–Ríndete, evita un encuentro y dame tus tierras, podrás seguir siendo un pirata aventurero… –dijo después de unos minutos, rompiendo el silencio. El otro le miro incrédulo y empezó a reír–. No estás hecho para esto, eres más un aventurero que un señor feudal –finalizó con aire de seriedad, mirándole directamente a los ojos. Viendo que no se trataba de una broma, esquivó la mirada de Mouri y, tras unos segundos, respondió.
–Aun si tuvieras razón, la fama de tu indiferencia hacia tus lacayos no me permitiría dejar a mi gente en tus manos, Mouri-kun –comentó, con una sonrisilla.
–Puedes seguir al frente de ellos… –dio un paso, acortando el espacio que los separaba–. Sólo por título sería mío...
–Motonari… –susurró, mientras tomaba las manos del aludido para besarlas.
–Serías mi mano derecha…
–Detente… –apretó las manos de Hijo del Sol contra su pecho–. Ya hemos hablado de esto...
–Estarías a mi lado… –esto último salió con una voz insegura y temblorosa.
–Basta, Motonari –soltó sus manos para tomar su rostro y besarlo suavemente.
Mouri lo miró a los ojos con toda sinceridad y dijo, en un tono casi inaudible:
–Quédate aquí… Motochika, yo...
–¡Basta! –apretó fuerte su único ojo, sintiéndose miserable por la mirada tan dulce y entregada de su compañero–. Escúchame, por favor… Para nosotros no existe el "por siempre te amaré", "por siempre estaré contigo", somos propiedad del mar y con él está nuestro destino... amamos con entrega, sí, pero es como una tormenta, peligrosa, devastadora... Siempre deja marcas, y si te descuidas te hundirá a ti y todo lo que te rodea –declaró el joven cano con aire ausente.
–Entonces... ¿Qué es lo que buscas aquí, pirata...?
–Esta noche llueve, déjame ser la tormenta que azote tus tierras... –decía mientras se inclinaba para besar los labios de su compañero una vez más–. Déjame reclamarte como mío por esta noche...
Mouri se retorcía y giró el rostro, con las manos temblorosas a los lados de su cuerpo.
–Aléjate... ¿No me has lastimado lo suficiente ya?
Motochika se detuvo, apoyando su frente en el hombro del mas pequeño, llegándole de golpe todo lo que implicaba esa última frase. Lo deseaba, lo quería, pero sabía que para Motonari era imposible entender que él no podía estar atado.
Mouri echó la cabeza hacia atrás y su cabello se deslizó como suaves hebras de seda.
–No lo entiendo... –sollozaba, inclinando la cabeza hacia adelante y quedando cubierto por la cortina de cabello–. No te entiendo. Déjame ya, por favor, nos van a ver –empujó a Motochika con sus manos enguantadas, con los puños cerrados para no sentir en sus dedos el contacto con la piel ardiente del pirata.
El más alto se alejó sin oponer resistencia, con una mirada de infinita tristeza pintada en su cara. Quería abrazarlo, besarlo, decirle cuánto lo amaba mientras lo tomaba, pero sabía que a la mañana siguiente su necesidad por respirar el aire del mar sería más fuerte que ese amor... y que terminaría igual que las otras veces. Al final, sólo logró articular un simple "Adiós".
–¡Descarguen con cuidado! Oigan, eso no es para ustedes, ¡si rompen un solo barril lo descontaré de su sueldo! –un hombre estresado gritaba órdenes a un montón de rufianes que bajaban, al parecer, un importante cargamento.
–Te vas a hacer viejo pronto –rió a carcajadas el líder de todos esos bandidos.
–¡Aniki! Estos bastardos no hacen caso a nada de lo que les digo –se quejó con exageración el otro.
–Déjalos, venimos a relajarnos, ampliar lazos, blah, blah, blah –balbuceo el jefe–. Cuando terminen iremos a visitar al Dokuganryu y a su sequito de vagos, están emocionados.
Uno de los piratas se dio vuelta cuando vio que corría hacia ellos un hombre vestido de verde.
–¡Chousokabe-sama...! –exclamaba, agitado.
El sirviente llegó hasta Motochika y apoyó las manos en las rodillas, respirando exhausto.
–¿Huh...? –respondió el pirata con molestia.
–Disculpe si lo interrumpo, señor –dijo el hombre, alisándose el traje–. Le traigo una carta de mi señor Mouri.
Metiendo la mano dentro del amplio saco que llevaba, sacó un sobre rectangular y lo extendió hacia el pirata.
Chousokabe tomo el sobre con el seño fruncido, era raro que el señor de Aki lo contactara fuera de los esporádicos encuentros que solían tener, a menos que fuera para avisar de una próxima visita. Desplegó la carta mientras el sirviente se retiraba, y luego de ordenar a sus vasallos que siguieran trabajando, la leyó en silencio.
"Creo que hasta ahora no he podido contar ni una sola vez en la que haya despertado encontrándote a mi lado", comenzaba la apretada caligrafía de Motonari. "Es algo que me hace muy infeliz, porque muchas veces sentía que no te importaba en lo absoluto lo que fuera de mí. Sentía que sólo me habías utilizado.
"Pero, aun así, nunca me negué a estar contigo cuando tú lo quisiste. Todas las noches que quisiste que te complaciera, ahí estuve.
