decir, la roja y nadie, absolutamente nadie tenía derecho a sentarse a menos de cuatro asientos de ellos por eso cuando Harry Potter, le líder del TD, y sus amigos, Ron y Draco se acercaron a nosotras que desayunábamos en un extremo de dicha mesa, el silencio invadió El gran Comedor.

-Buenos días.-Nos saludo Potter a Luna y a mí, para luego volverse hacia su hermana y revolverle el pelo mientras la saludaba-Hola pequeño trol.

-¿Harry? ¿Qué…? Digo, hola. Pero…-Lizzy se había puesto blanca nada más ver al TD lo que me extraño muchísimo pues el líder era su hermano, y no es que esperara una represalia por mi culpa, pues según me dijo, ella no había intervenido en el asunto entre su hermano, la FA y yo, que todo ese rollo era obra y gracia de Potter, pero que intentaría habar con él para que no fuera tan mandado, aunque, claro está, no garantizaba resultados.

-¿Les molesta si nos sentamos con ustedes?- una sola mirada de Potter bastó para que las cinco chicas que estaban comiendo a nuestros costados se levantaran como almas que lleva el diablo y les cedieran de buena gana el lugar. Esperé que en vano que sacase algún gel antibacterial o mínimo un pañuelo con el cual limpiar el asiento pero resultó que el niño no era tan 'mamucas' después de todo.

Potter se acomodó en frente de mi y a la derecha de Lizzy dejando a está en medio de su hermano y Malfoy, para mi sorpresa el pelirrojo, tomó asiento a un lado de Luna, quien a su vez estaba comiendo un sándwich de gomitas y "M&M's" a mi derecha y con quien rápidamente Weasley inició conversación:

-Es una reverenda estupidez que los niños no crezcan-le dijo nada más sentarse y coger una manzana de la bandeja que llevaba.-Además es físicamente imposible que los humanos vuelen y-mordió su fruta- las hadas no….

-¡Cállate!-exclamó mi rubia amiga para estupefacción de todos.- ¡Te dije que no dijeras eso jamás! Sabes perfectamente que cuando alguien dice esa… esa… blasfemia-escupió la palabra-un hada muere.

Todos los demás teníamos casi teníamos las cejas fusionadas con el cabello y boca hasta el piso por la sorpresiva reacción de Luna, quien sin inmutarse seguía riñendo a un miembro del TD.

-Además, ¿Cuándo leíste Peter Pan?

-Anoche.

-¿Todo?

-Sí. Me dejaste intrigado con toda esa mierda del capitán Garfio y los niños perdidos que compre el libro, primera edición, desde luego. Y puedo decirte, es más, darte una lista de las incongruencias y estupideces que contiene. ¡Volar, va!

-Es que es un cuento ¡Un cuento!-Luna se llevó las manos a la cara en señal de frustación-. Ahora entiendo por qué McGonagall quiere que sea tu tutor.

-Disparates de una vieja bruja-Ron hizo un gesto con la mano.- ¿Qué es lo comes?-preguntó al ver que Luna se llevaba una chocolatina a la boca.

-Un sándwich feliz.

-¿Y eso es?

-Un sándwich hecho de dulces y chocolates.-Luna le mostro su "Tupperware" diseñado para el alimento.-Se dice que el chocolate hace que nuestro cerebro libere endorfinas, que son pequeñas proteínas producidas la hipófisis y que inhiben el dolor; las gomitas tienen azúcar que además de saber ricas y gustarme, tienen más calorías lo que hace que mi organismo tenga más energía. Vez, sin dolor y con energía, un sándwich feliz.

-Sí que estás loca-le dijo Weasley con le seño fruncido luego de que Luna terminara su explicación, pero aún así metió la mano en el recipiente y extrajo un par de chocolates.

El movimiento de negación de la cabeza de Potter ante la reacción de su amigo atrajo mi atención y lo miré. Supongo que el sitió mí mirada pues a los pocos segundos se cara se encontró con la mía y sus ojos se oscurecieron de repente adquiriendo un tomo más verde, su semblante se endureció y apretando los dientes se dirigió a mí:

-¿A qué demonios juegas, Granger?

