Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K Rowling. La trama es mía , y sólo mía.

Advertencia: En capítulos futuros contendrá Femslash. Es decir, relación chica/chica.


Injusto

- ¿Y bien? - cuestionó un rubio a una pelinegro que se encontraba recostada cómodamente en uno de los sillones de la Sala Común de las serpientes. Eran las 10 de la mañana y la chica se había despertado más temprano de lo estrictamente necesario, sólo para poder disfrutar más de la espera para poder ver lo que en ese momento veía. A su mejor amigo, desesperado.

No es que ella fuera precisamente una arpía, víbora ni nada de eso, pero si una serpiente , y como buena serpiente, tenía su toque de crueldad. Y esta se había inclinado para con su amigo, la verdad lo hacía para hacerle pagar por ser justamente ella la que tuviera que sacarle información a Granger sobre si podría o no tener alguna relación en un futuro, con su buen amigo. El rubio sabía la debilidad que tenía ella para con las mujeres de esa casa, ella era totalmente hetero, de eso nadie dudaba, sólo que tenía una especie de fetichismo por las leonas, como en la noche anterior le había expresado a la Gryffindor. Además también quería hacerle pagar por lo que conllevo luego de su pequeño encuentro con la chica, había tenido que tragarse sus fantasías sexuales ya que no iba a despertar a ninguna de sus compañeras de habitación, para decirles "Oigan ¿alguna tiene ganas de una sesión de manitas? Si, bueno una Gryffindor me dejó caliente". Si bueno, era el rubio el culpable de todo ello, y le haría pagar.

- ¿Y bien que? - le devolvió la pregunta con el tono más inocente de todo su arsenal, cosa que el rubio no notó por su creciente desesperación.

- Pansy, ayer - le recordó con esa simple palabra tratando de que la chica hiciera memoria, pero no parecía surtir efecto alguno porque en el rostro de su amiga se había plasmado un gesto de auténtica curiosidad. - ayer, castigo, Granger, tú , ella , solas, información - mencionó cada palabra y la morena tuvo que morderse los labios para no reírse.

- Oh eso - musitó retándole importancia.

- Si, eso , ahora dime ¿qué tal fue? - preguntó y la morena suspiró. Empezaría primero a decir banalidades hasta que su muy buen amigo se diera cuenta que le tenía bronca por haberle mandado a hacer eso.

- Nada del otro mundo, McGonagall nos mandó a lavar las vajillas al método muggle, pero claro cabe decir que yo no hice nada - mencionó esto último con oscura satisfacción. Al fin había traído sus frutos el seguirle el juego a su mejor amigo, con eso de tratar bien a los elfos. Hace unos años si se hubiese encontrado en la misma situación, estaba segura que los elfos ensuciarían más las vajillas para hacerle más "grata" su estadía en las cocinas.

- Aja , ¿y hablaste con Granger? - presionó el rubio perdiendo un poco su paciencia, cosa que satisfago a la morena.

- Si, bueno era imposible no hablarle, fueron dos largas horas de verla lavar los platos, si bien pude haberme ido, pero vamos, que perderme la visión de su muy buen dotado trasero, no soy tonta - confesó y el rubio hizo una mueca debatiéndose entre la clara posibilidad de engancharse en un intercambio de opiniones con su mejor amiga sobre el bien dotado trasero de la Gryffindor, o de reprocharle por hablar tan ligeramente sobre ella. No le incomodaba de que hablara de culos de mujeres, ya se había acostumbrado desde que en tercero su amiga había descubierto su extraño fetichismo por las mujeres, más específicas Gryffindors y una que otras excepciones, no dudaba que su amiga terminaría con un chico, lo de las mujeres sólo era cosas de noches, no se lo reprochaba, a menudo se preguntaba como hacían las mujeres para soportar verse entre si mismas sin tener necesidad de tocarse, es decir con pechos y culo, para le, era una hazaña heróica.

- En fin ¿de que hablaron? - presionó abandonado sus pensamientos.

- No mucho, no hubo mucha charla - picó con doble sentido haciendo que el rubio frunciera el ceño cuestionándose a que se refería exactamente con "no hubo mucha charla".

- Espero que no te hayas acostado con ella - musitó comprendiendo la fiera mirada de la pelinegro que simplemente rodó los ojos.

