Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a la gran Stephenie Meyer y todo el crédito de la historia va para Rosas rojas ^^
Nota** Disculpen la demora Pero Aqi Traigo Un Nuevo Capi Espero Les Guste ;)
*Capitulo 12*
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"Coincidencias"
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Acababa de salir del hospital después de una ardua mañana. Esos últimos días las citas médicas se acumulaban debido a la brigada de vacunación que había llegado. Suspiro. Estaba realmente cansada, lo único que deseaba hacer era llegar a casa de Alice para recoger a su hijo e ir a su hogar, pasar un tiempo con el antes de que Edward llegara. Se detuvo en un semáforo en rojo y lanzo un bufido, exhalo ruidosamente mientras dirigía su mirada a la ventana intentando distraerse, en ese momento la paciencia era la virtud de la que carecía. Su atención se centro en un hombre que estaba de espaldas, su porte le resulto tan familiar que no pudo despegar su mirada de el. El hombre se encontraba de brazos cruzados con la mirada fija en el interior del majestuoso hotel frente a el. Se le notaba algo impaciente por la manera en que golpeaba con su pie el suelo.
Bella bajo la mirada y luego la dirigió al frente, mordió su labio inferior y unas extrañas ansias le invadieron, bufo y lentamente devolvió su mirada de nuevo a aquel hombre, le recorrió una y otra vez mientras poco a poco fruncía el ceño, él le era conocido. El hombre de cabello cobrizo dio media vuelta y observo a los lados. Su respiración se volvió pesada al verlo de frente y de la confusión paso al desconcierto ¿Que hacia Edward en un hotel? algunas preguntas empezaron a formularse por su cabeza hasta que el sonido de unos pitidos la saco abruptamente de sus pensamientos. Dirigió su mirada al frente. El semáforo estaba en verde. Negó con la cabeza intentando concentrar sus pensamientos y arranco el vehículo mientras activaba las luces intermitentes, se parqueo en el edificio mas cercano e inhalo con profundidad antes de dirigir su mirada al hotel. Edward se encontraba en la misma posición, de brazos cruzados y con la mirada nuevamente fija en el interior del hotel. Intentó buscar alguna justificación lógica para que el estuviera ahí, alejo los pensamientos maliciosos y trato de convencerse a si misma de que el estaría esperando algún socio o algo por el estilo, pero cuando una mujer salió del hotel y se acerco para besarle… todo se derrumbo en su interior.
Las lágrimas bajaban de sus orbes cafés continuamente. Cerró los ojos con fuerza y los apretó. Estrujo el volante del auto entre sus manos… que estúpida había sido… tantos trabajos hasta la madrugada, cenas, salidas… tantos viajes… fue una idiota… él se lo había dicho, se lo advirtió pero ella como una imbécil creyó poder hacerlo cambiar. Edward nunca la amo y nunca lo haría, todo lo que le causaba era deseo… solo eso… e incluso muchas veces pensó que él la amaba por la forma tan especial y dulce en que le hacía el amor, pero, todo fue su imaginación, un deseo muy lejos de su realidad. Si, él se había vuelto más frió y distante con el pasar de los años y ella deseo creer que era el exceso de trabajo, pero, no era así y frente a sus ojos estaba la prueba.
¿Cómo no se había dado cuenta?... era algo que debía esperar ¿cierto?... el nunca le prometió amor, ella fue la única estúpida… maldito masoquismo… tratando de crearle una historia de amor que nunca existió, que nunca existiría. Él se lo había dicho muchas veces y una vez más se lo demostraba, pero con acciones. Arranco rápidamente el auto, ya no quería ver aquello… le dañaba.
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-Bella … Bella… despierta.- decía Rosalie con desesperación moviéndola de un lado a otro para que despertara. Bella balbuceaba palabras sin sentido mientras lloraba fuertemente.
-¿Por qué Edward?… ¿porque me haces esto?- preguntaba la castaña con voz estrangulada removiéndose violentamente entre las sabanas.