"Yo entiendo... Siempre he entendido que no puedes ni quieres atarte a nadie, entiendo que tu naturaleza es nómade. De veras lo entiendo y trato de tenerlo siempre presente. Pero si me quieres de verdad, como más de una vez dijiste, como más de una vez juraste... Me juraste que me amabas, lo hiciste aquella noche en la que no me soltaste ni por un minuto... e incluso jurándolo no puedes aceptar un compromiso.
"¿Qué es lo que te asusta de estar conmigo? ¿Que se apague tu llama, que pierdas los bríos y las ansias de libertad? Nunca se me ocurrió censurarte, no te habría prohibido nada, en parte porque no corresponde y en parte porque no lo deseo. Te amo sinceramente, con todo mi ser, con todo lo que tengo. Te ofrecí ser mi vasallo y no quisiste. Te ofrecí ser yo el tuyo, tener todas mis tierras, todas mis posesiones... y tampoco lo quisiste así.
"Motochika, nunca dejaré de desear que estés conmigo, que sólo tú me toques y me beses, que sólo tú me invadas. Ya lo he comprobado... no puedo ni quiero estar con otra persona.
"Pero si tú realmente no me quieres, dímelo sin miedo. El dolor que puedas causarme así será menor que el que me causarás si sigues jugando conmigo de esta manera tan cruel.
"Tuyo para siempre...
"Motonari."
Al terminar de leer la carta, dejó caer los brazos pesadamente a sus costados. Abollando el papel con enojo, le invadió un tremendo dolor en el pecho, sumado a la rabia de semejante petición.
Hizo el ademan de lanzar la bola de papel al mar, pero al final no pudo dejarlo ir y lo guardó en uno de los bolsillos de su pantalón.
¿Qué se suponía que debía hacer? Él sabía que jamás podría complacer al líder de Aki del modo en que éste lo deseaba, pero tampoco deseaba perderlo. Lo amaba... ¿Cierto?
Durante el tiempo que tardaron en arreglar el cargamento, y el largo camino a casa del Dragón, el pirata viajó en silencio, pensando en todas las posibilidades, en lo que deseaba realmente. Frustrado, sin lograr llegar a una solución concreta, no notó que habían llegado a su destino.
Ese mismo trayecto habían recorrido a caballo las fuerzas de Date, sin esperar encontrarse con una gran comitiva al momento en que el grueso principal se acercaba al castillo de la familia regente de Oushuu.
Kojuurou se apeó del caballo y se acercó a los bandidos.
–Buenos días, Chousokabe.
El pirata, que estaba sentado en el suelo con una jarra de sake, lo saludó agitando la botella frente a él. Luego se puso de pie.
–Venimos a... –se quedó pensando en el motivo de su visita, que realmente había sido una decisión que ni siquiera había analizado.
–Supongo que los bandidos necesitan un cambio de aires –intervino Date, saltando desde su montura.
–Claro... debe ser eso –replicó el pirata en voz baja al ver a la persona que esperaba, para luego recuperar la vivacidad–. Oh, pero no creas que venimos a pedirte asilo sin nada a cambio, traemos regalos, cosas de nuestras tierras y algunas de otros viajes.
–Ése no es un problema –dijo Kojuurou, haciendo una reverencia–. Las puertas de la casa de Date están abiertas para cualquier visitante bienintencionado.
–Eh.. en cuanto a eso... –comentó Motochika, un tanto bromista–. Queríamos dejar los regalos en su casa... pero, al vernos llegar, no fuimos exactamente bien recibidos por los guardias.
Amo y criado desviaron la mirada hacia el portón del palacio, donde una pila de guerreros yacía apiñada. Varios quejidos se escuchaban de la montaña de hombres. Date se echó a reír a viva voz mientras Kojuurou se cubría el rostro con una mano.
Por primera vez desde que había comenzado el viaje, Motochika olvidó lo que le molestaba. La risa del joven tuerto lo llenó hasta que él mismo le dedicó una amplia sonrisa.
–¡Bien, holgazanes! ¡Ayuden a cargar a los vagos de Oushuu! Hay que hacer las entregas necesarias antes de la fiesta –ordenó el hombre, proclamando una celebración en casa ajena sin siquiera pedir permiso.
La cara de Kojuurou se crispó en sorpresa e desconcierto, pero el rostro sonriente de Masamune fue suficiente para que apagara la indignación.
Después de presentar todo lo que traían como ofrenda de paz, abrieron las botellas y comenzaron la celebración. Una voz decía que su Aniki debiera contar historias de verdad a esos hombres de tierra. Al principio se resistió, pero alentado por la curiosidad en la cara de Masamune, comenzó a hablar de avistamientos en el mar, de otras tierras, otras lenguas, cortesanas hermosas, hombres valientes. Terminó su relato, dando a lugar a que los otros continuaran con otras historias.
Sin embargo, y como el espíritu de competencia era extremo, uno de los vasallos de Date pidió que su Jefe contara sus propias aventuras. Sin hacerse rogar entonces, el joven vestido de azul recorrió todas sus peripecias en el extranjero, todas las cosas impresionantes que había visto y el nuevo idioma que había aprendido.
Habló de otras culturas, de otras religiones, de formas muy distintas de ver el mundo.
Motochika escuchaba fascinado. Si bien le interesaba mucho saber de otros lugares, estaba más entretenido analizando cada movimiento del muchacho.
Cuando el Dragón terminó su relato, el pirata se acercó a él, entregándole una botellita diferente al licor que todos los demás bebían.
Masamune lo observó con curiosidad, tomó la botella y olió su contenido.
