Akeifa san reportandose de nuevo!

Y los culpables son los hermosos revs que me pidieron continuación.

Dedicatoria: La primera es para toda la gente linda de Hetarol, donde posteo y roleo con mi Jose María... y Dangerous Pencil/ Papa tonio prometiste amarme mas kufufuf -abrazooo-. La segunda es para Yukime Hiwatari san que me dio la idea notan explicita pero con lo que dijo mi cerebro hizo lo demas ju.. Y la tercera es para Angelical, Usagi Asakura y Andy por sus revs que me hicieron decidirme a hacerlo.

No soy buena con historia lo dije con el capitulo anterior, asi que si alguien de España lee esto por favor ilustreme si me equivoco intente de verdad investigar en wikipedia pero mi cabeza es una piedra para la historia.

Discleamer: Los fragmentos que pongo son canciones, del Guatemalteco Ricardo Arjona en su Disco galeria caribe. Hetalia no me pertenece tampoco, Solo Jose Maria.

Advertencias: ChicoXChico. Hago sufrir a España no me asesinen.

Tiempos de colonización sometimiento y fusión de independencias y muerte.
Se dibujan sobre tu piel mujer de Guanahaní recompensando al destino. ...

Hija de este mar.

De la esclavitud.

De un conquistador, de un indio taíno y del tiempo.

La edad de plata de las letras y ciencias españolas se venia a pique. La guerra civil lo estaba rompiendo por dentro. A este paso el gran y maravilloso imperio español se iba a venir abajo. Tantas bajas, tanta gente inocente muriendo. Si todos ellos habían nacido bajo la misma bandera ¿por que se estaban matando entre ellos? Antonio Fernandez Carriedo, la representación de el país España cerró los ojos cansado de tanta desgracia en su casa. Si su propia gente no se ocupaba mas de matarse entre ellos ¿a el que le quedaba? Desde que incluso su "familia" lo había dejado. Un dolor en el pecho le dio al recordar a cada uno de sus hijos cansado de sus "deseos" o mas bien de cumplirlos lo habían echado de sus vidas.

Un "nunca mas" resonó en su mente junto a unos ojos achocolatados. Ropas rasgadas, marcas de cicatrices y ropa humilde eran el marco que retrataba a su antigua colonia.

Un fuerte estruendo provocado por un cañón le devolvió a la realidad. El español dirigió la mirada a uno de sus costados le hizo contar "uno mas". Vio gente corriendo por las calles, lo que mas dolía de las guerras era ver a los pequeños niños, como los que el alguna vez tuvo, quedándose solos y sin nadie... justo como el se sentía ahora.

Mientras observaba la desgracia alrededor no escucho unos pasos que venían tras el, no supo de esa presencia hasta que un par de manos morenas le cubrieron los ojos. Sobresaltado pensó en buscar su hacha por si alguno de los soldados había tenido la tonta idea de intentar inclinarlo a un lado, pensamiento que se detuvo cuando escucho una suave voz detrás de el.

-Ya no ande viendo cosas tristes Madre España... por favor acompáñeme tengo que hablar con usted-

Sabia de quien era esa voz y para que negarlo. Se asustó. Si justo ahora su pequeño Jose intentaba desquitarse por el dolor anterior lo lograría sin mucho esfuerzo, pero aun así lo siguió al despacho para asuntos de política donde el joven de piel morena le extendía serio una carta.

Tragó saliva al pensar que podría ser una factura por daños anteriores como hacia Francia, tal vez una declaración de guerra y el no podría odiarlo por eso. Y tenia dos grandes motivos para esto.

El primero es que su pequeño Jose ..."Maria" tenia motivos para odiarlo y para intentar vengarse de el después de todas las veces que lo hirió. Y segundo y mas fuerte, lo amaba. Amaba a su "joya" como jamas amo a ningún otro en su casa.

Así que abrió lentamente el sobre esperando leer algo que le rompiera el corazón pero inesperadamente era una invitación oficial para 500 niños españoles, ademas de una lista de nombres de intelectuales reconocidos y su propio nombre. Todas estas personas estaban invitadas a pasar el tiempo necesario en México hasta que la guerra civil cesara.

México no lo miro a los ojos. -Mi actual jefe el señor Lazaro Cardenas invita a estas personas... no esta bien que los niños paguen los platos que sus padres rompen, ni que genios dejen de servir a la humanidad por guerras políticas. Eso es todo España, los estaré esperando en el puerto a todos para irnos en una semana.-

Su voz era seria, ya no era ese pequeñito que se había levantado en armas contra el, ahora en una joven nación que le brindaba su apoyo a otra. Podía sentirse orgulloso sin duda de ese chiquillo.

