De nueva cuenta y muchas gracias a mis betas Ale y Pablo, por tomarse un tiempo en leer mis cosas y corregir mí ortografía.

El colmo de la vanidad

11

La verdad purifica; la vanidad mancha.

San Agustín

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"Lo sentimos el número que usted marco no está disponible o se encuentra fuera del área de servicio, le sugerimos llamar más tarde"

Draco Malfoy aventó el celular contra la cama soltando una maldición. Llevaba más de dos horas intentando comunicarse con ella, pero desde la llegada de ese imbécil durante la fiesta de los Potter, una semana atrás, parecía que Lizzy solo tenía tiempo y ojos para Ted Remus Lupin.

Draco se dejó caer sobre su cama con un angustiado gemido mientras la escena del rencuentro entre Teddy y Lizzy se reproducía en su cabeza…

Él se encontraba bailando, más rígido que un muerto y en contra de su voluntad, con su novia sólo para que ésta dejara de molestar a Granger y a todos en general. La verdad es que Draco no sabía que su novia fuera tan quejica, ¡no era la culpa de nadie que ella no tuviera los mismos gustos que los demás! Además estaba el hecho de que Harry con una simple mirada le había comunicado: un comentario más contra mi chica y estrangulo a la tuya. Así que más veloz que un rayo Draco se dejó arrastrar a la pista solo para evitar responderle a Harry "yo te ayudo", pues después de todo un buen novio no quiere matar a la suya por muy tentador que resulte.

Todo pasó como en cámara lenta. La vio entrar al salón al lado de su madre, las dos con una sonrisa, pero de inmediato Draco notó que algo no estaba bien, pues los ojos siempre verdes de Lizzy estaban un poco rojos. De manera automática y sin darse cuenta dio un paso hacia ella pero un jalón en su mano le recordó que aún seguía bailando con su novia, sin importarle el hecho, Draco tiró de su mano dispuesto a ir hasta Lizzy y hacerla reír de manera genuina. Se zafó de Ginny y dio dos pasos cuando de repente notó que Lizzy miraba hacia donde están sus padres, abría los ojos desmesuradamente y luego, de manera lenta, la sonrisa que Draco planeaba conseguir, se materializó en los labios de la pequeña Potter.

-¡Ahhhhhhh!-la escuchó gritar y la vio salir corriendo hasta donde un muchacho la esperaba con los brazos abiertos. Draco aún no sabía explicar esa sensación de vacío que se instaló en su estómago cuando la vio carcajearse y girar en brazos del desconocido. Dominado por una especie de ¿furia? se encaminó hasta donde estaba la pareja, a medio camino lo alcanzó Potter.

-¿Quién es el idiota que ha gritado?-preguntó entre dientes Harry nada más colocarse a su lado. Por toda respuesta Draco le señaló con la cabeza el lugar donde Lizzy y el idiota desconocido seguían riendo abrazados.

-La mataré-dijo Harry-y me convertiré en hijo único. ¿Y quién es el idiota que se atreve a tocarla así?-Draco también quería saber la respuesta sólo porque Lizzy era un amiga muy querida y le preocupaba que hablara con extraños, se dijo, y no por otra cosa. Así que ignoró el llamado de Ginny y se acercó al círculo que se había formado entorno a Lizzy y al extraño en el cual ya se encontraban los Potter y sus padres quienes presentaron a los Lupin: Remus, amigo del colegio de James y Sirius; Nymphadora o Tonks, esposa de Remus y prima de Narcisa. Ambos padrinos de Lizzy. Y Ted, hijo del matrimonio un año más chico que ellos, quienes además de ser dueños de una importante empresa de investigación médica, vivían en N.Y.

A partir de ese momento todo fue: "¿Te acuerdas cuando…?" y "la vez que…", obviamente Harry y Hermione estuvieron muy entretenidos escuchando las anécdotas de 'Lisa' (sí, ese… Ted, le decía así de "cariño" a su 'Lizzy') y de ese intruso-roba-amigas. Para ser sinceros él ni se había enterado de nada, estaba más ocupado gruñendo cada vez que oía "Ted y yo".

