Este capítulo está dedicado a mis betas: Ale y Pablo, quienes me regalan un poco de su tiempo para leer mis tonterías y corregir mi ortografía. ¡Gracias chicos!
El colmo de la vanidad
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Su orgullo nunca excede de la vanidad de los imbéciles.
José Ingenieros
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Se podría decir que fue un milagro el que Ron, fastidiado por la curiosidad de su madre, quien no dejó de hacerle preguntas respecto a su cita en toda la tarde, se encontrara recargado contra la puerta del copiloto de su auto con el ceño fruncido y soltando maldiciones a diestra y siniestra, de lo contrario se habría ido de espaldas y arruinado su esmoquin.
La visión de Luna mientras descendía las escaleras le cortó la respiración. Sus tobillos eran pequeños y sus piernas largas; la tela del vestido de un verde limón hacía que su piel se viera resplandeciente y suave, además de que enmarcaba su figura, que era perfecta.
Pero lo que más lo impactó a Ron fueron sus ojos que, enmarcados por su rubio cabello el cual caía en ondas, estaban más brillantes y azules que nunca. Y cuando le sonrió, las rodillas le fallaron, el estomago se hizo nudo y su corazón se saltó un latido.
-Hola-lo saludo la chica bajando la cabeza de manera tímida. Ron sabía que tenía que saludarla y decirle lo hermosa, deslumbrante y bella que lucía, pero desconcertado por las sensaciones inexplicables que había padecido segundos antes, puso mala cara y sin mirarla ni hablarle, le abrió la puerta del coche.
Luna abrió la boca varias veces en el camino. La primera vez con la intención de soltar un gemido lastimero y salir corriendo cuando Ron ni siquiera le dijo: Buenas noches, no es que esperara un "Estás hermosa", "te ves divina" o un simple "Wow", pero al menos sí un saludo. La segunda vez fue para decirle: te lo dije. Muy en el fondo Luna sabía que Ron se arrepentiría de llevarla, ella tenía más que claro que él la consideraba poca cosa. La tercera vez fue con la intención de preguntar cuánto falta; la cuarta para decir "me quiero bajar"; y la quinta para anunciar, justo cuando aparcaban el auto, que quería irse a su casa.
Desafortunadamente perdió su oportunidad pues con más fuerza de la necesaria, Ron le tomó de la mano para sacarla del auto para después rodear su cintura mientras le entregaba las llaves del carro al ballet.
Luna demasiado molesta y muy bien educada no se atrevió a hacer una escena, mejor trazó su plan de acción: saludaría, sonreiría y se comportaría como la perfecta damita, y exactamente a los cuarenta y cinco minutos aceptables de asistencia donde se supone que todos notarían su presencia, pediría un taxi y se iría a su departamento. Si Ron no quería estar con ella, ella misma lo libraría de su presencia.
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Mi corazón aún latía muy rápido y aún sentía que el aire no entraba a mis pulmones, y todo por esa sencilla afirmación que recorría mi sistema de arriba abajo una y otra vez.
¡Yo le gustaba a Potter! ¡Yo le gustaba a Potter!
Para ser sincera no tengo la menor idea de cómo es que regresé a casa, tengo la vaga sensación de haber estado en su carro y de que me dejo frente a la puerta de mi casa, pero claro, todo puede ser solo un producto de mi imaginación, incluso puede que aún esté soñando.
-¡Hija!-el grito de mi madre desde la planta baja me despertó de mi letargo.- ¡Tienes un paquete!
Salí de mi cuarto aún con recelo, y absolutamente convencida de que todavía estaba soñando. Cuando llegue abajo mis padres estaban sentados y abrazados en el sofá mirando la tele. Frente a ellos, en la mesa de centro, estaba una caja negra bastante larga amarrada con un listón blanco, la miré frunciendo el ceño para luego mirar interrogativamente a mis padres quienes de una manera nada sutil fingían ver muy concentrados "Mentes criminales".
-¿Es éste mi paquete?-los dos me ignoraron, supuestamente demasiado concentrados para ponerme atención, lo que no sabían era que los delataban la sonrisa emocionada de mi madre.
Intenté de nueva cuanta llamar su atención para poder interrogarlos acerca de la caja misteriosa, pero como seguían sin mirarme, la tome y subí a mi cuarto.
