CAPÍTULO 2

Un cambio y una aparición

-Entonces -comentó Pedro- ustedes perdieron años, es decir, ahora son más jóvenes.

-Exacto. Nosotros vinimos aquí hace casi cincuenta años. Ahora, ustedes pueden vernos, y no entendemos por qué, con la edad con la que llegamos la primera vez a Narnia –respondió Polly. Se hizo una pausa reflexiva (y algo incómoda a decir verdad).

-¡Ya comprendo! –exclamó Susana rompiendo el silencio- Aslan nos dijo a Pedro, Edmundo, Lucía y a mí que ya no podríamos regresar aquí porque ya éramos mayores. Ahora estamos en esta tierra pero con la edad que teníamos en nuestra primer visita.

-Y por eso es que la ropa nos va grande –dedujo Pedro

-¡Muy bien! Ya resolvimos una pregunta, pero nos falta resolver otra: ¿Por qué estamos aquí?

-Yo creo que deberíamos averiguar en qué lugar de Narnia nos encontramos. Propongo que bebamos agua del río, que luego lo crucemos y que sigamos hacia adelante en esa dirección –sugirió Eustaquio.

Todos estuvieron de acuerdo con la idea. De modo que saciaron su sed en el río (con un poco de dificultad) y emprendieron viaje.

Avanzaron durante un rato, pudiendo divisar tan solo valles cubiertos de césped verde brillante y uno que otro árbol en el camino. Caminaron alrededor de cuarenta y cinco minutos hasta llegar a una colina considerablemente alta. La subieron a paso lento y, una vez arriba lograron ver a lo lejos otro pequeño bosque muy parecido al anterior.

Decidieron que, como todos estaban cansados por la caminata, irían hasta el bosque a buscar algo de comer y a descansar bajo la sombra de las copas de los árboles.

Pronto llegaron jadeantes al bosquecito. Lo primero que hicieron allí fue tirarse en el pasto a la sombra del primer árbol con el que se cruzaron. Luego Jill (que era una excelente exploradora) y Pedro (que era muy alto) fueron en busca de alguna fruta para comer. No tardaron mucho en encontrar un gran árbol de moras y, a pocos metros un manzano. Los frutos eran brillantes, de vivos colores y había a montones en los árboles. Recogieron algunas y regresaron con los demás a comer. La fruta estaba madura y jugosa, tal cual como a los niños les gustaba.
No bien terminaron de consumir el alimento, se recostaron en el mullido pasto. Sin darse cuenta, a los pocos minutos ya estaban dormidos.

Pasó el tiempo, Eustaquio despertó estando ya suficientemente descansado. Miró el cielo. El sol había cambiado de posición. Por lo menos había pasado una hora. Lo siguieron Dígory y luego Susana.

Mientras que se terminaban de desvelar oyeron una voz clara y grave:

-¿Durmieron bien? –dijo la voz
Enseguida los tres voltearon la cabeza para ver quién o qué era lo que hablaba.

-¡Aslan! –gritó de súbito Eustaquio
El Gran León estaba sentado frente a ellos observándolos con una expresión bondadosa en el rostro. Su cuerpo brillaba como la luz del sol y su melena dorada se sacudía al viento.

Enseguida los niños estuvieron sentados junto a él, abrazando su cuello y acariciando su lomo y se podía escuchar algo que parecía ser un ronroneo.

-Despierten a los demás –les dijo Aslan.
Susana comenzó entonces a sacudir levemente a Lucía y a Pedro quienes despertaron inmediatamente y se abalanzaron rápidamente sobre el León.

Eustaquio y Dígory despertaron a los demás, y luego todos se sentaron haciendo una ronda alrededor de Aslan.

-¿Por qué nos has traído aquí de nuevo Aslan? Dijiste que algunos de nosotros ya estábamos demasiado adultos como para regresar –preguntó Pedro.

-Así es, lo dije. Es por eso que los he traído de regreso con la misma edad con la que llegaron por primera vez aquí –contestó el gran León.

-Pero ¿por qué nos has regresado? –exclamó intrigada Lucía.

-Eso no se los diré ahora. Lo sabrán luego. Por ahora, lo único que haré será darles cuatro indicaciones que deben recordar y seguir.

-Dinos… –dijo Eustaquio.