-¿Quieres dejar el maldito teléfono en paz?-preguntó enfadada Ginny desde la silla junto a la cama.- ¡Estamos solos, por amor de Dios!

-¿Y?

-¡¿Y?-repitió Ginny poniéndose de pie y aventando contra el piso la revista de moda que leía.- ¡¿Y? ¡Dios! ¿Tienes a tu novia más que dispuesta en tu casa deshabitada, en tu cuarto, a dos pasos de tu cama y dices 'y'?-Ginny bufó.- De haberlo sabido hubiéramos ido con tus padres al teatro. Los Potter y los Lupin iban a ir también…

-¿Qué?-gruñó Draco- ¿Sabías que los Potter iban a ir?- se acercó hasta tomarla de los hombros y sacudirla.- ¿Por qué no me dijiste?- ¡Ir al teatro hubiera sido la oportunidad perfecta para estar con Lizzy!, desde luego, la última parte no se la dijo, lo que menos quería era tener que enfrentarse a un ataque de celos acompañado con un berrinche.

-¡Porque quería pasar tiempo contigo! Eres mi novio-le reclamó,- y el poco tiempo que pasas conmigo tu cabeza está en otro lado, tal como lo está ahora.

Ginny se zafó de las manos de Draco con un movimiento brusco de sus hombros y se encaminó a la puerta.

-Me voy-anunció.- Yo soy hermosa-proclamó,-soy modelo, soy pelirroja y soy la hija del próximamente Primer Ministro. Puedo tener a quien quiera y quiero a alguien que solo piense en mí.

Si Ginny esperaba (y por supuesto que esperaba, pues se quedó unos segundos parada frente a la puerta), que Draco corriera hasta ella, se prostrara de rodillas y suplicara perdón, se quedó con las ganas, pues Draco no se movió ni dijo nada. Enfadada y maldiciendo a Lizzy salió de la mansión Malfoy dando portazos.

Indiferente y casi aliviado por la soledad, Draco volvió a pensar en Elizabeth.

Apenas la había visto desde que el chico Lupin había llegado, y sin embargo no había abandonado sus pensamientos, ni siquiera cuando estaba durmiendo. Definitivamente era raro cómo eso había ocurrido, ya que había pasado años sin pensar en ella a no ser que la tuviera delante de la cara, y ahora impregnaba todos sus pensamientos. Todos sus deseos.

¿Qué había pasado?, Y más importante aún: ¿Cuándo?

Aunque, tal vez lo único importante era que la deseaba con él, única y exclusivamente con él, pues de cierta forma, ella era suya. Es decir, era su mejor amiga antes de ser la de Ted… y exigía su derecho de antigüedad. Una vez que hablara con ella y que el intruso-roba-amigas se fuera para que todo volviera a la normalidad, no tendrían ningún sentido los cómos, los por qué ni los cuándos, siempre que se le marchara esa locura que sentía.

Podría, comprendió él (ya con todas las dudas disueltas), volver a reír con ella, oír música con ella, leer poesía con ella y ella no sólo se lo permitiría sino que además él se encargaría de que disfrutara y ni se acordara de Tedy.

No sería una relación de mejores amigos, ni siquiera de simples amigos. Sería mucho más que eso. Tal vez incluso sería una relación de… Amor.

Se quedó inmóvil.

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-Esa chica me odia-exclamé cerrando mi maleta de deporte.- ¿Por qué sino, me rechazaría del equipo luego de una rutina perfecta?

-Hermione-dijo Luna con ese tonito condescendiente de adivina de feria que empezaba a sacarme de quicio,- toda… bueno, no toda… la gran mayoría de la población femenina del colegio te odia. Por cierto querida- dijo poniendo una de sus manos sobre mi brazo,-¿ya te dije que te veías fantástica?