Cerré la puerta y prendí mi estéreo, las notas de la sinfonía número 9 de Beethoven envolvieron el ambiente mientras que yo miraba la caja. Parecía hecha de un papel muy fino y el moño que la sujetaba y decoraba estaba perfectamente acomodado que hasta me daba miedo desatarlo para ver su contenido, pero como la curiosidad pudo más, con mucho cuidado jale una de las cintas, el moño se deshizo con soltura y rapidez. Con delicadeza y tratándola como si fuera de cristal, deposité el paquete en mi cama y quite la tapa.
Sobre las capas de tul que supuse envolvían el contenido real encontré una rosa amarilla que me hizo fruncir el ceño y debajo de ésta un pedazo de papel doblado, lo abrí para ver el contenido:
"Ponte guapa, número dos. Paso por ti a las ocho.
HP.
P.D.: Tu mamá me dijo tu talla."
¡Pero bueno!
Pensé y arrojé la flor y la hoja dentro de la caja con más fuerza de la necesaria. ¿Quien se creía para darme órdenes? ¡Y encima con una FA de por medio! ¡Él había dicho que yo le gustaba!
Tan pronto como ese pensamiento y su significado volvieron a penetrar en mi cabeza, los retortijones y las mariposas en el estomago volvieron, volteé a ver vi reflejo en el espejo que había dentro de las puertas de mi armario y me vi toda sonrojada. Pero es que era increíble.
¡Yo le gustaba a Harry Potter!
Y yo sería demasiado hipócrita si decía que no lo encontraba atractivo, o sea, tenía unos ojos que parecían esmeraldas que me hacían querer mirarlos todo el tiempo; una sonrisa de: ¡válgame dios!, y más si era ladeada y de tipo yo no hice nada, que le daba un aire de niño travieso y de joven sexy; un pelo tan desordenado que hacía que las manos te cosquillearan por poder peinarlo; además tenía un cuerpo de infarto, no lo había visto desnudo (ni siquiera en ropa interior), pero el chico practicaba soccer (un plus: era capitán del equipo) y hacía ejercicio por lo que se mantenía en forma; y si nos vamos por el lado material, era un heredero. Pero lo que lo hacía casi rayar la perfección es que era inteligente y podía platicar mil y un cosas con él y me entendía.
Además, una vez que lo concias podías ver que debajo de toda esa arrogancia, vanidad y prepotencia, se encontraba un chico agradable, amable, divertido y tierno con quien podías pasar un rato ameno, y era precisamente por eso que me molestaba que me ordenara hacer las cosas, no podía simplemente decirme: Ey, quiero salir contigo, vamos al parque, te invito un café, no simplemente dar por hecho que voy a hacer lo que él me pida ¡Ni que estuviéramos saliendo, por amor de Dios! De hecho puede que todo haya sido parte de su plan de venganza…
Sí, lo más probable es que sea eso. ¿Cómo alguien como él se iba a fijar en una simple y becada chica como yo, si tenía a chicas como Cho Chang? Además la rosa amarilla que estaba en la caja no era más que un simple recordatorio.
Pero él te dijo el por qué de las FA
Y podría estar mintiendo, y aunque fuera cierto, los malos hábitos no se olvidan fácilmente y en el caso de que lo hicieran, Potter tenía una reputación que mantener.
Corté mis pensamientos cuando el coro hizo su aparición, saqué mi pijama y tarareando el Himno de la Alegría me metí a bañar.
Media hora más tarde (cerré la llave del agua cuando me enjabone, no hay que desperdiciarla), y ya con las piernas depiladas, la cara exfoliada (le había cogido el truco a los tips de belleza) regrese a mi habitación, donde la caja negra- o de Pandora- me tentaba a ver su contenido.
Dejé mi ropa sucia en el cesto sin apartar mi mirada del paquete "mírame, mírame… descubre mis secretos" juro que la oía decir y cual serpiente encantada por el sonido de la flauta, me acerque a ella. Quité la rosa y la nota que había aventado momentos atrás y con mucho cuidado y delicadeza aparte el tul…
¡Por Dios y todos sus apóstoles!
El vestido más hermoso que había visto en mi vida descansaba ahí y me decía Hola. Sin pensar y por instinto lo saqué con cuidado. Era de tirantes finos, y con el área del busto hecha de pedrería y justo debajo tenía un listón color arena en forma de moño y a partir de ahí tres capas de holanes caían creando un doble forro sobre un fondo del mismo color que el listón
Simplemente hermoso.