–En la tierra que me lo dieron le llaman Absinthe o "El hada verde" –nombre que hacia alusión al brillante liquido verde–. No preguntes por qué te lo doy, es lo más interesante que encontré en mi colección –añadió, volteando a otro lado, un tanto sonrojado.
El joven abrió un poco el ojo, sorprendido por aquella declaración. Al fin, encogiéndose de hombros, acercó la botella a sus labios y dio un largo trago. Unos segundos después de que el líquido bajara por su garganta, sintió una revolución que le subía desde el estómago hasta la cabeza, y necesitó sentarse nuevamente.
–Holy shit –dijo, parpadeando fuertemente–. ¿Qué rayos tiene esta cosa?
–Esta hecho de hierbas, o algo así escuche –Motochika se encogió de hombros–. Tiene un sabor interesante, ¿no lo crees? Aunque, pensándolo bien, después de un par de tragos la primera vez, perdí la consciencia.
–¿Eso tratas de hacer, Demonio desgraciado? –se quejó Masamune, entre risas.
De pronto, una figura larga se acercaba a ellos.
–Oh oh... –hizo Date, restregándose la cara con la mano enguantada.
–Katakura –le sonrió Motochika–. Prueba, prueba –dijo, quitándole la botella al Dragón y pasándosela a su criado.
Kojuurou recogió el regalo y olió desconfiado su contenido.
–¿Qué es? –preguntó, frunciendo el ceño hacia el pirata al ver que Date no lograba tener la cabeza erguida.
–Hada verde –fue la sencilla respuesta de éste–. Dale un buen trago.
El estratega dudó por unos segundos, pero luego llevó el pico a su boca y bebió una buena medida. Para sorpresa de ambos tuertos, no hizo caras raras ni se mareó, pero alabó el sabor de la bebida.
–Es realmente sabroso, pero... ¿de qué está hecho? –preguntó interesado, mientras giraba la botella en sus manos, inspeccionándola.
–¿En serio no te hizo nada? –se quejó Masamune, doblado sobre sí mismo–. Un solo trago de esa porquería me dejó knocked down...
–Bueno, el sake tiene menor graduación alcohólica –comentó Kojuurou, volviendo a beber–, pero depende de cómo se lo fermente hace mayor o menor efecto. El sake que bebimos en la mansión Takeda tiene algo que nunca había probado, fue capaz de embriagarme luego de unos pocos tragos... pero esto es hasta sabroso –decía, sin dejar de dar rápidos y cortos sorbos a la bebida.
–Ey, ey, tampoco te lo acabes –gruñó Motochika.
Una repentina pelea entre los soldados llamó la atención de los tres, que voltearon hacia el claro donde habían encendido un fuego.
–Qué poco decoro... –murmuró Katakura, devolviendo la botella a Chousokabe y regresando al trote a calmar a los pendencieros.
–¿Ya estás mejor? –preguntó el pirata al Dragón, luego de unos segundos.
–Creo que sí, pero si vuelvo a beber de esa cosa en serio perderé las pocas facultades mentales que me quedan –farfulló Date, intentando ponerse de pie.
Motochica le ofreció su mano en ayuda, mientras dejaba la botellita en el suelo. El Dragón alejo la ayuda de un manotazo y se incorporé de golpe, mareándose un poco, lo que provocó que resbalara contra el pirata.
Al sentir el calor del muchacho contra su pecho, lo abrazó suavemente.
–Demonio... –susurró Masamune.
–Aún tengo tu sabor inundando mi boca, Dragón... –le dijo suave al oído.
Date abrió los ojos y apretó los labios, coloreándose hasta la frente.
–¡Desgraciado...! –gimoteó, lanzando un débil golpe contra el pecho de Motochika.
El pirata rió a viva voz.
–Anda, en ese estado no le harías daño ni a una mosca. Vamos, a dormir la borrachera.
–N-No estoy ebrio... –tartamudeó el joven, pero cuando quiso soltarse y dar un paso, casi se fue de bruces al suelo. No cayó sólo porque Chousokabe lo sostuvo con fuerza por la muñeca.
–En serio, Dragón –murmuró el pirata–. Tienes que descansar un poco. Apenas hoy llegaste de varios días de cabalgata.
Masamune bufó, molesto.
–Ahora mi nana eres tú...
–Sí, sí, sí – murmuró, mientras se echaba su brazo a los hombros para darle apoyo–. Te acompaño, pero debes guiarme.
Uno de los vasallos de Date llevó a ambos líderes hasta la mansión.
El pirata curioseaba con la mirada por todos los rincones mientras llevaba al amo de la casa.
–Ni pienses en robarte nada –murmuró Masamune, pisando con dificultad el suelo pulido del corredor.
–Lo único que me interesa llevarme de esta casa, ya lo traigo conmigo –contestó entre risas el bandido.
–Tch... Annoying bastard –escupió el Dragón por lo bajo.
El sirviente los dejó en la puerta de la habitación del joven daimyo, preguntando si necesitaban alguna otra cosa.
–Sólo una gran jarra de sake... el Demonio y yo tenemos muchas cosas de que hablar –ordenó Date, entrando a su cuarto.
Ya estando adentro, Chousokabe se abalanzo sobre el muchacho castaño, tratando de comerlo a besos, a lo que el otro apenas se pudo zafar con una serie de golpes desatinados.
–¡Para! ¿Crees que soy una de tus mujerzuelas? –soltó gruñidos irritados–. Ya decía yo que los hombres del mar son sólo un montón de bestias en celo.
Motochika frunció el ceño en molestia al escuchar aquello.