-Me lo has dicho al menos cien veces.- Cogí mis cosas y le hice un gesto con la cabeza para que nos fuéramos de ahí.- Y el hecho de haber salido en primera plana de la sección de sociales de cada periódico y revista del país bajo algún titular con las palabras 'novia del heredero Potter' juntas en la misma oración, no es razón suficiente como para que esa tipa… Chang-escupí el apellido- me niegue la entrada al equipo de porristas solo por ser la ex de Harry…

-Deberías de entenderla, está celosa. Además no sabemos por qué ella y Harry terminaron. ¿Quién dice que no la dejó por ti? Tú misma me dijiste que la noche del baile te fulminaba con la mirada…

-Pero Luna, aún así esa no es una justificación válida. Tú estuviste ahí, viste mi rutina ¡fue la mejor!, hasta un gimnasta profesional te lo diría.

-Bien, tienes razón. Fuiste la mejor. Pero no sé de qué te quejas. Ultimadamente tú no querías estar ahí, ¿ya se te olvidó el mega drama que le hiciste al pobre de Potter?

-Ya sé que no quería estar en las porristas…

-¿Cuál es el problema entonces de que no te dejasen entrar?

-Cuestión de vanidad. Yo soy Hermione Granger, la número-rechiné los dientes –… dos del colegio. Soy la mejor y logro todo lo que quiero y…

-Bueno tienes a Potter, ¿no? Deja a Chang con las porristas y tú quédate con el hombre.

Miré a mi amiga rubia alzando las cejas, aún no la había perdonado del todo por dejarme sola al presentar la prueba, pues según ella, cinco minutos antes de hacer el examen, le acaba de dar una enfermedad rarísima que solo se manifestaba en los tobillos de rubias con ojos azules, cuyo nombre empezaba con L y que fueran Virgo, cada cien años y en luna llena. Mira tú, que casualidad.

Y de la otra, mejor ni hablamos. La pobre (solo en el sentido figurado) de Lizzy estaba metida hasta las cejas en una crisis existencial que…

Llegamos al Gran Comedor e inmediatamente nos instalamos en la fila para los alimentos. Decidí que era mejor mantener la atención fuera de mí y le pregunté por Weasley:

-¿Qué tal te va con tu proyecto Weasley?

Inmediatamente le cambió la cara por una de enamorada y soltó un suspiro.

-Perfectamente.

-¿Ya cree en las hadas?

-Pues…-frunció el ceño un poco,-al menos ya no niega su existencia. Aunque ahora tengo que hacer que crea en fantasmas. Voy a hacer que me ayude la próxima vez que intente hacer contacto.

-Luna-dije esta vez suspirando yo,- ¿no habíamos acordado que la "guija" no era un método fiable?

-Sí, ¿pero acaso conoces otro?-levantó un dedo cuando iba a contestar.- Y no, el juntar cuatro lápices y preguntarle a "Charlie" es todavía más tonto.

-Bueno-respondí encogiéndome de hombros-, aquí tú eres la médium.

-Cierto y…-se quedó inmóvil unos segundos poniendo los ojos en blanco, gestos que reconocí como los que hacía cada vez que "recibía una señal" - algo me dice que no tienes que sacar conclusiones precipitadas.

-¿Sobre las porristas?-pregunté recogiendo mis alimentos.

-No tengo la menor idea- dijo Luna haciendo una mueca.

-Pues vaya psíquica que eres.-La mayoría de las veces, es decir el noventa y nueve por ciento, de las cosas que Luna veía jamás ocurrían, pero las raras ocasiones que lograba acertar lo hacía de una manera muy peculiar. Por ejemplo, una vez dijo que llovería a mares y que tenía que llevar un paraguas a la escuela. Obviamente el día amaneció con el sol a todo su esplendor y sin una nube en el cielo, desde luego no cargué ninguna sombrilla, pero justo cuando iba hacia mi casa (después de la escuela) una señora que sólo Dios sabe qué hacía, vació desde su departamento del tercer piso una tina llena de agua que me empapó completa. Recuerdo que cinco minutos después mi móvil sonó con un mensaje de texto: "Te dije que llevaras un paraguas".