No lo resistí más y me lo puse sobre la ropa, me llegaba arriba de la rodilla y como el predijo se ajustaba muy bien al resto de mi figura (que recordemos no era la gran cosa), era tan lindo… y yo empezaba a sufrir el "Síndrome de Cenicienta", es decir, quería ponerme el vestido y sentirme guapa por lo menos hasta las doce.
Mi hada Madrina apareció, o mejor dicho, se materializó en el cuerpo de mi madre quién en ese momento entró en m habitación.
-¡Oh! ¡Es bellísimo!- exclamó yendo hasta donde estaba y cogiéndolo de los holanes para estirarlo un poco hacia los lados.-Ese chico tiene un gusto exquisito. Pero anda- me ordenó y me empujó hacia la silla de mi escritorio,- todavía hay que arreglarte el pelo y maquillarte.
Intente protestar y decirle que no pensaba ir, primera porque más que pedirlo Potter me lo había ordenado; y, segundo, porque aún no quería verlo. Era mi turno de responderle a su "Me gustas" y, la verdad, no tenía ni idea de que decirle, pero… ¿quién se pude resistir a sentirse como Cenicienta por una vez?
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Ron sabía que todo aquel que supiese de política, las nuevas propuestas de ley, que entendiera los discursos y que se atreviera a dar su opinión y a contradecir cualquier cosa dicha por Artur Weasley, ante los ojos del mismo, esa persona valía oro. Por lo tanto no le sorprendió que luego de conversar unos minutos con Luna, su padre le palmeara la espalda y le susurrara al oído:
-No la dejes ir. Esta muchacha vale oro.
Por si fuera poco, Molly también había quedado encantada con Luna, resultó que a la chica le gustaba cocinar postres y galletas y era aficionada al té, que sabía tejer con agujas y que de vez en cuando, iba a jugar tenis al mismo club que Molly.
Mientras las dos mujeres intercambiaban recetas y trucos de tenis, Ron se sentía fuera de lugar y muy molesto consigo mismo. Sabía que era idiota pensar que Luna se iba a poner a hablar de Peter Pan, hadas y fantasmas en la primera oportunidad, o que sólo iba a estar callada y actuando como un pez fuera del agua, por eso, al verla interactuar con soltura y elegancia nata, saludar a las personas con cortesía e intercambiar saludos con personajes a quienes al parecer conocía desde hacía mucho tiempo, fue un shock para él.
Frustrado por las sensaciones que lo recorrían, se dio la vuelta dejando a Luna con su madre y fue en busca de un refresco.
Cuando tubo la copa en sus manos decidió ir a la terraza, necesitaba pensar, necesitaba ordenar la imagen de Luna-soñadora y amante de lo paranormal, con la Luna-soy toda una niña de sociedad y que lo hacía sentir como un estúpido y posesivo hombre de las cavernas. Tenía ganas de gruñir y repartir puñetazos a cualquier baboso que se dignara a mirarla por más de dos segundos seguidos, sabía que era el maldito más afortunado de la fiesta y no solo porque su Luna lucía como una rubia despampanante, sino porque además de lucir hermosa, sabía mantener una conversación demasiado interesante con cualquiera que se le pusiese enfrente, había cautivado a sus padres y a él también.
-Pero mira nada más quien está aquí.
-Lavender.
-Hola, Ron. ¿Por qué tan solo?
-Deseaba un poco de aire-contestó sin ganas y encogiéndose de hombros, para quitarle importancia.
-¿Aire? ¿No estarás intentando escapar de Lunática?- preguntó la chica caminando hasta quedar frente a él.
-Já já-rió Ron de forma seca.- Y yo que quería ser discreto.
-Bueno pues no tienes que fingir conmigo, ¿por qué la trajiste?
-¿Porque es una paria social que necesita que la pasen de vez en cuando antes de que se pierda en su estúpido mundo de fantasía donde hay estúpidas hadas e idiotas niños que saben volar?-respondió Ron con enfado, pues no entendía por qué pensar en Luna le hacía pensar en cosas absurdas como matar dragones y unicornios blancos.- ¿O tal vez porque pensé que traer a la hija del dueño de la mitad de los medios escritos de información del país iba a ayudar con la campaña de padre? ¿Por qué piensas tú que la traje?-preguntó Ron con sarcasmo.