–Vaya, quién lo diría, eso suena bastante insultante viniendo de alguien que prácticamente me rogó que lo montara...
Date volvió a ponerse rojo como un tomate y lanzó un rodillazo al estómago del pirata. Éste llevó las manos al vientre, aspirando fuerte para recuperar el aire que le arrebató el golpe.
En ese momento llamó a la puerta el sirviente entregando el pedido de su amo, y al no necesitar nada más, se marchó.
–Hey, deja de quejarte –soltó con sorna el Dragón, a lo que el pirata volteó molesto. A punto de contestar algo, se vio interrumpido por el ofrecimiento de un trago, con la cara sonriente de Date–. Stop the nonsense –murmuró, sirviendo el aguardiente.
Con un suspiro resignado, Motochika se dejó caer al suelo con las piernas cruzadas y esperó a que el otro terminara de servir para ambos.
–A tu salud, pirata –dijo el joven, pasándole el choko. Acto seguido, se bebió su trago de una sola vez.
El pirata dio una media sonrisa antes de hacer lo mismo con su bebida.
–So... –empezó Masamune cuando ambos dejaron las "copas"–. ¿Cuál es el verdadero motivo de tu visita? Los dos sabemos muy bien que, si algo tienen los rufianes del mar, es aire que puedan disfrutar a gusto. Y dudo que quisieran venir a encerrarse a un valle, teniendo la inmensidad del mar para ustedes solos.
Motochika sabía que tarde o temprano tendría que dar el porqué de sus acciones, pero sinceramente aún no averiguaba el motivo de esa decisión tan repentina, así que salió con lo primero que sus neuronas le dieron.
–Saldremos a una nueva aventura, en realidad, a una larga. Tú lo dijiste, deberíamos dejar a los vagos jugar juntos –respondió, comenzando a quedarse sin ideas–. Quería se relajaran antes de zarpar a lo desconocido una vez más...
La respuesta no pareció convencer a Date, quien sólo tomó su larga pipa y la llenó de tabaco, encendiéndola con parsimonia. Tras aspirar una larga bocanada que dejó salir difusamente por entre sus labios delgados, observó fijamente al pirata.
–¿Tendrá algo que ver esa decisión con el hecho de que te tragaste todo mi semen? –inquirió, con tono firme.
Después de haber zanjado el tema del sexo hacía un rato, esa pregunta lo tomó fuera de compostura, haciendo que se coloraran un poco sus mejillas. Sólo atino a soltar un "¿Ah?".
–¿Cómo esperas que olvide algo así? –reclamó el Dragón–. Me dio tanta vergüenza que no podía mirarte a la cara –refunfuñó, desviando la mirada.
–Pues... Sólo pasó, lo disfrutaba demasiado, no pensé nada de lo que te hacía, sólo… Pues eso, lo hacia... –balbuceaba Chousokabe, confundido. Jamás le habían cuestionado su comportamiento en la "cama".
Al ver su incomodidad, el joven de cabello castaño dejó la actitud defensiva y trató de hablar con más tacto.
–Well, no quiero que pienses que no... lo disfruté también –dijo, con voz bien alta que se fue apagando hacia el final de la frase–. Pero es que simplemente me dejó algo desconcertado. Nos habían presentado ese mismo día, antes de eso tú no sabías siquiera de mi existencia, creo que hasta pensabas que mi padre seguía con vida.
Chousokabe iba a decir algo, pero Masamune siguió hablando.
–Y a decir verdad, aunque prácticamente me regalé en bandeja de plata... yo te escuché con Mouri. Me encendieron, bastards –soltó una risita nerviosa–, pero por lo que alcancé a oír, no estaba muy feliz de que te le arrojaras encima.
El Demonio de los Mares siguió callado ante aquel último comentario.
–¿Es sólo eso lo que ocurre entre ustedes, tú lo atacas y él lo sufre... o son algo más? –cuestionó, en voz baja pero grave.
Se quedo pensando la pregunta del Dragón por unos momentos. No era como si no supiera lo que pasaba, sólo que en ese instante no sabía que era lo que iba a ser de ellos. Quizá el Dragón podría darle una solución, pero no... Ése era su problema.
–Somos... fuimos... –no encontraba cómo comenzar–. Supongo que lo que oíste son las cenizas de un fuego pasado. El señor de Aki es un hombre fuerte, orgulloso de sus posesiones. Yo... Yo soy un hijo de puta que no desea ser poseído.
Tras decir eso último, se dejó caer sobre su espalda con lo brazos extendidos. Realmente era un bastardo.
Date volvió a aspirar de su pipa con lentitud.
–I disagree –comentó–. No te conozco casi nada, pero no creo que lo seas. La gente hija de puta me da mala espina desde el inicio.
El pirata comenzó a reír tirado donde estaba, llevándose una mano a la cara.
–Realmente eres interesante, Dragón –dijo en tono bajo, para regresar a un volumen normal–. ¿Que hay de ti? No todos los días llega alguien ofreciéndote un juego tan interesante como ése –murmuró, haciendo alusión a la lamida de la botella.
–Tsk –Masamune chasqueó la lengua–. Sólo quería ver hasta dónde llegabas. Hay algo en ti que atrae, no sabría cómo describirlo, pero es como... magnetic.
El hombre en el suelo abrió grande su ojo, eso era justo lo que pensaba del muchacho también. Se levantó de golpe y lo miró fijamente.
–Creo que nos parecemos demasiado –le devolvió el choko, pidiendo más de la bebida.