También estaba la vez que pronosticó que me toparía de frente con Orlando Bloom, todo el día cargué una cámara de fotos, una libreta y una pluma, a la tercera hora mientras iba hacia el aula de aritmética y doblaba el corredor, una hoja me dio de lleno en la cara, cuando la quité resultó que era un mini poster de la cara del actor. Luna que venía justo detrás me palmeó la espalda y dijo: Yo nunca especifiqué que fuera el de verdad.

Así que teniendo ese tipo de incidentes como referencia, y aunque tenía que mostrarme muy escéptica con sus predicciones, más me valía tomármela enserio.

-Yo solo te informo de lo que sé.

-Bien- caminamos hasta la mesa de siempre, donde puse mi bolsa de deportes.-Pero aún no me dices nada de Weasley.

-¿Y qué quieres que diga si ya te he dicho lo guapo, lindo, sexy…?

-Si, si, si-la corté.-Todos esos adjetivos ya me los sé, los has repetido hasta el cansancio. ¿Cómo les fue en el cine?-tomé mi jugo de mango y lo agité.- ¿Qué película vieron?

-La princesa y el sapo.- Contestó poniéndole aderezo a su ensalada.

-¿En serio? ¿Y qué dijo Weasley?

Luna golpeó ligeramente la mesa con las manos al bajarlas mientras bufaba.

-Los veinte minutos que tardó en empezar la película, estuvo refunfuñando quien sabe que tantas cosas acerca de los cuentos tontos de sapos, besos y princesas. Después, y luego que fuera un encargado a decirnos que si no se callaba nos iban a sacar, puso atención. ¡Dios, Hermione! Lo hubieras visto al final.

-¿Porqué?-pregunté entre curiosa y asustada-¿Amenazó con demandar a Disney?

-¡No!-respondió mi amiga abriendo sus ojos azules al máximo.-Peor… ¡Cantó!

Me tapé la boca con las manos.

-¡No!-exclamé.

-¡Oh, si!-la rubia me apuntó con su tenedor con cara de susto.- Cuando salimos me preguntó porqué me gustaba tanto la película si era un argumento muy trillado-dijo de carrerilla,- a lo que le respondí: Ronald ¿Qué no viste la misma película que yo? Es cierto que es un argumento muy popular, pero aquí, Disney lo maneja de otra forma. "¿Ah sí?" preguntó y yo le conteste: Pero por supuesto que sí. Para empezar cuando la protagonista besa al sapo, él no se convierte en príncipe sino que ella se convierte en sapo, y así, como reptiles verdes y pegajosos, se enamoran. Además lo que más me gusta es que la chica rica y mimada es realmente amiga de la protagonista, la ayuda cuando lo normal es que sea una perra que le haga la vida imposible. Además, le pregunte, ¿no entendiste el mensaje? Y él respondió "¿es que eso tiene mensaje?"-Luna rodó los ojos, supuse que recordando ese momento exasperante.

- ¿Y qué le respondiste?

-Le dije: ¡Ronald!, y luego él dijo: "Por supuesto que entendí el mensaje. No debes besar a un sapo a menos que seas una princesa de verdad" Obviamente yo volví a gritar: ¡Ronald! Y él dijo "Es broma, es broma." Y yo le volví a preguntar que cuál era el mensaje y fue cuando pasó- con cara de terror y me tomó de las manos.-Ronald cantó: "No importa como luces, no importa como…"

-¡No!-volví a decir-¿¡Él cantó la canción de…!

-¡Si!-dijo angustiada.- Fue un milagro que no me desmayara, pensé que estaba en un mundo paralelo o algo peor.

-No puedo creer que el pragmático de Weasley…

-Ni yo amiga, ni yo- dijo Luna negando con la cabeza.

-Bueno-dije después de un rato y una vez pasada la conmoción,-tal vez eso significa que estás haciendo un buen trabajo al sacarlo de ese mundo suyo de toda lógica.