-¿Supongo que no porque te guste su compañía o la encuentres divertida?- Lavander rió y Ron negó con la cabeza. ¿Sería posible que nadie se hubiera dado cuenta de que Luna le hacía perder el aliento de tan linda que era? ¿Que no solo era hermosa físicamente, sino en su corazón, en su alma? Luna era una joven sorprendente. Ron acababa de descubrir que muy pocas personas la conocían de verdad, pues Luna jamás había sido considerada una persona sociable y conversadora. Él estaba seguro (aunque aún no se explicaba el por qué) se las había ingeniado para pasar desapercibida en la escuela y mantener un perfil bajo.
Pero al parecer, cuando estaba en compañía de personas que la hacían sentir cómoda, y ahora caía en cuenta de que él estaba entre dicha gente, Luna hacía gala de su verdadera personalidad: sentido del humor agudo, sonrisas graciosas y de todos los amplios conocimientos que poseía no sólo en lo académico sino en lo sociable también.
Era increíble que ningún muchacho se hubiese sentido atraído por ella. Era cierto que en el colegio no parecía una belleza como esa noche en la que él la había mirado más detenidamente, quizás por el maquillaje, quizás por el vestido o quizás por el ambiente, pero Luna era increíblemente hermosa. Sus cabellos rubios destacaban el azul profundo de sus ojos que brillaban más, gracias a la luz. Tenía una piel hermosa, sonrosada en las mejillas y pálida en el resto.
Ron no sabía si estar agradecido por que el atractivo de Luna no fuese en el que normalmente se fijarían los chicos, además de que su gusto por lo paranormal y su timidez natural de la que, al parecer, solo había gala en el colegio, no ayudaba a reflejar su deslumbrante personalidad, lo cual era una verdadera lástima pues sería una muy buena novia para alguien.
Ron bufó ante semejantes pensamientos, sacudió su cabeza y tomó un poco de su bebida.
-Por supuesto que no-dijo luego de un rato-. ¿Quien piensa que es divertida?- su voz tenía un toque de desdén.- Imagínate-dijo abriendo los ojos con burla- ¡Le gusta Peter Pan!-Lavender se rió y Ron la acompañó.- ¡Habla con fantasmas!-las carcajadas eran fuertes- ¡Y cree en las hadas!
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— ¡Mamá! — exclamó Draco quitando la mano de su madre de su cabeza de un manotazo.
— ¿Qué?
— ¡Deja de echarme babas en el pelo!
— ¿Babas? ¿Cuáles babas? Yo solo intento peinarte — respondía Narcisa indignada.
— ¡Estoy peinado!
— ¿Tener los pelos de punta es un peinado? — preguntó con una mueca señalando la cabeza de su hijo.
— Lo es. Y me gusta.
— Pues me vale. — Narcisa lamió dos de sus dedos e hizo el intentó de pasarlos por el pelo de Draco, pero éste, conocedor de sus intenciones se cambio de asiento quedando al lado de su padre y de frente a su madre.
— ¡Papá, dile a tu mujer que me deje en paz!
— Querida, estoy de tu lado. Esos pelos no se ven bien…
— ¡Papá!
— Pero— Lucius levantó un dedo callando las protestas de Draco — se que esas tampoco son formas de hacer que el chico se peine...
— Gracias — dijo Draco soltando un suspiro.
— Ten mi cepillo
— ¡Papá!
Antes de que Narcisa pudiera tomar el peine que Lucius había sacado de la bolsa interior de su saco, la limosina en la que viajaba la familia Malfoy se detuvo y un portero abrió la puerta.
Lucius guardó el cepillo en el mismo lugar de donde lo había sacado, salió del auto y se volvió para tenderle la mano a su esposa, la cual con una sonrisa, entre tímida y divertida, acepto gustosa no sin antes soltar un suspiro, el que muy sabia y acertadamente Draco dedujo era por las docenas de periodistas que estaban a la espera de las celebridades que esa noche desfilarían por la alfombra roja de la tradicional fiesta de la empresa Potter, y así poder entrevistarlos, crear rumores, obtener modas y clasificarlos en los bien y mal vestidos. Aunque desde luego la madre de Draco no podría jamás entrar en "Lo que no se debe de usar en una fiesta", sobre todo con el vestido negro entallado que portaba.
