Chapter Four

Ranma

Mousse y Akane estaban agazapados entre la maleza, fuera de la vista, con las mochilas apoyadas en un árbol cercano. La aldea amazona estaba justo tras los arbustos; no entero, pero si era el lugar donde más hogares se divisaban, cabañas y tiendas. En línea recta desde ese punto podía alcanzarse el resto del poblado, donde estaban las casas más grandes, un comercio y algunas granjas, todo ello situado en un gran campo abierto en lo alto de la montaña.

En un hueco considerable del claro, había dos grandes troncos de madera tan altos como los árboles que rodeaban el pueblo, pero sin ramas ni hojas. Entre los dos troncos había un tercero, aunque puesto de manera horizontal y sujeto a los otros dos mediante profundos cortes en los verticales. Era como una prueba de salto de altura preparado para un gigante.

"¿Para qué es eso?" preguntó Akane.

"El torneo anual es hoy," contestó Mousse. "Esa estructura de madera se usa como la arena de la batalla – el que es eliminado o caiga primero, pierde. Shampoo ganó el año pasado, pero, como te contaron una vez, cierta pelirroja y su panda se comieron el premio."

Akane asintió. "Así que este torneo es algo muy importante, ¿no?"

"Oh, sí." dijo Mousse. "Es una prueba para demostrar tu pericia en las artes marciales. El primer torneo de las niñas amazonas se considera su paso a la adultez. La aldea entera se lo toma muy en serio. Es una manera de probar tu habilidad y tu valía como amazona."

"Es perfecto," susurró entusiasmada Akane. "¡Si es tan importante, eso significa que todo el mundo estará aquí, lo que nos dará la oportunidad perfecta para encontrar a Ranma! Podremos sacarle a hurtadillas sin que nadie se dé cuenta.

Mousse asintió. "Suena bien."

"¿Entonces cuándo empieza el torneo?"

"Enseguida, creo." dijo Mousse. "Mientras tanto, vamos a permanecer en silencio hasta que el torneo esté en marcha."

Akane hizo un gesto de asentimiento y ella y Mousse se quedaron en silencio. En poco tiempo se había formado una multitud y se oían gritos, aunque Akane no podría decir que se gritaban, ya que todos hablaban en mandarín. Se imaginó que se daban órdenes, mandaban a la gente a hacer recados o cosas por el estilo, preparándose para iniciar el torneo.

"Mira," susurró Akane después de un rato. "Veo a Shampoo. Cologne también está con ella. Debe haber llegado hace unos días." Señaló entre la multitud a la chica de cabello púrpura, vestida con su traje de batalla con Cologne a su lado, haciendo equilibrios sobre su bastón.

"¿Quién es esa mujer que habla con Shampoo?" preguntó Akane, señalando a otra mujer de pelo morado. "¿La conoces?"

Mousse asintió. "Muy bien," dijo en voz baja. "Es Soap (Jabón). La madre de Shampooo."

Los ojos de Akane se abrieron como platos "¿Su madre?" repitió. Ahora que la miraba de nuevo, debería haberlo imaginado. Las dos eran prácticamente idénticas con su pelo lavanda y los ojos rojos.

Las primeras dos mujeres saltaron al tronco horizontal y tras la señal, un grito entre la multitud, comenzaron a luchar.

"Vamos." Dijo Mousse.

Cogieron las mochilas y se agacharon mientras atravesaban arbustos y árboles, rodeando la aldea hasta que no alcanzaban a ver la pelea y apenas podían oírla. Ya habían alcanzado el lado más alejado del claro cuando Akane se detuvo.

"Mousse," dijo, sujetándole del brazo. "Ahí."

Señaló una gran roca puesta en el suelo de manera extraña varios metros fuera de la aldea y justo a pocos pasos de ellos.

"¿Recuerdas que esta roca estuviera aquí? Preguntó.

Mousse sacudió la cabeza.

"No," dijo. "Parece sospechoso, ¿no?"

Mousse y Akane entraron en el pequeño claro oteando alrededor por si aparecía algún aldeano, pero todos estaban pendientes del torneo, gritando y vitoreando.

"Parece que hay algo debajo de la roca."dijo Akane arrodillándose. Se dio cuenta de que había madera casi enteramente cubierta por la roca, salvo en las esquinas.

"Ah, ahora recuerdo." dijo Mousse. "Es una bodega, aunque nunca se ha usado para nada. Quizá pusieran la roca encima ya que no servía para nada."

Akane frunció el ceño.

"O quizá..." replicó. "Lo están usando para algo, y esta roca sirve para evitar que lo que estén "usando" se escape mientras que todos asisten al torneo." Akane pasó la mano por encima de la roca. "Todavía hay tierra encima. Quien fuera quien colocara esto aquí, lo hizo hace muy poco."

Mousse abrió los ojos de par en par, mirando tras sus gafas de culo de botella.

"¿Tú crees...?" empezó.

"No lo 'creo', lo sé." Dijo Akane. Incorporándose,colocó las manos firmemente a un lado de la roca.

"Ayúdame a apartar esto," dijo. "Intenta no hacer demasiado ruido."