-Sí, pero fue algo tan repentino que… Oye, ¿no está sonando tu teléfono?-ambas nos quedamos en silencio hasta que logramos escuchar la canción de "Vive la vida" de Coldplay que tenía como tono. Guiada por el sonido supe que mi móvil estaba dentro de mi maleta de deportes donde tenía mi ropa, tennis y demás cosas que use para la prueba de porristas a la que Harry me había inscrito. Metí la mano intentando sacarlo, pero el dichoso aparato al parecer quería jugar a las escondidas pues no lo podía encontrar. Desesperada por saber si no se trataba de una emergencia (quien quita y a alguien le cayó un meteorito en la cabeza) y haciendo a un lado mi almuerzo, vacié mi bolsa sobre la mesa, y entonces la vi.

Todo sucedió en cámara lenta. El ruido cesó de pronto, Luna ahogó un grito tapándose la boca con las manos y yo me quede inmóvil, pues ahí en medio del Gran Comedor, justo a la hora pico cuando todos acudían a comer, de mi bolsa, sobre mi mesa y enfrente de mí, estaba una Flor Amarilla.

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-¿Draco?-preguntó Lizzy en un susurro perfectamente audible. Acaba de llegar luego de dejar a Tedy en la Ancestral casa de los Black. Había faltada ya tres días a la escuela, pero Tedy se iba el sábado, "Solo voy a estar una semana" le había dicho y ella se había ofrecido como guía turística para devolver el favor de cuando él le había enseñado Nueva York. Además tenían tanto que hablar, chismes que contar y cosas que hacer que perder una semana de clases era lo de menos. Finalmente su hermano era el numero uno de la escuela y su mejor amiga la número dos, así que bien le podían pasar los apuntes y ponerla al tanto.

Pero, para lo que no estaba preparada, era para encontrarse a Draco sentado en su cama a las diez de la noche, menos aún después de que la ignorara olímpicamente durante la fiesta luego de la llegada de Ted. Ella había intentado presentarlos para que se conociera y hablaran pues los dos eran parte importante de su vida y sus mejores amigos. Pero Draco ni siquiera la había mirado y se había desvivido en atenciones para con su novia. Desconcertada y molesta, lo había ignorado también y se había dedicado a platicar y a ponerse al día con Teddy. Después al llegar a casa y aún molesta con Malfoy, recibió un mensaje de buenas noches de parte del rubio, más enojada que minutos atrás había desviado todas sus llamadas. Y ahora, por algún extraño motivo lo tenía enfrente.

-¿Draco?-volvió a llamarlo un poco más fuerte, pero el susodicho siguió sin responder.

"¿Amor?" pensó Draco. No era posible, ¿o sí?

-¿Draco, estás bien?-preguntó Lizzy preocupada.- ¿Pasa algo? ¿Narcisa, tu padre…?

Draco la miraba detenidamente, con curiosidad, como si viera por primera vez. Pensando que tal vez las respuestas a sus dudas estuvieran en el fondo de sus ojos, en el negro de su pelo, en la forma graciosa que le colgaba el collar que recorvada él le había dado cuando cumplió diez años. Tal vez si la miraba un rato, sabría si era… eso.

No era que le tuviera miedo a… eso, ni que no creyera en él. Era simplemente que no lo había contemplando, no con Lizzy. Sinceramente Draco había crecido creyendo (y la idea se había ido perfeccionando conforme fue leyendo poesía y demás cosas) que el am… eso, era algo que golpeaba a las personas como un rayo, que él iba a estar en cualquier lado perdiendo el tiempo o muerto de aburrimiento y de repente, así, sin más, iba a ver a una mujer y ¡zas! Caer enamorado.

Pero con Elizabeth… al parecer se le había ido metiendo de manera lenta, sigilosa… el cambio había sigo gradual, inconsciente, y si eso era eso… bueno, ¿no se suponía que lo debía de saber él?

Elizabeth era una excelente amiga, una de las pocas personas con las que podía hablar de verdad. Ella siempre parecía saber cuándo necesitaba compañía y cuando quería estar solo. Ella era lo que le hacía permanecer estable, no importaba que ella hubiese estado lejos, ella era como su ancla.