Volteo a su alrededor...tenia que ir viendo a los 500 niños invitados, estaba emocionado para que mentir, todos ellos estarían a salvo, y gracias a su niño. Camino por los albergues donde había intentado mantener a salvo a los pequeños, un chico se acerco a el con sus ojos húmedos y con marcadas ojeras jalando su mano

-¿Y mi madre y padre?-

El recuerdo de un niño con piel morena, con un idioma que el desconocía y esa misma mirada llego a su mente. Sonrió leve al pensar en ese pequeño, su mirada se volvió nostálgica al pensar en todo el tiempo que había pasado. En tantas cosas que intento y en todas las veces ni con todas sus fuerzas pudo evitar las lagrimas en el pequeño que hoy ofrecía asilo a otros 500. ¿Seria una indirecta de "Yo hago por ellos lo que tu no hiciste por mi"? Sus ojos se humedecieron con esa idea así que siguió llamando a los menores para llevar a tantos como pudieran de esa institución y otras y llevarlos a México.

Después de la semana indicada el país mas joven estaba sentado mirando el puerto, con el entrecejo fruncido ante todo el caos que reinaba en su antiguo hogar, alerta de cualquier movimiento que pudiera significar un ataque a el o a sus barcos. Sus manos estaban apretadas fuertemente en las maderas del puerto. Ese lugar le traía demasiados recuerdos. Alegres, tristes, dolorosos y de otros tipos. Coloco la mano sobre su pecho, donde una marca le recorría el corazón. Eso le había costado su independencia. ¿Ironía? De pésimo gusto si querían su opinión.

Pudo ver soldados escoltando a los niños al barco, gente armada en un claro cese al fuego conducían a lo infantes. El estomago del americano dio un vuelco cuando observo a la persona que iba al final del grupo, con varios vendajes, caminando algo mas lento asegurándose de que nadie e quedara atrás, el imperio español cargaba el hacha que aun hacia desviar la vista a casi todos los latinos, pero esta vez sin ese porte orgulloso, si no en defensa de ese pequeño grupo. México ayudo a pasar a los niños, explico brevemente como estaba conformado el barco y les asigno tarjetas de identificación a los pequeños. Cuando por fin llego al final se dirigió solo a Antonio, señalando un camarote a un lado. Cada palabra parecía ensayada, muy formal para ser sincera del niño amante de las piñatas y de las posadas que cada navidad era un diablillo. Aun así España se quedo viendo como caminaba mirándolo de reojo de vez en cuando a su habitación.

No pensó y toco esa puerta de madera. El sonido de algo cayéndose pasos y luego de unos momentos se escucho como abrían la puerta, casi pudo ver que la seguridad con la que el menor le había hablado había disminuido.

-España no puede entrar al camarote de México... lo lamento pero se lo dije hace un minuto.-

-¿Y si es Antonio el que quiere entrar al cuarto? -

El moreno no dijo nada, se quedo mirándolo un largo rato, indeciso. Las puertas se abrieron dejándolo pasar y con el primer paso ambos cuerpos soltaron el aire retenido por la tensión.

México apretó su mano y se quedo parado viendo al autor de sus mayores alegrías y sus peores penurias, pero que en este momento no sabia "cual" era, no estaba ese brillo que le hacia sentirse lleno, esa voz cálida que le cantaba canciones de cuna tampoco sonaba igual, pero no estaba ese brillo algo demente y avaricioso en sus joyas verdes así que no sabia aun frente a quien estaba. El sabia que las revoluciones no eran cualquier cosa así que prefería no probar su suerte, por que la suya nunca había sido muy buena.

-Gracias- El mayor coloco una mano en la mejilla de la otra nación observándolo algo extrañado. -¿Y tus lentes?-

El ceño se frunció en el delicado rostro- Al parecer cuando Alfred dijo que le gustaban mis lentes, no era que le gustara como se me veían... si no que le gustaban para el-

Ambos tomaron una expresión molesta ante la mención del rubio cada uno por sus motivos. Segundos después por fin se había relajado el ambiente.

-Mirame- Dijo España tomando el rostro ajeno sintiendo como este se tensaba. -...te extrañe- una sonrisa triste, la misma que le dio cuando firmo desde documento que los deslindaba, el acta de independencia.

-Madre...Espa...-