No por primera vez, Akane agradeció su habilidad en las artes. Con los aplicados esfuerzos de Mouse, mover la roca fue coser y cantar. Posaron la roca unos pasos más allá y al volverse se encontraron con la puerta de madera de la bodega. Akane se precipitó hacia ella, agachándose y haciendo palanca para abrir el pestillo. Miró hacia la negrura con la adrenalina disparándose por momentos.

"Quédate aquí vigilando y cierra en cuanto entre" le dijo Akane a Mousse. Mousse afirmó. Con eso, Akane se quitó la mochila de los hombros y la dejó a un lado. Girando el cuerpo, comenzó a descender la escalera. Una vez estuvo unos peldaños abajo, Mousse cerró la puerta cuidadosamente, dejando a Akane en la más absoluta oscuridad.

Ella fue bajando cuidadosamente hasta que sintió que sus pies tocaban el se giró alrededor, encarando más oscuridad. Poniéndose de rodillas se arrastró por el suelo ensuciándose manos y rodillas mientras que se restregaba por el frío suelo.

De repente, su mano tocó algo. Estaba caliente y era áspero, y se quedó sin aliento ante el repentino cambio de textura. Akane contuvo la respiración con el pulso atronándole los oídos salvajemente.

"Vete."

El corazón de Akane se paró por un momento ante el súbito sonido y tomó una bocanada de aire que retuvo mientras se le estrechaba el pecho.

"¿Es que no lo entiendes...?" dijo la voz. Sonaba cansada, débil y seca, pero oscura.

El corazón de Akane retumbaba como un tambor, sudaba por las sienes y respiraba rápidos jadeos.

"Ra...ran..." Akane se ahogó con su propia voz, reprimiendo las lágrimas.

Frenética tanteó en la oscuridad sin que sus manos encontrasen nada aparte del frío y duro suelo, y por un momento pensó que lo había imaginado todo. Entonces, tocó la misma textura caliente y áspera de nuevo. En ese lugar se sentía casi más ciega que Mousse.

La misma textura que tocaba se extendía hacia arriba, y pudo sentir un duro músculo formando un brazo. Ella se agarró con fuerza, tanteando con la mano izquierda hasta que encontró el otro. Siguió acercando sus manos hasta que topó con los hombros, con la leve curva de su cálido cuello. La respiración de Akane en este punto era errática y las lágrimas se acumulaban a punto de rebosar.

"R-ran...Ranma...Ranma!" suspiró, acercando aún más su cuerpo hasta que notó a su pecho encontrarse con el suyo; enterrando la cara en su hombro, se abrazó a su cuello.

"Ranma!" exclamó, ahora sollozando.

La oscura figura que abrazaba estaba rígida como una piedra excepto por el rápido vaivén de su pecho y el latido de su corazón acelerándose.

"A...Aka...ne?" por fin escuchó su voz, aún seca y débil, pero llena de incredulidad.

Akane asintió una y otra vez, sollozando de nuevo mientras que una cálida alegría se expandía por su pecho ante el sonido de su voz diciendo su nombre.

"¡Sí! ¡Soy yo, Ranma, soy yo, Akane! Oh, Ranma...te encontré...por fin te encontré...!" Ella estalló en llanto, abrazándole fuertemente y sollozando.

"Akane..." susurró él. "Akane."

Luu Fa observaba la batalla con los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión aburrida en la cara. Sólo había acudido para quedar bien con su hermana. Era obvio que Sao Pu empezaba a sospechar, cosa que había visto por lo que había hecho aquel día justo antes de empezar la competición. Ella había ido a la bodega y había puesto una enorme roca encima.

"¿Para qué es eso, hermana?" había preguntado Luu Fa, viendo lo que hacía su hermana.

"Me limito a ser cauta," dijo Sao Pu. "Esta podría ser la oportunidad perfecta para él de escapar.

"Está atado de pies y manos, hermana." señaló Luu Fa.

Sao Pu se rió sin ganas. "Bien, si fue lo bastante bueno como para vencer a mi hija dos veces, seguro que puede salir de una bodega." Ella palpó la roca. "Aunque esperemos que no ocurra."

Luu Fa suspiró ante el recuerdo. Echó una mirada a Sao Pu, que estaba de pie con Shan Pu y la anciana Ko Lohn. Sao Pu estaba hablando con su hija con cara severa. Probablemente manduqueándola, como siempre, supuso Luu Fa. Volvió la vista a la pelea, donde la ganadora acababa de ser proclamada mientras que la otra mujer caía del tronco y aterrizaba duramente en el suelo. La multitud estalló en vítores.

Habiendo tenido más que suficiente, Luu Fa atravesó la multitud. Segura de que Sao Pu le contaría el resultado del torneo, Luu Fa escapó de la horda de Amazonas, que vitoreaban incluso más alto que antes a la próxima pareja que peleaba. Luu Fa se dirigió a su cabaña metiendo las manos en los bolsillos. Casi al borde de la aldea se paró ante su puerta, notando algo raro.

Había alguien junto a la bodega, aún de pie. Luu Fa rodeó su cabaña, oteando alrededor. El hombre llevaba una larga túnica de color blanco con el dibujo de un diamante azul, amarillo y verde. Tenía larga melena negra y gafas redondas. Permanecía de pie junto al sótano de brazos cruzados. Otra cosa rara que Luu Fa notó es que la piedra había desaparecido.