El joven de cabello castaño volvió a servir sake para ambos y se bebió el suyo de un golpe.
–Seems so... –susurró, dejando el choko y la pipa a un lado y gateando lentamente hacia Motochika. Rozando la nariz del pirata con la suya, lo empujó lentamente hacia atrás hasta que el líder de Shikoku quedó nuevamente tendido de cara al cielo. Trepando con sus piernas largas sobre la cintura de Chousokabe, se inclinó sobre él, apoyando los codos en el tatami y respirando muy cerca de la boca del pirata.
Éste se sentía totalmente hipnotizado, embriagado ya fuera por el sake o por el aliento a tabaco del joven. Subió lentamente su mano derecha, recorriendo la pierna del chico, y trató de incorporarse para besarlo.
El Dragón advirtió aquella intención y llevó sus manos a la cabeza de Motochika, sujetando suavemente su cabello cano y lamiendo despacio sus labios ajados.
–¿Así es como besa Motonari...? –susurró, con un fulgor rabioso en su único ojo.
–¿Qué...? – Motochika arrugó la frente, entre confundido y molesto.
–Kojuurou los vio en el baño de Takeda –respondió con dureza el más joven–. No creo que el beso apasionado que le dabas sea el de alguien que ya no quiere a su amante.
Date seguía sosteniendo al pirata por la cabeza, aunque sus dedos ya no lo agarraban suavemente. Se habían transformado en diez fuertes garras.
Chousokabe se llenó de rabia con ese comentario y trató de hacer un lado al impertinente Dragón, que no cedió ni un centímetro.
–¿Y a ti en qué te afecta lo que tenga o no con Mouri? –su respiración era pesada.
–Me afecta porque no quiero meterme contigo y que luego salgas corriendo a buscar a tu mujercita –murmuró el Dragón, mirando fijamente el ojo sano de Motochika–. Me afecta porque, si esto llega a convertirse en lo que creo que puede convertirse, no soportaré que...
Las palabras de Date golpearon su cabeza con fuerza. Aquello lo sorprendió mucho y sintió como un escalofrío recorría todo su cuerpo.
–¿Que qué...? –dijo, apenas en un susurro.
Masamune soltó la cabeza de Chousokabe y apoyó el mentón en su hombro, con los labios muy cerca de la oreja del pirata.
–No puedo... No puedo negar que me atraes de una forma casi animal –la voz del muchacho era grave y la escuchaba perfectamente, silbando en su oído–. Pero... también quiero conocerte, quiero saber quién eres, ver si logro distinguirlo, amar... amar a quien eres de verdad...
La respuesta dejo noqueado a Motochika. ¿Cómo podía decirlo así como así? Otro escalofrío recorrió su cuerpo, causándole un ligero temblor que se alojó en la boca de su estomago.
Se abrazó fuertemente al cuerpo que tenía encima, no podía responder nada, estaba lleno de sentimientos encontrados, pero definitivamente no quería soltarlo. Pensaba que, si dudaba aunque fuera un poco, el Dragón se iría en ese mismo instante.
–¿Y tú...? –susurró Date, quitándose los guantes y acariciando tiernamente el cabello del pirata con los dedos desnudos.
Chosokabe lo miraba fijamente con desesperación, con deseo, con clara confusión. Deseaba besarlo, abrazarlo, domar la fuerza del muchacho, sabía que podía llegar a amarlo, ya sentía que lo absorbía enteramente.
–Yo... –cuando estaba apunto de acceder, de entregarse al Dragón sin pensarlo, algo en el fondo de su conciencia le hiso recordar el abrazo desesperado de Motonari, la carta que le había enviado.
Estaba hecho un lío. Su cuerpo reaccionó por él, llenando de líquido ardiente su único ojo, el que se derramo en una clara lágrima que sorprendió a ambos.
–¿Qué ocurre? –preguntó Masamune, frunciendo el ceño aunque con voz dulce.
Se sentía frágil bajo el dominio del dragón, tan débil... Volteó el rostro para no encarar a Date y dijo en voz muy baja:
–No me pidas que me ate a ti... Yo... Yo realmente te deseo –se levantó con fuerza, quedando sentado con el Dragón sobre sus piernas–. Deseo saber qué es lo que hay en ti, eres como un remolino que me arrastra con fuerza, pero temo que me hundas y me ahogues –lo abrazó con mayor intensidad, al punto donde incluso sus brazos le dolían–. Pero no quiero soltarte, no puedo alejarme de tu fuerza.
Masamune permaneció en silencio unos segundos.
–Si me aceptas, si nunca me traicionas... yo nunca te ahogaré, jamás te dejaré –susurró, apoyando la cabeza sobre el pecho del pirata.
Las palabras de Masamune le recordaron a Mouri y le dolió mucho pensar que le haría lo mismo.
–No te puedo dar una respuesta sincera ahora... Déjame terminar mis asuntos con Motonari y entonces te responderé sin ningún juego... –cuando terminó de hablar fue aflojando el agarre que tenía sobre el muchacho, hasta dejar sus palmas apenas sobre la cadera de Date.
–¿Tienes miedo de intentarlo? –cuestionó éste último.
–Tengo miedo de mentirte...
El muchacho pareció meditar algo por un largo minuto, mientras escuchaba el corazón de Motochika latiendo en su oído.
–¿Le mentiste a Mouri?
–Creí que le era sincero, pero... Sí, podría decir que le mentí –le dolía aceptar eso.
–How so? ¿Cómo llegaste a esa conclusión?