Draco bajó de la limo y entrecerró los ojos debido a los flashes de las cámaras, esbozó una sonrisa e ignoró todas las preguntas que los reporteros le lazaban. Eran solo cinco metros los que había desde el carro hasta la seguridad del vestíbulo del Ritz, pero para él fueron kilómetros. Una vez que cruzó las puertas y la sensación de alivio lo inundó, inhaló con fuerza, pero justó cuando iba a soltar el aire unos brazos aprisionaron el suyo. Volteó la cabeza tan rápido que el cuello le trono, ignoró el dolor y clavo sus ojos grises en la persona que lo tenía sujeto.
— ¿Ginny? ¿Qué demonios estás haciendo aquí? — preguntó demasiado furioso como para intentar soltarse.
— Vengo a una fiesta — contestó la hermana de Ron con una sonrisa — Se que en la mañana dijiste cosas sin pensar, pero no te preocupes: Te perdono — hizo un puchero y se puso de puntitas para darle un beso, el cual gracias al movimiento de Draco, aterrizó en su mandíbula.
— ¿Qué tu qué? — exclamó incrédulo y con un movimiento un tanto brusco se zafó del agarre.
— Te perdono — repitió Ginny e hizo amago de tocarle la mejilla pero Draco se volvió a hacer para atrás y atrapo la mano de su novia entre las suyas. La recorrió con su mirada más irascible y se quedó pasmado.
Ginny lucía un vestido rosa sin mangas, con un corsé en forma de corazón y hecho con lo que parecían miles de puntitos de colores y una falda hecha de tres anchos encajes. Su cabello estaba sujeto en una media cola con la parte de arriba más abultada y su maquillaje era en tonos rosas también. Se veía tan bonita que le enfado de Draco casi estaba siendo remplazado por los deseos de gritar que esa mujer iba con él.
Pero cuando se disponía tomarla del brazo (la regañina sería otro día) un tumulto, cortesía de los periodistas, lo hizo mirar a la entrada…
Se le paró el corazón y el estomagó le dio un vuelco como si se hubiese saltado, por accidente, un escalón. Si su existencia hubiera dependido de no mirarla, de no recorrerla con los ojos, habría muerto. Aunque no podía estar muy seguro de haberlo hecho ya, pues no podía respirar, no podía pensar y, sobre todo no podía moverse. Todo él se había paralizado, músculos, huesos, órganos… Le costó mucho trabajo respirar y cuando lo hizo su cerebro comenzó a trabajar. Registró sus coquetas zapatillas y sus tobillos delicados; sus largas y bien formadas piernas; la curva de su cadera y el valle de su cintura; sus pechos pequeños y sus hombros blancos y desnudos.
Registro sus pasos de modelo y el balanceo de su cuerpo al caminar, cada uno de los destellos de su vestido plateado. Su cara estaba libre de maquillaje salvo por el brillo que llevaba en los labios. Los miró fijamente y se estremeció cuando sintió la mirada de ella en él.
Y entonces Elizabeth Potter sonrió y el mundo de Draco se tambaleó.
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— ¿Has visto a Luna? — le preguntó Ron a su madre mientras posaban para una foto.
— ¿No se reunió contigo en la terraza?
— No —. Molly hizo una mueca y miró fijamente al menor de sus hijos, luego de sonreír al reportero.
— Ella es una buena chica, Ron. Es linda, inteligente, sabe comportase en sociedad, y, no es que importe, pero también es rica.
— Lo sé, mamá.
— Entonces — le dijo Molly en tono de suplica — no la lastimes. Ella aparenta ser dura, pero es una niña muy sola y más frágil de lo que crees.
— Lo sé — repitió.
— Bien —Molly asintió con la cabeza — Ve a buscarla — Ron avanzó unos cuantos pasos cuando su madre lo llamó otra vez — ¡No la dejes ir!
Ron regresó hasta la terraza y antes de que pudiera cruzar las puertas y salir al exterior, las palabras de su madre penetraron su cerebro: "¿No se reunió contigo en la terraza?"
"¿No se reunió contigo…?"
— ¡Mierda! — maldijo bajito, dio media vuelta y comenzó a buscarla por el salón. Saludó cortésmente a uno que otro conocido mientras recorría el salón de lado a lado. Desesperado, luego de diez minutos de infructuosa búsqueda, le preguntó a un mozo, el cual –gracias a Dios- había visto a una chica rubia con vestido verde salir del recinto. Ron le dio una buena propina y salió rápidamente del salón.