Luu Fa examinó al hombre cuidadosamente, encontrándole muy familiar. Entonces se dio cuenta. Le había visto muchas veces. Era un amazona; Mu Tzu, era su nombre. Ël y Shampoo crecieron juntos. Pero ¿por qué estaba aquí, y al lado de la bodega, nada menos? La respuesta le vino a la cabeza. Mu Tzu se había ido de China hacía mucho tiempo para ir en búsqueda de Shan Pu—siempre había sido muy aficionado a su sobrina—así que naturalmente conocería a Ranma. Si era un rescate ¿por qué estaba ahí, simplemente de pie? ¿A menos, se preguntó Luu Fa, que estuviera sólo montando guardia mientras que alguien más bajaba a la bodega? Luu Fa sonrió. Ya era hora. Lentamente, entró en su casa y se vistió con algo que no había llevado en mucho tiempo.

Mousse abrió la puerta de la bodega, mirando aún la cabaña frente a él.

"Podríamos tener problemas." avisó Mousse. "Una mujer acaba de mirar hacia aquí. Subid."

En el agujero, Akane abrió la boca. Les habían cogido.

"¡Estáte atento!" gritó Akane a Mousse. "¡Mantén la puerta abierta, necesito ver!"

Mousse asintió y salió de nuevo de su campo de visión.

Akane se volvió hacia Ranma, por fin capaz de ver su rostro con ayuda de la luz. Todavía llevaba puesta la camiseta de tirantes negra y los pantalones con los que salió a correr el día que fue secuestrado. Parecía un poco más delgado, no sólo en la cara sino también en el resto del cuerpo.

Debajo de los ojos tenía círculos oscuros, y el derecho estaba teñido de púrpura amarillento, de un moratón que estaba sanando. Tenía el labio superior cortado, el cabello apelmazado y diversas ronchas en los brazos todavía curándose, pero probablemente su aspecto había sido mucho peor varios días atrás.

Debido a la mezcla de emociones – el dolor de ver a Ranma tan golpeado junto a la alegría de ver de nuevo su cara – los ojos de Akane se llenaron de lágrimas de nuevo. Las enjugó rápidamente y tomó la cara de Ranma.

"Mousse está aquí conmigo," susurró. "Vamos a llevarte a casa, Ranma. Te lo prometo." La chica miró sus pies y se dio cuenta de que estaban amarrados con una gruesa cuerda. "Aquí, aquí. Te quitaré eso." Dijo, empezando a desatar las cuerdas.

"Las de las manos también." Murmuró Ranma cuando Akane terminó con los pies. Su voz era tan baja que apenas pudo entenderle.

"¿Las manos? Gírate, te las desataré." dijo Akane, tomándole del hombro. Se acomodó detrás de él y le quitó las cuerdas de las manos, haciendo una mueca al ver las marcas rojas de las muñecas al liberarlas. Ranma suspiró aliviado y se llevó las manos al frente y se frotó las doloridas muñecas con delicadeza.

Con el corazón en plena carrera, Akane se puso en pie, sacudiéndose el polvo de manos y rodillas.

"Vamos, tenemos que salir de aquí." Dijo agarrado el brazo de Ranma."¿Puedes tenerte en pie?"

Ranma comenzó a incorporarse con cautela, fruñendo de dolor. Cuando se irguió recto, no tardó en caer, y Akane le recogió.

"Está bien, tómatelo con calma. Despacio y con buena letra." Le dijo suavemente." Tómate un momento."

Ranma estaba en silencio, y Akane le dejó ir lentamente hasta que se puso de nuevo en pie. Él tomó una bocanada de aire y se apartó el flequillo de los ojos. Akane le miró por un momento, y cuando estuvo segura de que sería capaz de mantenerse en pie, fue hacia la escalera.

"Vamos" dijo. "Mousse dijo que alguien nos había visto. ¿Puedes subir la escalera? Recuerda, tómalo con calma. No te exijas demasiado."

Akane fue subiendo la escalera hacia la luz, echando un vistazo hacia Ranma cada pocos segundos. Cuando llegó arriba, Mouse le tomó de las manos y la ayudó a salir.

"Él está aquí. Le tengo." Dijo Akane rápidamente, con la voz tan baja como un suspiro. Se volvió observando a Ranma subir los últimos escalones.

"Cógeme de la mano, te ayudaré a subir." dijo Akane, tendiendo su mano al interior del agujero. Mouse se arrodilló e hizo lo mismo.

Ranma miró a Mousse a los ojos y su inexpresión se tornó en una mirada encendida.

"¿Cómo puedo confiar en ti?" masculló Ranma con voz áspera, como si le hubieran raspado la garganta con papel de lija.

"Haciendo esto no te casarás con Shampoo." dijo Mousse suavemente. "Ahora, cógeme de la mano, Ranma. Tenemos que salir de aquí."

La intensa mirada de Ranma se transformó en un gesto ceñudo y aferró la mano de Mouse, quién rápidamente le subió. Ranma tropezó un poco con Akane controlándole de cerca por si se caía. Mouse cerró la puerta de la bodega.

"Rápido, pongamos de nuevo esa roca encima" dijo Mousse. Akane asintió y cogiendo la pesada piedra, la colocaron de nuevo encima de la puerta. Akane y Mousse agarraron sus mochilas

"¡Anciana! ¡Se escapa!" gritó alguien en la lejanía.