El tono de Date parecía interesado en verdad, tal vez no deseaba revolver viejas heridas sino estar seguro de que él mismo no saldría herido.
–Eres difícil, Dokuganryu –suspiró Motochika–. Es una larga historia, ¿seguro quieres oírla?
–Puedes ser breve sin perder mi interés –se rió el chico–. ¿Quieres que me baje?
–Me gustaría más sake...
Masamune interpretó eso como un "Bájate" y soltó al pirata, levantándose. Fue hasta la botella y se sentó, sirviendo nuevamente y ofreciendo el choko a su invitado.
El de cabello cano empezó su relato mirando fijamente el líquido en su mano.
–Cuando lo conocí, la primera vez que lo tomé... era tan frágil, tan... hermoso, le dije que lo amaba... Sentía que lo amaba, pero cuando llegó la mañana ese sentimiento desapareció y me inundó la necesidad de huir, de alejarme de él. Y fue lo que hice, recuerdo que, a las horas de haber dejado su habitación, me buscaba reclamándome por mi ausencia –añadió, con una sonrisa llena de melancolía.
El joven Dragón escuchaba con la cabeza gacha. Había tomado su pipa nuevamente y fumaba en silencio.
–Por un par de años vivimos una relación así, yo iba a sus tierras o el anunciaba visitar las mías y lo esperaba con ansias... y siempre era lo mismo, al final de la noche eran más mis deseos de huir que de estar a su lado... Hasta que un día se cansó y pidió que me comprometiera, que estuviera con él... –cambió su cara por una de tristeza–. Ese día se terminó todo entre nosotros, o casi todo.
–¿Cuándo fue eso? –preguntó Masamune.
–No lo sé... Hace un par de años, quizá... Desde entonces sólo nos vemos en reuniones y esas cosas. Tenemos encuentros... Pero ahora pienso que quizá todo fue una mentira, o sólo fue el miedo a perder mi libertad, no lo sé.
Soltó un gran suspiro y bebió todo lo que le quedaba de sake. Date volvió a servirle el aguardiente y se quedó pensando en silencio.
El mayor guardo silencio esperando una respuesta, una crítica, lo que fuera, estaba nervioso por lo que pudiera pensar el chico.
–¿Y qué es lo que quiere él? –levantó la vista, con una expresión casi neutral en su rostro–. ¿Él sigue queriendo que te comprometas?
–Él desea que esté a su lado, dice que no me restringirá, que jamás me quitará mi libertad... que tan solo quiere que este junto a él.
–¿Qué es lo que te detiene entonces? Te asegura tu libertad, la libertad que tanto amas... ¿Tienes miedo de que no la respete?
Motochika guardó silencio por unos segundos.
–Antes de venir aquí, me envió una carta... Por el camino me venía cuestionando lo mismo, Dokuganryu –le sonrió con tristeza, sacando la bola arrugada de papel del bolsillo de su pantalón.
Masamune levantó la ceja en desconcierto. ¿Cómo había arruinado así una carta de alguien tan importante para él?
–¿Estás seguro de que debería leerla yo? –preguntó por lo bajo, sintiéndose un poco incómodo. Era la sensibilidad de Mouri, seguramente allí habría volcado sus más privados sentimientos.
–No deseo esconderte nada... Es tu decisión si quieres leerla o no.
El Dragón se debatió entonces entre la curiosidad y el respeto. Tras unos segundos de tortuosa meditación, finalmente optó por tomar la carta y desarrugarla lentamente. Leyó en silencio las primeras líneas; pero bajó el papel de inmediato.
–¿Que pasa? –Chousokabe lo miró confundido, pues se veía muy dispuesto a saberlo todo sobre su relacion con Mouri.
–Es que... duele –susurró Date, doblando con cuidado la carta y devolviéndosela–. Duele saber cuánto te ama, y qué poco recibe de ti.
El pirata suspiró hondo, sintiéndose culpable.
–Yo... –rió con una expresión de melancolía–. Te lo dije, soy un hijo de puta que no desea ser poseído... Pero no se lo oculté, no pienso las cosas antes de hablar, lo que digo es por que lo siento genuinamente en ese momento.
–Lo entiendo, a mí... me pasa lo mismo –concedió el Dragón–, pero dejar que te quiera no significa que te atará.
Se tumbó de nuevo sobre su espalda, cansado mentalmente de darle vueltas al asunto otra vez sin encontrar respuesta.
–Te lo dije, yo tampoco logro encontrar los motivos... Quizá tan sólo no es él con quien tengo que estar.
–Perhaps... Pero si eso es lo que piensas, tiene que saberlo –había leído de reojo la última parte de la carta, donde el desesperado Mouri pedía una respuesta.
–No estoy listo para verlo, hablar con él es casi imposible, a diferencia de ti –se talló la cara con fastidio.
–¿En serio? –el Dragón pareció sorprendido.
–Si... Es difícil razonar con él, no es que no entienda tus motivos... Es que le es difícil aceptar tu verdad sobre la de él, o algo así me imagino.
–Supongo que es porque te quiere tanto. Él sí debe creer que eres tú con quien debe estar. Es difícil aceptar que las cosas no son como las queremos.
–Lo es... Pero basta de hablar de mí... ¿Qué hay de ti, Date Masamune? ¿Hay alguien más invadiendo tus pensamientos... o cuerpo?
El joven rió nervioso ante el último comentario, sólo aspiró rápidamente de su pipa y miró fijo al pirata.
–Nadie... hasta que llegaste tú.