-Despierta vamos… despierta.- pidió la rubia al borde de las lagrimas mientras la zarandeaba de los hombros. De un momento a otro los lamentos de Bella cesaron y abrió los ojos de golpe mientras se alejaba bruscamente de las manos de Rosalie. La ojiazul retrocedió dos pasos asustada y nerviosa, y Bella la miro fijamente con la respiración agitada. Una delgada capa de sudor le cubría y algunos mechones se pegaban en su frente. Las lágrimas recorrían sus mejillas sin cesar y su cuerpo temblaba.
-Lo siento.- susurro luego de un momento con voz ronca, Rosalie negó con la cabeza mientras se limpiaba las mejillas, se acerco a la cama y se sentó en la orilla de esta. Atrajo a la castaña hacia ella y le abrazo contra su pecho mientras le acariciaba la espalda.
-Esta bien… ¿que soñaste esta vez?- le pregunto y la castaña se estremeció levemente.
-El hotel.- susurro con voz quebrada cerrando con fuerza los ojos.
-¿Hubo algún cambio?- interrogo suavemente.
-No… todo era igual… incluso el dolor en mi pecho… es tan real.- exclamo consternada mordiéndose el labio inferior.
-Eso no importa… solo fue una pesadilla.- murmuro luego de un momento acariciándole el cabello. Bella asintió levemente.
Ya no estaba segura de nada, al principio creyó que esas pesadillasno eran más que un producto de su imaginación, pero estas siguieron repitiéndose una y otra vez, ya no sabía que pensar… eran tan reales. El dolor en su pecho era casi tangible.
Habían pasado dos semanas y cinco días desde su cumpleaños. Esa fue la última vez que vio a Edward, después de que en medio de su consternación le dijo que no quería volver a verlo, Edward no volvió y desde entonces habían empezado esas pesadillas. La del hotel cuando le veía con una mujer, podía sentir la presión en su pecho cada vez que la recordaba y las cosas que pensaba, y se decía a si misma en ella eran tan incoherentes. O cuando Edward golpeaba a un hombre con brutalidad y luego ambos llegaba a una casa y empezaban a pelear, todo era sin sentido y de pronto se desvanecía y ella despertaba emitiendo un grito, siempre sudada y confundida. La mas frecuente era en la que el le decía que no la amaba, dolía cada vez que la soñaba, dolía intensamente como si la hubiera vivido… como si fuera la primera vez.
Sollozo suavemente… ya no sabia que hacer, todo se estaba saliendo de sus limites, no podía controlar lo que sentía, amaba a Edward … lo amaba con todo su corazón y quería estar a su lado, pero al mismo tiempo algo dentro de ella… muy en el fondo, le impedía dar un paso adelante. Temía pegar contra una pared, que todo lo que ella creía se desvaneciera como el humo, temía abrirse ante el y sufrir nuevamente, no deseaba llorar mas. No quería cometer un error haciendo algo que tal vez no estaba incluido en su vida. Odiaba no poder recordar, por más que lo intentara de nada servia, nada venia a su mente.
Todo era confuso, sus ideas estaban revueltas y las palabras de Jacob aun seguían repitiéndose en su cabeza. ¿Que tan real podía ser lo que el dijo? … tanto pensar… intentar recordar hacia que su cabeza doliera infernalmente. Estaba agotada, lo único que deseaba era poder recordar… poder recordar y así no vivir en la ignorancia, no sufrir por un amor no correspondido… deseaba su vida anterior sin importar lo que esta fuera.
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Paso una mano por su rostro y suspiro. Se arrecosto en la silla y tiro a pluma sobre el escritorio. Hundió sus dedos en su cabello y lo halo hacia atrás. Dirigió su mirada al techo y cerro los ojos por breves segundos. No se podía concentrar… ya nada le salía bien, todo estaba mal. Apretó fuertemente los labios. Habían pasado varios… muchos días desde la ultima vez en la que había visto a Bella y eso de cierta forma le tenia verdaderamente mal.