Él trío miró a una mujer en la multitud que señalaba hacia ellos. Akane pudo distinguir a Cologne saltando hacia la mujer, mirando en la dirección que le indicaba.

. "¡No le dejéis escapar!" gritó Cologne en mandarín. "¡Tras ellos!"

Corred!" gritó Mousse, echando a correr hacia los árboles. Ranma seguía mirando la reunión de amazonas del otro extremo del pueblo con los ojos muy abiertos.

Akane le aferró la muñeca.

"¡Vamos!" gritó, siguiendo a Mousse a la carrera hasta el bosque.

Los tres se apresuraron a través de los árboles, saltando las grandes raíces del camino y esquivando las altas hierbas mientras el iracundo grito de las amazonas se oía a distancia.

"¡H-haz algo, Mousse!" jadeó Akane mientras corría a toda velocidad.

Mousse cambió de dirección corriendo hacia Akane y Ranma antes de que se desviara quitándose del medio. "¡Seguid corriendo! ¡Vamos!" gritó, empujando a Akane en la espalda.

Akane y Ranma continuaron adelante oyendo cada vez más alto los gritos de las amazonas a medida que se acercaban, y escucharon a Mousse decir algo en mandarín.

"¿Qué pretende?" exclamó Akane sin aflojar el ritmo.

Mientras seguían corriendo, las voces de las amazonas se fueron atenuando para aumentar de nuevo. Sin embargo, poco después, cuando más lejos corrían menos se les oía. Al poco, Mouse se puso de nuevo a su altura.

"Mousse!" exclamó Akane. "¿Qué has-?"

"Shh!" silbó. "¡Quédate callada! Les he mandado en la dirección equivocada, pero no durará mucho. ¡Hablad en voz baja y no bajeis el ritmo!"

Corrieron y corrieron hasta que dejaron el espeso bosque por fin atrás, y entraron en un pequeño claro con una sola choza en medio, rodeada de alta hierba, que observaron.

"Estás abandonada," dijo Mousse. "Podemos escondernos aquí un momento. Vamos."

La cabaña parecía no haber sido utilizada en mucho tiempo. Todo lo que se apreciaba estaba cubierto de polvo, tanto que el aire estaba cargado. Había barriles vacíos y antigua maquinaria agrícola, estantes llenos de humedad con ollas y sartenes oxidadas y varios sacos de harina apoyados en una esquina.

Sin respiración, Akane se quitó la mochila y se sentó en una caja dada vuelta con un suspiro. Mouse dejó caer su propio macuto y se sentó sobre la vieja alfombra, arrugando la nariz debido al polvo y la suciedad que lo cubrían todo. Akane miró a Ranma, que observaba el exterior por la ventana.

"Ranma, siéntate y descansa." Jadeó Akane.

Ranma negó con la cabeza. "Ya he estado sentado demasiado tiempo" fue todo lo que murmuró.

La expresión de Akane se entristeció, y lanzó un suspiro. Le observó mirar por la ventana hasta que finalmente volvió junto a ella y Mouse, apoyándose en una pila de barriles. Mouse se puso en pie, intentado sacar la porquería de su túnica con irritación.

"Iré a echar un vistazo fuera." dijo. "Vosotros dos quedaos aquí. Hay una puerta trasera justo ahí. Si os lo digo, escapad por ella y corred como alma que lleva el diablo."

Akane asintió y Mousse salió por la desvencijada puerta, cuyos goznes oxidados chirriaron. Akane se incorporó y estiró sus doloridos músculos debido a la carrera. La espalda la estaba matando por andar acarreando la pesada mochila a todas partes. La chica observó a Ranma, que seguía apoyado contra los barriles con la miraba perdida.

"¿Estás bien?" preguntó Akane sin saber por que se sentía tan incómoda.

"Bien." contestó.

"Tengo una cantimplora. ¿Tienes sed?" Akane se agachó y cogió la mochila.

"Mm. Sí." Hablaba tan bajo que apenas podía oírle.

"Ok. Ten, bebe." Dijo Akane alcanzándole la cantimplora.

Ranma la miró por un momento y la cogió de sus manos lentamente. Después la abrió y tomó un sorbo que se convirtió en un trago, terminando con un repiqueteo. Ranma le devolvió al cantimplora a Akane, que la sacudió.

"Si que estabas sediento." Dijo con una sonrisa. Ella lo miró, pero Ranma no sonrió a su vez. El chico observó la nada, alejándose de ella. La sonrisa de Akane se esfumó y guardo la cantimplora vacía de nuevo en la mochila. Después se quedó de pie, jugando con sus pulgares mientras observaba a Ranma, que seguía sin hacer contacto visual con ella.

"¿Ranma...?" susurró.

Los ojos de Ranma se fijaron en ella, y levantó una ceja como diciendo "qué". Akane dio un paso hacia él. "Yo,...yo sólo quería decirte que...estoy realmente contenta de verte de nuevo" murmuró. Ella dio otro paso y le abrazó por la cintura, acercándose a él. "Te he echado muchísimo de menos".

Acercándose, Ranma la tomó de los hombros y la apretó con fuerza. Akane enterró la cara en su pecho, con la cálida sensación de abrazar de nuevo a Ranma. Pensó que nunca podría volver a hacerlo.