–Vaya, siendo tan popular imaginé que habría una fila de personas ya con tu marca personal –dijo entre risas el pirata.
–¿Popular, yo? Apenas acabo de suceder a mi padre... –murmuró el Dragón. Chousokabe parpadeó confundido.
–Oh... Lo decía por el trato de tus hombres, supuse seria así en todas tus tierras.
–Sólo soy señor de Oushuu, y mis vasallos son así porque son campesinos. No tienen mucha educación, pero sí grandes corazones.
–Ya veo... –murmuro cansado el pirata. Se arrastró en el suelo para apoyar su cabeza en la pierna de Date.
–Mandaré a que te preparen una habitación –dijo de pronto el joven, intentando levantarse.
–¡No!... es necesario –saliendo lo primero mas fuerte de lo que hubiera querido–. Déjame quedar aquí, me haces sentir tranquilo.
Masamune se extrañó al oír eso. Si alguna impresión tenía de sí mismo, era toda la contraria a la calma.
Motochika se acurrucó como pudo para dormir mejor sobre la pierna del joven.
–Espera, espera un poco –Date lo corrió con suavidad y se levantó. Fue hasta uno de los armarios y sacó de él unas gruesas mantas–. Estamos en primavera, pero en Oushuu hace un frío endiablado por las noches.
Desplegó una y la echó sobre Motochika, volviendo a sentarse a su lado.
–¿Tú no usarás nada? –preguntó éste con voz somnolienta. Realmente le cansaba viajar por tierra.
–No sé si duerma esta noche... –respondió el Dragón, con una dulce voz desconocida en él.
Con una mano fumaba lentamente, con la otra acariciaba despacio el cabello cano que caía sobre su pierna. Toda aquella situación le pareció extremadamente fantástica e increíble al joven Date; Chousokabe, que parecía siempre tan activo y agresivo, había abierto su alma de una manera tan sumisa que casi parecía otra persona.
Tal vez el pirata en verdad sentía que la persona con la que debía estar era él. Masamune tragó duramente el humo que aspiraba y lo retuvo en los pulmones por unos segundos, comenzando a angustiarse con aquella perspectiva de necesidad.
A pesar de que había dicho aquellas cosas con mucha seguridad, lo cierto era que Masamune nunca había tenido una relación verdadera o, con mucho, duradera. No conocía en absoluto el temple del pirata, pero sentía un extraño calor, como un cosquilleo en la punta de sus dedos, cuando lo miraba o lo tenía cerca. Le gustaba, le parecía muy atractivo aquel porte masculino, su cabello de color casi blanco, el hecho de que también era tuerto, la enorme masa de músculos que era su torso, sus manos poderosas. Pero no sabía si estaba listo para entregarse por completo como ya lo había hecho, cuando lo hizo sin pensar.
El sueño en el que cayó el pirata era profundo como pocas veces antes. Despreocupado e ignorante de todo a su alrededor, lo único que sabía era que estaba a salvo, y una calidez extraña le invadía incluso con el frío que sentía en su piel.
Casi a medianoche, Motochika despertó de su sopor sólo para encontrar a Date tendido de costado a su lado, por encima de la manta. Se había quitado la chaqueta y sus brazos y rostro estaban helados.
El pirata se quitó las prendas pesadas de su ropaje y puso su chaqueta a modo de almohada para Date. Luego se acomodó a su lado, los cubrió a ambos con la frazada y abrazó fuertemente al muchacho.
Cerca del amanecer, el Dragón abrió los ojos pesadamente, maldiciéndose por haberse quedado dormido. Pero se encontró preso del abrazo de Chousokabe, quien sí que dormía.
Tratando de levantarse sin despertarlo, se vistió torpemente y se dirigió a las cocinas de la mansión, buscando un poco de té con el cual calentarse.
Kojuurou estaba junto a los sirvientes, dándoles las verduras que acababa de traer de la huerta y ordenándoles cómo disponer el desayuno para las cuantiosas visitas que aún no se levantaban.
–Buenos días, Masamune-sama –saludó amablemente, mientras buscaba una taza y servía té en ella ceremoniosamente. Le estiró la bebida a su amo y éste la tomó muy despacio.
–Buenos días –saludó Date, parpadeando fuerte y pasándose la mano libre por su cabello despeinado.
Cuando el cielo comenzaba a tomar tintes claros sin que el sol lograra asomarse, el pirata abrió los ojos sintiéndose perdido. Por un momento no recordó dónde o por qué se encontraba en ese lugar.
Conforme terminaba de recobrar la consciencia, recordó la noche anterior y descubrió que su anfitrión ya no estaba en el cuarto. Se vistió. Pero, aún con frío decidió echarse la cobija encima y salir a ver qué preparaba el nuevo día.
Encontró a un par de sirvientes de Date, que le informaron que el desayuno estaba siendo preparado en la cocina. Le indicaron dónde era y continuaron con sus labores.
Motochika admiró los alrededores, cubiertos por la fría luz del amanecer, y respiró la tranquilidad que le daba todo el lugar... No, más bien la que le daba el hombre que sabía que encontraría detrás de esa cortina.
Cuando el pirata entró al recinto, se encontró con una fila de hombres que cocinaban, y al Dragón con su ya conocida nana, que lo peinaba con las manos y le arreglaba la ropa.
–Masamune-sama, ya no es un niño, no sé por qué insiste en dejar que yo haga esto por usted... –se quejaba Kojuurou.
–Estoy cansado –protestaba el joven–, déjame en paz.