Intentando no llamarla gritando, Ron forzó a sus pies a moverse de prisa. Tenía que encontrarla y saber qué era lo que había escuchado o creído escuchar de su conversación con Lavander, tenía que explicarle que… ¿Qué había dicho cosas sin pensar, que estaban en otro contexto, que ya no dejaba de pensar en ella o que se moría por saber qué era lo que pensaba ella, que la había prejuzgado?
Desesperado y con el pelo revuelto producto de la impotencia de no encontrarla, sacó su teléfono móvil dispuesto a llamar a la policía y a quien hiciera falta, cuando la vio recargada contra un poste de luz.
— Luna — la llamó bajito mientras se acercaba con paso vacilante — Luna — repitió estirando una mano para tocarla. Cuando lo hizo, la chica dio un respingo y reparó en su presencia.
Tenía la mirada perdida, los ojos un poco rojos y sin brillo, estaba pálida y cuando lo reconoció se separó de él de manara brusca.
— ¡No me toques! — exclamó con la voz baja y rota — ¡No te atrevas a tocarme!
— Luna — susurró con la cara descompuesta por el dolor de su rechazo — yo…
— Creía en ti — dijo Luna intentando no llorar, otra vez — Creí que eras diferente, que me entendías. Pero era así ¿verdad? Eres como todos — Miró al piso y negó con la cabeza — ¿Te divertiste burlándote de mí, contándoles mis secretos a tus amigos? Ya imagino cómo se han de haber reído cuando me "salvaste" — hizo un gesto de comillas con los dedos — de esos chicos esa vez, ¿o tal vez lo planeaste tú?'
— ¡No! Luna, por favor, déjame explicarte…
— No hay nada que explicar — lo miró — Y si lo hay no quiero escucharte, ya no. Pero, ¿sabes? No estoy loca — Sonrió pero no llegó a sus ojos que en ese momento empezaron a derramar lagrimas — Sí, es cierto que creo en fantasmas y que espero un día poder hablar con uno, ¿saber porqué? ¿Te has puesto a pensar un instante el por qué?
Ron negó con la cabeza desesperado con una sensación extraña royéndole el pecho.
— Se dice — dijo Luna luego de tomar una bocanada de aire para tranquilizarse — que las personas que mueren y que no van ni al cielo ni al infierno, y permanecen en este mundo, es porque tienen asuntos pendientes. Tú sabes que mi mamá murió cuando yo tenía seis años, y quiero creer (necesito creer) que ella está aquí, que yo soy su asunto pendiente. Que ella no me dejo, que no estoy sola.
Ron quiso abrazarla y decirle que no lo estaba pero cuando dio un paso para acercarse a ella, Luna retrocedió.
— Se que muchos dicen que mi padre no me quiere porque casi nunca me ve, pero la verdad es que él dice que me parezco mucho a mi madre y por lo mismo — porque le duele mucho — no soporta verme. Hablamos todos los días, me pregunta como estoy, cómo me va en la escuela, si tengo amigos, si necesito algo… ¿Cómo le puedo decir que lo único que quiero es que me abrace, que arrope por las noches y que me dé un beso en la frente?
Tú dices que Peter Pan es estúpido por que habla de un niño que nunca crece y que vuela. ¿Has pensado alguna vez que el mensaje es que si tienes pensamientos felices y fe, puedes hacer lo que te propongas? ¿Qué el hecho de no crecer, más que ser algo absurdo e imposible, hace referencia a que debemos de conservar la inocencia de la niñez? No todo tiene que ser cuadrado, Ronald, ni matemáticamente perfecto. Las hadas existen, porque existen los sueños.
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Parecía raro, tal vez absurdo o quizás mágico, pero con el paso del tiempo Lizzy había desarrollado una especie de sexto sentido de la ubicación, bastaba una mirada rápida por el lugar y de inmediato encontraba a las tres personas con quienes casi siempre estaba: Ron, Harry y Draco, por eso no fue extraño que después de bajar de la limosina con la ayuda de Joe, de desfilar por la alfombra del brazo de Sirius, de sonreír y posar para las cámaras y de cruzar las puertas del vestíbulo, Lizzy ubicara en menos de tres segundos al dueño de sus pensamientos.