"Ranma...yo—" Akane se interrumpió cuando un estruendo sacudió el silencio. Ranma y Akane dieron un bote, y Ranma se puso delante de Akane con una dura mirada mientras encaraba la puerta trasera, el lugar de dónde había venido el sonido.

Alguien estaba frente a la puerta, que había sido arrancada de las bisagras. Era una mujer de pelo color púrpura oscuro que estaba atado en decenas de pequeñas trenzas con cuentas, salvo por unos pocos cabellos que caían libres del resto, con forma de rastas. Llevaba puesta ropa amazona de lucha, y en la placa de su pecho había diseños en espiral y bandas que iban desde las muñecas hasta los codos. Su mano aferraba un largo bastón con afiladas hojas en ambos extremos, curvándose en direcciones distintas.

Al ver a la mujer, Ranma abandonó su posición de batalla y Akane notó cómo sus hombros se relajaban. Confusa, observó a la mujer amazona que les miraba con sus ojos rojos. Las cuentas de su pelo entrechocaron unas con otras cuando se movió.

"Lufa," dijo Ranma. Akane pudo notar en su tono alivio y sorpresa.

"Vamos," respondió Lufa, indicando el exterior con la cabeza.

Ranma asintió y, cogiendo a Akane de la muñeca, la llevó en dirección a la amazona.

"¿Qu-Qué? ¿Ranma...?" tartamudeó Akane muy confundida. ¿Qué demonios estaba haciendo?

"Está bien, Akane." Aseguró Ranma. "Ve a coger tu bolsa."

Akane se puso su mochila de mala gana y siguió a Ranma y a Lufa fuera de la cabaña.

"Ve a avisar a Mousse de que nos vamos," dijo Lufa a Ranma. "Todos vienen ya para acá."

Ranma asintió y rodeó la pequeña choza dejando a Akane con Lufa. Akane se giró hacia la mujer, mirándola con desconfianza. ¿Qué pretendía? Era una amazona. Ranma sabía su nombre y estaba siguiendo al pie de la letra sus instrucciones cuando apenas había confiado en Mouse al principio. Su tono y su humor habían mejorado inmediatamente tras su aparición. Eso hizo que Akane se sintiera un poco celosa. Ranma había permanecido callado desde que le sacaron de la cueva sin apenas dirigirse a ella. Sin embargo parecía haberse animado mucho con esa tal 'Lufa'.

Akane intentó no fruncir el ceño a la mujer y mirar a otra parte. Ranma volvió con Mousse, que pareció asombrado al ver a Lufa.

"¡Tía Lufa!" dijo. "¿Qué haces aquí?"

La mujer miró mal a Mousse por llamarle "tía". "¿Y a ti qué te parece?" masculló. "Sacaros a los tres de aquí, eso es lo que hago. Ahora, vamos, no tenemos tiempo para charlar. Seguidme."

Con eso, se dio la vuelta y se internó en el bosque, detrás de la choza abandonada. Ranma y Mousse la siguieron rápidamente Akane se quedó quieta un momento más, con mala cara, para después seguirles hacia los árboles. Lufa cortó la alta hierba con su espada, dejando un rastro claro.

"Muchas gracias," oyó Akane decir a Ranma. Por el tono de su voz, parecía casi como si hubiera vuelto a ser él mismo. El corazón de Akane se contrajo. ¿Por qué ella no le había hecho sentir así?

"¡Vaya, por fin habla!" rió Lufa. "No me lo agradezcas todavía, niño. Aún no hemos salido del bosque, y lo digo tanto metafórica como literalmente."

Ranma se rió entre dientes. Los celos de Akane se dispararon. ¡Acababa de reirse! La envidia la cubrió como una fría manta.

"No me digas." Repuso Ranma. "De todas maneras, de verdad que te agradezco lo que has hecho por mí. Es bueno saber que tenía un amigo en esa maldita aldea."

"Muy bien, niño, pero guárdatelo para cuando estemos a salvo, ¿ok? Entonces podrás darme las gracias todo lo que quieras. "dijo Lufa. "De todas maneras, ¿cómo supiste que era yo? No me viste la cara ni una sola vez en la aldea…"

"Las cuentas de tu pelo," contestó Ranma. "Reconocería ese sonido en cualquier parte."

"¿A dónde nos llevas?" preguntó Mousse.

"Al final de esos bosques no hay más que un callejón sin salida. Hay una gran montaña, y si la escalas, das a una cueva. Pensé que podría ser un buen escondite."

"¿Cuánto tardaremos en alcanzar la cueva?" inquirió de nuevo.

"Bueno, teniendo en cuenta que vamos a tomar una ruta de lujo, llegaremos al anochecer" dijo Lufa. "Voy a llevaros por un sendero bastante incómodo, así podremos perder a la tribu más fácilmente."

"¿Y que haremos al llegar a la caverna?" preguntó Ranma.

"Pasaremos ahí la noche y luego bajaremos al pueblo" replicó Lufa. "Hay una pequeña villa nada más pasar la montaña. Podemos conseguir algo de ropa para ti y concederte una bien merecida ducha. "

"Juas juas," masculló Ranma.

Akane estaba practicamente hirviendo. Ahora se ponía sarcástico. Se estaba volviendo más y más él mismo desde que Lufa había aparecido. ¿Qué era esa mujer para él?