Todo era un caos, su vida se había desmoronado y estaba incompleta sin ella, pero aun así después de lo ocurrido en la fiesta había decidido no volver a verla. No quería causarle mas dolor… no quería ser nuevamente el causante de sus lágrimas.
Había tomado la decisión de llevar parte de su trabajo… lo que era realmente importante a su casa para así pasar mas tiempo con Anthony y distraerse, pero simplemente nada le salía como debía, siempre había un maldito error en todo lo que hacia.
Dirigió su mirada rápidamente a la puerta cuando escucho como esta era abierta, se irguió y observo fijamente a Anthony.
-Acércate.- le pidió luego de un momento al verlo estático en el marco de la puerta. Anthony se acerco al escritorio y rodeando este se puso frente a el. Edward suspiro y fijo su mirada en la cajita que el pequeño tenia entre sus manos. Esas ultimas semanas Anthony aferraba contra si la cajita que le había hecho a Bella, casi nunca la soltaba a menos de que fuera explícitamente necesario. Muchas veces había querido quitársela y guardarla, pero el no le dejaba por lo que había desistido… de nada serviría.
-Ven.- le dijo extendiendo sus manos hacia el. El pequeño cobrizo dio un paso hacia enfrente y Edward lo agarro en brazos y lo sentó en su regazo.
-¿Quieres algo?- le pregunto suavemente y Anthony asintió.
-¿El que?- susurro acariciándole el cabello. El infante lo miro fijamente.
-Quiero ir al parque.- contesto poniéndole una mano en la mejilla.
-Al parque.- bisbiseo. Anthony asintió nuevamente.
-Bien.- pauso y dirigió su mirada a los papeles sobre el escritorio. Suspiro con pesadez. El también necesitaba distraerse.
-Esta bien… iremos al parque.- declaro alborotándole el cabello. El pequeño sonrío.
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La situación comenzaba verdaderamente a preocuparle. Bella se encontraba sentada en el sofá con la mirada perdida, últimamente siempre era así, se inducía a si misma a un estado de aislamiento, evitando de esa manera todo lo que le rodeaba, apenas comía y en la noche los recuerdos malos la atormentaban. Ya le había hecho algunos exámenes, pero los resultados no mostraban nada fuera de lo normal, es mas, ella estaba en perfectas condiciones. Había estado medicándole con somníferos, pero eso no evitaba que por las noches ella tuviera esas pesadillas y terminara gritando y llorando. Ya no sabia que hacer. No sabía como ayudarla. Lo único que se le había ocurrido fue pedir unas vacaciones para cuidarla y estas inmediatamente le fueron dadas.
Inhaló profundamente antes de acercarse a ella, se sentó en el sofá a su lado y le acaricio el cabello. Bella la miro y le sonrío, de una manera tan falsa que le provoco una sensación amarga en la garganta.
-¿Como te sientes?- pregunto en un susurro.
-Bien.- dijo ella sonriendo con levedad. Rosalie suspiro.
-¿Quieres salir?… ¿que tal si vamos al parque?-propuso con voz animada. Bella la miro fijamente. No tenia ganas de hacer absolutamente nada, solo quería pensar… pensar en todo… intentar recordar, ella necesitaba recordar su vida.
Quiso negarse, pero no pudo al ver como Rosalie la miraba con preocupación y desesperación. La culpa le peso, era egoísta por solamente pensar en ella misma sin darse cuenta del daño que eso le ocasionaba a su amiga. Asintió levemente y miro la sonrisa que se formaba en los labios de la rubia.