-¿Disculpa?

-Hablo de la maqueta.

-¡Ah! ¿Qué con ella?

-¿Qué demonios pensabas al ponerle sopa y lentejas?-me dijo en un tono peligrosamente suave.

-¿Y qué esperabas? ¿Mármol y diamantes?- le conteste enfadada. La verdad era que me había costado trabajo hacerla, además, a las tres de la mañana no había donde comprar cosas y lo único que se me ocurrió fue asaltar la cocina de mi madre, y, para ser sinceros no había quedado tan mal. Pero claro, a un niñito mimado como Potter no podías darle algo hecho con lentejas.

Rodé los ojos disgustada. Una cosa era que aceptase el hecho de que ser becada incluía las estúpidas Flores Amarillas y otra muy diferente que dejase que alguien criticase mi trabajo que sudor y sueño me había causado.

Iba a pensar una sarta de insultos y a enlistar argumentos para defender mi trabajo pero al verlo con una ceja arqueada y mirada arrogante, recodé de golpe que estábamos en un lugar público con todas las miradas puestas sobre nosotros seis.

A ese no se le escapaba ni una y como mi comportamiento en el colegio debía de ser perfecto no podía despotricar contra él con gusto. Soy la personificación de la vanidad y como tal debía de comportarme, además estaba segura que los demás creía que el TD se había sentado con nosotras porque Potter deseaba hablar con su hermana, y si yo no quería delatarme y que todos lo que me idolatraban me tratasen con odio, debía de intentar no enfadarlo ¡Sabrá Dios de lo que Potter es capaz! Mejor no tentar al diablo.

-Tal vez mármol no, pero que tal madera-me dijo de lo más campante.

-Discúlpame,-le dije irónica-pero mis conocimientos en carpintería son nulos. ¿Y qué tienen de malo las lentejas?

-Que me hicieron quedar en ridículo. Claro que nadie se atrevió a reírse de mí, todos conocen muy bien las consecuencias si lo hacían.

-Ajá, así que como se quisieron burlar de ti, tú me hechas la culpa.-Lo vi asentir con la cabeza mientras estiraba un brazo y cogía una fresa de mi ensalada. La miró unos segundos y luego miró mi cara, y no necesite poder leer su mente para saber que estaba recordando cómo lucía con mascarilla. Sentí mis mejillas ruborizarse y agaché la cara.-Claro-continué unos segundos después,- es bien sabido y casi considerada una verdad universal que ante una situación en que quedan en ridículo todos los hombres tienen la imperativa necesidad de culpar a otro.


*La mucosa nasal es la encargada de filtrar, entibiar y humedecer el aire inhalado, también es la encargada de percibir los olores.

*Fragmento de "Una canción desesperada" de Pablo Neruda de sus "20 poemas de amor y una canción desesperada".

*Fragmento de "Una canción desesperada" de La Oreja de Van Gogh (¡a que buenos son esos muchachos!) de su disco Más Guapa.

*Mario Benedetti: fue un escritor y poeta uruguayo integrante de la Generación del 45, a la que pertenecen también Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti, entre otros. Su prolífica producción literaria incluyó más de 80 libros, algunos de los cuales fueron traducidos a más de 20 idiomas. (Wikipedia)

*PP: Según una de mis maestras de Lectura y redacción, siempre que vayas a explicar algo por muy sencillo que parezca, debes hacerlo estilo PP, es decir, "Para pendejos", así será seguro que las personas entenderán.


Hola, mis queridísmos lectores, aquí les dejo el capitulo seis, espero que les guste y que hayan disfrutado leyendo cmo yo disfrute escribirlo. MUchas gracias a todos lo que me escribieron preguntándome y deseándome lo mejor con respecto a mi mano, bien dicen que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde y dos semans sin usar mi mano derecha fueron la muerte (soy diestra ¡imaginense mi suplicio!). Gracias también a todos lo que me suben en sus alertas y favoritos, no saben como me alegran el día al saber que les gusta lo escribo.

Sin más por el momento...

Kry

P.D.: ¿Y si llegamos a los 100 reviews, sería mucho pedir?