Forzó a sus pies a seguir avanzando luego de digerir el impacto que le causo verlo con esmoquin, la garganta se le secó, el pulso se le aceleró y estuvo a punto de correr hacia Narcisa para felicitarla por tan buena elección. Distraída como estaba viendo lo mucho que resaltaba su pelo con su traje completamente negro, que más que ver, supo el momento exacto en que Draco se percató de su presencia y la miró. Un escalofrió la recorrió cuando sintió el escrutinio, casi descarado, de los ojos de Draco. Se sintió poderosa, hermosa, deseada y feliz, tan feliz que sonrió. Su ego y autoestima subieron hasta el cielo cuando notó que él sonreía, pero bastó un movimiento a la derecha de Draco para bajarla de golpe al piso. Ginny estaba con él y acababan de entrelazar sus brazos.
Apartó la mirada lo suficientemente rápido para que Draco no viera su dolor pero no tanto como para ser obvia.
"¿Cómo puedo seguir sintiendo lo mismo por él, si cada vez que lo veo me rompe el corazón? ¿Es que acaso me gusta torturarme estando cerca de él y tener que ocultar mis sentimientos?"
Los vio, por el rabillo del ojo avanzar abrazados hacia el saló donde sería la recepción y recordó de golpe que ella no era su pareja, que no tenía el derecho de disfrutar de su compañía y que había sido una pérdida de tiempo arreglarse, que lo sentido hacía tan solo unos instantes atrás era más que nada, producto de su imaginación y de su loca cabeza que se empeñaba en ver cosas que no eran ciertas. ¿Cómo pudo ser capaz de creer por un momento que Draco iría solo y que pasaría la velada con ella? Sí que se había molestado con Ginny, y sí que le había dicho que no la llevaría, pero era más que obvio que arreglaron sus diferencias y mejor no pensar en cómo se reconciliaron (la imagen de ellos besándose no era una de sus favoritas). Además Ginny se veía preciosa, no se podía esperar menos de alguien que pasó el verano trabajando como modelo.
— ¿Estás bien? — se sobresaltó al sentir una mano en el hombro y se apresuró a mirar a la persona que le hablaba. Se le cayó la mandíbula al suelo y olvidó todo cuando la reconoció. — ¿Hermione? — preguntó para estar segura.
— Si, ¿tan mal me veo? — preguntó bajando la mirada para verse así misma.
— ¡Oh, Dios, no! — exclamó Lizzy cogiéndola de las manos y dando unos saltitos emocionada — ¡Te ves fantástica! Mi hermano puede ser un idiota pero tiene buen gusto.
— Si — concordó Hermione — el vestido es hermoso.
— Si, bueno — Lizzy sonrió divertida — no me refería al vestido, pero supongo que lo es.
— ¡Eh, pequeña calabaza! ¿Qué le has dicho a Numero dos para que este toda roja?
Hermione se zafó del brazo que Harry le había puesto sobre los hombros y lo fulminó con la mirada.
— ¿No puedes, solo por hoy, llamarme por mi nombre?
— ¿Solo por hoy, eh? — Harry sonrió y levantó las cejas — ¿Eso significa que puedo decirte Numero dos para siempre jamás?
— Eso es infantil, Potter — dijo Hermione rodando los ojos —Además, Para siempre jamás, es mucho tiempo.
— ¿Y? — preguntó Harry alzando los hombros
— Mira Potter, no puedes utilizar los dos adverbios…
— ¡Basta! — La interrumpió Lizzy con un grito que pretendía ser de regaño pero que no lo consiguió debido a la enorme sonrisa de su rostro — Dejen los dos de discutir y vamos al salón. Mis padres se preguntaran donde estamos.
— Entonces, encantadoras damas. ¿Me permiten escoltarlas? — Harry hizo una vaina y les ofreció sus brazos. Hermione lo cogió completamente sonrojada y Lizzy también lo hizo exclamado algo que sonó a: "serás idiota".
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El motivo por el que esta autora no pudo actualizar antes es que su computadora sufrió de un virus que borró todo su disco duro y perdió su información. Así que no se preocupen, tarde pero seguro. No abandonaré la historia, la quiero mucho para hacerlo. Además los lectores que me vienen siguiendo saben que más o menos me tardo un mes en subir –culpen a los odiados exámenes por eso-.
Para los que quieran ver los lugares de las fiestas, los vestidos y los trajes de los personajes, los invito a que se den una vuelta por mi humildemente sencillo blog con link en mi porfile donde dice "homepage". ¿Quién dijo ¡yo!
Sin más por el momento me despido esperando sus opiniones, chismes y cometarios.
Un beso…
Kry