- Querido Draco ya sabías a que te arriesgabas al pedirme precisamente ayuda a mi, de entre todas las serpientes a mi, así que si quieras que siga con esto, no me culpes si llega a suceder algo en un futuro, pero para tu gozo, no sucedió nada ayer - se sinceró notando como su estomago reclamaba comida - si lo que te interesa saber es que si hablamos de ti, pues si algo así, me menciono que se le hacía extraño que no fuera a revolcarme contigo, o bueno quizá no lo hizo tan directamente, pero lo leí en sus expresiones y la forma de evitar las palabras, en fin, le dije que nuestra relación era demasiado especial y si la conociera y la comprendiera, te diría que se puso celosa, pero como no lo hago, bien pudo haber sufrido de migraña repentina, en fin, luego le dije que revolcarme contigo era impensable, y al final le pregunté que le pone, y para que vayas haciendo las compras del fin de semana Draquito, compra mucho chocolate y líquido en su preferencia - agregó retomando la imagen de sus fantasías de una Gryffindor llena de chocolate derretido por todo su cuerpo.

El rubio analizó toda la información y sonrío anchamente. Si bien sabía que se iba a arrepentir tarde o temprano de haberle encargado justamente a Pansy el favor de ayudarle a conocer más a fondo a Hermione Granger. No le extrañaría si el día que tuviera su momento a solas con la Gryffindor, esta resultara no ser virgen. Obviando el hecho de que tenía altas esperanzas de que ese momento a solas se diera, el chico estaba alegre por haber obtenido el primer de los datos sobre la leona, chocolate. Además el hecho de que su amiga le mencionara el hecho de que había sido algo posible de que la Gryffindor se haya puesto celosa con la mención de su estrecha relación con la morena, le alegraba. Si realmente se había colocado, aunque sea minimamente celosa, significaba que no le era indiferente.

- Bien, a comer - anunció al escuchar el estomago de su amiga rugir, esta asintió satisfecha y antes de salir por la estatua que custodiaba las mazmorras su amiga le siseó en tono amenazador

- Si tengo que volver a las mazmorras a altas horas de la noche con fantasías sexuales, créeme Draco, y escúchame bien, no tendré reparos en hacer cosas que puedan o no gustarle a tu querida Granger.

Y con esta amenaza aun rondando en el aire y con un Blaize Zabini en su habitación aún trastocado por la información que su pelinegra amiga el había dado la noche anterior, se encaminaron al Gran Comedor.

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- ¿Saben que me vendría bien? Una buena taza de té humeante - dijo una Gryffindor a sus tres amigos, con un animo tan rebosante de alegría que denotaba falsedad por todos lados.

- ¿Sabes que nos vendría bien a nosotros Hermione? - habló una pelirroja que se encontraba recostada de las piernas de su novio - que dejaras de evadir el tema de conversación que tenemos pendiente - le reprochó por segunda vez de lo que iban en la mañana.

Resumiendo la situación, la castaña se había levantado muy temprano esa mañana, y como primer pensamiento le había venido a la cabeza la insoportable escena del morreo de dos peculiares Slytherin, y luego la despedida bizarra con la serpiente con quien compartió castigo. Se enojo consigo misma por el curso de sus pensamientos y se dispuso a darse un baño de agua bien fría para despejar sus pensamientos. Luego había salido del baño, se había vestido y había notado por primera vez en el día que sus otras compañeras de cuarto parecían haber madrugado, o ni siquiera habían pisado su habitación, y prefería no pensar mucho en ello. Se había quedado unos largos minutos analizando lo sucedido el día anterior, primero estaba el hecho de que había salido castigada, por segunda vez en su vida, por culpa de haber metido sus narices donde no la llamaban, donde hubiese preferido no meterlas, se hubiese ahorrado la desagradable visión de aquellos dos Slytherin compartiendo saliva y metiéndose lengua hasta la garganta. No es que fuera tan casta como para disgustarle esas demostraciones de afecto, pero le parecía muy desagradable cuando estas eran echas en público, y más por su nénesis.