Todavía sin moverse y sin que lo pudiera evitar su mente, comenzó a compararla con Ginny. Él sabía que no amaba a la pelirroja, no había habido ningún rayo que estaba con ella solo porque le parecía lo correcto pero cuando la comenzaba a comparar con Lizzy le encontraba innumerables fallos, por ejemplo: no era tan divertida como Lizzy ni tan comprensiva. Ginny era bajita y un poco pesada, mimada y egoísta. De hecho si lo analizaba bien Ginny siempre estaba, de alguna forma, a la sombra de Elizabeth.

-¿Draco?-volvió a llamarlo Lizzy esta vez parada enfrente de él. Draco, sin dejar de mirarla a los ojos, notó el momento exacto en que frunció, en un gesto de preocupación, las cejas y los labios. Los labios, esos que se veían rojos y apetecibles, juntos y listos para un beso…

¡Un beso! ¡Esa era la respuesta!

Tal vez si eso que sentía era amor debía de notarse en un beso, ¿no?

Se puso de pie de manera lenta obligando a una sorprendida Elizabeth a dar un paso atrás. Él acortó la distancia de tal manera que cuando le acarició la barbilla y levantó su cara, sus labios (aún fruncidos) quedaran a centímetros de los de él.

Sintió como los alientos de ambos se mezclaron y de repente comenzó a sentir calor y el aire se torno denso. Notó que Lizzy estaba temblando con los ojos abiertos como platos observándolo estupefacta, aunque él tampoco estaba muy seguro de no estar templando también.

Abrió un poco la boca para decir cualquier tontería despreocupada para romper la tención, pero, al cerrar la distancia que lo separaba de ella, su cerebro se negaba a formular palabras, frases o sonidos, y entonces, Draco comprendió que no había nada capas de describir la intensidad del momento.

Y así una noche por lo demás ordinaria en medio de su habitación y con la luz apagada, Elizabeth Potter recibió su primer beso de la mano de Draco Malfoy.

Y fue mágico, espectacular, maravilloso, sorprendente e inesperado.

Al principio fue suave, y no porque Draco quisiera que fuera así. En realidad fue suave porque estaba sorprendido por estar besándola. Es decir, la conocía de años y jamás se le había ocurrido que una cosa así pudiera pasar entre ellos. Pero lo más increíble de todo era que en ese momento no la habría soltado ni aunque estallara la Tercera Guerra mundial y estuvieran siendo bombardeados. Casi no podía creer lo que estaba haciendo, que lo deseara, y menos aún, que lo disfrutara tantísimo ya que no era el tipo de beso (y mira que había leído y escuchado de varios) que se inicia por la pasión, el deseo, la rabia o cualquier otra emoción. Más bien era una experiencia de aprendizaje, más para él que para ella. Y Malfoy estaba aprendiendo demasiadas cosas.

Había algo en los roces, en las caricias… había algo en saber que era "ella", Lizzy, su amiga, la niña con la que había crecido y jugado en el lodo.

La atrajo hacia sí hasta que sus cuerpos estuvieron fusionados y la sintió a todo lo largo del cuerpo. Aumentó entonces la intensidad del beso. Deslizó los labios hasta la comisura de su boca y le lamió ese punto y luego le recorrió la boca con la lengua, descubriendo su sabor. Y fue entonces cuando, soltando un suspiro Elizabeth, hasta ese momento inmóvil, se rindió al beso, levantó los brazos, los enredó en su cuello y abrió la boca.

Las manos de Draco, abiertas en la espalda de ella, se tensaron cuando sitió las de ella jugar con su pelo. Soltó un gemido e introdujo la lengua para saborearla a placer. Sabía dulce y a chocolate y era tan embriagador que dudaba poder seguir de pie.

Buscando un lugar donde sujetarse la apretó más y comenzó a deslizar las manos por los costados de ella. Descubrió con placer, y esta vez con el tacto, lo que sus ojos desde el día de la fiesta le gritaron: que era curvilínea, exuberante, delicada y perfecta para sus brazos.

-Elizabeth-susurró.-Elizabeth.- ¿Porqué su nombre, de repente, sabía bien en su boca?