La escena le causaba cierta ternura al hombre cano, que encontraba al Dragón como un niño consentido. Dio los buenos días a viva voz y se acercó a los hombres que cocinaban, para olisquear lo que había en las ollas.
El calor de la cocina y la cercanía con otras personas hizo que la cobija quedara olvidada en algún rincón. Pronto se pudo oír el escándalo de los demás, levantándose por toda la casa.
–Buenos días, Chousokabe –saludó cortésmente Kojuurou–. ¿Pasó una buena noche?
–Sí... Por un momento olvidé dónde estaba, qué hacía aquí y hasta quién era –se carcajeó Motochika.
Katakura lo miró, con una expresión entre intrigada y desconfiada.
–Vamos, vamos, no hace falta poner esa cara, lo que pasa es que... no suelo dormir tan profundamente, creo que ni siquiera puedo recordar la última vez que lo hice –se encogió de hombros con una mueca simple.
–¿Tantas cosas atribulan la mente del señor de Shikoku? –preguntó con tono amable pero afectuoso el estratega, entregándole una taza de té.
El pirata aceptó la taza dando las gracias con un ademan de cabeza.
–Le das mucho credito a mi mente –bajó la voz para que nadie más que Katakura lo escuchara–. Este lugar, tu gente... Creo que por un momento me sentí... No sé cómo decirlo. ¿A salvo?
Los ojos de Kojuurou, de un verde parduzco, sonrieron con cordialidad al escuchar eso.
–Me alegro entonces, Chousokabe –dijo al fin, haciendo una reverencia–. La casa de Date tiene las puertas abiertas para usted toda vez que lo necesite.
–Es bueno saberlo –comentó Motochika, tras lo cual dirigó una mirada casi afectuosa al distraído señor de la casa.
El estratega lo notó, y algo en su interior le hizo ponerse a la defensiva. No lo demostró, pero varió ligeramente el tono de su voz, que se hizo más grave.
–Si no es molestia, acómpañeme un momento afuera, quiero mostrarle los jardines de la mansión –pidió, muy serio.
Motochika asintio poniendo una cara desconcertada.
Una vez en el exterior, Kojuurou caminaba lentamente, dando pasos largos. El pirata lo seguía a buen paso, mirando interesado aunque distante todo lo que tenía alrededor.
–¿Cual es la razón de que me sacaras? ¿Necesitas algo de mí? –preguntó, un tanto confundido por la actitud del hombre.
–No sé realmente qué motivo le haya traído a la casa de mi señor, y si bien es cierto que siempre estaremos dispuestos a prestarle nuestra amistad, no puedo evitar preocuparme por el bienestar de mi amo. ¿Qué es lo que pretende de él exactamente? –Katakura fue firme y directo.
Ante el silencio momentáneo del pirata, el estratega le recordó algo que por suerte o desgracia había olvidado.
–Le he visto a usted en tratos muy personales con el señor de Aki. ¿Busca lo mismo con Masamune-sama?
Motochika esquivó la mirada del estratega poniendo especial atencion a unas flores del jardín, pintaba seriedad en su rostro, algo que Kojuurou no pudo distinguir si era por molestia o tristeza.
–Lo que viste... –suspiró profundamente, parpadeando lento–. No sé realmente qué es lo que busco de tu señor, pero no tienes que preocuparte, él es un niño grande.
Kojuurou entendió pronto por dónde iba el comentario.
–Las inclinaciones de mi amo me tienen sin cuidado, si es por mí, que sea feliz de la manera que más le agrade –dijo, muy serio–, pero no estoy dispuesto a ver cómo lo lastiman. Ese "niño grande" del que usted habla ha sido mi responsabilidad desde que tenía menos de cinco años, así que espero que entienda que no dejaré de entrometerme si mi presencia es requerida.
–No vengo con la intención de herirlo si es lo que quieres oír, pero no te puedo asegurar lo que pase después, Katakura... –podía ver la sincera preocupación del hombre por su señor y no sintió deseos de pelear con él–. Y sí... estoy interesado en él, aunque no hay mucho de lo que tengas que preocuparte, en serio. Partiremos esta noche, el puerto esta lejos y ya estuvimos mucho tiempo en tierra.
–Sólo han pasado una noche en Oushuu, y hay mucho que ver antes de que se vayan –dijo de pronto el estratega, dándole la espalda.
Esas palabras lo sorprendieron, ¿le pedía que se quedara? Tras unos segundos, sonrió y contestó más alegremente.
–Quizá debamos partir hasta mañana, entonces...
–Sólo una cosa más, Chousokabe... –murmuró Kojuurou, volteando hacia él–. Mouri...
–Le conté a Date todo lo que hay o hubo entre nosotros... Lo que respecta a él, es algo que no deseo compartir contigo.
Camino a la cocina otra vez, Motochika agregó en voz baja, deteniéndose:
–Date... Quiero averiguar qué es lo que me atrae tan fuerte de él, es... alguien especial.
–Sin duda lo es... –murmuró el estratega, volviendo a darle la espalda para contemplar el cielo límpido de la mañana septentrional.
–Hey, Kojuurou! ¿Dónde diablos estaban? El desayuno está listo desde hace un rato –regañó Masamune.
–Sí, sí, Masamune-sama –cedió el criado, siguiéndolo por el pasillo.
–Anda, Chika, ahora vas a ver lo que es la buena comida –apuntó el muchacho, haciendo un gesto con el brazo.
Parecía que ya se había quedado con ese apodo. El pirata sonrió y fue a probar lo que tuvieran que ofrecerle.