Había discutido con Malfoy, luego de advertirle que separara su lengua de la garganta de Parkinson, el había insinuado que tenía envidia. Y durante varios momentos de la anterior noche se preguntó a si misma ¿envidia de que? , luego estaba el hecho de que el arrogante chico había salido intacto de aquella disputa, y las que se habían llevado el castigo habían sido la morena y ella. Y por último todo lo sucedido en las cocinas, le había disgustado en demasía la holgazanería de su compañera de detención, había infringido la principal normal de su P.E.D.D.O, es decir, usar para intereses egoístas a los elfos, y lo había hecho en sus narices y para rematar el asunto, ella también lo había hecho luego de exasperarse por el rumbo que había tomado la conversación que mantenía ella y la slytherin, que se había quedado, estaba segura, para burlarse de ella. También estaba el insignificante hecho de que se había puesto iracunda, cosa que aún no entendía porque, cuando ella le había mencionado lo especial de su relación con su nénesis. ¿A quién le importaba si eran o no pareja? A ella no. Se había sentido extrañamente aliviada cuando le había dicho que no se revolcaban y por último, había sentido la turbación e incomodidad de una situación totalmente fuera de sus límites, Pansy Parkinson, le había hablado de cosas que "ponen", le había dicho que le ponían las mujeres y peor aún le había confesado a la serpiente que a ella le ponía el chocolate. Haciendo un resumen de lo acontecido la noche anterior la chica llegó a la conclusión de que había sido una realidad muy bizarra, seguro producto de un mal día, y de la alineación de los planetas, y que ninguna de aquellas situaciones se volvería a repetir. Pero claro, lo que la Gryffindor no podía saber en aquellos momentos, era que más equivocada no podía estar. Después de su muy equívoca conclusión, había sospesado las posibilidades de como escapar del, más que asegurado, interrogatorio que le harían sus amigos no más la vieran.

Había probado las mil y un posibilidades (en su cabeza) y todas acababan igual, terminando contándoles todo y ellos mirándole como si se hubiese tragado un hipogrifo en frente de sus narices. Al final basándose en experiencias anteriores había decidido huir de manera natural, sin un plan elaborado, es decir, escapar como cobarde rata de la manera más fácil que pudiera dependiendo de la situación. Así que había bajado a la Sala Común, encontrándose, con como había sospechado, a sus amigos esperándola. Y no más le vieron habían empezado con su interrogatorio, que la chica trató de evadir sin ser tan evidente.

- Haber chicos, prometo contarles la versión resumida - y distorsionada, pensó - de los hechos en el Gran Comedor, si me acompañáis a comer, tengo hambre - su escusa más patética. Si, si hasta había sonado como Ron con sus patéticos saludos mañaneros de un gruñido de algo que nadie entendía y un escueto "vamos al comedor, tengo hambre". Y efectivamente si quien hubiese pronunciado esas palabras hubiese sido su pelirrojo amigo, los demás le hubiesen acompañado sin chistar ni dudar de sus palabras. Pero claro, se trataba de Hermione Granger, la chica, hasta esos momentos, más sensata de todas, y no la que se dejaba llevar por sus instintos primitivos, como el hambre.

- Te acompañaremos y ahí nos contarás - le dijo su azabache amigo dándole un respiro, cosa que silenciosamente agradeció. La mirada suspicaz de su pelirroja amiga le estaba comenzando a poner nerviosa. Nunca había sido buena en el arte de mentir, y mucho menos si le miraban de aquella manera como si la menor de los Wesley poseyera un escaner o algo así.

El Trío Dorado, y Ginny Weasley se encaminaron al Gran Comedor entre amenas charlas, en las que obviamente, la castaña no participó, ya que se había encerrado en sus pensamientos, tratando de adivinar cual sería la mejor forma de relatar lo sucedido, emitiendo ciertas partes sin tener que mentir en el proceso.

- ¿Te puedes fijar por donde caminas? - escuchó la siseante voz de su más querido, nénesis a unos pocos metros suyos y enfocó su atención en lo que sucedía a unos pasos de ella. Al parecer, su amiga se había tropezado con el rubio, y no dudaba que este tuviera la culpa, y había caído al suelo, sus dos amigos se habían apresurado a levantarla mientras le lanzaban dagas con la mirada al rubio que parecía algo divertido de la torpeza de su pelirroja amiga. Observo que a su lado se encontraba Parkinson y detalló que su mirada se había trasladado con rapidez propia de un cazador a el trasero de su amiga y abrió los ojos como platos sintiéndose impotente y abochornada.

La morena estaba mirándole sin reparo alguno, el culo, a su mejor amiga, en frente de sus narices, luego de que la noche anterior se le había insinuado tan descaradamente. Y sin pensar mal, no es que se sintiera celosa de su mirada ni nada por el estilo, es que le confundía la chica. Hasta hace unas semanas atrás no había notado que la princesa de las serpientes parecía tener una extraña afición por las mujeres, y de la noche a la mañana ya había notado dos actitudes extrañas en la chica, que le afirmaban que efectivamente así era. Tenía un bizarro fetichismo por las de su mismo sexo. Notó también que el rubio a su lado había desviado los ojos de sus amigos para fijarse en ella, sin un rastro de sentimiento alguno, inexpresivo como siempre. Desde el inicio de ese año había notado como, a pesar de que sus peleas parecían aumentar de cantidad y de volumen, su mirada no era la misma de odio y asco que años anteriores le dedicaba, y aquello le confundía y le interesaba a grados iguales. Lo cual no estaba bien, se repetía una y otra vez desde que aquellos pensamientos abordaron su cabeza semanas atrás.