-Escuchen con atención. –comenzó Aslan- Primero: vayan hasta el primer bosque que encuentren al este –y mientras decía esto señalaba con la vista hacia su izquierda- allí se encontrarán con el Rey Rilian y sus hombres. Díganles que yo los envío. –hizo una pequeña pausa y continuó- Segundo: viajen con ellos a las Montañas Oscuras del sur, hogar de un grupo de enanos negros y pídanles que les den su tesoro más preciado. Ellos no se lo regalarán de modo que ofrézcanles esto a cambio –dijo dándoles una roca en forma de lágrima con unas inscripciones a su alrededor en un idioma que aparentemente no conocían- Tercero: Toquen el arco y luego la flecha. –y se detuvo un momento porque Jill parecía querer decir algo

-¿A qué te refieres con que toquemos el arco y luego la flecha?

-Ya lo sabrán. Ahora déjenme terminar –dijo, y siguió- Y por último, recuerden esto: "el caballo se encuentra en la montaña que se desvanece".

Hizo que todos las repitieran una y otra vez hasta que las memorizaron. Luego de hacerlo caminó majestuosamente por entre los árboles hasta desparecer de su vista.

Los niños recogieron algunos frutos más y los guardaron envueltos en un pañuelo que Jill llevaba con ella.

Se encaminaron, como les había dicho Aslan hacia el este. Pronto, al subir una colina pudieron divisar el bosque a unos cien metros de ellos.
Tenían sed y cansancio. Pero estaban decididos a hacer lo que el Gran León les había dicho.

Tardaron unos minutos en terminar la caminata hasta el bosque. En seguida pudieron ver al Rey y sus hombres. Estaban todos sentados en ronda sobre la hierba comiendo, lo que parecía ser el desayuno. Había tres canastas medianas en el centro del círculo: una contenía pan caliente; la segunda tenía dentro unas vasijas llenas de vino; y la última un ramillete de uvas verdes.

-¡Rilian! –gritó de súbito Jill dirigiéndose hacia él- ¿Nos recuerdas?

-¡Jill! ¿Eres tú? –respondió el Rey poniéndose de pie.

-Sí, soy yo.

-¿Qué estás haciendo aquí? ¿Está Eustaquio contigo? –preguntó Rilian abrazándola.

-Aquí estoy –contestó el niño saliendo de entre los árboles.
El reencuentro dibujó grandes sonrisas en los rostros de todos, incluso en aquellos que no conocían al actual rey.

-¿Tú eres el Gran Rey Pedro? –exclamó sorprendido Rilian.

-Sí soy yo, y ellos son mis hermanos –respondió.

-Es un honor conocerlos Reyes y Reinas del pasado –dijo haciendo una elegante reverencia.
Luego los niños se sintieron muy complacidos al ser invitados a desayunar. Mientras comían le contaron al Rey cómo habían llegado y quién los enviaba. También hablaron de las instrucciones que Aslan les dio.

Cuando terminaron, Rilian los llevó a palacio en donde se bañaron, les dieron elegantes y cómodos trajes y almorzaron un banquete como los que solían comer cuando reinaban en aquellos días en Narnia. Recogieron de la cocina pan, unas manzanas rojas, agua y una botella de vino para el camino y las colocaron en alforjas de cuero. Pedro, Susana y Lucía bajaron al sótano del tesoro real y se llevaron de allí sus regalos de Navidad que habían recibido la primera vez que estuvieron en Narnia. Rilian también bajó con ellos y recogió unas buenas y relucientes espadas, escudos, arcos y carcaj llenos de flechas. Luego fueron a los establos donde encontraron siete hermosos caballos de crines brillantes, ensillados y listos para salir a correr.

Se despidieron de las personas del palacio y partieron vitoreados hacia el sur...


N/A: ok, este capítulo está lejos de ser el mejor que haya escrito, corregí varias cosas y aún no me acaba de gustar, pero como ya mencioné en la nota anterior, no quiero modificar demasiado la versión original.

Ojalá les haya gustado! Aquí es donde se plantea la misión de los chicos, y el capítulo que viene es más interesante todavía :)

Miiiill gracias Nintendo por tu review! Llevo publicados alrededor de 7 u 8 capítulos en Fanfiction y sólo 2 tristes reviews en todo :( así que me levantaste el ánimo y me impulsaste a seguir. De nuevo, muuuuchas graciaaas! :D

Y al resto, como siempre: gracias por leer!...

... Meet me in dreams