"Después de pasar por ese asentamiento, os encontraremos la ruta de vuelta más rápida a Japón." Continuó Lufa.

Ranma asintió. "Eso sí que suena bien." Dijo.

Cómo Lufa había predicho, alcanzaron la cueva al anochecer. La caverna estaba una subida de poca distancia. Era el lugar perfecto; nadie les encontraría allí. Mousse extendió sus sacos de dormir junto con el extra para Ranma, que había traído para cuando le encontraran. Ranma, Akane y Lufa se sentaron alrededor de una pequeña fogata pues la noche se iba volviendo fría a medida que avanzaba la oscuridad. Mouse había presado a Ranma una de sus prendas, ya que la camiseta sin mangas no le mantenía caliente.

Mousse era considerablemente el más alto del grupo, y su ropa no le quedaba demasiado bien a Ranma. Le había dado una túnica blanca similar a la que llevaba puesta, pero con un dragón verde y azul y no con el emblema de diamantes de la de Mousse. Las mangas cubrían toda la mano de Ranma y arrastraba los bajos por el suelo; Ranma tenía que andarse con cuidado para no tropezar con ella.

"A comer, niños." Dijo Lufa alcanzando a Ranma y Akane sendos tazones de estofado.

Ellos los aceptaron agradecidos, sobre todo Ranma, que lo hizo con el mayor entusiasmo.

"Por fin puedo usar mis propias manos para comer." Suspiró, empezando

"Tu estofado es el mejor, Lufa"

"Gracias, niño." Dijo Lufa con una sonrisa. "Hay mucho más."

Ranma ya había vaciado su tazón en frente de ella. "Más, por favor"

Lufa rió y tomó el bol, sirviéndole otra ración. Ranma aceptó rapidamente el tazón lleno y volvió al ataque.

"Así que ¿Cómo os conocisteis?" preguntó Akane tratando de sonar casual. Todavía estaba con la primera ración de estofado. Realmente estaba delicioso, y para Ranma debía saber incluso mejor.

"Una noche me encargaron que diera de comer a Ranma" explicó Lufa. "Siempre creí que lo que estaban haciendo era cruel – digamos que nunca fui una entusiasta seguidora de las leyes amazonas. Mi hermana siempre me ha llamado rebelde, y supongo que es cierto. De todas formas, después de aquella noche toda la aldea empezó a prepararse para el torneo; yo no pensaba participar, por lo que era la única con tiempo libre. Así que me asignaron bajar a la bodega a dar de comer a Ranma todas las noches. Sien embargo, yo siempre preparaba más comida en mi casa y la llevaba conmigo. Estaban intentando doblegar a Ranma; apenas le daban nada de comer. Le quitaron el almuerzo a propósito, y el desayuno y la cena, cuando se la daban, eran muy escasos encima le echaban la comida encima, así que imaginó que en realidad nunca comía nada."

"Así que Lufa empezó a darme comida a hurtadillas mientras que todos estaban ocupados preparando el torneo. "Finalizó Ranma. " Los primeros días fueron realmente duros. Como dice, me tiraban la comida encima y al principio estaba demasiado enfadado como para comer nada. Lo que me cayó en toda la cara, supongo. El segundo día, me harté, subí la escalera y rompí la puerta de la bodega. Me cogieron de inmediato, y me dí cuenta de sólo se necesitaban unas pocas horas sin comer para ver las consecuencias. Tenía continuamente en la cabeza la comida de Kasumi, desquiciándome. De todas maneras, antes de que me diera cuenta, más de una docena de amazonas empezaron a darme para el pelo, y me arrojaron de nuevo a la bodega atado de pies y manos para que no volviera a intentarlo."

Ranma se puso de pie y se desembarazó de la túnica de Mousse, gruñendo un poco. Quitándose la camiseta, dejó el pecho a la vista. Akane abrió la boca. No había visto más que los cardenales en los brazos, pero no era lo único. Tenía todo el pecho cubierto de hematomas. Girándose, mostró el estado de la espalda. Después se puso de nuevo la camiseta y la túnica y se sentó.

"No hace falta decir que no volví a intentar escapar después de esto" murmuró Ranma, levantando su tazón vacío y dándoselo a Lufa, que lo rellenó rápidamente y se lo devolvió.

"Sin mencionar que mi sobrina bajaba cada noche a intentar 'convencerle'." Masculló Lufa.

La cuchara de Ranma se quedó en el aire por un momento y luego, lentamente, volvió al tazón.

"¿Tu sobrina?" preguntó Akane.

Lufa asintió. "Si, soy la tía de Shampoo." Dijo.

Akane se la quedó mirando. Eso explicaba por qué Mousse la había llamado tía antes. Él conocía a Shampoo desde que eran niños, y por tanto, conocería a Lufa desde entonces. Parecía lógico que la considerara de la familia.

"Shampoo ¿bajaba a convencerle? ¿Qué quieres decir?" preguntó Akane.

Lufa se encogió de hombros. "No estoy segura de cómo lo enfocaba" dijo. Miró a Ranma " ¿ Qué intentó?"

Ranma posó su tazón de estofado, todavía completamente lleno. Con el flequillo tapándole los ojos, se puso en pie.