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Observo su alrededor meticulosamente… esa tranquilidad que se sentía en el ambiente, esa sensación de paz que se respiraba en el aire… eso… era lo que realmente ella necesitaba y no tenia. Levantó la mirada al cielo, este estaba totalmente azul sin ningún rastro de nube. Suspiro y desvío la mirada hacia una de las bancas que se encontraban frente al pequeño lago a unos tres metros de donde ella estaba. En ella se encontraba Rosalie, se veía tan relajada que decidió no molestarle. Bajo la mirada y empezó a caminar mientras se abrazaba a si misma, sentía nuevamente esa presión en el pecho y el nudo en su garganta como cuando fue la primera vez al apartamento que compartía con Rosalie, sentía que debía estar con alguien… alguien que la necesitaba. Sus ojos se cristalizaron y siguió por un caminito de rocas con la mirada perdida y ensimismada en sus pensamientos hasta que a lo lejos unas risas infantiles llamaron su atención. Se acerco al lugar de donde los sonidos provenían y una pequeña sonrisa se formo en sus labios al ver a dos pequeños de aproximadamente 4 añitos jugando en una caja de arena.
Las risas empezaron hacer eco en sus oídos, unas imágenes difusas se reprodujeron como una película en su cabeza y los sonidos se distorsionaron hasta convertirse en uno solo… la risa de un niño.
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Sus cabellos se movían al compás del viento y su rostro mantenía una expresión apagada, con una mano apretaba fuertemente la cadena de hierro del columpio a su lado izquierdo mientras con la otra sostenía la cajita en su regazo para que esta no se caerá.
Cuando el columpio se detuvo bajo la mirada a sus pies y con estos empezó a jugar con la arena. Se sentía triste… muy triste. Ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que vio a su mama cuando su Papá le llevo al hospital. Ya había pasado mucho desde la última vez en que ella le llevo a la escuela, le sonrío o simplemente escucho su voz… ya casi no recordaba como era. Respiro con profundidad cuando sus ojos se aguaron y los limpio rápidamente con la manga de su camisa. El no podía llorar. El era fuerte como su papá. Levanto su mirada al hombre que estaba sentado en una banca no muy lejos de el. Cada vez que iban al parque su Padre siempre se sentaba en esa banca. El también estaba triste. El también extrañaba a su mamá. Algunas veces le había escuchado decir su nombre.
Bajo la mirada por un momento y se impulso con sus pies para luego empezar a balancearse. Observo su alrededor hasta que a lo lejos diviso una cabellera castaña. Su corazón se acelero y con sus pies se detuvo de golpe haciendo que la arena se juntara en la parte trasera de sus tenis negros. Con sus deditos se restregó ambos ojos y dirigió su mirada nuevamente a aquel punto donde había visto esa cabellera tan conocida y ahí la vio. Era ella… su mamá. Sus orbes se cristalizaron mientras una sonrisa se formaba en sus labios. Se limpio rápidamente los ojos y desvío su mirada a su papá. La sonrisa en su rostro se desvaneció lentamente. ¿Que haría si su padre no le creía?… y si no le dejaba verla. El había dicho que su mamá seguía dormida, pero era ella, el estaba seguro que era ella… ella estaba ahí. Se levanto del columpio y se dirigió a un paso lento y dudoso hacia su papá. Se detuvo frente a el y Edward lo observo a los ojos.
-¿Que pasa?- le pregunto con voz suave y mordió su labio inferior al no saber exactamente que responderle.
-Ehh… yo.- balbuceo bajando la mirada que haría si no le dejaba verla… el quería ver a su Mamá.
-¿Que pasa hijo?- pregunto nuevamente poniendo una mano en su cabeza. Anthony se encogió de hombros.
-Yo… quería, quería un helado.- susurro mirándole a los ojos. Edward lo miro directamente y Anthony contuvo la respiración por un instante con el corazón latiéndole rápido hasta que le observo sonreír.
-Esta bien.- contesto-. Ven vamos.- dijo ofreciéndole la mano.
-Yo… ehh yo ¿Me puedo quedar aquí?… a jugar.- pregunto con cierto nerviosismo. Edward lo medito por un momento.
-Bien… espérame aquí y no te muevas… ya vuelvo.- le dijo antes de levantarse e irse. Anthony suspiro cuando lo perdió de vista. Dirigió su mirada hacia donde estaba su mamá al otro lado del parque cruzando la calle y sonrío mientras se encaminaba hacia ese lugar.
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