Cuando ya no pudo más y las piernas definitivamente no lo sostendrían otro minuto más, aflojó su abrazo y se parto solo lo suficiente para levantarle la cara y poder ver sus ojos. Ella levantó los parpados y él descubrió que sus ojos verdes como esmeraldas brillaban y tardaban un poco en enfocarse. Notó también que sus labios estaban hinchados y rojos al igual que sus mejillas, que su respiración era trabajosa e irregular como la de él, y por la forma en la que se aferraba a sus hombros, que tampoco podía mantenerse en pie.

Por un momento recordó cómo era de niña y la vio sonriéndole con sus colitas, aparato dental y sus ojos igual de brillantes, y por alguna razón en ese instante se dio cuenta de que Elizabeth Potter era hermosa. Absoluta, total y extraordinariamente hermosa. No sabía como no lo había notado antes, o, ¿es que se había vuelto un ciego estúpido hijo de perra (sin ofender a Narcisa) cuando dijo lo contrario y la rechazó esa vez, años atrás?

Lizzy pestañó y él, se limitó a pegar su frente con la de ella, más tarde se atormentaría con eso.

-Eres hermosa-le dijo y agitó la cabeza, confundido.-No sé porqué no lo entendí antes.

Después del mar de sensaciones que Lizzy experimento desde el momento en que Draco se puse de pie, oírle decir que era bonita hizo que un calorcito comenzara a extenderse por su cuerpo. Empezó en el corazón y se fue extendiendo por su pecho, brazos, abdomen…hasta llegar a la punta de los pies. La hizo sentirse mareada. Contenta. Completa.

Una sonrisa lenta se dibujó en sus labios.

"Él dice que soy bonita. Él dice que soy hermosa."

Cerró los ojos, mientras se repetía una y otra, y otra vez esas palabras, dejando que se grabaran a fuego en su cabeza, en su corazón y en su alma.

Draco la vio sonreír y cerrar los ojos ante sus palabras, y cuando vio cómo una lágrima se escapó de ellos, supo la respuesta.

La amaba, la amaba desde que tenía seis años y ella le había sonreído por primera vez, o quizás desde antes. Pero no podía recordar más allá y ese era el recuerdo más nítido que tenia de ella. Tal vez porque había sido en su cumpleaños y ella le había regalado un ratoncito blanco de peluche con lentes y gorra roja que aún conservaba.

La amaba.

Su amor no fue como un rayo caído del cielo, ni como un martillo golpeándole la cabeza. No. Su amor comenzó mucho tiempo atrás con una sonrisa, con una palabra, con una mirada cómplice. Con cada segundo vivido junto a ella, tiempo que fue acumulándose hasta llegar a ese instante, a ese momento en el que de repente lo supo.

Y supo también que debía decírselo. Esa noche y en ese preciso momento.

-Te amo.-Le dijo y la volvió a abrazar con fuerza enterrando la cara en la curva de su cuello y aspirando su aroma.-Te amo.- Susurró en su oído.

Y en vista de que Lizzy no decía nada completamente paralizada, lo dijo por tercera vez:

-Te amo, Elizabeth Potter.

Y sin pedir permiso ni dar explicaciones la beso otra vez.

Esa era Lizzy y eso era amor.


Hola de nueva cuenta mis queridos lectores. Sé que muchos de ustedes esperan más actualizaciones dado que la mayoría estamos de vacaciones, honestamente y como siempre yo también espero poder escribir más seguido pero con lo que uno no cuenta es con que tus familiares te visiten y como un dicho: las visitas no ayudan pero como entretienen.

Así que espero que este cap. Sea de su agrado ya que en lo personal me gustó mucho escribirlo.

Mi intención era mandarles hoy mismo el nuevo cap a mis betas pero la familia no lo permite. En cuanto esté listo… bueno supongo que sabrán que onda con la FA y los problemas que seguro traerá.

Muchos besos y abrazos de oso rompe costillas…

Kry

P.D.: ¿Y si llegamos a los 300 rr, sería mucho pedir?