"Gracias por la comida, como siempre," murmuró. "Me voy a dormir"

Akane abrió la boca para decir algo, y luego la cerró, observando a Ranma dirigirse a su saco de dormir.

Akane siguió con la vista en él mientras que se metía en el saco, con gesto preocupado. ¿Por qué no decía nada? ¿Qué había ocurrido con Shampoo que fuera tan terrible como para que él se cerrara así en banda? Akane suspiró. Justo cuando empezaba a ser el de siempre, además. Mousse se sentó en el lugar de Ranma.

"Coge ese tazón." Dijo Lufa, señalando el que Ranma no había tocado. Akane se sorprendió de que pareciera tan controlada, como si nada hubiera ocurrido.

"¿Qué le pasa?" murmuró Mousse mientras agarraba el bol y empezaba a comer.

Akane sacudió la cabeza. "No lo sé." Musitó.

"¿Qué, esperabas que se comportara como si tal cosa inmediatamente?" preguntó Lufa, sirviéndose su propio plato. "El chiquillo ha estado metido en un agujero durante más de dos semanas, y obviamente mi sobrina ha estado haciendo algo que empeoraba aún más las cosas. Estoy sorprendida de que no se haya vuelto loco. Es fuerte."

Akane volvió a mirar a ranma, que ya se había quedado dormido. Lufa tenía razón. Había pasado mucho. Ahora se sentía agradecido sólo por un tazón de estofado y un saco de dormir caliente. Probablemente apenas dormía en esa bodega. Tenía que estar exhausto.

"No te sorprendas si actúa con toda normalidad un momento para hacer lo contrario inmediatamente después. Después de una traumática situación como la que él ha vivido, hay montones de cosas que pueden provocar que se comporte así. Puede que nunca vuelva a ser el mismo."

El corazón de Akane se hundió con esas palabras. De nuevo, echó un vistazo al lugar donde Ranma dormía, ajeno.

"Por el bien de Ranma, creo que lo mejor es que ninguno mencionemos a Shampoo" dijo Lufa. "Ahora, a la cama. Iremos al pueblo en cuanto sea de día".

Dormir en el suelo de una cueva no era precisamente cómodo. Akane siempre había sido madrugadora – siempre se levantaba pronto para correr – pero ahora se despertó incluso antes, harta de la dura superficie en la que reposaba su cuerpo. Saliendo del saco estiró los músculos, tensos y rígidos, con entonces cuando percibió una silueta en la boca de la cueva. Curiosa, Akane se acercó a investigar.

Al acercarse, se dio cuenta de que era la silueta de Ranma, santado en el pequeño acantilado justo en la entrada de la caverna. Todavía llevaba la túnica de Mousse, y por una buena razón. El sol estaba empezando a salir, y el aire aún era frío. Akane se frotó los brazos aunque estuvieran cubiertos por su jersey morado.

"Buenos días." Dijo.

Vió como Ranma daba un considerable salto y miró sobre su hombro con la cara de sorpresa tornándose en reconocimiento. "Oh" dijo. "Buenos días"

"Lo siento, ¿te he sobresaltado?" No era que él no se hubiera dado cuenta de que ella se acercaba. Ranma siempre estaba alerta, incluso a esas horas de la mañana. Por todos los demonios, incluso esquivaba golpes mientras dormía – y aunque resultara extraño no era ninguna exageración.

"Está bien "replicó Ranma, con la mirada perdida de nuevo." Supongo que aún estoy medio dormido"

"¿Puedo unirme a ti?"preguntó Akane, sintiendo de nuevo esa sensación de cobardía. ¿Por qué continuaba sintiendo eso, y nada menos estando con Ranma? Le conocía mejor que a nadie, Nunca lo había mencionado, ni siquiera a sí misma ya que el título de "prometida" era rechazado más a menudo de lo que le gustaría, pero Ranma era su mejor amigo. Sólo eran torpes entre ellos después de una pelea; cuando se llevaban bien, podían contárselo casi todo. Akane se mordió el labio ante el pensamiento, esperando que Ranma contestara.

"Claro." Murmuró Ranma.

Akane se sentó en el acantilado y observó el amanecer, siempre tan lento, que iba tiñiendo el cielo de un pálido naranja.

"Te has levantado temprano." Comentó Akane intentando comenzar una pequeña charla.

"Llevo despierto un rato."dijo Ranma. "No podía dormir."

"Yo tampoco." dijo Akane. "La cueva no es exactamente un palacio cuando se trata de dormir."

Estuvieron sentados en silencio durante un rato. Akane enredaba con los hilos del jersey, viendo al cielo cambiar a un naranja más intenso.

"¿Akane?" Ranma rompió al fin el silencio.

"¿Sí?" preguntó Akane mirándole. Él aún contemplaba el amanecer; la luz del sol brillaba en su piel, y aunque esto acentuaba la bolsas oscuras bajo sus ojos y hacía más visible el moratón de la cara, Akane tembló al mirarle.

"¿Cómo supiste dónde encontrarme?" le preguntó.

Akane tomó una bocanada de aire y exhaló. Sabía que tarde o temprano le haría esa pregunta.

"Mousse me lo contó" respondió Akane. "Fui un día al Nekohanten, y me dió un mensaje en clave."

Ranma frunció el ceño. "¿Y por qué te dio un mensaje en clave?" preguntó

"No quería arriesgarse a que Cologne descubriera que me había contado que en realidad estabas vivo." Dijo Akane.