- Olvídalo, disculpa Weasley iba distraído - habló el rubio rompiendo la tensión del momento y colocando el ambiente un tanto irrealista. Vale, que sabía que el pretencioso rubio había dejado sus disputas para con sus amigos , pero de allí a que se disculpara con uno de ellos, habían un gran camino. Percatándose de que no era la única sorprendida decidió intervenir.

- Chicos vamos - a pesar de saber que estaba fijando su sentencia de muerte, ya que aquel encuentro había servido como una pequeña distracción para el tema del interrogatorio sobre su castigo, había preferido intervenir, ya que se sentía inusualmente incomoda con la mirada que en aquel momento le estaban dedicando la morena y el rubio.

El rubio agarró por el brazo a la morena y se perdieron por el extenso pasillo hasta el Gran Comedor. Luego de unos minutos de silencio los cuatro, como por acuerdo mutuo comenzaron a retomar su camino con alguno que otro comentario sobre lo sucedido anteriormente, a los que nuevamente la castaña no hacía caso

- ¿Vieron como no le quitaba los ojos de encima? - escuchó decir a la pelirroja. Y vale, eso si llamó su atención. Fijo su mirada en el rostro iluminado de maldad de su amiga y parpadeó preguntándose de que demonios hablaba.

- ¿Quién a quién? - cuestionó su hermano sin enterarse de nada. Y la castaña agradeció silenciosamente de que hubiera formulado en voz alta la pregunta que se había hecho en su mente

- ¿Cómo que quién a quién? ¿qué tendrás en la cabeza hermanito? - se burló mientras tocaba la cabeza de su hermano en son de broma - si, hueca, como supuse, en fin... obviamente me refiero a Malfoy , no despegó el ojo de Herms - habló y la castaña estuvo segura que si en aquel momento hubiese estado ingiriendo algo, tanto comida como bebida, se hubiese ahogado.

- ¿Qué hablas Ginny? déjate de tonterías, vamos - urgió a sus otros dos amigos que parecían no encontrar palabras para lo anteriormente hablado, y la castaña agradeció aquello. Si ese tema se hubiese expandido más, se hubiese vuelto literalmente loca, ya bastante tenía a pensar con el asunto de las miradas, por cierto, nada discretas de Parkinson para con ella y su amiga, como para también añadir a su itinerario de cosas por hacer, el de descifrar la conducta del rubio. No, eso nunca.

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- No me digas que ahora también te la agarraste con la Weasley - rompió el silencio un rubio que se dirigía camino al Gran Comedor junto con una morena, luego del incidente con el Trío Dorado. Al parecer Hermione no había sido la única al pendiente de las miradas de la morena.

- ¿Qué? - preguntó encogiéndose de hombros - tiene buen culo - argumentó y el rubio sonrío burlón. Vaya que tenía amigos depravados y morbosos, pero ella, era la peor.

- Si, pero se más discreta, traumaste a Granger - le reprendió y la pelinegro se carcajeó mientras tomaba asiento al lado de su amigo en la mesa de las serpientes.

- No es mi culpa que sea tan puritana y que tu no le quites los ojos de encima - se defendió.

- ¿De quién hablan? ¿Granger tal vez? - se mofó una voz a espalda de los dos amigos.

- Zabini cállate - le gruñó el rubio mientras el aludido se sentaba a su lado.

- Mira Draco no me culpes a mi, de conocerte tan bien, y de que seas tan obvio, el noventa por ciento de nuestras conversaciones son de la Gryffindor - le dijo mientras se mordía el labio para no reir de la expresión de su amigo.

- Es cierto Draco, deberías ya dejar de una vez por toda esa manía tuya de insultarla, y comenzar a tratarla bien - intervino un castaño que se había mantenido al margen de la conversación desde que se sentaron a su lado.

- Oh si Theo, empezaría algo así , ayer te dije sangre sucia y que te odio, pero bueno ¿te ayudo con tus deberes? - dijo articulando graciosamente causando una carcajada general por partes de las serpientes.

- Draco creo que Granger no necesitaría que le ayuden precisamente con los deberes - se burló la morena.

- Oh ya cállense - siseó el rubio preguntándose mentalmente cuando había conseguido esos amigos y cuando había perdido todo el respeto que antes de la Guerra había obtenido. Al caño, junto con sus ideales de sangre, su cabeza, su corazón y su racionalidad, y todo por culpa de la misma persona. Que en ese momento veía de reojo a las serpientes, sin que nadie se percatara de ello.

- Hola - se escuchó una voz soñadora en la mesa de los leones, y el Trío Dorado sonrieron devolviéndole el saludo a Luna - ¿Se te perdieron algunos Nargles en la mesa de Slytherin, Hermione? - pregunto ingenuamente ganándose una mirada de horror por parte de la aludida, y una burlona de parte de la pelirroja que rodó los ojos mirando a la castaña.

- ¿Q-qué dices Luna? - preguntó la castaña.

- Los mirabas muy fijamente - dijo encogiéndose de hombros - bueno, no te esfuerces, yo siempre he querido conseguir los Nargles de Theodoro, pero jamás lo he conseguido, son muy escurridizos, pero espero que tengas mejor suerte con Draco - se despidió y desapareció tan inesperadamente como llegó, dejando a la mesa de los leones en un extraño silencio. Una pelirroja parpadeaba confusa en si reír o preocuparse. Sin duda reírse por la estupefacción de sus amigos, en especial la de la castaña, pero preocuparse, porque si no le fallaba su intuición de chica, aquella había sido una manera de declararse abiertamente enamorada de una serpiente, por parte de su rubia amiga.

- T-toca clases - anunció la castaña rompiendo el silencio, y con asentimientos como respuesta los Gryffindor se encaminaron a la salida del Gran Comedor, a la par que un grupo de 4 serpientes que habían decidido salir al mismo tiempo, estratégicamente. Iban a dar inicio a la operación - como le llamaba Blaize - heredar Gryffindors. Lo cual consistía básicamente en conquistar, poco a poco a la Gryffindor, para al final tener sexo, casarse - sólo si era estrictamente necesario - y engendrar miles de Gryffindor, para que el rubio fuera extinguido del árbol familiar de Grimmud Place.

- Fíjate por donde vas - le riñó un moreno a el niño-que-vivió, que se había tropezado inminentemente con Blaize Zabini, que obviamente había buscado el tropiezo, voluntariamente. Más atrás se habían quedado agazapados las dos Gryffindors a la par que un rubio y una morena.

- ¿Qué acaso las serpientes perdieron la capacidad de ver por donde pisan? - dijo enojada la pelirroja mientras se sumergía en un intercambio - no muy grato - de opiniones con la morena que no paraba de mirarle el escoto, al parecer, para la total ignorancia de la chica. La castaña en un principio había tenido las intenciones de frenar la disputa de las dos chicas, pero viéndose olímpicamente ignorado, desistió, y ahora se había sumergido en un silencio incomodo, al lado de un rubio que parecía encontrarse, por primera vez, sin ningún comentario sarcástico para decir.

- Granger - le llamó rompiendo el silencio, sabiendo que sus amigos no podrían mantener mucho más tiempo a los leones allí. La chica volteó a mirarlo - Anoche en las cocinas, yo les mande a Winky - le informó y se reprendió mentalmente por ello. Si bien era cierto, no era precisamente lo que había querido decirle, puesto que le podría tachar de pretencioso, y no se equivocó.

- Mira Malfoy si esperas que te de las gracias por explotar tan injustamente a los elfos domésticos, siéntate a esperarlo - le dijo en un tono de voz tan enfadado como ofendido. Aunque la verdad es que lo que menos le importaba a la castaña en aquellos momentos era su fundación P.E.D.D.O, más bien se sentía totalmente confundido y con un grado de curiosidad alarmante, por las razones que habrían llevado al rubio a ayudarla.

El rubio suspiró dándose cuenta, que por millonésima vez en aquel curso, había metido la pata y siguió a sus amigos que se dirigían a la clase, una vez fuera del Gran Comedor seguido de lejos por los Gryffindors, decidió decirle algo más a la castaña, no quería haber arruinado esa oportunidad, por lo menos no por completo,

- Eh Granger - le gritó ignorando que muchos alumnos detenían su andar también esperando que la serpiente soltara algún comentario mal intencionado como solía pasar siempre, más este nunca llego.

- Le pagué, y no me pareció una causa injusta - se limitó a decir dejando estupefacta a una castaña en medio del pasillo que daba directo para el aula de Estudios Muggles.


Bueno, iba a hacer un pedacito más de Femslash, pero me dio mucho fastidio así que lo decidí hacer Hermione-Draco completamente.

Me voy a dedicar bastante a esta pareja, a Theo-Luna y por supuesto a miles de posibilidades relaciones Chica-chica. Gracias a las dos chicas que me dejaron sus reviews.

Y espero que me sigan dejando reviews.