Ranma la miró al fin. "¿Vivo?" repitió. "¿Qué te hizo creer que no lo estaba?"

"Cologne...nos contó que te habías ahogado" dijo Akane. "Todos nos preguntábamos por qué no habías vuelto de correr...y Cologne apareció…y nos mintió." La voz de Akane era tenue en este momento, y perdió la mirada, incapaz de sostener la de Ranma mientras hablaba. Incluso aunque sólo hubiera sido una mentira, aún dolía recordarlo. " Luego fui al Nekohanten y Mousse me dio el código. Fui a casa, lo descodifiqué...y descubrí que estabas vivo. Mousse quedó en encontrarse conmigo en el canal y me lo contó todo. Lo de la mentira de Cologne y lo que te había pasado en realidad"

"¿Se lo contaste al resto?"preguntó Ranma. "¿Les contaste lo que te dijo Mousse?"

Akane negó tristemente con la cabeza. "Mousse no quería arriesgarse." Murmuró. " Todo el mundo cree que te ahogaste salvando a una niña pequeña".

Ranma permaneció en silencio mientras asimilaba las palabras de Akane. "¿Sabe...mamá lo sabe?" La pregunta fue apenas un susurró.

Akane asintió. "Tu padre fue a su casa a contárselo. Él se ha quedado ahí desde entonces." Dijo Akane, en voz baja teñida de tristeza. La tía Nodoka había recuperado a su hijo apenas unos meses atrás, y por lo que sabía, había vuelto a perderlo, esta vez definitivamente.

"Esa puta de Cologne..." Ranma gruñó. "Ha hecho que toda mi familia crea que estoy muerto...así ella podía arrastrarme a China para...para..." se detuvo incapaz de terminar la frase. " Manteniéndome en una especie de...puto agujero de mierda durante semanas..."

Akane tendió su mano hasta ponerla sobre la de él, crispada en un puño, sabiendo que él continuaría, hablando cada vez más alto. Al sentir su roce, relajó el puño extendiendo la mano.

"Ni siquiera puedo imaginar por lo que has pasado..." susurró ella. "Siempre me daré de bofetones por no acudir antes donde Mousse...o si quiera por haber creído a Cologne desde un principio. Quiero decir, después de todas las triquiñuelas que ella y Shampoo han intentado...Debería haberlo visto. Debí salvarte antes."

Debería haber sido más rápido. ¿Por qué no fui lo bastante rápido cuando realmente importaba?¿Cuando era por ella por lo que debía ser rápido? ¿Cuándo tenía que salvarla a ella? Debería haber sido más rápido. Debí haberlasalvado antes. Entonces ella aún estaría aquí.

Era increíble ver la similitud entre ambas situaciones. El deja-vu golpeó a Ranma como una ola enorme, y el estómago le dio un vuelco. En ese momento, con Akane entre sus brazos, se odió a sí mismo creyendo que había llegado demasiado tarde, creyendo que la había perdido. Ahora ella podía entenderlo. Ella desearía haberle salvado antes a él; rescatarle del sufrimiento de permanecer en ese agujero durante semanas, sin apenas agua o comida. No eran exactamente el mismo caso, pero las palabras de Akane los convertían en lo mismo.

Debería haberte salvado antes. Era completamente irónico como ambos habían utilizado las mismas palabras para el otro. Ranma miró sus manos entrelazadas; la de ella, suave, cálida y delicada, la suya dura, callosa y recia, Las manos de un luchador. Las manos de un sufridor.

"Akane..." observó como ella levantó la vista hacia él al oírle pronunciar su nombre. Sus ojos estaban oscurecidos por la pena y el arrepentimiento. "Yo…se cómo te siente. Sé cómo es. Pero...no sigas pensando en los "podría haber sido". Lo que importa es… seguir adelante." Él acarició su manos y sujetó la pequeña y suave palma, sorprendido de lo pequeña y frágil que parecía, cuando él sabía mejor que nadie que desataba un infierno con cada puñetazo.

"Ahora estoy aquí." dijo. Sus propias palabras le hicieron estremecer mientras que asimilaba la verdad en ellas. "Por el momento...estamos a salvo. Volveremos a casa, a Japón...y al menos, intentaremos llevar vidas normales...bien..."

"Si es que eso es posible en Nerima." Akane terminó su frase y sonrió.

Ranma se rió un poco y le apretó la mano. "Vale." dijo.

Nota de la traductora: Este capítulo tenía partes verdaderamente difíciles de traducir, y eso me ha retrasado bastante. Entre el trabajo, los estudios, el novio y mi cada vez más menguante vida social no doy abasto T.T

Siento haber tardado tanto, pero prefiero asegurarme y hacer las cosas bien que mandar una traducción de cualquier manera que desmerezca el original. Trataré de sacar tiempo de cualquier parte para agilizar las actualizaciones.

De nuevo, muchísimas gracias a aquellos que dejáis review: yo no he escrito esto y todas las flores han de ser para la autora, que realmente las merece, pero traducir requiere tiempo, trabajo y esfuerzo y me dais ánimos para continuar. Gracias

Y a los que seguís el fic pero no dejáis comentarios, muchas gracias igualmente por leer

Un saludo a todos